Escena
I
|
|
|
CARINO,
PÁNFILO,
DAVO.
|
|
CARINO.- (Aparte.)
¿Es esto cosa de creer, ni de decir? ¿Que haya gentes
de tan malas entrañas, que hallen gusto en hacer mal y en
procurar el daño ajeno por buscar provechos para sí?
¡Ah!, ¿es esto posible? Pues existe realmente una
casta de hombres que para decir un «no», tienen un poco
de empacho; pero cuando viene el tiempo de cumplir lo prometido,
entonces forzosamente se descubren y temen, y la necesidad les
fuerza a volverse atrás de su palabra. Entonces les
oiréis decir sin pizca de pudor: «¿Quién
eres tú? ¿Qué tengo yo que ver contigo?
¿Que yo te ceda a ti mi...? ¡Bah!, mi pariente
más próximo soy yo mismo». Y si les
preguntáis qué fue de su palabra, ¡como si
no!... ¡no tienen ni asomo de vergüenza! Aquí,
donde era menester, no tienen reparo, y tiénenlo
acullá, donde no es menester. ¿Pero qué
haré? ¿Iré a buscarle, para pedirle cuenta de
este agravio y acabarle a pesadumbres? Pero dirame alguno:
¿De qué te servirá? De mucho. Porque a lo
menos le daré pena, y yo quebraré mi enojo.
|
|
PÁNFILO.- Carino, ambos estamos perdidos
por mi imprudencia, si los dioses no nos dan algún
remedio.
|
|
CARINO.- ¿Conque por tu imprudencia?
Presto has hallado la excusa. ¡Bien me has tenido la
palabra!
|
|
PÁNFILO.- ¿Pues qué...?
|
|
CARINO.- ¿Aún piensas
engañarme con esas disculpas?
|
|
PÁNFILO.- ¿Qué es ello?
|
|
CARINO
- Después que yo te dije que la quería
mucho, te ha caído en gusto. ¡Ah, desdichado de
mí, que juzgué tu corazón por el
mío!
|
|
PÁNFILO.- Muy equivocado
estás.
|
|
CARINO.- ¿Te pareció que no
sería colmada tu ventura sin cebar al pobre enamorado y
entretenerle con falsas esperanzas? (En tono de
amarga concesión.) ¡Cásate!
|
|
PÁNFILO.- ¿Que me case? ¡Ah,
no sabes bien en cuán grandes males estoy puesto, cuitado de
mí, y cuán grandes congojas me ha causado con sus
consejos éste mi verdugo! (Señalando a
DAVO.)
|
|
CARINO.- ¿Qué maravilla, pues toma
de ti ejemplo?
|
|
PÁNFILO.- No dirías eso si
conocieses bien mi corazón y mi voluntad.
|
|
CARINO.- (Con
ironía.) ¡Ya sé que no ha mucho
que altercaste con tu padre, y que por eso está enojado
contigo y no te ha podido obligar hoy a que con ella te
casases!
|
|
PÁNFILO.- Antes te hago saber, para que
mejor entiendas mis trabajos, que estas bodas no se aparejaban para
mí, ni pensaba nadie ahora en darme a mi mujer.
|
|
CARINO.- Ya sé que te dejaste obligar...
de tu propia voluntad. (Quiere irse y PÁNFILO le
detiene.)
|
|
PÁNFILO.- Espera; que aún no
sabes...
|
|
CARINO.- Ya sé que te has de casar con
ella.
|
|
PÁNFILO.- ¿Por qué me
matas? Escucha esto. No paró de instarme; no cesó de
aconsejarme y de rogarme que le dijese a mi padre que me
casaría, hasta tanto que me indujo.
|
|
CARINO.- ¿Quién hizo eso?
|
|
PÁNFILO.- Davo.
|
|
CARINO.- ¿Davo?
|
|
PÁNFILO.- Él lo revuelve todo.
|
|
CARINO.- ¿Por qué?
|
|
PÁNFILO.- No lo sé: sino que
sé que los dioses estaban airados contra mí, pues le
di oídos.
|
|
CARINO.- ¿Es verdad esto, Davo?
|
|
DAVO.- Verdad.
|
|
CARINO.- ¡Ah!, ¿qué dices,
malvado? Los dioses te den el castigo que merecen tales hechos.
