Sobre la iconografía de Miguel Hernández
Juan Cano Ballesta
La colección de fotografías que se ha conservado del poeta de Orihuela es muy limitada. Josefina Manresa, la difunta viuda del poeta, publicaba en su libro Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández (Madrid, Ed. de la Torre, 1980) un «Álbum fotográfico» que contiene, sin duda, todo el material de que ella disponía y que constituye un valioso tesoro. No obstante, mientras yo preparaba la reciente edición de Viento del pueblo publicada por Ediciones Cátedra, tropecé con serias dificultades a la hora de intentar algunos testimonios visuales que pudieran ilustrar las actividades del poeta y su actuación en los momentos históricos más destacados de la guerra. En verdad que la iconografía de que disponíamos los curiosos o aficionados no era muy abundante a este respecto, lo cual hace tanto más valiosa cualquier aportación que se pueda añadir.
Cuál no sería mi sorpresa cuando, durante el mes de agosto y muy lejos de España, en un viaje veraniego a Praga y Budapest, tuve la oportunidad de conocer a un compañero de excursión procedente de Alicante. Al oír que yo me interesaba por Miguel Hernández y que había escrito ampliamente sobre él, me dijo que su padre había estado en la guerra civil junto con Miguel Hernández, que con él había tomado parte en la toma del Santuario de la Cabeza, en Andújar (Jaén), y que conservaba unas preciosas fotografías, recuerdo de aquellos encuentros. Al mostrarme yo sumamente interesado, prometió enviarme copias de ellas.
Se trata de cuatro fotos en las que aparece con toda nitidez la figura de Miguel Hernández, en dos de ellas acompañado de Carlos Botella Asensi, quien las ha conservado durante más de cincuenta años como recuerdo personal propio y del poeta de Orihuela. Según Carlos Botella Carrillo, hijo del anterior, que las ha puesto a mi disposición, las fotografías originales tienen por detrás un sello que dice «Altavoz del frente zona sur»
. El mismo añade en su carta: «Estas fotos corresponden a una fiesta que celebraban con motivo de la toma del Santuario de Santa María de la Cabeza. La fecha pienso que es el 1 de mayo de 1937»
. En efecto, el mismo Miguel en sus prosas de guerra sitúa cronológicamente el asalto al Santuario con estas palabras: «Es el primer día de mayo. Hombres de la 16 Brigada Mixta y del Batallón Jaén despliegan una actividad silenciosa, precursora de un violento ataque al enemigo, en las trincheras que ocupan frente al Santuario y Cerro Chico. El edificio de la Cabeza amanece ante el alba sangriento y oscuro»
(«La rendición de la Cabeza», Frente sur, núm. 13, 6 mayo 1937, en Miguel Hernández, Poesía y prosa de guerra y otros textos olvidados, eds. Juan Cano Ballesta y Robert Marrast, Madrid, Ed. Ayuso, 1977, p. 149). La celebración que reúne a Miguel con sus amigos debe ocurrir, pues, en los primeros días de mayo de 1937. Y parece de una gran sobriedad, pues no se ven vasos, botellas, ni comida por ninguna parte. Simplemente se juega al ajedrez y se toca el acordeón. Las fotos presentan a un Miguel alegre y sonriente entre el grupo de amigos. En la foto 1 aparece Carlos Botella Asensi, el compañero de armas que ha conservado estas preciosas imágenes, sentado a la derecha de Miguel, que está de pie en el centro apoyado contra la pared. El mismo está en la foto 2 de pie, contra la puerta, a la izquierda de Miguel, que también ocupa el centro. El poeta aparece (foto 1) hablando (se le ve con la boca abierta) o tal vez recitando poemas, ya que la atención de varios de los presentes parece fijarse en él.

(Foto 1)

(Foto 2)
Dos fotografías inéditas
Al examinar el «Álbum fotográfico» de Josefina Manresa, constato que dos de estas cuatro fotografías (2 y 3) han sido incluidas en él sin indicar la fecha o circunstancias concretas y añadiendo, al pie de las mismas, datos vagos como «Miguel con un compañero en tiempo de guerra»
o «Miguel recitando ante unos amigos en tiempo de guerra»
. Analizando cuidadosamente las fotografías (las dos publicadas por la viuda y las dos que yo añado) se constata que revelan momentos distintos del mismo encuentro. El poeta aparece en las cuatro con el mismo atuendo (una cazadora de paño con trabillas en los hombros). La cuarta foto, que presenta a Miguel a la derecha flanqueado por dos compañeros, encaja con las otras tres (como otro momento del encuentro en diferente lugar de la casa) por la ropa que él lleva y por el enlosado idéntico del suelo de ambas habitaciones. El testimonio de Carlos Botella Asensi, testigo presencial, que las sitúa a primeros de mayo de 1937 como una celebración de la toma del Santuario de Santa María de la Cabeza en el frente de Jaén, hace que las dos fotografías inéditas den nuevo sentido y precisión documental a las dos ya conocidas, de las que se ignoraba la fecha y circunstancias.

(Foto 3)

(Foto 4)
La contribución, aunque pequeña, enriquece el álbum fotográfico de Miguel Hernández. Desde la lejanía de más de cincuenta años nos permite asomarnos a un momento crucial de la vida del poeta, que en el frente sur y entre compañeros de milicia celebra una victoria pasajera y disfruta momentos de ocio que la guerra permitía. Estas dos fotografías (1 y 4) no han sido publicadas en lo que yo he podido comprobar (aunque es posible que alguien más las conozca) y creo que son valiosas por ilustrar la vida personal de Miguel Hernández y ofrecer un testimonio de interés biográfico que nos permite ir perfilando con mayor precisión la personalidad singular y extraordinaria del poeta.