No obstante que
haya habido teatro conventual de monjas en el virreinato
novohispano, no se conocen los detalles. En este trabajo me centro
en el estudio de esta manifestación dramática durante
el siglo XVIII. Específicamente analizo los aspectos que
delimitan este subgénero en las obras que Cayetano Cabrera y
Quintero escribió para representarse en los conventos
mexicanos de religiosas en la primera mitad de esa centuria. Tras
situar este tipo de teatro con respecto de otras manifestaciones
dramáticas, presento las características generales de
este subgénero en la Nueva España y doy cuenta de los
textos que escribió Cabrera y Quintero para que se
escenificaran en los conventos de religiosas y en los colegios de
niñas que estaban bajo el cuidado de monjas. Muestro,
asimismo, que las propias monjas o sus educandas eran las
actrices.
La crítica
no ha distinguido el teatro conventual de monjas del teatro de
colegio humanista. Por lo regular el primero se ha visto como
extensión del segundo. Tienen, sin embargo, un buen
número de diferencias que permiten considerarlos
subgéneros distintos. En tanto que el teatro de colegio
tenía sobre todo una finalidad docente e intelectual, que en
ocasiones llegó a producir dramas teológicos como el
Triunfo de los santos, en el teatro conventual de monjas
se perseguían fines laudatorios y de petición. En los
conventos y colegios de monjas se ponían en escena obras que
celebraban alguna festividad cristiana o a personajes destacados de
la sociedad, como un virrey o algún clérigo
importante. Además se hacía alguna petición
que fluctuaba entre solicitar ayuda económica para el
convento hasta instar a las monjas a que se mantuvieran fieles a
sus votos religiosos. Probablemente el teatro profano
circunstancial servía de puente para que las monjas se
comunicaran con el mundo exterior. En cambio, cuando se celebraba
algún evento cristiano por medio de la puesta en escena de
estas obras, se exaltaban la fe y los sentimientos religiosos de
las monjas y sus educandas. El teatro conventual de monjas era un
teatro de circunstancia, especie de rito con el cual se celebraban
eventos específicos que afectaban a la sociedad
virreinal.
El teatro novohispano
de los siglos XVI-XVIII
Durante la
época virreinal las representaciones teatrales, a pesar de
las continuas persecuciones a que estuvieron sujetas, figuraron
como festejos principales en las ceremonias civiles y religiosas,
junto con las corridas de toros, juegos de cañas, banquetes
y diversiones similares. Constantemente se celebraban con comedias,
loas y entremeses las fiestas de los virreyes y arzobispos, los
cumpleaños de los reyes, las canonizaciones y otras
festividades eclesiásticas cristianas. Ello dio origen a que
se escribieran distintas clases de teatro, siendo el teatro
conventual, una de dichas manifestaciones. Junto a este
último, coexistieron diversos tipos de teatro como el
popular con fines de evangelización, el teatro popular para
conmemorar acontecimientos sacros o profanos, el teatro culto de
corte, el teatro de coliseo y el teatro humanista jesuita (Parodi
1973). A continuación me refiero brevemente a cada uno de
éstos para mostrar el lugar que ocupaba el teatro conventual
con respecto de otras manifestaciones dramáticas durante los
siglos XVI-XVIII.
El teatro popular
religioso
Este tipo de
teatro se escribió con fines catequísticos, pues se
pretendía que por este medio los indios conocieran y
vivieran la religión católica. Por ello, en varias
ocasiones los misioneros redactaron algunas obras dramáticas
en lenguas indígenas a fin de que los nativos las
comprendieran mejor. Para lograr mayor efectividad, los
evangelizadores introdujeron algunos elementos de origen
indígena. Estas representaciones por lo regular se
ejecutaban al aire libre en ocasión de las grandes
solemnidades de la Iglesia. Los asuntos generalmente se
entresacaban de las Sagradas Escrituras y los actores eran los
mismos indios. Según Jiménez Rueda (1947: 140) los
misioneros se basaron en las representaciones de la Edad Media para
escribir sus obras. El ciclo de la Pasión fue uno de los
más importantes. Se representó a partir de los
primeros años de la colonia y aun en nuestros días
subsiste una reminiscencia suya en Iztapalapa.
