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ArribaAbajo Viaje a la Literatura Infantil Universal


ArribaAbajo Leer y disfrutar con Jack London

Luis Fernández Vaquero3


La naturaleza tiene muchas artimañas para convencer al hombre de su finitud -el incesante fluir de las mareas, la furia de la tormenta, la sacudida del terremoto, el largo retumbar de la artillería del cielo-, pero la más tremenda, la más sorprendente de todas es la fase pasiva del silencio blanco. Cesa todo movimiento, el aire se despeja, los cielos se vuelven de latón; el más pequeño susurro parece un sacrilegio, y el hombre se torna tímido, asustado del sonido de su propia voz. Única señal de vida que viaja a través de las espectrales inmensidades de un mundo muerto, tiembla ante su propia audacia, se da cuenta de que su vida no vale más que la de un gusano. Surgen extraños pensamientos no llamados, y el misterio de las cosas pugna por darse a conocer. Y el temor a la muerte, a Dios, al universo, se apodera de él, la esperanza en la resurrección y la vida, su deseo de inmortalidad, la lucha vana de la esencia aprisionada. Entonces, si alguna vez ocurre, el hombre camina solo con Dios.


(Jack London, El silencio blanco)                



Cuestiones preliminares

¿Quién es Jack London? Por donde quiera que pasee mi admiración por este escritor, me encuentro siempre la misma pregunta. Por lo visto, el nombre no sugiere nada. ¿Pero he leído yo algo de ése? Bueno, quizá no hayas leído, pero seguro que habrás visto esa película del perro que tira del trineo...   —36→   Y es que, en general, a todos puede resultar desconocido el nombre de este escritor norteamericano de principios de siglo, aunque su obra esté muy extendida y profusamente editada. ¿Quién es este que aparece junto a nombres como Jules Verne, Arthur Conan Doyle, Rudyard Kipling o Mark Twain? Voy a intentar brevemente presentar al hombre y a su obra, con la sana intención de acercarlo al público lector. Y es que, como es bien sabido, se disfruta el doble aquello que se conoce. Vamos a ello...




Su vida

Jack London (1876-1916) escribió su mejor novela con su vida. Casi diríamos que es un guión de una superproducción de Hollywood. Hijo de una pitonisa y un oscuro astrólogo, fue reconocido por un padre campesino que le dio su apellido y pocos medios con los que ganarse la vida. Comenzó a trabajar desde joven, en lugares variopintos y con tareas diversas: paleador de carbón, ladrón de ostras, perseguidor de ladrones de ostras, grumete de navegaciones oceánicas, buscador de oro, vagabundo, presidiario... y finalmente escritor. ¿Escritor? Sí, para Jack London la escritura significó una forma fácil, pero una forma más, de ganarse la vida y alejarse de la pobreza y el hambre que le agobiaron en su infancia y adolescencia. Su carrera de escritor se inició con la publicación de relatos en revistas, donde sus experiencias le sirvieron de inspiración. Le acompañó un éxito fulgurante que le proporcionó acomodo y riqueza. Alternó luego con la escritura de novelas, con tareas de reportero en conflictos bélicos casi siempre (México, guerra Ruso-Japonesa), y con la faceta de conferenciante socialista. Embarcado en aventuras descabelladas, a imitación de las que narraba, Jack London dilapidó su salud y casi su fortuna en un viaje por el Pacífico y el mantenimiento de una finca imposible. La desazón interior que toda su vida le acompañó se hizo más intensa, y un posible suicidio terminó con una existencia atormentada en la cima de su popularidad.




Su obra

Por la consideración de la escritura como tarea, Jack London produjo a lo largo de su vida de forma ininterrumpida para satisfacer las demandas de las publicaciones periódicas. En los tiempos de la producción en cadena, se imponía un ritmo de producción de entre mil y mil quinientas palabras al día, con   —37→   un horario que seguir. Así la cantidad de su obra es ingente. El tiempo se ha encargado de ir seleccionando aquello que resulta de una mayor calidad, que es lo que queremos resaltar.

