El teatro en Nueva York
Un gran éxito, el éxito del año, la adaptación escénica de la novela de Koestler, Darkness at Noon, traducida hace años en España con el título de la versión francesa; El cero y el infinito. La adaptación fue llevada a cabo con mucho acierto por Sidney Kingsley, pero la crítica atribuye la mejor parte del éxito a los intérpretes, ambos conocidos de nuestro público por sus actuaciones cinematográficas.
Claude Rains personificó a Rubachov, el viejo bolchevique disconforme a quien acosan sus antiguos camaradas; Walter Jack Palance (el casi intolerable monstruo a quien vimos el pasado invierno representando el gangster de Pánico en las calles) desempeñó el papel de Gletkin, el stalinista que logra persuadir Rubachov de la necesidad de capitular.
Fracasó, en cambio, Tennessee Williams con The Rose Tattoo, que empieza bien pero se desintegra pronto, según el crítico F. W. Dupee, «parcialmente, sin duda, porque depende de una tradición de exotismo americano ya deshilachada en los días de Tortilla Flat y que ahora pende de un hilo». Esta tradición es la superioridad sexual del primitivo sobre el americano medio. Y en la pieza, concluye el comentarista: «no hay conflicto verdadero, ni caracteres, ni estructura, ni obra, ni literatura».
