—89→
De los libros poéticos de la época final de Neruda dos revisten particular importancia, desde el punto de vista de la constante alternancia entre desaliento y esperanza: Fin de mundo y La espada encendida. El primero aparece en 1969; el segundo, en 1970.
Fin de mundo destaca la radical preocupación de Neruda por el destino del hombre. El título mismo atestigua la participación angustiada del poeta a la condición dramática de la humanidad al final del siglo XX, un siglo funestado por guerras atroces, dictaduras, campos de exterminio, delitos contra la persona y los estados. Más de una vez Neruda ha subrayado el significado de su poesía como participación activa a la lucha del hombre. Lo confirmaría también en 1971, en su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Nobel:
|
Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes que reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino —90→ también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía186. |
Pasaje que alude
también no solamente a las posibles equivocaciones
populares, sino a las del poeta, problema que viene atormentando a
Neruda desde que se declara asaltado por un improviso «concurso de tinieblas»
, que parece
poner en duda muchas cosas, destacar sus errores de perspectiva en
la individuación de los hombres que debían
representar el bien187.
El recuerdo de los versos dedicados a Stalin no deja de atormentar
al poeta, que con insistencia vuelve a tratar el argumento, a
partir del Memorial de Isla Negra188,
a pesar de que en varias ocasiones había expresado su
inconformidad con el sistema, denunciando su cansancio frente a las
estatuas, a los «burros de la
energía»189
.
En Fin de
mundo Neruda proclama su rechazo por las «caras sin sonrisa»
, los «terribles retratos»
, los hombres que,
como Stalin y Mao, imponiendo el culto de su persona y una
rígida organización del mundo, esclavizaban a la
humanidad190.
Él veía al hombre hundido en una atmósfera
sombría, rodeado por señales terribles anunciando su
destrucción; más que un ser poderoso, era un ser
sitiado, —91→
ya vencido, como lo había interpretado en la primera
Residencia en la tierra191.
Frente a esta
situación dramática Neruda reacciona, insistiendo una
vez más acerca de la inevitabilidad de un cambio, cultivando
la esperanza, razón primera de su ser poeta. Fin de
mundo se desarrolla entre perspectivas de catástrofe y
de salvación. El poeta consigna el sentido de su
misión en un verso significativo: «Mi deber es vivir, morir,
vivir»192
.
Él mismo explicó este verso, afirmando que con su
participación en la vida del hombre el poeta vive y muere
con él y vuelve a vivir porque se trata de un ser
«infinito» y que, a pesar de las muchas muertes
individuales, no termina; deber del poeta es, por consiguiente,
seguir infundiendo esperanza193.
En su libro Neruda muestra la cara más negativa de la realidad, cuando el siglo ha llegado a su fin y gran parte de las ilusiones han fracasado; observa con angustia las cosas, interpreta negativamente el mensaje de una edad en la que las perspectivas positivas han ido borrándose progresivamente, dando paso a la desesperanza. La era de paz y de hermandad esperada después de la Segunda Guerra Mundial no tuvo siquiera comienzo, y en las décadas finales del siglo la muerte del Che, la desaparición de los líderes de la independencia africana, la larga y espantosa guerra en Viet Nam, los trágicos acontecimientos de Praga, ofuscaron el —92→ significado positivo de acontecimientos como la revolución cubana. Todo fue fruto de una paz que brotó de la violencia: la bomba atómica dejada caer sobre Hiroshima.
De todo esto
procede, según Neruda, el trastorno del mundo. De la
«usina total de la muerte»
,
del «núcleo
desencadenado»
, salió la gran amenaza para el
futuro, que lleva al suicidio el universo194.
El poeta observa preocupado al hombre que procrea en el tormento y
vive en la perspectiva de ser destruido por la bomba, devorado por
mandíbulas de máquinas feroces, aplastado por un
tanque. La máquina es el símbolo de la edad infeliz;
la eficiencia aparente del mundo, mito engañoso de la
modernidad, es la causa del agotarse de las cualidades humanas,
motivo de infelicidad y de muerte.
Con dolor
partícipe el poeta observa el fracaso miserable del siglo:
la naturaleza es un bien perdido; la inocencia está sometida
a martirio; los niños sucumben sin culpa en la recurrente
enfermedad de la guerra; el bien supremo de la convivencia se
pierde. La muerte vuelve a ser presencia dominante y acentúa
el sentido de orfandad que domina al ser creado, ante el derrumbe
de los mitos en los que había creído y la ausencia de
Dios. Los objetos denuncian trágicamente la insignificancia
del ser humano: un sombrero caído, un zapato quemado, un
montón «póstumo»
de anteojos, un hombre, una mujer, una ciudad vueltos ceniza,
denuncian la locura del siglo que criminalmente fabrica las armas
para su propia destrucción195.
