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«¿Han constituido los autores valencianos durante el siglo XVI, es decir: en la época de formación del teatro español, un grupo lo bastante coherente y vigoroso como para que una consigna, emanada de las orillas del Turia, se haya impuesto más allá?»



 

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«En lo que respecta a los orígenes, un teatro valenciano no habría podido expresarse -por aquellos años- más que en lengua valenciana; sin embargo, pese a la vacilante tentativa políglota de Juan Fernández de Heredia, pese a algunas locuciones del terruño que aparecen aquí y allá en las obras de la misma época (como defectos más que como hallazgos), la lengua generalmente adoptada es claramente la castellana, es decir: los dramaturgos valencianos avanzan a remolque de los autores extranjeros, de los que aceptan las lecciones, los modelos e incluso la lengua. En las etapas siguientes, dominadas por las figuras de Lope de Rueda y Lope de Vega, la originalidad valenciana salta, aparentemente, más a la vista. El uso del castellano se había extendido lo suficiente por toda la región como para que dejase de parecer una importación sospechosa; por otra parte, las obras de Timoneda, de Castro y de sus contemporáneos, impresionan por su abundancia, sus méritos, su novedad, de tal forma que existe la tentación de considerarlas obras de vanguardia. Pero si se examina la cuestión más detalladamente, se descubre en seguida que en estos dos momentos decisivos, los de 1560 y 1589, varios dramaturgos castellanos se habían instalado en Valencia. Lope de Rueda y Alonso de la Vega, más tarde Lope de Vega, aparecieron oportunamente para dar salida a unas vocaciones dramáticas que languidecían inseguras. Es a la llamada de estos extranjeros, es después de su paso y gracias a sus cuidados, cuando el empuje dramático se produce en Valencia. He aquí un hecho contra el que no se podrá oponer nunca ningún tipo de argumentos. Demuestra esto que, lejos de ir trazando el camino, los valencianos han ido pisando los talones a los guías llegados de Castilla. La única tentativa que tuvo quizá su punto de partida en Valencia fue la de crear una tragedia pseudo-clásica, y todavía habría que demostrar que «Los Amantes» sean anteriores a las obras de Cueva. La savia fecunda, el aliento vital que el teatro valenciano necesitaba, le fue impuesto no tanto por ellos como por el Fénix de los Ingenios. En ningún momento encontró Valencia en su interior la fuerza necesaria para crear un arte dramático vivo y original.»



 

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Uno de los objetivos del estudio de Merimée es, precisamente, poner de manifiesto que la figura de máximo valor y prestigio (Guillén de Castro) vivió al margen del resto de los autores valencianos.



 

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«Ninguna preocupación de orden literario; esta idea, tan extendida en España durante los siglos XVI y XVII (la de que el teatro estaba al margen del arte), no encontró nunca adeptos tan fervientes. Por eso dieron ellos a su empresa, tanto a principio como a finales del siglo XVI, un carácter especialmente práctico. En ellos se manifiesta, hasta en los frutos del espíritu el genio industrioso y realista de la raza levantina... Apenas cualquier novedad dramática ha visto la luz... cuando la adoptan y la aclimatan entre ellos.»



 

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«Ningún indicio nos permite suponer que fue muy floreciente, y su existencia incluso nos es atestiguada, aparte de por los documentos analizados al principio de este capítulo, por un único fragmento.»



 

25

Se trata, en realidad, de la traducción del De Amore de Andrea Capellanus.



 

26

La influencia flamenca consistiría en la presencia de rasgos de tipo espectacular, que Merimée atribuye a la existencia en Valencia de un pequeño núcleo de cortesanos flamencos, vinculados al segundo marido de Germana de Foix, el marqués de Brandemburgo.



 

27

Vd. el apartado 7 de este artículo.



 

28

Publicado inicialmente en el Boletín de la Sociedad Castellonense de cultura, t. XXIV pp. 367-377, Castellón, 1949, fue reeditado en su obra La cultura catalana del Renaixement a la Decadència. Barcino, Barcelona, 1964.



 

29

Además del libro de Rubió citado en la obra anterior, vid. también La Decadència al País Valencià de Joan Fuster (1976), la Història de la literatura catalana, volumen III, de Martí de Riquer (Ariel, Barcelona, 1980) y Els valencians i la llengua autòctona durant els segles XVI, XVII i XVIII, de Manuel Sanchis Guarner (Institución Alfonso el Magnánimo, Valencia, 1962).



 
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