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- XXXIV -


ArribaAbajo   Pues todavía queréis ir mis suspiros
do siempre soléis ser tan mal tratados,
trabajad de llegar disimulados,
quizá con tal ardid querrán oíros.

   Sabe Amor si quisiera hora seguiros  5
para ver si osaréis ser tan osados;
mas, ¿para qué?, si van dos mil cuidados
míos allá, tras vos, para serviros.

   Si os llegáis, al llegar, con la osadía
que hora partís de mí, decidle manso:  10
«Señora, piedad, ¿por qué tan fiera?»

   Mas si, como he temor, de sí os desvía,
básteos darle a entender con un descanso
cómo el verme sin él hace que muera.




- XXXV -


ArribaAbajo   Por repararse de una gran tormenta
con que el cielo una noche amenazaba,
debajo de un alto olmo suspiraba
temeroso Vandalio en tal afrenta.

   No que con las ovejas tenga cuenta,  5
ni el temor de los lobos recelaba;
antes un ruiseñor que allí cantaba,
la historia de su mal le representa.

   Piadoso, (a) la avecilla enamorada
dijo: «¿Qué así te afliges y cantando  10
muestras la tempestad tener en nada?

   ¿Qué haremos los dos, pues que llorando,
nuestro triste cantar tan poco agrada?»
«¿Qué -dijo el ruiseñor- Morir amando.»




- XXXVI -


ArribaAbajo   Triste avecilla que te vas quejando
por feos ramos y por turbias fuentes,
pues que no son mis males diferentes,
vente agora aquí do estoy llorando.

   Verásme de pesar desesperando,  5
de placer apartado y de las gentes,
después que aquellos ojos son ausentes,
por quien vivo muriendo y suspirando.

   Tú lloras tu soledad y yo la mía:
consolémonos los dos pues que tenemos  10
una misma razón de estar muriendo.

   Y aquí, desamparados de alegría,
por aquellos desiertos andaremos
en llantos tristes continuo gimiendo.




- XXXVII -


ArribaAbajo   Padre Océano, que del bel Tirreno
gozas los amorosos abrazados,
de gloria, si sintieses mis cuidados,
cuanto yo de pesar, estarías lleno.

   En la parte del cielo más sereno,  5
para colmar la cima de tus hados,
vi a tu hijo bañar los delicados
pies de una ninfa que nació en su seno.

   «¡Ay, quién fuese hora tú!», yo le decía,
y de puro celoso lo enturbiaba  10
con llanto que del alma me salía.

   Mas él, que tanto bien comunicaba,
mientras con mi llorar lo revolvía,
claro en sus ondas mi dolor mostraba.




- XXXVIII -


ArribaAbajo   Por nuestro polo el sol no parecía,
al venturoso Antártico alumbraba,
cuando un pastor que, sin él, ciego estaba,
con lágrimas llorando así decía:

   «¡Oh luz sola que luz da al alma mía!  5
Mas, ¡ay!, ¿qué digo luz?: que la daba
cuando dejaros ver ya os agradaba.
¿Quién de veros me aparta y me desvía?

   Si no merece ver beldad del cielo
un mísero pastor desventurado,  10
si no os queréis mostrar por que no os vea,

   considerad, por Dios, gloria del suelo,
que el alma, que ya en vos se ha transformado,
no os dejará de ver doquier que sea.»




- XXXIX -


ArribaAbajo   Un nuevo sol vi yo en humano gesto
que en la tierra nos muestra un paraíso;
una boca vi yo que sólo un riso
en perpetuo llorar me tiene puesto;

   de dos ojos salió un mirar honesto  5
que el ánimo del alma trae diviso;
de entre perlas salió encubierto aviso
que me hace el vivir menos molesto.

   No supe a quien quejarme del engaño,
que el Amor era ya desapartido  10
cuando caí en la cuenta de mi daño.