El teatro popular para
conmemorar acontecimientos sacros o profanos
Con el objeto de
celebrar ocasiones especiales, religiosas o profanas, como la
festividad de Corpus
Christi, beatificaciones de santos o recibimientos de
virreyes y arzobispos, se levantaba un tablado en algún
lugar céntrico o en carretas para que todos,
indígenas, mestizos y criollos, disfrutaran del
espectáculo. El Ayuntamiento pagaba a un escritor a fin de
que compusiera una pieza dramática y dirigiera a los
actores.
El teatro culto de
corte
El teatro culto,
al igual que el popular, tenía como finalidad celebrar el
onomástico de reyes y virreyes o conmemorar fiestas
religiosas de importancia (González de Cossio 1949). Las
funciones dramáticas cortesanas solían llevarse a
cabo en un teatro situado en el palacio real. Las representaciones
procuraban ser tan fastuosas como las que se hacían en
España en honor a los reyes. El vestuario y los escenarios
eran complicados, además del diálogo, el
monólogo y el aparte eran las formas acostumbradas de
expresión. Generalmente los dramas de autores criollos que
escribían para la corte se desenvolvían en un
ambiente español. Ello, según Willis Knap Jones (1956: 23) se
debe a que los nobles de la Nueva España se sentían
espiritualmente ligados a la Península.
El teatro de
coliseo
En las
últimas décadas del siglo XVII se construyó un
coliseo en la Ciudad de México, cuyas utilidades se
empleaban para fines benéficos a favor del Hospital de
Naturales. Durante este siglo las temporadas teatrales comenzaban
después de la Pascua y terminaban con el carnaval. En
cambio, en el siglo XVIII se montaron comedias de estreno de tres a
cinco veces por semana. Por lo regular asistían al coliseo
todas las clases sociales y las autoridades contaban con asientos
especiales. La música y las piezas cortas formaban parte de
las funciones. Frecuentemente había grupos de
indígenas que tocaban villancicos y música
instrumental de vihuelas, arpas y chirimías. Los lunes y los
jueves se daban funciones gratuitas para el pueblo llamadas
guanajas. Se empleaba, además, una tramoya barroca y
complicada para los vuelos de los artistas y para hundir o elevar
edificios. El vestuario usado en las representaciones era sumamente
suntuoso, mezcla de trajes indígenas y europeos (Schilling 1958).
El teatro de colegio
humanista
Este tipo de
teatro estaba conformado por el conjunto de obras dramáticas
que escribían y representaban los seminaristas jesuitas. El
fin de esta actividad era educar el gusto literario de los alumnos,
enseñarles a declamar, descubrir sus dotes artísticas
y habituarlos a hablar en público. En las escenificaciones
los estudiantes demostraban sus adelantos histriónicos,
agasajaban a las autoridades amigas de la Compañía,
celebraban al santo patrono, las fiestas religiosas más
importantes y las aperturas de cursos. Las obras en general eran de
tema religioso o histórico y se escribían en
latín, castellano o mezclando ambas lenguas. En ellas se
entremezclaban elementos del teatro clásico, tomados
especialmente de Plauto y Terencio, con aspectos del teatro popular
como entremeses, villancicos o danzas, elementos de la
mitología clásica y figuras alegórico-morales
y religioso-cristianas (García 1927; Viveros 1996). Las
funciones dramáticas unas veces eran públicas y otras
veces eran a puerta cerrada, para celebrar en privado a
algún personaje de la colonia. La costumbre de hacer
representar a los alumnos se extendió a otros colegios,
seminarios y a la Universidad (Johnson
1941; Viveros 1990). El teatro de colegio difería del teatro
conventual debido a que tenía una finalidad docente y no de
circunstancia, como el segundo.
El teatro conventual
de monjas
A partir de los
primeros años de la colonización, los clérigos
y las monjas solían representar comedias en los conventos de
mujeres y niñas con el objeto de atraer benefactores a sus
iglesias. Era común que las monjas, ante parientes, amigos
eclesiásticos o seglares, organizaran representaciones
dramáticas, siendo ellas o sus educandas las actrices.
