Cortes de Barcelona (10 marzo, 1131). Texto inédito
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Asistieron á ellas San Olaguer, arzobispo de Tarragona (1118-1137), Ramón Gaufredo, obispo de Vich (1109-1146), Berenguer Dalmau, obispo de Gerona (1114-1147), abades y magnates en grandísimo número, presidiéndolas el Conde de Barcelona Don Ramón Berenguer III1 con su hijo Raimundo, asociado desde la infancia al gobierno supremo2. Celebráronse con toda solemnidad en el palacio condal de Barcelona el día 10 de Marzo del año de la Encarnación 1130, que corresponde al 1131 de la era vulgar. Así lo testifica el ejemplar original, que vió y copió Villanueva en el archivo del monasterio benedictino de San Pedro de Roda, cuyas ruinas mirando al mar descuellan ahora tristemente sobre el cabo de Creus, mezcladas acaso con las del templo antiquísimo de Venus Pirenéa. Recordáis á este propósito lo que escribió el sabio autor del Viaje literario3: «A este mismo año 1130 (de la Encarnación), pertenece la Junta de condes y obispos en Barcelona, que Florez adelantó al 1125. Al año que digo lo pone el original que vi en San Pedro de Roda, donde lo copié para mi colección. Y es de notar, que las palabras que —76→ Florez copió para honrar la Sede de Vique4, en el mio honran la de Barcelona. Y es que debieron escribirse varios ejemplares, según la variedad de los obispos que asistieron; á cada uno de los cuales en su distrito hicieron juez de los malhechores que allí se quisieron castigar».
Desgraciadamente no he podido hallar el ejemplar original que manejó Villanueva, ni la copia que de él sacó. Diez años ha, me detuve en las poblaciones de Llansá y de Figueras, donde quedan restos del archivo de San Pedro de Roda, que examiné. La pesquisa fué en balde. Tampoco nuestra Real Academia posee, ni recibió el traslado en cuestión entre los documentos y papeles correspondientes al viaje literario á las iglesias de España del P. Fr. Jayme Villanuera, que había heredado el presbítero Don Ignacio Herrera y nos entregó D. Miguel Aparici y Ortiz en virtud de real orden expedida por el Ministerio de Fomento5. En el tomo XV del Viaje, pág. 36-56, discurre largamente el autor sobre el archivo de aquel monasterio; pero del documento que buscamos, con ser de tanta importancia como lo dejó advertido en el tomo VI, ni siquiera hace mención. ¿Por qué? ¿Se le habría extraviado la copia? Así lo pienso.
Forzoso me ha sido, pues, si había de recobrar el texto, acudir á la fuente única, que vió, mas no publicó Diago. En el archivo, dice6, de la Catedral de Barcelona, en el primer libro de las —77→ Antigüedades, fol. CV7, donde vi todo esto, se halla que fué ello ordenado en diez de Marzo de mil ciento y quinze. No le faltó á Diago cierta dosis de sano criterio: rechazó la fecha del año propuesta ó viciada por el códice manuscrito; sentó que la genuina debe colocarse entre el principio del arzobispado de San Olaguer (1118) y la muerte del Conde D. Ramón Berenguer III (1131); imaginó que el error del número XV dimanaba de la omisión de una X; y conociendo perfectamente el estilo catalán de calendar los años de la Encarnación añadió: «MCXXV, ó por mejor dezir, según los años de aora, que son los del nacimiento de Christo el de veynte y seys, siendo verdad, como lo es, que las Cortes se celebraron en diez de Março del dicho año de la Encarnacion de Christo».
No es cierto, ni es verdad, que las Cortes se celebrasen el año 1125 de la Encarnación. ¿Pues qué? Por ventura ¿no puede el amanuense del Códice mudar una cifra por otra, tan bien como suprimirla?