En la enumeración morosa de los objetos, en la alusión a los cuerpos difuntos, a las construcciones lábiles y vanas ante —93→ la furia destructora, la participación de Neruda en el drama se expresa con desgarrada ternura. En su visión del mundo acude a símbolos de larga tradición negativa en su poesía, cuyo significado revoluciona: es el caso de los anteojos, que siempre en la poesía nerudiana significaron lo repulsivo de la vida y que, al contrario, en Fin de mundo, pasan a expresar la fragilidad de la naturaleza humana; lo mismo se puede decir de zapatos y sombrero, que asumen un significado tierno, en cuanto objetos que pertenecieron a seres que la guerra ha destruido. La condición desamparada del hombre frente al desastre es eficazmente representada en la mención del juguete que sobrevive a la desaparición de la niña quemada por el napalm en Viet Nam; las cuencas vacías de la muñeca denuncian duramente el crimen:
|
La imagen del
fuego que destruye al hombre tiene larga tradición en la
poesía nerudiana; su origen se encuentra en su temprana
experiencia asiática. Pero en el poema «Las
guerras», de Fin de mundo, el significado
trágico se acentúa debido a la inocencia de la joven
víctima. Neruda considera siempre el asalto de la muerte
como improviso y traicionero, y con frecuencia añade al tema
una nota aguda de tierna —94→
melancolía, como cuando en «Fin de
fiesta», de los Cantos ceremoniales197,
contempla la triste ausencia en torno a la mesa de seres queridos.
De la humanidad perseguida, hostigada y humillada, Neruda da en
Fin de mundo una interpretación particularmente
amarga. En «Walking
around», de la segunda Residencia en la
tierra198,
la ropa colgada de un alambre lloraba negativas «lentas lágrimas sucias»
, y
ahora, en el poema «Las guerras», del nuevo libro, la
ropa puesta a secar pasa a denunciar con ternura la tragedia del
ausente:
|
La denuncia
nerudiana va continuamente de lo exterior a lo interior. La
consideración de la condición humana acentúa
en el poeta también la conciencia de su culpa personal, que
consiste en haber seguido viviendo «cuando mataban a los otros»
, y
haberle acaso robado la vida a quien era mejor199.
Fin de
mundo es un momento relevante de aquel hombre que en
Estravagario se definió «claro y confundido»
, pero ya no
«alegre»200
.
Neruda ha llegado a un momento —95→
decisivo de su vida, en el cual se impone un balance, lo que
implica un juicio sobre el tiempo que le ha tocado vivir.
Más que nunca él se siente parte integrante del
momento histórico y si el siglo se le presenta
«tristísimo», si las negatividades se acumulan
en la cuenta final -«Yo conté las
manos cortadas / y las montañas de ceniza/ y los cabellos
sin cabeza»201-
,
nada rechaza de su experiencia, feliz e infeliz, de dolor y de
alegría, las linfas fortalecedoras del pasado, las
raíces y la hojarasca, todo lo que le enseñó a
entenderse a sí mismo, a «volar
más alto»202
.
Tampoco rechaza el
hecho de haber «paseado de rama en
rama»203
,
de haber identificado sus ojos con las hojas, para al final no
haber aprendido nada definitivo204;
siquiera la experiencia del exilio, la de haber amado profundamente
al hombre a través de tantas manifestaciones de injusticia y
de muerte, o la de haber pasado por la cruel experiencia de la
guerra civil española205.
Todo ha dado un significado a la vida del poeta, haciéndolo
testigo del tiempo, intérprete angustiado del siglo. Lo que
Neruda en realidad siente es no haber encontrado respuesta a las
inquietantes preguntas que atormentaron su vida, no haber alcanzado
la razón verdadera de las cosas:
|
—96→
La
problemática nerudiana gira continuamente en torno al
porqué del hombre y del mundo. El mar, símbolo de la
eternidad del tiempo y de su indiferencia ante el transcurso
humano, como ya lo había cantado en
Estravagario207,
vuelve en Fin de mundo a reconocer al poeta, pero sin
aclararle con su fría lección el misterio de la vida,
sin abrirse a ninguna respuesta concreta208.
«Heroico y simultáneo»
,
el mar no explica la complicada índole de los
acontecimientos, permanece sólo testigo de sangre y de
tormento209.
Debido a esta ansia de conocimiento nunca satisfecha, Neruda vuelve con más fuerza a afirmar la razón inevitable y el significado de su canto. Frente al abandono, a la soledad que rodea al hombre, el poeta siente que debe enarbolar su bandera de esperanzas, sin creerse superior a los demás, humillándose, más bien, con un sentimiento de culpa por la forzosa complicidad:
|
Fin de
mundo se cierra sobre una fecha, 1970, y una perspectiva de
otros treinta años inciertos. En Neruda permanece la duda en
torno a si serán «flores» o «fuego»,
si reservarán cosas positivas o negativas211.
Pero, por encima de angustias y dudas, él afirma el valor de
su compromiso para conservar la ternura en el mundo y, por encima
del crepúsculo del siglo negativo la permanencia del
«hombre infinito»
,
—97→
el hombre que, en otra época, había definido
«más grande que el mar y que sus
islas»212
.
Abandonarlo a sí mismo, dejarlo hundirse en el desaliento,
sería traicionarle, faltar a su misión, la de
indicarle «otros caminos
incesantes»213
.
La colección poética que sigue a Fin de mundo, La espada encendida, contrasta con la anterior en el sentido de que representa una recuperación positiva. El libro es el que menos han considerado los comentaristas y, sin embargo, es uno de los textos más significativos de Neruda desde el punto de vista ideológico. Él lo publicó con la ocasión de sus sesenta y cinco años; texto de particular relieve por los acentos dramáticos con que manifiesta su preocupación por el destino de la humanidad.
