| y la mujer la niña que engañamos. | ||||

| las flores valen más que los diamantes. | ||||
| Mas ven que al extinguirse los amores, | ||||
| valen más los diamantes que las flores. | ||||
| suelo mentir, pero no sé que miento. | ||||
| y te absuelve después sin penitencia. | ||||
| te matará otro a ti cual tú me matas, | ||||
| que, en materia de ingratos y de ingratas, | ||||
| venimos a salir tantas a tantos. | ||||
| Pero tú ¿quieres siempre? He aquí el problema. | ||||
| lo que nunca se hastía es la ternura. | ||||
| que el diablo en ocasiones | ||||
| acalora los buenos sentimientos | ||||
| para hacer cometer malas acciones. | ||||
| las flores en tu sien parecen feas. | ||||
| mas, triste y todo, es lo mejor que existe. | ||||
| en ese eterno juego | ||||
| de hacer caer a la mujer, y luego | ||||
| rehabilitar a la mujer caída. | ||||
| que a ti, en vez de absolverte, te bendice. | ||||
—180→
| el hombre reza, pero Dios no escucha. | ||||
| que, después que enmudece el que lo canta, | ||||
| otra nueva garganta | ||||
| lo vuelve a repetir eternamente. | ||||
| ir del brazo la dicha y la fortuna. | ||||
| ser amada por bella y no por buena. | ||||
| era pobre al nacer; mas, rico ahora, | ||||
| mirando a su palacio, siente frío, | ||||
| cuando se acuerda de su choza, llora! | ||||
| te estará contemplando eternamente. | ||||
| cuando huele a tomillo la indigencia. | ||||
| que me hará enloquecer: | ||||
| escúchale... más cerca... así... al oído... | ||||
| -«Aunque soy ya tan viejo, has de saber...» | ||||
| una sombra, en la sombra, condensada. | ||||
| se vuelven mis ideas sentimientos. | ||||
| que no iguala al afán con que se ansía | ||||
| la dicha que se alcanza. | ||||
| Por ardiente que sea la esperanza, | ||||
| al convertirla en realidad es fría. | ||||
| cree mucho en Dios, y en las mujeres nada. | ||||
| La esperanza es infiel y yo la adoro. | ||||
| del placer sin medida... | ||||
| -Mas, ¿qué es eso que vuela? | ||||
| Una hoja que cae, y nos revela | ||||
| la nada de las cosas de la vida. | ||||
| permite a mi amistad que te declare | ||||
| que, como el hijo de Sión, decía: | ||||
| «de mí me olvide yo, si te olvidare». | ||||
| Cuando un pintor retrata a un elegido, | ||||
| lo envuelve en nubes de oro, | ||||
| y lo pinta subiendo embebecido | ||||
| oyendo de los ángeles el coro. | ||||
| es la mujer una cuestión de cielo. | ||||
| que el que ama tiene cerca la locura, | ||||
| y que acaba muy pronto con la vida | ||||
| la fuerza de una idea en calentura. | ||||
| modela Dios en la escultura humana! | ||||
| Borjas, cual tú, tan puras y apacibles; | ||||
| pues juzgo, como hay Dios, menos temibles | ||||
| las Borjas del puñal y del veneno. | ||||
| No se hace atrás un río, | ||||
| ni vuelve a ser presente lo pasado. | ||||
| —181→ | ||||
| Y no hay nada más frío | ||||
| que el cráter de un volcán, si está apagado. | ||||
| mil veces más terrible que una hermosa. | ||||
| en implacable guerra | ||||
| por la gloria de ser, en mar y en tierra, | ||||
| devorados por peces y gusanos. | ||||
| de cosas que aprendió por experiencia. | ||||
| un pesar verdadero | ||||
| por el tiempo precioso que he perdido, | ||||
| por no haber conocido | ||||
| que el que ve un corazón ve el mundo entero. | ||||
| Lo mismo que las palmas | ||||
| a veces nuestras almas | ||||
| se encarnan a distancias increíbles. | ||||