La afirmación de Diago, que acogió sin examen Feliu, ha sido perjudicial al catálogo de Cortes, trazado é impreso por nuestra Real Academia8:
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«1125. Feliu, Anales de Cataluña, tomo I, pág. 333, dice que en estas Cortes se dió forma al gobierno, y se mandaron devolver á la Iglesia los bienes usurpados por los seglares». |
Acogióla asimismo Florez; é hizo arma de ella para reducir á límites de tiempo escasísimos el viaje de San Olaguer á Levante. Citaré sus palabras9:
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«Tratáronle con honor los prelados del Oriente, en especial el obispo de Trípoli y el patriarca de Antioquia; y (el biógrafo del Santo) dice que volvió á Barcelona en el año MCXXII; pero debe leerse XXV, como prueba lo referido hasta aquí10. Entonces, añade, compuso muchas disensiones, y se dedicó á obras pías y útiles al público, recobrando para su iglesia de Barcelona —78→ la décima de la moneda, y moviendo al Conde á buenas leyes y concordia con los genoveses. De esto hay las pruebas siguientes: Arnaldo Guillen tenía usurpados los diezmos de San Saturnino de Collsabadell, pero el santo le obligó á volverlos en 7 de Noviembre del año 18 del Rey Luís, que fué el año 1125 de Cristo; y así sabemos que había vuelto á Cataluña en aquel año. Pero otra escritura anticipa meses, refiriendo en 6 de los idus de Marzo la gran Junta de prelados y señores tenida en el palacio de Barcelona, con asistencia del santo arzobispo, de los prelados R. de Vique y B. de Gerona, según prevenimos en el tomo precedente de Vique sobre el año 1125, y de ella trata Diago sobre aquel año11. Las iglesias lograron muchas ventajas en sus bienes é inmunidades, lo que sin duda provendría de la eficaz intervención y valimiento de San Olegario, que como refiere aquel autor, influyó también en componer las diferencias que había entre el Conde de Barcelona y la república de Génova. Otra escritura del libro I de Antigüedades, folio 200, nombra al santo confirmando la donación que el dean Arnal hizo al sepulcro de Santa Eulalia, dotando una lámpara para siempre. Fecha en 13 de Febrero, an. Incarnationis Domini MCXXV, sin año del Rey; según cuyos documentos no gastó el santo en el viaje á Jerusalen más que el tiempo preciso, para menor ausencia de su iglesia». |
Ni esta última escritura, ni mucho menos, la de las Cortes anticipan meses al 7 de Noviembre de 1125 para el regreso de San Olaguer desde Jerusalén á Barcelona; pues, como llevo dicho y no negaréis, el año de la Encarnación, usado en Cataluña y en toda España, anda una unidad rezagado del nuestro común, ó vulgar, desde el dia 1.º de Enero, y no le alcanza hasta el 25 de Marzo.
Sobre la cuestión que nos ocupa, nadie (que yo sepa), á excepción de Villanueva, ha hecho adelantar un solo paso á la crítica. Peor que eso, Florez la empujó hacia atrás tomando de Diago lo malo, y suprimiendo en parte lo bueno.
Si tuviésemos á nuestra disposición el ejemplar original que poseian los monjes de San Pedro de Roda, esto nos bastaría para dirimir la contienda. ¿Cómo no preferirlo á una copia escrita más de un siglo después y que lleva en su propia frente, ó en la fecha que señala, el torpe rastro de amanuense imperito?
—79→El códice, que Diago y Florez llaman Libro 1 de las Antigüedades y he compulsado no ha muchos días atentamente, es un enorme Cartulario de pergamino en folio mayor, rayado á punzón y á dos columnas, encuadernado con planchas de madera, forradas de cuero rojo y asidas por abrazaderas de cobre. En el dorso brilla dorada la inscripción: LIBER I ANTIQVITATVM. Contiene más de ochocientas páginas, donde se desarrollan 1.131 documentos, ó escrituras de un mismo carácter paleográfico, que alcanzan hasta mediados del siglo XIII, si bien están numeradas de cifra moderna al margen. El verdadero título de todo el Códice viene expresado por la rúbrica inicial: «Incipit liber cartarum sedis barchinonensis, primo continens privilegia regum francorum. Secundario, privilegia barchinonensium comitum et principum. Tercio, privilegia romanorum pontificum et decreta. Quarto, comissiones. Deinde continet cartas et testamenta donacionum, venditionum, commutationum, laxationum, impignorationum, infra muros et extra, et de territorio. Postea de parochiis12 per ordinem».
