11
Véase la excelente investigación de este punto en N. O. Franzen, op. cit., pp. 74 ss., y 94. 64
12
Buen ejemplo constituye todo el caso de reelaboración de la muerte de un peregrino a Lourdes en el tren que le conduce al santuario. Véase «Una reelaboración de Zola en Gabriel Miró», en el presente volumen.
13
Les Rougon-Macquart, ed. H. Mitterand (París, 1964), t. 3, pp. 863-864.
14
Para el caso de Las cerezas del cementerio, véase el presente volumen, p. 55. Miró hace una cita expresa de Nietzsche (Zaratustra) en Los pies y los zapatos de Enriqueta (1912): «¿No se queja Nietzsche del poco destino que hay en nuestra mirada?»
. Curiosos ecos del pensamiento allí recordando resuenan todavía en El abuelo del rey: «¡Por qué hemos de resignarnos a este sufrir, a no tener nunca expresión ni en los ojos!»
(p. 139). «Tanto ahínco, tanto poderío había en su mirada, que ya lo veía articularse, moverse, tronándole dentro de su vida»
(p. 143). De no haber sido por la cita parecería aventurado recordar aquí la sugestión de Nietzsche, pero, ¿acaso no habrá muchos otros ejemplos semejantes en la obra de Miró?
15
N.O. Franzen, op. cit., p. 151. El cura de Bonneville es un personaje insignificante, de carácter débil y bonachón, muy distinto de los sacerdotes que Zola lleva presentados en su obra.
16
Especialmente por el excelente artículo del malogrado R. Pérez de la Dehesa, «Zola y la literatura española finisecular», Hispanic Review, 39 (1971), 49-60.
17
Es curioso que Miró jamás mencionara para nada a Zola. Según los datos de R. Vidal (Gabriel Miró, Bordeaux, 1964, p. 26), su biblioteca particular, muy nutrida de literatura francesa, no contiene tampoco ninguna obra de Zola. Sin embargo, su más íntimo amigo de juventud, Francisco Figueras Pacheco pronunció en octubre de 1904 una conferencia en el Ateneo de Alicante sobre «Emilio Zola y el naturalismo», cf. V. Ramos, Francisco Figueras Pacheco (Alicante, 1970), p. 36.
18
La mujer de Ojeda (Ensayo de novela), prefacio de L. Pérez Bueno (Alicante 1901), p. 34.