   Pedí socorro al alma y el sentido
me respondió por ella, ¡ay, caso extraño!:
«¿no ves que la razón la haya rendido?»




- XL -


ArribaAbajo   Si tantas partes hay por vuestra parte
para que os ame y que por vos suspire,
¿cómo queréis, mi bien, que me retire
de tal empresa y que de amar me aparte?

   Si el cielo en sola vos muestra y reparte  5
tal gracia y tal beldad que el mundo admire,
¿cómo queréis, mi bien, que el alma aspire
a nueva hermosura o con cuál arte?

   Si son nieve, oro, perlas y corales
los cabellos, la boca, el cuello, el pecho,  10
¿cómo queréis, mi bien, que no me encienda?

   Si vuestros modos más que naturales
me tienen tan vencido y tan estrecho,
¿cómo queréis, mi bien, que me defienda?




- XLI -


ArribaAbajo   Si con cien ojos como el pastor Argos,
antes si con cien mil mirase atento,
si alcanzase la vista al pensamiento,
si de Néstor tuviese el vivir largo,

   si el alma libre más, más sin embargo,  5
pusiese en sola vos su entendimiento,
no basta a ver las partes que sin cuento
el cielo de beldad os hizo cargo.

   La envidia que poner suele defecto
do no lo puede haber, arde y suspira  10
mirándoos, y a sí misma se reprueba;

   y el mundo, que subir con el concepto
no puede desde acá, mientras que os mira
cree por fe, sin desear más prueba.




- XLII -


ArribaAbajo   Alma del alma mía, ardor más vivo,
extremo de beldad única y rara,
ejemplo de valor por quien tan cara
la vida me es, de que antes era esquivo.

   Fuera el decir cómo el concepto altivo  5
¡oh mi musa cruel!, menos avara
viérades, si en el mundo se os mostrara
cuanto de vos dentro del alma escribo.

   Mas, ¿qué puedo hacer si amor me inspira?:
cantar vuestro valor alto y divino  10
al son de esta vulgar, rústica lira.

   No saber más mis versos de un camino:
esto me dicta aquel que a amar me tira,
por pensada elección, no por destino.




- XLIII -


ArribaAbajo   Luz que en el fuego vivo, en el tormento
mayor que se haya visto entre mortales,
ardéis mi corazón con ansias tales
que en medio de su mal vive contento;

   si las partes que en vos escribo y siento  5
a vuestro merecer no son iguales,
excúseme con vos mis propios males,
que embarazan el flaco entendimiento.

   Y si no puede haber cosa que sea
igual a lo que sois, ¿cómo podría  10
mostraros comparando al que no vea?,

   salvo pintando un bien la fantasía
con la imaginación, cual lo desea
y cual os pinta agora el alma mía.




- XLIV -


ArribaAbajo   Luz que a mis ojos das luz más serena,
vida que da la vida al alma mía,
beldad por quien se aparta y se desvía
de sentir el sentido y enajena;

   gloria de mi dolor, bien de mi pena,  5
de todo mi pesar sola alegría,
fuego que hace arder mi fantasía
del más sabroso ardor que amor ordena;

   ¡pudiese yo, como querría, mostraros
el pecho abierto, do el amor ha escrito  10
cuanto quiero y no acierto a descubriros!

   Mas si no puede ser para moveros
que llegue ya mi mal a lo infinito,
¿qué más cierta señal que mis suspiros?




- XLV -


ArribaAbajo   En esto podéis ver, señora mía,
la razón que tenéis de maltratarme,
que si vengo ante vos para quejarme
el temor me acobarda y me desvía.

   Anda tan ciega ya mi fantasía  5
que llego alguna vez a aventurarme,
mas un no sé qué se es viene a estorbarme,
y no es, aunque parece, cobardía.

   Ved cual debe de estar quien no se entiende:
que siendo causa vos del mal que siento,  10
de vos, que lo causáis, me cubro y celo.