Tomás Gage en la relación de sus viajes apunta que
«cada iglesia tiene sus aficionados que
disputan y andan a la greña sobre cuál es el mejor
convento donde representan mejor, hay música más
excelente o visten con más gala a las
niñas» (1721:172). Las obras dramáticas,
que solían representarse a puerta cerrada, no siempre eran
de tema religioso, en ocasiones eran profanas o cómicas.
Durante el siglo XVIII el rey, la Inquisición y los
provinciales no veían con buenos ojos las representaciones
teatrales, incluidas las obras de convento, que en varias ocasiones
se prohibieron. No obstante, éstas nunca llegaron a
desaparecer. Frecuentemente los propios virreyes y otros personajes
de la colonia asistían a los conventos para presenciar obras
dramáticas efectuadas en su honor o para celebrar alguna
fiesta religiosa, como veremos a continuación en las
anotaciones que acompañan algunas obras dramáticas
cortas de Cabrera y Quintero. El teatro conventual difiere del
teatro de colegio por ser esencialmente un subgénero
laudatorio y de circunstancia, y no docente.
El teatro de monjas de
Cabrera y Quintero
El dramaturgo
mexicano Cayetano Cabrera y Quintero es autor de una extensa y
variada obra escrita en latín y castellano durante la
primera mitad del siglo XVIII (Parodi 1976: LIV-XCIII). Su
producción dramática abarca una comedia en tres
actos, El Iris de Salamanca, que se estrenó en el
coliseo a mediados del siglo XVIII y doce obras cortas, que se
representaron en fiestas, follas o entre actos de comedias (Cabrera
1976). Entre las últimas, cuatro obras conforman el teatro
conventual femenino de este autor: dos coloquios de tema religioso:
el Coloquio al sorpedaje de Nuestra Señora y el
Coloquio al nacimiento de Nuestro Señor, y dos
obras de tema profano: la Acción
cómico-alegórica y el Sainete y fin de
fiesta. Cabe englobar estas cuatro obras bajo el rubro de
teatro de monjas novohispano, subgénero del que cada uno de
estos textos representa una modalidad. Obviamente, tienen,
además, elementos comunes entre sí y con las
demás obras de esta clase.
Conventos y colegios
en que se representaron las obras
Una de las obras
religiosas, el Coloquio al sorpedaje de Nuestra
Señora, que Cabrera dedicó a las novicias
capuchinas, se representó en el convento de San Felipe de
Jesús, que era posesión de esta orden mendicante en
la Ciudad de México. Probablemente la dramatización
del coloquio fue a puerta cerrada, ya que las capuchinas eran
monjas de clausura. Es posible que se celebrara con esta pieza
algún acontecimiento especial. Por el contexto de la obra
cabe deducir que fue para festejar la toma de votos de las novicias
para convertirse en monjas. En su texto Cabrera se refiere a este
hecho cuando anima a las religiosas a que nunca abandonen la vida
conventual:
NOVICIA 1.ª Y MÚSICA:
Jesús niño nos
convoca
al techo de esta clausura
que puro arminio colora
resguardadas en su centro
no renunciemos traidoras
el nido en que nos defiende
(vv.
251-255)
Las otras tres
obras de esta clase, según se indica a continuación
del título, se pusieron en escena en el Colegio de
niñas de San Miguel de Belén, el cual se fundó
a fines del siglo XVII para recoger a mujeres pobres y extraviadas
en la misma ciudad. El año en que se representaron dos de
las piezas puede determinarse con seguridad, pues una obra se
encuentra fechada con el año 1756 y la otra se
escenificó el mismo día y año, a
continuación de ésta. En la primera, después
del título, Acción
cómico-alegórica, se lee lo siguiente: «que en aplauso y recibimiento a los
Excelentísimos señores don Agustín y
doña María Luisa de Ahumada y Villalón,
marqueses de las Amarillas, virreyes de esta Nueva España,
se representa en el Colegio de San Miguel de Bethlem de esta ciudad
de México, año de 1756» (Cabrera 1976:
107). En la otra, Sainete y fin de fiesta, se indica tan
sólo «al recibimiento de los
excelentísimos señores marqueses de las Amarillas,
virreyes de este reino, en el colegio de San Miguel de
Bethlem» (Cabrera 1976: 245). Por las referencias del
contexto, sabemos que esta obra se escenificó después
de la Acción cómico-alegórica para
cerrar el festejo en honor a los virreyes con cantos y bailes.
