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Moctezuma [Fragmento]

Homero Aridjis






2. El regreso del dios

 

Mediodía. Domingo. Pascua de Resurrección. Abril, 1519. MOCTEZUMA, casi borrado por la oscuridad, desde la Casa de lo Negro observa en un espejo de obsidiana la llegada de dos canoas con mensajeros mexicanos a la nao capitana, identificada por los estandartes reales y las veletas. En el navío español, fray Bartolomé de Olmedo celebra misa frente a un altar improvisado. Lo asiste el padre Juan Díaz.

 

TENTITL.-  Tatuan, tatuan.

LA MALINCHE.-  El cacique pregunta quién es el señor.

HERNÁN CORTÉS.-  ¿Quiénes son ellos?, ¿de dónde vienen?

LA MALINCHE.-  Dicen que son caciques mexicanos y vienen de México.

HERNÁN CORTÉS.-  ¿Cómo se llama el señor de México?

LA MALINCHE.-  Dicen que Moctezuma se llama, que su señor se llama Moctezuma.

HERNÁN CORTÉS.-  ¿Qué quieren?

LA MALINCHE.-  Su señor los envía a saber qué hombres sois y qué buscáis y si algo habéis menester para vosotros y los navíos.

HERNÁN CORTÉS.-  Decidles que no les haremos enojo alguno, que deben tener por buena nuestra llegada a esta tierra.

LA MALINCHE.-  Quieren ver al capitán.

HERNÁN CORTÉS.-  Decidles que el capitán soy yo.

 

(Los caciques TENTITL y QUINTALBOR suben a la nave. Los siguen los mexicanos con petacas cuadradas de madera y cuero llenas de presentes y comida. Los enviados de MOCTEZUMA besan el suelo delante de CORTÉS y le hacen tres reverencias. Fray Bartolomé de Olmedo termina la misa. Durante todo el tiempo, un pintor mexicano pinta a los españoles y sus barcos, caballos y perros.)

 

LA MALINCHE.-  El cacique Tentitl dice: Sepa el dios que venimos a adorarle en persona de su siervo Moctezuma, señor que rige y gobierna la ciudad de México.

HERNÁN CORTÉS.-   (Con una mano en el puño de la espada.) Decidles que son bienvenidos.

LA MALINCHE.-  El cacique Quintalbor dice: Nuestro señor Moctezuma nos ha dicho: Ha llegado con trabajo el dios, fatigado está el dios.

 

(Los mexicanos comienzan a sacar de las petacas atavíos y joyas.)

 

TENTITL.-   (Cuelga del pecho de HERNÁN CORTÉS un collar de petatillo con piedras verdes y un disco de oro, con caracoles rojos y pendientes blancos.) El adorado en Tula, el que domina a la Aurora, el que barre los caminos del aire para que desciendan los dioses de la lluvia, el dios que fue hombre.

QUINTALBOR.-   (Le pone el chalequillo con plumas de quetzal.) El nacido en Ce Acatl, Uno Caña, el que sopla de las cuatro partes del mundo y alienta las nubes llenas de plumas de quetzal.

TENTITL.-   (Le coloca en las piernas ajorcas de piedra verde y cascabeles de oro.) Aquel en cuyo reinado no hubo hambre, el maíz fue abundante, las calabazas gordas, las aves ricas en plumas y gorjeadoras.

QUINTALBOR.-   (Le ata a las caderas por atrás una falda con un espejo de danzante y plumas de quetzal.) Aquel cuya fortuna acabó a causa de los tres nigrománticos: Huitzilopochtli, Titlacauan y Tlacauepan.

TENTITL.-   (Le cubre la espalda con una manta de plumas flameantes.) Aquel que fue engañado por los nigrománticos y quemó su casa de piedras verdes, su casa de plumas doradas, su casa de conchas rojas; aquel que enterró sus piedras preciosas, cambió sus árboles de cacao por árboles secos y mandó al Anáhuac sus pájaros de pluma fina.

QUINTALBOR.-   (Le calza las sandalias teñidas de negro.) Cuando partió de Tula, se detuvo bajo un árbol frondoso y pidió un espejo para mirarse, como se miró muy viejo, apedreó el árbol hasta adentro, lo cubrió de piedras de la raíz a la punta.

