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ArribaActo III

 

Sala de juicio en la cárcel de Madrigal; decoración ochavada; puerta en el fondo; balcón a la derecha; al mismo lado, en la segunda caja, puerta del calabozo de GABRIEL; puertas a la izquierda de otros calabozos; mesa con papeles plumas, etc.

 

Escena I

 

DON RODRIGO y el ESCRIBANO, sentados a la mesa. GABRIEL, al otro lado, en un sillón reclinado tranquilamente, y como ajeno a lo que pasa a su rededor.

 
ESCRIBANO
Señor, no duerme.
RODRIGO
¿Y qué mal
halláis en que esté despierto?
ESCRIBANO
Que escucha.
RODRIGO
Es un hombre muerto;
que escuche o no ya es igual.
Seguid leyendo.
ESCRIBANO

 (Tomando un papel de la mesa.) 

Un oficio
5
del doctor don Juan de Llanos.
RODRIGO
¿Qué dice?
ESCRIBANO
Que siendo vanos
interrogatorio y juicio,
mandó dar a fray Miguel
el día cinco tormento. 10
RODRIGO
¿Y qué dijo?
ESCRIBANO
Que era invento
suyo lo de que Gabriel
fuese el rey de Portugal,
y que le movió a este engaño
el intento de hacer daño 15
al rey don Felipe.
RODRIGO
Mal
salió. Leed.
ESCRIBANO

 (Otro papel.) 

Petición
de la nominada Aurora.
RODRIGO
¿Y qué pide esa señora?
ESCRIBANO
Ver a su padre.
RODRIGO
Ocasión
20
llegará de que le vea
cuando esté ya confirmada
su sentencia, y no haya nada
que temer de que así sea.
ESCRIBANO

 (Otro papel.) 

Novena solicitud 25
del preso llamado Arbués.
RODRIGO
¿Qué solicita?
ESCRIBANO
Que, pues
vivirá poco, en virtud
de haberle dado tormento,
se quisiera despedir 30
de su amo antes de morir.
RODRIGO
No ha lugar hasta el momento
de la real confirmación
de su sentencia, si vive.
ESCRIBANO

 (Otro papel.) 

Una carta que os escribe 35
un anónimo.
RODRIGO
Cuestión
diaria: amenazas, fieros
contra mí y contra los jueces;
juramentos y sandeces
de rebeldes o embusteros. 40
Adelante.
ESCRIBANO

 (Una carta.) 

Para el juez
don Rodrigo Santillana;
llegó de Madrid.
RODRIGO
¡Pardiez!
¿Y así os estabais con ella?
Dadme acá.
ESCRIBANO
Tomad, señor.
45
RODRIGO
De César.

 (Leyendo.)  

«Del portador
mañana sobre la huella
partiré; media jornada
ante mí llegará a esa.
Ni puedo darme más priesa, 50
ni hasta hoy el rey hizo nada».
¡Gracias a Dios que tocamos
en el fin de ese proceso!
Llevaos vos todo eso,
escribano.
ESCRIBANO
¿Os esperamos?
55
RODRIGO
Afuera; y si algún correo
de la corte de Madrid
llega, que suba decid
al punto.
ESCRIBANO
Está bien.

 (Vase el ESCRIBANO.) 



Escena II

 

GABRIEL, DON RODRIGO.

