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- CLXXIX -


ArribaAbajo   ¡Ay, qué plazo tan largo y tan extraño,
ay, qué término luengo y enojoso,
ay, qué tiempo prolijo y trabajoso,
ay, qué tardío remedio a tan gran daño!

   ¡Ay, salud perezosa y con engaño,  5
ay, cruel dilatar tan peligroso,
ay, pesado esperar triste y forzoso
ay, qué día mayor que el mayor año!

   Si el sol para el extraño nacimiento
del hijo de Alcumena anduvo errando,  10
en una dos jornadas convirtiendo,

   ¿por qué no pasa agora en un momento
ésta que tanto bien va dilatando,
o hace que la pase yo durmiendo?




- CLXXX -


ArribaAbajo   En medio de mi mal vino cubierto
un tan hermoso bien, tan dulce engaño,
que el alma enamorada de su daño
fue luego con el seso de concierto.

   A tiempo vi el peligro descubierto,  5
que pudiera valerme del engaño
si consintiera Amor que en bien tamaño
tuviera la razón discurso cierto.

   Si pudiera apartar del pensamiento
un temor peligroso, oscuro y triste,  10
¿con quién trocara yo mi buena suerte?

   Mas no quiere el vencido sentimiento,
porque el alma que tal hábito viste,
no lo puede dejar salvo por muerte.




- CLXXXI -


ArribaAbajo   Vete, falsa visión, no me atormentes,
déjame estar, que no quiero creerte;
mi ventura consiste en que no acierte,
tú quieres que lo sepa yo y las gentes.

   Vete, temor villano y no me cuentes  5
cosa que con mi fe no se concierte;
vete, sospecha loca; ésta es mi suerte:
que me maten mil sombras aparentes.

   Vete, fuego infernal, celosa furia,
fiera imaginación, cruel, dañosa;  10
no me deis, pues no os pido, el desengaño.

   Creyendo el bien a nadie hago injuria.
¿Por qué queréis hacer tan sospechosa
a mi señora, y a mí un mal extraño?




- CLXXXII -


ArribaAbajo   ¡Ay, sabrosa ilusión, sueño suave!,
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo viniste?
¿Por dónde entraste al alma o qué le diste
a mi secreto por guardar la llave?

   ¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave,  5
el remedio poner que tú pusiste?
Si el ramo tinto en Lete en mí esparciste,
ten la mano al velar que no se acabe.

   Bien conozco que duermo y que me engaño,
mientra envuelto en un bien falso, dudoso,  10
manifiesto mi mal se muestra cierto.

   Pero, pues excusar no puedo un daño,
hazme sentir, ¡oh sueno piadoso!,
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.




- CLXXXIII -


ArribaAbajo   ¡Ay, falso burlador, sabroso sueño,
malamente traidor, me has ofendido!
¡Ay, nunca hubiera yo jamás dormido
o nunca se acabara tu beleño!

   La saña injusta y el turbado ceño  5
me mostraste en amor ya convertido,
y en llegándome al vivo del sentido
el mal, me huyó el bien como su dueño.

   ¿Para qué fue, traidor, aquel mostrarme
tan llena de piedad a mi señora  10
y tan de su crueldad arrepentida?

   Dejárasme así estar sin engañarme,
o fuera un sueño tal, no por un hora,
mas lo poco que queda de mi vida.




- CLXXXIV -


ArribaAbajo   Cuando a contemplar vengo el curso breve
de esta vida mortal, vana, ligera,
y cómo saltear airada y fiera
suele la muerte a aquél que morir debe,

   viene el sentido a ser casi de nieve  5
ante el sol del temor que desespera,
viendo cuán tarde y mal, ya que andar quiera,
el mal uso a virtud los pasos mueve.

   Y es el mal que me quejo y muestro ceño
de fortuna, de amor, de mi señora,  10
sabiendo que la culpa es toda mía,

   que, como hombre engolfado en dulce sueño,
me duermo sin pensar siquiera un hora
que siendo el morir cierto, ignoro el día.




- CLXXXV -


ArribaAbajo   Tan alta al desear hallo la vía,
tanto peligro en ella yo comprendo,
que ni contrasto ya, ni me defiendo,
rendido a la cruel señora mía.

   Mas, si bien siento, el fin de mi porfía  5
es irme poco a poco deshaciendo,
y que lo que me está mejor, entiendo.
No se verá mudar mi fantasía;

   no se dirá jamás que de inconstante
no osé seguir tan gloriosa empresa,  10
ni que me puso algún temor la pena.