   Pues si mata el callar, decirlo ofende,
¿qué remedio tendrá quien su tormento
le tiene a vuestros pies ya por el suelo?




- XLVI -


ArribaAbajo   Para justificarme en mi porfía
tal vez muevo la pluma que os alabe,
y antes de comenzar pide que acabe
de celoso temor la fantasía.

   Pónesele delante al alma mía  5
temor que os perderé si tal se sabe,
y no decir de vos lo que en vos cabe
dice Amor que es traición y cobardía.

   Hágome alguna vez más atrevido
y digo: «¡Qué temor tan sin prudencia!  10
¡Aménla cuantos hay debajo el cielo!»

   Ved si debo de estar ya bien perdido,
cuando, siendo incurable mi dolencia,
pienso en ajeno mal hallar consuelo.




- XLVII -


ArribaAbajo   Cruel y venturosa celosía,
si de humano sentido alcanzas parte,
¿por qué enemiga así quieres mostrarte
al mundo, a mí y a la señora mía?

   Cuanta el mundo beldad mirar podría,  5
celas con importuna e envidiosa arte;
a mí causas dolor con tu cerrarte
y a mi señora ofende tu porfía.

   Ella quiere ser vista por que vea
la tierra el mayor bien que puede verse,  10
y el cielo la beldad que allá desea.

   ¡Aquel fuego que en mí pudo encenderse
te abrase! Pero no, porque no sea
tu encenderse ocasión de tu esconderse.




- XLVIII -


ArribaAbajo   Mientra, por alegrarme, el sol mostraba
la divina beldad que en sí tenía,
de pura envidia de la gloria mía
nube enojosa, oscura, lo celaba.

   Céfiro que a mirar atento estaba  5
aquel bien que la nube en sí escondía,
de enamorado, por mirar, la abría,
mas luego, de celoso, la cerraba.

   El Amor, que mirando estaba el juego,
vencedor a la fin quiso mostrarse,  10
encendido quizá de un mismo fuego;

   y a fuerza de saetas alargarse
hizo la nube que me tenía ciego,
o por cegarme más o por holgarse.




- XLIX -


ArribaAbajo   Si el celeste pintor no se extremara
en haceros extremo de hermosura,
si cuanto puede dar beldad natura
tan natural en vos no se mostrara,

   ni el retrato imperfecto se juzgara,  5
ni me quejara yo de mi ventura,
porque correspondiera la pintura
al vivo original do se sacara.

   Pero, dama, pues ya no vive Fidia,
ni humano genio basta a retrataros,  10
sin que quede confusa o falsa el arte,

   debéis, para que no muera de envidia
las menos que vos bellas, contentaros
con ver de lo que sois sola esa parte.




- L -


ArribaAbajo   Pincel divino, venturosa mano,
perfecta habilidad única y rara;
concepto altivo do la envidia avara
si te piensa enmendar, presume en vano.

   Delicado matiz que el ser humano  5
nos muestra cual el cielo lo mostrara;
beldad cuya beldad se ve tan clara
que al ojo engaña el arte soberano.

   Artífice ingenioso, ¿qué sentiste
cuando tan cuerdamente contemplabas  10
el sujeto que muestran tus colores?

   Dime, si como yo la vi, la viste,
el pincel y la tabla en que pintabas,
y tú, ¿cómo no ardéis, cual yo, de amores?




- LI -


ArribaAbajo   Si de una piedra fría enamorado,
pudo Pigmalión mover el cielo,
si pudo a tanto ardor poner consuelo
falso espíritu en ella transformado,

   siendo retrato vos tan bien sacado  5
de la mayor beldad que hay en el suelo,
y siendo ante mi ardor el suyo un hielo,
¿por qué no me ha el Amor a mí engañado?

   Ay de mí ¿Para qué? ¿Qué es lo que pido?
¿Si espíritu tuviese esa pintura,  10
podría mejorarse mi partido?