 
RODRIGO
(Deseo
salir de este laberinto 60
de una vez y de ese hombre
a quien no hay nada que asombre.
Me repugna por instinto.
Su faz sombría, su calma
imperturbable, su irónica 65
conversación, su sardónica
sonrisa eterna en el alma
me infunden honda inquietud.
No me acusa la conciencia
de nada; di la sentencia 70
con severa rectitud,
conforme a ley; mas presiento
que hay en todo esto un arcano
que sondar pretendo en vano
y deja sin complemento 75
la obra de la justicia.
Exhala ese hombre satánico
no sé qué de frío y pánico
Creo que me maleficia.
En fin, poco resta ya. 80
Si el rey la sentencia envía
firmada, el último día
es hoy que calor le da.)
¿Dormís, señor Espinosa?
GABRIEL
Casi, casi, señor juez. 85
RODRIGO
¿Cansado estáis?
GABRIEL
¡Pse!
RODRIGO
¿Tal vez
sufrís dolor?
GABRIEL
Poca cosa.
RODRIGO
Aquí estaréis menos mal
que en la torre.
GABRIEL
Así, así.
RODRIGO
Que apreciarais más creí 90
mi caridad.
GABRIEL
Me es igual.
RODRIGO
¿Tal vez me guardáis rencor
por la cuestión?
GABRIEL
¡Brava pena,
por Dios!
RODRIGO
La prueba fue buena.
GABRIEL
Pudo haber sido mejor. 95
RODRIGO
Confieso que fue cruel
el tormento.
GABRIEL
Pero inútil.
RODRIGO
¿Lo creéis prueba tan fútil?
GABRIEL
Ya lo veis.
RODRIGO
Volver a él
podemos aún.
GABRIEL
Volvierais
100
a ver lo que visteis ya.
RODRIGO
La segunda vez quizá
vuestro silencio rompierais.
GABRIEL
Sería inútil fatiga;
y ahora que hablamos de esto, 105
de hoy para entonces protesto
contra todo cuanto diga;
y ya podéis calcular
que si en negar doy después
lo dicho, el tormento es 110
cuento de nunca acabar.
RODRIGO
¡Por Dios que sois hombre fuerte
y gastáis bizarro humor!
GABRIEL
Soy terco y sufro el dolor;
soldado soy, y a la muerte 115
voy como iba a la pelea:
Más despacio o más aprisa
hallarla es cosa precisa,
mas temerla es cosa fea.
RODRIGO
Vuestra fortaleza envidio; 120
mas noto en vos ha un momento
tristeza y decaimiento.
¿Qué tenéis?
GABRIEL
Que me fastidio.
RODRIGO
¡Que os fastidiáis!
GABRIEL
Sí, a fe mía!
Tres meses ha que aquí estoy 125
y lo mismo hacemos hoy
que hicimos el primer día.
«Traed ante mí a Gabriel».
Vuelta vos a preguntar,
vuelta yo a no contestar. 130
«Al calabozo con él».
Vuelve a amanecer el día,
y vuelta a sacar al preso,
y vuelta a leer el proceso,
y vuelta a nuestra porfía. 135
«Hablad, señor Espinosa.
-No quiero, señor alcalde.
-Qué habéis de hablar. -Que es en balde».
Y siempre la misma cosa.
No hubo más que la semana 140
en que me disteis tormento
que variara... y ya me siento
casi bueno, Santillana.
RODRIGO
Me amedrenta, ¡vive Dios!
vuestra eterna sangre fría. 145
GABRIEL
También me amedrentaría
a mí si fuera que vos.
RODRIGO
Vuestra osada impavidez
cada día toma creces.
GABRIEL
Sí; parecemos a veces 150
el reo vos y yo el juez.
RODRIGO
Es que a veces hallo en vos
un misterio que me espanta.
GABRIEL
Es que tal vez se levanta
tras mí la sombra de Dios. 155

 (Pausa.) 

RODRIGO
Yo creo, señor Gabriel,
que no es Dios, es Satanás
quien de vos está detrás
y os dejáis llevar por él.
¿A qué hombre de sano seso 160
no hartaran vuestras pesadas
continuas baladronadas
que llenan vuestro proceso?
¿Qué son, pues, vuestras preñeces
y siniestras reticencias? 165
GABRIEL
Tembladlas si son sentencias;
reídlas si son sandeces.
RODRIGO
Pues bien: hablad de una vez;
si ese secreto fatal
existe en vos, hacéis mal 170
de ocultarlo a vuestro juez.
Si sois quien juzgan, decid:
«Yo soy»..., probadlo y mañana...
GABRIEL

 (Variando de tono.) 

