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La edición moderna de textos del Siglo de Oro: El caso de «El pastor de Fílida»1

Cristina Castillo Martínez


Universidad de Jaén




Los libros de pastores

Cuando se habla de los libros de pastores parece que no hay cabida más que para Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor y para sus más inmediatas continuaciones, dejando al margen el resto de las obras que forman parte de este género, todavía desconocido por muchos. Sin embargo, hoy día conservamos un corpus de veinticinco títulos, sin contar aquellos en los que lo pastoril es simplemente anecdótico (Castillo 2005). De esta veintena de obras, más de la mitad están sin editar; lo que supone un escollo enorme para su estudio. Tan solo se ha prestado atención a los textos de los orígenes: la ya citada Diana de Montemayor. La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo o la obra de aquellos autores a quienes la historia ha concedido un lugar privilegiado dentro de la literatura: ya sea Cervantes, con su Galatea, o Lope de Vega, con La Arcadia, amén de algún otro título del que únicamente existe una edición facsimilar. Se precisa un análisis detenido que haga estas obras accesibles a un público más amplio.




El pastor de Fílida

Extrañaba, sin embargo, que hasta hace muy poco tiempo no se hubiese hecho una edición crítica, seria y cuidada, de uno de los textos de la primera etapa del género: El pastor de Fílida (Madrid, 1582), de Luis Gálvez de Montalvo2. Sobre todo, por tratarse de una obra en clave muy bien escrita y teniendo en cuenta, además, que Miguel de Cervantes había elogiado a su autor en el Canto de Calíope3 y la había salvado de la quema en el famoso escrutinio de la biblioteca de clon Quijote:

-No es ése pastor —dijo el cura—, sino muy discreto cortesano; guárdese como joya preciosa.



No es el momento de discutir si merece o no este calificativo (aumentado, probablemente por la relación de amistad que unía a ambos escritores); si que es pertinente, en cambio, aludir a su tradición textual.




Testimonios

La vida de este texto se conoce a través de los cinco testimonios impresos que se han conservado en fechas no muy alejadas en el tiempo, lo que da cuenta del éxito de la obra. No podemos olvidar que surge unos veinte años después de que se inaugure el género y que, por entonces, esta temática debía de encandilar a los lectores.

Esta es la descripción de esos cinco testimonios:

