Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Anterior Indice Siguiente




Escena VII

 

DON RODRIGO, GABRIEL, el MARQUÉS DE TAVIRA.

 
 

GABRIEL se aparta a un lado y, sentándose, se mantiene en toda esta escena dando la espalda al MARQUÉS.

 
RODRIGO
Señor marqués, perdonad
si cumpliendo obligaciones
de juez...
MARQUÉS
Vuestras atenciones
os agradezco en verdad;
pero advertid que mañana 605
quiero dejar a Castilla,
y que el mesón de una villa
no es el lugar, Santillana,
que me conviene; os prevengo
que hombre soy muy principal 610
y de todo Portugal
la sangre más limpia tengo.
GABRIEL
(Si mi mente no delira,
¡por Dios, que está en mi presencia
la hinchada magnificencia 615
del buen marqués de Tavira!)
RODRIGO
No os he de faltar en nada;
mas quiero que me digáis
sin doblez cuanto sepáis
de aquella fatal jornada 620
de África; corre el rumor
por ahí de que no es cierto
que Don Sebastián ha muerto;
y aun hay algún impostor
que usurpa su augusto nombre. 625
GABRIEL
(Y el gesto y el ademán.

 (Mirándole.) 

¡Pobre rey Don Sebastián
si en manos cae de este hombre!)
RODRIGO
Conque decid: ¿es verdad
que en África el rey murió? 630
Que allá estuvisteis sé yo
con toda seguridad.
Hablad, marqués de Tavira;
vuestra nobleza es notoria.
No echéis en su ejecutoria 635
el borrón de una mentira.
MARQUÉS
Inexperto capitán
de mi edad en el vigor,
esclavo fue mi valor
de mi rey Don Sebastián. 640
Juntos un mismo bajel
a tierras del africano
nos llevó; como un hermano
al combate fui con él.
Un mar de sangre corrió. 645
Pero al partirse la suerte
sólo el baldón y la muerte
a nosotros nos tocó.
GABRIEL
(No sé por qué la memoria
de ese lance me enternece 650
y me irrita; no parece
sino que cuentan mi historia.)
MARQUÉS
El rey, que escudo y celada
tiró para más grandeza
de valor, en la cabeza 655
recibió una cuchillada
tal, que la frente serena
le rajó hasta la nariz.
RODRIGO

  (A GABRIEL.) 

¡No es mala esa cicatriz!
GABRIEL
La cuchillada fue buena. 660
RODRIGO

 (Al MARQUÉS.)  

Seguid.
MARQUÉS
El rey, nuevo Marte
de tan sangrienta jornada,
continuó, rota la espada,
defendiendo su estandarte,
hasta que el filo fatal 665
de un yatagán africano
segó de su izquierda mano
dos dedos.
RODRIGO

  (A GABRIEL.)  

Si no oí mal
me habéis dicho...
GABRIEL

 (Con calma y sin volverse.) 

Que perdí
dos dedos en un combate 670
naval.
RODRIGO
Marqués, el remate
de la batalla.
MARQUÉS
Caí
bajo un hachazo a los pies
de mi rey... y no vi más;
perdí el sentido.
RODRIGO
Quizás
675
al recobrarle después...
MARQUÉS
Ya no le hallé; con la luna
tomé del mar el camino,
maltratado peregrino,
caballero sin fortuna, 680
llevando en el corazón
el recuerdo de una hazaña
que será, no para España,
para su rey un baldón.
RODRIGO
¡Señor marqués de Tavira! 685
Esa frase infamatoria...
MARQUÉS
No tendrá mi ejecutoria
el borrón de una mentira.
RODRIGO
Conque, en fin, ¿el rey murió?
MARQUÉS
No lo sé, ¡por vida mía! 690
Si lo supiera os diría,
señor alcalde, que no.
RODRIGO

 (Al MARQUÉS, llevándole aparte.) 