   No, porque en caso tal ¿quién me asegura,
si os hubiese en las mañas parecido
tanto como os parece en la hermosura?




- LII -


ArribaAbajo   Ojos, rayos del sol, luces del cielo,
que con un volver manso y piadoso,
en el trance más fuerte y peligroso
me solías de dar mayor consuelo,

   ¿qué ceño tan cruel, que oscuro velo  5
es el que mostráis tan temeroso?
¿Qué es del blando mirar, grave, amoroso,
que apartaba de mí cualquier recelo?

   ¿Qué es esto? ¿No sois vos aquellos ojos
que me suelen valer y asegurarme?  10
¿No me habéis dado vos mil desengaños?

   Pues, ojos, ocasión de mi enojos,
¿por qué agora miráis para matarme?
¿Cabe en tanta beldad tales engaños?




- LIII -


ArribaAbajo   No por el cielo ver correr estrellas,
ni por tranquilo mar navíos cargados,
ni en plaza tornear hombres armados,
ni a caza en bosque ver ninfas muy bellas;

   ni en gran oscuridad volar estrellas,  5
ni llenos por abril de flor los prados,
ni galanes en sala aderezados,
ni en cabello bailar tiernas doncellas;

   no el sol en el nacer de un claro día,
ni árboles de flor y fruta llenos,  10
ni fuego sobre nieve helada y fría;

   ni todo cuanto hay más ni cuanto hay menos
de hermoso en el mundo, igualaría
vuestro dulce mirar, ojos serenos.




- LIV -


ArribaAbajo   De sola la ocasión ledo y gozoso,
dijo Vandalio a Amor: «Por un halago
corre en cama dorada el rico Tago,
Pactolo sea de perlas abundoso;

   desee con su virtud quedar famoso  5
el que el sacro laurel quiere por pago,
vaya arando la mar, cual hizo Lago,
aquél que de riquezas es cuidoso;

   gobierne el reino aquel que lo procura,
sea el mundo de aquél que lo conquista,  10
y cada cual se goce con su estado.

   Yo no pido ni quiero más ventura
salvo que pueda de una dulce vista
solamente mirar y ser mirado.»




- LV -


ArribaAbajo   Como se turba el sol y se oscurece
si nube se interpone o turbio el cielo,
dejando oscuro y triste acá en el suelo
todo cuanto con él claro parece;

   y como estando así nos aparece  5
fuera de aquella nube y de aquel velo,
y llevando lo oscuro el aire a vuelo,
la claridad del sol más resplandece;

   tales me son a mí vuestros enojos,
que mirándoos airada o descontenta  10
se torna oscura noche el claro día;

   mas, en viendo la luz de vuestros ojos,
alegre luego el alma os me presenta,
mil veces más hermosa que solía.




- LVI -


ArribaAbajo   Como la simplecilla mariposa
a torno de la luz de una candela
de pura enamorada se desvela,
ni se sabe partir, ni llegar osa;

   vase, vuelve, anda, torna y no reposa,  5
y de amor y temor junto arde y hiela,
tanto que al fin las alas con que vuela
se abrasan con la vida trabajosa.

   Así, mísero yo, de enamorado,
a torno de la luz de vuestros ojos  10
vengo, voy, torno y vuelvo y no me alejo;

   mas es tan diferente mi cuidado
que en medio del dolor de mis enojos
ni me acaba el ardor, ni de arder dejo.




- LVII -


ArribaAbajo   Ojos, ¿ojos sois vos? No sois vos ojos,
antes ira del cielo extraña y fiera.
Mas, ojos, si lo sois, ¿de qué manera
roban vuestra beldad vuestros enojos?

   Ojos, ¿ojos sois vos? Tristes enojos;  5
que no sois ojos ya, sois fin postrera.
Mas, ojos, si lo sois, antes que muera
mostradme os agradáis de mis despojos.

