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Escena VI

 

DON RODRIGO, DON CÉSAR, DOÑA AURORA.

 
AURORA
¡Libre!... Jamás esperé
que nos olvidara Dios;

 (A DON CÉSAR.) 

ni de haber fiado en vos
jamás me arrepentiré,
pues duda no queda en mí 575
de a quién debo, capitán,
la libertad que me dan,
cuando os vuelvo a ver aquí.
RODRIGO
Despeja. Escuchad, Aurora.
AURORA
¿Por qué le mandáis salir? 580
RODRIGO
Porque nadie debe oír
nuestras palabras ahora.
AURORA
¡Dios mío! ¿Qué extraño afán
os agita? ¿Es por ventura
mi libertad impostura? 585
¡Ah! No os vayáis, capitán;
quiere volverme tal vez
al tormento.
RODRIGO
Oíd os digo:
sois libre, y yo vuestro amigo.
AURORA
¿Cabe entre el reo y el juez 590
amistad? ¿Entre el verdugo
y la víctima? Jamás
os conoceré por más
que por juez.
RODRIGO
¡A Dios no plugo
que fuese de otra manera! 595
Mas acaso desde ahora
variéis de opinión, Aurora.

  (Vuelve a DON CÉSAR, que permanece en pie junto a la puerta.)  

¿Qué esperáis vos? Idos fuera.

  (Vase DON CÉSAR.)  



Escena VII

 

DON RODRIGO, DOÑA AURORA.

