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Sobre el valor simbólico de los colores y las asociaciones sinestésicas durante el fin de siglo, cabe remitir ahora al trabajo de José Luis Bernal Muñoz, «El color en la literatura del Modernismo», Anales de Literatura Española, 15, 2002, pp. 171-191. Al abordar la obra de J. R. Jiménez, el estudioso afirma: «En el escritor de Moguer el paisaje es color y el color es poesía. Rojos son sus Jardines galantes, blancos sus Jardines místicos, dorados y malvas sus Jardines dolientes»
(p. 176).
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Sobre las lecturas del poeta, es de obligada consulta la monografía de Soledad González Rodenas, Juan Ramón Jiménez a través de su biblioteca. Lecturas y traducciones en lengua francesa e inglesa (1881-1936), Sevilla, Universidad de Sevilla, 2005.
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Se trata de los versos 5-8 del poema: «Tout en chantant sur le mode mineur / l'amour vainqueur et la vie opportune, / ils n'ont pas l'air de croire à leur bonheur / et leur chanson se mêle au clair de lune...»
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«Douceur du soir! Douceur de la chambre sans lampe! / Le crépuscule est doux comme une bonne mort / et l'ombre lentement qui s'insinue et rampe / et déroule en fumée au plafond. Tout s'endort. / Comme une bonne mort sourit le crépuscule / et dans le miroir terne, en un geste d'adieu, / il semble doucement que soi-même on recule, / qu'on s'en aille plus pâle et qu'on y meure un peu. / Des tableaux appendus aux murs, dans la mémoire / où sont les souvenirs en leurs cadres déteints, / paysage de l'âme et paysages peints, / on croit sentir tomber comme une neige noire. / Douceur du soir! Douceur qui fait qu'on s'habitue / à la sourdine, aux sons de viole assoupis; / l'amant entend songer l'amante qui s'est tue / et leurs yeux sont ensemble aux dessins du tapis. / Et langoureusement la clarté se retire; / douceur! Ne plus se voir distincts! N'être plus qu'un! / Silence! deux senteurs en un même parfum: / penser la même chose et ne pas se le dire»
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Ricardo Gullón, «Juan Ramón Jiménez y los Prerrafaelitas», Estetas y decadentes, Madrid, J. Tablate Miquis Ediciones, 1985, pp. 77-80 (la cita en p. 78).
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Recientemente, ha indagado sobre la conexión del escritor con el Simbolismo el crítico y poeta Jorge Urrutia: «La significación de Soledades», «De nuevo sobre el simbolismo ideológico machadiano», en Las luces del crepúsculo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004, pp. 191-206 y 207-225. Sobre la écfrasis machadiana, remito a Jesús María Monge, «La realidad poético-pictórica de Fantasía iconográfica de Antonio Machado», Abel Martín. Revista de Estudios sobre Antonio Machado, Noviembre 2003, pp. 1-14 (http://www.abelmartin.com/crit/monge_d.html>).
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José María Rodríguez García, «Cien años de Soledades, galerías y otros poemas, presente y pasado en Antonio Machado», Revista de literatura, LXXI, 141, 2009, pp. 137-156.
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Ed. cit., pp. 399-400. La concatenación que cierra melancólicamente el poema parece acoger algún eco difuso de un celebérrimo pasaje de la primera égloga de Garcilaso (vv. 400-406): «Y en la tercera rueda, / contigo mano a mano, / busquemos otro llano, / busquemos otros montes y otros ríos, / otros valles floridos y sombríos / donde descanse y siempre pueda verte / ante los ojos míos»
(Obra poética y textos en prosa, Bienvenido Morros (ed.), Barcelona, Crítica, 2007, p. 218).
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El pequeño motivo del salmo vegetal aparece también en otro de los poemas descartados en la edición de 1907, en asociación significativa con la época autumnal, de resonancias verlainianas. El breve poema se titula Otoño: «El cárdeno otoño / no tiene leyendas / para mí. Los salmos / de las frondas muertas / jamás he escuchado, / que el viento se lleva. / Yo no sé los salmos / de las hojas secas, / sino el sueño verde / de la amarga tierra»
(Ed. cit., p. 397).
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Ángel Luis Luján Atienza, «La estructura circular en la poesía post-romántica y el Modernismo. Avatares en la creación del sentido poético», Iberoromania, 60, 2004, pp. 59-81. La cita se sitúa en p. 75.