| que pasó tiempo y tiempo, y no te has muerto. | ||||
| para grabar los hechos de la historia. | ||||
| O se escribe con sangre nuestra gloria, | ||||
| o la borra al pasar cualquiera brisa. | ||||
| que ver a mi niñez con mi memoria. | ||||
| porque sabes reír con inocencia; | ||||
| porque si no mi intrépida mirada | ||||
| te dejará clavada | ||||
| en la trémula cruz de tu conciencia. | ||||
| de escribir en este álbum el primero, | ||||
| porque sin duda alguna | ||||
| soy el que más y el que mejor te quiero. | ||||
| le gusta, como a Dios, ser muy amado. | ||||
| un blando cabezal de la conciencia. | ||||
| Para poder dormir tranquilamente | ||||
| no hay un opio mejor que la inocencia. | ||||
| algo le llega al que lo espera todo. | ||||
| son amores tan dignos de los cielos, | ||||
| que son tal vez los únicos amores | ||||
| que nunca dan a los amantes celos. | ||||
| pues, al ir desde el valle hasta el otero, | ||||
| de distancia en distancia | ||||
| el olor a tomillo y a romero | ||||
| me recuerdan las dichas de mi infancia. | ||||
| que entre él y tú se acuesta otra memoria. | ||||
| te quise sorprender, mas tú eres de esas | ||||
| que para ser de pronto sorprendidas | ||||
| se preparan con tiempo las sorpresas. | ||||
| hacen sitios de Troya las mujeres. | ||||
| Y en el mar y en la tierra, cerca o lejos, | ||||
| los juegos de los niños son iguales, | ||||
| como lo son los sueños de los viejos. | ||||
| y en un día no más se ama y se olvida. | ||||
| —182→ | ||||
| Y ¿cómo remediarlo? Así es la vida, | ||||
| y jamás ha de ser de otra manera. | ||||
| cuando Dios creó el sol, ¿lo hizo de lodo? | ||||

| que el velo te pondrás de desposada | ||||
| tan pura como el día en que has nacido, | ||||
| mas pura con el alma desflorada. | ||||
| que allí donde hay amor, no hay inocencia. | ||||
| te cuente mis amores, | ||||
| porque soy, cuando miro tu hermosura, | ||||
| un árbol carcomido que echa flores. | ||||
| a aquel objeto de las ansias mías, | ||||
| pero a los pocos días | ||||
| dejó de ser mi esposo, y pasó a hermano. | ||||
| poniendo hasta en los ojos los oídos. | ||||
| me saquen de este abismo; | ||||
| el día en que no salga de mí mismo | ||||
| se me van a comer los pensamientos. | ||||
| y ya hace un siglo, o dos. que la he olvidado. | ||||
| perdona, Clara Lengo, | ||||
| si, temiendo afligirte, no te canto, | ||||
| porque, a la edad que tengo, | ||||
| lo que empieza en canción, acaba en llanto. | ||||
| el llamarte a las cosas de la vida | ||||
| es inútil empeño, | ||||
| para ti el despertar, o estar dormida, | ||||
| es dejar el delirio por el sueño. | ||||
| limpió su corazón de tu memoria. | ||||
| suelen ser un error de perspectiva, | ||||
| sobre todo al juntarse en la cabeza | ||||
| con los sueños de abajo los de arriba. | ||||
| por cálculo más casta que Diana. | ||||
| velados tus encantos pudorosos, | ||||
| porque, en cosas de encantos misteriosos, | ||||
| perdido ya el misterio ¡adiós encanto! | ||||
| de la vida en el áspero camino, | ||||
| lleva siempre a su lado la esperanza, | ||||
| mas tiene siempre enfrente a su destino. | ||||
| soñaste en resistir; pero fue un sueño. | ||||
—183→
| me han probado tus quince primaveras | ||||
| que son nuestras postreras ilusiones | ||||
| iguales en frescura a las primeras. | ||||
| llama un cura al amor el vicio al uso. | ||||