   Ojos, no os pido yo que el ceño airado
lo levantéis de mi, más limitada  10
hace mi petición mi mala suerte.

   Mas, ojos, pues tan claro habéis mostrado
que mi vivir os cansa y desagrada,
mostrad hora agradaros de mi muerte.




- LVIII -


ArribaAbajo   Si el mudarme el color, si el alterarme,
si el súbito alegrar y entristecerme,
si el irme de do estáis y detenerme,
si el partirme de vos y no apartarme,

   si aquel viéndoos airada, ardiendo helarme,  5
y en el hielo de olvido el encenderme,
si el huir de mi bien para perderme,
y el procurar mi mal para ganarme.

   indicios pueden dar si son, señora,
prueba del gran dolor que me atormenta,  10
¿para qué me tratáis de esta manera?

   Si el alma de esta vida que os adora
de vuestra vida vive y se alimenta,
¿por qué os mostráis cuando me veis tan fiera?




- LIX -


ArribaAbajo   Mil veces mientra en vos estoy pensando,
a tanta perfección buscando falta,
no hallo parte que no sea tan alta
que el seso desfallece imaginando.

   Pero mientras así estoy considerando  5
el sentido se queja y sobresalta,
y prueba que piedad, señora, os falta,
pues tratáis mal quien por vos muere amando.

   Bien sé que no tenéis de esto disculpa,
mas quiéroosla yo dar por encubriros  10
la falta que yo mismo os he hallado.

   Quejaos de mí, ponedme alguna culpa
que os disculpe de haberme maltratado:
yo diré que es verdad por más serviros.




- LX -


ArribaAbajo   Si de Roma el ardor, si el de Sagunto,
de Troya, de Numancia y de Cartago,
si de Jerusalén el fiero estrago,
Belgrado, Rodas y Bizancio junto;

   si puede a piedad moveros punto  5
cuanto ha habido de mal del Indo al Tago,
¿por qué del fuego que llorando apago
ni dolor, ni piedad en vos barrunto?

   Pasó la pena de éstos, y en un hora
acabaron la vida y el tormento,  10
puestos del enemigo a sangre y fuego.

   Vos dais pena inmortal al que os adora,
y así vuestra crueldad no llega a cuento
romano, turco, bárbaro ni griego.




- LXI -


ArribaAbajo   Mientra con gran terror por cada parte
de Roma ardían las moradas bellas,
mientra que con el humo a las estrellas
subía el clamor del gran pueblo de Marte,

   alegre está Nerón, subido en parte  5
do viendo el fuego, oía las querellas,
mirando entre las llamas cuáles de ellas
eran mayores, do su furia harte.

   Así del alma mía la que gobierna
mi vida, mira el fuego, escucha el llanto  10
y tiene el mayor mal por mayor juego;

   y, a guisa de Nerón, se alegra tanto
cuanto más viendo en mí durar el fuego
piensa hacer su crueldad eterna.




- LXII -


ArribaAbajo   Luz de estos ojos tristes que solía
alegrarlos mirando alegremente,
vida por quien la mía ahora siente
harto más que el morir vuestra porfía,

   ¿por cual razón, ¡ay, bien del alma mía!  5
turbado por un súbito accidente
luego a mi verdad no se consiente?
¿Cual injusta ocasión de mí os desvía?

   Si mi vivir, señora, os desagrada,
si dura mucho ya una buena suerte,  10
si privarme queréis del bien pasado,

   no os me enojéis, no os me mostréis airada:
que como me quitasteis de la muerte,
me la podéis volver de vuestro grado.




- LXIII -


ArribaAbajo   Dama, tan claro en vos Amor me muestra
de su cautela la experiencia clara
que si el alma engañar no se dejara,
en vuestro gesto vio la clara muestra.

   La culpa de Amor fue, la gloria vuestra,  5
la pena mía, y tal, que me bastara
sin que os sacara el mal todo a la cara
el ciego que por vos mi vida adiestra.