  1. [El Pastor de Fílida]. Madrid, [s. i.]. 1582. Se trata de un ejemplar único conservado en la Real Academia (RAE R63), del que faltan dos hojas de los preliminares. 8°. Presenta erratas en signaturas: Mm² (en lugar de Nn²). Qq² (Qq³), Qq³ (Qq²). Y también, errata en la foliación: 38 (en lugar de 40), 49 (41), 41 (43), 43 (45), 45 (47), 91 (61), 108 (208), 100(210). 122 (222). 221 (231). 307 (305), 309 (306). Lo que queda de los preliminares corresponde al Privilegio (Lisboa, 13 de agosto de 1581), los sonetos, la dedicatoria y «El autor al libro». Nicolás Antonio, en su Biblioteca Hispana Nova, recoge la noticia de esta edición. También se hace eco de ella Mayans, en 1792, en el prólogo de su edición. En 1891, Cristóbal Pérez Pastor4 identifica como de esa edición el ejemplar hoy conservado en la Real Academia Española, falto de folios al principio y al final. Y lo mismo hace, más recientemente. Yolanda Clemente San Román5.
  2. El pastor de Philida, Lisboa [Belchior Rodrigues) 1589. Va encabezado por un grabado xilográfico que representa a un pastor tocando la zampona junto a un árbol, con dos bandas decorativas a derecha e izquierda. Está dirigido a Don Enrique de Mendoza y Aragón. 80 x 120 mm. 248 f. Se han advertido los siguientes errores en la paginación: 52 (en lugar de 76), 5 (en lugar de 50), 14 (en lugar de 143), 220 (en lugar de 228), 230 (en lugar de 232). Preliminares f. I-8r. En la BNE se conservan tres ejemplares; cito por R/13074, con sello de Pascual de Gayangos y encuadernación en pasta. Consúltese también R/7058 y R/8408. BMPS, R-IV-2-32. Fundación Lázaro Galdiano. British Library 1208.a.6 (deteriorado) y G. 10918. Municipale de Lyon 802.328.
  3. El pastar de Philida, Madrid, Viuda de Alonso Gómez, 15906. 8a.— A-Y8—[l-2] 3-175 f., 1h. Presenta erratas en signaturas: sin signar A2. N5. Y también, erratas en la foliación: 4 (en lugar de 48), 11 (118), 116 (126), 156 (159), 17 (171). 100 x 150 mm. Añade fe de erratas: Este libro intitulado Pastor de Fílida esta con estas enmiendas conforme a su original. ERRATAS. f. 2. Incluye una xilografía con el retrato del autor, f. 2v. Censura de Pedro Laínez. Madrid, 2 de junio de 1581. Licencia de Cristóbal de León. Madrid, 3 de noviembre de 1589, f. 3v-4r. Los sonetos y la dedicatoria son los mismos que en la edición de 1589, aunque en este caso señala la fecha de esta última (Madrid, 20 de febrero de 1582). Cito por el ejemplar conservado en la BNE R/1522, falto de la portada. [Portada reconstruida en dos partes: un primer recuadro orlado recoge, a mano, el título de la obra; un segundo, el nombre del autor, y bajo este, la fecha, aunque parece que con error en la fecha]; EL PASTOR \ de Fílida \ POR LVIS GAL- | ves de Montal. \ vo \ . En Madrid año 1589. Cierra la obra el soneto —también reconstruido— «Por mas que el viejo segador vsado / la hoz estienda por la mies amiga» (f. 175). Hay un ejemplar en la British Library 1075.e.5. La edición fue recogida en un volumen junto con El pastor de Iberia de Bernardo de la Vega (Sevilla, 1594), que se puede consultar en la Biblioteca de El Escorial sg/22-V-39.
  4. El pastor de Fílida, Madrid. Luis Sánchez, 1600. [Escudo con el lema: Ave María Gratia Ple]. Los preliminares son los mismos que en la edición de 1590, aunque se incorpora la tassa (28 de octubre de 1600), y una nueva licencia (Madrid, 2 de junio de 1600. f. 4-5), ambas firmadas por Miguel de Ondarza Zavala. Después tan solo aparecen los sonetos de Diego de Lasarte, Pedro de Mendoza y Gregorio Godoy, además de la carta dedicatoria a don Enrique de Mendoza. Estos tres sonetos se vuelven a repetir al final, junto con el soneto del autor a su libro y el de don Lorenzo Suárez de Mendoza. Colofón: EN MADRID. \ Por Luis Sánchez. | Año M.DC. 8 hs + 165 f. + 2 hs. 92 x 157 mm. Cito por el ejemplar conservado en la BN R/10426 (en uno de los primeros (folios alguien escribió un fragmento del famoso escrutinio de la biblioteca de don Quijote en el que se hace alusión a esta obra, también en inglés. Sello de Pascual de Gayangos). R/1554 (a este ejemplar le faltan folios iniciales y finales. Errores de numeración que no afectan a la lectura). BMPS R-III-4-27, R-VIII-4-L Biblioteca Colombina de Sevilla 140-2. British Library I2490.b.28.
  5. El pastor de Fílida, Barcelona. Estovan Liberos, 1613. | [Escudo con un mar estrellado]. [Escrito a mano «Libro muy lindo»]. 8 hs + 167f. 95 x 152 mm. 8°. BNE R/1533. No se han incorporado, en los preliminares, los sonetos de Diego de Lasarte, Francisco de Mendoza y el doctor Campuzano, que sí que aparecen, con la excepción de este último, en el colofón, junto con el soneto al libro de su autor y la repetición de los de Pedro de Mendoza. Lorenço Suárez de Mendoça y Gregorio Godoy. Real Biblioteca I/B/160. RAE S.Coms. 25-D-I6. Biblioteca de Castilla-La Mancha (Toledo) 23229. RAH 16/1042. Biblioteca Histórica M. de Valdecilla 28967. British Library 243.c.33.

El análisis y el cotejo de todos ellos permite establecer el siguiente stemma:

Juan Arribas Rebollo (2006)

Si lo observamos con detenimiento, veremos que el texto mas antiguo es el que menos errores contiene y. por tanto el más cercano al arquetipo. Lisboa y Madrid 1590 derivarían directamente de la princeps, ya que no tienen errores comunes compartidos. Las variantes de Lisboa, que son muchas, no pasan a ninguna de las ediciones posteriores, mientras que la filiación de los otros testimonios es mucho más clara en su posición en el stemma a tenor de la contaminación que se produce de unas a otras.