| en parte terrenal y en parte santo: | ||||
| lo que no sé expresar cuando te canto: | ||||
| lo que yo sé sentir cuando te veo. | ||||
| tal vez pueda templar, Eugenia mía, | ||||
| esa alma delirante | ||||
| que no tuvo en la vida un solo amante | ||||
| ni vivió sin amar un solo día. | ||||
| ha salido del todo de la cuna. | ||||
| este retrato mío. | ||||
| Tú has dejado en mi vida una memoria | ||||
| más blanca que la estela de un navío. | ||||
| La devoción, que es nuestro amor postrero. | ||||
| y recuerdan tus celos | ||||
| un marino en el mar con sus gemelos | ||||
| que siempre está mirando, y no ve nada. | ||||
| ¿a quién dirás que adora? | ||||
| A la muerte, la sola poseedora | ||||
| de todos los descansos de la vida. | ||||
| como no viva en la abstinencia, muere. | ||||
| sólo es un laberinto sin salida. | ||||
| esos ojos risueños, | ||||
| pues echa, sin quererlo, tu mirada | ||||
| un revoque al palacio de mis sueños. | ||||
| no se preocupa de ello, | ||||
| pues cree que ha de ir al cielo porque lleva | ||||
| la Virgen del Pilar colgada al cuello. | ||||
| confundiendo mentiras y verdades | ||||
| después que hacen de sueños realidades, | ||||
| elevan realidades a quimeras. | ||||
| pero hoy ya le constipas con tu aliento. | ||||
| pero ¿vale algo más lo que no es gloria? | ||||
| que su alma enamorada | ||||
| tan solo se alimenta | ||||
| del olor de una rosa disecada. | ||||
| -¿Son mejores los buenos, o los justos? | ||||
| Y la elección va en gustos; | ||||
| yo doy todos los justos por un bueno. | ||||
| que me encuentre, a mi edad, alegre y sano? | ||||
| De remiendo en remiendo una cabaña | ||||
| vive más que Pompeya y Herculano. | ||||
—184→
| ve un espejo y se oculta la garganta. | ||||
| que es peor la ilusión que las pasiones. | ||||
| Tu vida al lado de él, es un camino | ||||
| que conduce al infierno. | ||||
| ¡Ya ves que muchas veces el destino | ||||
| adelanta los juicios del Eterno! | ||||
| pero, desde hoy, el que lo diga, miente. | ||||
| Las gracias eran tres antiguamente: | ||||
| después que ésta nació ya no hay más que una. | ||||
| de dar al viento ligero | ||||
| todo acento de pasión, | ||||
| por eso oculto un «te quiero» | ||||
| que siento en mi corazón. | ||||
| en mujer a una niña transfigura. | ||||
| aspira a ser verdugo en lo presente. | ||||
| me trae a la memoria | ||||
| que a mí sólo me engaña | ||||
| cuando me dice la verdad, la historia. | ||||
| gracia, juventud y amor, | ||||
| cuando te veo a mi lado | ||||
| parece que Dios ya ha echado | ||||
| sobre mi tumba una flor. | ||||
| a mis grandes errores un consuelo, | ||||
| viendo que, a veces, por bondad del cielo, | ||||
| el rayo que va a un rey, da en una hormiga. | ||||
| que no me volví loco, porque lo era. | ||||

| que ser mala es un cálculo mal hecho! | ||||
| No lo sé, pues, yo que hablo, no estoy cierto, | ||||
| si al juzgarme despierto, estoy dormido, | ||||
| o al creerme dormido estoy despierto. | ||||
| un ánimo aguerrido | ||||
| y un uniforme hermoso. | ||||
| El fausto militar ¡sexo precioso! | ||||
| siempre ha sido y será tu prometido. | ||||
| por más que el curso de mi edad avanza | ||||
| hacer mi alma dichosa. | ||||
| ¡Sabe tan bien el pan de la Esperanza | ||||
| que ya no me alimento de otra cosa! | ||||
—185→
| son dos soles que alumbran con ideas. | ||||
