Escena
I
|
|
|
CREMES,
SIMÓN.
|
|
CREMES.- Basta, basta ya, Simón: harta
experiencia has hecho ya de mi amistad; en harto peligro me he
puesto; déjate de más rogarme. Por desear
complacerte, casi he comprometido la felicidad de mi hija.
|
|
SIMÓN.- Antes ahora más que nunca
te suplico y pido muy encarecidamente, Cremes, que la merced que
poco ha me prometiste de palabra, me la cumplas ya por obra.
|
|
CREMES.- Mira cuán terrible eres con tu
deseo de salir con lo que quieres, que ni adviertes el modo de la
benignidad, ni qué es lo que me ruegas: porque si lo
advirtieses, dejaríaste ya de fatigarme con tus injustas
pretensiones.
|
|
SIMÓN.- ¿Con cuáles?
|
|
CREMES.- ¿Eso me preguntas?
Forzásteme que a un chicuelo empleado en otros amores, muy
ajeno de la voluntad de casarse, le diese mi hija, para discordias
y tal vez para un divorcio, y que a costa de su fatiga y pena
sanase yo a tu hijo. Recabástelo; emprendilo, mientras el
caso lo sufrió. Ahora que no lo sufre, súfrete
tú. Dicen que la moza es ciudadana y ha tenido ya un
muchacho; déjanos en paz.
|
|
SIMÓN.- Por los dioses te suplico no
quieras dar crédito a aquellos cuyo provecho es que mi hijo
sea un perdido. Todo esto lo han fingido y emprendido por estorbar
el casamiento: quitada la causa por que lo hacen, desistirán
de tal empresa.
|
|
CREMES.- Engañado vives. Yo mismo vi
altercar con Davo a la criada.
|
|
SIMÓN.- Ya lo sé.
|
|
CREMES.- Y con la sinceridad pintada en su
rostro y antes de haber sentido ninguno de ellos mi presencia.
|
|
SIMÓN.- ¡Yo lo creo!
¡Cómo que Davo me había ya anunciado que iban a
hacer esa comedia! Quise decírtelo hoy, y no sé
cómo se me fue de la memoria.
|
Escena
II
|
|
|
DAVO, CREMES, SIMÓN, DROMÓN.
|
|
DAVO.- (Saliendo de casa de
GLICERA, sin ver a
SIMÓN ni a
CREMES.) Ya
podéis estar tranquilas...
|
|
CREMES.- (A SIMÓN.)
Cátate allí a Davo.
|
|
SIMÓN.- ¿De dó sale?
|
|
DAVO.-
(Continuando.) ...con mi favor y con
el del forastero.
|
|
SIMÓN.-
(Aparte.) ¿Qué nueva calamidad es
ella?
|
|
DAVO.-
(Continuando.) Yo no he visto hombre,
ni venida, ni sazón más a propósito.
|
|
SIMÓN.- ¿A quién alaba
aquel bellaco?
|
|
DAVO.- Todo el negocio está ya en
salvo.
|
|
SIMÓN.- Hablarle quiero.
|
|
DAVO.- (Aparte.)
¡Mi amo! ¿Qué haré?
|
|
SIMÓN.- ¡Oh, bien venido, buena
pieza!
|
|
DAVO.- ¡Hola, Simón! ¡Oh,
amado Cremes! Todo está ya allá dentro aparejado.
|
|
SIMÓN.- (Con
ironía.) ¡Diligente has sido!
|
|
DAVO.- Cuando quieras, manda traer la
desposada.
|
|
SIMÓN.- Está bien: eso es, cierto,
lo único que falta aquí. Pero ¿no me
dirás qué tienes tú que hacer en esa casa?
|
|
DAVO.- ¿Yo?
|
|
SIMÓN.- Sí.
|
|
DAVO.- ¿Yo?
|
|
SIMÓN.- Sí, tú.
|
|
DAVO.- En este punto había entrado...
|
|
SIMÓN.- ¡Como si yo te preguntase
cuánto ha!
|
|
DAVO.- (Terminando la
frase.) ... a una con tu hijo.
|
|
SIMÓN.- ¿Y allá dentro
está Pánfilo? ¡Oh, pobre de mí!