Fin de
mundo debe considerarse como el punto de partida de La
espada encendida, no tanto por el mensaje final de esperanza
en el «hombre infinito» y en el encuentro, por encima
de toda experiencia negativa214,
con algo positivo -«encontraremos la
alegría / en el planeta más
amargo»215-
,
sino en cuanto reacción ulterior al panorama lóbrego
del mundo. Triste planeta el nuestro, que tiene sin embargo el
poder de dar vida al amor y que por ello en 2000216
Neruda considerará sagrado, en cuanto origen y sustento del
hombre217.
En La espada encendida el poeta chileno cuenta la fábula del último ser humano en la tierra, su nuevo nacimiento a través del amor, el alba nueva de la humanidad. El epígrafe al texto es un pasaje del Génesis218, donde se alude a la pareja que, por no haber respetado los mandamientos de Dios, llegó al conocimiento a través del pecado y fue expulsada del paraíso terrenal, a cuya custodia fueron puestos dos querubines con una espada de fuego para impedir el acceso al árbol de la vida.
En el texto de la
«Vulgata»: Dios «Ejecitque Adam: et collocavit
ante paradisum voluptatis Cherubin, et flammeum gladium atque
versatilem, ad custodiendam viam ligni vitae»
.
No hay que olvidar que el primer hijo de la infeliz pareja fue Caín, el segundo Abel. La tragedia de la humanidad empieza allí. Cuando Adán es obligado a salir del Edén lo sigue, unida a él en la condena y la expiación, su compañera, causa de su pérdida por haber cedido a las seducciones de la serpiente. La pareja bíblica ingresa así en un mundo hostil, bajo el peso de la maldición divina.
En el poema nerudiano la situación es distinta y el epígrafe tiene la función de proyectar una luz en cierto modo sagrada sobre los protagonistas, hijos finales de un siglo atormentado, el denunciado en Fin de mundo. Con gran sensibilidad Neruda va presentando la segunda fundación de la humanidad en un halo sugestivo de misterio.
Antes de que
inicie el poema, un breve pasaje en prosa expone el argumento y
ofrece la clave interpretativa del texto. Mediante este recurso se
aclara la condición de la segunda pareja humana destinada a
la nueva fundación —99→
del mundo. Rhodo es un fugitivo de las «grandes devastaciones»
que acabaron
con la humanidad; Rosía es una joven que se evadió de
la áurea «Ciudad de los
Césares»219
.
Para el lector no familiarizado con los mitos y las leyendas
americanos una nota explicativa cierra el libro, en intencional
relieve tipográfico, sacada de la obra de Julio
Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones de Chile,
editada en Santiago en 1919; la nota tiene la función de
acentuar el clima de misterio, el halo de leyenda, con la
alusión a una ciudad encantada de la que durante siglos
voló la fama, sin que fuera posible comprobar su existencia:
perdida entre los cerros de los Andes, a orillas de un gran lago,
en un sitio que ningún indígena podía revelar,
so pena de muerte, el mito se hacía eco, acaso, de la
misteriosa ciudad de los Incas que los españoles nunca
encontraron y que sólo en época reciente se
descubrió.
La atmósfera en la que el poema se libra va construyéndose a través de la acumulación de momentos igualmente míticos y fabulosos: los orígenes bíblicos, la leyenda renacentista de la ciudad áurea, la apocalíptica alusión a la catástrofe de la humanidad en el fin del segundo milenio, reflejo de una destrucción atómica. En este clima se desarrolla la fábula de Rhodo y Rosía, su predestinada historia.
Neruda da inicio a su canto presentando un panorama de civilizaciones difuntas, ecos remotos de un mundo reducido a escombros, días hundidos en las tinieblas:
—100→El poeta se siente
llamado a ser testigo y cantor de la agonía del mundo. El
dato autobiográfico en el poema, como siempre, domina. En
los versos citados percibimos los ecos persistentes de otros
momentos parecidos o que han sufrido una profunda
transformación. Neruda es siempre el
«empecinado», pero ya no del bosque, como en el
Memorial de Isla Negra220,
sino ahora del silencio y de la soledad; la imagen del tiempo que
procede como paquidermo, no repite solamente la de
Estravagario221,
sino que recuerda la del pesado caminar de Neruda en las soledades
marinas del Sur chileno, lo cual significa, sustancialmente, una
postura preocupada frente a los problemas de la humanidad, la misma
postura que destaca en las Odas elementales222.
Además, la sucesión de los adverbios de duda,
característica recurrente en la poesía nerudiana
más meditativa, vuelve inquietante el entorno. Toda
—101→
la poesía anterior del poeta chileno parece resumirse
en estos versos, en los interrogantes que implican la
obsesión del tiempo en el destino del mundo. Un tiempo
vuelto a sus orígenes, a la hora cero, y que se dispone a
reanudar su marcha dando comienzo a la «sonata negra»223
,
canto de la destrucción, y simultáneamente al nuevo
nacimiento de la humanidad.
El encuentro de
Rhodo, «patriarca
pétreo»224
,
antiguo y joven, con Rosía va marcado por un destino que
todo lo gobierna: él «la vio sin
verla»225
;
desde el segundo poema de La espada encendida Neruda
afirma la predestinación del encuentro, mientras dedica el
tercero a la aparición de la mujer226,
y vuelve, en el cuarto, a Rhodo y sus orígenes, para contar
su fuga de la catástrofe del mundo y su decisión de
encerrarse en un reino solitario, único ser humano viviente,
olvidados hasta los fantasmas de sus antiguos afectos227.