Dime: si todos sus enemigos le quisieran ver a éste enredado
en casamiento, ¿qué otro consejo le dieran, sino
ese?
|
|
DAVO.- Errela: pero aún no me doy por
vencido.
|
|
CARINO.- Harto lo sé.
|
|
DAVO.- ¿No nos ha ido bien por
aquí? Emprenderémosla por otra vía. Si ya no
es que pienses que por habernos al principio sucedido mal, no se
nos puede ya trocar el mal en bien.
|
|
PÁNFILO.- Al contrario: Yo creo que si te
desvelas, de un casamiento harasme dos.
|
|
DAVO.- Yo, Pánfilo, esto te debo por
razón de ser tu siervo: procurar, de pies y manos, de
día y de noche, tu provecho con riesgo de mi vida. Lo que a
ti te toca, es perdonarme, si algo sucede al revés de mi
esperanza. ¿No sale bien lo que hago? A lo menos
hágolo con diligencia: si no, busca tú mejor remedio
y no hagas caso de mí.
|
|
PÁNFILO.- Eso quiero: tórname al
punto en que me tomaste.
|
|
DAVO.- Sí haré.
|
|
PÁNFILO.- ¡Pero de presto!
|
|
DAVO.- ¡Chist!... quieto; que ha sonado la
puerta de Glicera!
|
Escena
II
|
|
|
MISIS,
PÁNFILO,
CARINO, DAVO.
|
|
MISIS.- (Saliendo de casa de
GLICERA, y hablando con
ésta.) Doquiera que estuviere, yo
procuraré hallarle en seguida, y traérmele conmigo a
tu querido Pánfilo. Sólo tú, alma mía,
no te me fatigues.
|
|
PÁNFILO.- ¿Qué es eso,
Misis?
|
|
MISIS.- ¡Ah, Pánfilo! A buen tiempo
te topo.
|
|
PÁNFILO.- ¿Qué hay?
|
|
MISIS.- Mi señora me ha mandado que te
suplique te llegues a verla, si la quieres bien; porque dice que
está con gran deseo de verte.
|
|
PÁNFILO.- Perdido soy; este mal se
refresca. (A DAVO.) ¡Y que por
tu causa ella y yo, cuitados; hayamos de estar en tal congoja!
Porque ella me envía a llamar por haber entendido que se
aparejan ya mis bodas.
|
|
CARINO.- Las cuales bien quedas se estallan, si
éste. (Señalando a DAVO.) Lo
estuviera.
|
|
DAVO.- ¡Así, así! Por si
él de suyo no se está harto loco, atízale
tú más.
|
|
MISIS.- (A PÁNFILO.) Esa
es, en verdad, la causa; y eso es lo que tiene afligida a la
cuitada.
|
|
PÁNFILO.- Misis, yo te hago juramento,
por todos los dioses, de jamás desampararla, aunque sepa
romper por esa razón con todo el mundo. Esta he deseado;
hela alcanzado; cuádranme sus costumbres; vayan con Dios los
que quieren hacer divorcio entre nosotros. Porque otra que la
muerte no me ha de apartar de ella.
|
|
CAMINO.- ¡Respiro!
|
|
PÁNFILO.- Esto es tan cierto como el
Oráculo de Apolo. Si ello se pudiere hacer de manera que mi
padre no entienda que por mí ha dejado de celebrarse el
casamiento, bien está. Pero si no fuere posible,
correré hasta el riesgo de que entienda haber quedado por
mí. (A CARINO.)
