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Resulta paradójico, pero el mayor enemigo que tiene el planeta Tierra es su inquilino principal: el hombre. Se dice que la vida en nuestro planeta surgió hace unos cuatro mil quinientos millones de años. Si hiciéramos una lista de las especies vegetales y animales que han desaparecido de la faz de la Tierra desde entonces, comprobaríamos que la extinción de una considerable cantidad de ellas ha tenido lugar, de forma acelerada, en las épocas más recientes, a causa de la irresponsabilidad con que los hombres cazan y destruyen bosques y nacimientos de agua.
Contradiciendo su condición de especie racional, con semejante conducta los hombres no sólo atentan contra la naturaleza del planeta, sino también contra su propia existencia. Como respuesta a esta actitud, y como único modo de garantizar para las generaciones futuras un hogar donde puedan vivir y crear, diversos sectores de la sociedad se han agrupado para defender y preservar la naturaleza de la Tierra. Este movimiento ecologista cobra cada vez mayor fuerza y se ha convertido en la única alternativa para preservar la vida. Gracias a su labor, muchos gobiernos han tomado medidas -aún tímidas, en algunas regiones- para combatir la contaminación y destrucción del medio ambiente, y se ha fortalecido la conciencia ecológica individual de cientos de miles de ciudadanos.
Para aquellos adultos que tienen a su cargo la educación y formación de niños y jóvenes -entre ellos, los maestros-, crear conciencia en ellos de la necesidad de cuidar el ecosistema es una responsabilidad de —40→ gran importancia. En esa labor de concienciación, la literatura puede ser una aliada formidable.
Narraciones, versos y libros de carácter documental pueden ser magníficos instrumentos para sensibilizar a los adultos del futuro con la necesidad de preservar el medio ambiente. En este artículo nos referiremos a algunas obras narrativas de ficción que abordan, de forma paradigmática, el amor por la naturaleza y el deber de defenderla.
La problemática ecológica no siempre ha sido bien tratada en la literatura de ficción. Con frecuencia, el mensaje ha adquirido preeminencia relegando a un segundo plano los elementos propiamente artísticos, que son en definitiva los que hacen del texto una pieza literaria. Los cuentos o los poemas manifiestamente ecológicos únicamente cumplen su cometido cuando son cuentos o poemas de verdadero mérito artístico; de lo contrario, no son más que discursos didácticos «disfrazados» de literatura.
Entre las obras fundacionales de la Literatura Infantil en América Latina hay una que, por su modo de acercarse a la naturaleza -específicamente a la problemática de las interrelaciones del hombre con las especies animales salvajes- constituye un modelo de permanente vigencia. Se trata de Cuentos de la selva (Anaya, Tus libros, núm. 10), del uruguayo Horacio Quiroga, libro que tuvo su primera edición en 1918 y que ha sido traducido al francés, al inglés y al ruso. Historias magistrales como «La tortuga gigante» o «La gama ciega» no deberían faltar en ningún programa escolar de educación ambiental a través de la lectura.
En años más recientes, los libros del argentino José Murillo(Cinco patas, El tigre de Santa Bárbara, Renancó y los últimos buemeles) pueden mencionarse también como excelentes ejemplos latinoamericanos de narrativa de intención ecológica. Otro tanto podría afirmarse de la obra Antojo de oso (Isabel de los Ríos, 1993) de Luiz Carlos Neves, autor brasileño radicado en Venezuela, donde los recursos composicionales propios del género de la aventura se colocan en función de sensibilizar al niño lector con la problemática de la supervivencia del oso frontino.
Sarita Kendall, escritora de ascendencia inglesa y nacionalidad
Il. de Emilio Urberuaga para La bruja de la montaña, de Gloria Cecilia Díaz (Madrid: SM, 1990, p. 41).
—42→brasileña, relata en Al rescate de Omacha (Grupo Editorial Norma, 1996), las peripecias de dos niños colombianos, miembros de la comunidad indígena ticuna del Amazonas, que consiguen salvar un delfín rosado herido por el arponazo de un individuo depredador.
