Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Anterior Indice Siguiente




Escena IX

 

ARBUÉS; después, DON CÉSAR.

 
ARBUÉS
En mi puesto
heme ya.

 (Se sienta en el sillón y llaman a la puerta del fondo.) 

Han llamado.
CÉSAR
¿Arbués?

 (Dentro.) 

ARBUÉS
¿Por mi nombre?¿Quién será?.. 410
CÉSAR
¿Alférez Arbués?
ARBUÉS
¿Quién va?
CÉSAR
Abre a un amigo.
ARBUÉS
¿Quién es?
CÉSAR
El capitán Santillana.
ARBUÉS
¿Don César?
CÉSAR
Sí; date priesa,
Arbués, que nos interesa. 415
ARBUÉS
¡Válame la soberana

 (Abre.) 

Virgen! ¡Vos, mi capitán!
CÉSAR
No malgastemos, Arbués,
nuestro tiempo.
ARBUÉS
Hablad: ¿qué hay, pues?
CÉSAR
Las bocacalles están 420
tomadas alrededor
y conmigo hay seis soldados
en esta casa apostados.
ARBUÉS
¿Y qué?
CÉSAR
Que es a tu señor
a quien buscan. Si Gabriel 425
los umbrales de ella pasa,
Arbués, dentro de esta casa
todos sois presos con él.
ARBUÉS
No os dé pena, capitán;
mi amo, que lo sabe todo, 430
de hacer encontrará modo
inútil todo este afán.
CÉSAR
El asunto no es materia
de chanzas; en la partida
sé yo que le va la vida. 435
ARBUÉS
¡Diablo!
CÉSAR
La cuestión es seria.
Registrarán su equipaje
y hasta su misma persona;
y si razón no le abona
terminante, aquí su viaje 440
concluye, porque al misterio
de su vida dar alcance
quiere el rey.
ARBUÉS
¿El rey?
CÉSAR
El lance
ves que no puede más serio
ser. Mi padre don Rodrigo 445
me ha encomendado su guarda,
diciéndome que le aguarda
pronto y ejemplar castigo.
Hasta ahora, a lo que creo,
de sus poderes abusa 450
la justicia, pues le acusa
a ciegas su buen deseo.
Mas he oído una expresión
que, a probarse con certeza,
le va a costar la cabeza, 455
sea impostura o ambición.
Óyeme ahora. El destino,
por su bien o por mi mal,
me une a su sino fatal
y me arroja en su camino. 460
Instinto y veneración
por él en mi pecho ruegan,
y por Aurora me ciegan
cariño y adoración.
En el nombre de la ley 465
a espiarle a Madrigal
me enviaron, y cumplí mal
con las órdenes del rey.
Desde Madrigal os sigo.
ARBUÉS
Lo sabíamos.
CÉSAR
Tiempo es
470
de que sepamos, Arbués,
a qué atenernos. Conmigo
es preciso que Gabriel
hable esta noche. Es forzoso
que este arcano misterioso 475
penetre a la par con él.
Hay de un misterio tremendo
en su existencia la duda;
siempre me tendrá en su ayuda,
mas que se explique pretendo. 480
Yo quiero de cualquier modo
salvarle; quiero que a prueba
ponga mi fe y que me deba
su porvenir; en fin, todo
quiero comprenderlo, y sea 485
quien fuere, noble o villano,
vil traidor o soberano
coronado, que en mí vea
un fiel amigo, un apoyo
presto a dividir con él 490
desde el sitial de un dosel
hasta de la tumba el hoyo.
ARBUÉS
Que os ciega amor bien se ve.
CÉSAR
Arbués, si su amor merezco
y si mi mano la ofrezco... 495
ARBUÉS
No la admitirá.
CÉSAR
¿Por qué?
ARBUÉS
Porque es Espinosa un hombre
que no quiere que se una
ni hombre alguno a su fortuna,
ni nombre alguno a su nombre. 500
CÉSAR
Yo los males que le afligen
acepto y sus opiniones
sin pedir de ellas razones.
Y si ocultarme su origen
les importa, nunca el nombre 505
preguntaré de mi esposa;
sea honrada y cariñosa
y nada habrá que me asombre.
ARBUÉS
Estáis loco, capitán;
¿Queréis con un pastelero 510
emparentar?
CÉSAR
Arbués, quiero
salir de una vez de afán.
Te he dicho que mi destino
me lleva tras de Gabriel.
ARBUÉS
Pues es fuerza que huyáis de él; 515
echad por otro camino.
CÉSAR
¡Arbués!
ARBUÉS
Yo sé lo que digo.
Vuestro ayo fuí; soy ya viejo
y daros puedo un consejo;
tomadle, que es de un amigo: 520
cumplid vuestra obligación
sin tropezar con Gabriel,
y el misterio que hay en él
dejad en su corazón.
Para vuestro amor, de roca 525
será su alma, y recelo
que no os dará ni consuelo
ni satisfacción su boca.
CÉSAR
Pues qué, ¿hace ese hombre un agravio
impunemente?
ARBUÉS
Lo que hace
530
no sé, mas no satisface
jamás.
CÉSAR
Pues bien, si su labio
satisfacción no me da,
yo le haré que hable sin gana
con mi acero.
ARBUÉS
Santillana,
535
en silencio os matará.
CÉSAR
¿A mí?
ARBUÉS
Tal creo en conciencia.
CÉSAR
¿Tiene algún filtro Gabriel?
ARBUÉS
No, mas acaso con él
pelea la omnipotencia. 540
Don César, tened a raya
vuestra locura y tomad
mi consejo: abandonad
la senda por donde él vaya.
CÉSAR
No puedo.
ARBUÉS
Una indiscreción
545
muy sandia sé que cometo,
mas voy a ser indiscreto
porque os tengo obligación.
CÉSAR
Habla, habla.
ARBUÉS
Ese Gabriel
Espinosa, el pastelero, 550
tiene más de caballero
que lo que aparenta él.
Tres años ha que le sigo
de su favor obligado,
que honra y vida me ha salvado 555
y más que dueño es mi amigo.
CÉSAR
Pero ¿quién es?
ARBUÉS
Voy a ello.
Quién es... sábenlo él y Dios.
Cuanto sé yo de él vais vos
a saber; mas bajo un sello 560
guardadlo siempre.
CÉSAR
Concluye.
ARBUÉS
Escuchad, pues, lo que sé,
y vos veréis de él, a fe,
si en pro o en contra os arguye.
Él sabe todas las leyes, 565
cuenta todas las historias,
los desastres y las glorias
de los europeos reyes.
Él conoce los blasones
como un rey de armas; él mide 570
las noblezas; él decide
sobre razas y opiniones;
y tales fuerzas alcanza
que con precisión certera
monta un potro a la carrera 575
y hace astillas una lanza
en el aire.
CÉSAR
¡Jesucristo!
Eso se cuenta también
de Don...