   El calor de esta fiebre que os ofende
ha hecho en mi dolor efecto extraño,  10
muy contrario de aquél que yo temía.

   A vos os hiela el fuego, a mí me enciende;
en vos crece beldad, en mí el engaño
hace el deseo mayor que ser solía.




- LXIV -


ArribaAbajo   Como el calor de la celeste esfera
calienta y vivifica y da consuelo
cuanto hay elemental acá en el suelo,
árbol, planta, animal, flor, hierba o fiera,

   así, señora, Amor de esta manera  5
los pechos arde de amoroso celo,
sino ése vuestro que por ser de hielo,
de mal tan general se queda fuera.

   Pero si el sol al mayor hielo ofende,
lo consume y deshace, como vemos,  10
el vuestro ante mi ardor, ¿quién lo defiende?

   Y si ambos de su ardor nos defendemos,
¿cómo se hiela en vos y en mí se enciende?
¿Caben en un sujeto dos extremos?




- LXV -


ArribaAbajo   Dulce enemiga mía, hermosa fiera,
si las obras de Amor mirar queremos,
iguales con el sol las hallaremos
una regla guardar y una manera.

   Cerca la tierra el sol dentro y de fuera,  5
y la cera derrite como vemos.
¿De dónde vienen, pues, tales extremos?
¿Los rayos no son todos de una esfera?

   Amor os hiela a vos y a mí me enciende,
en mí acrecienta ardor y en vos desvío,  10
yo soy un fuego ya, vos toda un hielo.

   ¿Pues cómo puede ser? ¿Hay quién lo entiende?
Si procede de Amor el ardor mío,
¿el hielo vuestro es permisión del cielo?




- LXVI -


ArribaAbajo   Si contra Amor, señora, andáis armada
de aquel frío saber que Amor contiende,
si os guía la razón, si ella os defiende,
no es gran caso no estar enamorada.

   De poco amor, Amor se desagrada;  5
no puede Amor crecer do el seso entiende;
si el juicio gobierna, Amor se ofende;
do no hay pasión, Amor no puede nada.

   Pero si permitiese el hado mío,
cosa que podría ser, que Amor hallase  10
entrada en ese pecho de diamante,

   a pagar de mi alma aquel desvío
en blando consentir se transformase,
¿qué freno hay que tener pueda un amante?




- LXVII -


ArribaAbajo   ¿Cual fiera tempestad, cual accidente
mi tan sereno mar ha vuelto airado?
¿Qué es del fuego, señora, en que abrasado
fue vuestro corazón tan dulcemente?

   Si en el perpetuo olvido amor consiente  5
que así se haya deshecho y apagado,
¿qué fue, si no fue amor, mi bien pasado?
Y si fue amor, ¿qué es de él, do está presente?

   Ya que justa ocasión de mí os partiese,
¿cómo puede hora ser que en solo un hora  10
tanto amor, si era amor, de vos se fuese?

   Sombra de amores fue, no amor, señora:
mostrásteme la luz por que sintiese
mayor oscuridad sin ella agora.




- LXVIII -


ArribaAbajo   ¡Ay, vivo fuego, ay, fiero pensamiento,
ay, rabioso dolor, pasos cansados,
ay, recelos de Amor desesperados,
ay, triste, congojoso sentimiento!

   ¡Ay, alto desear sin fundamento,  5
ay, vana empresa llena de cuidados,
ay, ríos, fuentes, selvas, bosques, prados,
ay, esquiva ocasión de mi tormento!

   ¡Ay, verdes murtas, árboles hermosos,
ay, lugar que ya fue ledo y jocundo,  10
do gastaba mi tiempo en dulce canto!

   Espíritus alegres y amorosos,
si alguno vive acá en el bajo mundo,
muévaos hora a piedad mi triste llanto.




