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Las ideas que exponemos en este trabajo tienen su origen, su base y su sentido en el sugerente artículo de T. Albaladejo Mayordomo, (1993) en el que, de manera rigurosa, documentada y precisa, identifica el carácter «esencialmente pragmático» de la Retórica. Ya en su propuesta de un modelo de explicación de la comunicación lingüística y literaria (Albaladejo, 1983), engloba el componente sintáctico y el componente semántico, por lo cual aquél contiene elementos y relaciones de índole sintáctica y de índole semántica, además de los elementos y de las relaciones de carácter exclusivamente pragmático. Este planteamiento le permite mostrar cómo la organización pragmática se asienta sobre estructuras sintácticas y semánticas, que son las que dan consistencia y corporeización textual y referencial a las estructuras pragmáticas que, de este modo, no son, en ningún caso, unas meras estructuras vacías.

 

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Hablar es hacer, hablar es intervenir en una forma de conducta gobernada por leyes complejas. Cf. T. Albaladejo, 1982, 1983 y 1984; V. Camps, 1976; J. A. Mayoral, (comp.) 1987; J. R. Searle, 1969; B. Schlieben-Lange, 1975. Una visión panorámica de los trabajos españoles sobre el tema de nuestro trabajo se puede ver en la bibliografía ofrecida por J. A. Mayoral, 1995.

 

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No podemos olvidar que «la Retórica nació en el mundo antiguo con el fin de sistematizar la actividad comunicativa que se realizaba con los discursos preparados para producir en el destinatario un efecto persuasivo» (T. Albaladejo, 1989: 23; cf. A. Huici Módenes, 1996)

 

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«La Retórica -como afirma T. Albaladejo- abarca en su totalidad la realidad del discurso retórico y de su comunicación. El planteamiento teórico retórico dispone de una organización que está perfectamente articulada de acuerdo con la armazón de la Semiótica general y lingüística en tanto en cuanto incluye las relaciones de índole sintáctica, que atañen al texto y a las relaciones de carácter semántico, que conectan el texto y el referente por él representado, y las de carácter pragmático, que se dan entre el texto, el productor, el receptor y el contexto. De este modo la Semiótica está implicada en sus tres partes, la sintaxis, la semántica y la pragmática, en la estructura textual-comunicativa global que ofrece la Retórica». (1989: 115-16. Cf. Ch. Morris, 1971: 13-71; M. C. Bobes Naves, 1973 y 1989; M. A. Garrido Gallardo, 1982).

Sobre la relación de la Retórica con la Semiótica, Cf. S. Chatman, 1979: 103-112; A. García Berrio. y T. Albaladejo, 2, 1983: 127-180: 130 y ss.; A. López García, 1985: 601-653.

 

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Vid. Capítulo siguiente: «Los recursos oratorios».

 

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«Ambas artes [la Gramática y la Retórica] se diferencian, pues, por sus virtutes: la virtus de la gramática consiste en el bene. La caracterización bene abraza, pues, las virtutes retóricas particulares (Quintiliano. 2, 15, 34 orationis omnes virtutes). Las virtutes de un art designan tanto una perfección de la obra (opus), indicada aquí por el dicendi, como también una perfección del artifex (en este caso, del orator)». (H. Lausberg, 1966-1968:83).

 

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En los tratados Brutus y Orator, Cicerón describe lo tres objetivos que todo orador deberá satisfacer: Brutus: 185: Tria sunt enim, ut quidem ego sentio, quae sint efficienda dicendo: ut doceatur... ut delectetur, ut moueatur...; Brutus. 276: tria uidenda esse quae orator afficere deberet, ut decere, ut delectare, ut moueat. Orator.69: Erit igitur eloquens... is qui in foro causisque ciuilibus ita dicet ut probet, ut delectet, ut flectat. En la correlación entre estos officia oratoris y los genera dicendi en el Orator éste adecúa la función del delectare al genus modicum. (A. Alberte, 1987: 82)

 

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«Lo aptum es el principio de coherencia que preside la totalidad del hecho retórico afectando a las relaciones que los distintos componentes de éste mantienen entre sí. Del cumplimiento de la exigencia de lo aptum dependen la conveniencia y la afectividad del discurso. Lo más significativo de lo aptum es, en mi opinión, que se trata de una noción que afecta a todas las relaciones integrantes del texto retórico y del hecho retórico, por lo que determina la coherencia interna del texto, que podemos llamar coherencia sintáctica, así como la que se da entre el texto y el referente, que es coherencia semántica, y por último la que afecta al orador, al público, a la utilitas, etc. en relación con el discurso, la cual es coherencia pragmática.

El iudicium o juicio es el discernimiento que lleva a cabo el orador para que el texto retórico mantenga el decorum interno en su organización. Por consiguiente, lo aptum, el decorum, es decir, la conveniencia, se presenta como el soporte de una auténtica coherencia semiótica en el ámbito de la Retórica y es una prueba de la importancia que la coordinación de todos los elementos, cotextuales y extratextuales, tiene en la conciencia retórica, configuradora de una de las más sólidas teorías del discurso con que puede contarse en la actualidad» (T. Albaladejo, 1989: 53)

 

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Pedro Laín Entralgo ha definido muy bien la dinámica suasiva, desligándola de la convicción: «Por obra de la función suasiva del habla, el hablante persuade (mueve al oyente hacia su opinión), disuade (le aparta de la que hasta entonces tenía) o, si se me permite el neologismo, antisuade (da lugar a una opinión distinta de la suya); tres formas distintas de la acción que básicamente nombra el verbo latino suadeo, y que no sería impertinente traducir por "suadir", influir el que habla sobre el sentir del que le oye. En todo caso, la persuasión no debe ser confundida con la convicción. Ésta es la aceptación de lo que demuestra el razonamiento científico o lógico; aquella, el asentimiento a lo que sugieren la verosimilitud o el encanto de lo que se dice -con este propósito recurría Sócrates al relato de un mito- o la autoridad que se atribuye al hablante. El grado extremo de la persuasión es la fascinación. En ella se cumple plenamente la segunda parte de una sentencia de Sartre: "la palabra es mágica para quien la escucha"; es mágica porque no sólo por la razón y la evidencia le mueve». (1996: 192; cf. Th. Viehweg, 1986).

 

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Podemos afirmar que la Retórica, asignatura inter y pluridisciplinar, constituye el «punto de convergencia de muchos factores que han ido formulando y modelando las actitudes del hombre a veces de forma imperceptible hasta nuestros días». Por esta razón, a lo largo de una tradición que abarca veinticinco siglos, la Retórica ha sido la base de los planes de estudio y de los programas de educación.

A manera de ilustración recordemos cómo la obra de Quintiliano constituye un programa didáctico que sintetiza y modera toda la anterior enseñanza de las ciencias humanas. La Retórica, hermanada durante la Edad Media con la Gramática y con la Dialéctica, alcanzó un papel preponderante durante los siglos XV, XVI y XVII, tanto en el ámbito de la enseñanza como en el de la cultura: en el siglo XVI se convierte en la disciplina cumbre de la formación integral humanística. (Cf. V. Pérez Custodio, 1995)

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