 (ARBUÉS le tapa la boca con la mano.) 

ARBUÉS
No digáis de quién;
De él yo lo cuento, y lo he visto. 580
Y, en fin, os diré un secreto:
¿conocíais a Quiñones,
el teniente de dragones?
CÉSAR
Sí.
ARBUÉS
Sabéis que era el respeto
de los diestros en la esgrima, 585
porque jamás estocada
le hirió, mientras que su espada
veinte muertes le echó encima.
CÉSAR
Sí.
ARBUÉS
No ignoraréis que muerto
en Madrigal se le halló; 590
pues bien, Gabriel le mató
riñendo.
CÉSAR
¿Cierto?
ARBUÉS
Tan cierto,
capitán, como es de noche.
De Gabriel en la hostería
con el, teniente comía 595
yo una tarde, cuando un coche
paró a sus puertas, y de él
un embozado bajando
se entró hasta allí preguntando
si estaba en casa Gabriel. 600
Salió éste; y el forastero,
que ser mostraba en su porte
un gran señor de la corte,
llevó la mano al sombrero
al ir a hablarle; Quiñones, 605
de quien sabéis la insolencia,
con aquella impertinencia
peculiar de los matones,
dijo: «¡Hola! ¿Esas tenemos?».
Mas no bien le oyó Gabriel, 610
cuando viniéndose a él
le asió por los dos extremos
del collarín del coleto
diciendo: «¡Hola, seor espía!
¡Yo os haré, por vida mía, 615
que me guardéis el secreto!».
Y con muñeca de hierro
zarandeándole de un lado
a otro, le echó derribado
bajo el banco como a un perro. 620
El teniente, puesto apenas
en pie, echó mano al acero
yéndose hacia el pastelero,
quien con miradas serenas
y voz grave e imperiosa 625
nos dijo: «Echémonos fuera».
Y echamos por la escalera
los tres en pos de Espinosa.
Detrás de unos paredones
que hay debajo del camino 630
paróse; fue su padrino
el otro, y yo el de Quiñones.
Capitán, juro a mi honor
que no he visto tal destreza
jamás, ni tanta firmeza, 635
serenidad y valor.
Era un maestro el teniente,
pero a las cuatro paradas
tenía tres estocadas;
rugía de ira y valiente 640
atacaba; mas escrito
debió estar: tendióse a fondo
Gabriel y cayó redondo
Quiñones sin dar un grito.
CÉSAR
¿Y Espinosa?
ARBUÉS
Ni un rasguño
645
sacó; en silencio su espada
limpió, que estaba manchada
de sangre hasta el mismo puño,
y envainándola con calma
nos dijo: «Quede lo hecho 650
sepultado en nuestro pecho,
y que Dios perdono su alma».
Y volviéndonos a entrar
otra vez en la hostería,
no ha vuelto desde aquel día 655
a Quiñones a mentar.
Ahora, señor Santillana,
pues sabéis que hondo cariño
os cobré desde muy niño
y os guardo afición cristiana, 660
creed a un amigo viejo:
por delante de Gabriel
pasad sin topar con él;
y agradecedme el consejo.
CÉSAR
Es tarde, y retroceder 665
no quiero. Resuelto a todo
vengo y de uno u otro modo
esta noche le he de ver.
ARBUÉS
Yo no os lo puedo impedir;
pero hacéis mal, os lo advierto. 670
CÉSAR
Más quiero por él ser muerto
que sin Aurora vivir.
ARBUÉS
Allá os las hayáis.
AURORA