Alegría, personaje en ambas piezas, comienza el sainete
aludiendo al coloquio:
ALEGRÍA:
Espérense mis
señores
¿Qué pensaban que me
iba?
Pues no, mis reyes, porque
aún
tiene qué hacer la
Alegría.
Bueno es lo hecho: bueno
Marte,
Venus, Palas y las ninfas
para que el Entendimiento
se cebe en fantasías.
Mas para que el corazón
salte, baile, cante y
ría,
quisiera yo canto y baile
de las que saltan y brincan...
(vv. 1-14)
La cuarta obra, el
Coloquio al nacimiento de Nuestro Señor, no tiene
fecha, aunque en el texto también se señala,
después del título, que se escenificó «en el Colegio de San Miguel de Bethlem de
México» (Cabrera 1976: 135).
Razón por la
cual se representaron estas obras
Como cabe esperar,
el objetivo principal de la puesta en escena de estas obras era la
celebración de algún acontecimiento religioso o un
evento profano. Pero además suele haber otra razón,
la cual se especifica al final de cada obra. Ésta constituye
un segundo mensaje al público de la obra y ocasionalmente a
las actrices. Ambas motivaciones quedan siempre explícitas
en los textos. En el Coloquio al nacimiento de Nuestro
Señor el objetivo principal de la elaboración de
la obra era festejar la natividad de Cristo:
ÁNGEL:
Nacido ha para vosotros
hoy de David en la regia
ciudad, el que Salvador
Cristo Señor se muestra
partid, partid a adorarle
(vv. 301-305)
Pero,
además, había otra razón, solicitarle al
público asistente ayuda económica para el
colegio:
PASCUAL:
Yo, [te pido] que a esta humilde
devota
comunidad favorezcas
dándole en gracia y
dineros
la felicidad completa
(vv. 489-492)
En el Coloquio
al sorpedaje de Nuestra Señora, el fin de la obra es
festejar la Inmaculada Concepción de María:
NOVICIA 2.ª:
viene con floridos pasos
de una habitación a
otra
a publicarnos la paz
trayendo misteriosa
si azucenas en el vientre,
ramos de oliva en la boca.
(vv. 105-110)
Pero la segunda
razón es animar a las monjas a que tomen los votos
perpetuos:
NOVICIA 1.ª:
de esta esfera religiosa
con plenos votos sufraguen
a nuestra perpetua gloria
(vv. 268-280)
En las obras
profanas, Acción cómico-alegórica y
Sainete y fin de fiesta se celebra a los benefactores del
Colegio de San Miguel, los virreyes de las Amarillas.
Agustín Ahumada y Villalón, 42.º virrey de la
Nueva España, gobernó entre 1755 y 1760. Era famoso
por sus triunfos en las guerras de Italia y por su bondad y
desinterés en el gobierno. Cabrera alude a estas cualidades
del virrey en las obras que le dedica. En la Acción
se alaban las virtudes de los marqueses de las Amarillas,
comparándolas con las cualidades de los dioses de la
mitología clásica Venus, Marte, Palas y los
personajes alegóricos Política y Entendimiento. El
Entendimiento, uno de los personajes principales, recita:
ENTENDIMIENTO:
Ya entiendo que en los
héroes
que aplaudes y solemnizas,
hallas las prendas tan altas
como las deidades mismas
(vv. 81-84)
Asimismo, en el
Sainete se pone énfasis en las virtudes de los
mismos virreyes, quienes se presentan como prudentes, corteses y
magnánimos:
ALEGRÍA:
...Pero es fuerza
obsequiar en su visita
a sus Excelencias, cuya
prudencia y cortesanía
sabe disculpar defectos
y los obsequios estima
(vv. 37-42)
La segunda
razón de ambas representaciones es la de agradecer a los
virreyes las donaciones que le dieron al Colegio de San Miguel de
Belén, que como ya se indicó era para mujeres pobres.