¿Buena memoria tenéis?
MARQUÉS
Buena.
RODRIGO
¿Y vista?
MARQUÉS
Perspicaz.
RODRIGO
Si vive y le veis, ¿capaz 695
de conocerle seréis?
MARQUÉS
¡Si vive habéis dicho!
RODRIGO
Sí.
MARQUÉS
¿Tenéis, pues, noticias de él?
RODRIGO
¿Recibisteis un papel
anónimo?
MARQUÉS
Recibí
700
uno ayer.
RODRIGO
¿Y qué os decía?
MARQUÉS
Las señas de un personaje
me daban que iba de viaje
y aquí a hospedarse vendría;
mandábanme a un comerciante 705
que me daría dinero
para pagar del viajero
el gasto, y que en el instante
fuera a cobrarlo y corriera
con el pago, y tras el tal 710
viajero hacia Portugal
la vuelta sin falta diera.
RODRIGO
¿Y cobrasteis?
MARQUÉS
Sí, cobré.
RODRIGO
¿Y pagasteis?
MARQUÉS
¿Pues cobrado
por mí, no fuera pagado? 715
RODRIGO
Perdonad, ¿e iréis?
MARQUÉS
Iré.
RODRIGO
¿Luego sabéis de quién es
el anónimo?
MARQUÉS
Aunque no
lo sé, jamás me engañó
en uno.
RODRIGO
¿Os ha escrito, pues,
720
otros?
MARQUÉS
Varios.
RODRIGO
Sobre asuntos...
MARQUÉS
Secretos.
RODRIGO
Mas ¿ciertos?
MARQUÉS
Sí.
Siempre que salieron vi
ciertos en todos sus puntos.
GABRIEL
(¡Con famosos servidores 725
cuenta el rey Don Sebastián!)
¡Pobres reyes! ¡Siempre dan
con tontos o con traidores!)
MARQUÉS
Si he concluido, no es cosa
de estarme aquí sin provecho. 730
RODRIGO
Perdonadme que aún insista;
mas ya que memoria y vista
tenéis, de ese hombre en acecho
estad, y del rey en nombre
os mando decir, marqués, 735
si le conocéis, quien es.
GABRIEL
(Santillana es todo un hombre.)
MARQUÉS
(¿Qué diablos de juego es éste?
Posición más engorrosa!)
RODRIGO

 (A GABRIEL.)  

Señor Gabriel Espinosa, 740
permitid que os manifieste
que habéis descortés andado
con el marqués de Tavira
que está mirándoos con ira.
GABRIEL
¿Se lo habéis vos ordenado? 745
RODRIGO
Ved que son los portugueses
quisquillosos; despedidle
al menos; vamos, decidle
cuatro palabras corteses.
GABRIEL
Voy, pues que vos lo queréis. 750
RODRIGO
(Yo apuraré la mentira.)
GABRIEL
¿Señor marqués de Tavira?
MARQUÉS
¡Jesucristo!
GABRIEL
¿Qué tenéis?
MARQUÉS
Señor... ¿Sois vos?... ¿Aún vivís?
GABRIEL
¡Si vivo! ¿Pues no lo veis? 755
¿Pero qué diablos decís?
MARQUÉS
¡Ese gesto, ese ademán,
esa voz, ese semblante
que no olvidé ni un instante!

 (Cae de rodillas.) 

Es el rey Don Sebastián. 760
GABRIEL
¡Imbécil! A ser de cierto
Don Sebastián, ¿no reparas
que antes que me delataras
a mis pies te hubiera muerto?
MARQUÉS
¡Jesús!
GABRIEL
Señor Santillana,
765
¿que sé, daréis por supuesto,
que sois vos quien me ha dispuesto
una farsa tan villana?
RODRIGO
¡Yo! ¿Farsa?... ¿Y con qué interés?
GABRIEL
Salta a los ojos; es fuerza 770
que ya la opinión se tuerza
del buen pueblo portugués.
Interesa a un impostor
ahorcar porque más en él
no espere y soy yo, Gabriel, 775
el que os parece mejor.
Ya veis que os he comprendido.
Vos y ese hombre los traidores
sois aquí y los impostores;
con él estáis convenido. 780
RODRIGO
¡Yo!
GABRIEL
Traedme otro marqués.
como ese; aunque sean doce.
Ni ese sandio me conoce,
ni es noble, ni es portugués.

 (GABRIEL se mete desenfadadamente en su cuarto, dejando estupefactos al MARQUÉS y a DON RODRIGO.)  



Escena VIII

 

DON RODRIGO, el MARQUÉS DE TAVIRA.