 (Dentro.) 

¡Arbués!
ARBUÉS
Pronto, marchaos; es ella.
AURORA
¡Arbués!

 (Dentro.) 

 

(ARBUÉS quiere obligar a DON CÉSAR a irse.)

 
CÉSAR
Déjame la huella
675
besar de sus castos pies.
ARBUÉS
¡Capitán!


Escena X

 

DOÑA AURORA, DON CÉSAR, ARBUÉS.

 
AURORA
Oyendo estoy

 (Saliendo.) 

a Arbués hablar ha una hora.
¿Es mi padre?
CÉSAR
No, señora.
AURORA
¡El capitán!
CÉSAR
Sí, yo soy.
680
ARBUÉS
Ver al señor pretendía.
Le dije que ausente estaba;
insistía él, porfiaba
yo, y por eso se oía
hablar aquí, doña Aurora. 685
AURORA
Anduviste descortés
con el capitán, Arbués.
ARBUÉS
Vuestro padre...
AURORA
Sin demora
me debiste de avisar
de su llegada, y al punto 690
saliera yo.
CÉSAR
Sea asunto
concluido; él atajar
debió mi imprudente paso.
AURORA
Si vos salís en su abono,
yo su falta le perdono. 695
Sal.

 (A ARBUÉS, que se va.)  



Escena XI

 

DON CÉSAR, DOÑA AURORA.

 
AURORA
¿Puedo saber acaso
la causa que aquí os obliga
a presentaros ahora?
CÉSAR
Es un secreto, señora;
perdonad que no os le diga 700
Confiarle sólo debo
a vuestro padre.
AURORA
En tal caso...

 (Retirándose.) 

CÉSAR
Aguardad.

 (Deteniéndola.) 

AURORA
Decid.
CÉSAR
Acaso
vais a enojaros.
AURORA
Me atrevo
a esperar de vuestro honor 705
que no me osará decir
nada que no pueda oír
sin peligro o sin rubor.
CÉSAR
Nada, señora. ¡Yo os juro
por la honra en que nací, 710
que nada oiréis de mí
que no sea noble y puro!
AURORA
Hablad, pues.
CÉSAR
Que fui sospecho
torpe por demás, señora,
si no habéis visto hasta ahora 715
el arcano de mi pecho
AURORA
¿Cómo queréis que comprenda
secretos que en él guardáis
si no me los reveláis?
CÉSAR
Si en los ojos una venda 720
de indiferencia y rigor
no os hubierais puesto, Aurora,
me ahorrarais hacer ahora
la relación de mi amor.
AURORA
¿Conque amáis?
CÉSAR
Con frenesí.
725
AURORA
Pues ¿y a quién?
CÉSAR
A un ángel.
AURORA
¡Oh!
¿Y os paga?
CÉSAR
Creo que no.
AURORA
¿Lo sabe?
CÉSAR
Creo que sí.
AURORA
¿Se lo habéis dicho?
CÉSAR
Jamás.
AURORA
¿Por qué?
CÉSAR
Porque es mi pasión
730
más que amor, veneración;
idolatría quizás.
Es un amor que no tiene
en su vil naturaleza
un átomo de impureza; 735
amor que del cielo viene.
Es un innato cariño,
tan casto como profundo,
tan inmenso como el, mundo,
tan puro como el armiño. 740
Sin otro bien, ni otro dueño,
ni más afán, ni más guía
en la tierra, noche y día,
con él vivo, con él sueño.
Un amor sublime, santo, 745
mas tan tirano, tan fiero,
que sus fuerzas considero
a mis solas con espanto;
porque no hay ley, no hay deber
que pueda mi corazón 750
al poder de mi pasión
con ventajas oponer.
Si la que amo me dijera:
«Sé traidor: véndete esclavo»,
mi fe llevando hasta el cabo 755
me infamara y me vendiera.
AURORA
¡Jesús, qué amor tan horrendo!
¿Dónde adquirido lo habéis?
CÉSAR
¿Os reís?
AURORA
¿Pues qué queréis,
si os estáis contradiciendo? 760
CÉSAR
¿Dó está la contradicción?
AURORA
¡Pues ahí es nada! ¿Un cariño
tan puro como el armiño,
una sagrada pasión
de cuyo infernal poder 765
creéis que os llegue a obligar
vuestro rey a abandonar,
la libertad a vender?
CÉSAR
Sin vacilar un momento.
AURORA
¿Porque una mujer os ame 770
consentís en ser infame,
traidor y esclavo?
CÉSAR
Consiento.
AURORA
Haceos un poco atrás.
CÉSAR
¿Por qué?
AURORA
Esa pasión que tanto
ponderáis, más que amor santo, 775
es amor de Satanás.
CÉSAR
¡Infeliz del corazón
que tal amor no comprende!
AURORA
Más lo es en el que se enciende
la llama de tal pasión. 780
CÉSAR
¡No os mofarais de ella así
si la comprendierais, no!
AURORA
¿Y quién os dice que yo
no guardo ese amor en mí?
CÉSAR
¡Vos!

