141
54-17. El texto: «Tuuuiesse». (N. del E.)
142
58-19. Contando el citado Bartolomé de Villalba y Estaña, «donzel vecino de Xérica», en El pelegrino curioso y grandezas de España (edición de la Sociedad de Bibliófilos Españoles; Madrid, 1886; I, 218), su estancia en Talavera de la Reina, añade: «Fue a visitar a Nuestra Señora del Prado, que, para hermita, puede competir con las mejores de España, porque, demás de ser grande y clara, está en delicado puesto. Tiene esta ermita un tributo de cada Iglesia de Talavera, que es cosa graciosa, al cual llaman mondas. La derivacion del vocablo no pudo el Pelegrino investigar. Son hechas de cera, grandes como faraones [faroles] sin suelo, o como mangas de cruzes; son de muchas colores, que extrañamente parecen bien, y el dia que se dan es muy regocijado en Talavera, con grandes fiestas de a caballo, y toros, y otros ejercicios. Tienen la capilla y ermita sesenta pasos de largo y cuarenta de ancho.» De la descripción y origen de las fiestas de las Mondas trataron, en los siglos XVII y XVIII, respectivamente, Fr. Antonio de Ayala y Fr. Francisco de la Madre de Dios, en sendos libros que cita Muñoz y Romero (Diccionario bibliográfico-histórico de los antiguos reinos, provincias, ciudades, etc., de España; Madrid, 1858; pág. 253). Pero ninguno da tantos y tan curiosos pormenores como Fr. Andrés de Torrejón, en su libro La antigvedad, fvndacion y nobleza de la noble villa de Talavera (manuscrito C-119, de letra de la primera mitad del siglo XVII, en la Real Academia de la Historia, fols. 135 y siguientes), el cual escribe:
«Pues entre los muchos templos que ubo en España, adonde estos falsos dioses eran honrrados, y adonde les hacian sus ofrendas y sacrifiçios, fue vno en esta villa de Talauera, en el qual, segun es la tradiçion conseruada entre los moradores della, y la he visto en algunos memoriales antiguos, estauan las estatuas del dios Jupiter y de la diosa Minerua, retratados al natural, a los quales... al prinçipio de la primauera... hacian vn muj çelebre sacrifiçio, en el qual quemauan veinte y dos toros, y para esto trajan muchas carretadas y cargas de leña, cubiertas de rramos y flores de diuersas yeruas olorosas; y mientras que durauan estas fiestas, que eran quinçe dias, ardian en el templo de Jupiter y Minerua muchas lamparas, y quando auian dado fin a su famosa solenidad, les repartian los saçerdotes las çeniças de los toros que auian sacrificado... De la villa de Mejorada, que esta vna legua desta villa, a la parte del norte, trayan, en memoria de la diosa Palas, cuyo templo estaua en aquel pueblo, vna pala de madera, muj adornada y compuesta de joyas y los demas traxes de vna muger galana, y ha pocos años que murieron algunos viejos que la vieron traer.»