Las fabulosas «setenta
mujeres»
son ahora estatuas hundidas en la tierra,
confundidas con los minerales, oxidadas, quemadas por la nieve, o
emergen siniestramente a la superficie, con pierna y senos
cubiertos de musgo, roídas por raíces de
árboles «imperiosos»228
.
Rhodo, sin
embargo, no puede olvidar del todo el mundo; al contrario,
éste sigue bien presente en él cual motivo de
repudio. Para anular sus llamadas el héroe se hace fuerza a
sí mismo, cubre su corazón de lianas «indomables»
, —102→
decidido a respetar su deber primero: el de una «infinita soledad»229
.
Situado el
sobreviviente de la destrucción del mundo
contemporáneo en un enrarecido ámbito de soledad,
vuelto a ser el primer hombre, Neruda describe con amor antiguo el
paisaje del extremo sur de Chile, mundo inolvidable de la infancia,
paraíso perdido siempre añorado: el vuelo de las
aves, a veces lóbregas en su canto -«La bandurria salpica con canto de cuchara / la
dulzura de estas oceanías»230-
,
o tiernamente delicadas -con sugestiva imagen el poeta alude al
pájaro carpintero que «reparte en
los raulíes / una correspondencia con gotas de
rocío»231
-,
la vida numerosa de la selva, los ríos torrenciales, el
océano, los lagos cambiantes, los volcanes, la nieve
constituyen un tesoro. A lo largo del poema nuevos aportes
acentúan lo maravilloso del ambiente solitario, abriendo al
lector una vez más la intimidad del poeta.
La soledad
representa para el protagonista de La espada encendida una
conquista fortalecedora; significa el acceso a la inocencia
perdida, la vuelta a los orígenes incontaminados. El reino
de Rhodo se levanta en un sitio de «fragancia fría»232
,
y se opone al negativo mundo difunto, que dejó a sus
espaldas cuando huyó del crimen. Con su decisión deja
de ser cómplice del delito, «de
lo que había sido, de lo demás, de
todos»233
.
El héroe alcanza así la razón de su destino:
«volvió a ser primer hombre sin
alma ensangrentada»234
.
La determinación de Rhodo de quedar solo responde a la finalidad de evitar que se repita la tragedia. Pero su decisión va contra las leyes de la tierra, que se siente frustrada frente a la perspectiva del vacío humano y a la inutilidad de su germinación235. En la protesta de la tierra está ya la derrota de Rhodo, o mejor, su rescate, y la inevitabilidad del encuentro con Rosía. A través del amor el personaje percibe la fría consistencia de la soledad. Para la mujer el amor es refugio por fin encontrado, camino hacia el conocimiento de sí. Para ambos es un nuevo comienzo de la vida, en la reconquistada inocencia, de la que Rosía como mujer nunca había salido236. La naturaleza percibe con estremecimiento la proximidad del milagro:
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
—104→
En este momento solemne el amor se manifiesta como alegría y como tormento: felicidad del encuentro y temor por la posible pérdida; ansia de poseer de la amada sus orígenes y su presente; temor por el futuro. Se explica así el recurso a una terminología aparentemente negativa, que el poeta proyecta sobre el amor. Todo, en realidad, es emoción, trepidación, angustia.
Sobre el eterno
repetirse de la tragedia -Caín contra Abel-, el amor funda
las premisas para que el universo recupere su ritmo y logre
rescatarse del mal. En el poema la simbología bíblica
aparece modificada, invertida, en evidente oposición a la
concepción del castigo. En la Biblia Adán es
expulsado con su compañera del jardín de las
delicias, «paradisum
voluptatis», y precipitado en el mundo hostil;
en La espada encendida Rhodo sale de un mundo bien
identificado en su negatividad para ingresar en un Edén
feliz. En el texto sagrado Eva lleva sobre sí el peso de la
maldición divina en cuanto responsable del pecado y esta
maldición se hace concreta, según las palabras de
Dios, en el dolor de la maternidad y la obligación de
someterse a su marido: «in dolore paries filios, et sub viri potestate
eris, et ipse dominabitur tui»238.
Al contrario, en la relación entre Rosía y Rhodo se
afirma un concepto de igualdad, una necesidad vital de
unión, un mutuo construirse en el amor. Y si Rhodo afirma
que ya no puede vivir sin su amada -eco de los conocidos acentos
con que en los Cien sonetos de amor Neruda expresa su
sentimiento239,
acaso ahora sin pensar —105→
ya en Matilde240-
y que ella lo ha rescatado a la vida -«y
los siete volcanes supieron / que sin tus ojos yo no podía
vivir, / que sin tu cuerpo entraba en la agonía / y sin tu
ser me sentía perdido»241-
,
Rosía protexta que al amor de su compañero le debe la
conciencia de ser mujer, su verdadero nacimiento, su rescate de la
condena a una unidad vacía:
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
En el amor
está, pues, la realización plena del hombre y la
mujer, el triunfo de la vida no entendida bíblicamente como
dolor y castigo, sino proyectada hacia una felicidad
—106→
que se funda -bien lo ha notado Alain Sicard243-
en el trabajo, parte calificante de la «divinidad» del
hombre. Rhodo y Rosía construyendo el arca de la
salvación, aprendido el «oficio
de metal y madera»
, serán «divinos»244
.