 (Sorprendido.) 

AURORA
Don César, sólo Dios
785
amor tan ciego merece.
CÉSAR
Amor es Dios y enloquece.
AURORA
Y loco estáis.
CÉSAR
¡Ah! Por vos.

 (Se arrodilla.) 

AURORA
¡Insensato!
CÉSAR
Por vos, sí;
yo os amo, Aurora, os adoro. 790
AURORA
¿Pues creéis que yo lo ignoro?
CÉSAR
¡Cielos!

 (Alzase del suelo, acercándose a AURORA.) 

AURORA
No lleguéis a mí.

 (Apartándose.) 

CÉSAR
¿Me rechazáis?
AURORA
¡A fe mía!
Yo acepto vuestro respeto,
mas no quiero ser objeto. 795
de una torpe idolatría.
No soy más que una mujer,
y del Criador hechura;
sólo como criatura
estimada quiero ser. 800
CÉSAR
Esas palabras, Aurora,
que una esperanza me dan...
AURORA
Si tal creéis, capitán,
olvidadlas desde ahora.
CÉSAR
Me confundís y no sé 805
unir con vuestra bondad
vuestro rigor.
AURORA
En verdad
que yo tampoco sabré
tal arcano descifraros.
Lo que sí os sabré decir 810
es que no puedo admitir
vuestro amor; mas sin reparos
mi amistad toda os ofrezco.
Creedme: Dios me es testigo
de que os quiero por amigo, 815
mas por galán no os merezco.
CÉSAR
¡Cómo!
AURORA
Os lo diré mejor
y no me guardéis encono:
vuestra amistad ambiciono;
vuestra pasión me da horror. 820
CÉSAR
Me asombráis.
AURORA
Es un arcano
que penetrar no podemos.
Galán, jamás nos veremos;
amigo, aquí está mi mano.

 (Le tiende la mano.) 

CÉSAR
¡Ah! Os entiendo. Compasión 825
os causó mi amor y ahora
burlaros os plugo, Aurora,
con mi pobre corazón.
Mas esta mano que estrecho
sobre él y que llevo al labio... 830

  (Va a besar la mano. DOÑA AURORA se lo impide.) 

