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1

Véase: José Enrique Rodó, por Gonzalo Zaldumbide, edición de la Hispanic Society of America, New York, 1921 y Revue Hispanique, tomo XLIII, 1918, y la edición de la Academia Argentina de Letras. En otra edición, hecha por el Instituto de las Españas en New York, 1933, decía yo: «Biografía de Montalvo, propiamente dicha, no la hay aún, digna de mención», siendo así que por entonces había aparecido una muy completa e interesante biografía de Montalvo, del conocido historiador ecuatoriano Óscar Efrén Reyes, publicada en Quito. No llegó a mi conocimiento oportunamente: hallábame en Europa. Señalo aquí esa biografía y lo involuntario de mi omisión. Posteriormente ha aparecido, también en Quito, La vida novelesca de Juan Montalvo, por Gustavo Vásconez Hurtado, biografía novelada que merece mención por lo discreta y verosímil. Afuera, parece haberse escrito abundantemente sobre Montalvo. Ni para qué hablar, en cambio, del horrendo engendro psiquiátrico del profesor Agramonte.

 

2

Estos datos juveniles de Montalvo, aquí ya inencontrables, tuve la suerte de descubrirlos en París, en un álbum antiguo, de recortes, de un compatriota. A propósito, de Lamartine, creemos inédita la carta, sin duda circular a varias Cancillerías, que damos a luz traducida del original en francés, recibida en Quito el año de 1861. Dice así:

«Señor Ministro:

En la tarde de mi vida, después de una larga y laboriosa carrera enteramente consagrada a mi patria y a todo lo que interesa a la humanidad, me veo, por uno de esos mil caprichos de la fortuna, obligado a trabajar sin tregua; a fin de poder llevar conmigo a la tumba el título más precioso a mis ojos, el de hombre honorable.

Acabo de emprender el juntar, en una sola edición, todas las obras que he publicado, revisadas, aumentadas y corregidas por mi pluma. Esta obra, señor Ministro, está ya muy avanzada y la continúo con perseverancia.

Al dirigirme a V. E., Señor Ministro, el objeto de mi gestión es solicitar de Vuestra Excelencia que, en nombre de las letras, el derecho y la libertad, os dignéis prestarme vuestro apoyo, usando de vuestra influencia oficial y oficiosa para ayudarme a realizar mi difícil empresa.

Mis títulos para dirigirme a Vuestra Excelencia son, haber defendido la libertad circunscrita por el orden, el derecho reunido al deber, el haber siempre amado a esas jóvenes repúblicas, llenas de vida, pobladas por una raza noble y caballeresca, a las que la Providencia prepara un porvenir dichoso.

Lo que aún puede recomendarme ante Vuestra Excelencia es que he sabido con reconocimiento, por periódicos latinoamericanos y por los hombres más importantes del Nuevo Mundo, que en toda la América Latina puedo contar con la simpatía de todos los pensadores, como con la juventud estudiosa y el pueblo generoso.

Hombre de corazón, amando a la humanidad, Vuestra Excelencia, no lo dudo, se dignará prestar su apoyo para obtener suscripciones a mis obras completas.

En todo tiempo me sería grato deber mi reconocimiento a las nobles repúblicas de la América Española.

Aceptad, Señor Ministro, las seguridades de mi alta consideración.

F. Al. de Lamartine».

Ex-Ministro de Negocios Extranjeros.

43, rue de la Ville l'Evêque. París, a 4 de Agosto de 1861

Al excelentísimo señor ministro del interior y relaciones exteriores del ecuador.

Quito



N. Bne. Para la ejecución, los suscriptores no tendrán sino que enviar la suma de 540 francos, por letra de cambio, a Mr. de Lamartine, que les hará llegar 40 volúmenes. Podrán igualmente entenderse para este objeto con los agentes del Correo de Ultramar».

(Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador en Quito. Vol. «Cancillerías de Europa y América. 1840-1885»).

 

3

El autor de este ensayo, hallándose de Ministro en París, hizo colocar una placa conmemorativa en la casa en que murió Montalvo. A pedido suyo, Don Miguel de Unamuno, tomó la palabra en la ceremonia. Puso también Don Miguel, el igualmente solicitado prólogo a las Catilinarias, en la edición de Garnier, dirigida por G. Z.

 

4

Publicación del Ilustre Concejo Municipal de Ambato y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Ambato (1956).

 

5

Discurso pronunciado al pie de la estatua de Montalvo, el 13 de abril de 1928, en Ambato.

 

6

Discurso pronunciado el 13 de abril de 1956, en el Mausoleo de Montalvo.

 

7

Por los años de 1781 privaban mucho en Inglaterra las sociedades literarias cuyos principales miembros pertenecían al bello sexo, empeñado en tratar con los sabios acerca de las materias más abstrusas y ajenas a la mujer. Uno de los personajes más eminentes de esas reuniones era Mr. Stillig-fleet, tan notable por su sabiduría como por su modo de vestir, pues entre otras rarezas, llevaba siempre medias azules (blue stockings). Eran tales la excelencia de su conversación y su principalidad, que cuando este señor fallaba, las señoras sabían exclamar: We can do nothing Without the blue stockings, nada podemos hacer sin las medias azules. Un francés distinguido tradujo este blue stockings por bas blues aplicándolo literalmente a las literatas de esas sociedades, equivocación que hizo reír mucho a las mismas sabiondas, que empezaron a ser llamadas con ese nombre

Croker's Bowell: Este término ha quedado admitido para designar a las mujeres importunas que dejan la casa por el Liceo. De las cuales peripatéticas y de las otras poetisas se queja de este modo un buen ingenio.


«Si estas nuevas no son bolas
      De la gente,
No bajan de cien las damas
      Españolas
Que están escribiendo dramas
      Actualmente.
Y si está de norabuena
      Nuestra escena,
      Los varones,
En vez de trajes de gala,
Debemos vestir crespones,
Que estamos de noramala.
Señor, por tus cinco llagas
Reprende a este sexo impío,
Pues si da en hacer comedias
      ¿Quién, Dios mío,
Nos remendará las bragas,
Y las medias?



 

8

El Señor Bruzual, víctima de este crimen, lo denunció en su lecho de muerte. Los diarios de Nueva Granada lo publicaron con los anatemas que merece.

 

9

Voltaire, en París.

 

10

J. J. Rousseau, por los Corsos.