En la Acción, el Entendimiento agradece a los
virreyes sus favores para con el colegio:
ENTENDIMIENTO:
Reciban, pues, Vuexelencias
de ésta su siempre
sumisa
comunidad que comanda
su prepósita ministra
no el aplauso, si el deseo
con que a agradar aspiran
a quien, por tantas razones,
se reconocen rendidas.
(vv. 521-528)
En el
Sainete la Alegría agradece al virrey su patrocinio
de la siguiente manera:
SERIEDAD:
me traes mis pobres
niñas
ALEGRÍA:
Sí, y para que urbanas
cumplan
con la obligación
debida
a su príncipe que,
amante,
las socorre y patrocina
(vv. 186-190)
Más
adelante Alegría ofrece al virrey la representación a
modo de regalo:
ALEGRÍA:
Baste, y su Excelencia misma
reciba nuestro festejos
como juguetes de niñas
(vv. 292-294)
Retórica de las
obras
Las cuatro obras
que aquí analizo siguen una retórica similar. Todas
son piezas que se representan en un acto, escritas en verso, casi
siempre romance octosílabo, aunque algunas de ellas
añaden otros versos, como la décima. Salvo el
Sainete, las piezas empiezan y terminan con el personaje
Música que, cantando, presenta y concluye el tema de cada
pieza. Por ejemplo, en el Coloquio al sorpedaje este
personaje comienza y termina la obra recitando los mismos versos,
los cuales alaban la virginidad de María:
MÚSICA:
Del más puro nido,
candidas palomas
permitid que una
pose con vosotras
(vv. 1-4; 281-284)
Además, es
precisamente el personaje de la Música quien pone
énfasis en las partes cruciales de las obras. Logra este
efecto agregando nuevas estrofas a las líneas de su
canción o repitiendo, a modo de estribillo, versos
previamente cantados. Los instrumentos utilizados eran trompas,
violones, violines, trompetas y chirimías, como lo indica
Cabrera en la Acción
cómico-alegórica:
ALEGRÍA:
Con que digo, señor
maestro
de música o de capilla,
Jerusalén de
asonancias,
Babilonia de
armonías...
si no mienten los ecos
de cuatro voces distintas
trompas, violones, violines,
trompetas y chirimías
(vv. 7-16)
Nótese,
además, que en estos versos Cabrera hace referencia al
conocido músico Ignacio Jerusalén, quien fue maestro
de capilla de la catedral y director de la orquesta del coliseo
desde 1742 hasta 1769, año en que murió (Stevenson 1980: 793).
Después de
la introducción, se incorporan algunas líneas
graciosas que atraen la atención del público. Por
ejemplo, en el Coloquio al Nacimiento se leen los
siguientes versos que imitan el lenguaje sayagués:
BATO:
(Riese) Risa me da
tu locura
GILA:
¡Ca! Bato, ¿ya
empiezas
a mofarme? Pues, cuidado,
porque llamaré a mi
abuela
y haré que te cargue el
lomo
(vv. 15-19)
Posteriormente,
algún otro personaje hace explícita la razón
principal de la representación. A partir de este momento, se
continúa desarrollando dicho tema, lo cual abarca el cuerpo
de la obra. Por ejemplo, en la Acción
cómico-alegórica, los personajes
mitológicos Venus, Marte y Palas contienden con el
Entendimiento y la Política debatiendo cuál de ellos
representa mejor las cualidades de los virreyes. Ya al final de la
pieza, se expresa una segunda causa que justifica la
escenificación de la obra. Ésta puede ser desde un
simple agradecimiento por un favor recibido, hasta la solicitud de
donaciones (vid. supra, apartado
11). Todas las piezas terminan con Música.
Como pudo haberse
observado, estas obras tienen una estructura relativamente simple.
