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- CLII -


ArribaAbajo   Huyendo va la trabajosa vida
del cansado vivir, que no lo quiere,
y el alma, de contenta en ver que muere,
en sus males no acierta a dar salida.

   La esperanza cansada, embobecida,  5
tras un bien que será más mal si fuere,
viendo que falta ya fuerza en que espere,
a los pies del dolor queda rendida.

   Poco puede tardar el bien que espero:
si el curso natural se ha detenido,  10
acabará el dolor tantos enojos.

   Ya siento yo la muerte, y si no muero,
es que quiere el dolor que me ha vencido
poco a poco gozar de los despojos.




- CLIII -


Traducción de un epigrama latino


ArribaAbajo   Sobre las ondas del helado Ibero,
incauto niño, y sin saber, corría,
cuando el hielo, que fuerza no tenía,
quebrando, se mostró crudo y severo.

   El río, que veloz iba ligero,  5
con el tributo el cuerpo al mar envía:
la cabeza que el hielo sostenía
por memoria quedó del caso fiero.

   La madre que buscando al niño andaba
por la ribera, viendo el rostro luego  10
asió del y sacó lo que quedaba.

   «¡Ay cruel hado -dijo- extraño y ciego!
Pues de lo que parí no me tocaba
más parte que ésta, ésta consuma el fuego.»




- CLIV -


ArribaAbajo   Cuando pienso me da dolor doblado;
ningún pensar me da contentamiento;
si fuera de pensar deleite siento,
ni sé entenderme a mí ni a mi cuidado.

   Entre mi mal el bien viene mezclado;  5
ni lo sé conocer ni tomar tiento:
que en gustando del bien el sentimiento,
o se convierte en mal o ya es pasado.

   En medio del deleite llega luego
el recelo del mal, considerando  10
que es un tal bien un poco de agua al fuego.

   Así el monstruo marino está llorando
mientra el cielo y el mar muestran sosiego,
de futura tormenta recelando.




- CLV -


ArribaAbajo   Golfo de mar con gran fortuna airado
se puede comparar la vida mía;
van las ondas do el viento las envía
y las de mi vivir do quiere el hado;

   no hallan suelo al golfo, ni hallado  5
será cabo jamás en mi porfía;
en el golfo hay mil monstruos que el mar cría,
mi recelo mil monstruos ha criado;

   en el mar guía el norte, a mí una estrella;
nadie se fía del mar, de nada fío;  10
vase allí con temor, yo temeroso;

   por mis cuidados van, naves por ella.
Y si en algo difiere el vivir mío,
es en que se aplaca el mar, yo no reposo.




- CLVI -


ArribaAbajo   Corre con tempestad furiosa y fuerte
el más cuerdo piloto, el más experto,
y en viendo cerca el deseado puerto,
el miedo en esperanza se convierte;

   mas queriendo surgir la mala suerte,  5
lo torna con extraño desconcierto;
sale un viento cruel, contrario, incierto,
que atrás lo vuelve a recelar la muerte.

   Así yo, en la fortuna del deseo
a vos vengo, que sois el puerto mío,  10
donde de tanto mal pienso salvarme;

   mas, ¡ay, hado cruel!, que apena os veo,
cuando un contrario viento de un desvío
hace que en el dolor vuelva a engolfarme.




- CLVII -


ArribaAbajo   Por el airado mar a la ventura
va el marinero con tormenta fiera,
y viéndose perder, salvarse espera
en el batel do su morir procura;

   porque lo ordena así su desventura  5
por allí donde pensó salvarse muera,
volviendo al puerto, al fin, salva y entera
la nave que juzgó menos segura.

   Así, señora, yo buscando un medio
que me pueda escapar de un mal tan fuerte,  10
do me pensé ganar vine a perderme.

   Mas ¿qué puedo hacer quien su remedio
vio puesto en el arbitrio de la suerte?
¿De quién sino de vos puedo valerme?




- CLVIII -


ArribaAbajo   Cercado de terror, lleno de espanto,
en la barca del triste pensamiento,
los remos en las manos del tormento,
por las ondas del mar del propio llanto,

   navegaba Vandalio; y si algún tanto  5
la esperanza le da propicio el viento,
la imposibilidad en un momento
le cubre el corazón de oscuro manto.

   «Vandalio, ¿qué harás hora? -decía-.
Fortuna te ha privado de la estrella  10
que era en el golfo de la mar tu guía.»