AURORA
La boca le hará un agravio;
no la levantéis del pecho.
CÉSAR
Ese tono...
AURORA
Es harto serio.
CÉSAR
No os comprendo. Si es capricho
de vuestro humor...
AURORA
Ya os lo he dicho,
835
capitán: es un misterio
que yo no entiendo tampoco.
CÉSAR
Pues yo lo penetraré.
AURORA
¿Cómo?
CÉSAR
A vuestro padre haré
que me lo explique.
AURORA
Estáis loco.
840
CÉSAR
¡En eso parar espero
con vuestras contradicciones!
AURORA
Pues oídme unas razones
terminantes, caballero.
CÉSAR
Hablad.
AURORA
Me habéis ponderado
845
vuestra acendrada pasión,
y vais en mi corazón
a saber lo que hay guardado.
Hay un amor casto, ciego,
de mi pecho en la guarida, 850
tan largo como mi vida,
tan ardiente como el fuego.
Amor de goces tan suaves,
tan exento de dolores,
como el olor de las flores, 855
como el cantar de las aves.
Este amor es un cariño
tan ajeno de impureza,
como el que a tener empieza
naciendo a su madre el niño. 860
Hoguera es de inmenso amor;
mas de su llama tranquila
no se extingue ni vacila
el constante resplandor.
En el duelo, en la ventura, 865
en la inquietud y en la calma
siempre en el fondo del alma
como una estrella fulgura;
y brilla su claridad
en su centro solitario 870
cual lámpara en un santuario,
cual faro en la tempestad.
CÉSAR
¿Amáis?
AURORA
Amo a un noble ser
de quien ignoro hasta el nombre;
le amo todo cuanto a un hombre 875
puede amar una mujer.
Le amo desde que le vi;
le amo con toda mi fe,
y al sepulcro bajaré
con su amor dentro de mí. 880
Con él sueño, con él vivo;
lo que él desea apetezco,
lo que aborrece aborrezco,
y mi corazón, cautivo
de su sola voluntad, 885
a ella no más obedece.
Él me dice: «Ama, aborrece»,
y amo y odio sin piedad.
Me dijo: «De ese mancebo
serás amiga», y yo os digo 890
que vos sois mi único amigo,
porque él lo quiere y yo debo
quererlo; y si él me dijera:
«véndete esclava», ¡por Dios
os juro que, como vos 895
por mí, por él me vendiera!
Ya mi secreto sabéis.
Respetad de él comedido
lo que no hayáis comprendido;
y si no os satisfacéis 900
con las razones que os dan,
haced cuenta, en conclusión,
que nací sin corazón.
Buenas noches, capitán.
CÉSAR
Esperad.
AURORA
Ni un solo instante.
905
El alma leal que abrigo
franca está para el amigo
y muerta para el amante.

 (Vase por la izquierda, cerrando la puerta.) 



Escena XII

DON CÉSAR
¡Ama a un hombre cuyo nombre
no conoce! Fascinada 910
está su alma enamorada
por él. ¿Y quién es ese hombre?
Un año hace que los sigo,
y a nadie he visto jamás
llegar. ¡Un enigma más 915
de los que llevan consigo!
Con él sueña, con él vive;
lo que él desea apetece.
Él manda y ella obedece
y ser de su ser recibe. 920
¡Oh! Sí: lo expresaban bien
sus ojos, su voz, su gesto.
Sí, encierra un amor funesto
su corazón. Pero ¿a quién?
¡Ama a un hombre misterioso 925
de quien hasta el nombre ignora!
¿Ama y no a mí? ¡La traidora!
¡Sandio de mí! Estoy celoso.
Celoso y tal vez acecha
la muerte aquí a ese Gabriel 930
de Espinosa. ¡Cielos! ¿Si él?...
¡Él! ¡Estúpida sospecha!
Su padre... ¿Y si no lo es?
¿Si el misterio y soledad
que guardan de liviandad 935
fuera un velo infame? -¿Arbués?


Escena XIII

 

DON CÉSAR, ARBUÉS.

 
ARBUÉS
Aquí estoy.
CÉSAR
Pronto, responde.
Aurora a otro hombre ama.
¿Quién es? Di. ¿Cómo se llama?
¿Adónde está ahora? ¿Adónde 940
le vio? ¿Cuándo?
ARBUÉS
Capitán,
ya os previne que acercaros
a nosotros era echaros
en un abismo de afán;
y ya lo veis: un instante 945
nada más que habéis hablado
con ella, os ha trastornado
corazón, juicio y semblante.
CÉSAR
La amo, Arbués, y estoy celoso.
Dime, por tu vida, Arbués, 950
¿sabes bien si Gabriel es
su padre?
ARBUÉS
¡Pues es chistoso!
CÉSAR
¡Ay! De la duda la hiel
me emponzoña el corazón.
ARBUÉS
Pues no perdáis la ocasión 955
de consultarla con él.
CÉSAR
¿Llega?
ARBUÉS
Le siento venir.
CÉSAR
¿Cómo?
ARBUÉS
Acostumbra a silbar
recio.
CÉSAR
¿Y silbó?
 

(Llaman: aldabonada.)

 
ARBUÉS
De llamar
acaban.
CÉSAR
Ve, pues, a abrir.
960
 

(Vase ARBUÉS por el fondo llevando la llave.)

 
Es forzoso: le hablaré;
la vida en ello le va.
Si se obstina..., mas no, a fe;
primero le salvaré
y Dios amanecerá. 965


Escena XIV

 

DON CÉSAR, ARBUÉS; GABRIEL, embozado.

 
GABRIEL
¡Hola, señor capitán!
CÉSAR
Os aguardaba.
GABRIEL
¿Qué hay, pues?
CÉSAR
Solos.
GABRIEL
Déjanos, Arbués.


Escena XV

 

DON CÉSAR, GABRIEL.