Muy distinto lo
que le había ocurrido a Adán, a quien Dios le dio
como condena el trabajo, hasta su reducción a polvo:
«In sudore vultus tui vesceris pane, donec
revertaris in terram de qua sumptus es: quia pulvis es, et in
pulverem reverteru»245
.
Castigo más duro no se le hubiera podido dar al ser creado.
Pero Neruda no ignora el límite humano, como en varias
ocasiones he subrayado246;
su concepto positivo del trabajo responde a una visión
distinta del hombre, que se ennoblece a través de sus
obras.
Errantes y agobiados bajo la ira de Dios, Adán y Eva son destinados a procrear en Caín el delito; Rhodo y Rosía, al contrario, tienen una tarea común positiva, deberes «sobrehumanos», que consisten en el rescate definitivo del mundo, que vuelven a fundar desde una reconquistada inocencia:
|
—107→
El
penúltimo de los versos citados confirma la
concepción nerudiana del mundo que, libre de sangre y
ceniza, se transforma en «esplendor». Es ésta la
empresa de la nueva pareja; llegados al conocimiento, Rhodo y
Rosía -«Soy dueña de las
olas que reparto / y empujo desde un pequeño
abismo»
, dirá ella248-,
alcanzan la conciencia de su deber: el de hacer florecer de nuevo
el «árbol de la vida». Adán y Eva llegan
al conocimiento a través de la desobediencia, en el pecado;
para los nuevos progenitores el conocimiento es fruto positivo del
amor y llegan a él en un estado de total inocencia.
El concepto que Neruda tiene del Dios bíblico es completamente negativo; su protesta va contra el propósito de venganza. También contra Rhodo y Rosía se desata la ira vengadora del dios, el volcán, enemigo de la raza humana. Su presencia aterradora llena varias páginas de La espada encendida, como ya en «Cataclismos», de los Cantos ceremoniales. En el poema la segunda mitad es dominada por la ira del volcán, que va creciendo. Doce poemas de los cincuenta y cinco últimos lo presentan, en un alternarse dramático y alucinante de escenas que dan al verso un ritmo agitado, prospectando su incumbente amenaza. El concepto de la muerte coincide, sin embargo, con el de la vida. La pareja, culpable de reanudar la marcha del mundo, perseguida por los elementos en vísperas de la erupción, rodeada del terror de animales y naturaleza, insegura hasta en el arca, que disputa al egoísmo de los animales, afirma su divinidad en el momento mismo en que el viejo dios, el volcán, pretendiendo destruir su obra, determina su propia muerte.
—108→El hombre es el nuevo Dios, puesto que da nuevo comienzo a la vida. En esta concepción reside la confianza nerudiana en el «hombre infinito», que cantó en Fin de mundo, destinado a renacer de todas las muertes.
En La espada encendida la pareja alcanza el árbol de la vida del cual la ira divina quería alejarla; conquista en la que el amor afirma su victoria sobre la muerte y en ella el significado del hombre, que
|
En el poema el
hombre se rescata plenamente de la culpa. La «espada de fuego»
es una amenaza
impotente. El hombre y la mujer gobiernan juntos el arca que
tendrá que repoblar al mundo, conscientes de su tarea
divina, «progenitores de la
salvación»250
.
Victoriosos juntos, Rhodo y Rosía se sienten iguales entre
sí y frente a la empresa que van a emprender. Todo concepto
de superioridad o de dependencia ha sido anulado. Alcanzada la
conciencia de su tarea, conciencia de sí, Rhodo repudia la
soledad como estéril. La mujer es para él el infinito
que comienza251
y su ternura lo despierta a la vida.
El final de La
espada encendida restablece los valores originarios
confirmando la bondad de la empresa. Afirma —109→
Rosía: «Desde toda la
muerte / llegamos al comienzo de la vida»252
.
La sugestiva aventura tiene el significado de un renovado acto de
fe por parte del poeta y se opone a las perspectivas
trágicas de Fin de mundo. Con toda probabilidad
Neruda se encontraba, a pesar de sus años y de la enfermedad
que progresaba, en un momento particular de su historia
sentimental. Matilde se creía al centro de La espada
encendida y desafortunadamente se equivocaba. La gran
estación del amor para ella había terminado. El
corazón del poeta, esa «interminable alcachofa»
, con hojas
para «mujeres de carne y hueso, para
amores verdaderos o sueños persistentes»
, pero
también «para todas las
tentaciones de la vida»253
,
había destinado una de sus hojas a otra mujer254.
—[110]→ —111→
La participación de Neruda en los acontecimientos que han caracterizado el período temporal en el que ha vivido ha sido siempre intensa y ha encontrado amplio lugar en su poesía. Así ha ocurrido con la guerra civil española en España en el corazón, con la Segunda Guerra Mundial en los cantos a Stalingrado en Tercera Residencia en la tierra, con la historia sangrienta del continente americano en el Canto general, y sucesivamente con dos acontecimientos relacionados en modo directo con el mundo americano: la revolución cubana y la que él llamó la revolución chilena, es decir la victoria socialista con Salvador Allende.