TENTITL.-   (Le ofrece una rodela en forma de joyel de viento, con banderolas y bordes de plumas de quetzal, travesaño de conchas de nácar y oro.)  Más adelante, cuando tocó la piedra en la que se había sentado, dejó pegadas las huellas de su mano. Más adelante, cuando volteó a ver a Tule por última vez, las lágrimas de sus ojos hicieron agujeros en las piedras.

QUINTALBOR.-   (Le da un bastón retorcido y emplumado con cabeza de serpiente.) En el puente, los nigrománticos quisieron detenerte. Te preguntaron: ¿A dónde vas?, ¿con quién dejas tu pueblo?, ¿quién hará las penitencias? Tú les contestaste: Tengo que irme. A Tlapallan, allá tengo que irme. Han venido a buscarme. Me llamó el sol. Tengo que irme.

TENTITL.-   (Le cubre el rostro con una máscara que representa a la serpiente emplumada.)  Vete, le dijeron, pero déjanos las artes, el conocimiento para fundir la plata, para tallar las piedras preciosas y para pulir la madera. Déjanos el oficio de pintar y hacer plumajes. Te despojaremos de todo lo que llevas, echaremos en una fuente las joyas que atesoras. Tus pajes, tus enanos y corcovados morirán de frío entre las dos sierras.

QUINTALBOR.-   (Lo corona con el penacho de quetzalli, de manchas atigradas, orejeras de mosaico de turquesas y garabato de oro.) Llegarás al mar, harás una balsa de culebras y te irás navegando hacia Tlapallan.

TENTITL.-   (Lo sahúma.)  Te vestimos, te recibimos, vuelve a tu casa de piedras verdes, a tu casa de turquesas y plumas finas y viento.

HERNÁN CORTÉS.-   (Ataviado, con la mano en la espada.) ¿Hay algo más que esto?, ¿son éstas todas las ofrendas que dais a un dios?

LA MALINCHE.-  El cacique Quintalbor dice: Más estas otras cosas: Una luna de plata, un sol de oro. Este perro, este jaguar, este mono de oro.

HERNÁN CORTÉS.-  Preguntadle que dónde manda su señor que nos veamos.

LA MALINCHE.-  El cacique Tentitl dice: Aun ahora has llegado y ya le quieres hablar, recibe este presente que él te da en nombre de su señor y después te dirá lo que te cumpliere.

 

(Los mexicanos ofrecen a los españoles guajolotes y pescados, tortillas y frutas.)

 

HERNÁN CORTÉS.-  Decidles que manden en sus pueblos a la gente a contratar con nosotros, traemos muchas cuentas a trocar por oro.  (Escupe con asco una tortilla roja.)  Esta tortilla está rociada con sangre humana, hiede a sangre podrida.

LA MALINCHE.-  Quintalbor dice que su señor ha enviado con ellos unos cautivos para sacrificar delante de su dios.

HERNÁN CORTÉS.-  Decidles cómo no comemos carne humana ni bebemos sangre, cómo somos cristianos y vasallos del mayor señor que hay en el mundo, el emperador don Carlos, que tiene por vasallos y criados a muchos grandes señores, y que por su mando venimos a estas tierras, porque ha muchos años que él tiene noticias de ellas y del gran señor que las manda.

LA MALINCHE.-  El cacique Tentitl dice que su señor Moctezuma es tan gran señor que se holgará de conocer a vuestro gran rey.

HERNÁN CORTÉS.-  Decidles que envío esta silla en que se asiente el gran Moctezuma para cuando le vaya a ver y hablar  (Un soldado pone en manos de los mexicanos una silla de caderas.)  Esta gorra es para que se la ponga en la cabeza  (Les da una gorra carmesí con una medalla dorada de san Jorge y el dragón.)  Todo lo demás lo manda el rey nuestro señor en señal de amistad, porque sabe que Moctezuma es gran señor.

LA MALINCHE.-  El cacique Tentitl dice que llevará presto aquel presente y traerá respuestas.

HERNÁN CORTÉS.-   (Al darse cuenta que QUINTALBOR observa el casco dorado y mohoso de un soldado manda que se lo den.)  Si el oro de esta tierra es como el que sacan en la muestra de los ríos, envíenme este casco lleno de granos de oro para enviarlo a nuestro gran emperador.  (Se vuelve hacia sus hombres.)  Pongan a los caciques grillos en el cuello y en los pies.  (A PEDRO DE ALVARADO.)  Corran los caballos con pretales de cascabeles, de dos en dos sobre la playa. Muéstrenles a la bestia única que hace el hombre con su cabalgadura.