   Tan ufana está el alma en verse presa,
que si a limar probase la cadena,
hallará que es del más duro diamante.




- CLXXXVI -


ArribaAbajo   Hora podrás vencer, fiero recelo;
hora te hartarás, furia rabiosa;
hora quedas fortuna victoriosa
que estoy puesto a tus pies ya por el suelo.

   Ya no hay de qué temer, pues quiere el cielo  5
que, ausente de mi bien, tan trabajosa
vida viva, muriendo en sospechosa
congoja y en llorar mi desconsuelo.

   Mas no harás, en ser movible y fiera,
con no estar en vencer un hora estable,  10
que no sea mi pasión lo que antes era.

   Tan honroso es mi mal y tan loable,
que si puedes hacer que del yo muera,
yo sé que no harás que sea mudable.




- CLXXXVII -


ArribaAbajo   Gran señal es el ver que me arrepiento
para pensar que ya conozco el daño;
pues me quiero apartar de un mal tamaño,
señal es que lo entiendo y que lo siento.

   Mas ¿quién me dará, Amor, atrevimiento?  5
¿Quién me dará un esfuerzo tan extraño
que aquel gesto sabroso del engaño
pueda desarraigar del sentimiento?

   Tanta luz de razón, razón me ha dado,
que conozco el error y el desvarío  10
del que pretende amando se amando;

   mas tiene tanta fuerza el ardor mío
que aunque conozco bien que voy errado,
del camino que voy no me desvío.




- CLXXXVIII -


ArribaAbajo   Aquel nudo que ya debía ser suelto
después que pude ver claros mis daños,
llevándose tras sí los tristes años
en perpetua prisión me tiene envuelto.

   ¿Quién pensará jamás viendo tan vuelto,  5
tan mezclado un amor con mil engaños,
pudiera el corazón en tan extraños
lazos permanecer preso y revuelto?

   Mas si la voluntad de un firme amante
puede el tiempo mudar, si libre verme  10
puedo una vez de este enojoso nudo,

   de aquel mismo valor, de aquel diamante
que es agora mi fe, pienso hacerme
a los ojos un yelmo, al alma escudo.




- CLXXXIX -


ArribaAbajo   Con gran curiosidad, con gran cuidado,
por la rara beldad que en ellos vía,
curaba sus cabellos noche y día
el famoso David el hijo amado.

   Cuando, crecidos ya, siendo aquejado  5
del valiente Joab que lo seguía,
de los cabellos que él criado había
para su mal se vio quedar colgado.

   Así un luengo esperar, dudoso, incierto,
a costa del vivir crió el deseo  10
y puso toda en él su confianza;

   hasta que, ya el engaño descubierto,
siguiéndome el dolor, quedarse veo
colgado el desear de la esperanza.




- CXC -


ArribaAbajo   No me engañaréis más, vana esperanza,
mi desengaño ya cerró la puerta,
y esa falsa salud que os trae cubierta,
con el sueño se ira, como es su usanza.

   Solía desear una mudanza,  5
hacer muy gran caudal de cosa incierta,
y agora el desear no se concierta
con mudar, que consiste en confianza.

   Ya sé, falsa, quién sois; quitaos el velo;
no me engañarán más vuestras blanduras;  10
vivir podéis de hoy más con otro dueño.

   ¡Ay dura ley de Amor! Permite el cielo
que el cabo de tan grandes desventuras
sea mostrarme el bien durmiendo, en sueño.




- CXCI -


ArribaAbajo   Remedio incierto que en el alma cría
la ponzoña que da vida al tormento,
madrastra del cuitado sufrimiento,
de nuestros años robadora arpía;

   obscura luz que por tinieblas guía,  5
falso esfuerzo del loco pensamiento,
dificultoso bien del sentimiento,
peligroso manjar de la porfía;

   sierpe fiera con rostro de doncella,
fuego que blandamente nos consume,  10
jarabe dulce de alargar los males,

   bien do el daño mayor se anida y sella.
¿Quién será tal que tus maldades sume?
¡Oh mísera esperanza de mortales!




- CXCII -


ArribaAbajo   Ya mis males se van casi acabando,
ya su fuerza por tierra está tendida,
ya no puede durar tan triste vida,
ya el manjar principal me va faltando;

   ya voy tras de mi muerte rastreando,  5
ya el incierto esperar va de caída,
ya siento el fin de esta última partida,
ya el alma se va toda alborozando;

   ya no hay por qué pensar en lo pasado,
ya no hay por qué llorar el mal presente,  10
ya no me da el que ha de venir cuidado;

   ya no hay en mi morir inconveniente;
mas, ¡ay, qué sí!, que el cielo al desdichado,
por mayor mal, morir no le consiente.




