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El melancólico

Comedia famosa del maestro Tirso de Molina

Tirso de Molina



[Nota preliminar: presentamos la edición de El melancólico de Fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina), basándonos en la edición de Blanca de los Ríos (Tirso de Molina, Obras dramáticas completas, Madrid, Aguilar, 1968, vol. I, pp. 220-265), cuya consulta recomendamos. Con el objetivo de facilitar la lectura del texto al público no especializado se opta por eliminar las marcas de editor, asumiendo, cuando lo creemos oportuno, las correcciones, reconstrucciones y enmiendas propuestas por Blanca de los Ríos.]



PERSONAS
 

 
LEONISA,   pastora.
FIRELA,   ídem.
CARLÍN   pastor.
ROGERIO   duque.
EL DUQUE DE BRETAÑA.
FILIPO,   caballero.
ENRIQUE,   conde.
CLEMENCIA,   duquesa.
PINARDO,   viejo.
UN PAJE.
RICARDO.
MÚSICOS.





ArribaAbajoActo I


Escena I

 

LEONISA y FIRELA, pastoras, con líos de ropa en las cabezas. CARLÍN, pastor.

 
FIRELA
Carlín, déjanos aquí;
no seas siempre pelmazo.
CARLÍN
Pues ¿qué importaba un abrazo,
si ves cuál ando tras ti?
FIRELA
¿Cuál andas?
CARLÍN
Cual te dé Dios
5
la salud: ando cual ves.
FIRELA
¿Cuál andas?
CARLÍN
Ando en dos pies,
porque andas tú en otros dos.
FIRELA
En cuatro fuera mejor,
que eres un asno.
CARLÍN
Si tratas
10
de que ande, Firela, a gatas,
a gatas anda el amor,
que es niño, aunque canas tien.
LEONISA
Déjanos ir a lavar,
que es tarde.
CARLÍN
Pues no han de hablar.
15
LEONISA
Déjale, Firela, y ven.
CARLÍN
¡Válgame Dios! ¿También ella
rezonga? Pues venga acá:
¿qué cuenta al cura dará
después, mi pastora bella, 20
si por no amarme me mata?
FIRELA
¡Oh, qué pesado que estás!
CARLÍN
El quinto, no matarás;
no matéis, Firela ingrata,
con desdén a las criaturas, 25
que tenéis, aunque gallarda,
mucho, Firela, de albarda
en esto de her mataduras.
FIRELA
Mira que estamos cargadas
con los líos de la ropa. 30
CARLÍN
Si no más de en eso topa,
¿hay con soltallo, y sentadas
escuchar la arenga larga
de mi amor? Soltaldos, ¡ea!,
que lo que el amor desea 35
es echarse con la carga.
Lejos está el lavadero;
escuchad mis desvaríos,
y yo os llevaré los líos.
LEONISA
Oye aqueste majadero 40
porque la ropa nos lleve
y acabe ya de cansarte,
que tengo a solas que hablarte.
FIRELA
Vaya.
CARLÍN
Vaya.
FIRELA
En breve.
CARLÍN
En breve.
Mi burro y yo...; no va bien, 45
que el burro no ha de ir delante:
yo y mi burro...; ¡qué ignorante!
Cuantos a un borrico ven
cargado, ¿no es cosa clara
que lleva al dueño tras sí 50
dándole de palos?
FIRELA
Sí.
CARLÍN
Pues llevando yo la vara
con que dalle, cuesta arriba
y cuesta abajo, a compás,
llevándome a mí detrás, 55
el burro delante iba.
LEONISA
¿Y eso importa para el cuento?
CARLÍN
¡Válgame Dios! De aquí arguyo
que es bien dalle lo que es suyo
también al pobre jumento. 60
FIRELA
Pasa adelante.
CARLÍN
¿Quién? ¡Yo!
Si adelante he de pasar,
no querrá el borrico andar,
porque si detrás no vo
se me eleva al primer paso, 65
que es bestia de mucho tiento.
FIRELA
Que pase adelante el cuento
te digo.
CARLÍN
Vamos al caso.
La borrica del barbero,
que venía del molino, 70
luego que vio a mi pollino
(no sé yo quién vio primero
a quién). Mi burro bajaba
y la borrica sobía;
la vista el burro ponía 75
en cada paso que daba.
La burra, al sobir la cuesta,
no le debió de mirar,
porque nunca suele alzar
los ojos, que es muy honesta. 80
LEONISA
Acaba ya.
CARLÍN
No se aburra;
mas diga: cuando se ven,
¿quién mira primero a quién,
amándose, el burro o burra?
FIRELA
Ambos a dos, si en tal caso 85
es igual la voluntad.
CARLÍN
Por Dios que decís verdad;
así hue: vamos al caso.
El burro, como se pica
de cortesano, al pasar, 90
a la burra hizo lugar;
mas díjole la borrica:
«No pasaré, ciertamente;
pase vuesa borriquencia».
Dijo él: «No haré en mi conciencia». 95
Yo, que estaba ya impaciente,
alzando la vara y voz,
le di un palo entre las cejas;
y ella, alzando las orejas,
le dio al borrico una coz 100
tal que ha menester braguero,
porque está el pobre quebrado.
El alcalde ha sentenciado
que la burra del barbero,
si mi burro lo consiente, 105
con él tien de desposarse,
porque el dar coz es casarse
por palabras de presente.
Mas yo por eso no paso.
FIRELA
Pues eso ¿qué tien que ver, 110
bestia, con darme a entender
el tu amor?
CARLÍN
Vamos al caso.
El dar coces, ¿no es, Firela,
querer desposarse dos?
Dadme, pues, una coz vos, 115
con botín o con chinela;
cuésteme una quebradura
(aunque os estará a vos mal),
que con esto no habrá tal
como ahorrar de baile y cura; 120
pues si por pleito se saca,
venimos los dos a ser
tan marido y tan mujer
como Adán y doña Urraca.
Y porque no es para más 125
y voy a buscar amigos,
deste concierto testigos,
porque no os volváis atrás,
los líos que os prometí
llevo a la huente veloz; 130
mas mirad do dais la coz,
no os quejéis después de mí.