Los dos libros poéticos, Canción de gesta e Incitación al nixonicidio y alabanza de la Revolución chilena no han tenido gran difusión, pero son importantes para detectar la posición de Neruda frente a dos de los sucesos más relevantes para el mundo americano en la segunda mitad del siglo XX.
Canción de gesta aparece en 1960255, año de gran actividad creativa del poeta. En este mismo año Neruda publica los Cien sonetos de amor y Las piedras de Chile. Curiosamente, —112→ en la segunda edición de sus Obras Completas, de 1962, el texto citado, compuesto por XLII breves capitulillos poéticos, no va incluido.
Como resulta en el
prólogo, el breve poema ya estaba concluido en abril de
1960: el poeta lo escribe el día 12 del mes indicado, a
bordo del «paquebot»
Louis
Lumière, viajando hacia Cuba, en pleno océano,
«entre América y
Europa»256
.
Neruda dedica el poema a Fidel Castro y a Cuba; en la
revolución cubana él veía un ejemplo
fortalecedor, no solamente en cuanto liberación de la
criminalidad de los déspotas, sino como realización
de una verdadera independencia de los Estados Unidos, primer
ejemplo en el Caribe y en todo el subcontinente americano.
En el prólogo, Neruda explica la génesis del poema. En un primer momento el autor proyectó un canto dedicado a la situación de Puerto Rico, en su condición de Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, comedia dolorosa, según el poeta, puesto que no lograba ocultar la dependencia de la isla. Cuando en Cuba estalla la revolución y triunfa, Neruda modifica el plan inicial del poema extendiéndolo a la celebración de un único ideal de lucha por la libertad contra la constante amenaza estadounidense.
El significado de
Canción de gesta es, básicamente, el de la
participación del poeta en la lucha para la
construcción de un nuevo mundo americano. Abiertamente
Neruda formula un proyecto político y se proclama «poeta de utilidad pública»
,
con la misma sinceridad con la que en otras ocasiones había
reivindicado el derecho a su intimidad:
|
Los que antes harto me reprochaban seguirán reprochándome mucho. Por mi parte aquí asumo una vez más, y con orgullo, mis deberes de poeta de utilidad pública, es decir de puro poeta. La poesía tuvo siempre la pureza del agua y del fuego que lavan o queman, sin embargo. Ojalá que mi poesía sirva a mis hermanos del Caribe en estos menesteres de honor. En América entera nos queda mucho por lavar y quemar. Mucho debemos construir. Que cada uno aporte lo suyo con sacrificio y alegría. Tanto sufrieron nuestros pueblos que muy poco les habremos dado cuando se lo hayamos dado todo257. |
En
Canción de gesta Neruda vuelve a los tonos
encendidos de la invectiva que caracterizaron España en
el corazón y el Canto general. Ante todo, su
repudio del gobernador del Estado Libre Asociado, en la
época Luis Muñoz Marín, político y
poeta, del cual modifica despectivamente el apellido en
«Muñoz Gusano», insistiendo luego en el
término negativo, «gordo gusano», para indicar
su naturaleza de traidor al país. Los insultos que Neruda
lanza contra el personaje son infamantes; el poeta chileno,
escudándose en la razón política, insulta
acudiendo a un eficaz proceso de acumulación, hasta lograr
la destrucción del personaje258.
Como su contemporáneo Miguel Ángel
Asturias259,
en su condena del mundo norteamericano del dinero, lo presenta sin
alma. Para ambos escritores Chicago es la ciudad-símbolo del
infierno y para Neruda este infierno se extiende al
—114→
palacio del gobernador de Puerto Rico: «era por fuera blanco / y adentro era infernal
como Chicago»260
.
Las figuras negativas en las que se compendia la tragedia americana son representadas en el poema nerudiano como fieras sangrientas o como gusanos de la tierra; desfilan así los Somoza, los Trujillo, Batista, Pérez Jiménez y hasta Rómulo Betancourt261, en contraste con los grandes protagonistas de la lucha por la libertad, entre ellos Sandino262, y ahora Fidel Castro.
Neruda considera el dólar fuente de todos los males de América; de él se origina una serie dañina de personajes políticos, «tristes familiares» del dólar, que fundan su poder en la persecución y el crimen:
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—115→
Los colores
trágicos de la farsa en que se consuma la vida de gran parte
de los pueblos americanos se acentúan en el momento de
enumerar tanta indignidad. La situación real de la
época justifica la posición partícipe y
noblemente indignada de Neruda. Hacia la mitad de su texto, como ya
lo había hecho en el prólogo, él reivindica,
por encima de una mal entendida pureza de la poesía, el
derecho a reaccionar en cuanto hombre. El «Parnaso» es
para Neruda símbolo de poesía superficial, desanclada
de la realidad, y representa su vacío en la imagen de los
poetas que viajan «como ratas en el
queso»264
.
El pacto de sangre que Neruda firma con los pueblos del continente le induce a continuar con los que considera «oficios» del poeta: la solidaridad con el hombre que sufre y lucha. Frente a los poetas «puros», que se desentienden aristocráticamente de los problemas de sus pueblos, proclama su diversidad:
|
La sumisión
de los países americanos a los Estados Unidos la denuncia
Neruda en «Reunión de la O. E.