 
RODRIGO
Nada receléis de mí,
pobre niña. En libertad 600
estáis; vuestra voluntad
no tendrá ya coto aquí.
Serenaos, pues; oídme,
Aurora, y por cuanto améis
ruégoos que me contestéis 605
la verdad.
AURORA
Pues bien, decidme
vos en conciencia primero:
¿mi libertad se me dio
con la de Gabriel? Si no
es así yo no la quiero. 610
RODRIGO
Sólo depende de vos
la libertad; si un secreto
me aclaráis vos, os prometo
la libertad de los dos.
AURORA
¿Es mío sólo el secreto 615
que me pedís?
RODRIGO
Sí, en verdad.
AURORA
¿Y vale la libertad
de Gabriel?
RODRIGO
Me comprometo
a dársela.
AURORA
Preguntad.
RODRIGO
¿Qué tiempo hará que de Gabriel al lado 620
vivís?
AURORA
Desde muy niña.
RODRIGO
¿Y qué memoria
de vuestra infancia conserváis?
AURORA
Apenas
una vaga memoria me ha quedado
de aquellas horas al pesar ajenas.
RODRIGO
No espero yo que recordéis la historia 625
de vuestra infancia, cuya edad se olvida
pronto y muy fácilmente con las penas
o los placeres de la inquieta vida;
mas del lugar en donde habéis nacido
donde pasasteis los primeros años, 630
tendréis alguna idea.
AURORA
Muy confusa;
tal, que puedo decir que la he perdido
mezclándola después con mil extraños
recuerdos posteriores.
RODRIGO
¿De manera
que imposible os será, pues lo rehúsa 635
vuestra memoria ya, la más ligera
noticia dar de vuestra edad primera?
AURORA
Tan imposible no. ¿Quién en su mente
a un recuerdo infantil no da guarida?
¿Quién no vuelve los ojos tiernamente 640
hacia las puertas de oro de la vida?
¿Quién no recuerda en ocasión alguna
el pobre hogar o la lujosa estancia
cuya techumbre guareció en su infancia
el dulce sueño que gozó en la cuna? 645
RODRIGO
¿Vos recordáis ese lugar?
AURORA
Sin duda;
mas no por la virtud de mi memoria
sola; tan fiel en esa edad no cabe
tenerla. Sé de mi infantil historia
lo que fui recordando con ayuda 650
de la voz de Gabriel, que es quien la sabe.
RODRIGO
¿Gabriel la sabe?
AURORA
Sí.
RODRIGO
¿Y os la ha contado?
AURORA
Incompleta.
RODRIGO
(También la habrá engañado.)
Mas yo quiero saber sólo la idea
que hayáis vos en la mente conservado. 655
AURORA
Tengo, aunque muy confuso, algún recuerdo.
RODRIGO
¿De qué?
AURORA
De mil objetos.
RODRIGO
Aunque sea
en confusión, decídmelos.
AURORA
Me acuerdo
de una ribera donde yo cogía
yerbezuelas y conchas; del rugiente 660
mar, que sus ondas sin cesar mecía;
de un monasterio triste y solitario
fundado al pie de un monte, y vagamente
me acuerdo de la iglesia, con su coro
enverjado, sus techos con pinturas, 665
su altar lleno de flores, su sagrario
iluminado con mecheros de oro;
y me acuerdo también, porque me daban
miedo, de las inmóviles figuras;
de mármol que tendidas reposaban 670
encima de sus anchas sepulturas.
RODRIGO
¿Qué monasterio era ese?
AURORA
Era un convento
de monjas.
RODRIGO
¿Qué país?
AURORA
No lo he sabido
nunca.
RODRIGO
¿Jamás Gabriel os ha contado
lo que hacíais allí? ¿Quién conducido 675
os había a aquel claustro?
AURORA
No ha querido
decírmelo jamás; sé que aposento
tenía allí mi madre y que he pasado
los tres primeros años de mi vida
allí.
RODRIGO
¿Con ella?
AURORA
Sí.
RODRIGO
¿De vuestra madre
680
os ha hablado Gabriel?
AURORA
Mil y mil veces.
RODRIGO
¿La recuerda a menudo?
AURORA
No la olvida
jamás; y sé que en sus nocturnas preces
le reza como a mártir.
RODRIGO
¿Sabéis de ella
la historia, el nombre, la familia? 685
AURORA
Sé que fue un día festejada y bella
y luego escarnecida y ultrajada.
Sé que el relato de su triste historia
es una horrible e infernal leyenda
que conserva Gabriel en su memoria 690
de expiación y de venganza prenda.
RODRIGO
¿Y qué es lo que sabéis de ese relato
vos?
AURORA
Yo, nada tal vez y acaso todo;
porque sus hechos sé, mas nunca supe
ni las personas, ni el lugar, ni el modo. 695
GABRIEL
Pero, en fin, ¿qué sabéis de vuestra madre?
AURORA
Sé que era noble dama; que vivía
en la corte de un rey a quien la unía
una amistad profunda y verdadera;
que era para aquel rey casi una hermana, 700
pues juntos cuando niños se criaron
y fraternal amor constantemente
uno a otro los dos se conservaron.
Sé que era cuanto rica generosa,
y que el encanto de las gentes era 705
por su virtud y ciencia prodigiosa;