 (Vase con los líos.) 



Escena II

 

LEONISA y FIRELA.

 
LEONISA
Es un tonto; déjale,
no hagas caso dél, Firela,
que cosas de más caudal 135
te quieren decir mis quejas.
Ese Rogerio, aquese hombre
que tiene el alma de piedra
en cuerpo de hueso y carne,
descuidado me desvela. 140
Ése, que todo lo sabe,
y haciendo del campo escuelas,
le llaman Fénix los sabios
en las armas y en las letras,
desdeñoso, presumido, 145
con saber todas las ciencias,
ignora las del amor,
que son las que el alma precia.
Bien sabes tú, mi pastora,
que me da nombre esta sierra, 150
verdadero, de cruel,
si mentiroso, de bella.
Aunque entre frisa y sayal
nací, serrana grosera,
en cuerpo humilde y villano 155
aposento un alma reina.
Caudalosos ganaderos
juran (podrá ser que mientan)
que el alma les tiranizo
cautiva de sus potencias. 160
¿Qué abril de la juventud
no me ofrece, si no pecha
entre esquilmos de intereses
tributos de gentilezas?
¿Qué tálamos de deseos 165
no son túmilos que enseñan
de desdenes homicidas,
esperanzas ya funestas?
¿Qué tronco no es ya letrado
a puras cifras y empresas, 170
libros de la voluntad,
del sencillo amor imprentas?
¿Hay fuente que no murmure
mi rigurosa aspereza?
¿Prado que no me retrate? 175
¿Eco que no me dé quejas?
Pues a todos soy ingrata.
Solo agradecida, necia,
a un hombre sabio, ignorante
que enamorado atormenta. 180
FIRELA
Rogerio, Leonisa mía,
que en tantas cosas diversas
se ocupa, no da al amor,
ociosa deidad, licencia.
Es padre suyo Pinardo, 185
y sucédele en la herencia
de estas fértiles montañas,
que rústicos pueblos cercan.
Tenémosle por señor,
y como tal le respetan 190
los frutos de aquestos valles,
que siempre le pagan renta.
No querrá humillar el alma
a pastoriles bellezas,
que entre sayales vasallos 195
se ensoberbece la seda.
Hale enseñado su padre
todas sus armas y ciencias,
porque le herede su ingenio
como el estado le hereda. 200
Las letras, según el cura,
causan al sabio soberbia.
Sabio es Rogerio; ¿qué mucho,
si lo es, que se ensoberbezca?
Tú, si bien la más hermosa, 205
eres hija de una aldea,
pajiza choza tu casa
y tu dote cien ovejas.
A la sombra de las canas
que obediente reverencias, 210
mil aldeanas te envidian,
mil zagales te desean.
¿Qué abril hay que en flor y en rama
no te entapice la puerta?
¿Qué mayo, en gigantes mayos, 215
que a tu puerta no amanezca?
Quiere a quien te quiere bien
y imposibles locos deja,
que del brocado y sayal
nunca se hizo buena mezcla. 220
LEONISA
Eso díselo tú al alma;
verás, amiga Firela,
qué de cosas te responde
en mi abono y su defensa.
¿El amor no es fuego?
FIRELA
Sí.
225
LEONISA
Y este, por naturaleza,
¿no sube lo más arriba
que es posible hasta su esfera?
FIRELA
Así será, pues que tú
lo afirmas, que eres discreta. 230
LEONISA
¿Pues qué importa que esté el fuego
cebado en la tosca leña
o en la despreciada paja?
¿Por eso es razón que pierda
su inclinación generosa 235
y que el subir no apetezca?
Pues ¿qué importa que mi amor,
cebado en alma grosera,
humilde sujeto abrace
si experimento en mí mesma 240
que, a pesar de mi ser tosco,
subir al valor intenta
de Rogerio, noble y rico,
que es centro donde sosiega?
Todas las almas, amiga, 245
son iguales: la materia
de los cuerpos solamente
hacen esa diferencia.
Alma noble me dio el Cielo.
No te espantes si con ella 250
el amor, fuego con alas,
intenta subir y vuela.
A Rogerio he de adorar.
FIRELA
Basta, que estás bachillera,
después que en Rogerio sabio 255
tus esperanzas alientas.
Vamos a lavar agora,
por ver si en la fuente templas
ardores tan desiguales.
LEONISA
No hayas tú miedo que pueda, 260
que es poca el agua del mar.
FIRELA
Los serranos que desdeñas,
¿qué han de hacer, si no los amas?
LEONISA
Que pues padezco, padezcan.
 