 
GABRIEL
Podéis hablar.
CÉSAR
Tal vez van
mis palabras a causaros 970
extrañeza.
GABRIEL
No lo espera.
CÉSAR
Muy claro con vos ser quiero.
GABRIEL
Pues no os andéis con reparos.
Con cuanta más claridad
habléis vos, a mi entender 975
os debo yo comprender
con mayor facilidad.
CÉSAR
Yo soy...
GABRIEL

 (Interrumpiéndole.) 

Os conozco bien:
adelante.
CÉSAR
En Madrigal
me acantoné de orden real... 980
GABRIEL
Para guardarme; también
lo sé. Adelante.
CÉSAR
Hoy en pos
de vuestros pasos...
GABRIEL
Venís
por lo mismo; me decís
cosas que sé como vos. 985
CÉSAR
Pues bien: lo que según creo
ignoráis vos todavía
os diré.
GABRIEL
Por vida mía,
capitán, que ya deseo
que algo nuevo me digáis. 990
CÉSAR
Pues oíd.
GABRIEL
Estoy atento.
CÉSAR
La casa en este momento
está cercada, y estáis
preso en ella.
GABRIEL
Ya lo sé.
CÉSAR
¿Conque sabiéndolo ya 995
entrasteis?
GABRIEL
Pues claro está.
CÉSAR
¿Por voluntad?
GABRIEL
Ya se ve.
CÉSAR
¿Luego confiáis?
GABRIEL
En Dios
primero y después en mi.
CÉSAR
¿Sabéis que os acusan?...
GABRIEL
Sí.
1000
CÉSAR
¿De un delito?...
GABRIEL

 (Interrumpiéndole.) 

No, de dos.
CÉSAR
¿Sabéis cuáles?
GABRIEL
Sí, por cierto.
CÉSAR
Pues, a lo que se murmura,
cualquiera de ellos...
GABRIEL
Segura
trae mi sentencia: soy muerto. 1005
CÉSAR
¿Con ella os chanceáis?
GABRIEL
Sí tal.
CÉSAR
¿Podréis probar?...
GABRIEL
Una cosa.
CÉSAR
¿Que sois?...
GABRIEL

 (Interrumpiéndole.) 

Gabriel Espinosa,
pastelero en Madrigal.
CÉSAR
Podrán dudarlo tal vez. 1010
GABRIEL
¿Por qué?
CÉSAR
Porque lo desmiente
vuestro gentil continente
y es muy receloso el juez.
GABRIEL
Dios me hizo así, y en mi mano
no está cambiar de figura 1015
CÉSAR
Diz que andáis con mucha holgura
para ser sólo un villano.
GABRIEL
Soy rico.
CÉSAR
Querrán papeles
que os acrediten de tal.
GABRIEL
Resmas tengo en Madrigal 1020
de los de envolver pasteles.
CÉSAR
¿Hay algunos con pinturas?
GABRIEL
Mil.
CÉSAR
¿Son estampas de santos?
GABRIEL
Hay de todo.
CÉSAR
Y entre tantos
¿hay conocidas figuras? 1025
GABRIEL
¿Echáis menos, capitán,
alguna?
CÉSAR
No: mas ha un rato
que el juez buscaba un retrato
fiel del rey Don Sebastián.
GABRIEL
Siento no tener ninguno. 1030
CÉSAR
Pues creo que el juez pretende
deteneros, porque entiende
que lleváis sobre vos uno.
GABRIEL
¿Qué habría en que le llevara
para que en mí se encarnicen 1035
los golillas?
CÉSAR

 (Mirándole atentamente.) 

Es que dicen
que lo lleváis en la cara.
GABRIEL
Ni es tan deforme la mía,
ni osara yo andar, por cierto,
con la cara que un rey muerto 1040
usaba cuando vivía.
CÉSAR
Pues la justicia cree ver
en vos semejanza tal
con él, que de vos muy mal
sospecha.
GABRIEL
¡Cómo ha de ser!
1045
 

(Un momento de pausa.)