 
RODRIGO
Ese hombre me va a volver 785
el juicio a mí. ¡Por mi vida
que está buena la salida!
No me queda más que ver.
Mas me pone en confusión
su aplomo, su majestad 790
y su audacia... ¿Habrá verdad
en esta resurrección?
MARQUÉS
Sandio dijo..., sandio soy,
mas contenerme no pude.
RODRIGO
¿Es él?
MARQUÉS
No habrá quien lo dude.
795
RODRIGO
¿Estáis seguro?
MARQUÉS
Lo estoy.
RODRIGO
¿Engañado no os habrán
vuestro error y su apariencia?
MARQUÉS
No.
RODRIGO
¿Jurarais en conciencia?...
MARQUÉS
Que es el rey Don Sebastián. 800

 (Llamando.) 

RODRIGO
El capitán Santillana.


Escena IX

 

DON RODRIGO, el MARQUÉS, DON CÉSAR.

 
RODRIGO
Ruégoos que me perdonéis,
señor marqués, mas me obliga
mi deber a hacer que el viaje
suspendáis.
MARQUÉS
(Ya no podría
805
continuarlo; ya le he visto
y a verle nada más iba.)
RODRIGO

  (A DON CÉSAR, aparte.) 

Escucha, César.
CÉSAR
Decid.
RODRIGO
Antes de que apunte el día
deben de partir los presos. 810
CÉSAR
¿Adónde van?
RODRIGO
A Medina
del Campo.
CÉSAR
¿Pues qué razones
hay?
RODRIGO
Dos: aquí la atrevida
audacia de algunos pocos
que mucho a Gabriel estiman 815
pudiera hacer un arresto
y burlar a la justicia.
CÉSAR
¿Sabéis, pues?...
RODRIGO
Yo no sé nada.
La situación se complica
de tal modo que no hay ciencia 820
ni sagacidad que sirvan
para dominarla. Doña
Ana de Austria, sobrina
del rey y abadesa ahora
de las monjas agustinas 825
de Madrigal, y otras muchas
personas como ellas dignas
de respeto, es menester
que declaren. En la villa
de Madrigal peligroso 830
fuera instalarme. En Medina
hay cárcel segura, estoy
casi a la distancia misma
de aquí que de Madrigal,
y hay algunas compañías 835
de arcabuceros.
CÉSAR
¿Pues tantas
precauciones son precisas?
RODRIGO
Todas son pocas tratándose
de una cabeza proscrita,
que puede hacer la desgracia 840
de toda una monarquía.
Tú le escoltarás, y luego
partirás a toda prisa
a la corte, para el rey
con una consulta mía. 845
Voy a mandar las literas
traer, y estar prevenida
la escolta que has de llevar.
César, la más exquisita
vigilancia ten; con ellos 850
vas guardando nuestras vidas.
Adiós. Seguidme si os place,
señor marqués de Tavira.


Escena X

 

DON CÉSAR, después DOÑA AURORA.

 
 

DON CÉSAR aguarda a que se vayan DON RODRIGO y el marqués. Escucha un momento a la puerta del fondo y va a abrir la primera de la izquierda, donde está el cuarto de DOÑA AURORA, llamándola con precaución.

 
CÉSAR
¿Aurora?... ¿Aurora?... Cerráronla
en la cámara vecina 855
sin duda porque no oyera
lo que en ésta sucedía.

  (Entra y vuelve a salir con DOÑA AURORA.) 

Venid, Aurora.
AURORA
¿Qué pasa,
capitán, que así os obliga
a llamarme?

  (DON CÉSAR cierra la puerta del fondo.)  

¿A qué cerráis
860
las puertas con tanta prisa?
CÉSAR
¡Aurora, Aurora! Esta casa
es ya una cárcel sombría
para vosotros.
AURORA
¡Dios mío!
¿Qué decís?
CÉSAR
De la justicia
865
en poder estáis. Gabriel
con pertinacia inaudita
se obstina en callar, e inútil
todo es con él. Ni le obligan
las ofertas, ni le mueven 870
los ruegos, ni le dominan
las amenazas. Impávido
hacia el abismo camina
con el semblante sereno
y en los labios la sonrisa, 875
cual si pudiera de un soplo
disipar la enfurecida
tempestad en que sin rumbo
va la nave de su vida.
AURORA
Capitán, es inflexible; 880
sus acciones son siempre hijas
de una decisión resucita
y de una convicción íntima,
y no cede.
CÉSAR
Pues os lleva
esa condición altiva 885
hoy, antes que raye el alba,
a la cárcel de Medina
bajo mi custodia.
AURORA
¿Entonces?...
CÉSAR
Ya os he dicho que no había
ley ni deber que valiera 890
para mí lo que una mínima
insinuación vuestra. Habladle
vos que sois su amor, su hija;
habladle y decidle: «Huyamos;
don César nos facilita 895
la fuga, huyamos...» y huid,
Aurora. Y ya que mi vida,
por un tenebroso arcano
que vuestro padre no explica,
está ¡ay de mí! para siempre 900
de la vuestra dividida,
huid, y al menos debédmela
aunque pierda yo la mía.
Huid. Nada hay que me espante:
seré traidor, si es precisa 905
la traición para salvaros.
AURORA
Dios hará que tal mancilla
sobre vuestro honor no caiga.