¿Cuándo vendrá, Santillana,
el capitán de Madrid? 175
RODRIGO
Hoy mismo.
GABRIEL
¡Gallardo mozo!
¿Le queréis mucho?
RODRIGO
¿Pues no,
si es mi hijo?
GABRIEL
También yo
le quiero bien y me gozo
con su vista. ¿No tenéis 180
más hijos que él?
RODRIGO
Nada más.
GABRIEL
¿Ni los tuvisteis jamás?
RODRIGO
Las preguntas que me hacéis,
Espinosa...
GABRIEL
Son sencillas.
RODRIGO
No sé qué se me figura 185
que hay en ellas...
GABRIEL
¿Por ventura
os pregunto maravillas?
Tenéis un hijo mancebo
y si hubisteis os pregunto
más que él; no hay en el asunto 190
de mi cuestión nada nuevo.
RODRIGO
¡Jamás podré conseguir
arrancar de vuestra faz
ese sarcasmo tenaz!
¿Qué me tenéis que decir? 195
Acabemos, Espinosa.
Esa burlona altivez
que excita en mí alguna vez
una duda misteriosa,
¿qué significa? Parece 200
que no os habéis convencido
de que juzgado habéis sido,
de que ya no os pertenece
vuestra acotada existencia,
y de que según la ley 205
no falta sino que el rey
confirme vuestra sentencia.
¡Parece que en vuestro pecho
hay una firme esperanza
que os da audacia y confianza 210
contra esa ley!
GABRIEL
Es un hecho.
RODRIGO
¿Creéis que no firmará
el rey?
GABRIEL
Esa es cuenta suya.
Dios por sus obras le arguya.
¿Le habéis vos escrito ya 215
que pido verle?
RODRIGO
Y respuesta
aguardo; ¿mas si apeláis
al rey en vano?
GABRIEL
Me ahorcáis,
y se concluyó la fiesta.
 

(DON RODRIGO mira a GABRIEL con asombro; GABRIEL permanece sereno.)

 
RODRIGO
Sospéchome que estáis loco. 220
GABRIEL
Tal vez.
RODRIGO
Aunque más bien creo
que es otro vuestro deseo.
GABRIEL
¿Cuál creéis?
RODRIGO
Ir poco a poco
dilatando la sentencia,
dando a entender que aún hay más 225
que esperar de vos.
GABRIEL
Quizás.
RODRIGO
Pues os protesto en conciencia
que hoy tendrá fin vuestro afán;
si el rey no manda otra cosa
morís hoy por Espinosa, 230
o por rey Don Sebastián.
Basta ya de dilaciones;
harto estoy de toleraros
y me es ya en mengua trataros
con tales contemplaciones. 235
Vos sois un villano artero,
un taimado embaucador
que esperáis suerte mejor
dándoos por un caballero.
¡Un necio que aguarda en vano, 240
negándose a confesar,
que nunca le han de matar
como a un infame pagano
sin confesión! Mas caéis
en un miserable error: 245
si no queréis confesor,
sin confesión moriréis.
Y no tenéis que cansaros;
no me habéis de aventajar;
si os obstináis en callar, 250
yo me obstinaré en ahorcaros.
¿Ahora os reís?
GABRIEL

 (Riéndose.) 