Transmisión textual moderna

Pero en el cuadro aparece una edición más (Valencia. 1792), que he separado conscientemente del resto por considerarla parte de la tradición textual moderna y, por tanto filológica. EL PASTOR DE Fílida COMPUESTO \ POR \ LUIS GALVEZ DE MONTALVO. | GENTIL-HOMBRE CORTESANO. | SALE A LUZ \ DE LA LIBRERIA MAYANSIANA. | SEXTA EDICIÓN. | CON LAS LICENCIAS NECESSARIAS. | En Valencia: En la Oficina de Salvador Fauli. \ Año MDCCXCII. Valencia: Salvador Faulí, 1792, [12], LXXXIV. 389 p. 110 x 175 mm. BNR. R/30911 (Se cierra la obra con los sonetos de Pedro de Mendoza. Diego Messía de Lassarte, Lorenzo Suárez de Mendoza, Gregorio de Godoy, Francisco Lasso de Mendoza y del dolor Campuzano). BNE, 2/18421. 2/27213. V/7691. 3/23012. RAE 12-IX-64. Biblioteca Provincial de Bilbao A-13-2-26. Biblioteca Pública de Málaga 25156. Biblioteca Universitaria de Oviedo. BMPS 3663. Biblioteca Universitaria de Santiago de Compostela. Biblioteca Nacional de México. British Libran, 12490.b.29.

Es la primera edición anotada de El pastor de Fílida. El responsable fue Juan Antonio Mayans, hermano del erudito ilustrado Gregorio Mayans. Tomó como punto de partida la edición de Madrid de 1600, aunque sin perder de vista la de Lisboa, 1589. El problema es que tiene numerosas variantes y se aleja bastante del arquetipo. Tiende a la modernización de las grafías e incluso su intervención va más allá, al corregir, por ejemplo, casos de laísmo y leísmo: o al realizar transformaciones discutibles como agüelo en abuelo o captivo en cautivo. No obstante, es una edición que hay que tener presente pues fue la que se leyó durante el siglo XIX, e incluso a comienzos del XX.

Fue Marcelino Menéndez y Pelayo quien decidió editarla de nuevo7, en 1907 en la Nuevo Biblioteca de Autores Españoles. Hasta misma edición la incorporó en 1931 en el segundo volumen de Los orígenes de lo novela8 Bien es verdad, que reproduce el texto de 1792, con lo que volveríamos a la edición del XVIII. De manera, que su aportación consistió, sobre lodo, en encuadrar el texto en una tradición literaria concreta (de la que habla por extenso en el primer volumen de Los orígenes de la novela, sin incidir en el estudio de la transmisión textual de la obra y sin detenerse a especificar los criterios seguidos a la hora de editarla, en definitiva, seguía quedando, por tanto, mucho camino por recorrer.

Habrían de pasar más de 80 años para que alguien, en este caso desconocido, tomara el testigo. La pena es que fue en una dirección incorrecta. Me refiero a la edición publicada en 1994 por el Ayuntamiento de Guadalajara con la única intención de dar a conocer el texto de un autor alcarreño (nacido hacia 1540-42), según se deduce de lo caótica que resulta: No se indica la edición de la que se ha tomado, aunque una lectura atenta permite adivinar que el desconocido editor leyó la de Menéndez Pelayo (que es casi como decir que leyó la de Valencia de 1792). No se muestra una preocupación manifiesta por la restauración del texto. No aparecen notas a pie de página, ni mucho menos se especifican los criterios que se han seguido. Podríamos pensar que se trata de una edición divulgativa, carente de toda anotación para presentar el texto limpio al lector mayoritario. El problema es que está plagada de erratas.

El siguiente eslabón de esta cadena lleva fecha del año 2000, en que Miguel Ángel Martínez San Juan defiende su tesis doctoral titulada Estudio y edición de «El pastor de Fílida» por Luis Gálvez de Montalvo, publicada en Madrid, Universidad Complutense, 2003. Pero tampoco en esta ocasión se recurre, como se podría pensar, al texto más antiguo. En su tesis, Martínez San Juan afirma tomar como modelo el de Lisboa de 1589, por considerarlo, como él mismo indica, una edición «idéntica a la primera, pero tipográficamente más cuidada», tratando, así de subsanar, entre otros aspectos, la pérdida de folios en los preliminares de la princeps. El problema es que ha tomado el ejemplar que se encuentra en la BNH R/1522, sin advertir que el volumen está mal catalogado, y que, en realidad, no corresponde a Lisboa, sino a Madrid, 15909. El error procede de la portada que ha sido reconstruida a mano con la indicación equivocada de Madrid, 15K9, a tenor de la licencia otorgada en ese año. De hecho, si cotejamos este ejemplar con los otros tres que se conservan advertiremos rápidamente el error (pues nada tiene que ver con la edición de Lisboa y sí con los otros tres ejemplares que se conservan de Madrid 1590). Un hecho que nos condujo a la confusión a lodos los que nos acercamos a este texto por primera vez.