(Vanse.)

 


Escena III

 

ROGERIO, galán, y PINARDO.

 
PINARDO
Ya no tengo que enseñarte: 265
en la esgrima, tu destreza,
junto con tu fortaleza,
retratan en ti otro Marte;
la pintura verá su arte
eternizada por ti: 270
las liciones que te di
en la música, maestro
te han de llamar del más diestro,
cifrándole Apolo en ti.
Sutil dialéctico estás; 275
docto en la filosofía;
sabes de la astrología
lo que es lícito, y no más.
Metafísica podrás
enseñar a quien la enseña, 280
y aunque una parte pequeña
sabes de la arquitectura,
por ti Vitrubio asegura
el renombre que en ti empeña.
Versos haces extremados, 285
los que para un cuerdo bastan;
que los que a resmas los gastan
no están ya bien opinados.
Los términos no excusados
de la corte, en que publiques, 290
cuando al palacio te apliques,
lisonjas, estudiado has:
no falta, Rogerio, más
de que cuerdo los platiques.
ROGERIO
Si al padre se debe el ser, 295
y al maestro el ser de hombre,
y en ti de uno y otro el nombre,
señor, te llego a deber,
¿cómo podré agradecer
el doble ser que te debo? 300
Por padre, a darte me atrevo
gracias de eternos loores;
mas por maestro, mayores,
pues que me engendras de nuevo.
Dichoso yo, que traslado 305
vengo a ser de original
como el sol universal
de tanta ciencia adornado.
Mil cosas me has enseñado
que, como dices, quisiera 310
que alarde dellas hiciera
mi estudio y tu nombre claro:
que encierra el oro el avaro
y el noble lo ostenta fuera.
¿Qué aguardas, padre, en llevarme 315
a la corte?
PINARDO
Aun falta más;
que, puesto que docto estás
en todo y puedes honrarme,
temo desacreditarme
por otra parte.
ROGERIO
¿En qué modo,
320
si a tu gusto me acomodo?
PINARDO
Aunque tan sabio te siento,
voluntad y entendimiento
componen un hombre todo.
Y puesto que sea verdad 325
que al entendimiento debes
las letras con que te atreves
a cualquiera facultad,
no sé que la voluntad
en hombre te constituya, 330
pues es tan seca la tuya,
que muestras por experiencia
que te falta esta potencia
porque tu ser te destruya
tu juventud tan florida. 335
Cuando estímulos de amor,
desde el Rey hasta el pastor,
dan a sus incendios vida,
tú, que imagen esculpida
de bronce debes de ser, 340
¿has podido defender
de apacibles tiranías
el alma, si en piedras frías
se puede amor encender?
¡No te viera yo siquiera, 345
no digo amar, más gustar
de ser visto y de mirar
alguna cara hechicera!
¡Alguna vez no te viera
hurtar del estudio ratos, 350
y en los hermosos retratos,
del cielo de amor despojos,
tal vez descuidar los ojos,
que ya blasonan de ingratos!
¿Cómo podré yo atreverme 355
que vaya a la corte un hombre
(si es que merece este nombre)
quien entre las llamas duerme?
Voluntad que allá no enferme,
no es cortés, esto es verdad; 360
ni es bien que en tu sequedad
lleves, por hacerme agravio,
un entendimiento sabio
y una idiota voluntad.
ROGERIO
Aquí, señor, no hay sujeto 365
en que lograr esperanzas,
ni entre groseras labranzas
mi amor halla igual objeto.
Si me tienes por discreto,
y amor es similitud, 370
¿por qué culpas la quietud
que en mi libertad desprecias?
¿Es bien que serranas necias
malogren mi juventud?
Viva el alma libre y franca, 375
pues en su estudio me alegra.
PINARDO
Ensayar la espada negra
suele hacer diestra a la blanca.
Nunca tras el toro arranca
quien no ensayó su valor 380
en el novillo menor;
y un discreto, si lo ignoras,
llamaba a las labradoras
espadas negras de amor.
Si el filósofo admirable 385
llamó animal racional
al hombre, Platón, su igual,
le llama animal sociable.
El que no es comunicable
no es hombre, según Platón, 390
y siguiendo su opinión,
te hará tanta sequedad
bruto por la voluntad,
aunque hombre por la razón.
Si ver la corte pretendes, 395
como aprendiste a saber,
también aprende a querer,
que en verte un mármol me ofendes.
Ama del modo que entiendes
más apacible y humano, 400
porque en el palacio, es llano
que gradúa el menosprecio,
al más docto por más necio,
si es sabio y no es cortesano.

