21
Puede verse, además de las biografías de Bello, el trabajo monográfico de Pedro Grases, La trascendencia de la actividad de los escritores españoles e hispanoamericanos en Londres, de 1810 a 1830, Caracas, 1943. Un excelente análisis -el mejor que conozco- sobre la influencia de los liberales españoles de la época en los próceres hispanoamericanos, es el del P. Manuel Aguirre Elorriaga en su importante volumen El Abate de Pradt en la emancipación hispanoamericana, publicado en las prensas de la Gregoriana, Roma, 1941, capítulo VII, páginas 123-155.
22
Bello, Miranda, Irisarri y Egaña en Londres, por Guillermo Feliú en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Nº 40, Caracas, oct.-dic. 1927, p. 347. (La carta es de Londres, 22 de octubre de 1820). «Bello fue el alma del círculo americano que para esta fecha se hallaba en Londres». (Aristides Rojas, Andrés Bello y los supuestos delatores de la Revolución, en Estudios Históricos, ed. 1927, p. 79.)
23
«Tras del Libertador Político, el Libertador Artístico», conf. pronunciada en el «Hogar Americano» de Caracas, 14 setiembre 1940: Publicada en la Revista Nacional de Cultura, nº 22, Caracas, jun. 1940. (Capítulo de El drama artístico de Andrés Bello, libro inédito). Al hablar del día en que escribió la Silva, dice don Arístides Rojas: «Desde este día el genio de Bello no es patrimonio de un pueblo, pertenece a la raza que descubrió la América y fundó una civilización e infundió en sus hijas, amor a la gloria, culto a la belleza, sentimiento en la familia». (Estudios Históricos, Serie Segunda, p. 33, Infancia y Juventud de Bello).
24
Un cuadro de la descendencia que dejó en Chile don Andrés Bello, preparado para don Luis Correa por Guillermo Edwards-Matte, puede verse en el Boletín de la Academia Venezolana Correspondiente de la Española, Tomo IV, nº 14, Caracas, enero-junio 1937.
25
Amena síntesis informativa sobre sus más inmediatos familiares la contiene en notas, la obra del señor Orrego Vicuña. (Don Andrés Bello, 3ª edición, p. 359 y siguientes.)
26
La correspondencia íntima de Irisarri atestigua el elevado concepto que desde el principio le mereció Bello: «Es hombre habilísimo, de muy variada literatura y extensa ciencia, y posee una seriedad y nobleza de carácter que lo hacen mucho más estimable» (Carta a don Joaquín Echeverría, 10 oct. 1820). «Verdadero sabio por su carácter y su sabiduría y hasta por la resignación con que soporta su pobreza, muy semejante a la mía, si no mayor» (Carta a su esposa, 10 oct. 1820). (Guillermo Feliú Cruz, Bello, Irisarri y Egaña en Londres, reproducción del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, oct.-dic. 1927, nº 40, pp. 334 y sigs.).
27
Emilio Rodríguez Mendoza: Bello, el Maestro Inmortal. En el Bol. de la Acad. Nac. Hist., nº 100, (Caracas, oct.-dic. 1942), t. XXV, p. 323.
28
Amunátegui, ob. cit., p. 187. No faltaba razón a don Mariano Egaña para desconfiar de Bello, por su fiel amistad a Irisarri, con quien se encontraba en líos aquél.
29
Íd., pp. 199-207.
30
Carta a Agustín Loinaz, Cumaná, 13 de octubre de 1826. En el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, nº 51, Caracas, julio-setiembre de 1930.