A pesar de ello, algunas llegan a alcanzar cierta
complicación, que varía según el
público a quien Cabrera dirige la obra. La pieza
conceptualmente más rebuscada del grupo aquí
estudiado es la Acción
cómico-alegórica, dedicada a los virreyes de la
Amarillas. En ella, los personajes hacen algunas alusiones a la
mitología clásica que requieren de cierto
conocimiento del tema. El texto de tópico más
sencillo es el Coloquio al Nacimiento de Nuestro
Señor. Esta obra, que es una especie de pastorela sobre
el nacimiento de Cristo, se puso en escena en el Colegio de San
Miguel de Belén para celebrar la Navidad ante un
público formado por las alumnas del colegio. En ella se
entreteje la historia del nacimiento de Cristo con un episodio de
la vida de cuatro pastores, quienes después de algunos
lances graciosos, terminan adorando y venerando al Niño Dios
al final de la obra.
El Coloquio al
sorpedaje de Nuestra Señora es un diálogo entre
tres novicias que, usando la alegoría de la paloma blanca,
alaban la vida espiritual del convento y exaltan su propia
virginidad y la de María invitándola a permanecer
entre ellas. En esta obra Cabrera celebra a la Virgen María
y anima a las novicias a que permanezcan gustosas en la vida de
monasterio. El Sainete y fin de fiesta, aunque sigue la
estructura básica a la cual me he referido, tiene como
finalidad que las pupilas del Colegio de San Miguel canten y bailen
en honor de sus benefactores, los marqueses de las Amarillas. Esta
pieza podría considerarse un baile entremesado, puesto que
las danzas y la música, a la par que la alabanza, forman el
cuerpo de la obra. La obra, asimismo, contiene datos interesantes
sobre las canciones y los bailes que se acostumbraban incluir en
este tipo de festejos durante el virreinato. Cabrera indica en sus
versos que las niñas cantaban arias y canciones
acompañando los Enmarañados:
NIÑA 2.ª:
que aún falta lo que
molía
toquen los
Enmarañados
(Cantan a ocho las
más que pudieren la siguiente
aria:)
Y oiga lo que a
celebrar
la honorífica visita
de su excelencia decoran
las que deletrear
quería.
(vv. 254-257)
Asimismo bailaban
la Danza de los Enanos, la Airosa y bailes «a la moda de las Indias» (v. 282):
(Aquí la Danza de los Enanos, ya al
estar ya para acabarse, dice la
Vieja...)
(v. 168)
VIEJA:
[sea] una contradanza seria,
que divierte, si no admira
ALEGRÍA:
Pues vaya y sea la
Airosa
la que suene, si no diga
(Danzan la
Airosa...)
(vv. 197-201)
VIEJA:
me persuado que
querrían
bailar lo que ellas se saben,
a la moda de las Indias
(vv. 281-282)
Las actrices de las
obras
Además de
los cantos y los bailes arriba mencionados, Cabrera explica en las
acotaciones o en los propios versos quiénes eran las
actrices de las piezas. En el Coloquio al sorpedaje de Nuestra
Señora, los personajes y las actrices son tres novicias
del convento de las capuchinas, lo cual no deja de sorprender dado
que eran monjas de clausura que no podían hablar, como el
propio Cabrera lo indica de manera jocosa en el
Coloquio:
NOVICIA 3.ª:
...¿Qué es
hermana?
NOVICIA 2.ª:
que me admira que esté
sorda.
La regla manda que no hable,
mas no se mande que no oigan.
(w. 9-12)
Cabe preguntarse
cómo estas monjas capuchinas de clausura lograron actuar y
representar en su convento una obra dramática, aunque fuera
religiosa. Una posible respuesta sea que quizás, de manera
excepcional, tuvieron licencia para festejar la toma de votos de
las novicias, como ya indiqué.
Las otras tres
obras fueron actuadas por las educandas del Colegio de San Miguel
de Belén, hecho que nuevamente señala Cabrera en los
versos y en las acotaciones de los textos. Por ejemplo, en la
Acción cómico-alegórica se lee:
ALEGRÍA:
Ahí está Clara, una
niña
que tiene de Betsabee
ENTENDIMIENTO:
ser por su alcuña de
bría
Venga Clara
(vv. 170-173)
En las
acotaciones, Cabrera anota textualmente que «sale Venus o la hermosura, que es dicha
niña lo más galana que pueda, con una estrella en el
tocado» (v. 113).
