21
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M., «Las instrucciones políticas de los Austrias Mayores», en Gesammelte Aufsäzte zurKulturgeschichte Spanien, XXIII, pp. 171-188. Las Instrucciones del Emperador, cartas desde Palamós, del 4 y 6 de mayo de 1543, y la larga Instrucción fechada en Augsburgo el 19 de enero de 1548 -el testamento político del Emperador-, se dirigen al Príncipe Felipe y constituyen un ejemplo de racionalización de la virtud del Rey: desde los consejos sobre el gobierno personal, hasta la planificación de las relaciones internacionales, pasando por la descripción y análisis de las capacidades y facciones de los ministros, por los consejos destinados al gobierno interior de los reinos, y protestas constantes de su fe religiosa y del providencialismo español, alternan las posiciones de firmeza con las de moderación; y en todas las ocasiones, el consejo final es la paz.
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El Emperador transmite al Príncipe Felipe la noticia de una profunda división en bandos de sus ministros y consejeros, reconociendo que el Cardenal Arzobispo de Toledo, Juan Tavera, el Presidente del Consejo de Castilla, Hernando de Valdés, y Francisco de los Cobos son cabezas de bando. En las Instrucciones le recomienda prudencia y un trato especial con ellos. Véase FERNÁNDEZ SANTAMARÍA, J. A., El Estado, la guerra y la paz. El pensamiento político español en el Renacimiento, 1516-1559, Madrid, Akal, 1988, p. 243.
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Juan Luis Vives dedica al Emperador frases como la siguiente: Aunque, a decir verdad, tú levantaste una señal magnífica y evidente para que podamos mantener la esperanza acerca de la paz del mundo, de tal suerte que ambas cualidades, el querer y el poder, se hallen unidas en tu pecho, y así como puedes levantar y sublimar el nombre cristiano de su ominosa postración, quieras también hacerlo y te esfuerces para ello con todo empeño. Epistolario, p. 525. Todavía en 1574, Benito Arias Montano escribía desde Flandes en su Dictatum Christianum, el capítulo XXV dedicado a Las obligaciones de los Reyes, Príncipes y Magistrados, en el que reiteraba la obligación esencial de los Reyes de conservar en gran paz, concordia, quietud i seguridad, todos los miembros de la República. Utilizo la edición de M. Andrés Badajoz, Institución Pedro de Valencia, 1983, p. 221.
24
Epistolario, p. 527. Vives ve en el Emperador al hombre capaz de llevar una paz auténtica y duradera al mundo. Véase la síntesis de este pensamiento en FERNÁNDEZ SANTAMARÍA, J. A., El Estado, la guerra y la paz, pp. 148-154.
25
Véase CHECA CREMADES, F., Carlos V y la imagen del héroe en el Renacimiento, Madrid, Taurus, 1987, pp. 33, 38-39 y 78. También, CIVIL, P., «Images du pouvoir dans quelques portraits héroiques de Charles Quint», en DUFOURNET, J. (comp.), Le pouvoir monarchique et ses supports idéologiques aux XIV-XVII siècles, Paris, Publications de La Sorbonne Nouvelle. La reunión a la que hacen referencia estos estudios se celebró en diciembre de 1987.
26
«Lo digo que la mejor pieza del arnés en el Príncipe, la más señalada, i aquella en que más ha de poner toda su esperanza, es la bondad». FURIÓ CERIOL, F., El consejo y consejeros del Príncipe, edición de Andrés Sevilla, Valencia, 1952, p. 97.
27
MARAVALL, J. A., Carlos V y el pensamiento político del Renacimiento, Madrid, 1960, pp. 279 y siguientes.
28
Alemania necesitaba un amo que fuese temido para pacificar a los señores del Imperio y para oponerse al progreso de los turcos. Véase HERING, E., Los Fúcar, México, FCE, 1944, pp. 180 y siguientes.
29
Mártir de Anglería, P., Epistolario, Epístola 699, pp. 95-96.
30
Fragmentos de Monarquía. Trabajos de historia política, Madrid, Alianza, 1992, pp. 64 y siguientes.