- LXIX -


ArribaAbajo   El triste recordar del bien pasado
me representa el alma a mi despecho,
y el pensar que pasó me tiene hecho
de esperar que será, desesperado.

   Ando de un no sé qué mal aquejado,  5
que me parece que me roe el pecho;
pienso que es desear, pero sospecho
que no da el desear tanto cuidado.

   Pues, si no es desear, ¿qué es lo que siento?
Yo sé que no es temor, tampoco es celo,  10
que no me da vuestro valor licencia.

   ¿Si es fuerza de amoroso pensamiento?
No, que el pensar consigo trae consuelo.
Mas, ¡ay!, que ya sé que es: no es sino abstencia.




- LXX -


ArribaAbajo   ¡Ay, dulce tiempo por mi mal pasado,
en el cual me vi yo de amor contento!
¡Cómo se fue volando con el viento
y sola la memoria en mí ha quedado!

   ¡Ay, triste tiempo lleno de cuidado  5
de dolor y pesar, pena y tormento!
¿Quién hace así tardar tu movimiento?
¿Cómo vas tan despacio y tan pesado?

   Si tanto bien no mereció mi suerte,
¿cuál desdicha ordenó que lo gustase?  10
Y si era bien, ¿por qué fue mudable?

   Y si había de venir un mal tan fuerte
tras él, para que más me lastimase,
¿por qué es mi mal más que mi bien estable?




- LXXI -


ArribaAbajo   Estrella que mi mal todo influiste,
del bien que ya pasó eclipsada esfera,
que al florir de mi verde primavera
en invierno enojoso convertiste.

   Sigue tu curso pues, oscuro y triste,  5
muéstrate, si sabrás, airada y fiera,
que yo siempre seré el que antes era
y tú ya no serás quien siempre fuiste.

   De mal vaya a peor mi mala suerte,
que no podrá estorbarme aquella gloria  10
que en la mente quedó del bien perdido;

   salvo si de piedad hace la muerte
que pague con la vida la memoria
el lago oscuro del eterno olvido.




- LXXII -


ArribaAbajo   Pasan tan prestos los alegres días,
volando sin parar apresurados,
y del perdido bien acompañados
llevan tras sí las esperanzas mías.

   Mas los que traen las ansias, las porfías,  5
temor, recelos, bascas y cuidados,
éstos pasan despacio, tan pesados,
que parecen que van por otras vías.

   Pues si no muda el sol su movimiento,
si regla cierta en sus caminos guarda,  10
si no se puede errar orden del cielo,

   las horas enojosas del tormento
¿por qué tan luengas son? ¿Cómo se tarda?
Y las alegres, ¿quién las lleva en vuelo?




- LXXIII -


ArribaAbajo   Llorando vivo y si en el fiero pecho
de la enemiga mía pudiese el llanto
cuanto pudo en su tiempo el dulce canto,
seríame el llorar honra y provecho.

   Mas quien me tiene ya casi deshecho,  5
de mi bien o mi mal no cura tanto,
y así conviene a mi pesar que cuanto
fue el bien, sea ahora el mal de que sospecho.

   Y porque en mi llorar más dolor halle,
quiso ordenar Amor, que era enemigo,  10
que lo que más querría decir, más calle.

   Ved cuál estoy, qué extremo es el que sigo:
que llorando mi mal, para contalle,
la causa callo y los efectos digo.




- LXXIV -


ArribaAbajo   Mientra en mí la esperanza florecía
alegre el corazón vivió cantando,
mas hora que el temor la va secando
paso el tiempo en llorar la pena mía.

   Entonces de un pensar dulce vivía,  5
hora en pensar y más pesar pensando,
en amargo dolor va transformando
cuanto antes dentro en él de dulce había.

   Ha tomado del alma mía gobierno
un triste recelar, que con espanto  10
amenaza hacer mi mal eterno.

   Por lo cual, si tal vez en dulce canto
me pruebo, sale del dolor interno
interrota la voz y envuelta en llanto.

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