que el vulgo la quería,
la corte la admiraba
y con ella secretos no tenía
el rey, que como hermana la trataba. 710
RODRIGO
¿Mas ese rey?...
AURORA
Murió.
RODRIGO
¿Cómo?
AURORA
En la guerra;
y concluyó con él su dinastía,
y otro rey vino a gobernar su tierra,
y a otras manos pasó su monarquía.
RODRIGO
¿Y vuestra madre entonces?...
AURORA
Fue mirada
715
como enemiga del monarca nuevo,
y al fin de algunos meses acusada
de traición; por diabólica su ciencia
tomaron y la dieron por culpada,
diciendo que hizo creer que el rey vivía 720
no sé a quién, a favor de un sortilegio
mostrando a sus conjuros evocada
la aparición de su fantasma regio.
RODRIGO
¿Y después?
AURORA
¡Oh! Después..., eso es lo horrible
de la historia, señor. Se apoderaron 725
de ella, de su palacio, de su hacienda,
los vendieron, sus armas infamaron,
y ocupó un extranjero su vivienda,
y su nombre y su raza se olvidaron.
RODRIGO
¿Y ella?
AURORA
Como las hojas del otoño
730
desapareció de encima de la tierra,
y en ella más los hombres no pensaron,
sólo pensando en libertad y guerra.
RODRIGO
¿Pero vos?...
AURORA
No lo sé... Sé que mi madre,
pobre, triste, ofendida y no vengada, 735
en aquel solitario monasterio
tejía su existencia desdichada,
y yo existía ya, bajo el misterio
de aquellas santas bóvedas velada.
RODRIGO
¿Y luego?
AURORA
No sé más.
RODRIGO
¿Gabriel no os dijo
740
nada de vuestro padre?
AURORA
Le tenía
siempre por padre a él, y él me quería
más que el padre mejor quiere a su hijo.
RODRIGO
¿Pero cómo supisteis?...
AURORA
En su sueño
sorprendí su secreto; y como era 745
necesario su amor de una manera
u otra, el amor filial hallé pequeño,
y del amor de la mujer y el niño
formé para Gabriel solo un cariño.
RODRIGO
Pero al saber que vuestro padre no era, 750
¿no preguntasteis vos?...
AURORA
Quién era el mío.
RODRIGO
¿Y qué dijo Gabriel?
AURORA
Que él lo sabía,
mas que de él a acordarme no volviera,
porque mi amor filial no merecía.
RODRIGO
Siempre merece un padre...
AURORA
No lo ha sido
755
jamás el mío para mí.
RODRIGO
¡Aurora!
AURORA
¿Creéis que una razón me fue bastante
para echar su memoria en el olvido?
Insistí, porfié, lloré, y ahora
sé que nunca mi amor ha merecido, 760
Sé que me echó a la vida despojada
de su nombre, y sin pan y sin abrigo.
Sé que dejó a mi madre deshonrada,
en medio de la tierra abandonada
para llorar y perecer conmigo. 765
RODRIGO
¿Y creéis a Gabriel?
AURORA
¿Qué si le creo?
Es la verdad del cielo descendida;
su palabra es mi fe, y en esta vida
por su fe juzgo, por sus ojos veo.
RODRIGO
¿Nunca os dijo Gabriel nada en abono 770
de vuestro padre?
AURORA
Nada; y si lo hubiera,
yo sé bien que Gabriel me lo dijera.
RODRIGO
¿Es decir?...
AURORA
Que es mi padre y le perdono
como amor exigir de mí no quiera.
Mi madre, que al dolor ha sucumbido, 775
de Dios le aguarda ante el excelso trono.
Yo a quien sólo dio el ser nada le pido;
pero como él nos olvidó le olvido;
como él me abandonó, yo le abandono.
RODRIGO
¿Vive, pues?
AURORA
No lo sé.
RODRIGO
¿Mas si viviera?
780
AURORA
Como él no me buscó, no le buscara.
RODRIGO
¿Y si una vez en la vital carrera
con él os encontrarais?
AURORA
Le mirara
sin ira, mas la espalda le volviera.
RODRIGO
¿Y si al veros partir él os llamara? 785
AURORA
De su paterna voz no hiciera caso.
RODRIGO
¿Y si llorando el mísero os siguiera?
AURORA
Apresurara sin volverme el paso.
RODRIGO
Pero ¿y si os alcanzara y os asiera
de los vestidos él?
AURORA
Los rasgaría
790
dejándole en la mano los pedazos.
RODRIGO
¿Y si os tendiera sus paternos brazos?
AURORA
Su abrazo paternal rechazaría.
RODRIGO
¿Por qué?
AURORA
Porque mi padre todavía
no ha ido a orar sobre la tumba oscura 795
de mi madre, y Gabriel me dijo un día
que al querer abrazarnos se abriría
entre mi padre y yo su sepultura.
RODRIGO
¡Fatal superstición!
AURORA
Tal es la mía.
RODRIGO
(Tal es la ira de Dios. Es un misterio 800
impenetrable. Satanás me ciega
sin duda y nunca a comprenderlo llega
mi corazón ansioso.)
AURORA
He respondido
a cuanto preguntarme habéis querido,
señor; a vos os toca.
RODRIGO
¡Sí, a fe mía!
805
Vais a ver a Gabriel. (¡Oh!, sí; yo quiero
apurar este cáliz de agonía.)
 