¿Qué tal te parezco?
|
|
CARINO.- Tan desdichado como yo.
|
|
DAVO.- Yo trazo un buen medio.
|
|
CARINO.- Hombre eres de valor.
|
|
PÁNFILO.- (A DAVO con
desdén.) Ya ¡proyectos...!
|
|
DAVO.- Yo te lo daré en verdad puesto por
obra.
|
|
PÁNFILO.- Pues eso es menester.
|
|
DAVO.- Pues ya lo tengo.
|
|
CARINO.- ¿Qué es ello?
|
|
DAVO.- (A CARINO.) Para
éste lo tengo, no para ti. No vale equivocarse.
|
|
CARINO.- Bástame eso.
|
|
PÁNFILO.- ¿Qué vas a hacer,
dime?
|
|
DAVO.- Todo el día temo que no me
bastará para ponerlo por obra. Por eso no pienses que estoy
tan despacio ahora, para haberlo de contar. Por tanto, idos
vosotros de aquí; que me estáis estorbando.
|
|
PÁNFILO.- Yo voy a ver a Glicera.
|
|
DAVO.- ¿Y tú?
¿Adónde te vas tú?
|
|
CARINO.- ¿Quieres que te diga la
verdad?
|
|
DAVO.- ¡Vaya si lo quiero!
(Aparte.) ¡Cuentecito
tenemos!
|
|
CARINO.- ¿Qué será de
mí?
|
|
DAVO.- Dime, desvergonzado: ¿no te basta
con ese poquillo de respiro que te doy, entreteniéndole a
este otro el casamiento?
|
|
CARINO.- Empero, Davo...
|
|
DAVO.- ¿Qué empero?
|
|
CARINO.- Que la goce yo.
|
|
DAVO.- ¡Donosa ocurrencia!
|
|
CARINO.- Procura venir a mi casa, si pudieres
hacer algo.
|
|
DAVO.- ¿A qué he de ir, si contigo
nada tengo que...
|
|
CARINO.- -Pero, si algo...
|
|
DAVO.- ¡Hala, que ya iré!
|
|
CARINO.- Si algo hubiere, en casa
estaré.
|
Escena
V
|
|
|
DAVO, MISIS.
|
|
DAVO.- Misis, para lo que ahora emprendo,
necesito que me tengas a punto tu memoria y astucia.
|
|
MISIS ¿Qué pretendes?
|
|
DAVO.- Toma de presto este muchacho de mis manos
y ponle delante de nuestra puerta.
|
|
MISIS.- ¿Así, en el suelo?
Dime.
|
|
DAVO.- Toma de ese altar unas verbenas, y
pónselas debajo.
|
|
MISIS.- ¿Por qué no lo haces
tú mismo?
|
|
DAVO.- Porque si fuere menester jurar a mi amo
que no le he puesto, pueda jurarlo con verdad.
|
|
MISIS.- Ya entiendo: esos son escrúpulos
de conciencia que te han nacido ahora. Dámele
acá.
|
|
DAVO.- Date prisa: que yo te diré luego
lo que voy a hacer. (Viendo a CREMES.) ¡Oh,
Júpiter!
|
|
MISIS.- ¿Qué es?
|
|
DAVO.- El padre de la desposada viene. Dejo el
intento que tenía primero.
|
|
MISIS.- No sé qué te dices.
|
|
DAVO.- Yo también fingiré que
vengo de hacia la mano derecha. Tú procura corresponderme
con tus palabras a las mías donde fuere menester.
|
|
MISIS.- Yo no te entiendo lo que haces; pero si
algo hay en que tengáis necesidad de mi ayuda, o si
tú más ves que yo, aguardaré, por no estorbar
vuestro provecho.
|
Escena
VI
|
|
|
CREMES,
MISIS, DAVO.
|
|
CREMES.- (Aparte.)
Vuelvo, pues he ya apercibido todo lo que era menester para las
bodas de mi hija, a decirles que la traigan. Pero
¿qué es esto? (Viendo al
niño.) ¡Una criatura, en verdad!
¿Hasla puesto tú, mujer?
|
|
MISIS.- (Aparte.)