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Jack London (1876-1916)



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Relatos cortos

Jack London se revela un maestro en la técnica narrativa propia del relato corto, condensando en pocas páginas unas historias generalmente cargadas de dramatismo. Relatos abrumadores como Por un bistec (donde un boxeador venido a menos es derrotado en un angustioso combate), El chinago (que muestra el absurdo de la vida en los ojos de un semiesclavo), Batard (el cual nos cuenta la relación perversa de odio entre hombre y animal llevada a sus máximas consecuencias), La hoguera (donde asistimos a la tragedia de la lucha contra el frío), El silencio blanco (con el enfrentamiento del hombre y la naturaleza omnipotente) o el impresionante El Rojo (aquí la muerte, la locura y el mundo de lo desconocido se funden) siguen produciendo en los lectores sensaciones muy vivas por la plasticidad de las descripciones y las acciones, sencillas pero llenas de fuerza.




Novelas

Sus novelas fueron, en principio, relatos que se fueron ampliando por las posibilidades que se vislumbraban en ellos. Así surgieron La llamada de la selva y Colmillo Blanco, seguramente sus obras más conocidas y extendidas, donde los protagonistas son animales que van haciendo un recorrido vital con diferentes orientaciones. Mientras en la primera obra el perro doméstico se transforma en un lobo, jefe de manada, en la segunda un lobo es trasformado en animal doméstico por el contacto con el hombre. El tema tiene más fuerza en la primera novela que en la segunda, menos próxima a lo que London opinaba del mundo civilizado que le rodeaba. Para London, el sistema social es el que corrompe, esclaviza, da poder a los que no lo merecen y ablanda la fuerza interior de la persona, su ser ‘salvaje’.

De otro corte diferente son El lobo de mar, novela con protagonista nietzscheano que se empeña en desafiar a todo y todos, El talón de hierro, relato futurista que nos enfrenta a una sociedad dominada por una oligarquía omnipotente, o Martin Eden, en el fondo, una autobiografía sentimental de la juventud de London y de sus comienzos como escritor.



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Sus temas

En su obra narrativa pueden distinguirse varios temas con un denominador común: el enfrentamiento con el medio. Bien sea natural o social, del hombre o el animal, la lucha, el conflicto es lo que hace nacer la acción. Muchas veces aparece el hombre enfrentado a la naturaleza, sobre todo en los relatos del Klondike (zona minera de Alaska, famosa por sus yacimientos de oro) y en los relatos de los Mares del Sur. Allí el animal, el indígena y el hombre blanco se enfrentan en una lucha casi siempre mortal.

La violencia es, pues, ingrediente de la vida; una violencia no siempre medida sino desatada en sus más diversos aspectos: social, mortal, de agresión física o psicológica, inmotivada, por venganza... El animal es otro de los temas predominantes (casi obsesivos). Incluso gustaba de llamarse Wolf (Lobo). El animal representa el triunfo del instinto, de la energía liberada de ataduras culturales, del pulso entre la Naturaleza y la criatura.

Muchos protagonistas de London son animales, y otros son humanos que se animalizan: en Amor a la vida contemplamos a un hombre que se va degradando hasta parecer de lejos una inmensa lombriz. En ello reside su triunfo: han logrado adaptarse a las condiciones adversas, han sido fuertes y no se han dejado llevar. Para Jack London la vida no era un camino de rosas: había que ser fuerte, luchar, sufrir como él mismo lo había hecho. Y por eso sus personajes arrastran tras de sí, como una maldición, el conflicto, la dificultad.




Técnica y estilo

Jack London era un escritor autodidacta, que aprendió el oficio practicando con ahínco y no dándose nunca por vencido. Su técnica es instintiva, natural; es un relator nato: de su obra se comenta que escribe relatos fantásticos con mal estilo. No tuvo oportunidad de educarse con lecturas sistemáticas o analizadas, porque su formación se centró en una serie de libros de diversos autores devorados sin guía. Tampoco estaba obsesionado con la perfección estilística, ni mucho menos con la crítica que se hacía a su forma. Los lectores refrendaban que su estilo gustaba, que estaba listo para ser consumido por un gran público ansioso de historias y poco preocupado por el estilo de las mismas. De todas formas, el lenguaje directo y vivo a veces se muestra esplendoroso   —40→   en su expresión, y aunque no de forma permanente es fácil encontrar destellos de auténtica brillantez estilística.