- CXCIII -


ArribaAbajo   Con la casta virtud vive abrazado
a Amor con traje honesto y peregrino;
venía el traidor al parecer benigno,
mas para hacer mal, más obstinado.

   Traía el arco todavía al lado,  5
y con el gusto aún no ha perdido el tino;
para mi pecho enderezó el camino,
mostrándose de herir muy descuidado.

   Yo sin temor de la cruel tormenta,
por verle alegre no curé ampararme,  10
que la virtud me aseguró del daño.

   Ella después me hizo más afrenta,
y dio la flecha a Amor para matarme,
y Amor con ella ejecutó su engaño.




- CXCIV -


ArribaAbajo   Señora, si es amor, como se entiende,
deseo de gozar la cosa amada,
¿de dó viene que esta alma enamorada
en el gozo mayor su fuego enciende?

   Si tanto dura amor cuanto contiende  5
al desear la cosa deseada,
pues la causa de amor es ya acabada
¿cómo dura el efecto y se defiende?

   No es amor tal amor, mas desconcierto;
no es el favor el fin de esta porfía,  10
aunque muestra ser fin de los amores.

   Amor nace del alma; el alma es cierto
que en parte es voluntad, y así la mía
desea la voluntad, no los favores.




- CXCV -


ArribaAbajo   Contra el influjo del contrario cielo
que a nuestra voluntad cegar porfía,
ha andado trabajando el alma mía
por defenderla de amoroso velo.

   Y no bastando aquel divino celo  5
con que me ha desviado y me desvía,
pudo en el cuerpo más su fantasía,
como en cosa compuesta acá en el suelo.

   No debe el alma ser reprehendida,
pues libre sin lesión ninguna queda  10
y sola la mortal parte ofendida.

   Ni basta aquella que nos vuelve en rueda,
por ser elementada nuestra vida,
que contra el cielo defenderla pueda.




- CXCVI -


ArribaAbajo   No puede un corazón apasionado
claro tener de Amor conocimiento;
mas si la pasión cesa, el sentimiento
puede hablar bien del como avisado.

   Yo sé decir quién es, que lo he probado;  5
toda su calidad entiendo y siento;
y si artero no soy del escarmiento,
no es poco bien quedar escarmentado.

   Jamás vi amor honesto o provechoso,
ni puede ser del todo deleitable  10
naciendo de apetito codicioso.

   Porque si la esperanza no es estable,
si el trabajo es más cierto que el reposo,
¿qué deleite dará que sea durable?




- CXCVII -


ArribaAbajo   Cuando a escribir de vos el alma mía
se mueve, tanto que alabar se ofrece
que el ingenio y el arte desfallece
y sólo el desear queda por guía.

   Este deseo la tira y la desvía  5
de cuanto acá hermoso nos parece,
y en la eterna beldad do resplandece
la que vemos acá, mira y porfía.

   De aquí nace otro efecto: que mirando
vuestra beldad en la beldad del cielo,  10
entre las otras puesta en alta cima,

   se inflama de otro ardor que sentía cuando
acá os miraba, y de un más limpio celo.
¡Qué el bien más conocido más se estima!




- CXCVIII -


ArribaAbajo   Tanto tiempo he en amar perseverado
que el flaco ingenio, rústico y grosero,
un pensamiento blando, a ratos fiero,
poco a poco lo ha hecho delicado;

   y aquel sujeto vil atrás dejado,  5
que suele a un amador no verdadero
desviar de aquel bien puro y sincero,
en los amantes de hoy tan poco usado.

   Ya sé hacer de sabio diferencia
entre amor y un deseo que es lascivo;  10
sé cuánto el uno más que el otro vale.

   Mostrádome ha mi mal por experiencia
que un triste desear, fogoso, esquivo,
no es amor, ni de amor nace ni sale.




- CXCIX -


ArribaAbajo   Ya me vi de pavor puesto tan alto,
de los bienes de amor tan regalado,
tan cerca de gozar, tan bien tratado,
que no temiera de fortuna el salto.

   Mas, ¡ay, mísero yo!, ¿ de qué me exalto,  5
si ahora de mi bien tan desdeñado,
tan fuera de pavor, tan agraviado
me veo, sin porqué tan pobre y falto?