¿Dónde está aquél?
|
|
CREMES.- ¿No me respondes nada?
|
|
MISIS.- (Aparte.)
No parece... ¡Ay, cuitada de mí, que el hombre me
dejó y se fue!
|
|
DAVO.- (Entrando.)
¡Oh, soberanos dioses, y qué de bullicio hay en la
plaza! ¡Qué de gente litiga allí!... y
¡qué caro está el pan!
(Aparte.) ¡No sé
qué más me diga!
|
|
MISIS.- ¿Por qué, di, me has
dejado aquí sola?
|
|
DAVO.- (Viendo al
niño.) ¿Qué tramoya es
ésta? Di, Misis, ¿de dónde es este
niño, y quién le ha traído aquí?
|
|
MISIS.- Tú no debes estar bueno, pues eso
me preguntas.
|
|
DAVO.- ¿A quién lo he de
preguntar, pues no veo aquí a otro?
|
|
CREMES.- (Aparte.)
¡Maravillado estoy! ¿De dónde será?
|
|
DAVO.- ¿No me responderás a lo que
te pregunto?
|
|
MISIS.-
(Asustada.) ¡Ah!
|
|
DAVO.- (En voz
baja.) Pasa a la derecha.
|
|
MISIS.- ¿Desvarías?
¿Tú mismo no le...?
|
|
DAVO.- (En voz
baja.) ¡Si palabra me dices fuera de lo que te
pregunto... pobre de ti!
|
|
MISIS.- ¿Amenazas?
|
|
DAVO.- ¿De dónde es?
(Bajo.) Responde en alta voz, habla
claro.
|
|
MISIS.- De nuestra casa.
|
|
DAVO.- ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja!
¿Qué maravilla que una ramera haga estas
desenvolturas?
|
|
CREMES.- (Aparte.)
Criada de la Andriana debe ser ésta, a lo que entiendo.
|
|
DAVO.- (A MISIS.) ¿Tan
aparejados os parece que somos, para que así os
burléis de nosotros?
|
|
CREMES.- (Aparte.)
A buen tiempo he venido.
|
|
DAVO.- ¡Quítame de presto ese
niño de la puerta! (Bajo.)
¡Quieta ahí, no te muevas!
|
|
MISIS.- Los dioses te destruyan; que así
me haces temblar cuitada.
|
|
DAVO.- (Alto a MISIS.) ¿Hablo
contigo, o con quién?
|
|
MISIS.- ¿Qué quieres?
|
|
DAVO.- ¿Eso me preguntas? Dime:
¿cúyo es este muchacho que aquí has puesto?
Acaba.
|
|
MISIS.- ¿No lo sabes tú
cúyo es?
|
|
DAVO.- Deja estar lo que yo sé, y
respóndeme a lo que te pregunto.
|
|
MISIS.- Vuestro.
|
|
DAVO.- ¿Cómo nuestro?
|
|
MISIS.- De Pánfilo.
|
|
DAVO.- ¿Cómo es eso? ¿De
Pánfilo?
|
|
MISIS.- ¡Qué! ¿No lo es?
|
|
CREMES.- (Aparte.)
Con razón he rehusado siempre yo este casamiento.
|
|
DAVO.- ¡Oh infamia!
|
|
MISIS.- ¿Por qué gritas?
|
|
DAVO.- ¿No es este el niño que yo
vi traer ayer tarde a vuestra casa?
|
|
MISIS.- ¡Hombre más
atrevido!...
|
|
DAVO.- Sí; que yo vi venir a Cantara con
un bulto.
|
|
MISIS.- Gracias a los dioses, pues se hallaron
algunas matronas honradas en el parto.
|
|
DAVO.- Pues no conoce ella bien a aquel, por
quien urde todo esto. Sin duda que diría: «Si Cremes
viere el niño puesto delante de la puerta, no dará su
hija». ¡Pues en verdad que la dará de mejor
gana!
|
|
CREMES.- (Aparte.)