Sin embargo, el propio Martínez San Juan subsanó este error en la edición publicada en 2006 dentro de la colección «Autores recuperados» del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga10. Allí compara R/1522 con los tres ejemplares de Lisboa que se conservan en la BN: R/13074, R/7058 y R/S408, y las diferencias encontradas le llevan a afirmar que

Este ejemplar corresponde a la tercera edición, publicada en 1590 (aunque en la restauración, llevada a cabo por la BN, escriban 1589), y, es sin duda alguna la más completa de todas.11



No obstante recurre al ejemplar de la RAE R.-63. Al margen de las cuestiones vinculadas a la crítica textual, es justo destacar el amplio e interesante estudio que realiza sobre la obra, la relación que establece con los tratados filográficos, o el estudio que elabora sobre los aspectos narratológicos, estructurales y estilísticos, así como de los versos en ella insertos. Ofrece una edición anotada y nos da una escueta nota sobre los criterios de edición seguidos: de la que se destaca su inclinación a la modernización del texto, como hacen buena parte de los editores de obras del Siglo de Oro, frente a los medievalistas que lo consideran una intervención poco respetuosa hacia este.

Es necesario decir que la tesis, según es habitual en la Universidad Complutense, está publicada en CD-ROM. Se puede acceder también a través Internet, con la salvedad de que la parte correspondiente de la edición no está colgada en la red, no sé si de una manera consciente o por error.

El final del recorrido se vislumbra a finales de 2006, cuando Julián Arribas Rebollo saca a la luz El pastor de Fílida, en Valencia. Albatros Hispanófila, con una clara y manifiesta preocupación por estudiar la transmisión textual de esta obra. Es la primera vez que se recurre a la princeps (Madrid, 1582) para la edición. El estudio previo, en el que se adivinan muchas horas de trabajo, atiende tanto al lugar que la obra de Gálvez de Montalvo ocupa dentro del género de los libros de pastores como a la descripción de las ediciones conservadas, de las que ofrece un minucioso catalogo que permite seguir con claridad la propuesta de transmisión que plantea: a Arribas pertenece el stemma que hemos comentado someramente más arriba. Incluye, además, unos apéndices muy útiles con información relativa a los errores y variantes, portadas, preliminares... así como índices de primeros versos y de personajes.

Los límites de espacio impiden que me detenga con más tranquilidad en el minucioso análisis que realiza de cada una de las ediciones antiguas. Pero sí que quiero aludir al cotejo de algunas variantes que aparecen en la edición de Lisboa de 1589, por ser un claro ejemplo de la importancia que hay que prestar a la tradición de un texto determinado y a la selección del códice apropiado en las ediciones modernas, por cuanto puede afectar a la lectura del texto, puede condicionarla.

Lisboa 1589 presenta muchas variantes y algunas muy peculiares. Lo más llamativo es que buena parte de ellas consisten en la eliminación de algunos términos procedentes del léxico mitológico y también del religioso o en la sustitución por otros que no tengan ninguna connotación problemática. Se intenta evitar que el mundo profano y el sagrado se aúnen en una misma frase, haciendo visible la censura inquisitorial portuguesa. Estos son algunos de tos ejemplos que nos aporta Julián Arribas:

  • Así, en todas las ediciones aparece: «el Tajo, morada antigua de las sagradas musas». Mientras que Lisboa lee tan solo musas: («el Tajo, morada antigua de las musas»)
  • Sucede algo similar con los versos: «durmiendo estaba con descuido y gana / el pequeñuelo dios de amor, echado». Donde «dios de amor» se sustituye en Lisboa por «Cupido» («durmiendo estaba con descuido y gana el pequeñuelo Cupido, echado»)
  • «Fílida iba al templo de Pan, dios de los pastores», dicen todos. Mientras que en (L) se prescinde del «dios de los pastores» («Fílida iba al templo de Pan»)
  • Las «Esmeraldas divinas» se convierten en «Esmeraldas tan finas».
  • Y «Coge ¡oh mar! En tu sagrado seno esta barquilla» en «Coge ¡oh mar! En tu ancho seno esta barquilla».