   Y andándola a buscar, ciego sin ella,
cuando por más perdido se tenía,
la vio ante los nublados ir más bella.




- CLIX -


ArribaAbajo   Amor me trae en la mar de su tormento
al placer de la ondas de mudanzas,
mil fortunas tal vez, tal vez mudanzas
traen acá y allá mi sentimiento.

   Sígueme alguna vez próspero viento,  5
meten velas entonces esperanzas,
mas salen de través desconfianzas
y acobardan al triste pensamiento.

   Siéntome alguna vez alzar al cielo,
y otras mil abajar hasta el abismo;  10
ya me esfuerzo, ya temo, ya me atrevo.

   Ora huyo, ora espero, ora recelo,
y en tanta variedad no sé yo mismo
qué quiero, aunque sé bien que querer debo.




- CLX -


ArribaAbajo   Si no socorre Amor la frágil nave,
combatida de vientos orgullosos,
que entre bravos peñascos peligrosos
la hizo entrar un fresco aire suave,

   tal carga de dolor lleva y tan grave  5
de pensamientos tristes, congojosos,
que no pueden durar tan enojosos
días sin que el morir me desagrave.

   Desdén rige el timón, furor la vela,
trabajo el mástil y la escota el celo;  10
lágrimas hacen mar, suspiros viento.

   Nublado oscuro de soberbia cela
el norte mío, y sólo veo en el cielo
pena, dolor, afán, rabia y tormento.




- CLXI -


ArribaAbajo   Sabe Dios sin saber de vos deseo,
y témolo saber más que la muerte:
ved, señora, cuál es mi mala suerte,
de qué contrarios tormentar me veo.

   De no saber de vos tan mal poseo  5
que en fiera rabia el desear convierte;
y por no saber nueva en que no acierte,
el triste desear huyo y rodeo.

   Así el que ve la nave irse abrasando,
estando dentro en ella en la batalla,  10
modo para salvarse anda buscando;

   mas doquiera que va su muerte halla:
el enemigo, el contrastar nadando;
y en la nave ella viene sin buscalla.




- CLXII -


ArribaAbajo   Si así durase el sol sereno cuanto
dura la noche tenebrosa, obscura,
si en medio del placer mi desventura
no transformase el gozo en triste llanto,

   ¿cuál vida podría ser alegre tanto,  5
cuál mal que iguale al bien de tal ventura,
cuál remedio mayor de mi tristura
que mudar en alegre el triste canto?

   En la gloria mayor de mi tormento
voy por tranquilo mar ledo cantando,  10
mientra alegres se muestran vuestros ojos.

   Mas, ¡ay!, que cuando más, más gloria siento,
se me deshace el bien considerando
cuál me suelen parar vuestros enojos.




- CLXIII -


ArribaAbajo   Por los ojos amor entra y derrama
en el alma un ardor que la enflaquece;
el ansia de gozar, fuego parece;
templada obstinación su fuerza trama.

   De un hijo que amor tiene, el cual se llama  5
deseo, la esperanza nace y crece;
mas contra el hijo y nieta el hado ofrece
un bastardo temor que los desama.

   El fin que amor pretende es ser amado;
temor, que a ningún bien del padre alcanza,  10
viene contra los dos acompañado

   de enojos, de sospechas, de mudanza,
desdén, ingratitud, celos, cuidado,
armado de mortal desconfianza.




- CLXIV -


ArribaAbajo   ¡Temor desventurado y trabajoso,
trabajoso temor desventurado!
quien supiese mostrar de ti un traslado
bien se podría llamar pintor famoso;

   quien tu desasosiego sospechoso,  5
tu recelar, tus bascas, tu cuidado,
con palabras pintase, habría pintado
lo que es, aunque a pensar, dificultoso.

   Eres sin proporción incomparable,
eres mal que se siente y no se entiende,  10
sueño que el alma aduerme y la desvela;

   eres fuego infernal, intolerable,
hielo que de un rabioso ardor enciende,
ardor que de un mortal hielo nos hiela.




- CLXV -


ArribaAbajo   Tras lo que temo más voy rastreando
sin que espere hallar lo que quería,
y es de tal calidad la pena mía
que lo que huye más, anda buscando.

   Se me va la verdad manifestando;  5
yo, por no la topar, busco otra vía;
si entendiese su mal mi fantasía
tendría por mejor vivir dudando.