En verdad que tal no hará.
|
|
DAVO.- Pues porque lo sepas, si no quitas de
aquí este niño, yo le echaré en mitad de la
calle, y a ti con él te revolveré en el lodo.
|
|
MISIS.- ¡Bah!, ¡tú no
estás bueno!
|
|
DAVO.- Un embuste de otro tira. Ya oigo susurrar
que esta mujer (Aludiendo a GLICERA.) es ciudadana
de Atenas.
|
|
CREMES.- (Aparte.)
¿Eh?
|
|
DAVO.- Y que las leyes le obligarán a
casarse con ella.
|
|
MISIS.- ¿pues no lo es?
|
|
CREMES.- (Aparte.)
En un caso de reír he dado sin pensar.
|
|
DAVO.- ¿Quién habla aquí?
¡Oh, Cremes: a tiempo llegas! Escucha.
|
|
CREMES.- Todo lo he ya oído.
|
|
DAVO- ¿Todo, todo?
|
|
CREMES.- Dígote que todo lo he
oído desde el principio.
|
|
DAVO.- ¿Qué lo has oído,
por tu vida? ¡Ah, cuánta maldad! Esta mujer merece un
gran castigo. (A MISIS y señalando a
CREMES.)
Aquí tienes el señor que yo te decía. No
pienses que has de jugar con Davo.
|
|
MISIS.- ¡Ay de mí, pobre! Te juro,
buen anciano, que en todo dije la verdad.
|
|
CREMES.- Ya sé todo el caso.
¿Está en casa Simón?
|
|
DAVO.- Sí.
|
Escena
VIII
|
|
|
CRITÓN,
MISIS, DAVO.
|
|
CRITÓN.-
(Aparte.) En esta plaza me dijeron que
moraba Crisis: la que quiso más ganar aquí hacienda
con infamia, que vivir en su tierra honradamente con pobreza. Sus
bienes me pertenecen a mí por ley de parentesco. -Pero
allá veo unos de quien podré informarme-.
Estéis en buena hora.
|
|
MISIS.- Cielos, qué veo! ¿No este
Critón, el primo de Crisis? Él es.
|
|
CRITÓN.- ¡Hola, Misis!
¡Salud!
|
|
MISIS.- ¡Bien venido, Critón!
|
|
CRITÓN.- ¿Conque la pobre
Crisis...? ¡Ah!
|
|
MISIS.- ¡Más cuitadas nosotras, que
la hemos perdido!
|
|
CRITÓN.- ¿Y vosotras?
¿Cómo lo pasáis por acá? ¿Os va
bien?
|
|
MISIS.- ¿Nosotras? Según suele
decirse, lo pasamos como podemos, ya que no podemos como
queremos.
|
|
CRITÓN.- ¿Y Glicera?
¿Encontró al fin a sus padres?
|
|
MISIS.- Ojalá.
|
|
CRITÓN.- ¡Qué! ¿No
aún? No he venido yo acá con buena estrella. Por mi
vida, que si tal supiese no pusiera jamás los pies en esta
tierra. Porque siempre esa muchacha ha sido tenida y reputada por
hermana de Crisis; los bienes de Crisis ella los posee: y que yo,
forastero, me ponga ahora a pleitear, cuán fácil y
cuán provechoso me sea, por ejemplo de otros puedo verlo.
Fuera de que entiendo que ella tendrá ya algún amigo
y valedor; porque ya era grandecilla cuando de allá vino.
Daránme la vaya, diciendo que soy un picapleitos, y que voy
buscando Herencias con aire de mendigo. Además, yo no
querría despojarla...
|
|
MISIS.- ¡Oh, qué hermoso
corazón el tuyo! ¡El mismo eres de siempre!
|
|
CRITÓN.- Llévame a su casa: ya que
estoy aquí, quiero verla.
|
|
MISIS.- De muy buena voluntad.
|
|
DAVO.- Seguirelos. No quiero que en esta
sazón me vea el viejo.
|