¡Sí, por Dios!
Y no he muerto ya de hastío
porque, como ahora, me río
mil veces.
RODRIGO
¿De qué?
GABRIEL
De vos.
255
RODRIGO
¿De mí? En vuestra audacia loca
os olvidáis, a mi ver,
que os puedo mandar poner
una mordaza en la boca.
GABRIEL
Verme mudo os diera pena; 260
de que es estoy persuadido
mi voz para vuestro oído
el cantar de la sirena.
¡Mordaza! De vuestros fieros
a pesar, si lo procuro 265
de veras, estoy seguro,
señor juez, de adormeceros.
Ya me parece, ¡pardiez!,
que comenzáis a turbaros
y no he hecho más que miraros. 270
Os voy a decir, buen juez,
lo que pasa en vuestro pecho:
a fuerza de ir y volver
sobre quién soy, de mi ser
un fantasma os habéis hecho. 275
Ser superior me imagina
vuestra razón exaltada,
y mi voz y mi mirada
os deslumbra y os fascina.
Todo se os vuelven antojos; 280
si os miro fijo a la cara,
os turbáis como si echara
fuego o sangre por los ojos.
Si en paz llevando mi suerte
alejo de mí el pesar, 285
creéis que voy a evitar
con algún filtro la muerte.
Si de vuestros hijos hablo
y por ellos os pregunto,
no parece sino asunto 290
de vendérselos al diablo.
Si levanto un poco más
estando solos la voz,
cual de una bestia feroz
teméis, y os echáis atrás. 295
Y si al hablarme con saña
vos, os hablo con violencia,
os dobláis en mi presencia
como ante el viento la caña.
Tan hondo y siniestro influjo 300
he adquirido sobre vos,
que, ¡no os lo demande Dios!,
me estáis suponiendo brujo.
No parece, Santillana,
sino que sabéis que puedo 305
haceros temblar de miedo
cuando me diera la gana.
¿Y no es verdad, don Rodrigo,
no es verdad que mi semblante
os está siempre delante; 310
que andáis, que soñáis conmigo?
¿No es verdad que se os alcanza
que tendrá alguna razón
al mostrar mi corazón
tan osada confianza? 315
¿No es verdad que todo cabe
en hombres y que tal vez
en vuestra vida de juez
hay algún secreto grave
que creéis hundido vos 320
en la eternidad oscura,
y que teméis por ventura
que me lo revele Dios?
¿No es verdad que cuando a solas
hablo con vos, don Rodrigo, 325
va vuestra alma en lo que os digo
como nave entre las olas,
esperando de un momento
a otro verse sumergida
por la mar embravecida 330
de mi airado pensamiento?
¿No es verdad que habéis cruzado
una vez el Portugal
y cerca de Setubal
en mitad de un despoblado 335
un monasterio habéis visto
cuya sagrada vivienda
fue teatro de una horrenda
profanación?
RODRIGO
¡Jesucristo!
GABRIEL
¿No es verdad que cuando clavo 340
mis ojos en vuestro rostro
os hielo el alma y os postro
a mis pies como un esclavo?
¡De rodillas, Santillana!
Vuestra vida está en la mía; 345
viviréis más que yo un día;
si yo muero hoy, vos mañana.
RODRIGO
¡Dios me valga!

 (DON RODRIGO se arrodilla.)  

GABRIEL
¡Calla! ¿Y vos
lo tomáis como os lo digo?
Si esto es farsa, don Rodrigo; 350
serenaos, ¡vive Dios!
RODRIGO
¿Conque es decir?...
GABRIEL
Que divierto
mi fastidio, Santillana.
RODRIGO

 (Furioso.) 

No haréis lo mismo mañana.
GABRIEL

 (Con calma.) 

Ahorcándome hoy, no por cierto. 355


Escena III

 

Dichos, el ALGUACIL.

 
ALGUACIL
Su merced el capitán
Santillana.
GABRIEL
Que nos cae
del cielo.
RODRIGO
Y que el fallo trae
del rey.
GABRIEL
Fin de nuestro afán.


Escena IV

 

DON RODRIGO, GABRIEL, DON CÉSAR.

 
RODRIGO
¿Traes tú los despachos?
CÉSAR
Sí.
360
Mas ¿qué tenéis, padre?
RODRIGO
Nada.
¿Traes la sentencia aprobada?
CÉSAR
Sí.
RODRIGO
¿Dónde está?
CÉSAR

 (Dándole un papel.) 

Vedla aquí.
 

(DON RODRIGO toma, abre y lee el pliego que le da DON CÉSAR y dice llamando:)

 
RODRIGO
¡Hola!
 

(Entran algunos ALGUACILES y el ESCRIBANO.)

 
Cúmplase la ley.
Avisad al confesor 365
y al verdugo ejecutor
de las justicias del rey.
Escribano, evacuad vos
la postrera diligencia:
intimadle la sentencia, 370
y que se encomiende a Dios.
CÉSAR
Señor...
RODRIGO
¡Silencio! Leed.
ESCRIBANO

 (Empezando a leer.) 

