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Sobre el antirracismo de Hostos, interesa ver cómo le molesta que su amada Cara tenga prejuicios contra los negros: «Otra noche, la segunda que la vi, me empeñé en vencer la antipatía puramente fisiológica que le inspiran los hombres y las mujeres de color, y vi en esta, antipatía otro defecto»
(Diario, I, pp. 346-347).
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Sobre la timidez de los intimistas, véase de M. Leleu, Les journaux, 38; A. Girard, Le Journal, 131; V. del Litto, ed.: Le journal intime (nota 10, 72 y 84) y Marañón (nota 20).
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L. Dugas, La timidé, étude psycologique et morale, Paris: Felix Alcan, 1907, pp. 78 y sgs.; M. Leleu, Les journaux, 73.
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El empeño por realizar sus ideales, hace del prócer una patética figura quijotesca. Pedro de Alba compara los viajes que hizo Hostos por América, apurando la causa patriótica antillana, con las salidas del caballero de la Mancha (El pensamiento de América, v. XIII, México: Secretaría de la Educación Pública, 1944, p. XII). Otro ejemplo del Diario como saga de un hombre que cierra los ojos a la realidad, e insiste en creer en sus sueños, es el episodio de los dos payeses que luego de ser libertados por el escritor, lo amenazan de muerte (II, 214-217).
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En la sección titulada «La edad del diario y la adolescencia», Girard compara los dos grupos (Le Journal, 488-492).
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Amiel, el representante máximo del diario íntimo, fue llamado «demonio de orgullo»
(Girard, Le Journal, 582). En el apartado «Autismo y narcisismo», Girard se explaya sobre lo que considera egocentrismo excesivo de los intimistas (505-507). No creemos que a Hostos se le pueda denominar ni narcisista ni autista, pues está demasiado preocupado de la cuestión sociopolítica para calzar bien en la denominación.
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Conocidas son las críticas de Hostos a los métodos de enseñanza de su época. Sobre esto léase: «Ideas pedagógicas de Hostos», de Camila Henríquez Ureña, en América y Hostos (nota 22), pp. 231-303; y «Hostos como educador», de Adolfo de Hostos, en Hostos, peregrino del ideal (nota 16), 98-144.
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Américo Lugo, que vio ciertos rasgos psicopáticos en Hostos, dice que el puertorriqueño se había conservado «doncel»
antes de su matrimonio, en «Los escritos literarios de Hostos», Hostos peregrino del ideal (nota 16), p. 189.
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En la primera edición del Diario figuran dos actas de desafío, una ocurrió en 1868 (I, 47), la otra en 1871 (II, 21), y ambas se relacionan con respuestas a sus escritos periodísticos. La tercera, es una alusión a un duelo contra Francisco Javier Amiama (II, 402) quien había atacado el Proyecto de Ley General de Enseñanza Pública, que Hostos había concebido para Santo Domingo. Amiama acusó a Hostos, entre otros cargos, de carecer de títulos profesionales y de ser extranjero. Otra situación que se encaminaba hacia un desafío contra el periodista Armas, se describe en las páginas 195-196, del segundo volumen del Diario.
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Por 1901 se produjeron los ataques de Amiama, mencionados en la nota anterior. Las otras ocurrencias son de 1871, 1878 y 1887. La primera, quizás se relacione con el «Asunto personal entre los señores Hostos y Caivano» que casi llegó a duelo, en Lima (II, 21-22). En cuanto a 1878, tal vez tenga que ver con los calumniosos ataques que Hostos y su esposa sufrieron de alguien a quien llaman «la Beata»
(II, 288). Esta persona, al parecer lo acusaba de atacar a la iglesia, y lo amenazaba con llevarlo a los tribunales. Hostos se refiere a «la Beata»
en Páginas íntimas (Obras III), p. 84. Como no tenemos páginas correspondientes a 1887, es difícil conocer la causa de su pérdida de tranquilidad entonces. Una razón pudo ser la tiranía de Ulises Hereaux, quien no veía con buenos ojos a Hostos ni a su Escuela Normal.