El documento que buscamos, aparece registrado en el folio 105, escritura 256. Lo transcribo, marcando entre iniciales, ó por vía de nota, las correcciones oportunas. Para mayor claridad y distinción numero las leyes ó capítulos.
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«Hec sunt securitates ecclesiarum, clericorum, monachorum et feriarum, mercatorum, aratorum, constitute ab episcopis et comite13». Anno dominice incarnationis C.º XVº [corríjase XXXº] post M, VI idus marcii, convenerunt O. tarragonensis archiepiscopus, et R. Ausonensis et B. gerundensis episcopi, et abbates terre, et magnates quamplurimi, in palatio barchinonensi in presencia domni Raimundi barchinonensis comitis et marchionis14,et filii eius Raimundi, ad tractandum de comuni utilitate ipsius terre. 1. Constituerunt namque predicti episcopi cum ceteris magnatibus —80→ ut ab ipsa die et deinceps ullus utriusque sexus ecclesiam, aut mansiones que in circuitu ecclesie sunt aut erunt, usque ad. XXX. passus non invadat, aut infringat, nisi episcopi aut canonici, quibus illa ecclesia subiecta fuerit, propter suum censum aut propter hominem hinc eiciendum excommunicatum. Ecclesias autem illas in hac defensione non posuerunt, in quibus castella constructa sunt. Eas vero ecclesias, in quibus raptores vel furto15 congregaverint, vel malefaciendo exierint, aut illic redierint, tam diu salvas esse jubemus donec querimonia male facti aut proprium episcopum aut ad sedem [vicensem16] prius perveniat. Si autem illi predones aut fures precepto episcopi et canonicarum [vicensis] sedis justitiam facere noluerint aut distulerint, tunc auctoritate predicte sedis episcopi et canonicorum habeatur illa ecclesia absque [im]munitione. Ille autem homo, qui aliter ecclesiam invaserit, aut que in circuitu eius sunt usque ad XXXª passus irruperit, summam sexcentorum solidorum pro sacrilegii compositione emendet, et tam diu excommunicetur quousque digne satisfaciat. Siquis tamen intra ipsum cimiterium alodium proprium habuerit, et eo pacto illud ecclesie dederit ut habeat inde ecclesia annuum censum pro salvitate in qua episcopus eum posuit reservata sibi proprietate, poterit ipse homo in ipso suo alodio distringere hominem suum vel feminam de sua iustitia, cum opus fuerit. 2. Item placuit ut clericos qui arma non portaverint, aut monachos seu sanctimoniales, sive ceteras mulieres aut eos qui cum eis ierint aut fuerint, si arma non tulerint, ullus homo non invadat nec aliquam eis injuriam facere presumat. Comunia vero canonicorum vel monachorum ullus homo non infringat, aut inde non aliquid diripiat. 3. Similiter confirmaverunt predicti episcopi et principes ut ullus homo in isto episcopatu predam non faciat de equabus vel pullis earum; et ut omnes negociatores, qui causa mercandi —81→ vadunt per terram vel ad forum, et omnes qui vadunt ad molendinum causa molendi, cum omnibus suis rebus in hac pacis securitate cum ipsis bestiis et honoribus suis constituerunt. Boves autem et omnes alias bestias aregas cum toto suo apere et cum ipso aratore, qui inde araverit, vel pascuis eas duxerit, vel custodierit, cum ipso semente17, in eadem pace nichilomimus posuerunt. 4. Nullus homo audeat incendere domum vel res alterius, nisi sicut scriptum est pro necessitate iusticie cum consilio ipsius episcopi. Quod si aliter presumpserit, sententiam, que super hoc a romano pontifice18 promulgata est, subeat; et donec hoc faciat, sit excommunicatus et abhominatus ab omnibus fidelibus. 5. Quicunque hanc pacem quam prediximus infregerit, et illi cui eam infregerit infra. XV. dies in simplum non emendaverit; si dies. XV. transierint, in duplo componat. Quam duplationem habeat episcopus ipse qui eam redirigere fecerit. 