   Ventura, ¿para qué, para qué han sido
juntos tantos regalos y favores?  10
¿Para qué tanto bien? ¿Para perdello?

   Mis altas esperanzas, ¿do se han ido?
Mas, ¡ay! que es ley de amor en los amores
que quien muda de fe, muera por ello.




- CC -


ArribaAbajo   Solía cantar de amor dulces clamores,
ahora lloro triste, y de año en año
se seca la esperanza y crece el daño,
falta seguridad, sobran temores.

   Vosotros, que al frescor de los favores  5
vivís alegres, sin temor de engaño,
sabed que nuevo mal, tormento extraño,
se os apareja al fin de los amores.

   ¡Dichoso aquél a quien concede el cielo
medir con su fortuna sus cuidados  10
y vive en un estado satisfecho!

   Las altas esperanzas vanse a vuelo
con el humo del mundo y los estados,
y pierde más quien más aquesto ha hecho.




- CCI -


El emperador


ArribaAbajo   No fuera Alcides, no, famoso tanto,
ni durara en el mundo hoy su memoria,
si menos cara hubiera la victoria
de los monstruos que aún hoy causan espanto.

   La fuerte emulación con todo cuanto  5
contrasta casi al par con vuestra gloria,
harán al fin, señor, que vuestra historia
nos ture con eterno e inmortal canto.

   El vencer tan soberbios enemigos,
sujetar tantos monstruos, tanta gente,  10
con el valor que el cielo en vos derrama,

   al siglo por venir serán testigos
del honor que dará perpetuamente
a Carlo Quinto Máximo la fama.




- CCII -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Cuando algún hecho grande y glorioso
o victoria de ejército alcanzaban,
arcos, colosos, mármoles alzaban
los romanos al que era victorioso.

   Quedaba el nombre así de aquel famoso,  5
y de una envidia honesta despertaban
los ánimos de aquellos que aspiraban
venir a un fin tan alto y glorioso.

   Estos escudos de armas, los trofeos,
las memorias que veis en cada parte,  10
príncipe digno de inmortal historia,

   despertadores son de los deseos
que a un hijo tal cual vos del nuevo Marte
harán subir a la paterna gloria.




- CCIII -


Al Príncipe (de Ascoli)


ArribaAbajo   Deje el estilo ya la usada vena,
mude el suave en doloroso canto;
mudar conviene el llanto en mayor llanto
y pasar de una grande a mayor pena.

   Muerto es el que hacer solía serena  5
la vida, y nuestra edad alegre tanto;
muerta es virtud, muerto es el vivir santo;
no viva puede haber ya cosa buena.

   Eterno lamentar, lloroso verso,
lágrimas de dolor, oscuro luto  10
hagan al mundo fe de común daño.

   Lloran, príncipe invicto, a quien adverso
hado cortó, en el dar de primer fruto,
el árbol más hermoso. ¡Ay, fiero engaño!




- CCIV -


Al mismo Príncipe (de Ascoli)


ArribaAbajo   A restaurar tornaba el nuevo día
la aurora, cuando el sueño le mostraba
al pastor principal que nos guardaba,
la imagen que, ya muerta, en él vivía,

   diciendo: «¡Oh parte que del alma mía  5
fuiste la que viviendo más amaba!,
del Reino que en el Trino acá esperaba,
por consolarte, el Señor de él acá me envía.

   Cesen, pues, ya las lágrimas y el luto;
¿a qué sirve llorarme, si mi suerte  10
pasó de grande a muy mayor estado?

   Alégrate, pastor, y con el fruto
del árbol mío que cortó la muerte,
consuela a ti y al español ganado.»




- CCV -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Si está en opinión, Lavinio caro,
del más dulce pastor, del más sabroso,
si por mil buenas partes glorioso
te ha hecho el cielo señalado y claro,

   ¿por qué de tu cantar único y raro,  5
del estilo tan alto y tan famoso,
de las pinturas de tu mal rabioso,
pues tan honrosas son, eres avaro?

   Ya que el mundo escuchar no te merece,
¿no miras que no es bien entre los bienes  10
si no se comunica y se reparte?

   Ni en leyes de amistad se compadece,
pues das a todo el mundo lo que tienes,
que de tanta virtud no nos des parte.




- CCVI -


(Al Príncipe de Ascoli)


ArribaAbajo   Lavinio, si el hallarme el alma ajena
del ardor en que había hábito hecho,
te hace de mi fe mal satisfecho,
sin saber la ocasión que el hado ordena,

   la historia de disculpa y razón llena,  5
que me tiene ya en lágrimas deshecho,
podrás leer, do hallarás que el pecho
el objeto mudó, mas no la pena.