¿Pues no me dijiste tú que estaban reñidos,
perro?
|
|
DAVO.- Y lo están.
|
|
SIMÓN.- ¿Qué hace, pues,
aquí?
|
|
CREMES.- ¿Qué piensas que ha de
hacer? Reñir con ella.
|
|
DAVO.- Antes, Cremes, quiero que entiendas de
mí un caso extraño. No sé qué viejo se
ha venido ahora en este punto... (Indicando la casa
de GLICERA.) Allí
está, firme, resuelto. Si le miras al rostro, te
parecerá hombre de mucha cuenta, hombre severo y grave, y
muy sincero en todo lo que dice.
|
|
SIMÓN.- ¿Qué historias nos
traes tú?
|
|
DAVO.- ¿Yo? Ningunas más de lo que
le he oído decir.
|
|
SIMÓN.- ¿Qué dice,
pues?
|
|
DAVO.- Que sabe que Glicera es natural de esta
ciudad.
|
|
SIMÓN.- (Llamando a un
siervo.) ¡Hola! ¡Dromón,
Dromón!
|
|
DAVO.- ¿Qué vas...?
|
|
SIMÓN.- ¡Dromón!
|
|
DAVO.- Óyeme.
|
|
SIMÓN.- ¡Si añades una sola
palabra...! ¡Dromón!
|
|
DAVO.- ¡Óyeme, por merced!
|
|
DROMÓN.- ¿Qué mandas?
|
|
SIMÓN.- Arrebátame a ése en
un vuelo allá dentro, cuan ligero puedas.
|
|
DROMÓN.- ¿A quién?
|
|
SIMÓN.- A Davo.
|
|
DAVO.- ¿Por qué?
|
|
SIMÓN.- Porque quiero. -Arrebátale
digo.
|
|
DAVO.- ¿Qué he yo hecho?
|
|
SIMÓN.- Arrebátale.
|
|
DAVO.- Si en cosa alguna hallares que he
mentido, mátame.
|
|
SIMÓN.- No escucho razones. Yo te
haré sudar.
|
|
DAVO.- ¿Aunque esto sea verdad?
|
|
SIMÓN.- Aunque sea. Tú procura
tenerle bien atado: y ¿óyesme?, átamele de
pies y de manos. ¡Hala!, que yo te mostraré a ti, si
no me muero, cuán peligroso es engañar al amo, y a
él el engañar a su padre.
|
|
CREMES.- ¡Ah, no estés tan
colérico!
|
|
SIMÓN.- ¿Qué te parece,
Cremes, del respeto de mi hijo? ¿No tienes compasión
de mí? ¡Que por un tal hijo pase yo tanto trabajo!
¡Ea, Pánfilo! ¡Sal, Pánfilo! ¿De
qué tienes empacho?
|
Escena
III
|
|
|
PÁNFILO,
SIMÓN, CREMES.
|
|
PÁNFILO.- (Saliendo de casa
de GLICERA.)
¿Quién me llama? (Viendo a SIMÓN.) ¡Perdido
soy! ¡Mi padre!
|
|
SIMÓN.- ¿Qué dices
tú, el más...?
|
|
CREMES.- ¡Ah!, dile lo que hace al caso y
deja aparte pesadumbres.
|
|
SIMÓN.- ¿Qué se le puede a
éste decir que sea pesadumbre? En fin, ¿qué
dices?, ¿que Glicera es ciudadana?
|
|
PÁNFILO.- Así lo dicen.
|
|
SIMÓN.- ¿Así lo dicen?
¡Oh atrevimiento! ¡Mira si se para a pensar qué
responderá! ¡Mira si se corre del caso! ¡Mira si
en su rostro hay siquiera un leve signo de vergüenza! ¡Y
que sea de tan abatidos pensamientos, que contra la costumbre y ley
de la ciudad, y contra la voluntad de su padre, con todo eso desee
tenerla a ésta (Alude a GLICERA.) con tan gran
infamia!
|
|
PÁNFILO.- ¡Pobre de mí!
|
|
SIMÓN.- ¿Ahora, tan tarde, das en
la cuenta de eso, Pánfilo? Entonces, entonces lo
habías tú de mirar, cuando inclinaste tu voluntad a
hacer de cualquier modo lo que te diese gusto: aquel día te
cuadró verdaderamente ese vocablo. Pero ¿qué
hago yo? ¿Por qué me atormento? ¿Por
qué me aflijo? ¿Por qué fatigo mis canas por
este loco? ¿Para qué lloro yo los daños de sus
yerros? Pero, en fin, que la tenga y se huelgue y viva con
ella.