A.» mediante la descripción grotesca de la
realidad. Así, presenta —116→
a los diplomáticos latinoamericanos como
«mobiliario», deseoso cada uno de servir primero como
escabel a las nalgas del representante estadounidense, para que
«el Tío Sam pueda
sentarse»
, un tipo que a nadie consulta y solamente
manda. La indiferencia de los Estados Unidos hacia los
países del área latina la representa el poeta
eficazmente uniendo su voz a las numerosas que desde siempre se
levantan contra el poderoso vecino del norte. A pesar de lo cual
Neruda, como Asturias, no desconoce la sustancia democrática
del pueblo estadounidense. Él distingue, en efecto, entre
las fuentes y los instrumentos de la opresión y la parte
sana del pueblo, proclamando una identidad humana y un mismo
destino a través de una imagen corriente, «navegamos en la misma barca»
, por
consiguiente la incitación:
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El significado
simbólico de la revolución cubana lo define Neruda en
los versos finales de «Un minuto cantado para Sierra
Maestra»; se trata de una amenaza y una esperanza: «abrid los ojos, pueblos ofendidos, / en todas
partes hay Sierra Maestra»
.
El poema concluye
con un último canto, «Escrito en el año
2000», donde por encima de las numerosas experiencias
negativas del hombre, con el cual el poeta se identifica, de los
recuerdos sombríos que asoman desde su residencia en Asia y
que se concretizan en imágenes —117→
conocidas -un «cadáver
oscuro de mujer / ardiendo en un brasero abandonado»
-,
por sobre las experiencias de la guerra civil española, y en
ella del asesinato de los «ruiseñores» -Antonio
Machado, Hernández, García Lorca-, por encima del
peso de sombra y de sangre, se afirman los signos positivos de la
aurora, de la «ciudad
dichosa»
de la que la revolución cubana ha puesto,
en la opinión de Neruda, concretamente la primera piedra.
Cuba confirma así su significado simbólico con
relación a toda América:
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El carácter vital de Canción de gesta consiste sobre todo en este mensaje, y, por encima de toda ideología y toda esperanza, en la pasión con que Neruda escribió su poema, en el ímpetu arrollador del verso, el esplendor de las metáforas y el halo poético de los símbolos sobre los cuales parece a punto de construirse la nueva primavera del mundo. No faltan momentos menos logrados y prosaísmos, pero el amplio tono lírico, la ternura de tantos versos, la sinceridad participativa ofrecen siempre a la poesía materia viva en vilo entre celebración y utopía.
—118→Neruda se revela además, como siempre, intérprete extraordinario del mundo americano en su maravilla. Lo es cuando canta las aves del Caribe, donde los tonos normalmente esfumados y melancólicos de la poesía nerudiana, cambian de repente; celebrando las aves de Venezuela el poeta confiesa su límite frente a tanto esplendor colorista, pero, a pesar de esta confesión, el resultado es excepcional en cuanto a cromatismos.
La belleza de las
metáforas con que Neruda ennoblece barrocamente el
significado de tanta «pluma», de tanta «veloz vela del viento»268
,
introduce a un mundo maravilloso, solar, que contribuye a hacer
concreta la certeza de un cambio radical para América. Si el
quetzal es «rayo imperial del
Paraíso»
, «pedrería del aire en el
follaje»
, todas las aves son «piedras preciosas del Caribe»
,
amasadas con «gotas de
turquesa»
, «fulgores del
semáforo celeste»269
.
Además de
todo esto interviene en Canción de gesta
también una nota muy personal, que acentúa la
dimensión interior del texto. No se trata solamente de la
que se manifiesta en el poema XXII, «Así es mi
vida», donde el poeta protesta el significado y la
misión de su verso -«vengo del
pueblo y canto para el pueblo: / mi poesía es cántico
y castigo»-
, expresa su repudio por la poesía
pura, por los libros entendidos como fría selección,
afirma la lección que le vino del contacto con los hombres,
sino de la que desarrolla el tema obsesivo de la muerte. La
«triste magnitud del tiempo»
lleva a ella y proyecta sobre la poesía nerudiana una
problemática que da dimensión profunda a todos los
temas tratados. La lucha revolucionaria tiene como
—119→
finalidad primera la vida del hombre en la tierra,
única realidad para Neruda; sólo la plenitud vital es
capaz de contrarrestar la fría realidad del transcurrir
humano, esa «agricultura de los
huesos»270
de la que el poeta chileno, a pesar de todo, heredándola de
Quevedo271,
tiene estremecedora conciencia.
Muy lejos de ser solamente poesía política, Canción de gesta es un poema de problemática profunda. La celebración de la victoria de la revolución cubana no silencia los eternos problemas que atormentan al poeta, no los esconde su propósito de épico elogio, ni el desahogo de sus heroicos furores.
Con Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena272 el «furor» nerudiano tiene motivo más que legítimo para manifestarse, en un nivel directamente personal, puesto que se trata de su país. Parecería que, con el triunfo de Alianza Popular, todo hubiera cambiado, que una época nueva se hubiese inaugurado para Chile. No era así, y el poeta veía claras las cosas, temía los desmanes de las derechas y las izquierdas y con ello el fracaso de tantas ilusiones.
