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Tradición y modernidad en la obra de Fernando Alonso

Sandra Sánchez García





El burgalés Fernando Alonso nació en 1941 y desde los setenta ha combinado sus trabajos en televisión, radio y la editorial Santillana, con su pasión por la literatura infantil y juvenil. Galardonado en 1977 con el Premio Lazarillo por el libro de cuentos El hombrecito vestido de gris (1978), sus obras han recibido numerosos premios literarios, culminados por el Premio Mundial José Martí por toda su carrera, otorgado en 1997.

Aunque hoy día su nombre pueda confundirse con el del mediático corredor de Fórmula1, no debemos olvidar que Fernando Alonso, como autor literario, marcó un antes y un después en la literatura infantil española. Junto con autores como Consuelo Armijo o Joan Manuel Gisbert, Fernando Alonso introdujo en la literatura infantil de los setenta obras cargadas de fantasía; si bien, sus obras destacan, precisamente, por incorporar a sus relatos de temas cotidianos elementos fantásticos que dan un nuevo giro a la historia, y que permiten encuadrar su obra dentro de lo que se ha llamado el «realismo mágico».

Sus historias forman todo un mundo de ficción en el que se entrecruzan personajes y relatos, siendo normal encontrarnos con protagonistas que saltan de un cuento a otro, como el entrañable Huvez, que comenzará su andadura como escritor de cuentos en El misterioso influjo de la barquillera (1984), y que seguirá su labor En el árbol de los sueños (1993). O historias que comienzan como un breve cuento y que se transforman, con el paso de los años, en el tema central de una futura novela, como sucede con El faro del viento (1981), cuento que Fernando Alonso retomará con el título Los peines del viento (2004).

«El abuelo dejó perder su mirada en la lejanía y sus ojos se llenaron con el brillo de los recuerdos:

-Como narra el libro, hace muchos años inventé la forma de fabricar viento y almacenarlo en toda clase de recipientes. Aquellos fueron tiempos hermosos».


(Los peines del viento, p. 21.)                


Fernando Alonso, como él mismo ha señalado en numerosas entrevistas, muestra gran respeto por el lenguaje y por la lectura, considerándolos herramientas fundamentales para el desarrollo del individuo. Sus obras son un verdadero escaparate literario, en el que nos encontramos continuos fragmentos o alusiones a otras obras literarias, algunas de ellas de la literatura infantil. En algunas de las obras de Fernando Alonso podemos encontrar insertados, siguiendo el hilo de la narración, poemas de Rafael Alberti, Jorge Guillén, Luis Cernuda o García Lorca; y, además, localizar referencias a red obras literarias como La Odisea o Viajes Imaginarios y Reales de Álvaro Cunquiero. En sus obras descubrimos, también, multitud de referencias a aquellas historias que le acompañaron durante su infancia, como él mismo señala en la presentación de uno de sus libros:

«Y las Islas del Tesoro y de Robinsón y de los piratas de la Tortuga llenaban de luz y de sol los días fríos de mi invierno de Castilla».


(Un castillo de arena, p. 3.)                


Libros leídos que se ven reflejados, de forma explícita o implícita, en cada creación. Por ejemplo, Las raíces del mar (1997) supone un auténtico homenaje a las historias de piratas leídas durante su infancia.

Sin duda, existen multitud de elementos recurrentes en sus obras, destacando su esfuerzo por mantener viva, en la memoria de los más jóvenes, la literatura infantil de tradición popular. Sus historias están repletas de alusiones, fórmulas y personajes propios de los cuentos populares, además de continuas referencias a la poesía lírica popular de tradición infantil. Quizás por ello, en el relato El hombre que amaba las manzanas, incluido dentro de El misterioso influjo de la barquillera, nos encontramos todo un elogio a las personas que han fijado por escrito todas aquellas manifestaciones de tradición popular que se han ido transmitiendo de boca en boca, de plaza en plaza, y de pueblo en pueblo.

«Sabía que era precioso copiar en su cuaderno rojo todas aquellas historias que nadie había escrito todavía.

Aquellas historias que brotaban de las bocas de los ancianos; y las que flotaban por los senderos del parque; las que florecían junto a los bancos, entre las piedras de las tapias y entre las tejas de los tejados.

El hombre que amaba las manzanas salió a los campos y a las plazas, a los pueblos y a las calles para fijar en su cuaderno palabras de aire.

Y aquel aire era tan rico y tan variado que nuestro hombre pudo llenar muchos cuadernos».


(El misterioso influjo de la barquillera, p. 110.)                



