Un reciente estudio de la relación entre la pieza profana y sus contrafacta en Mercedes de los Reyes Peña, El Códice de Autos Viejos. Un estudio de historia literaria. Tesis de doctorado de la Universidad de Sevilla. Marzo de 1983.
Atribución puesta recientemente en cuestión por L. A. Blecua, «De algunas obras atribuidas a Lope de Rueda», Boletín de la Real Academia Española, tomo LVIII, Cuaderno CCXV, Sept-Dic. 1978, pp. 403-434.
En la tesis citada de Mercedes de los Reyes Peña aparece documentado como calcetero y vecino de Sevilla en 1560, y participando en los concursos de Carros para el Corpus. Op. cit., Tomo I, p. 131.
Deja escrito Timoneda en su edición del Registro de representantes, Valencia, 1570, las siguientes palabras: «De aquí, el representante que presuma / hazer que sus colloquios sean gustosos, / puede tomar lo que le conviniere / y el passo que mejor hazer supiere».
Cifr. N. D. Shergold, A History of the Spanish Stage, Oxford, 1967, p. 154.
Conclusiones estas últimas a las que llega Jean Sentaurens en el cap. VIII de su Séville et le théâtre, Valence, 1979. Sobre el citado Juan de Figueroa pueden encontrarse nuevos datos, relativos a su participación en los concursos de carros del Corpus de Sevilla en los años 1560, 61 y 62 en la tesis de Mercedes de los Reyes, op. cit., p. 131 ss.
Luis Milán, Libro intitulado El Cortesano, Madrid, 1874, pp. 45 y 64.
Para los documentos del pleito, Cifr. N. Alonso Cortés, Un pleito de Lope de Rueda. Nuevas noticias para su biografía, Valladolid, 1903.
Precisamente es el Colloquio de Tymbria la obra conservada de Lope de Rueda con mayor número de pasos interpolados, 5 en total, frente a los 3 de Medora o los 2 de Eufemia y del Colloquio de Camila, según expone Timoneda en la «Tabla de los passos graciosos que se pueden sacar de las presentes comedias y colloquios y poner en otras obras», en su edición de las comedias y coloquios (Valencia, 1567).
M. de Cervantes Saavedra, Obras dramáticas, ed. de F. Yndurain, Madrid, 1962 (BAE, CLVI). El pasaje del prólogo en p. LXXXIII y el de Los baños de Argel, en pp. 164-166.