  (Vase.) 



Escena IV

 

ROGERIO, solo.

 
ROGERIO
Entre el amor y el desdén 405
mal la ciencia se conserva,
porque Venus y Minerva
jamás se llevaron bien.
Ojos que hermosuras ven
contra pasiones confusas, 410
no hallan a su daño excusas,
pues su ocupación distinta
deshonesta a Venus pinta
y vírgenes a las Musas.


Escena V

 

ROGERIO y CARLÍN, que aparece mojado y lleno de jabonaduras.

 
CARLÍN
¡Ay, cuál vengo! Amor, no más. 415
¡Huego de Dios en tal dios!
Yo me acordaré de vos.
ROGERIO
Pues, Carlín, ¿adónde vas?
CARLÍN
¡Ay!, nuesamo el mozo. A echarme
catorce bizmas.
ROGERIO
¿Caíste?
420
CARLÍN
En la cuesta o en el chiste.
¿De amor, podréis escucharme
cuatro gruesas de razones?
ROGERIO
¡Qué tales ellas serán!
CARLÍN
Y dichas. Pues fama os dan 425
que sabéis por seis salmones,
¿una traza no podréis
darme con que de Firela,
que es tramposa y me desvela
si no me ama, me venguéis? 430
ROGERIO
¿Yo?
CARLÍN
Porque no me reproche.
ROGERIO
De amor no sé jugar treta.
CARLÍN
Pues yo conozco poeta
que compra trazas de noche.
ROGERIO
¿Qué te ha sucedido?
CARLÍN
Estaba
435
en la huente, gorda y lucia
lavando, que lo que ensucia
mi amor, Firela, lo lava.
Parlaban las compañeras
(que todas nuestras serranas 440
por lo que tienen de ranas1
en el agua son parleras)
y dábanle con los mazos
en la ropa, que el regalo
que dan es jabón de palo, 445
arremangados los brazos.
Yo, que topé la ocasión,
llegueme a Firela y dije:
«Mi amor, que es niño y me afrige,
debe de ser pañolón, 450
porque tal vez huele mal
cuando triste a casa vuelvo
y el alma donde le envuelvo
hace oficio de pañal.
Cerapez tien, ¿qué os espanta? 455
Lavádmela, si os molesta,
que quien con niños se acuesta,
ya vos veis cuál se levanta».
«Que mos prace», respondieron
todas, asiendo los mazos... 460
¡Pardiós!, que a puros porrazos
las costillas me molieron.
Pegaban con tanta acucia,
que de miedo el alma helada,
creyendo salir lavada, 465
o suda, o vuelve más sucia.
Y a no llegar cortesanos
con el Duque en compañía,
llenas de volatería
como los cascos, las manos, 470
cazando, daban los mazos
en la huesa con Carlín.
Que ropa de mazo, en fin,
muere moza hecha pedazos.
Dadme algún remedio vos. 475
ROGERIO
¿El Duque ha salido a caza?
CARLÍN
A volar una picaza.
ROGERIO
¿Aquí cerca?
CARLÍN
Sí, por Dios;
y si no se me trabuca
el meollo, una mujer 480
machorra, que debe ser,
pues va a caballo, la Duca.
ROGERIO
No hay tal entretenimiento
cual la caza para mí.
Voile a ver.
CARLÍN
Y yo, que ahí
485
batanada el alma siento,
echarme cien bizmas trazo.
Para el enfermo de amor,
Firela es lindo doctor,
que le cura con un mazo. 490
 

(Vanse.)

 


Escena VI

 

El Conde ENRIQUE, CLEMENCIA, ambos bizarros, de caza.

 
ENRIQUE
Mientras el Duque caza
y en ejercicios nobles se embaraza,
oye, Clemencia mía,
desvelos de mi ciega fantasía:
darás, árbitro juez, en ellos traza 495
de mi vida o mi muerte
que estriban en gozarte o en perderte.2
Veniste de Borgoña
a darle a él la mano; a mí, ponzoña,
y siendo su sobrina, 500
hacerte esposa suya determina;
mas la llama por tierna, en mí bisoña,
hechizo de mis ojos,
si en él engendra gustos, en mí enojos.
Sobrino y heredero 505
soy suyo y de sus deudos el primero.
Su vida es imposible
que dilate más tiempo el infalible
censo fatal, que en vasallaje fiero,
a la tirana ingrata 510
tributa el mozo en oro, el viejo en plata.
CLEMENCIA
¿Qué sacas de todo eso?


Escena VII

 

Dichos y el DUQUE, oculto.