   Ha dado fe el temor a una sospecha
que no puede parar sino en mi daño,  10
y seguiréla hasta ver do para.

   Querríala volver, más ¿qué aprovecha?
que aunque sea en su favor el desengaño,
sola la duda ya le cuesta cara.




- CLXVI -


ArribaAbajo   ¿Qué alteración es ésta, Amor, que siento?
¿De dónde viene en mí tan gran mudanza?
Si muero de temor, esta esperanza
que tengo, ¿sobre qué funda su asiento?

   Si no quiero mi mal ni lo consiento,  5
¿por qué tengo del bien desconfianza?
Si el uso de razón el seso alcanza,
¿cómo se ciega así el entendimiento?

   Y si una mutación tan repentina
natura la aborrece, ¿cómo vivo?;  10
un sujeto tan flaco, ¿en qué se esfuerza?

   Mas, ¡ay!, que pues tormenta tan contina
no se amansa, es señal que el hado esquivo
quiere mostrar en mí toda su fuerza.




- CLXVII -


ArribaAbajo   Aquel rumor que de improviso suena,
como de la experiencia está entendido,
robando la color, turba el sentido,
al alma de recelo o gozo llena.

   Pero nace tal bien de aquella pena  5
que queda el tal rumor más conocido,
siendo el entendimiento socorrido
de las potencias que de sí enajena.

   Así la vez que os veo, el sentimiento
se turba, y los espíritus penados  10
así correr, así alterarse siento.

   Mas siendo al alma a dar favor llegados,
cuanto son de más claro entendimiento
quedan vencidos más y enamorados.




- CLXVIII -


ArribaAbajo   De aquella voluntad que a mi tormento
pudo entregarme así, tan de su grado,
no puedo en nada ya ser ayudado,
ni en mi favor ni como mía la siento.

   Perdió razón su acostumbrado asiento,  5
que el nuevo mal nueva razón me ha dado;
y en tanta confusión solo ha quedado
por verdugo del alma el pensamiento.

   Tampoco me quedó libre el deseo,
que entre vida y morir busca y no acierta  10
de cuál se agrada más, cuál me conviene.

   Pensad cuál debo estar, ved cuál me veo,
que el morir, por entrar, corre a la puerta,
y el vivir, por salir, se lo detiene.




- CLXIX -


ArribaAbajo   En el paso más duro y más estrecho,
en el más peligroso, en el más fuerte,
en el que temo más que no la muerte,
y en el que más deseé por mi provecho,

   me tiene puesto Amor, que Amor lo ha hecho,  5
en el dudoso arbitrio de la suerte,
a que viva contento en que se acierte,
o que no, y muera en lágrimas deshecho.

   Solía el alma ya vivir segura,
confiada del bien sin merescello,  10
esperando ese trance en que ha de verse.

   Mas quien tiene su vida en aventura,
colgada, como dicen, de un cabello,
ved si tiene razón para temerse.




- CLXX -


ArribaAbajo   Ira y amor me están dentro en el pecho
y cada cual me causa un mal extraño;
el amor fue principio del engaño;
después, del mismo amor nació el despecho.

   Deseo aborrecer por mi provecho,  5
visto que del amor me viene el daño;
mas no basta la ira en mal tamaño
el nudo deshacer que amor ha hecho.

   Ira me mueve a ser vuestro enemigo
y muéstrame razón por que lo sea;  10
mas ¿qué vale, si amor a amar me tira?

   Y así mientras los dos tratan conmigo,
es fuerza que la triste alma se vea,
siendo esclava de amor, sujeta de ira.




- CLXXI -


ArribaAbajo   Como la obscura noche al claro día
sigue con inefable movimiento,
así sigue al contento el descontento
de amor y la tristeza al alegría;

   sigue al breve gozar luenga porfía,  5
al dulce imaginar sigue el tormento,
y al alcanzado bien el sentimiento
del perdido favor que lo desvía.

   De contrarios está su fuerza hecha;
sus tormentas he visto y sus bonanzas,  10
y nada puedo ver que me castigue.

   Ya sé qué es lo que daña y aprovecha;
mas ¿cómo excusará tantas mudanzas
quien ciego tras un ciego a ciegas sigue?




- CLXXII -


ArribaAbajo   No hallo ya en el mal inconveniente,
ni en el bien, si lo alcanzo, me detengo;
el tiempo en que no os veo, aunque es muy luengo,
con el alma os estoy siempre presente.