|
|
PÁNFILO.- ¡Padre mío!
|
|
SIMÓN.- ¿Qué padre
mío? ¡Cómo si tú tuvieses necesidad
de este padre! Ya tú te has hallado casa, mujer e hijos, a
pesar de tu padre, y has traído quien diga que es hija de
esta ciudad: buen provecho te haga.
|
|
PÁNFILO.- Padre, ¿me darás
licencia para decir dos palabras?
|
|
SIMÓN.- ¿Qué me has de
decir tú a mí?
|
|
CREMES.- Óyele con todo eso,
Simón.
|
|
SIMÓN.- ¿Que yo le oiga?
¿Qué le tengo yo de oír, Cremes?
|
|
CREMES.- Déjale, en fin, que hable.
|
|
SIMÓN.- Hable, yo le dejo.
|
|
PÁNFILO.- Yo, padre mío, confieso
que amo a esta mujer; y si esto es errar, también confieso
mi yerro. En tus manos, padre, me entrego; échame cualquier
carga, mándame. ¿Quieres que me case? ¿Quieres
que deje a esa mujer? Sufrirelo como pueda. Sólo esto te
pido de merced: que no creas que yo he traído aquí
este viejo: déjame disculparme y traerle aquí
delante.
|
|
SIMÓN.- ¿Traerle?
|
|
PÁNFILO.- ¡Dame licencia,
padre!
|
|
CREMES.- Lo justo pide: dásela.
|
|
PÁNFILO.- Hazme esta merced.
|
|
SIMÓN.- Concedida. Por todo paso, Cremes;
sólo yo no entienda que éste me engaña.
|
|
CREMES.- A un padre, por un grave delito,
bástale un castigo moderado.
|
Escena
IV
|
|
|
CRITÓN,
CREMES, SIMÓN, PÁNFILO.
|
|
CRITÓN.- (Saliendo de casa
de GLICERA.) No me lo
ruegues que cualquiera causa de estas me obliga a que lo haga: el
rogármelo tú, el ser ello verdad y el bien que deseo
a Glicera.
|
|
CREMES.- ¿No es Critón, el
Andriano, éste que veo? Realmente que es él.
|
|
CRITÓN.- Salud, Cremes.
|
|
CREMES.- ¿Qué novedad es
ésta de venir tú a Atenas?
|
|
CRITÓN.- Háseme ofrecido causa.
Pero... ¿es éste Simón?
|
|
CREMES.- Este es.
|
|
SIMÓN.- ¿Por mí preguntas?
¿Eres tú el que dices que Glicera es natural de esta
ciudad?
|
|
CRITÓN.- ¿Y tú lo
niegas?
|
|
SIMÓN.- ¿Tan apercibido vienes a
esta tierra...?
|
|
CRITÓN.- ¿Yo? ¿Para
qué?
|
|
SIMÓN.- ¿Para qué?
¿Tú te has de atrever a hacer cosas semejantes?
¿Tú has de engañar aquí a mozuelos sin
experiencia del mundo, criados como hidalgos, y cebarles sus
apetitos con estímulos y promesas...?
|
|
CRITÓN.- ¿Estás en tu
juicio?
|
|
SIMÓN.- ... ¿y enredar con
casamientos los amores de las rameras?
|
|
PÁNFILO.-
(Aparte.) ¡Perdido soy! Temo que
el forastero desmaye.
|
|
CREMES.- Si conocieses bien, Simón,
quién es éste, no le tendrías en tan mala
opinión; porque es muy hombre de bien.
|
|
SIMÓN.- ¿Este hombre de bien?