(Abre la puerta que da al encierro de GABRIEL, mientras AURORA dice:)

 
AURORA
Libres al fin... Para Gabriel ahora
libre será mi corazón entero.


Escena VIII

 

DOÑA AURORA, DON RODRIGO, GABRIEL.

 
RODRIGO

 (A GABRIEL.)  

Espinosa.
GABRIEL
Heme aquí.
AURORA

 (Viendo a GABRIEL.) 

¡Gabriel!
GABRIEL

  (Abrazándola.) 

¡Aurora!
810
¡Infeliz! ¿Quién aquí te ha conducido?
AURORA
La libertad, Gabriel: libres estamos,
y cual juntos aquí nos han traído,
juntos espero que de aquí partamos
GABRIEL

 (Pidiendo explicación de estas palabras de AURORA.) 

¡Santillana!
RODRIGO

 (Dándole la orden de su libertad.) 

Leed.
AURORA
¿Ves?
GABRIEL
Lo comprendo
815
todo: la agitación de don Rodrigo,
de mi Aurora infeliz la fe tranquila...
¡He aquí el instante para mí tremendo!
La hora del martirio y del castigo.
Señor, Señor... mi espíritu vacila: 820
sostenedme hasta el fin..., ¡sed vos conmigo!)
AURORA
¿Qué te agita, Gabriel?... Tu faz sombría,
tu palidez...
GABRIEL
Un poco conmovido
estoy, y es natural, Aurora mía.
Y también vos estáis descolorido, 825
Santillana...
RODRIGO
Espinosa, concluyamos.
Yo os llamé...
GABRIEL
No os canséis: el porqué entiendo.
¿A solas con Aurora habéis hablado?
RODRIGO
La historia de su madre me ha contado.
GABRIEL
Sólo para que a vos os la contara 830
se la he contado yo.
RODRIGO
Toda pretendo
saberla, pues.
GABRIEL
¡Curiosidad avara!
RODRIGO
Pero que vos satisfaréis.
GABRIEL
Sin duda:
Mas puedeos ser satisfacción muy cara;
porque os advierto, juez, que he observado 835
que mis satisfacciones y respuestas,
por más que yo riendo os las he dado,
han sido siempre para vos funestas.
RODRIGO
Hablad... hablad.
GABRIEL
¡Si os empeñáis en eso!
Mas después de tres meses de proceso 840
no sé cómo no estáis escarmentado
de interrogarme ya.
RODRIGO
¡Siempre lo mismo!
Acabemos, Gabriel.
GABRIEL
Sí, concluyamos;
hora es de penetrar en este abismo.
RODRIGO
Descender quiero a él.
GABRIEL
Y yo os prometo
845
que lo haréis; el momento es oportuno.
RODRIGO
Decid, pues.
GABRIEL
Esperad, que este secreto
os pertenece a tres, y falta uno.
Llamad al capitán, que con vos debe
penetrarlo también.
 

(Llama RODRIGO y sale un ALGUACIL.)

 
¡Hola! Don César.
850
AURORA
¿Qué tienes, Gabriel mío? En tu semblante,
en tus palabras y ademanes noto
siniestra agitación.
GABRIEL
Aurora mía,
tu corazón amante
por mí no tenga la inquietud más leve; 855
a mis pesares Dios hoy pondrá coto
y ambos tendremos libertad en breve.
¿Tú no te olvidarás desde este día
de tu Gabriel?
AURORA
Jamás. ¿Eso preguntas?
Juntas caminarán nuestras dos vidas, 860
nuestras almas a Dios subirán juntas.
GABRIEL
Sí; ni la muerte las podrá un instante
mantener una de otra divididas.
AURORA
¡Dios! ¿A qué mientas la muerte ahora?
RODRIGO
Ya está aquí el capitán.
GABRIEL
Silencio, Aurora.
865


Escena IX

 

DOÑA AURORA, DON RODRIGO, GABRIEL, DON CÉSAR.