Los cuentos populares como soporte creativo

En la mayoría de las obras de Fernando Alonso nos vamos a ir encontrando, casi sin darnos cuenta, confundiendo en ocasiones creación con tradición, ejemplos de cuentos infantiles de tradición popular. El autor juega con las competencias y experiencias literarias del lector, entrelazando con la propia historia, leyendas, fábulas y cuentos maravillosos, a la vez que introduce fórmulas, personajes y estructuras propias de los cuentos populares, que conforman un entramado intertextual.

Se observa cómo los cuentos populares presentes en la obra de Fernando Alonso siguen distintos patrones. En ocasiones, el autor simplemente intercala al hilo de su narración alguna fábula o leyenda, como es el caso de la Historia del califa cigüeña, de Wilhelm Hauff, que el propio Feral cuenta a las cigüeñas; el cuento popular La camisa del hombre feliz, que Huvez cuenta a los niños en el parque; Los duendecillos de los Hermanos Grimm, que sus personajes representan a Catorce, el protagonista del Duende y el robot (1981); y la leyenda británica de la ciudad de Ys, que los protagonistas de Las raíces del mar (1997) descubren en un libro.

«-Te digo que no he encontrado nada de la ciudad de Sy. Pero hay muchas leyendas sobre una ciudad que se llamaba Ys; una ciudad que se hundió en el mar.

-¿Y cómo puede hundirse una ciudad?

-No está claro. Hay versiones para todos los gustos. Escucha:

Hace muchos, muchísimos años, hubo un rey llamado Gradlón, que tenía una hija muy bella, la princesa Ahés-Dahut. El rey Gadlón mandó construir una ciudad hermosa como una perla, a la que llamó Ys.»


(Las raíces del mar, pp. 146-147.)                


También es muy habitual que Fernando Alonso haga guiños al lector, utilizando referencias intertextuales de algunos de los cuentos populares más conocidos por el lector infantil. Así Marta, la protagonista de Los Zapatos de Cristal, cuento recogido dentro de El faro del viento, rompe con el estereotipo femenino de La Cenicienta. El barco de plomo, recogido en El hombrecito vestido de gris, nos recuerda al pobre soldadito de Andersen y en El secreto del lobo, encontramos una nueva versión de Caperucita Roja, donde un cambio de roles hace que la historia diste mucho de la recogida por Perrault, en su colección Cuentos de mi Madre la Oca, nombre que, curiosamente, recibe la aldea donde Fernando Alonso sitúa la acción.

Pero la intertextualidad con los cuentos populares la observamos también en el empleo de fórmulas de inicio características de los cuentos maravillosos. En sus colecciones de cuentos, El hombrecito vestido de gris, El faro del viento y El bosque de piedra, todas las historias comienzan con el tradicional «Había una vez...», al igual que sus obras Sopaboba, El misterioso influjo de la barquillera, A bordo de la gaviota y Un castillo de arena.

Si analizamos las obras de Fernando Alonso teniendo en cuenta los elementos o «funciones» que Vladimir Propp señala, en su obra Morfología del cuento (1971), como característicos de los cuentos maravillosos, comprobamos cómo muchas de sus historias siguen esta estructura, apareciendo varias de estas funciones, siguiendo siempre el orden establecido por Propp, como es el caso de Feral y las cigüeñas, Los peines del viento, Los árboles de piedra y La pajarita de papel, los dos últimos publicados junto al El hombrecito vestido de gris. En todos ellos, los protagonistas tienen un problema o carencia, Feral desea que regresen las cigüeñas, Aura que regrese el viento, los hombres de piedra buscan árboles de piedra para su ciudad y el padre de Tato quiere que su pajarita de papel sea feliz; todos ellos harán largos viajes, consultarán a sabios y superarán pruebas y dificultades, regresando, finalmente a casa, con aquello que salieron a buscar.

Podemos observar también cómo, en ocasiones, aparecen personajes propios de los cuentos maravillosos, como una pareja de dragones que luchan contra los caballeros de su país en La dragoncita de escamas1, sabios que dan preciados consejos en La pajarita de papel2, El Gegenio que sale de un candil para conceder deseos o duendes que escapan de un cuento para vivir sus propias aventuras en El duende y el robot. Además, el lector puede toparse, en medio de una historia de lo más real, incluso repleta de escenas cotidianas, con un elemento mágico que suele dar un giro trepidante a la historia.




El Cancionero Popular Infantil

Pero si algo destaca en todas estas obras es su afán por mantener vivo el cancionero popular, rescatando en sus narraciones estas manifestaciones folclóricas, como ya lo hicieran algunos autores de la Edad de Oro, o autores contemporáneos como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o Carmen Martín Gaite. Los personajes de Fernando Alonso cantan y juegan al son de las canciones con las que muchos hemos crecido, propiciando así, no sólo su conservación, sino que sigan vivas entre el público infantil, cada día más alejado de estas composiciones de tradición popular.