¿Tan al punto hubo de venir hoy en las bodas, sin haber
estado por acá en toda su vida? ¿A éste le has
de dar crédito, Cremes?
|
|
PÁNFILO.-
(Aparte.) Si yo no temiese a mi padre, bien
podría advertirle de su error.
|
|
SIMÓN.- ¡Picapleitos!
|
|
CRITÓN.-
(Enojado.) ¡Cómo!
|
|
CREMES.- Este siempre fue así,
Critón; no le hagas caso.
|
|
CRITÓN.- Séase quien se quisiere:
que si él prosigue a decirme lo que quiere, él
oirá de mí lo que no quiera. ¿Yo trato de eso,
ni tengo cuenta con ello? ¿Por qué no tomarás
tú tu daño con paciencia? Porque si lo que yo digo es
verdad o mentira, presto se puede saber. Habrá años
que un vecino de esta ciudad naufragó junto de Andros, y a
par de él esa tierna doncella. Entonces el náufrago
recogiose por casualidad en casa del padre de Crisis.
|
|
SIMÓN.- El cuento comienza.
|
|
CREMES.- Calla.
|
|
CRITÓN.- ¿De esa manera se
atraviesa?
|
|
CREMES.- Prosigue.
|
|
CRITÓN.- El que entonces le
recogió en su casa era deudo mío, y allí
oí yo decir al náufrago, que era ciudadano de Atenas.
El cual murió en Andros.
|
|
CREMES.- ¿Su nombre?
|
|
CRITÓN.- ¿Tan presto su nombre?
Fania.
|
|
CREMES.- ¡Ay de mí!
|
|
CRITÓN.- Fania se llamaba, si no estoy
equivocado. Lo que sé de cierto es que decía ser del
barrio Ramnusio.
|
|
CREMES.- ¡Oh, Júpiter!
|
|
CRITÓN.- Esto mismo, Cremes, oyeron
entonces otros muchos en Andros.
|
|
CREMES.- Ojalá sea lo que yo
confío. Dime por tu vida, Critón,
¿decía él entonces si era hija suya la
doncella?
|
|
CRITÓN.- No era suya.
|
|
CREMES.- ¿Cúya, pues?
|
|
CRITÓN.- De un hermano suyo.
|
|
CREMES.- No hay duda; es mi hija!
|
|
CRITÓN.- ¿Qué me dices?
|
|
SIMÓN.- ¿Es posible...?
|
|
PÁNFILO.-
(Aparte.) ¡Aplica el oído,
Pánfilo!
|
|
SIMÓN.- ¿Por dónde lo
crees?
|
|
CREMES.- Aquel Fania fue hermano mío.
|
|
SIMÓN.- Muy bien le conocí, y lo
sé.
|
|
CREMES.- El cual, huyendo de aquí por
miedo de la guerra, fueme a buscar al Asia. Entonces no se
atrevió a dejar la niña aquí. Después
acá, éstas son las primeras nuevas que tengo.
¿Qué se hizo de él?
|
|
PÁNFILO.- Apenas estoy en mi,
según fue grande la alteración que me causó en
el alma temor, esperanza, gozo, por una maravilla tan grande, por
un bien tan repentino.
|
|
SIMÓN.- Por muchas razones me huelgo
ciertamente de que ésta moza resulte ser tu hija.
|
|
PÁNFILO.- Bien lo creo, padre.
|
|
CREMES.- Pero aún me queda una duda, que
me da harta pena.
|
|
PÁNFILO.- Digno eres de ser aborrecido
con tantos escrúpulos: ¿en el junco buscas nudo?
|
|
CRITÓN.- ¿Y qué es la
duda?
|
|
CREMES.- Que el nombre de la moza no
concuerda.
|
|
CRITÓN.- Otro tuvo, siendo
niña.
|
|
CREMES.- ¿Cual, Critón? ¿No
te acuerdas?
|
|
CRITÓN.- Pensándolo estoy.
|
|
PÁNFILO.-
(Aparte.) ¿Por qué he yo
de permitir que la poca memoria de este hombre estorbe mi contento,
pues que yo puedo en esto dar remedio? No lo permitiré.
(Alto.) Cremes, el nombre que
tú pides es Pasíbula.
|
|
CRITÓN.- ¡Esa, ésa es!
|
|
CREMES.- ¡Esa es!
|
|
PÁNFILO.- Mil veces se lo he oído
decir a ella misma.
|
|
SIMÓN.- Debes creer, Cremes, que todos
nos holgamos de esto.
|
|
CREMES.- Así los dioses me sean
propicios, como yo lo creo.
|
|
PÁNFILO.- ¿Pues qué falta
ya, padre?
|
|
SIMÓN.- Rato ha que el caso mismo me ha
reconciliado.
|
|
PÁNFILO.- ¡Oh, padre excelente!