 
DUQUE
Es vieja la sospecha, amor sin seso,
y Enrique con Clemencia,
creciendo celos, menguan mi paciencia. 515
Yo soy viejo, ella moza y él travieso:
tras ellos mi sospecha
me trae, que amor con celos, siempre acecha.
ENRIQUE
Si al Duque al fin heredo,
y en verde mocedad, Clemencia, puedo 520
en tálamos iguales
amarte esposo y remediar mis males,
¿cuánto mejor te está gozar sin miedo
de caducos engaños,
florida juventud que helados años? 525
No ofendas tal tesoro,
ni con fallida plata mezcles oro
de preciosos quilates,
pues cuando al ciego amor coyundas ates,
si bien te quiere el Duque, yo te adoro, 530
ni tan hermoso espejo
niegue objetos a un mozo por un viejo.
DUQUE
¡Oh, amante lisonjero!
No serás, si yo puedo, mi heredero;
que no es bien me suceda 535
deudo que en vida lo mejor me hereda.
Hijo tengo, retrato verdadero,
que a quien es corresponde.
Pero veamos lo que dice al Conde.
CLEMENCIA
Enrique: en la tutela 540
del Duque, que en amarme se desvela,
quedé desde la cuna,
muertos mis padres; y en igual fortuna,
el tiempo de mi edad, que joven vuela,
conoce satisfecho 545
la poca falta que con él me han hecho.
Duquesa me obedece
Orliens, estado Real; si me apetece
mi tío de Bretaña;
y el fuego de mi amor la nieve engaña, 550
que este hechicero amor rejuvenece,
no sé que el gusto mío
admita ver esposo a quien ve tío.
Ataja tú esos daños
y persuade sus nestóreos años, 555
que yo le obedezco,
no amante, padre sí, la mano ofrezco
a quien, cuando consulte desengaños,
el Duque me dedique.
ENRIQUE
Espera. 560
CLEMENCIA
Harto os he dicho, Conde Enrique.

  (Vase CLEMENCIA.) 



Escena VIII

 

El Conde ENRIQUE y el DUQUE, oculto.

 
ENRIQUE
Harto, y tanto, que dudo
si estoy despierto o sueño. Dios desnudo,
pues que rapaz te llamas,
destierren canas tus sabrosas llamas, 565
que tu reino jamás sufrillas pudo.
Al Duque desengaña.
Dame a Clemencia, amor; dame a Bretaña.

 (Vase.) 



Escena IX

 

El DUQUE, solo.

 
DUQUE
Ni a Bretaña, ni a Clemencia,
que tengo ya sucesor: 570
menos impulsos, mi amor;
y mis canas, más prudencia.
La Duquesa ha dicho bien;
no dice mi senectud
con la verde juventud 575
que en su edad mis ojos ven.
Sucesores deseaba
que legítimos en ella
me heredasen, mas la estrella
que en Rogerio Francia alaba, 580
me inclina a que de Bretaña
el ducado ilustre herede
y el Conde Enrique se quede
con la opinión que le engaña.
Hijo es mío natural 585
mi Rogerio, y la prudencia
que hace a mi amor resistencia
le dará mujer igual.

 (Vase.) 



Escena X

 

PINARDO y ROGERIO.

 
ROGERIO
Ya he vuelto por la opinión
que perdió mi voluntad 590
por seca y sin afición;
ya, señor, la autoridad
y sentencia de Platón
puede definirme en hombre;
pues si es animal sociable, 595
porque en ti el amor te asombre,
una belleza agradable
me ha honrado con este nombre.
Yo estoy tan enamorado
que no sé si vivo en mí. 600
PINARDO
¿Tan presto?
ROGERIO
Es precipitado
amor. Vine, vi y perdí
la libertad, no el cuidado.
Ya juzgaré por mejor
potencia la voluntad 605
que el entendimiento; amor,
de su noble facultad
hoy me ha hecho profesor:
desde hoy cursaré su escuela.
PINARDO
Rogerio, perdido estás. 610
ROGERIO
Amor, como es ave y vuela,
llegó presto. Oye, y sabrás
la causa que me desvela.
La caza, ocupación que al noble muestra
del trato militar cifras y sumas, 615
al Duque trajo a la comarca nuestra,
que yo solía gozar, porque presumas
que el ver servir al viento de palestra
a escaramuzas de enemigas sumas,
mi natural inclina, venturoso, 620
en ser símil del tuyo generoso.
Emboscose, perdile, y a la fuente
del arrayán, guiando amor mi paso,
la humildad contemplaba de su oriente,
la soberbia, ya río, de su ocaso, 625
cuando vagando amor por su corriente,
corrida su deidad del poco caso
que hacía de sus llamas mi sosiego,
rayos de agua forjó, si antes de fuego.
Una serrana, entre otras lavanderas, 630
cristales con cristales afrentaba
lavando linos y aumentando esferas
en círculos de plata, que acendraba.
Espejos eran todos; donde vieras
que el sol con sus reflejos retrataba, 635
no ciego, lince sí, bellos despojos,
dando ojos a la ropa y a amor ojos.
Esta es vasalla nuestra, esta es Leonisa,
de libres presunciones vengadora,
que flores crece cuando flores pisa, 640
perlas produce cuando perlas llora.
Pagaba el agua en sucesiva risa
contactos suyos, más murmuradora
que otras veces, que en ver que no podía
cursos parar, corriendo se corría. 645
Presas madejas, no de las que a Febo
peina el aurora, que esas son de oro,
de ébano sí, que estima el uso nuevo,
cabellos negros, no rubio tesoro,
en un jardín de red, cárcel que apruebo 650
si es bien tener en la prisión que adoro
grillos de voluntades, que traviesos,
más almas prenden, cuando están más presos.
Blanca gorguera, abierta lechuguilla,
guarnecida de puntas, mejor flechas 655
que entre limpia camisa, maravilla
será si ves sus pechos y no pechas.
Ribeteado sayuelo de palmilla
verde en color, azul en mis sospechas,
mangas presas al hombro, cuyo lino 660
humano fue esta vez con lo divino.
Gozaba el agua lo demás que callo,
puesto que bien pudiera por viriles,
cuando no distinguillo, penetrallo.
Los ojos del amor, argos sutiles 665
de mi vasalla, en fin, siendo vasallo,
criminales deseos, en civiles
ejercicios, de estudios ocupados,
a nuevo amor dan ya nuevos cuidados.
No sé lo que le dije, divertido; 670
mas sé que respondiéndome agradable,
mudó palabras al mayor sentido,
si amor ciego, por ojos es bien que hable.
Tus consejos, señor, ya he cumplido;
hombre soy con Platón comunicable: 675
no dirás, si intratable daba nota,
que ya me agravia voluntad idiota.
PINARDO
Ni tanto, hijo, ni tan poco;
ni en amar tan descuidado,
ni de suerte enamorado, 680
que de libre des en loco.
De dos extremos contrarios
un medio se perficiona;
la sequedad te ocasiona
a efectos extraordinarios, 685
y el amor que agora adquieres
en cosa tan desigual,
de tu noble natural
te ha de hacer que degeneres;
a todo pondrás remedio 690
si ves que para querer,
el cuerdo no ha de escoger
por fin lo que solo es medio.
Quita tú de aquese amor
lo superfluo, y quedará 695
en buen punto.
ROGERIO
No será
posible eso ya, señor.
La memoria, que por tarda
con dificultad aprehende,
lo que difícil entiende, 700
sin olvidarlo lo guarda.
Yo, que en la memoria tengo
esta vez la voluntad,
si puse dificultad
en amar, y ya prevengo, 705
prenda, en que mi gusto aviva,
al ángel he de imitar
en no saber olvidar
porque eterno en ella viva.
PINARDO
¿Hay mudanza semejante? 710


