Hermenegildo, A.: La tragedia en el Renacimiento español, Barcelona, 1973, pp. 109-18.
Cañete, op. cit., pág. 270.
Merimée, op. cit., pág. 230.
Ídem, pág. 230.
A partir del descubrimiento de Olmedo, F. G., «Un nuevo Ternario de Juan de Timoneda», en Razón y Fe, t. XLVII y XLVIII (1917).
Vid. Gillet: «Timoneda’s Auto de la Quinta Angustia» y «A note on Timoneda», en Modern Language Notes, enero 1932, págs. 7 y 8, y junio 1929, págs. 385-9; Flecniakoska, op. cit., pág. 35; Juliá Martínez, «Observaciones preliminares a las obras de Timoneda», Madrid, 1947-8. Edición de la Sociedad de Bibliófilos españoles, t. II, págs. XXII-IV.
Hecho señalado por el mismo Bataillon, «Ensayo de explicación del "auto sacramental"», págs. 192-3.
Olmos Canalda, op. cit., pág. 183.
Merimée, op. cit., pág. 231, se declara en favor de la idea de que el auto se representaba en la Catedral de Valencia, matizando que, para la primera parte del auto se utilizaría el coro, pero a partir de los versos 76-79 («pasemos aquestas breñas,/ y en aquestas altas peñas/ sacrifiquemos a Dios») subirían a un estrado para ofrecer el sacrificio, y allí se desarrollaría el resto de la representación. No obstante, esto no es necesario, pues tanto la maleza como las peñas podían ser elementos de escenografía y para estas últimas es posible incluso pensar más fácilmente en un altar adecuado a la ocasión.
Vid. Menéndez Pidal, R.: «Colección de autos, farsas y coloquios del siglo XVI, publiée par Léo Rouanet», R. A. B. M., V, 1901, pág. 753.