Cuanto a la mujer, Cremes gusta que yo la tenga, como la he
tenido.
|
|
CREMES.- Harta razón hay, si tu padre no
dice otra cosa.
|
|
PÁNFILO.- Lo mismo.
|
|
SIMÓN.- Sí, por cierto.
|
|
CREMES.- En dote, Pánfilo, te prometo
diez talentos.
|
|
PÁNFILO.- Acepto.
|
|
CREMES.- Yo corro a abrazar a mi hija.
¡Eh, Critón! Ven conmigo, porque entiendo que ella no
me debe conocer.
|
|
SIMÓN.- ¿Por qué no la
mandas pasar a nuestra casa?
|
|
PÁNFILO.- Bien dices; a Davo le
daré ese cargo.
|
|
SIMÓN.- No puede.
|
|
PÁNFILO.- ¿Cómo no?
|
|
SIMÓN.- Porque tiene otra cosa que hacer
que más le toca, y pesa más.
|
|
PÁNFILO.- ¿Y qué es
ella?
|
|
SIMÓN.- Que está atado.
|
|
PÁNFILO.- (En tono
suplicante.) ¡Padre, no está bien
atado!
|
|
SIMÓN.- Pues no es eso lo que yo
mandé.
|
|
PÁNFILO.- Hazme merced de mandarle
soltar.
|
|
SIMÓN.- Sea.
|
|
PÁNFILO.- Ve de presto.
|
|
SIMÓN.- Voy allá.
|
|
PÁNFILO.- ¡Oh día
próspero y alegre!
|
Escena
VI
|
|
|
DAVO, PÁNFILO, CARINO.
|
|
DAVO.- ¿Dónde estará ese
Pánfilo?
|
|
PÁNFILO.- ¡Davo!
|
|
DAVO.- ¿Quién me llama?
|
|
PÁNFILO.- Yo soy.
|
|
DAVO.- ¡Oh, Pánfilo!
|
|
PÁNFILO.- ¿No sabes lo que me ha
pasado?
|
|
DAVO.- No: pero lo que a mí me ha
sucedido, harto lo sé.
|
|
PÁNFILO.- Y yo también.
|
|
DAVO.- Como suele acaecer de ordinario, primero
supiste tú mi mal que yo el bien que a ti te ha
sucedido.
|
|
PÁNFILO.- Mi Glicera ha encontrado ya sus
padres.
|
|
DAVO.- ¡Oh, qué bien!
|
|
CARINO.- (Aparte.)
¿Eh?
|
|
PÁNFILO.- Su padre es muy grande amigo
nuestro.
|
|
DAVO.- ¿Quién?
|
|
PÁNFILO.- Cremes.
|
|
DAVO.- ¡Oh, qué bien te
explicas!
|
|
PÁNFILO.- Y presto, en la hora, heme de
casar con ella.
|
|
CARINO.- (Aparte.)
¿Es que sueña lo que deseó despierto?
|
|
PÁNFILO.- ¿Y el niño,
Davo?
|
|
DAVO.- No pienses en él; que él
solo es a quien quieren bien los dioses.
|
|
CARINO.- (Aparte.)
Salvo soy, si esto es verdad: hablarle quiero.
|
|
PÁNFILO.- ¿Quién es?
¡Oh, Carino, vienes al mejor tiempo del mundo!
|
|
CARINO.- ¡Oh, qué buen suceso!
|
|
PÁNFILO.- ¿Cómo? ¿Ya
has oído...?
|
|
CARINO.- Todo. ¡Ea!, acuérdate de
mí en la prosperidad. Tú tienes ahora a Cremes de tu
mano: yo sé que él hará, todo lo que tú
quisieres.
|
|
PÁNFILO.- Ya estoy en el caso. Pero hay
para rato, si esperamos a que él salga. Vente conmigo por
aquí; que está ahora allá dentro con Glicera.
Tú, Davo, ve a casa; corre y llama quien la lleve de
aquí. (Indicando la casa de GLICERA.) ¿Por
qué te paras? ¿Por qué te detienes?
|
|
DAVO.- Ya voy. (A los
espectadores.) No aguardéis que salgan
acá fuera: dentro se harán los desposorios. Si algo
hay que quede por hacer, dentro se concluirá.
¡Aplaudid!
|