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571

Rodríguez Monegal, Emir, Literatura uruguaya del medio siglo, Montevideo, Alfa, 1966, p. 303.

 

572

Ruffinelli, Jorge, «Benedetti novelista...», art. cit., p. 40.

 

573

Lago, Sylvia, «Mario Benedetti: la pregunta elucidante», en Anthropos nº 132, Barcelona, mayo de 1992, pp. 44-51, p. 45.

 

574

A la denominación de ficción corresponden la novela, el cuento, la épica, y el drama, en prosa o en verso. La poesía, que coincide con el planteamiento de la antigua poesía lírica.

 

575

Fórmula fluctuante entre la historia y la comedia, la novela fue rechazada ejemplarmente a través de la Historia. Dante, por ejemplo, en el Canto V del Inferno hace confesar a Francesca que sus amores con Paolo Malatesta se consumaron a causa de la lectura de una novela sobre Lanzarote.

También resulta curioso constatar que en el siglo XVI, en España, una provisión prohibía que se llevase cualquier clase de novela al Nuevo Mundo, por considerarla sumamente peligrosa para los indios.

 

576

Las fórmulas estéticas de las vanguardias europeas determinan la produccióm artística de nuestro tiempo. Pintura, música y literatura siguen caminos coherentes. Mencionemos brevemente el surrealismo que posibilita el abandono de la historia, de la visión tradicional sobre la realidad, y el cubismo que, con anterioridad y como base teórica del surrealismo, ofrece desde la plástica la gran revolución visual y descubre el instante perceptivo, la imagen mental, la pincelada, pretendiendo apresar en ella la textura de la realidad.

 

577

Alejo Carpentier afirmaba que el surrealismo le había permitido ver texturas, es decir, aspectos de la vida americana que no había advertido antes. Habla Carpentier -como Picasso, cuando afirma pintar lo que sabe, no lo que ve- de la memoria, del recuerdo fragmentado como forma de ahondar en la realidad. Memoria, no como registro o historia, sino como operación que permite contemplar en un mismo espacio diferentes planos de una realidad poliédrica. La fragmentación se revela como la forma adecuada para la expresión artística.

 

578

Barcelona, Destino, 1993.

 

579

La higuera es el árbol del pecado. En el libro del Génesis (2-3) leemos:

«Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comerse, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió. Abriéronse los ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores».

 

580

En el fragmento titulado «La niña de la higuera 1», ed. cit., p. 57, leemos:

«En cuanto pude subí a mi altillo. Necesitaba estar solo para reflexionar sobre la situación. Permanecí un buen rato, desconcertado, sentado en la cama y mirando (sin ver) la higuera. (...) Entonces alguien dijo: «¿Qué te pasa? ¿Por qué llorás?» (...) Desde la higuera me contemplaba una chiquilla desconocida. Le pregunté quién era y me dijo que era Rita...»