En el Coloquio
al Nacimiento de Nuestro Señor al final de la obra se
indica:
VIEJA:
Y a sus padres capellanes
dad, Señor, harta
paciencia
porque, como somos
niñas,
les damos muchas molestias
(vv. 493-496)
La tercera pieza
de Cabrera que se representó en el Colegio de San Miguel de
Belén fue el Sainete y fin de fiesta. En este
sainete nuevamente son las alumnas del colegio las actrices que
recitan, cantan y bailan al son de la música:
ALEGRÍA:
Y quizá hallaré una
niña
que bien o mal, sin chiqueo,
me cante una arietita.
(vv. 24-26)
La
escenificación
Gracias a las
acotaciones de las piezas y a algunas líneas de los versos,
es posible, además reconstruir algunos detalles de los
trajes y de la puesta en escena de las obras mencionadas. Los
mayores detalles del vestuario proceden de La Acción
cómico-alegórica. En ella, Cabrera indica que el
Entendimiento es un galán «con
alas pequeñas a los hombros y un triángulo con un ojo
airosamente puesto en el tocado» (vv. 39-40); Venus
«bastón, peto, morrión con
plumas y en medio su estrella» (v. 173), y la
Política se encuentra «de negro y
plata, con su tocado, como gorrilla de oidor, que se puede adornar
con joyas» (vv. 243-244). La otras obras tienen menos
anotaciones por contener personajes más sencillos que no
necesitan de un vestuario especialmente sofisticado. Así,
las monjas del Coloquio al sorpedaje aparecen con sus
hábitos acostumbrados, los pastores del Coloquio al
Nacimiento de Nuestro Señor visten como tales y algunos
llevan cayado. El Ángel sale con una hacha encendida. En el
Sainete y fin de fiesta, desafortunadamente no hay
indicaciones sobre el vestuario usado en cada uno de los bailes
incluidos. Hay, sin embargo, algunas anotaciones sobre la
coreografía de los bailes. Por ejemplo, se indica que para
la Danza de los Enanos éstos salen de dos en dos y que al
final sus cabezas vuelan, quedando las niñas
«galanas». En el Coloquio al Nacimiento, Bato
alude a los actores ambulantes que realizaban representaciones
callejeras:
BATO:
Apuesto que es
compañía
de cómicos de la legua
que vienen a matar la hambre
hartándonos de comedia
(vv. 84-87)
Simbolismo y
alegorías
Las virtudes de
los personajes humanos homenajeados o las cualidades de los
caracteres divinos de la religión católica que se
celebran, aparecen de manera alegórica o simbólica en
estas piezas. Las alegorías, que representan por separado
cada una de las virtudes de los personajes humanos,
específicamente de los virreyes, son figuras
mitológicas, como Marte, Venus o Palas, y abstractas, como
el Entendimiento o la Política. Todos ellas debaten entre
sí para representar mejor que las demás las
cualidades de los virreyes. Así, en la Acción
cómico-alegórica la Política recita:
POLÍTICA:
Como que se simboliza
en mí la que su
Excelencia
legal política anima,
y presidente lo jura
de esta Real
Cancillería
(vv. 246-250)
Mas adelante Palas
le dice al Entendimiento:
PALAS:
Luego antes que a ti, y
sí
se me debe a mí el
lugar
(vv. 351-352)
A veces las
cualidades de los virreyes son superiores o iguales a las de las
mismas deidades, como solía suceder en la literatura
laudatoria. Por ejemplo, Venus dice de la virreina:
VENUS:
...la Excelente María,
con sus gracias desafía
a Venus en la belleza.
A Venus, que la limpieza
le compite al mismo Sol...