| tiende a empezar por el final del cuento. | ||||
| y por eso ya cree la desgraciada | ||||
| que ni es pasión, ni es nada, | ||||
| el amor que no turba la conciencia. | ||||
| que es verdad lo que dicen muchas gentes | ||||
| que a fuerza de ser puro | ||||
| se mueren con tu aliento las serpientes. | ||||
| pero después de verte | ||||
| como dijo Jesús, Dolores mía, | ||||
| «mi alma quedó triste hasta la muerte». | ||||
| la materia en estado luminoso! | ||||
| de hablarnos de los tristes por hartura? | ||||
| me lanzó una mirada | ||||
| que en el pecho clavada | ||||
| la llevé todo el resto de mi vida. | ||||
| Nació; fue amable, candorosa y bella. | ||||
| Amó; reinó, murió; se abrió la gloria, | ||||
| entró, y el cielo se cerró tras ella. | ||||
| cual la inmortal Santa Isabel de Hungría; | ||||
| y, puesta en los altares, algún día | ||||
| la llamarán Santa Isabel de España. | ||||
| que el barro vil sobre que va encarnada. | ||||
| aplicas a otras cosas el sobrante. | ||||
| y viviendo en un éxtasis risueño, | ||||
| como decía Calderón el Grande | ||||
| voy tomando la vida como un sueño. | ||||
| al huir de algún hombre, Galatea. | ||||
| no pueden retratarte los pintores, | ||||
| porque, al ver de tu cara los primores, | ||||
| el pincel se les cae de las manos. | ||||
| ¿te casas? Pues mejor para el demonio. | ||||
| tanto más admirarte necesito, | ||||
| pues halla al contemplarte el alma mía | ||||
| cuando escucha tu acento, la alegría; | ||||
| Cuando mira a tus ojos, lo infinito. | ||||
| Blanca, este fuego que en mis venas arde, | ||||
| mas callé, porque vi que para eso | ||||
| o yo nací muy pronto, o tú muy tarde. | ||||
| ¿qué importa que lo cierto no lo sea? | ||||
| que esa prenda querida | ||||
| al dejar esta vida | ||||
| pasó de un sueño corto a un sueño largo. | ||||
| de pensar que morir es ir al cielo! | ||||
—186→
| que vio en Valencia una hortelana fea? | ||||
| yo me cubro el semblante, | ||||
| porque me da vergüenza | ||||
| de pensar lo que pienso en este instante. | ||||
| de que el bueno al morir nace en el cielo. | ||||
| y ajustando las leyes a su gusto, | ||||
| como muchos fanáticos de hoy día | ||||
| para ser más bribón finge ser justo. | ||||
| tu amor recuerdo y tu virtud imito, | ||||
| tu virtud que era inmensa, madre mía, | ||||
| y tu amor maternal que era infinito. | ||||
| suele morir ahorcada de una nube. | ||||
| el saber de los viejos, | ||||
| voy a darte el mejor de los consejos: | ||||
| cree sólo esta verdad: «Todo es mentira». | ||||
| aunque corte a las cosas la cabeza. | ||||
| que el que muere es feliz, duerme y no sueña. | ||||
| curar con un deseo otro deseo. | ||||
| Mata el verdugo al reo, | ||||
| y al verdugo después otro verdugo. | ||||
| que adoro a Dios, aunque me dio la vida. | ||||
| suele creer con el más vivo anhelo | ||||
| que es dueño universal de esos pensiles | ||||
| cerrados por la bóveda del cielo. | ||||
| hasta el día feliz en que me llame, | ||||
| pues cuando toca a ellas esa infame | ||||
| siempre le abren las puertas mis entrañas. | ||||
| sin el amor, la ciencia y la fortuna. | ||||
| el curso se torció de mi destino; | ||||
| pues iba para santo, | ||||
| y después que te vi, perdí el camino. | ||||
| «en cuanto a la virtud, creo en la mía». | ||||
| que hasta serias en Atenas diosa. | ||||
| para tener un trágico destino; | ||||
| y girar y girar en remolino | ||||