 
GABRIEL
¡Hola! Sed, capitán, muy bien venido.
Voy muy pronto a emprender un largo viaje
y un encargo dejaros he querido.
CÉSAR
¡Un viaje!
GABRIEL
Sí; estoy libre; me parece
que el portador de la orden habéis sido. 870
CÉSAR
(¡Ay de mí! La infeliz aún nada sabe.)
GABRIEL
Decidme, capitán, ¿me habéis traído
un pliego de Madrid?
CÉSAR
Tomadle.
GABRIEL
Bueno;
guardadlo por ahora. En esa carta.
de un gran misterio encontraréis la llave. 875

  (A DON RODRIGO.) 

Vos sois algo curioso y no me fío
de vos; sois padre y juez; os la confío,
capitán, sólo a vos. Cuando yo parta,
dádsela a vuestro padre y que la lea.
¿Me entendéis? Cuando parta: que no sea 880
ni un solo minuto antes.
CÉSAR
Os lo juro.
GABRIEL
Vuestra palabra sola es buen seguro.
Además, por si acaso no volvemos
a vernos, pues yo parto con Aurora
del mundo terrenal a otros extremos, 885
quiero un regalo haceros en memoria
de nuestro buen encuentro en esta vida,
que os será complemento de mi historia
y prenda de amistad y despedida.

 (Saca del pecho un relicario que lleva al cuello con una cadena.) 

RODRIGO
(Esa calma satánica me aterra.) 890
AURORA
(Tiemblo no sé por qué.)
CÉSAR
(No es ser humano
quien así se despide de la tierra.)
GABRIEL
Tomad. Es, capitán, un amuleto
sagrado; don del Papa: un relicario:
que un lignum crucis venerado encierra 895
y guarda como el pliego otro secreto.
Con el respeto mismo que a un sagrario
contempladle, y lo mismo que la carta
se le daréis al juez... cuando yo parta.

  (A DON RODRIGO.)  

Abridlo sólo vos: es mi conciencia 900
y Dios sólo con vos sondarla debe;
en ella echad una ojeada breve
y reconoceréis la omnipotencia.
(Mas si un soplo hay en vos de fe cristiana,
esperad a que muera, Santillana.) 905
¡Ea! Ya que se acerca mi partida,
escuchad, señor juez, el cuento extraño
que queríais saber, y por mi vida
que oiréis una historia divertida.
RODRIGO
(Yo tiemblo.)
GABRIEL
Oídme, pues. La escena pasa
910
no importa el día, la estación, ni el año,
de noche, en Setubal, y en una casa.
RODRIGO
(¡Cielos!)
GABRIEL
Temblando estáis si no me engaño,
Santillana.
RODRIGO
Seguid.
GABRIEL
En hora buena.
En una alcoba cómoda, alumbrada 915
por una lamparilla perfumada
con asiático aroma, bien ajena
el alma de inquietud y bien guardado
por leales domésticos, el dueño
de aquella rica estancia descuidado 920
yacía en brazos de agradable sueño.
Era un hombre harto noble y poderoso
para que no tuviera por asilo
muy seguro su casa, y al reposo
se entregaba en su cámara tranquilo. 925
Una noche creyó sobresaltado,
a pesar de lo doble de la alfombra,
pasos del lecho percibir al lado.
Abrió los ojos y miró espantado
trazarse en la pared movible sombra: 930
volvió la faz y con la faz de seda
se tropezó de un hombre enmascarado.
Frío quedó, ¡como el cadáver queda!
«Levantaos», le dijo con acento
imperioso el incógnito; y vistióse 935
la bata que él le daba. «A este aposento
salid». Obedeció y enfrente hallóse
de dos hombres plantados a la puerta,
una dama como ellos encubierta
y un sacerdote pálido, y tenaces 940
sintió pesar sobre su frente yerta
las miradas ardientes y voraces
lanzadas a su frente descubierta
a través de los negros antifaces.
Entonces de estos hombres el primero, 945
de la sombría dama el velo alzando,
«¿la conocéis?», le dijo; y él temblando
«sí», respondió. «Pues bien, sed caballero»,
repuso el disfrazado; y avanzando
el grave sacerdote se dispuso 950
a unirle con la dama en matrimonio,
mientras el de la máscara se puso
a escribir en silencio el testimonio.
El despertado resistirse quiso,
pero su daga el disfrazado al pecho 955
le presentó y ceder le fue preciso;
firmó y el matrimonio quedó hecho.
Partió la dama y los demás con ella.
Mas quedóse el primer enmascarado
y dijo gravemente al despertado: 960
«Tenéis una mujer ilustre y bella,
gracias a mí y a vuestra buena estrella,
que os hizo viudo para ser casado;
le quitasteis la honra y habéis dado
nombre a sus hijos; mas seguid su huella 965
y morís, ¡os lo juro!, asesinado».
Dijo así el de la máscara y partióse
con los demás; y de la casa el dueño
en medio de la cámara quedóse
dudando si era realidad o sueño. 970
RODRIGO
Tremenda realidad.
GABRIEL