Escena XI

 

Dichos y CARLÍN.

 
CARLÍN
Nuesamo, los dos Duquesos,
con pájaros y sabuesos,
están en casa.
PINARDO
Ignorante:
¿Qué dices?
CARLÍN
Que en casa están
los dos Ducos, hembra y macho. 715
¿Pensará que estó borracho?
Pues ya llegan al zaguán.
PINARDO
¡Válgame el cielo! Salgamos
a recebillos.
CARLÍN
¡Verás!,
de rondón se entran acá. 720
Boda hay hoy; cena esperamos.


Escena XII

 

Dichos. Salen por una puerta el DUQUE, CLEMENCIA y ENRIQUE. Por otra, LEONISA y FIRELA, con líos llenos de flores, y músicos, con vestimenta de labradores.

 
MÚSICOS
Que el clavel y la rosa,
¿cuál era más hermosa?
UNO
El clavel, lindo en color,
y la rosa, todo amor; 725
el jazmín de honesto olor,
la azucena religiosa.
MÚSICOS
¿Cuál es la más hermosa?
UNO
La violeta enamorada,
la retama encaramada, 730
la madreselva mezclada,
la flor de lino celosa.
MÚSICOS
¿Cuál es más hermosa?
Que el clavel y la rosa,
¿cuál era más hermosa? 735
PINARDO - LEONISA
Mucho debe, gran señor,
a vuestra casa esta quinta,
pues por ella aquesta vez,
para honrarnos, la visita.
DUQUE
¡Oh Pinardo!, ya que a vos 740
de nuestra corte os retira
la quietud de aquestos campos,
envidiando vuestra vida,
pues no me veis, vengo a veros.
LEONISA
Rogerio, Firela mía, 745
a pesar de resistencias,
a mi amor añade dichas.
Como te digo, es mi amante.
¿No ves el alma en su vista
con más ojos que pestañas, 750
porque sus penas me digan?
FIRELA
¡Qué no podrán los hechizos
de tu gracia, Leonisa!,
pues las llamas de tu honor
has cebado en agua fría. 755
DUQUE
Si tenéis tales serranas,
Pinardo, no es maravilla
que olvidéis telas de Corte
por aldeanas palmillas.
¡Qué curiosas lavanderas! 760
LEONISA
A lo menos, señor, limpias,
libres de los badulaques
que allá a las damas empringan.
ROGERIO

  (Aparte.) 