| en torno del sepulcro: ésta es la vida. | ||||
| a millares tendrás los desencantos. | ||||
| pasará de ti enfrente, | ||||
| el que pueda vivir eternamente | ||||
| asomado al balcón de tus pupilas! | ||||
| el oro y los diamantes, | ||||
| envidio esos instantes | ||||
| en que van, agachándose en la arena, | ||||
| a coger caracoles dos amantes. | ||||
—187→
| se deja ir y venir por el destino! | ||||
| que ve en tu rostro el que a tu lado pasa | ||||
| el manantial que Agar vio en el desierto | ||||
| cuando fue despedida de su casa. | ||||
| se rebaja cada año un año entero. | ||||
| que era, excepto en matarse, una Julieta. | ||||

| el tener desengaños, | ||||
| yo haré pronto cien años | ||||
| y no he hecho más que errar toda mi vida. | ||||
| y luego... esparce Dios el hormiguero. | ||||
| amando a falta de hombres, cualquier cosa, | ||||
| como el ave simbólica y famosa | ||||
| el corazón arde en su propia hoguera. | ||||
| es porque, escarmentado, | ||||
| para obrar con cordura en lo presente, | ||||
| tengo puesto un oído en lo pasado. | ||||
| y al irse la virtud se lleva el sueño. | ||||
| una asceta instruida, | ||||
| que aprendió por la vida de los santos | ||||
| las cosas menos santas de la vida. | ||||
| la duda, nuestra eterna compañera! | ||||
| es tan puro además, que será eterno. | ||||
| por qué un alma constante, cual la mía, | ||||
| escuchando una idéntica armonía | ||||
| de lo mismo que hoy saca la tristeza, | ||||
| sacaba en otro tiempo la alegría. | ||||
| Sin frutos prohibidos no hay Edenes. | ||||
| en llanto me deshago! | ||||
| ¡No puede describirte el alma mía | ||||
| los cien siglos de horror de un día aciago! | ||||
| a mi edad madrigales ni consejos, | ||||
| porque sé que detrás del abanico | ||||
| os burláis las mujeres de los viejos. | ||||
—188→
| mas no cambias jamás de desengaños. | ||||
| la ciencia de las duras realidades, | ||||
| hallarás que de todas las verdades | ||||
| la mitad por lo menos son mentiras. | ||||
| te escribe con la espada madrigales. | ||||
| porque veo en la sombra lo que quiero. | ||||
| fue por mí tan querida | ||||
| que alguna vez, para morir por ella, | ||||
| tan sólo me falto perder la vida. | ||||
| ha de formar su séquito en su entierro. | ||||
| de que Dios me dará la fe perdida. | ||||
| ¡Bien haya el que ha inventado la esperanza | ||||
| que es la muerte el principio de otra vida! | ||||
| porque un día mató mis esperanzas, | ||||
| tome la más atroz de las venganzas | ||||
| dejándola morir de fea y vieja. | ||||
| y recojo después remordimientos. | ||||
| no olvides el consejo que te ofrece | ||||
| esta eterna verdad de la escritura: | ||||
| «Todo el que ama el peligro en él perece». | ||||
| ¡qué bien se suele hacer la deslumbrada! | ||||
| va bebiendo en tus ojos la esperanza. | ||||
| que yo te amé como no amó Macías, | ||||
| y que fue la pasión que te he tenido | ||||
| un amor inmortal de cuatro días. | ||||
| de cada paso de comedia un drama. | ||||
| una gloria fingida, | ||||
| para saber al fin, desengañado, | ||||
| que no hay más dicha que ésta en nuestra vida: | ||||
| nacer, vivir, amar, ser olvidado. | ||||
| suele decir su madre embebecida: | ||||
| «Aquí tenéis la Aurora | ||||
| de los días más bellos de mi vida». | ||||
| que todo novio es un traidor futuro. | ||||
| sale del pecho mío | ||||