 (Apartándole a un lado.) 

Sí, don Rodrigo;
la dama, doña Inés, vos el casado.
RODRIGO
¿Y vos, señor?...
GABRIEL
El hombre enmascarado.
RODRIGO
Tal vez Dios permitió...
GABRIEL
Lo habéis soñado.
RODRIGO
¿Y si el sueño es verdad?
GABRIEL
Silencio, digo.
975
Que ellos no os oigan, que la faz no os vean;
sueño o verdad, que sepultados sean
con vos el sueño, la verdad conmigo.
RODRIGO
Pero mi alma concibe en este punto
que ese arcano fatal guardar podría 980
una verdad.
GABRIEL
Os dije que era asunto
concluido. Escuchadme: si yo fuera
el rey Don Sebastián, morir debía
por la quietud del reino, y mi alma entera
ser mártir a ser rey preferiría. 985
Si soy un impostor y perjudico
con mi existencia la quietud de España,
debo morir también, debo una hazaña
de mi impostura hacer y sacrifico
mi vida a sostener esta patraña 990
que mi historia desde hoy hará famosa.
¿Me comprendéis?
RODRIGO
Señor, yo no me atrevo
dudando...
GABRIEL
Ahogad la duda; morir debo
si no por Sebastián, por Espinosa,
y deben sepultarse, don Rodrigo, 995
con vos el sueño, la verdad conmigo.
No lo olvidéis.

 (Vuelven al centro de la escena.) 

AURORA
¿No sigues tu leyenda,
Gabriel? No está acabada.
GABRIEL
No por cierto;
para leer su conclusión horrenda
de vuestros ojos quitará una venda 1000
el juez cuando haya el relicario abierto.


Escena X

 

GABRIEL, DOÑA AURORA, DON CÉSAR, DON RODRIGO, el DOCTOR N, ALGUACILES. A la parte exterior de la puerta, SOLDADOS. Después, el VERDUGO.

 
ALGUACIL
Las seis.
GABRIEL
Partamos, pues.
AURORA
¡Virgen María!
Gabriel, ¿qué es esto?
GABRIEL
Mi destino, Aurora.
AURORA
¡Tu destino!... ¡Mi mente se extravía!
ALGUACIL

 (Anunciando.) 

El verdugo del rey.

 (Se presenta el VERDUGO con el dogal en la mano.)  

AURORA
¡Dios mío! ¡Ahora
1005
lo comprendo! ¡Ay de mí!...