 (Mira por el hueco de la cerradura del cuarto de GABRIEL.) 

Él va a salir... ¡Que me asista
rogad al cielo!... Y dejadme 910
con él.
 

(Vase DON CÉSAR, cerrando la puerta.)

 
Trae embebecida
su alma en los pensamientos
de hiel que le martirizan.
 

(Sale GABRIEL, sombrío, los brazos cruzados, sin ver a AURORA, que se ha retirado a un lado, y habla consigo mismo.)

 


Escena XI

 

DOÑA AURORA, GABRIEL.

 
GABRIEL
A él solo, sí, desenredar le toca
la peligrosa red que se me tiende; 915
sólo el rey puede descoser mi boca;
él sólo; si me salva o si me vende,
él con Dios se verá; no es cuenta mía.
Yo acepto mi fortuna, tal cual sea
la que el cielo me dé; mas vendrá un día 920
en que todo mortal con Dios se vea,
y en aquel día en que de Dios espero
temblar ante el semblante soberano,
yo, de cetro en lugar, tener prefiero
una palma de mártir en la mano. 925
AURORA
¿Ni una mirada para mí?
GABRIEL
Mi Aurora,
único sol que en mi sombría frente
disipa con la luz de una sonrisa
las nubes del pesar que la ennegrecen,
perdóname si en reflexiones tristes 930
abismado ante ti pasé sin verte.
Mas ¿por qué el llanto tu mirada enturbia?
¿Por qué la agitación que te conmueve?
¿Qué te asusta, mi bien?
AURORA
Riesgos traidores
te acechan por doquier, tal vez la muerte, 935
¿y te admira, señor, de que mi llanto
copioso y triste mis mejillas riegue?
GABRIEL
Te engañas.
AURORA
Tú. La misteriosa nube
que impenetrable tu existencia envuelve
es fuerza que hoy ante la ley se rasgue 940
de un juez, terror de cuantos nobles seres
asilo hallaron, nacimiento o nombre
de Tajo y Miño en las riberas fértiles.
GABRIEL
¿Quién te lo ha dicho?
AURORA
Yo lo sé.
GABRIEL
Pregunto
quién te lo ha dicho.
AURORA
El capitán, que tiene
945
más de leal, de noble y generoso
que tú de franco con quien más te quiere.
GABRIEL
¡Aurora!
AURORA
No receles que mis labios
dejen salir palabras imprudentes
que a impulso de un amor desatinado 950
complique más la situación presente.
GABRIEL
¿De don César, al fin, desventurada
al fuego dio tu corazón albergue?
AURORA
Mi corazón entero es de otro hombre
y me son los demás indiferentes 955
Ni te hablara yo de él en esta hora
que habrá de ser para los dos solemne.
Yo quiero al capitán porque tú mismo
me viniste a decir: «Aurora, quiérele;
mas yo le quiero porque tú lo mandas, 960
porque quiero no más lo que tú quieres.
GABRIEL
Quiérele, Aurora, porque ya es acaso
el solo amigo que tu padre tiene.
AURORA
¡Mi padre, sí, mi cariñoso padre!...
¿No es éste el nombre que emplear conviene 965
en esta situación?
GABRIEL
Silencio, Aurora;
que es el encanto de mi vida advierte
ese nombre feliz.
AURORA
Pero ese nombre,
dímelo de una vez, ¿te pertenece?
GABRIEL
¿Quién te lo hizo dudar? ¿Quién te lo dijo? 970
AURORA
La que a tu lado y con placer mil veces
y acaso en busca de la paz perdida
veló tu sueño y sorprendió inocente
tu secreto.
GABRIEL
¡Gran Dios! ¿Y nada dije
de mi vida anterior? ¿De otros placeres, 975
de otros tiempos, en fin?
AURORA
Nada dijiste,
nada, señor; mas aunque dicho hubieres
en el pecho de Aurora lo enterraras,
que en ti a sufrir como a callar aprende.
GABRIEL
(¡Miserable de mí! Porque el misterio 980
que intentan aclarar oculto quede
siempre en mi corazón, ¿será preciso
que yo mismo la lengua me cercene?)