 
CÉSAR
Yo os cobré afecto; fiad
vuestro secreto de mí,
y al depositarlo aquí
lo echáis en la eternidad.
GABRIEL
Mozo, si tuviera un día 1050
que fiar algo a algún hombre,
creedme, os juro a mi nombre
que de vos lo fiaría.
CÉSAR
Fiadme ese nombre, pues.
GABRIEL
Gabriel; lo acabáis de oír. 1055
CÉSAR
¡Os obstináis en morir!
GABRIEL
Ley de los que nacen es.
CÉSAR
¡No me entendéis!
GABRIEL
¡Vive Dios!
Ni vos me entendéis tampoco
a mí.
CÉSAR
Parecéisme loco.
1060
GABRIEL
Y a mí mentecato vos.
Porque a la verdad, mancebo,
grima me da contemplaros
así el seso devanaros
por decirme algo de nuevo. 1065
Tras de tanto ir y venir,
¿no habéis echado de ver
que yo no quiero entender
lo que me queréis decir?
¿Os figuráis que viví 1070
entre el pueblo catorce años
sin percibir los extraños
cuentos que corren de mí?
¿Pensáis que es ésta la vez
primera que en mí repara 1075
el vulgo, y que cara a cara
me veo yo con un juez?
Venid acá, pobre niño;
¿pensáis que no conocí
que en vos germinó hacia mí 1080
un simpático cariño?
Yo como en un libro leo
claro en vuestro corazón,
y bien de vuestra afición
la causa escondida veo. 1085
Sé que a mí os atrae un nudo
cuyo mágico poder
os hace ante mí poner
vuestro pecho por escudo.
Pero su atracción oculta 1090
resistid, porque os advierto
que ese nudo con un muerto
os estrecha y os sepulta.
Resistid; porque un ser soy
que infesto el lugar que habito, 1095
que cuanto toco marchito
y asolo por donde voy.
CÉSAR
¿Qué me importa? El horror mismo
del misterio que hay en vos
de sí me arrebata en pos, 1100
y ciego voy a su abismo.
GABRIEL
¡Mancebo!
CÉSAR
Con vos iré
por doquiera que vayáis.
Oídme: y cuando sepáis
mi secreto...
GABRIEL
Ya lo sé.
1105
CÉSAR
¿Qué sabéis?
GABRIEL
Cuanto ha pasado
por vuestro pecho hasta ahora.
No ignoro nada: de Aurora
sé que estáis enamorado.
Sé que por ella me habláis, 1110
y que tras ella venís,
y que por ella vivís,
y que con ella soñáis.
¿Creéis que en vuestro semblante
no he conocido al entrar 1115
que la acababais de hablar?
Y en vuestro mustio talante,
¿creéis que no entiendo acaso
que el amor de vuestro pecho
al declararla, no ha hecho 1120
de vuestras palabras caso?
CÉSAR
¡Caballero!
GABRIEL
¡Qué demonio!
De todo estoy enterado:
hasta de que habéis pensado
pedírmela en matrimonio. 1125
CÉSAR
Sí, que mi amor...
GABRIEL

 (Interrumpiéndole.) 

Sé que es grande,
profundo, honesto y leal;
pero es un amor fatal,
imposible.
CÉSAR
Que os demande
por qué dejad.
GABRIEL
Lo primero,
1130
porque si mal no me fundo,
no os quiere ella: lo segundo,
porque yo tampoco quiero.
CÉSAR
¡Me escarnecéis!
GABRIEL
¡No, por Dios!
¿Y a qué viene el enojaros? 1135
¿No queréis que hablemos claros?
Pues claro os hablo yo a vos.
CÉSAR
¡Ea, pues! Claros hablemos
y sepamos de una vez
a qué atenernos.
GABRIEL
¡Pardiez!
1140
No alcéis la voz, que podemos
a las gentes de la casa
despertar, y creer pueden
cosas que aquí no suceden,
capitán.
CÉSAR
Lo que aquí pasa
1145
es que quiero penetrar
el misterio que os rodea,
y que es fuerza que así sea;
porque no he de tolerar
en calma, como un villano, 1150
que tan sin razón los dos
despreciéis mi amistad vos
y vuestra hija mi mano.
Confieso que el alma mía,
del punto en que os llegó a ver, 1155
por vos empezó a tener
misteriosa simpatía.
Confieso, sí, que amo a Aurora
con amor tan delirante
que no hay acción que me espante... 1160
por ella; mas me devora,
a par con el del amor,
el fuego de un justo antojo
ceder sin razón mejor.
Soy noble y cuando os ofrezco 1165
mi raza unir con la vuestra
que me deis más noble muestra
de lo que valéis merezco;
porque si no, con derecho
tendré por cosa segura 1170
lo que de vos se murmura
y lo que yo me sospecho.
GABRIEL
¿Y qué es lo que sospecháis?
CÉSAR
Que sois...
GABRIEL
¿Quién?
CÉSAR
Un impostor
y que desecháis mi amor... 1175
GABRIEL
¿Por qué?
CÉSAR
Porque vos la amáis.
GABRIEL
¡Desdichado!
CÉSAR
Una de dos:
satisfacedme al momento,
o sepulcro este aposento
es para mí o para vos. 1180
GABRIEL
Niño, dándoles gran precio,
la mayor satisfacción
que debo a tu protección
y a tu amor, es el desprecio.
Ve, pues, si te satisface 1185
la de que no los admito,
porque el amor no me place
y el favor no necesito.
CÉSAR
¿Eso a mí?
GABRIEL
Y antes que te abra
sepulcro, entiende que puedo 1190
abismarte con un dedo
como con una palabra.
CÉSAR
Decídmela.
GABRIEL
No la esperes.
CÉSAR
Pues bien; quiero en mi despecho
ser o muerto o satisfecho. 1195
 

(DON CÉSAR desenvaina su espada, yendo contra GABRIEL. Éste desenvaina la suya poniéndose en guardia, en cuyo punto aparece AURORA.)