  (Se desmaya en los brazos de DON CÉSAR, que la coloca en el sillón.) 

CÉSAR
¡Mísera!
GABRIEL
El día
concluye. Vamos pues; me faltaría
valor para dejarla si volviera
en sí. Pronto, marchemos.
DOCTOR

 (A GABRIEL, poniéndose a su lado.) 

Vos conmigo.
GABRIEL
Es inútil.
DOCTOR
Mirad.
GABRIEL
Todo es en vano.
1010
DOCTOR
¿Sin confesión iréis?
GABRIEL
Ha que os lo digo
cuatro semanas ya.
DOCTOR
¿No sois cristiano?
GABRIEL
Porque le soy, si a confesarme accedo
os tendré que decir lo que no puedo.
Velad por ella, capitán; se encierra 1015
en ella sola cuanto amé en la tierra.
RODRIGO
Señor...
GABRIEL
No os fatiguéis; empresa es vana.
Llegó, rey o impostor, mi último día
y moriré cual debo, Santillana.
Si impostor, con impávida osadía, 1020
y si rey, con fiereza soberana.

 (Vase, y todos tras él.) 



Escena XI

 

DON RODRIGO, DOÑA AURORA, DON CÉSAR.

 
RODRIGO
A concebir mi mente no se atreve
de la verdad el espantoso arcano.
Por ser y por no ser perecer debe,
sí; pero no mi desdichada mano 1025
a ciegas al patíbulo le lleve.
César, dame esa joya.
CÉSAR
Cuando muera.
RODRIGO
Sepamos antes la verdad entera,
César.
CÉSAR
Padre, excusad vana porfía;
con su secreto perecer quería 1030
y he de cumplir su voluntad postrera.
RODRIGO
¡César!
CÉSAR
Se lo juré
AURORA

 (Volviendo en sí.) 

¡Ay! ¿Quién hablaba
aquí? ¿Sois vos, don César? ¡Qué terrible
pesadilla!
CÉSAR
(¡Infeliz!)
AURORA
Sí, yo soñaba
sin duda... ¡Eran quimeras! Mas... qué horrible 1035
sospecha! Ese silencio... Esa tristeza...
¿Qué sucede? ¡Ay de mí! Los pensamientos
no acierto a combinar en mi cabeza.
¿Y Gabriel? Aquí estaba unos momentos
hace. ¿Y Gabriel? Decid: ¿dónde está ahora? 1040
¿Dónde está? Yo he soñado que venían
por él. Mas ¡qué rumor!
 

(Ruido de voces dentro; DOÑA AURORA se abalanza a la ventana, que abre, a pesar de DON CÉSAR, que intenta impedírselo.)

 
CÉSAR
Tened, Aurora:
tened, no os asoméis.
AURORA
¡Ah! Me querían
engañar.

 (Se asoma.) 

Allí va.- Luces, soldados,
gente... ¡Ay! Yo veo, pero no concibo 1045
lo que veo... Me envuelve el pensamiento
una niebla, un vapor calenturiento,
y no sé comprender lo que percibo.
Allí va. ¿Pero dónde se le llevan
sin mí? Se paran... ¡el afán me ahoga! 1050
¿Qué palos son aquellos que se elevan
allí? ¿Quién es aquel que con él sube?
¿Qué le ponen al cuello?... Es una soga.
¡Dios mío! Rasga la sangrienta nube
que me ofusca la mente... Un sacerdote. 1055
¡Ah! Le van a matar... ¡Desventurados,
deteneos!... ¡Gabriel!... ¡Y yo, insensata,
que lo miraba estúpida! Malvados,
tened... Las manos sin oírme le ata...

 (Volviéndose de repente a DON RODRIGO.)  

Pero vos, ¡miserable!, que sois hombre, 1060
venid... gritad... gritad, alma cobarde,
conmigo... ¡Deteneos! Santillana,
gritad; a mí no me oyen, ¡en el nombre
de Dios! Gritad...le quitan la escalera...
Gritad.
RODRIGO
Sí, que se salve aunque yo muera.
1065

 (Se acerca a la ventana y grita.) 