Vista y fallada...
RODRIGO

 (Interrumpiéndole.) 

Adelante.
La aprobación es bastante;
fórmulas a un lado, haced. 375

ESCRIBANO   (Leyendo.)  «Y en atención a que en los cofres de dicho Gabriel Espinosa han sido halladas muchas prendas y joyas de valor, pertenecientes a la persona de nuestro difunto sobrino Don Sebastián, rey de Portugal, sin que haya podido probar Espinosa la legitimidad de su adquisición y posesión; y en atención a que el marqués de Tavira y fray Miguel de los Santos y otros señores castellanos y portugueses han declarado, unos en juicio y otros en tormento, que le tienen y han tenido desde que le vieron por el rey Don Sebastián; y habiéndose probado que muchos nobles portugueses le han visitado en Madrigal para reconocerle, y que en su nombre se han escrito cartas, contraído empréstitos y armado gentes para concitar a la rebelión a los pueblos en favor suyo; y teniendo en cuenta que dicho Gabriel Espinosa no ha negado nunca ser él el mismo rey Don Sebastián, antes ha contribuido a hacer creer a los incautos que lo es efectivamente, no declarando jamás quién sea en realidad, dándose ya por una persona, ya por otra, y aparentando el gesto, las acciones y las señales exteriores que, a su parecer, pueden convenir mejor con los recuerdos y las pinturas que de Don Sebastián se conservan entre los que en vida le conocieron; y considerando, en fin, que el cuerpo de dicho rey fue por Nos rescatado del poder de Muley Mahamet y traído de África al monasterio de Belén, donde yace sepultado; aprobamos y confirmamos la sentencia contra él dada, y le declaramos impostor infame, traidor a su rey y usurpador del nombre del rey Don Sebastián. Por cuyas razones le condenamos a ser arrastrado y ahorcado y descuartizado, y puesta su cabeza en una lanza a una de las salidas del pueblo de Madrigal, en donde vivió, para desengaño de incautos y escarmiento de traidores. YO EL REY».

GABRIEL

 (Con ira.) 

¿Traidor yo, impostor infame?
¿Muerte a mí con tal afrenta?

 (Serenándose.) 

Que Dios me la tome en cuenta
cuando a su juicio me llame.

  (Al ESCRIBANO.) 

¿Tenéisme más que leer? 380
ESCRIBANO
Nada más.
GABRIEL
Pues despachemos
y tiempo no malgastemos.
Sea lo que haya de ser.
CÉSAR
(¡Indomable corazón!)
RODRIGO
(¡Incomprensible fiereza! 385
Ni aun inclinó la cabeza
para oír la intimación.)
GABRIEL
Alcalde, estáis demudado,
trémulo..., ¡por vida mía!
Cualquiera imaginaría 390
que erais vos el sentenciado.
RODRIGO

 (Airado.) 

Pronto lo viera. Tenéis
de vida tres cuartos de hora.
GABRIEL
Son las cinco y cuarto ahora.
RODRIGO
Encerradle.
GABRIEL

  (A DON RODRIGO.)  

Hasta las seis.
395
RODRIGO
Despejad.
 

(Llevan a GABRIEL a su encierro y vanse el ESCRIBANO y los ALGUACILES por el fondo.)

 


Escena V

 

DON RODRIGO, DON CÉSAR.