No solamente había expresado sus preocupaciones en conversación privada, sino que en su nuevo poema lo hace duramente patente:
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En
Incitación al nixonicidio el autor declara que su
propósito es inducir «a un acto nunca
visto», a través de «un libro destinado a que los poetas antiguos y
modernos, extinguidos o presentes»
pongan «frente al paredón de la Historia a un
frío y delirante genocida»
, el presidente de los
Estados Unidos274.
Es un acto de heroico furor que la indignación justifica.
Han pasado años desde el triunfo de la revolución
cubana y ahora el triunfo de la que Neruda llama la
«revolución chilena» corre peligro.
El acto al que incita el poeta pertenece a la esfera execrable del terrorismo, pero Neruda se declara contrario a este tipo de intervenciones eliminatorias, que siempre recaen sobre los inocentes, y sólo cree en la función demoledora de la poesía. Con relación a Nixon afirma:
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Sólo los poetas son capaces de ponerlo contra la pared y agujerearlo por entero con los más mortíferos tercetos. El deber de la poesía es convertirlo, a fuerza de descargas rítmicas y rimadas, en un impresentable estropajo275. |
Neruda es
consciente de que este tipo de poesía no encontrará
el favor de los «exquisitos
estéticos»276
y acerca Incitación —121→
al nixonicidio a Canción de gesta,
puesto que, como este poema, «no tiene
la preocupación ni la ambición de la delicadeza
expresiva»
, ni «el hermetismo
nupcial»
de algunos de sus «libros metafísicos»
.
Partícipe de la Historia de su país, el poeta se
siente comprometido y acude a lo que cabe en sus posibilidades:
|
Conservo como un mecánico experimentado mis oficios experimentales: debo ser de cuando en cuando un bardo de utilidad pública, es decir, hacer de palanquero, de rabadán, de alarife, de labrador, de gásfiter o de simple chafataz de regimiento, capaz de trenzarse a puñete limpio o de echar fuego hasta por las orejas. [...] Ésta puede ser una función efímera. Pero la cumplo. Y recurro a las armas más antiguas de la poesía, al canto y al panfleto usados por clásicos y románticos y destinados a la destrucción del enemigo277. |
Entre los poetas
americanos Neruda siempre manifestó su adhesión a
Walt Whitman y en el nuevo poema a él se dirige como a su
musa, pidiendo investidura para asumir sus «deberes de poeta / armado del soneto
terrorista»278
.
Concluirá su obra dirigiéndose a otro poeta venerado,
Alonso de Ercilla, y hasta aprovechará versos de La
Araucana para conjurar la posibilidad de que la experiencia
socialista chilena acabe, a consecuencia de una intervención
externa que someta al país.
En su poema
Ercilla celebraba de Chile no solamente la fertilidad y la fama,
«en la región antártica
famosa»
, sino su gente, «gallarda y belicosa»
, a la que nadie
había podido —122→
someter279;
Neruda aprovecha la octava en su poema XLIII, para que el
prestigioso poeta tome parte en su canto, «Habla don
Alonso», y concluye en otro poema final con un canto
celebrativo a dos voces, para reafirmar, con la grandeza de su
país, la imposibilidad de que nadie llegue a dominarlo:
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En
Incitación al nixonicidio el presidente de los
Estados Unidos es acusado de todos los crímenes que
cometieron en su época las fuerzas armadas norteamericanas.
Neruda ve «el concubinato del
dinero»
, armado «para quemar
jardín y jardinero / en países remotos y
dorados»281
,
conjurado, en Viet Nam, para la destrucción de «pueblos de amor y de
sabiduría»282
y somete al responsable al juicio de sus víctimas:
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Vuelve a la
memoria del lector la condena del general Franco en
España en el corazón, y sobre todo la
denuncia nerudiana del crimen de la guerra en Fin de
mundo, con el recuerdo imborrable de la muñeca que
sobrevivió a la niña quemada por el
napalm284.
Indignación y ternura se mezclan en la nueva denuncia;
Neruda arremete contra el criminal para horadarlo «a verso limpio y corazón
certero»
, para matarlo «con un
disparo justiciero»
de tercetos, concertado contra
él con «hombres callados y
severos / caídos en sangrientas
primaveras»285
.
Al furor se mezcla
el desaliento frente a tanto crimen. En Fin de mundo
Neruda había definido el siglo XX «la edad de la ceniza»286
,
un siglo «atiborrado de
esqueletos»287
;
es natural que la experiencia negativa todavía domine al
poeta. Incitación al nixonicidio, a pesar de su
final, o incluso por su final, es un libro triste, que induce
nuevamente a su autor a buscar la compañía de su
maestro, Quevedo, y le dedica dos poemas. En el primero,
«Leyendo a Quevedo junto al mar»288,
el poeta castellano, con el mar definido dos «graves desmesuras»
, le aclara la
razón de su lamento, que consiste en el miedo a la
conjuración del —124→
dinero contra su país289.
El poema «Mar y amor de Quevedo»290
es más personal: leyendo su «verso favorito»
frente al mar de Isla
Negra, Neruda desahoga su melancolía, considerando el amor y
la desventura del poeta y para sí reserva un destino
diferente, el de combatiente por las «guerrillas del Estado»
y «el Estatuto de la pobre gente»
.
Con
Incitación al nixonicidio cumple Neruda de alguna
manera con su función de «bardo
de utilidad pública»
, pero revela nuevamente, con
sus preocupaciones políticas, sobre todo su angustia
personal.