6. Predictus quoque venerabilis comes cum filio suo Raimundo cum consensu et aclamatione magnatum et nobilium virorum, ipsi et omnes qui in ecclesiis aliquid requirebant dimiserunt in potestate archiepiscopi et predictorum episcoporum omnes ecclesias cum alodiis et oblationibus et defunctionibus suis, que modo habent, vel habere debent, vel in antea eis iuste concessa fuerint; clericos quoque et eorum bona et capellanias et omnem donationem ecclesiarum, ut ipse archiepiscopus et episcopi habeant ea omnia libere et disponant ea in beneplacito suo secundum canones ad honorem Dei et ipsius ecclesie. Cimiteria quoque dimiserunt eis libera, excepto hoc quod supra scriptum est, si forte aliquis habuerit ibi alodium suum proprium, quod non erit in ipsa salvitate nisi annuum censum ipsi reddierit19 ecclesie. In parte autem decimarum, quam ecclesie habent, ipsi clerici ponant homines suos, qui requirant et accipiant ipsam partem liberam ad opus ecclesie, sicut et decimarum laicorum accipiunt suas. Pro illis autem decimis, quas laici —82→ adhuc sibi retinent, faciant omnibus per. XXX. dies super sarracenos quecunque suus episcopus eis mandaverit. 7. Si clericus tenuerit aliqua alodia servicialia a laico, et ipse laicus voluerit amicabiliter dimittere, habeat ea; sin autem, recuperet sibi, dummodo ut laica persona nullatenus habeat aliquam dominationem super ecclesiasticam personam vel cetera bona eius. |
Hasta aquí el Cartulario. Su tipo dimanó de un ejemplar procedente de la diócesis de Vich, como lo prueba el primer artículo de las Cortes; y por curiosa coincidencia el original que vió Villanueva en San Pedro de Roda, monasterio enclavado en la diócesis de Gerona, pasó allá desde Barcelona.
Todas las leyes, ó Constituciones, son eco vivo y claro espejo de dos concilios á los que asistió San Olaguer: el primer ecuménico de Letrán (27 Marzo 1123), que reunió Calixto II; y el de Clermont (18 Noviembre 1130) presidido por Inocencio II, cuyo canon XIII no figura en el de Letrán y le fué añadido.
Este canon célebre20, que las Cortes mandaron guardar y cumplir (sententiam, quae super hoc a romano pontifice promulgata est, subeat) decide completamente nuestra cuestión cronológica. Propuesto asimismo en los concilios de Reims (18 Octubre 1131) y II ecuménico de Letrán (8 Abril 1139) se insertó por el provincial de Lérida (6 Febrero 1173) en los siguientes términos:
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«Horrendam quidem incendii malitiam, tamquam pestem prae caeteris depopulatricem, et Dei populo damnosam, et non solum corporibus sed animabus perniciosam, auctoritate Dei et beatorum apostolorum Petri et Pauli omnino detestamur et interdicimus. Quisquis igitur post prohibitionis nostrae promulgationem malo studio, sive pro odio sive pro vindicta, ignem apposuerit, vel apponi fecerit, vel appositoribus consilium et auxilium scienter tribuerit, excommunicationi subiaceat, donec damnum ei cui intulerit secundum facultatem suam resarcierit, et tale scelus nequaquam se perpetraturum iuraverit; alioquin, si mortuus fuerit, ecclesiastica sepultura careat. Poenitentia ei detur a Jerosolymis; vel in Hispanias21 in —83→ servitio Dei per annum integrum serviat. Si quis episcopus hoc relaxaverit, damnum restituat et per annum ab officia pontificali se abstineat. Sane regibus et principibus faciendae justitiae, consultis archiepiscopis et episcopis, facultatem non denegamus». |
La fecha de las Cortes no es dudosa. El día 10 de Marzo, posterior al del concilio de Clermont (18 Noviembre 1130), y anterior al del fallecimiento del Conde D. Ramón Berenger III (19 Julio 1131, no puede convenir sino al año designado por el ejemplar de San Pedro de Roda, el cual por lo visto, era auténtico.