  (GABRIEL escucha desde aquí como distraído en sombrías reflexiones.)  

AURORA
Padre...
GABRIEL
Explícate, Aurora.
AURORA
Oye: al impulso
de una curiosidad impertinente, 985
o de otro sentimiento inexplicable
que en mí se agita y que en mi alma enciende
la misteriosa luz de una esperanza
lejana, incierta, misteriosa, débil,
cedí, señor, y en la callada noche 990
mi lecho abandoné... porque a mi mente
mil visiones de amor se amontonaron
en confuso tropel, puras y alegres
como las olas que la mar en calma
sobre sus lomos incansables mece; 995
como las aves que en el árbol saltan
trinando al son de la escondida fuente.
GABRIEL
Prosigue, Aurora.
AURORA
Abandoné mi lecho
y al tuyo me acerqué, como quien teme
ser sorprendido en criminal intento 1000
por un extraño que a su lado duerme.
Tu faz un punto contemplé y mi labio
un ósculo filial puso en tu frente.
¿Me oyes, Gabriel?
GABRIEL
Prosigue, Aurora mía,
tu voz la voz de un ángel me parece. 1005
AURORA
Al contacto sutil del labio mío
sonreíste, señor; y tu voz débil
oí que el nombre mío murmuraba
entre esos ayes con que el mal divierte
de una pasión el que vivió en el mundo 1010
secretos hondos ocultando siempre;
y entonces supe por la lengua misma
que hablar en sueños indiscreta suele,
que si es la tuya misterioso arcano
espesa sombra mi existencia envuelve 1015
GABRIEL
¿Y entonces?
AURORA
Me aparté ruborizada
de quien mi padre no es; sentí más fuerte
latir mi corazón; sentí otra sangre
circular por mis venas más ardiente;
sentí en presencia del mayor cariño 1020
mi cariño filial desvanecerse,
y al apartarme de tu lecho trémula
un ósculo de amor grabé en tu frente.
GABRIEL
No lo digas jamás, Aurora mía.
Jamás a nadie tu pasión reveles. 1025
Quema los labios que en mi frente seca
pusiste; quema el corazón rebelde
que, el cariño filial de sí arrojando,
dio a mi cariño en su lugar albergue.
AURORA
Es ya tarde, Gabriel. Mi amor es hijo 1030
de tu callado amor.
GABRIEL
Tú lo mereces;
tú eres la sola flor que brotar hizo
en mi camino Dios... Dios, que al ponerme
sobre la tierra, me alfombró de espinas
la senda que mis pies recorrer deben; 1035
pero yo no merezco tu amor santo;
yo soy un árbol cuyo tronco estéril
despojado de vida por el rayo,
ya ni sombra, ni flor, ni aroma tiene.
AURORA
No, no; tú eres un árbol cuya sombra 1040
cobijó mi niñez; cuyo ámbar bebe
mi pobre corazón, de quien tú sólo
sombra, delicia y alimento eres.
Dios me entregó a tus brazos en mi infancia,
porque Dios quiso que en tu pecho ardiente 1045
brotase, para encanto de tu vida,
de esta pasión correspondida el germen.
GABRIEL
Tienes razón, Aurora; reconozco
en tu amor la piedad omnipotente.
Tienes razón, Aurora, Dios del cielo 1050
te envía... un ángel de los cielos eres.
AURORA
Escúchame, Gabriel.
GABRIEL
Habla.
AURORA
En el nombre
de esa pasión que en nuestras almas hierve
desaparezcan hoy esos misterios
que nuestras dos historias oscurecen. 1055
GABRIEL
Imposible.
AURORA
No temas que me espante,
Gabriel, ni me arrepienta, conociéndote
de haberte amado nunca.
GABRIEL
Es imposible.
AURORA
Habla. Dime quién soy; dime quién eres.
Si eres villano y en tus venas viles 1060
la sangre impura y maldecida tienes
de raza hebrea o de morisca tribu,
yo te amaré, Gabriel; si reales puedes
ostentar de tu estirpe en el escudo
coronados y esplendidos cuarteles, 1065
yo te amaré, Gabriel; si eres acaso
criminal fugitivo y por mí temes
de un patíbulo infame la deshonra,
yo te amaré, Gabriel; llama si quieres
a un sacerdote y que con lazo eterno 1070
anude nuestras almas; y no pienses
que el deshonor de criminal memoria
me humille. Te amo con amor tan fuerte
que oraré mientras viva en tu sepulcro,
orgullosa del nombre que me dejes. 1075
GABRIEL
¡Calla, Aurora, deliras!
AURORA
Un momento,
Gabriel, óyeme aún, no te impacientes
Si eres un impostor, un ambicioso
cogido al fin entre sus propias redes,
huyamos; tienes ocasión y tiempo. 1080
Sí, nuestra fuga el capitán protege;
huyamos, nuestro amor y nuestra infamia
arrastrando a remoto continente.
GABRIEL
¡Aurora!
AURORA
Hoy a la cárcel de Medina
rayando el alba trasladarnos deben, 1085
y el capitán, que en nuestra guarda parte...
GABRIEL
Silencio, Aurora, ¿deshonrarle quieres
para salvarte tú? ¿Sabes que si huyo
cuando en su guarda el infeliz me lleve
morirá en mi lugar y que al fugarme 1090
me doy por criminal siendo inocente?
Yo no huiré jamás; ni sé, ni quiero,
ni nací para huir; ya muchas veces
la he visto cara a cara, y en el pecho,
no por la espalda, me herirá la muerte. 1095
AURORA
Hiéranos a los dos un mismo golpe.
GABRIEL
Tú no debes morir; aún que hacer tienes
sobre la tierra.
AURORA
¿Qué sin ti?
GABRIEL
Llorarme.
AURORA
¿Lo mandas?
GABRIEL
Yo, no: Dios; obedece.
Dios me pone en los labios un candado; 1100
no lo intentes romper. Pura, inocente,
noble eres tú; si a deshonrada tumba
mi silencio me lleva, Dios lo quiere.
Inclina, Aurora, la cabeza humilde
bajo la voluntad omnipotente, 1105
y ora en mi tumba sin vergüenza, Aurora.
Mártir me quiere Dios y obedecerle
es fuerza. Vive; y si te dice el mundo
que he sido un impostor, el mundo miente.
Yo no he dicho jamás que era el que buscan 1110
y a morir me enviarán sin conocerme.
Ora en mi tumba sin vergüenza, y ora
mientras los hombres libertad te dejen;
y si te culpan como a mí, en silencio
digna siempre de mí como yo muere. 1115
AURORA
¿Tú me lo mandas? Obedezco: sea,
Gabriel; digna de ti quiero ser siempre.