¡En el nombre del rey!...
AURORA

 (Cayendo de rodillas junto a la ventana.) 

¡Ay! ¡Es ya tarde!
CÉSAR

 (Dando el relicario a DON RODRIGO.)  

Tomad: sepamos la verdad postrera.
 

(DON RODRIGO toma y abre con ansia el pliego y el relicario que le da DON CÉSAR. El relicario contiene un papel y un retrato envuelto; el pliego varios papeles. Lo primero que lee DON RODRIGO es el papel del relicario; después registra con ansia los papeles del pliego y después desenvuelve el retrato; todo con la mayor agitación y ansiedad. DOÑA AURORA permanece tinos momentos de rodillas y se acerca después al grupo que forman DON RODRIGO y DON CÉSAR.)

 
RODRIGO

 (Leyendo.) 

«En el nombre de Dios. Quienquier que fueres
juez, sacerdote o asesino, pena
de excomunión, después que lo leyeres 1070
arroja al fuego este papel. El muerto
ha sido el rey Don Sebastián».
AURORA
¡A buena
hora lo ves, imbécil asesino!
RODRIGO

 (Registrando el pliego.) 

Mi firma. Una escritura..., mi contrato
de boda...

 (Desenvuelve el retrato.) 

Y ésta, doña Inés Aldino.
1075
AURORA

 (Quitándoselo.) 

¡Mientes! Es de mi madre ese retrato.
RODRIGO

 (Teniéndole los brazos.) 

¡Hija mía!
AURORA

 (Rechazándole.) 

¿Tu hija?... Eso tan sólo
me faltaba. ¡Hija tuya! ¡Alucinarme
quieres con ese nombre! Mas el dolo
miserable comprendo. No lo intentes. 1080
Tú no has podido la existencia darme.
Mientes, viejo feroz; dime que mientes.
Tú para que su muerte te perdone
me llamas hija tuya; mas te engañas;
nada hay en mí que tu maldad abone; 1085
para ti sólo fray odio en mis entrañas.
RODRIGO

 (De rodillas.) 

¡Hija mía!
AURORA
¡Otra vez! No me lo digas,
no me lo expliques; comprender no quiero
que el ser infame que en tu seno abrigas
me pudo dar el ser. Muerta primero. 1090
RODRIGO

 (Asiéndola del vestido.) 

¡Calla, hija mía!
AURORA
Suelta, no me sigas.
RODRIGO
¡Huyes de mí!
AURORA
Por siempre.
RODRIGO
¿Me abandonas?
AURORA
Como a mi madre tú.
RODRIGO
¿Nada en mi abono
te dice el corazón? Que me perdonas
dime.
AURORA
Mi madre contra ti ante el trono
1095
de Dios venganza pide.
RODRIGO
¡Horrendo encono!
AURORA
Si eres mi padre tú, ¿por qué te extrañas
del infernal rencor que arde en mis venas?
La que tiene tu sangre en sus entrañas
sólo puede tener sangre de hienas. 1100
Suéltame, pues, de tu sangrienta mano.
Mi padre era Gabriel, y su asesino
y el de mi madre, tú.
RODRIGO
Pero el destino
te une hoy a mí.
AURORA

 (Desprendiéndose de él.) 

Lo intentarás en vano.
Muerta mejor que a tu existencia unida. 1105
Reniego, huyo de ti; mi ser olvida
y el nombre de hija que tan mal empleas;
y ¡ojalá que infeliz como yo seas!
Y ¡ojalá en mi lugar, fiero homicida,
de mi madre y Gabriel junto a ti veas 1110
la doble aparición toda tu vida!
 

(DON RODRIGO cae desplomado. DOÑA AURORA se va por la puerta del fondo. DON CÉSAR la sigue tristemente. Cae el telón.)

 





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