Empleando otro tipo de elementos estilísticos -el absurdo, el humor-, el mexicano Emilio Carballido plantea en su divertida historia Loros en emergencia (Fondo de Cultura Económica, 1994) otra faceta de la problemática ecológica: el robo de especies que son trasladadas, de manera ilícita, a un ecosistema que no es el suyo natural. En esta obra, los pasajeros de un vuelo México-París se ven «asaltados» por cientos de loros, periquitos y guacamayas que viajaban ilícitamente en las bodegas del avión. Finalmente, luego de originales situaciones, las aves retornan a su lugar de origen y se reestablece el equilibrio ecológico.
El tema de la venta de animales es abordado también, desde un prisma lírico y onírico, en Chipana (SM, 1988), novela breve del chileno Víctor Carvajal. Chipana, el pastorcito protagonista, toma la decisión de salvar su rebaño de llamas de la venta a la que parecen irremediablemente condenadas por parte de la comunidad del Vallecito Verde.
El álbum ¿Quién llama en la noche a la puerta de Iván? (Juventud, 1989), de los alemanes Reinhard Michl y Tilde Michels, sugiere de forma magistral la posibilidad de una convivencia armónica entre diferentes especies. Una noche, en medio del más helado invierno, llegan a la cabaña del cazador Iván distintos animales en busca de protección: una liebre, un zorro y un oso. Y, a pesar de pertenecer a especies que se persiguen y depredan entre sí, duermen cerca del fuego, en paz... por una vez. Bellísima lección de armonía, respeto y tolerancia.
La necesidad de cuidar los bosques es la tesis que sustenta la colombiana Gloria Cecilia Díaz en La bruja de la montaña (SM, 1990), un cuento fantástico destinado a los niños más pequeños. Una bruja está pensando en talar los árboles de la montaña para poder aterrizar sin dificultades con su escoba voladora. Por suerte, sus compañeras la hacen desistir de esa nefasta idea.
—43→Un componente primordial en el vínculo hombre-naturaleza es la solución de los problemas relacionados con la vida en las ciudades, por ejemplo: los desperdicios que genera la humanidad en su vida cotidiana; ¿qué hacer con la basura: cómo destruirla o reciclarla para que no se convierta en un agente más de contaminación del ambiente? El escritor suizo Kurt Baumann y el ilustrador británico David McKee abordaron esta temática, con imaginación y creatividad, en el álbum Joachim (Lumen, 1981). Dedicado a «todos nosotros, que ensuciamos el mundo», el relato trata sobre una ciudad inundada de desechos por sus habitantes, víctimas de un consumismo desenfrenado. Joachim es el encargado de salvarlos de la basura. Él consigue reciclarla creativamente y limpiar la tierra, el mar y el aire.
Por su parte, en el cuento Un montón de unicornios (SM, 1989), la brasileña Ana María Machado defiende el derecho de los pobladores de las grandes ciudades a contar, como parte del diseño urbanístico, con espacios arborizados: pequeños pulmones verdes que contribuyan a oxigenar las urbes.
Otro álbum que se acerca, de modo globalizador, a la temática ecológica, esta vez explorando las posibilidades de la fantaciencia y la ironía, es Los gnomos de Gnu (1994), escrito por Umberto Eco e ilustrado por Eugenio Carmi. Los gnomos que pueblan el planeta Gnu se niegan a ser «civilizados» por los terrícolas una vez que el emisario de éstos les muestra el estado en que se encuentra su planeta de origen: ciudades contaminadas por el humo de las chimeneas de las industrias, mares de aguas negras a causa de los derrames de los barcos petroleros, campos sin árboles y plagados de envases plásticos...
En las obras citadas -y en otras muchas que, por razones de espacio, no se comentan aquí- la problemática ecológica ha sido abordada de forma artística y creativa. Se trata de libros que atrapan al lector infantil por sus virtudes literarias y plásticas y que, además, contribuyen de modo eficaz a la formación de su conciencia ecológica. Esta característica debería —44→ ser la premisa principal para escoger las obras de ficción, de temática ecológica, que se recomendaran como lectura recreativa a niños y jóvenes.
Como puede apreciarse a través de los ejemplos indicados a modo de ilustración, la educación ambiental puede apoyarse en la literatura para lograr sus propósitos: fomentar la protección del ambiente, la flora, la fauna; conseguir que el hombre mantenga su Gran Casa en orden y equilibrio.