Pero no todo van a ser parabienes para la edición de Arribas Rebollo. Algunos puntos de los criterios de edición son discutibles, como cuando opta por modernizar los casos de alternancia de diversas formas, que califica de inconsistencia gráfica, como es el agora, aura o ahora, con una merma en lo que a la riqueza léxica se refiere.

Pedir más a la edición de un texto que muchos consideran secundario podría parecer pretencioso, cuando no inútil, y más tras la publicación de una edición tan completa como esta, pero aún a riesgo de que me pongan esa tacha, voy a pedir más, o a imaginar más, pues mientras escribía estas páginas pensaba en lo útil que sería tener todos los testimonios de El pastor de Fílida en formato electrónico, no ya para el lector convencional (pues dudo que muchos se acercaran a un texto semejante y que de hacerlo, les gustara toparse con un abundante aparato crítico), sino más bien para el estudioso. La edición electrónica permitiría hacer búsquedas de concordancias de aquellas variantes de las que nos habla el editor, así como de cualquier término, expresión o construcción sintáctica que nos pudiera interesar en un momento determinado. Un aparato crítico, previamente etiquetado, nos podría llevar de una manera inmediata de la edición de Madrid 1582, a la de Lisboa 1589 o a la olvidada de Barcelona, 1613, siguiendo el ejemplo de lo que nuestros compañeros en la Universidad de Deusto están llevando a cabo a través del portal Andrés de Poza, dirigido por la profesora Carmen Isasi. Obviamente sería un trabajo inmenso, excesivo para una sola persona. Y, desde luego, resultaría complicadísimo sacar adelante un proyecto así tratándose de un texto considerado para muchos de segunda fila.

Ahora bien, en caso de que pudiera llevarse a efecto y de que alguien estuviese interesado en ello, ¿cómo editaría esos textos? ¿Por qué tipo de edición habría debería inclinarse? ¿Tendría que establecer unos criterios únicos de edición válidos para todos los testimonios? Las respuestas nos llevarían más tiempo del que disponemos. Lo que está claro es que los problemas de edición textual seguirían estando presentes, e incluso al estudiar toda la transmisión del texto de una manera conjunta se complicarían. Quizá lo más útil sería realizar una doble edición de la obra en cada uno de sus estadios: sería imprescindible una edición crítica, de acuerdo a unos criterios establecidos, y no descartaría, en absoluto, una reproducción fotográfica que permitiera advertir las características gráficas y facilitara la comprobación de la fidelidad al texto, no solo de los editores de los siglos XVI y XVII, sino también, y sobre todo, de los editores modernos, pues si nos ponemos en lo peor y si después de lo que venimos hablando, sabemos que el error es consustancial a la labor editora, ¿quién nos asegura que, por ejemplo, Arribas Rebollo en este Pastor de Fílida de 2006 no ha errado al transcribir el texto o incluso al anotar las variantes? Comprobarlo sería realizar una vez más ese largo recorrido de biblioteca en biblioteca, encargando las copias pertinentes de cada uno de esos textos y realizando una lectura y una collatio más que minuciosa. Pero si, una vez, que esa labor ya está realizada, solo queremos llevar a cabo algunas comprobaciones determinadas, la edición facsimilar fotográfica electrónica sería utilísima. Estoy complicando las cosas, aun a sabiendas de que el editor, si quiere sobrevivir como tal y si quiere terminar su edición, no puede llegar tan lejos en sus dudas y conjeturas.

Por pedir, que no quede, y si se trata de soñar, aunque sea con cuestiones ecdóticas (que, desde luego, no son los mejores sueños, aunque tampoco son pesadillas), soñaremos.

Pero al margen de esta divagaciones (y voy terminando ya) la edición de Arribas Rebollo, si no definitiva, es desde luego la más completa, cuidada y trabajada. Ahora queda esperar que cunda el ejemplo con el resto de los libros de pastores, o con tantas y tantas obras de los siglos de oro que permanecen silenciadas en el olvido. De manera que a los estudiantes que habéis acudido, os animo a que os introduzcáis por estos vericuetos de la edición de textos. Aquí hemos planteado muchos problemas, y no hemos incidido en lo mucho que se aprende en el camino, en el placer de trabajar con textos antiguos que tanto tienen que decirnos sobre el pasado. Lo que sí que os pido es que tengáis cuidado con esos errores o erratas que siempre están, por mucho que revisemos y comprobemos, para evitar que suceda lo que le pasó al mismo Alberto Blecua cuando descubrió que su Manual de crítica textual se anunciaba en un catálogo como Manual de crítica sexual, algo que él interpretó como una lectio facilior12.






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