Antonio Machado para morir
Victoriano Crémer
¡Tanto peso en el alma
y tú perdido en el laberinto,
mientras rompe el azul mediterráneo
la ballesta de fuego y la Montaña
se coge las entrañas con los dientes
para contener dentro de sí
los muertos memorables!
¡Tanto dolor, oh triste Machado puro,
entre el enjambre
de las Galerías y las Soledades,
esbelta torre desde la que el águila
vigila los polvorientos
Campos de Castilla,
y sigue el rastro de la espiga de oro
degollada!
¡Tan altiva tristeza
sobre tu cuerpo hondo, sobre tu resonante
cuerpo, cubierto por las cenizas muertas
de la Patria y tan henchido
de amores planetarios
elevados en el tiempo!
-¿Adónde te diriges con tanta desazón
en los recuerdos vivos, en los presagios muertos?
-¡Ay, triste de ti, Machado roto,
pisando Españas, con el alma al hombro,
hacia la muerte vas. Te está esperando
al otro lado de la cordillera,
cansado de ser hombre, mientras rompe
el azul ballesta de fuego!
¡Tanto
peso en el alma, para morir perdido!