Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice
Abajo

Palique1

[El Solfeo, n.º 51, 21 de octubre de 1875]2

Leopoldo Alas





  —168→  

El Siglo Futuro, que no pasa por eso de ver las ¡ay! pantorrillas de las bailarinas por muy postizas que las pantorrillas sean, ha visto con deleite, con concupiscente deleite, «el brazo de la revolución en toda su horrible desnudez»

Ahí tiene usted; y yo que soy mucho menos timorato -que tiene que ver- no me atrevería a mirar a un neo3... en toda su horrible desnudez.

* * *

Así es que prefiero pararme a contemplarle vestido de monaguillo o bajo la forma de autor, compilador, extractador, o qué sé yo, de las obras neo-escolásticas.

Porque han de saber ustedes que el señor Pidal4, autor a quien me refiero, es un sabio; y sin dejar de serlo, hizo un libro más o menos suyo, en el cual le dice a la Virgen Santísima -alabada sea ella y aun el señor Pidal sea alabado, y si quiere bendito-, digo que dice el señor Pidal muy modestamente a la madre de Dios que su deseo es contribuir con aquellas pobres páginas al advenimiento de la ciencia de Tomás (yo le hubiera llamado Santo Tomás) -Trop de cel5 [sic], señor Pidal. Si Santo Tomás viviera ahora no escribiría la Summa ni se alegraría de ver a ustedes los señores neo-escolásticos (bien que dice usted que lo oye) haciendo elogios de su obra, que más la perjudican que la ensalzan.

Que usted es muy listo, señor Pidal, certísimo; que usted es muy aplicado, evidente; ¿qué más? es usted hasta guapo... pero... pero... no es usted filósofo, es más, no es usted un místico, ni mucho menos, ¡ea! ni mucho menos. ¿Usted y Selgas son dos tomistas... de tomo y lomo? Distingo.

* * *

Ahora que hablo del señor Pidal, que quiere ser diputado, recuerdo que La Época recomienda la mayor baratura en las elecciones.

  —169→  

imagen

El Solfeo, nº 51, 21 de octubre de 1875. Hemeroteca Municipal de Madrid.

  —170→  

Pues bien, Julia ha inventado la aplicación, sin inconvenientes, del carbón a la fotografía; procedimiento, al decir de los enterados, mucho más barato que el otro de la albuminia.

¿No podrá aplicarse el carbón a eso de las elecciones? Habrá inconvenientes, no lo niego; los diputados saldrán sucios como unos carboneros; pero el carbón, repito, es más barato, mucho más barato que el oro: y es probado que el oro también ensucia las manos.

* * *

A fuerza de leerlo en los periódicos me he convencido de que, en efecto, al arzobispo de no sé dónde le han impuesto... el palio.

He aquí un impuesto mucho más pacífico que el impuesto de guerra. Como que se trata de la lana de un cordero.

Un impuesto de vellón como quien dice.

Esta lana la preparan en Roma las monjas de no sé qué convento.

De modo que unos cardan la lana y otros llevan la fama.

Así sucede con todo: con lanas lo mismo que con obras acerca de Santo Tomás.

Y de propósito no cito nombres propios de sabios para que el señor Pidal no venga diciéndome que los escribo incorrectamente, siendo así que de eso tienen la culpa los cajistas. -Así Dios me salve.

* * *

Todas estas noticias, con ser de sensación, lo son mucho menos que lo que consistiese en decirnos si resueltamente han almorzado aquellos dos o tres individuos que para desayunarse esperaban un acuerdo del partido.

¿Si por fin se habrán quedado en ayunas? No es de creer siendo unionistas y sagastinos por añadidura. -Con ese almuerzo ha coincidido la llegada del duque de la Torre.

Y diga usted: ¿come el duque?

En la noche del martes no se tomó acuerdo alguno en el Ateneo; lo cual no es decir que haya habido junta extraordinaria.

En vista de que no se tomaba ningún acuerdo, varios socios tomaron sendos constipados al salir a la calle tras una discusión muy acalorada. No asistió Candau, que no sé si es socio, y así es que no hubo frases célebres. Vamos, no hubo nada.

* * *

  —171→  

Sepan ustedes que «anoche se discutía la importancia de cierta reunión»; en efecto, eso parece discutible, pero no señor, porque «ha tenido lugar en casa de uno de los hombres más importantes del partido moderado». Ahora, ya no es discutible la importancia. Pero sí es discutible, porque «ha pasado desapercibida esta reunión para los periódicos y los círculos mejor enterados». Vaya, vaya, eso no ha tenido ninguna importancia. Pero sí tal, porque «los acuerdos adoptados no han dejado de tener gran importancia». -Hay que volverse loco. ¿Hubo o no hubo importancia? ¿Pero, a mí qué me importa?

CLARÍN.





Indice