 
CÉSAR
Padre, ¿qué es esto?
RODRIGO
Que es fuerza que ese hombre muera.
CÉSAR
Dadle un día
RODRIGO
Ni siquiera
una hora.
CÉSAR
Que dispuesto
muera al menos cual cristiano. 400
RODRIGO
Muera, y sea como fuere.
CÉSAR
¡Sin confesión!
RODRIGO
No la quiere;
es un hereje, un pagano.
CÉSAR
Padre, estáis ciego de ira.
RODRIGO
Ira es lo que aparento, 405
ira, César; pero miento,
es terror lo que me inspira
ese hombre de Satanás.
Y yo, ¡imbécil!, que le daba
tormento porque no hablaba; 410
no, no: que no hable jamás.
Que le lleven al cadalso
con una mordaza puesta;
que no hable con nadie; en esta
hora cuanto diga es falso. 415
CÉSAR
Padre, sospecho ¡ay de mí!
que se os desvanece el juicio.
RODRIGO
Es obra de un maleficio.
CÉSAR
¿Os maleficiaron?
RODRIGO
Sí.
CÉSAR
¡Superstición!
RODRIGO
Ya lo ves;
420
Gabriel me malefició,
y él ha de morir o yo.
Ya firmó el rey; muera, pues.
CÉSAR
¡Padre!
RODRIGO
¡César!... ¡Hijo mío!
CÉSAR
¿Estáis delirando?
RODRIGO
¿Alguno
425
me escuchó acaso?
CÉSAR
Ninguno.
RODRIGO
(De mí propio desconfío.)
CÉSAR
Padre, algún mal os acosa;
tembláis..., estáis demudado.
RODRIGO
Algún vértigo; he velado 430
tantas noches de Espinosa
con el proceso maldito,
me ha dado tanto que hacer,
que en mí no estoy hasta ver
que de en medio me lo quito. 435
Mas no fue nada; pasó
ya, César. Veamos, pues,
los despachos de la Corte.
CÉSAR
Tomad: aquí los tenéis.
RODRIGO
Ésta es la consulta mía, 440
ésta la aprobación del
consejo; ésta la carta
de su majestad el rey;
¿y este otro pliego sellado
de quién es?
CÉSAR
Yo no lo sé;
445
me fue entregado en palacio
con todos ellos.
RODRIGO
¿Por quién?
CÉSAR
Por el rey mismo.
RODRIGO
A ver: ábrele.
CÉSAR
Una real orden.
RODRIGO
Pues lee.

CÉSAR   (Leyendo.)  «En nombre del rey.- Por la presente, pondréis en libertad en la hora en que la recibiereis, y sobreseyendo en su causa, si hubiereis procedido a formarla contra ella, a doña Aurora Espinosa, detenida y a vuestras órdenes en la cárcel de Madrigal; dejando disponer libremente de sí misma a dicha doña Aurora, como fuere su voluntad.- Madrid, etcétera.- A don Rodrigo de Santillana».

RODRIGO
¿En libertad? No comprendo 450
tal orden del rey.
CÉSAR
Y está
bien terminante.
RODRIGO
Y será
cumplida. Sigue leyendo.
CÉSAR
Otro pliego para mí.
RODRIGO
Rompe la nema y aparta 455
la cubierta. ¿Qué hay?
CÉSAR
Aquí
viene un papel y otra carta.
RODRIGO
Lee.
CÉSAR
Dice el papel así:

 (Lee.) 

«En nombre del rey.- Otorgamos licencia para dejar el servicio de Su Majestad temporal o absolutamente, como más le conviniere, al capitán del primer tercio de Flandes, don César de Santillana».

RODRIGO
¿Y para qué?
CÉSAR
¿Qué sé yo?
RODRIGO
¿Tú no la has pedido?
CÉSAR
No.
460
RODRIGO
Sigue. (¿Qué es esto? ¡Ay de mí!)

CÉSAR   (Lee.) «Y ordenamos al dicho capitán don César, por ser así del agrado de Su Majestad, conducir con todo honor y escoltar con toda seguridad, durante su viaje por tierra de sus dominios y mares guardados por su real marina, a doña Aurora de Espinosa, hasta ponerla sana y salva en estados de Venecia, por cuyo embajador ha sido reclamada, como hija adoptiva de la República Serenísima».