| un aliento más frío | ||||
| que una ráfaga de aire del invierno. | ||||
| donde viven las madres prosternadas. | ||||
| las ganas me quitó de hacerme cura. | ||||
| si entre el ser y no ser media un instante | ||||
| —189→ | ||||
| tiene el punto presente de la vida | ||||
| un infinito atrás y otro delante. | ||||
| una loca de atar como Eloísa. | ||||
| a través de estas pórfidas varillas, | ||||
| con tus pupilas de ternura llenas | ||||
| a algún hombre feliz, de ti adorado, | ||||
| lo mirarás apenas, | ||||
| por temor de mirarle demasiado! | ||||
| que a ese genio gigante | ||||
| lo llamarán el grande allá en la altura | ||||
| Shakespeare, Ariosto, Calderón y Dante. | ||||
| no se quiere curar de su inocencia. | ||||
| creen que todo en el mundo, o quiere, o llora. | ||||
| ya no me extraña tanto | ||||
| que como Job el santo | ||||
| maldiga el hombre el día que ha nacido. | ||||
| sin la ilusión, el mundo ¿qué sería? | ||||
| ya no le dio la absolución el cura. | ||||
| cuando eras una pobre verdadera, | ||||
| después que fuiste altiva y heredera | ||||
| te honré con un desprecio merecido. | ||||
Para una inclusa | ||||
| ves que no encuentras a tu madre allí, | ||||
| bendiciendo la causa de su ausencia, | ||||
| llama a esta puerta y la hallarás aquí. | ||||
| a buscar el Edén de tus amores, | ||||
| como constantemente | ||||
| se vuelven hacia el sol algunas flores. | ||||
| si allí existe del mundo la memoria? | ||||
| al llegar la razón hacen locuras. | ||||
| que ya has perdido en la opinión las alas, | ||||
| y que el olor de santidad que exhalas | ||||
| ya sólo lo percibe tu marido. | ||||
| dice sí, más pensando en otra cosa. | ||||
| ya era un frío deber su amor ardiente. | ||||
| no sé lo que me pasa, | ||||
| porque yo voy donde me lleva el viento, | ||||
| y el viento siempre sopla hacia su casa. | ||||
| y verás cómo el céfiro ligero | ||||
| te cuenta muchas veces, María Luisa, | ||||
| lo mucho, pero mucho, que te quiero. | ||||
| Isabella-Roma oír. | ||||
| ¿Por qué quieres ver llorar | ||||
| hoy que te toca reír? | ||||
—190→
| el olor sin olor de la limpieza! | ||||

| las penas y alegrías de las cosas. | ||||
| la juzgaba inocente todavía, | ||||
| cuando yo averigüé que ya entendía | ||||
| la moral de las fábulas de Esopo. | ||||
| ya entre ella y su niñez media una vida. | ||||
| que clava sus ideas cuando mira. | ||||
| la fiebre que ha cogido | ||||
| durmiendo horas enteras, y soñando | ||||
| a la sombra del árbol prohibido. | ||||
| al contarte, Enriqueta, mis pesares, | ||||
| si esta alma, que es tan tuya como mía, | ||||
| estuviese en la edad en que tenía | ||||
| el ardor del cantar de los cantares! | ||||
| que el hombre fiel que ha de llamarte esposa, | ||||
| haciéndote dichosa, | ||||
| en ti desmentirá la frase aquella | ||||
| de -«¡Ay infeliz de la que nace hermosa!» | ||||
| todo se halla al alcance de la mano. | ||||
| porque mi nombre recuerdes, | ||||
| sino para que te acuerdes | ||||
| que yo me acuerdo de ti. | ||||
| eres en todo una verdad humana. | ||||
| que una bella está bien con cualquier cosa. | ||||
| permite a mi amistad que te declare | ||||
| que como el hijo de Sión decía: | ||||
| «de mí me olvide yo si te olvidare». | ||||
| estoy por los amores y las flores. | ||||
| y a su propia bondad, que a diez bandidos. | ||||
| pues al rico y al pobre, a juicio mío, | ||||