¡Ay, serrana de mis ojos!,
¡qué bien dicen!, ¡qué bien pintas 765
la diferencia que al arte
hacen bellezas sencillas!
CARLÍN
Lavan la ropa de casa,
señor, Firela y Leonisa,
y hay pastor que les da a vueltas 770
el alma, de las camisas.
Pero hay mazo lavandero
que desmenuza costillas
y batana enamorados:
mis espaldas se lo digan. 775
DUQUE
¿Qué os parecen, mi Clemencia,
las lavanderas?
CLEMENCIA
Que obligan
a su alabanza los ojos
y las almas a su envidia.
CARLÍN
¡Oh!, pues si lavar las viera 780
un menudo con sus tripas
y henchir de sangre y cebolla
un obispillo sin mitra,
yo sé, por más que es duqueso,
que, sin buscar gollerías, 785
a la comida y la cena
no pidiera son morcillas.
PINARDO
Rústico, apártate allá.
DUQUE
Dejadle, por vida mía,
que tiene donaire extraño. 790
CARLÍN
Principalmente esta niña,
que ahorra de suerte el agua,
que hizo un vientre el otro día
sin gastar más de un caldero:
¡mirad si es barata y limpia! 795
DUQUE

 (Por ROGERIO.) 

Este mancebo, ¿quién es?
PINARDO
Mi hijo, y en quien se cifra,
gran señor, mi sangre y casa.
CARLÍN
Perdiósele el otro día,
señor, la escofieta al cura, 800
que hay quien dice que tien tiña,
y con Firela cenando,
la halló dentro una morcilla.
ROGERIO
Deme los pies vuestra alteza.
DUQUE

 (Aparte.) 

¡Cielos! ¿No fuera injusticia 805
a tal presencia negalle
mi sucesión, siendo digna
de la corona de Francia?
Mi hijo es, y imagen misma
de la prenda milagrosa 810
que en el cielo estrellas pisa.
Alzad. ¿Cómo es vuestro nombre?
ROGERIO
Gran señor, Rogerio.
DUQUE

 (Aparte.) 

Admita
Bretaña por su señor
tan heroica gallardía, 815
que Enrique no lo ha de ser.
ROGERIO

 (Aparte.) 

Suspenso el Duque me mira.
DUQUE
Pues no ha de heredarme en muerte
quien piensa heredarme en vida.
Pinardo, ya que las canas 820
lícitamente os jubilan
de la asistencia en mi corte,
Rogerio es bien que la siga.
Conmigo quiero llevarle.
ROGERIO
¡Ay cielos!
LEONISA
¿Qué es esto, amiga?
825
¿Hoy amada y hoy ausente?
FIRELA
Quien bien ama tarde olvida.
PINARDO
Ha cumplido vuestra alteza
en esa acción con distintas
esperanzas y deseos. 830
Lo primero, con las mías,
viendo que en Rogerio puede
datos mi vejez prolija
traslado de original,
que mi fe y lealtad imita. 835
Y con las suyas, señor,
porque de suerte se inclina
a serviros en la corte,
que importuno cada día
mi tibieza reprehende. 840
ROGERIO

 (Aparte.) 

¡Ay, serrana de mi vida!
¡Ojalá que estas verdades
no fueran por ti mentiras!
Pretendí ser cortesano
antes de verte: ya vista, 845
la corte será desierto
que ausente de ti me aflija.
DUQUE
Hoy, Rogerio, según esto,
vuestra esperanza es cumplida.
Trocáis por la corte, campos, 850
y por palacios las quintas.
ROGERIO
Honrándome vuestra alteza
por tan clara mejoría,
¿qué interés es despreciar
lo que en sí no tiene estima? 855
 

(El DUQUE y PINARDO, a una parte; CLEMENCIA y ENRIQUE, a otra; LEONISA con ROGERIO, también en otra parte, y un poco apartados de estos grupos, CARLÍN y FIRELA.)

 
DUQUE
Escuchad, Pinardo, aparte.
ENRIQUE

 (A CLEMENCIA.) 

Creed de mí, hermosa prima,
que si no le persüado,
y el Duque viejo porfía,
he de perder a Bretaña. 860
CLEMENCIA
Téngole amor de sobrina,
y aunque le desdeño amante,
no será bien que permita
desacatos licenciosos.
ROGERIO

 (A LEONISA.) 