En las historias de Fernando Alonso, nos encontramos con una gran variedad de canciones populares infantiles, muchas de ellas recogidas en numerosas antologías, tanto de ámbito nacional, como regional o provincial, si bien deseamos destacar los trabajos realizados a este respecto por Carmen Bravo Villasante (1977, 1984), Pedro Cerrillo (1991, 1994) y Ana Pelegrín (1996, 1998), cuyas colecciones nos han ayudado a identificar las canciones recogidas en los libros de este autor.

Si atendemos a la clasificación del cancionero infantil elaborada por el profesor Cerrillo observamos cómo Fernando Alonso recoge, a lo largo de sus obras, una representación de varios de estos tipos de composiciones, aunque, sin duda, la canción escenificada aparece de forma más frecuente, lo que no es extraño debido a la gran diversidad que existe de esas cantinelas.

Las canciones escenificadas comprenden todas aquellas composiciones que los niños emplean para interpretar sus juegos, ya sea el corro, la comba, filas o en grupo. Fernando Alonso aprovecha esta situación para ir introduciendo algunas de estas composiciones:

«Cuando terminó de hablar el señor Huvez, los niños se quedaron con ganas de preguntar muchas cosas; pero el cuento había sido muy largo y tenían que ir a casa.

Por eso, formaron una cadena larga, como los niños del cuento, y se alejaron cantando:


«¡A tapar la calle,
que no pase nadie!»


(El misterioso influjo de la barquillera, p. 89.)                


En algunas ocasiones, Fernando Alonso no sólo incluye la canción, sino que hace mención al juego o forma en la que los niños la interpretan:

«Feral oía a lo lejos a sus amigos, que, jugando a pídola, se dirigían de las eras a los prados:


-A la una andaba la mula,
a las dos tiró la coz,
a las tres, los tres soldaditos
de San Andrés:
Pedro, Juan y Andrés,
a las cuatro brinco y salto...»


(Feral y las cigüeñas, p. 28.)                


«Corrían y saltaban dos veces sobre el mismo pie, mientras que Jaime, el del tío Rufino, cantaba a voz en grito:


Los chinitos de la China
cuando no saben qué hacer,
tiran piedras a lo alto
y dicen que va a llover».


(Feral y las cigüeñas, p. 44.)                


Muestra de la riqueza del cancionero popular en este tipo de cantinelas, es la variedad de canciones de corro que el mismo Fernando Alonso emplea en algunos de sus cuentos. En El muñeco de nieve, recogido dentro de El faro de viento unos niños juegan al corro mientras cantan:


«Al corro de la patata,
comeremos ensalada,
como comen los señores,
naranjitas y limones».


(El faro del viento, p. 28.)                


Sin embargo, en El árbol de los sueños la canción que interpretan para este mismo juego es:


«Tres hojitas, madre,
tiene el arbolé.
La una en la rama,
las dos en el pie,
Inés, Inés,
Inesita, Inés...


(El árbol de los sueños, p. 52.)                


En el secreto del lobo encontramos escenificado un juego infantil en el que, normalmente, un niño hace de lobo y se esconde, al tiempo que los demás hacen la ronda cantando, aprovechando que el lobo no está. Aunque, en esta ocasión, es el mismísimo lobo el protagonista del juego, y el resto de animales del bosque los que juegan al corro:

«Ardillas, conejos, pájaros y toda clase de animales jugaban al corro cogidos de las patas o de las alas y cantaban:


Juguemos en el bosque,
que el lobo ya no está.
¡Lobito! ¿Estás?
El lobo rojo contestaba desde la cueva:
-¡Me estoy poniendo los calzones!
Y otra vez volvían a empezar:
Juguemos en el bosque,
que el lobo ya no está.
¡Lobito! ¿Estás?
-¡Me estoy poniendo los zapatos!»


(El secreto del lobo, p. 64.)                


Y, otras muchas veces, ni siquiera es necesario que se dé la situación de unos niños jugando para que el autor enlace una canción al hilo de la narración. En el cuento A bordo de La Gaviota, Fernando Alonso introduce dos canciones donde se menciona el mar, escenario de esta narración:


«Soy la reina de los mares,
señores lo van a ver...»


(A bordo de La Gaviota, p. 60.)                



«Por el mar corren las liebres,
por el monte, las sardinas.
Tralará.
Por el monte, las sardinas...»


(A bordo de La Gaviota, p. 90.)                


También encontramos recogidas en sus obras algunas adivinanzas. En Los peines del viento todos los niños recogen información sobre el viento como muestra de agradecimiento por su regreso y uno de los niños le sorprende con esta adivinanza:


«Vuela sin alas,
silba sin boca,
pega sin manos
y no te toca».


(Los peines del viento, p. 129.)                