 
GABRIEL
Sea, pues que tú lo quieres.


Escena XVI

 

GABRIEL, DON CÉSAR, DOÑA AURORA, después DON RODRIGO.

 
AURORA
¡Teneos!
CÉSAR
Todo es en balde.
 

(La puerta del fondo se abre de repente y sale DON RODRIGO, detrás del cual se ven cuatro soldados con mosquetes en la parte exterior de la puerta. GABRIEL baja su espada dando un paso atrás, con tal rapidez que el juez no pueda tener tiempo de apercibirse de que estaba en guardia.)

 
RODRIGO
En nombre del rey.
GABRIEL
¿Qué es eso?
RODRIGO
Gabriel Espinosa, preso
sed.
GABRIEL
Lo estoy, señor alcalde.
1200
RODRIGO
¿Cómo?
GABRIEL
Ese mozo, sintiendo
que aún en vela andaba yo,
por esa ventana entró
que me fugara temiendo;
hallándome en pie y armado 1205
darme a prisión me intimaba,
y mi espada le entregaba
cuando vos habéis entrado.
RODRIGO
Vuestras armas y equipaje
quedan embargados. De él 1210

 (A DON CÉSAR.) 

y ellas te encargo. -Gabriel
Espinosa, vuestro viaje
no os es dado continuar
basta que duda no quede
de quién sois.
GABRIEL
Su merced puede
1215
cuando guste comenzar
sus indagaciones.
RODRIGO
Luego;
Interrogar me es preciso
testigos; mas ya, os lo aviso,
preso estáis.

 (A DON CÉSAR.) 

Con él te entrego
1220
aquella mujer.
GABRIEL
Señora
se dice, alcalde; esta dama
noble es cual vos y se llama
por buen nombre doña Aurora.
RODRIGO
Si es dama y noble, después 1225
lo sabremos.
GABRIEL
¡Quiera Dios
que no os pese luego a vos
saberlo!
RODRIGO
Excesiva es
vuestra arrogancia.
GABRIEL
No tanta
como tener con vos puedo. 1230
RODRIGO
Nadie a mí me infunde miedo.
GABRIEL
Pues a mí nadie me espanta.
Conque adelante.
RODRIGO
Adelante.
Vos a ese cuarto, señora;
y vos dad la espada ahora 1235
al capitán.
GABRIEL
Al instante.

  (Alargando la espada, sin sollaría.) 

Ahí la tenéis, y os suplico,
joven, que si no os enoja
me la guardéis, que es la hoja
buena, y el puño muy rico. 1240
 

(GABRIEL entrega su espada a DON CÉSAR quien al mirarla exclama asombrado:)

 
CÉSAR
¡Jesús!
GABRIEL
Ved con atención
su primor.
CÉSAR
¡Corona real
tiene el pomo!
GABRIEL
Y el tazón
las armas de Portugal.
RODRIGO
¡Hola! Pondréis a mi alcance 1245
cómo hubisteis esa espada.
GABRIEL
Dadlo por cosa alcanzada:
la compré en Cintra de lance.
RODRIGO

  (Acercándose y viendo la espada que tiene DON CÉSAR.)  

¡Prenda regia!
GABRIEL
¡Por San Juan!
Yo lo creo; como que es 1250
prenda de un rey portugués:
fue del rey Don Sebastián.
RODRIGO

  (A DON CÉSAR, aparte.)  

César, guárdale, por Dios:
porque si se huye perdemos
la cabeza ambos a dos. 1255
CÉSAR
Ya lo sé.
 

(Vase DON RODRIGO por la puerta del fondo.)

 


Escena XVII

 

GABRIEL, CÉSAR.

 
 

DON CÉSAR va a acercarse a GABRIEL con precipitación; éste le contiene con un gesto.

 
GABRIEL
No hagáis extremos,
que os perdéis.
CÉSAR
¿Pero sois vos?...
GABRIEL
¿Quién?
CÉSAR
Él.
GABRIEL
Porfiado estás.
CÉSAR
Pero...
GABRIEL
¿Y si fuese quizás?
CÉSAR
Muriera por vos, señor. 1260
GABRIEL
Dormir un poco es mejor.
Dejad a Dios lo demás.

  (Vase por la izquierda, dejando a DON CÉSAR estupefacto.)  




Anterior Indice Siguiente