Escena XII

 

DOÑA AURORA, GABRIEL, DON CÉSAR.

 
CÉSAR
Don Rodrigo sube.
GABRIEL

  (A DON CÉSAR.) 

Oíd
antes. Si en algo apreciáis
a Aurora, ved cómo enviáis 1120
ese papel a Madrid.

  (GABRIEL da una carta a DON CÉSAR, que la toma rápidamente.)  

CÉSAR
Sabéis que mi fe la aprecia
en más que mi mismo honor.
Yo lo llevaré.
GABRIEL
Al señor
embajador de Venecia. 1125


Escena XIII

 

Dichos, un ALGUACIL, después DON RODRIGO.

 
ALGUACIL

 (Entrando.) 

Su señoría.
GABRIEL
Aguardamos
sus órdenes.
RODRIGO

 (Entrando.)  

Os espera
allá abajo una litera,
señor Gabriel.
 

(GABRIEL, tomando de la mano a DOÑA AURORA y dirigiéndose a la puerta, dice:)

 
GABRIEL
Pues partamos.
RODRIGO
¿Ni inquirís adónde vais 1130
ni tomáis vuestro equipaje?
GABRIEL
Vos que disponéis mi viaje
sabréis cómo me lleváis.
RODRIGO
Conmigo.
GABRIEL
Pues ya tardamos.
RODRIGO
Vuestros cofres van con sellos. 1135
GABRIEL
Haced lo que os plazca de ellos.
RODRIGO
Pues cuando gustéis.
GABRIEL
Pues vamos.
 

(Vanse: delante GABRIEL con DOÑA AURORA, luego DON RODRIGO y DON CÉSAR.)

 



Anterior Indice Siguiente