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170

Hermenegildo, A.: La tragedia en el Renacimiento español, Barcelona, 1973, pp. 109-18.



 

171

Cañete, op. cit., pág. 270.



 

172

Merimée, op. cit., pág. 230.



 

173

Ídem, pág. 230.



 

174

A partir del descubrimiento de Olmedo, F. G., «Un nuevo Ternario de Juan de Timoneda», en Razón y Fe, t. XLVII y XLVIII (1917).



 

175

Vid. Gillet: «Timoneda’s Auto de la Quinta Angustia» y «A note on Timoneda», en Modern Language Notes, enero 1932, págs. 7 y 8, y junio 1929, págs. 385-9; Flecniakoska, op. cit., pág. 35; Juliá Martínez, «Observaciones preliminares a las obras de Timoneda», Madrid, 1947-8. Edición de la Sociedad de Bibliófilos españoles, t. II, págs. XXII-IV.



 

176

Hecho señalado por el mismo Bataillon, «Ensayo de explicación del "auto sacramental"», págs. 192-3.



 

177

Olmos Canalda, op. cit., pág. 183.



 

178

Merimée, op. cit., pág. 231, se declara en favor de la idea de que el auto se representaba en la Catedral de Valencia, matizando que, para la primera parte del auto se utilizaría el coro, pero a partir de los versos 76-79 («pasemos aquestas breñas,/ y en aquestas altas peñas/ sacrifiquemos a Dios») subirían a un estrado para ofrecer el sacrificio, y allí se desarrollaría el resto de la representación. No obstante, esto no es necesario, pues tanto la maleza como las peñas podían ser elementos de escenografía y para estas últimas es posible incluso pensar más fácilmente en un altar adecuado a la ocasión.



 

179

Vid. Menéndez Pidal, R.: «Colección de autos, farsas y coloquios del siglo XVI, publiée par Léo Rouanet», R. A. B. M., V, 1901, pág. 753.



 
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