| les hace bostezar, según su estado, | ||||
| pobres el hambre y ricos el hastío. | ||||
| va bebiendo en tus ojos la esperanza. | ||||
—191→
| pues al ver de su risa los fulgores, | ||||
| la copian encantados los pintores | ||||
| para hacer las rompientes de la gloria. | ||||
| contándote estará toda tu vida | ||||
| lo que dijo un autor a su querida: | ||||
| «¡Maldito sea yo si no te adoro!» | ||||
| no gira más que letras a la vista. | ||||
| gracia, juventud y amor, | ||||
| cuando te veo a mi lado | ||||
| parece que Dios ya ha echado | ||||
| sobre mi tumba una flor! | ||||
| si tú, en vez de mujer, no fueses santa! | ||||
| que extraño alguna vez como no vuelo. | ||||
| creo que fue el demonio | ||||
| quien llamó al matrimonio | ||||
| la noble institución del desencanto. | ||||
| el dinero, el dinero y el dinero. | ||||
| te estará contemplando eternamente. | ||||
| notarás, recordando cierta cosa, | ||||
| que a todas nuestras faltas en la vida | ||||
| las liga una cadena misteriosa. | ||||
| lo mejor que hay que hablar es no hablar nada. | ||||
| pues, al ver que algún hombre la subyuga, | ||||
| para no ser vencida, siempre emplea | ||||
| la gran estratagema de la fuga. | ||||
| que hasta el menos iluso | ||||
| anhela para yerno un noble ruso, | ||||
| o un príncipe italiano por lo menos. | ||||
| El hombre que perdona es que desprecia. | ||||
| que el campo todo al Creador inciensa, | ||||
| y juzga con encanto verdadero | ||||
| que es una orquesta inmensa | ||||
| la gran palpitación del mundo entero. | ||||
| «un delito el nacer», «la vida un sueño». | ||||
| sólo se ama a las santas santamente. | ||||
| realice por tu amor grandes hazañas, | ||||
| hoy sentado a la sombra de un castaño, | ||||
| pensando mucho en ti, como castañas. | ||||
| apuesta la cabeza de su esposa. | ||||
| que hay algo de hez en el amor más puro. | ||||
| viejos la edad y tristes la experiencia, | ||||
| llevamos dos infiernos en el pecho, | ||||
| que son el corazón y la conciencia. | ||||
| se deshace en millones de esperanzas. | ||||
—192→
Los terremotos | ||||
I | ||||
| premiará nuestra fe su providencia. | ||||
| ¿Qué es el temblor de nuestro globo? Nada, | ||||
| al lado del temblor de la conciencia. | ||||
II | ||||
| librando a nuestra patria, ¡cielo santo! | ||||
| de estos días de espanto | ||||
| en que rezan a solas los ateos. | ||||
III | ||||
| al ver temblar bajo sus pies el suelo, | ||||
| ¿quién sabe si en el cielo | ||||
| será ordenar el trastornar la tierra? | ||||
IV | ||||
| el ver que, consolando ajenos males, | ||||
| va la piedad, desde las casas reales | ||||
| a barrer la miseria a las cabañas. | ||||
V | ||||
| casas y templos con fragor derriba? | ||||
| -¿Qué haremos, preguntáis, almas de hielo? | ||||
| ¡Tener fe en la justicia de allá arriba! | ||||
VI | ||||
| como el justo de Horacio con firmeza, | ||||
| y ver también que se desploma el cielo | ||||
| sin inclinar siquiera la cabeza. | ||||
| por qué cuarteando el globo nos castiga | ||||
| ese gran Dios para quien son iguales | ||||
| los destinos del hombre y de la hormiga! | ||||
| el bueno reza, se resigna y muere, | ||||
| que es el único sabio en esta vida | ||||
| el que sabe querer lo que Dios quiere. | ||||
| que agita tu abanico en derredor? | ||||
| Pues todos son suspiros o recados | ||||
| que te manda al oído. | ||||
—193→
