«Teatro real» por Leopoldo de Luis
José García Nieto
Este libro es el hallazgo de una gran metáfora. Arranca de aquí su cerrada unidad -nos referimos a la parte del libro que justifica el título-, su enorme valor de evocación, su tremante colorido. El título, afortunadísimo, explica ya el trascendente juego. Juego que se repite, que va y viene matizando la idea, conformando la voz del poeta en la clave inicial pero hacia todos los límites posibles. Se hace ya casi terquedad la claridad expresiva:
La vida nos arroja a un escenarioque no elegimos y la farsa empieza.
El hombre se duele de su implacable destino, de su indefensión ante el misterio, de la monotonía donde su angustia rueda, del «papel» que repite hasta la saciedad. Poema -porque un solo poema unitivo constituye todas sus acordadas partes- de una gran desesperanza, de una patética llamada a la oscuridad. Voz que ha encontrado de pronto un registro de gran altura, un tono coral que tiene que identificar a todos los hombres.
Creemos, indudablemente, que Leopoldo de Luis ha logrado su mejor libro, la cima de su obra hasta hoy. El caudal de emoción, el desesperado y acuciante ímpetu de estos versos consiguen para el autor la evidencia de un puesto que quizá no tenía reconocido hasta ahora. Su poesía, llevada siempre con temblor y tesón perseguidos calladamente, podía confundir a un lector provisional o ligero. El poeta, sumido en su tiempo, habla demasiado cerca de los hombres, profiere y «comunica» su propio lenguaje. Y estos se ven llamados a un diálogo sobre el que no responden siempre con justicia, porque «aquello» parece normal y cotidiano discurrir, palabra de uso y costumbre, instrumento de jornada, materia alejadísima de los equivocados supuestos. Teatro real, manteniéndose en la línea elegida por el poeta -siempre es fatal esta elección-, ha llegado a la síntesis perfecta de todo un quehacer, de toda una visión poética y sustancial del hombre. No hay desacuerdo alguno entre estos versos y los de los libros anteriores de Leopoldo de Luis, pero sí hay una nota más pura y mantenida, una conquista lograda con menos esfuerzo, con más claridad, si esto era posible en el acervo de una poesía siempre dicha con honestidad y sencillez.
La otra parte del libro «Patria oscura», para nosotros de distintivos valores que la primera, mantiene esta madurez expresiva de Leopoldo de Luis, pero, si en su poesía pudieran aislarse los propósitos, la creemos proyectada a objetivos distintos, y que se contradicen con los alcanzados en Teatro real. Subrayamos nuestra personalísima sensación. Y, sí, creemos que en la lucha de estos dos libros, en la encrucijada de estas dos partes el poeta es, y lo es siempre de verdad, y de verdad se desalma, y con certezas y con pasiones se desdice, y con verdad siempre se busca y nos busca a todos en sus versos.
Si nos pidieran elegir, nos quedaríamos con los magistrales sonetos que cierran el libro, con ese poema de la primera parte, titulado «La danza», uno de los poemas contemporáneos «mejor dichos» que conocemos, o con ese acierto y novedad para incluir unas citas emotivas en los versos de «La esperanza».