No merecen mis desdichas 865
dulce hechizo de mi alma,
duración en su alegría.
Hoy os amé y hoy me parto.
¡Amor y ausencia en un día!
¡Pena y gloria en un instante! 870
Si no acaban con la vida,
no son efetos de amor.
LEONISA
Sin vos, Rogerio, la mía,
que ha tanto que sustentaba
su esperanza en vuestra vista, 875
peor lo habré de pasar;
que vos, en fin, cuya herida,
por nueva no es penetrante,
presto hallaréis medicina.
¿A qué desierto os partís 880
sino a la corte, en que habitan
entre hermosuras y engaños,
amorosas tiranías?
¡Pobre de quien sola queda!
ROGERIO
¿Borran años, prenda mía, 885
señales que en un instante
el rayo en bronce eterniza?
¿Pueden injurias del tiempo,
memorias de las ruinas
que a Troya han dado tragedias, 890
aniquilar, ni aun cenizas?
¿Pues por qué rayos de amor
no quieres que eternos vivan
en una voluntad bronce,
que victoriosas conquistas? 895
Inmóvil soy a mudanzas.
LEONISA
Que se cumpla y no se diga
es, Rogerio, lo que importa.
ROGERIO
¿Qué temes?
LEONISA
Circes que hechizan.
ROGERIO
Ulises Soy.
LEONISA
Todo engaños.
900
ROGERIO
Tú me agravias.
LEONISA
Tú me olvidas.
ROGERIO
¡Yo! ¿Cómo?
LEONISA
Como te ausentas.
ROGERIO
En ti me quedo.
LEONISA
¿En mí misma?
ROGERIO
Sí, mi bien.
LEONISA
¡Ay, que eres hombre!
ROGERIO
Hombre y firme.
LEONISA
¿Quién lo afirma?
905
ROGERIO
Quien te adora.
LEONISA
Jura.
ROGERIO
Juro.
CARLÍN
¡Arre allá! Que el Duque os mira.
DUQUE
¿Que es tan sabio? ¿Que es tan diestro?
PINARDO
Es, gran señor, copia y cifra
de tus hazañas y letras. 910
ENRIQUE
No querrá el amor que viva
para dilatar mi gloria,
y dar a tu edad florida
el enero de sus años,
que la tuya esterilizan. 915
CLEMENCIA
Dele Dios, Enrique, al Duque
salud con tan larga vida,
como en mí crecen deseos
de que en su amor no prosiga.
LEONISA
En fin, Rogerio, ¿os partís? 920
ROGERIO
Luego que yo vi, Leonisa,
mi primero amor en agua,
pronostiqué su rüina.
¡Qué fácilmente se enturbian
sus esferas cristalinas! 925
¡Qué fácil desaparecen
dando a sus corrientes prisa!
LEONISA
No dista mucho la corte
destas soledades.
ROGERIO
Dista
lo que basta para estorbo 930
de verte yo cada día.
LEONISA
Cazas hay que amor inventa,
garzas nuestros bosques crían;
amor es todo ocasión
si la ausencia no le entibia; 935
si vos la buscáis, Rogerio,
yo haré también de las mías
para iros a ver allá.
ROGERIO
Cumple tú eso, Leonisa,
volverás el alma a un muerto 940
y verás que resucitan
las veces que a verme fueres
mis esperanzas marchitas.
LEONISA
Ya querréis otra.
ROGERIO
¿Yo, a quién?
LEONISA
Hay allá damas que pisan 945
plata en corchos coronados.
ROGERIO
De su mudanza me avisan.
LEONISA
Arrastran telas.
ROGERIO
¿Qué importa?
LEONISA
¿Pues qué estimáis vos?
ROGERIO
Tu frisa.
LEONISA
¿Más que el brocado?
ROGERIO
¡Pues no!
950
LEONISA
¿Por qué, si es tosca?
ROGERIO
Es sencilla.
LEONISA
Traen cadenas.
ROGERIO
Son prisiones.
LEONISA
Traen firmezas.
ROGERIO
Son postizas.
LEONISA
Traen diamantes.
ROGERIO
Son engaños.
CARLÍN
¡Arre allá! Que el Duco os mira. 955
DUQUE
Casarele con Clemencia,
si el Papa le legitima,
y sucederá en mi Estado.
PINARDO
Sola su hermosura es digna
del esposo que la ofreces. 960
ROGERIO
¿Permitirás que te escriba?
LEONISA
Si las cartas son la sal
que conserva amor, ¿quién quita
que no escribáis por instantes?
ROGERIO
¿Sabes leer?
LEONISA
La cartilla
965
de tu amor, donde comienzo
el A, B, C, de mis desdichas.
ROGERIO
¿Y escribir sabrás?
LEONISA
También;
pues siendo de amor pupila,
plumas serán pensamientos 970
y lágrimas darán tinta.
ROGERIO
¿De quién podremos fiarnos?
LEONISA
De Carlín, cuyas malicias
son en toda aquesta sierra
sin perjüicio y de risa. 975
ROGERIO
En fin, ¿no me olvidarás?
LEONISA
Amor labrador no olvida.
ROGERIO
¿Serás firme?
LEONISA
Seré bronce.
CARLÍN
¡Arré allá! Que el Duco os mira.
DUQUE
Ya me parece que es hora 980
que nos partamos, sobrina.
Traigan, Conde, los caballos.
CARLÍN
Boca abajo, el zaguán pisan.
DUQUE
Venga conmigo Rogerio.
PINARDO
¡Gracias a Dios que cumplidas, 985
hijo, ves tus esperanzas!
Letras, armas, cortesía
te he enseñado. Si con ellas,
entre enredos y mentiras,
te conservas, bien logradas 990
serán las liciones mías.
¡Hágate dichoso el cielo!
ROGERIO
Adiós, señor. Mi Leonisa,
esto es partir.
CARLÍN
Con dolores,
porque es parto con partida. 995
ROGERIO
No me olvides.
LEONISA
¿Cómo puedo?
ROGERIO
¿Irasme a ver?
LEONISA
Cada día.
ROGERIO
Adiós.
LEONISA
Adiós.
ROGERIO
¡Ay, mi bien!
CARLÍN
¡Arre allá! Que el Duco os mira.



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