   Baste, pues, un recaudo, el más honrado:
la más justa ocasión para mudarme  10
que pudo un corazón mudar cuidado.

   Sola una razón hay para culparme:
que las alas de bajo vuelo usado
no debieran tan alto levantarme.




- CCVII -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Quien tiene tan honrado pensamiento,
Lavinio, como yo, no es tan ligero
mudar de voluntad sin que primero
pierda con el vivir todo el contento.

   No fue el primero ardor el que ahora siento,  5
mas sé yo bien al fin será el postrero;
éste fue el muy sabroso, éste más fiero,
de este fue el bien igual con el tormento.

   Si me quejo, pastor, de mi pastora,
si digo que es cruel, que es una ingrata,  10
a ti, que de mi ardor sabes la historia,

   es la contemplación que me maltrata,
que ora el bien, ora el mal pasado llora,
según amor lo trae a la memoria.




- CCVIII -


(Al Príncipe de Ascoli)


ArribaAbajo   El que está como yo tan desvalido,
tan sujeto a su mal, tan desmayado,
no puede su dolor mostrar pintado,
ni con palabra ser bien referido.

   Liviano es aquel mal, ya lo has leído,  5
que el seso puede en sí tener guardado;
pero muy más liviano el que contado
puede ser de la suerte que es sentido.

   No quieras, pues, pastor, importunarme
que te muestre en dibujo mis pasiones  10
para que la ocasión se entienda luego:

   que como por la luz se saca el fuego,
se puede de tan altas ocasiones
entender quien las causa y condenarme.




- CCIX -


(Al Príncipe Ascoli)


ArribaAbajo   No es falta de dolor faltarme el llanto,
antes dulce memoria enamorada,
que mientras contemplando está ocupada,
del usado llorar se deja al cuanto.

   Estoy de este mi mal pagado tanto  5
por la gloria que entre él viene mezclada,
que mi propio sentir me desagrada
si la fuerza del mal le causa espanto.

   Así viene el dolor a adelgazarse,
así el mal se transforma y se enajena  10
y hace que del llanto el uso pierda.

   Mas ¿quién podrá, Señor, desagradarse
del mal que tanto bien causa y ordena,
ni llorar mientra en él piensa y se acuerda?




- CCX -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Pastor, ¿cuál ocasión, cuál cosa extraña,
qué infortunio cruel, cuál fiero hado,
te trujo a apacentar nuevo ganado
tan lejos de tu bien, a esta montaña?

   La nueva novedad de tal hazaña  5
me ha tenido confuso y alterado,
sabiendo que no estás sin el cuidado
que solías tener allá en España.

   Mira bien cómo vas por esta tierra;
si tienes libertad mira por ella,  10
que las ninfas de acá son cautelosas.

   Por tal beldad, pastor, podrás perdella,
que te dará mil muestras amorosas
y haráte después bárbara guerra.




- CCXI -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Ya parece, pastor, que vas gustando
de los valles de acá, de estas verduras;
ya la manada veo de tus tristuras
irse por estos prados alargando.

   Ya amor te espera al paso, y tú llorando  5
estás hora pasadas desventuras,
y no miras que están mil hermosuras
el son de tu zampoña deseando.

   Despierta, pues, pastor, de aquel pesado
sueño que te ha tenido en pena fiera;  10
deja un poco olvidar la antigua llaga.

   Cura con nuevo ardor viejo cuidado;
mira la ninfa bárbara que espera
que a su beldad tu lira inmortal haga.




- CCXII -


Al Príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   ¿Qué aprovecha, señor, andar buscando
hora el puerco montés cerdoso y fiero?,
¿qué aprovecha seguir ciervo ligero
ni con hierba cruel andar tirando?

   ¿qué aprovecha, señor, ir remontando  5
la garza con halcón muy altanero?,
¿qué aprovecha, señor, tirar certero
allí una liebre, aquí un faisán matando?;

   si va siempre tras vos vuestro cuidado,
si en el alma lleváis el pensamiento,  10
si estáis asido del cuando más suelto,

   si traéis el pensar tan regalado
que donde estáis más libre y más contento
a las presas andáis con él envuelto.




- CCXIII -


Al príncipe de Ascoli


ArribaAbajo   Este andar y tornar, ir y volverte,
Lavinio, el caminar y no mudarte,
este incierto partir y no apartarte,
y el irte a despedir y detenerte,

   tengo miedo, pastor, que han de encenderte,  5
como a la mariposa, aquella parte
de libertad que amor quiso dejarte
sana por descuidarte y ofenderte.

