11
Ibid., p. 103.
12
El subrayado es mío. Sobre el tema del perspectivismo literario me permito remitir al lector a lo apuntado en otros escritos, especialmente en los estudios Perspectivismo y sátira en «El Criticón», en «Homenaje a Gracián», Zaragoza, 1958; «Perspectivismo y desengaño en Feijoo», en Atlántida, núm. 17, septiembre-octubre, 1965; «Perspectivismo y ensayo en Ganivet», en Anales de la Universidad de Murcia, Facultad de Filosofía y Letras, vol. XXV, curso 1566-67; «Visualidad y perspectivismo en las "Empresas" de Saavedra Fajardo», en Murgelana, núm. 31, Murcia, 1969, y en el libro de conjunto Perspectivismo y contraste, Ed. Gredos, Madrid, 1963.
Para un más amplio planteamiento de la cuestión, me ha sido concedida una ayuda de investigación por el Ministerio de Educación y Ciencia.
13
Hans HINTERHAÜSER, Los «Episodios nacionales» de Benito Pérez Galdós, Ed. Gredos, Madrid, 1963, p. 311.
14
O. C., I, p. 1.333.
15
Vid. mi obra Perspectivismo y contraste, especialmente pp. 39 y 40.
16
Sobre este procedimiento, el elogio irónico, vid. lo que D. C. MUECKE señala en su obra The Compass of Irony (Methuen, Londres, 1969, pp. 67 y 68): «Praise for having undesirable qualities or for lacking desiderable qualities: Here, by a reversal of values, the undesirable is presented as if it were desiderable and viceversa»
. Entre otros ejemplos recuerda MUECKE el ya clásico del Encomium Moriae de Erasmo.
17
O. C., I, p. 1.271, a.
18
«Pero sea de esto lo que quiera, y aun considerando que la Regencia tuvo razón al separarle del mando en 1809, no se le puede negar su heroísmo y militar ciencia en 1814. Como que él solo, ayudado de una división del ejército del Centro, dio al traste con la inmensa balumba de las Cortes, poniendo en vergonzosa fuga a más de cien diputados liberales, que se escondieron en sus casas sin atreverse a asomar las narices...»
(O. C., I, p. 1.174.).
19
«El buen señor se veía precisado a sentenciar a muerte o a presidio a unos cuantos malvados, y no pudiendo hacerse esto rectamente sin pruebas, las buscaba para que aquellos infelices no fueran al patíbulo sin saber por qué. ¡Tunantes! ¡Cuándo merecieron ellos tropezar con varón tan justo, tan humanitario y tan compasivo como aquél!»
(O. C., I, p. 1.280, a).
20
«Luego que don Blas, repito, desempeñaba así su difícil cargo, se embozaba en su capa, ya avanzada la noche, y corría a la calle apretado por el deseo de compensar los muchos afanes con un poco de libre holganza. Yo no sé adónde iba porque se recataba mucho de los amigos; pero es indudable que no pasaba la noche al raso, ni buscando hierbas a lo anacoreta, ni mirando al Cielo como astrólogo»
(O. C., I, p. 1.285).