El carácter legislativo de tan notable Asamblea, su tiempo aproximado y la gran parte que en ella cupo á San Olaguer, son circunstancias que menciona expresamente22 la Biografía del Santo escrita en 1324 y publicada por Florez.
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Cumque Cathaloniam pervenisset, coepit dirutam Tarraconensem civitatem et templa reaedificare. Tunc vocatus a Calixto adiit Lateranense concilium, in quo multa consilia praestitit salutaria et ad erigendas sacras sanctiones. Cumque tantam esset Pontifex intuitus sapientiam, in Hispaniarum regnis suum a latere constituit legatum. Cumque Legati officio fungeretur, adstitit Comiti Dertosam et Ilerdam oppugnanti; quid vero in illis praeliis proficeret, militiam consolando et sacramentaliter illos confitendo, dixit belli fortunatus eventus et militantium ablati abusus. Ejus autem adventus inter Berengarium Guillelmum et Capitulum Barchinonense pacem peperit23, dum a bello revertitur. Post haec Jerosolymam, Urbani pontificis auxilio restauratam, et loca sancta invisendi amore accenditur; sicque, Barchinona relicta, illuc proficiscitur: ut a solis ortu usque ad occasum magnalia Oldegarii annuntiarentur, et per extrema terrae verbum resonaret illius. Ivit, locaque sancta invisit lacrymabiliter, et ad reaedificandum divinum templum animarum multum profecit. Magno cum honore ab omnibus fuit receptus episcopis, a patriarcha praesertim Antiocheno, cum quo aliquos conversatus est dies. Postea vero a Tripolensi episcopo magni habitus, Barchinonam revertitur anno MCXXII [corr. MCXXV]; ubi multas sedavit controversias et pia loca construxit; et suo consilio decima monetae restituta est Ecclesiae Barchinonensi24; et leges sanctas curavit Comitem per generale Consilium erigere». |
Las Cortes (generale Consilium) no se inspiraron solamente de lo decretado fuera de España por los Papas Calixto II e Inocencio —84→ II. Alma de ellas, San Olaguer había hecho, un año antes, oir su voz en el concilio de Carrión de los Condes (4 Febrero 1130), cuya parte principal ó leader fué, como cuenta la Historia Compostelana25. Nada nos falta en este concilio de Carrión para que podamos llamarle nacional y Cortes del Reino26: «In Karrionensi concilio a Romanae Sedis Legato Cardinali presbytero Domno Humberto, archiepiscopis, episcopis atque abbatibus Hispaniae in unum convocatis, Adefonso etiam Hispaniarum rege et multis comitibus aliisque potestatibus praesentibus». Legislaron, como las de Palencia (1129), en virtud de facultades atributivas al poder real27: «Qui falsam monetam fecerint excommunicentur, et a Rege effosionem oculorum patiantur». Mas como quiera que por su tenor y espíritu no puedan menos de asemejarse á las de Barcelona, casi coetáneas; todavía entre aquellas y estas media y se deja sentir cierta distancia. Estas son posteriores y aquellas anteriores al dia (18 Noviembre 1130), en que Inocencio II desde Clermont, y de acuerdo con San Olaguer28, lanzaba contra los incendiarios el rayo del anatema.
Madrid 4 de Enero de 1884.