RODRIGO
¡Ira de Dios! Todo ahora
lo comprendo.
CÉSAR
¿Qué es, señor,
lo que comprendéis?
RODRIGO
Tu amor,
¡desventurado!, a esa Aurora. 465
CÉSAR
Es cierto: un amor profundo;
mas no os traiga con cuidado,
que es el más desesperado
que hubo jamás en el mundo,
RODRIGO
¿Lo ves? ¡Ah! También a ti 470
te han maleficiado; pero
responde, César. Yo quiero
saberlo ya todo; di.
Tú con ella en connivencia,
huir con seguridad 475
queriendo, su libertad
conseguiste y tu licencia.
CÉSAR
No, a fe mía.
RODRIGO
Sí, arrastrado
por sus sortilegios has
trabajado en contra mía 480
con temeridad impía
y en favor suyo.
CÉSAR
Jamás.
Que tuve siempre confieso
simpatía misteriosa
e interés por Espinosa, 485
pero no obré en su proceso.
Amé a Aurora, la amo aún;
mas mi pasión despechada
es imposible y no hay nada
entre los dos de común. 490
Mientras viva la amaré,
pero este amor solitario
de mi pecho en el santuario
sólo yo conservaré.
RODRIGO
¡Otro misterio!
CÉSAR
Tremendo
495
sin duda, padre, mas puede
conmigo, y mi brío cede
a su poder.
RODRIGO
No lo entiendo.
CÉSAR
Ni yo sé decir más de él
sino que Aurora, señor, 500
no nació para mi amor.
RODRIGO
¿Quién te ha dicho eso?
CÉSAR
Gabriel.
RODRIGO
¡Infeliz! Es su manceba.
CÉSAR
Quien tal os dijo ha mentido,
señor.
RODRIGO
Ella misma ha sido.
505
CÉSAR
¿Ella?
RODRIGO
En la primera prueba
del tormento.
CÉSAR
¡Cielo santo!
¿La habéis puesto en el tormento?
RODRIGO
Es débil y habló al momento.
CÉSAR
¡Me paralizo de espanto! 510
¿Qué abismo es éste de males
que por doquier nos circunda?
¡Qué trama ésta tan fecunda
de misterios!
RODRIGO
Los fatales
hilos de esa negra trama 515
tan sólo puede romper
la muerte, y hoy ha de ser.
Que mueran él y su dama.
CÉSAR
¡Imposible! Mintió.
RODRIGO
¿Quién?
CÉSAR
Ella; no puede tampoco 520
ser de Gabriel.
RODRIGO
¿Quieres loco
volverme?
CÉSAR
No. Sé muy bien
lo que digo: esa mujer
es prenda de una venganza;
sólo con esa esperanza 525
la conserva en su poder.
RODRIGO
¿Ella de venganza prenda
y en su poder? ¡Dios me asista!
De este arcano ante mi vista
se aclara la sima horrenda. 530
¡Hola!

 (Toca la campanilla y entra un ALGUACIL.) 

En libertad a Aurora
poned al punto y aquí
traedla. Escucha, ¡ay de mí!,
escucha, César, ahora
un secreto horrible; ese hombre 535
que no es nada y que lo es todo,
de quien de saber no hay modo
religión, patria ni nombre;
ese hombre a quien nada espanta,
cuya altivez nadie doma, 540
penitente humilde en Roma,
peregrino en Tierra Santa,
soldado en Flandes, marqués
en Madrid, corso en Venecia,
que alma y vida menosprecia 545
como al polvo de sus pies;
a quien no rinde el tormento
y cuyo espíritu fuerte
ve a un paso de sí la muerte
y se sonríe contento, 550
no es criatura, es fantasma;
no es vivo, es aparición,
quimera, ensueño, visión,
mas que de terror me pasma.
Es un hombre de otra edad; 555
un hombre que estando muerto
halló su sepulcro abierto
y huyó de la eternidad
mis pasos para seguir;
es la sombra de otro ser 560
que sale a la tierra a ver
nuestra sepultura abrir.
CÉSAR
¡Ay de mí! El continuo afán
del proceso de Gabriel
os hizo concebir de él 565
esas quimeras que están
trastornándoos la razón.
RODRIGO
Dices bien..., sí..., no comprendas
jamás las causas horrendas
de mi ruin superstición. 570

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