Su actualidad

Pero ¿dónde se puede leer a Jack London? Gracias a las editoriales, en todas partes; y además, a muy buen precio: en Alianza, en su colección Libro de Bolsillo; en la colección Tus Libros, de Anaya; en Cátedra, colección Letras Universales; en fin, en un montón de editoriales medianas y pequeñas, y siempre en los estantes de libros en oferta encontraremos algo de Jack London. Precisamente acaban de aparecer ediciones de La llamada de la selva (o La llamada de lo salvaje, según la traducción) en una colección nueva de SM y en otra de Altea-Alfaguara (en este caso, adaptada y con cómic). Será difícil que buscando libros de London no pueda darse con algún título. Incluso en Alianza Cien tenemos dos de sus cuentos, y hasta Siruela tiene un relato suyo en la Biblioteca de Babel.

Porque no es raro que se sigan editando sus libros, y en muchos casos reimprimiendo: Jack London es un escritor también para nuestros días. ¿Cómo, escribiendo hace casi un siglo, se puede ser contemporáneo? Es el secreto de los clásicos, que acompañan a la humanidad en el tiempo. Las razones para buscar a London pueden ser muchas, y vamos a apuntar algunas:

–En un tiempo de trayectos rápidos y poco tiempo libre para leer, el relato corto es un formato que se impone. Nuestro autor es un maestro. ¿Por qué no volver a él?

–En un tiempo de violencia irracional descubrimos nuevas y más atractivas facetas del tema: la lucha por la vida, el enfrentamiento del hombre (y, a veces, la mujer) con el medio y (¿por qué no decirlo?) la maldad de la agresión por la agresión, el placer de ver correr la sangre.

–En un tiempo de naturaleza dominada hasta límites increíbles, sentimos esa sed de London por las tierras vírgenes, inexploradas, por esos escenarios abiertos donde el medio natural se rebela terrible en todo su esplendor.

–En un tiempo de mensaje más que de estilo, de hecho más que de palabra, disfrutamos con Jack London de las cosas llamadas por su nombre, del estilo sencillo, directo, de adjetivos justos y verbos de movimiento.

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Il. de Juan Paccini para Fragmentos del Futuro de Jack London. (Madrid: Anaya, 1984, p. 71).



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Sus posibilidades

¿Cómo proponer a un autor poco querido por la crítica académica para leer en la escuela? Asistimos a un renacer de los clásicos de la llamada literatura infantil y juvenil, destinada en su producción a un público adulto pero que, seguramente por su accesibilidad e interés, fue ganando lectores entre los más jóvenes. Eso es algo a favor, que ha traído nuevas traducciones, ediciones cuidadas y económicas y acercamiento al público. Son libros accesibles. ¿Y qué se ofrece de interés en ellos? Aparte del gusto por la lectura de la narración, London tiene una facultad mágica para despertar las imágenes. Eso es la imaginación. Fue un viajero infatigable, pero llegó más lejos escuchando lo que otros le narraban. Su gran acierto fue contarnos todo eso en letra impresa, para que podamos viajar desde nuestro asiento sin tener que movernos ni encender la televisión. También proponemos a London por su lenguaje sencillo y directo. Puede funcionar como un excelente creador de lectoras y lectores si sabemos transmitir entusiasmo por su obra. ¿Y cómo se consigue tal cosa? Lo mejor para transmitir entusiasmo es tenerlo, y lo mejor para entusiasmarse con London no es leer artículos como éste, sino coger su obra y enfrascarse (bella palabra) en su lectura.




Más allá de los ámbitos infantiles

Ya puestos a proponer, sugerimos a todos que lean a Jack London. Abstenerse gente de estómago delicado o buscadores de poesía pura. Jack London ya está en la calle, sólo falta que tengamos una cierta consciencia de lo que estamos leyendo y lo busquemos. No escribió sólo para jóvenes, lo hizo para la persona de la calle, la que compra los diarios, y lo hizo buscando gustar, entretener. Lo consiguió. Tenemos la suerte de que podemos gozar de la selección de su obra. Hay -repito- excelentes ediciones y traducciones al alcance de todos los bolsillos. Y creo que este artículo no tendría sentido si, después de leerlo, nadie agarrase un cuento de London para el próximo viaje en metro, en coche de línea o rato libre. Remedando un conocido anuncio de coches, lee y disfruta.





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