Venus bella y sin segunda
ligó a su suave coyunda
al mismo Marte español
(vv. 407-416)
Las virtudes de
los virreyes se presentan con hipérboles. Por ello, el
Entendimiento le dice a la Alegría:
ENTENDIMIENTO:
...si a los cielos sublimas
a sus Excelencias, dando
por sombras de sus
lúcidas
deidades a las de Venus,
Marte y Palas, que inquilinas,
son de la celeste esfera.
Si a más altitud
aspiras,
más allá del cielo es
fuerza
que exaltes la fantasía
(vv. 476-483)
En cambio, los
símbolos de las entidades divinas de la religión
católica son relativamente simples, como la paloma y el
cordero. En el Coloquio al sorpedaje, la paloma es el
único símbolo que representa tanto a la Virgen
María, como al Espíritu Santo y a San
José:
NOVICIA 2.ª:
María, llena de gracia,
aquella sacra paloma
(vv. 99-100)
NOVICIA 3.ª:
del Espíritu Divino
...vistiendo amante
los colores de su esposa,
de paloma, también
blanca,
toma la galana forma
(vv. 123-132)
NOVICIA 1.ª:
Palomas dos [José y
María] que, ya pías,
de una coyunda amorosa,
no el de Venus, sí el
más puro
dorado yugo soportan
(vv. 160-163)
En el Coloquio
al Nacimiento de Nuestro Señor, Cristo es el
cordero:
PASCUAL:
Cata aquí, éste es el
Cordero
que aquesta zagala bella
me traía, y yo os
decía
(vv. 414-416)
La diferente
manera de referirse a cualidades humanas y divinas sugiere un
definido intento por parte de Cabrera de separar cualitativamente
entre las virtudes del hombre y las de la divinidad o de los
santos. Tienen las cualidades de los humanos además la
siguiente jerarquía de valores: belleza (Venus)>habilidad
militar (Marte)> discreción (Palas)> habilidad
política (Política)> inteligencia
(Entendimiento).
Como ya se
indicó, en las cuatro obras la Música juega un papel
esencial. Además de ser canto y melodía, aparece como
un personaje alegórico que actúa presentando y
concluyendo el tema central de las obras o acentuando el contenido
de las partes más importantes de cada pieza. Igualmente la
Alegría, que sólo se encuentra en las obras profanas,
además de representar este sentimiento, su
personificación, junto con el personaje Música, hace
hincapié en los puntos que Cabrera quiere destacar. En los
siguientes versos de la Acción
cómico-alegórica, la Alegría canta con la
Música:
ELLA Y MÚSICA:
Cuando vea en héroes tan
humanos
juntas las perfecciones
más divinas
(vv. 379-380)
Conclusión
Todas estas obras
tienen, sin lugar a dudas, un valor histórico indiscutible.
No sólo muestran cómo era el subgénero del
teatro conventual de monjas, sino que contienen detalles sobre las
representaciones en la Nueva España durante el siglo XVIII.
Además, dan cuenta de algunas costumbres y ritos de la
sociedad novohispana en general y del ambiente del teatro en
particular. Gracias a las piezas cortas de Cabrera sabemos que
monjas de clausura, como las capuchinas, festejaban acontecimientos
importantes por medio de representaciones dramáticas, siendo
ellas mismas las actrices. También refleja el
carácter de la obra dramática de Cabrera:
representaciones teatrales y bailes con que en los colegios de
niñas se celebraban las fiestas religiosas importantes, como
la Navidad, y con que se festejaba a los virreyes que patrocinaban
dichos colegios. Todas estas obras tienen una estructura similar y
siempre hay dos temas centrales en torno a los cuales gira cada una
de ellas. En algunas, se dan detalles sobre la
escenificación, los bailes y el vestuario. Varias contienen
alegorías y simbolismos con los cuales Cabrera trata de
distinta manera las cualidades humanas y las divinas. Ello sugiere
que intenta diferenciar las virtudes del hombre y las cualidades de
la divinidad o de los santos. Las virtudes humanas tienen
además una jerarquía de valores en la que el
entendimiento ocupa el lugar más alto. Son todas obras
cortas que se representaron en un solo acto y contienen partes
musicales que ponen énfasis en el mensaje de la obra.
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