Amigos del libro
Año XVII, núm. 43, enero-marzo 1999
Año XVII, núm. 44, abril-junio 1999

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A principios de los años sesenta, Editorial Noguer, sintiendo la inquietud de proporcionar a los jóvenes lectores una literatura de calidad, que nos incorporara a las tendencias vanguardistas del momento, creó dos colecciones -«Mundo Mágico» y «Cuatro Vientos»- en las que se fueron integrando los libros de los autores extranjeros más importantes del momento, como Michael Ende, Ursula Wölfel, María Gripe, Tove Jansson, Scott O’Dell, Otfried Preussler, etc.
A finales de 1979, con treinta y seis títulos ya publicados, creí que era imprescindible incorporar a estas colecciones los autores españoles de mayor calidad del momento. A través de Montserrat Sarto y Carmen Olivares tomé contacto con varios destacados autores, entre ellos Carmen Kurtz.
Carmen me entregó el original de Veva, después de haber permanecido inédito ocho meses en manos de otra editorial. Lo leímos y estimamos que estaba escrito con una prosa clara, concisa y bella, ajustada a sus jóvenes destinatarios y con una virtud muy destacable: la originalidad, como dijo Rafael Morales el día de su presentación en la librería Talentum, y que también suponía un giro narrativo de su estilo anterior, al género «nonsense».
Tras firmar el contrato en enero de 1980, el libro vio la luz, con ilustraciones de su hija Odile Kurtz, en abril de ese mismo año. En el año 1981 Editorial Noguer obtuvo el Premio CCEI de Literatura Infantil con dicha obra, de la cual han aparecido hasta hoy 18 ediciones.
—8→Éste fue el inicio de una amistad con Carmen, a la que se incorporaron mi mujer y mis hijos, puesto que, en aquella época, eran frecuentes sus viajes a Madrid. Durante las cenas en casa disfrutábamos con su amena charla y fina ironía de persona inteligente, dejando siempre constancia de la belleza y elegancia que poseía, tanto por fuera como por dentro.
Estaba dotada de un intenso sentido familiar que hacía extensivo a los amigos. En sus palabras siempre estaban presentes su hija, su nieta -a la que adoraba- y más tarde sus biznietas.
El saber combinar esta dedicación y amor a los suyos con una personalidad moderna, de mujer políglota, culta, independiente y anticipada a su tiempo, era una de sus características principales, que transmitió a otras jóvenes escritoras que supieron admirar su fortaleza, generosidad y refinado talento.
Tras el éxito de Veva, Editorial Noguer publicó otros títulos suyos: Veva y el mar, Piedras y trompetas, Fanfamús, Brun, Dame la mano, Habacuc y ¿Habéis visto un huevo?, todos ellos ilustrados por Odile.
Destacan en ellos temas tan humanos como la adopción, los niños que por un motivo u otro no llegaron a nacer, los ancianos y su ángel, la amistad, etc., todos ellos representativos de las inquietudes que ella poseía.
A través de la prensa tuve conocimiento del fallecimiento de Carmen. He leído con interés los artículos que se han dedicado a tan triste noticia y, exceptuando aquellos que han tenido verdadera intención de documentarse sobre su trayectoria literaria o la habían tratado personalmente, la mayoría han basado sus artículos en datos superficiales obtenidos de anuarios, demostrándose una vez más la falta de interés general por conocer la realidad e importancia de la Literatura Infantil y Juvenil.
La producción literaria de Carmen Kurtz se puede dividir en tres etapas: de 1945 a 1953 se publicaron con su nombre o con seudónimo varios relatos infantiles. Abandonó temporalmente este tipo de literatura para dedicarse a escribir para adultos.
En 1961 reanudó su labor de escritora para jóvenes y niños. De esta etapa son Color de fuego, obra por la que obtuvo el Premio Lazarillo en 1964, y los libros de la serie Óscar: por Óscar, espía atómico (1964), Óscar, espeleólogo —9→ (1967) y Óscar en África (1974) fue galardonada con el Premio de la CCEI. Con Óscar, cosmonauta (1962) entró en la lista de honor del Premio Hans Christian Andersen, al que concurriría otras dos veces más como candidata propuesta por España.
En una tercera etapa, coincidiendo con la publicación de Veva (1980), su dedicación fue exclusiva a este género. De este período son también las obras citadas editadas por Noguer y otras como Querido Tim (SM, 1983), Pitos y flautas (Escuela Española, 1983), Cosas que se pierden, amigos

que se encuentran (Magisterio Español, 1990) y Pachu, perro guapo (Magisterio Español, 1992), su última obra editada para niños.
Carmen decía que los niños lo entienden todo y añadía que «me atreví a escribir para los niños cuando me sentí suficientemente madura para entrar en este difícil género».
De su numerosa producción literaria varios títulos han sido traducidos al alemán (Óscar, cosmonauta; Color de fuego), al polaco (Óscar en el laboratorio; Óscar en los Juegos Olímpicos) e incluso al japonés (Fanfamús).
Tratar a Carmen Kurtz en el momento culminante de su carrera literaria fue una de las cosas más gratificantes que me ha proporcionado el mundo editorial.
¡Gracias por tu amistad, Carmen!