PEDRO DE ALVARADO.-  Correré mi yegua alazana.

HERNÁN CORTÉS.-   (A Mesa, el artillero.)  Ceben las lombardas. Dispárenlas, aterrorícenlos.

 

(Mesa dispara el cañón. Los mexicanos caen al suelo, espantados siguen con los ojos las piedras que retumban en los montes, el árbol que descuajan, el humo que producen; huelen el azufre. Los soldados los levantan, les dan vino, tratan de reanimarlos.)

 

LA MALINCHE.-  Nuestro señor Cortés dice: Oíd lo que os digo: Hanme dicho que los mexicanos son hombres valientes, grandes conquistadores, muy diestros en las armas, que uno solo puede vencer a diez enemigos. Quiero probar si esto es verdad, y si sois tan fuertes como me han dicho.

HERNÁN CORTÉS.-   (A fray Bartolomé de Olmedo.)  Dadles espadas y rodelas para que peleen con nosotros y ver quién vence a quién.

LA MALINCHE.-  El cacique dice: Oiga vuesa mercé nuestra excusa, no podemos hacer lo que nos manda, porque nuestro señor Moctezuma sólo nos envió a saludaros y daros vuestros atavíos de dios. No podemos hacer otra cosa, porque si lo hiciésemos enojaríamos a nuestro señor y nos mandaría matar.

HERNÁN CORTÉS.-   (Con la espada fuera de la vaina.) Se ha de hacer lo que digo, tengo que ver qué clase de hombres sois, aparejaos con esas armas, disponeos para que mañana nos veamos en el campo.

LA MALINCHE.-   (Los mexicanos se despiden con reverencias, bajan a las canoas y se alejan remando de prisa.)  El cacique dijo: Ea, valientes hombres, esforzaos en remar antes de que nos suceda algo.

LOS CACIQUES.-   (Llegan a la Casa de lo Negro, donde MOCTEZUMA los está observando, salen del espejo y se dirigen a la guardia.)  Aunque duerma nuestro señor Moctezuma, despertadle y decidle que ya llegaron los mensajeros que envió a la ribera del mar.

MOCTEZUMA.-   (Emerge de la oscuridad.)  No duermo, yo nunca duermo.

TENTITL.-  Señor, sin descanso hemos caminado día y noche hasta llegar a México.

QUINTALBOR.-  Nuevas traemos de nuestro dios Quetzalcóatl.

MOCTEZUMA.-  ¿Cómo es él, qué ha dicho?

TENTITL.-  El dios tiene barba y cabellos negros, cara cenicienta, cuerpo membrudo. Sus hombres están vestidos de hierro de la cabeza a los pies, y sus espadas, sus lanzas, sus rodelas son de hierro.

QUINTALBOR.-  Montan venados y traen animales feroces de ojos amarillos y lengua de fuera, siempre jadeantes.

TENTITL.-  El dios ha preguntado cómo es nuestro señor Moctezuma, si es viejo, mozo, de edad media, si tiene canas.

MOCTEZUMA.-  ¿Qué habéis respondido?

TENTITL.-  Que nuestro señor Moctezuma es hombre de mediana edad, de cuerpo delgado y enjuto, de rostro largo y pocas barbas, sus ojos...

MOCTEZUMA.-  ¿Ha preguntado mucho por mí?  (Aparte.)  ¿A dónde habré de ir para que no me encuentre? ¿Me he de ocultar en el lugar de los muertos, en la Casa del Sol, en la tierra de Tláloc, en la cueva de Cincalco, que es muy secreta?

QUINTALBOR.-  Una mujer que habla la lengua mexicana lo acompaña. Su nombre es Malintzin, su casa Teticpoc. Allá en la costa la cogieron, se la dieron como presente.

MOCTEZUMA.-  No quiero oír más aquí las nuevas que me traéis, en la Casa de la Serpiente me hablarán. Váyanse allá.  (Al Huey Calpixqui.)  Unten de greda a dos cautivos para sacrificarlos delante de los caciques, ábranles el pecho y con sangre rocíen a estos hombres porque han visto a los dioses y han hablado con ellos. Mando que vayan los mensajeros a la sierra y desde allá pregonen el regreso del dios.




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