   Lo mejor del nadar es no ahogarse,
jugar y no perder es buen aviso,  10
si lo puede excusar quien pisa abrojos.

   Mas ¿quién podrá, quién bastará a guardarse
de la hermosa vuelta de unos ojos,
de una boca que os muestra un paraíso?




- CCXIV -


A los huesos de los españoles muertos en Castinovo


ArribaAbajo   Héroes gloriosos, pues el cielo
os dio más parte que os negó la tierra,
bien es que por trofeos de tanta guerra
se muestren vuestros huesos por el suelo.

   Si justo desear, si honesto celo  5
en valeroso corazón se encierra,
ya me parece ver, o que se atierra
por vos la Hesperia vuestra, o se alza a vuelo:

   no por vengaros, no, que no dejaste
a los vivos gozar de tanta gloria,  10
que envuelta en vuestra sangre la llevaste,

   sino para probar que la memoria
de la dichosa muerte que alcanzaste
se debe envidiar más que la victoria.




- CCXV -


ArribaAbajo   Ni la alta piedra que de César cierra
las reliquias soberbias en el suelo,
ni aquel famoso templo por quien Delo
vivirá siempre en cuanto el mar encierra,

   ni todos los honores que en la tierra  5
pueden de gloria alzarse en alto vuelo,
os dieran tanto honor, héroes del cielo,
cuanto os dan estas piedras y esta tierra.

   De huesos de enemigos mayor pira,
do los vuestros a guisa de trofeo  10
se muestran fabricando, fabricaste.

   El templo que a los otros más admira,
y el honor muy más grande que el deseo,
Cristo os lo dio y vosotros lo ganaste.




- CCXVI -


Al duque de Sessa


ArribaAbajo   Como al salir del sol se muestra el cielo
más claro y más alegre y más gozoso,
y como en el venir de abril hermoso
de flores se matiza y lustra el suelo,

   tal, movido por vos de honesto celo,  5
se muestra ufano el mundo, deseoso
de veros ya llegar al glorioso
término (a) que llegó el único abuelo.

   Sólo en veros salir, sólo del nombre
de Gonzalo Hernández tiene espanto  10
cuanto ciñe Apenín, Adria y Tirreno.

   ¿Cuál será, pues, señor, que no se asombre
viéndoos volver con el honrado manto
de palmas, de trofeos, de glorias lleno?




- CCXVII -


ArribaAbajo   Sesenio, pues que vas do vengo agora,
antes do siempre estoy, do ir quisiera,
cuando a ver llegarás la gran ribera
del Betis, que por ti tanto se honora,

   si aquella Brisis que tu alma adora,  5
jamás se muestra a tus suspiros fiera,
a Dórida dirás que desespera
la mía ya de verse alegre un hora.

   Pero si aquel antiguo nuestro río
fuera el otro do suelen los mortales  10
el peso descargar de sus cuidados,

   no por eso dejara el ardor mío
de atormentarme acá, porque mis males
no quiero ni podrán ser remediados.




- CCXVIII -


Al duque de Alba


ArribaAbajo   Señor, mientra el valor que en vos contemplo,
el ánimo, el saber, alabar quiero,
con el bajo decir, torpe y grosero,
del alto desear la furia templo.

   Vuestras obras serán, pues, vuestro ejemplo;  5
vos vuestro coronista verdadero;
vuestra virtud será el más cierto Homero
que a la inmortalidad os abre el templo.

   No dejéis, señor, ser alabado;
mas al principio que lleváis tan alto  10
dad en lo por venir alegre efeto:

   que si el triunfo del mundo es pobre y falto,
si corresponde mal con tal sujeto,
allá os le tiene el cielo aparejado.




- CCXIX -


Al Conde de Feria


ArribaAbajo   Mientra el franco furor fiero se muestra
en uno con el bárbaro tremiendo,
mientra el consorcio protestante, horrendo,
turbar piensa la fe y la patria nuestra,

   Marte os arma, señor, la mano diestra,  5
a la cual la victoria está atendiendo,
a aquel vestigio de valor siguiendo
que a la inmortalidad virtud adiestra.

   Ya me parece ver de vuestra gloria
el alto resplandor ilustrar tanto  10
que al paterno poder hará la vista.

   Sólo tengo temor que tanta historia
puesta no quedará en eterno canto
si vos de vos no sois el coronista.

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