111
Todas las decretales de esta colección, que suben a 106, llevan la siguiente inscripción: Clemens Quintus in Concilio Viennensi. En este concilio se examinó y aprobó la extinción de los templarios, cuya orden ya había sido extinguida por Clemente V a instancia de Felipe el Hermoso de Francia.
112
Sin duda pensó Juan XXII formar una colección más numerosa, y por eso no publicó ni remitió a las universidades sus 20 decretales.
113
Las Extravagantes comunes están divididas en cinco libros, y por el mismo orden de materias que las decretales, el sexto y las clementinas; pero como el autor no encontró ninguna constitución relativa al matrimonio, al llegar al libro IV, destinado a tratar de él, dice: Liber quartus vacat.
Una y otra colección de Extravangantes andaban sueltas, sin formar parte del cuerpo del Derecho Canónico, hasta que en la edición que se hizo en Roma en 1582 se imprimieron juntas con aquél, desde cuya época han continuado siempre incorporadas en cuantas ediciones se han hecho después, por cuyo motivo el uso les ha ido dando la autoridad de que carecieron en su origen.
114
Aunque las Extravagantes tengan realmente la misma autoridad que las otras colecciones, para ciertos efectos no forman parte del cuerpo del Derecho, como se verá al tratar de las reservas pontificias en la colación de beneficios.
115
El libro II de las decretales, que trata de la parte judicial, y que sirvió de modelo a todas las naciones de Europa para la formación de sus códigos, es todavía mirado por los sabios como una obra bien concebida y ejecutada.
116
Gregorio IX, en la bula de confirmación, al publicar las decretales, dice entre otras cosas: Volentes igitur ut hac tantum Compilatione universi utantur in judiciis et in scholis, districtius prohibemus, ne quis praesumat aliam facere absque auctoritate Sedis Apostolicae.
117
En 1294 fue elegido Bonifacio VIII; en esta época estaban en guerra el rey de Francia y de Inglaterra, para cuya terminación había mediado el pontífice sin resultado alguno.
Entre las cosas notables que ocurrieron durante estas discordias, fue una grande asamblea de prelados, señores y comunidades eclesiásticas y seculares. Nadie se atrevió en ella a oponerse a los derechos y consideraciones que se debían al rey, inclusos los mismos prelados, si bien estos le suplicaron al mismo tiempo con empeño que se les permitiese acudir al llamamiento que había hecho el pontífice para que se presentasen en Roma, lo cual no les fue concedido. En otra asamblea que se convocó después, se leyó el acto de apelación del rey al concilio general o al futuro pontífice, a cuyo acto de apelación se fueron agregando sucesivamente hasta más de 700 adhesiones de todas clases de autoridades y corporaciones eclesiásticas y seculares. Es de advertir que a la sazón ya había sido declarado el rey incurso en excomunión, previo el concilio que se celebró en Roma, a pesar de que no habían asistido los obispos franceses.
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Cuando Bonifacio VIII fue hecho prisionero se encontraba en Anagni, pueblo de su naturaleza, en los Estados romanos. Allí fue sorprendido por Guillermo Nogaret, caballero francés, el cual, de acuerdo con los Colonnas de Roma y otros italianos, se presentó al frente de 300 caballos y gente de a pie, gritando: Muera el papa y viva el rey de Francia. Al cabo de tres días, avergonzados los de Anagni de haber dejado prender y maltratar a su paisano, a la voz de Viva el papa y mueran los traidores, los echaron del palacio y de la ciudad.
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Los primeros actos de potestad del nuevo pontífice fueron nombrar diez cardenales, entre ellos nueve franceses; restituir a los Colonnas la dignidad de cardenales, de la cual habían sido desposeídos por Bonifacio VIII; absolver a Felipe el Hermoso de las censuras fulminadas contra él, y revocar o modificar las bulas que habían promovido aquellos disturbios.
120
Aviñón es una ciudad de Francia, sobre las márgenes del Ródano, comprada por Clemente VI ( 1352) en 400.000 florines a la reina de Nápoles doña Juana, como señora de la Provenza.