En este mismo cuento encontramos, incluso, una burla muy popular que hace referencia a un defecto físico, el tener las orejas grandes:

«-¿Sabéis que es el viento? -comenzó su clase el maestro.

-Las orejas de Norberto en movimiento -exclamó Felipe tapándose la boca con la mano para disimular».


(Los Peines de viento, p. 89.)                


Queremos añadir, por último, que las obras de Fernando Alonso contienen también referencias a otros tipos de lírica popular, aunque no de tradición infantil, como es el caso del refranero popular español. Es frecuente, que el autor ponga en boca de sus personajes, generalmente adultos, refranes como:

«Todos los caminos llevan a Roma».


(Feral y las cigüeñas, p. 17.)                


«Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres mal año tendrás».


(Feral y las cigüeñas, p. 32.)                


«Es mucho más seguro, comer poco y a menudo».


(Feral y las cigüeñas, p. 107.)                


«Cielo rojo vespertino, buen tiempo para el marino».


(Las raíces del mar, p. 42.)                


Fernando Alonso ha señalado, en múltiples ocasiones, que con sus obras, simplemente, pretende inducir al lector a que piense, propiciando una interpretación libre y, sobre todo, múltiple. Es evidente, la doble lectura que pretende que se desprenda de la mayoría de sus obras, intentando llegar no sólo al público infantil, sino también al adulto. La riqueza intertextual de sus obras permite, por lo tanto, que cada lector saque de sus historias su propia lectura e interpretación, siendo su comprensión más rica cuanto más se adentre en este juego intertextual que le propone el autor.








Obras citadas

  • Alonso, F. (1971) Feral y las cigüeñas. Il. F. Del Amo. Barcelona: Noguer, 1996.
  • Alonso, F. (1978) El hombrecito vestido de gris y otros cuentos. Il. U. Wensell. Madrid: Alfagaura, 2002.
  • Alonso, F. (1981) El duende y el robot. Il. U. Wensell. Madrid: Susaeta, 1990 (Col. Las campanas).
  • Alonso, F. (1981) El faro del viento. Il. J. Gabán. Madrid: Anaya, 2001. (Col. El duende verde).
  • Alonso, F. (1982) El gegenio. Il. J. L. R. Beltrán. Zaragoza: Edelvives, 1987. (Col. Ala delta).
  • Alonso, F. (1983) Un castillo de arena. Il. T. Gatagán. Madrid: Susaeta, 1990. (Col. La pompa de jabón).
  • Alonso, F. (1984) El misterioso influjo de la barquillera. Il. E. Urberuaga. Madrid: Anaya, 1999. (Col. Sopa de libros).
  • Alonso, F. (1984) Sopaboba. Il. T. Gatagán. Madrid: Espasa-Calpe. (Col. Austral juvenil).
  • Alonso, F. (1985) El bosque de piedra. Il. J. R. Alonso. Madrid: Espasa-Calpe. (Col. Austral juvenil).
  • Alonso, F. (1986) El secreto del lobo. Il E. Urberuaga. Zaragoza: Edelvives, 1998. (Col. Ala delta).
  • Alonso, F. (1987) A bordo de La Gaviota. Il. T. Gatagán. Madrid: Anaya, 2001. (Col. El duende verde).
  • Alonso, F. (1993) El árbol de los sueños. Il. E. Urberuaga. Madrid: Alfaguara, 2004. (Col. Próxima parada).
  • Alonso, F. (1997) Las raíces del mar. Il. J. R. Alonso. Madrid: Anaya, 2000 (Col. Sopa de libros).
  • Alonso, F. (2004) Los peines del viento. Il. J. R. Alonso. Madrid: Gaviota.



Referencias bibliográficas

  • Bravo Villasante, C. (1984). Al corro de la patata... Madrid: Escuela Española.
  • Bravo Villasante, C. (1977) Una, dola, tela, catola. El libro del folklore infantil. Valladolid: Miñón.
  • Cerrillo, P. (1991) Cancionero popular infantil de la provincia de Cuenca. Cuenca: Diputación Provincial.
  • Cerrillo, P. (1994) Lírica popular española de tradición infantil. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha.
  • García Surrallés, C. (1997) «Fernando Alonso: un caso de «uso» del cuento tradicional, Primeras Noticias, 144-145, pp. 59-64.
  • Mendoza Fillola, A. (2001) El intertexto lector: el espacio de encuentro de las aportaciones del texto con las del lector. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
  • Pelegrín, A. (1998) Repertorio de antiguos juegos infantiles. Madrid: CSIC.
  • Pelegrín, A. (1996) La flor de la maravilla. Juegos recreos y retahílas. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
  • Rodríguez Almodóvar, A. (1993) Literatura infantil de tradición popular. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
  • Propp, V. (1971) Morfología del cuento. Madrid: Fundamentos.


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