   Con tal orden templáis un accidente,  5
que en el mayor favor, si alguno tengo,
cuando en el disfavor a pensar vengo,
paso por él así livianamente.

   Y el placer, el pesar, el riso, el llanto,
gozar y padecer, daño y provecho  10
igualmente por vos me satisface.

   Sola una novedad me causa espanto:
teniendo de contrarios lleno el pecho,
¿cómo la división no lo deshace?




- CLXXIII -


ArribaAbajo   Un temor me destruye el pensamiento,
siendo sólo el pensar cuanto bien tengo;
mi mal no es grave, mas por ser más luengo,
miedo es el que me acaba el sufrimiento.

   Cuando estás más caído el sentimiento,  5
cuando más desvalido a sus pies vengo,
pensando me sustento y me entretengo:
que no ocupo otra gloria en mi tormento.

   ¡Ay Dios, qué nuevo mal, cuán sin remedio!,
que ni la voluntad siento partida,  10
ni está, salvo en morir, entera en cosa.

   Señora, ¿qué haré? Dad vos remedio.
Acábame el dolor luego la vida,
y no me llegue a prenda tan preciosa.




- CLXXIV -


ArribaAbajo   Padre me llama el sol del alegría,
a mí la vista del más entristece;
apenas alejándose anochece
cuando muero por ver venido el día.

   Todo cuanto en la tierra el cielo cría  5
reposa con la noche, en mí parece
que con fuerza mayor a la par crece
también la oscuridad del alma mía.

   Y si del que mal hace es deseada,
que no querría ver luz en todo el año,  10
¿por cuál razón a mí me desagrada?

   que demás de tratar de día mi daño,
en la noche, al descanso aparejada,
soy más cierto ministro de mi engaño.




- CLXXV -


ArribaAbajo   De error en error, de daño en daño,
de una desdicha en otra desventura,
de un desvío en otra gran locura,
de un viejo engaño en otro viejo engaño,

   de un grave mal en otro mal extraño,  5
de una necesidad a otra yactura,
me ha traído el Amor y mi ventura
a que huya mi propio desengaño.

   Conozco que me ofende el pensamiento,
y sólo de pensar me pasmo y vivo;  10
en él hallo el descanso y el tormento.

   ¡Oh nuevo padecer extraño, esquivo,
que nacen de una causa el mal que siento
y el bien que me hace ir soberbio, altivo!




- CLXXVI -


ArribaAbajo   Yo, señora, pensaba antes, creía,
mas, ¡ay!, que no sabía lo que pensaba,
que era amado el que amaba, y no entendía
que el hado a mi porfía contrastaba.

   El Amor me engañaba y me decía  5
que la fe que os tenía se apagaba;
pero si ciego andaba y no lo vía,
la justa opinión mía me engañaba.

   Ya el temor me muestra el desengaño,
si el gusto del engaño consintiera  10
que apartarme pudiera de mi daño.

   Mas el mayor engaño, ¡ay, suerte fiera!,
es que aunque claro viera que era engaño,
por un bien tan extraño el mal quisiera.




- CLXXVII -


ArribaAbajo   Tiéneme en duda Amor, por más tormento,
si será o no será lo que deseo;
del sí casi ningún camino veo,
del no dejo engañarme el pensamiento;

   del sí le viene esfuerzo al sufrimiento,  5
del no mayor terneza en lo que creo;
con el sí me regalo y me recreo
cuando del no me asombra el sentimiento.

   Mi cuidado, que más tal duda piensa,
dice que un cierto no, no me conviene,  10
y del incierto sí se desagrada.

   Y el alma que entre el sí y el no suspensa
dudando vive, por mejor lo tiene
que el peligro de ser desengañada.




- CLXXVIII -


ArribaAbajo   En el gozo mayor, en el contento
de mayor calidad que se desea,
en el bien que no hay bien que igual le sea,
y en la gloria mayor de mi tormento,

   me sale de través un pensamiento,  5
¡ay Dios, qué gran error, qué cosa fea!,
y me hace creer que nos lo crea.
¡Ved cuál queda con esto el sentimiento!

   Me dice que es ficción, que es una sombra,
cierto disimular, falsa apariencia,  10
que no viene de amor tales afectos.

   Y el alma que de tal visión se asombra,
tanto le amarga al gusto esta dolencia
que apenas siente el bien de estos efectos.

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