Pasando luego a los tiempos del cristianismo, y refiriéndose a ciertas ordenanzas de principios del siglo XVI, describe las fiestas el P. Torrejón:
«El dia de la Anunçiaçion de Nuestra Señora, por la tarde, se tañe vna campana grande en la yglesia mayor, a cuya señal se juntan alli los hermanos de vna cofradia que ay de Nuestra Señora del Prado, y eligen de entre si vna persona que llaman hermano mayor, el qual ha de lleuar el pendon de la hermita aquel año, siempre que en las fiestas se a de sacar. Al prinçipio de la quaresma señalan los caualleros del ayuntamiento vno dellos, y el dean y canonigos otro canonigo, para que se encarguen de comprar los toros que se an de correr en las fiestas que se siguen despues de la Pascua. El segundo dia de rresurreçion, acabadas las bisperas, salen el dean y canonigos a mula, y el corregidor y los caualleros en sus caballos muj bien enjaeçados, y van todos juntos a la parte adonde estan aparejadas muchas carretadas y cargas de leña que se an trajdo por personas de la villa, que comunmente es junto a la yglesia de sant Saluador, adonde estan el pendon de la hermita y los de las otras perrochias, y, tomando el hermano mayor el pendon de la hermita, y comiença a ir en procession solo, y los otros caualleros lleuan los pendones de las yglesias, y van de dos en dos con muy buena orden, lleuando delante las chirimias, tronpetas y atabales, que tañen a veçes, y al fin van el dean y canonigos y el corregidor, acompañados de otros caualleros y gente prinçipal, y despues van las carretadas de leña vna tras otra, y vltimamente las cargas, y con este orden van en proçession a la hermita de Nuestra Señora del Prado, y, en llegando, se apean, y entran a haçer oraçion, y ofreçen la leña, y la descargan en vn corral que esta allj, para que se calienten los pobres el inuierno... El terçero dia de Pascua, por la mañana, vienen las aldeas en proçession a traer sus çirios, en lugar de los dioses que trayan antiguamente, y, a la tarde, lleuan los caualleros la leña que traen de las aldeas con la mesma orden y autoridad que lleuaron la de la villa, y los labradores de la calle de Oliuares lleuan su çirio, como se a dicho. El jueues de la segunda semana despues de Pascua, traen muj de mañana, al prado que esta junto a la hermita, los toros que tienen de venta los señores de vacas para que se los compren, y, siendo ora convenjble, van el canonigo y el regidor, que an de comprarlos, a cauallo... Y algunos vaqueros, que estan a cauallo en yeguas, quiriendo mostrar su destreça y ligereça, llegan a picar a los toros de sus veçinos; y los otros, quiriendose pagar, haçen lo mesmo; y los toros, alborotados, corren a vna parte y a otra, que es vn entretenimiento muj rregocijado, al qual se halla infinita gente... Destos toros que compran, ençierran dos en chorral que esta junto a la hermita, y los corren alli a la tarde y los matan, y lo mesmo haçen de los demas, que ninguno dexan biuo... El viernes por la mañana, lo primero que se ofreçe de consideraçiones, que los de la villa de Çebolla, que esta quatro leguas de Talauera, haçia Toledo, madrugan tanto, que llegan a esta villa muj temprano, y, estando ya çerca, se ponen en proçession y lleuan en medio vna monda de çera, que traen a Nuestra Señora, y llegan a la yglesia mayor, y, haçiendo oraçion, ponen la monda en la capilla mayor, y quedan a guardarla seis o siete personas, y los demas van a las casas del Conde de Oropesa, y el mayordomo les da de almorçar muj bien... Acabados de correr y matar los toros, el cauallero que es torero, da orden como se lleuen al lugar que ay para esto junto a la hermita de Nuestra Señora, adonde los cuelgan y desuellan, y a esta hora comiençan los sacristanes de las perrochias a componer y adereçar las mondas que otro dia se han de lleuar a la hermita, y, en acabando de ponerlas en perfeçion, rrepican luego las campanas... Ya que se an corrido los toros, que duran hasta muj tarde, por ser muchos, los lleuan a la hermita con los demas, y, estando juntos, los bendiçe el capellan con bendiçion particular que ay para esto, y el cauallero a cuyo cargo estan los toros, y vn escriuano de ayuntamiento, los mandan haçer pieças, y que las pongan en vnos serones, y, con vnos pollinos que los lleuan, encomiendan a personas de confiança que los repartan a los veçinos por perrochias, y estos andan por las calles, y dan en cada casa vna pieça o dos, como ay la gente, y tanbien enbian a los monesterios de rreligiosos y rreligiosas...; y quando auja en las gentes mas sinçeridad y llaneza, y menos maliçia, era tan grande la fe que tenian con la carne destos toros, por ser dedicados a la madre de Dios, que, comida de algunos que tenian calenturas, se les quitauan... Auiendo bajlado vn rrato, toman quatro honbres las andas en que esta la monda, y la lleuan a la hermita, yendo delante el cura y los perrochianos, y detras las mugeres cantando algunos cantares y coplas deuotas de Nuestra Señora; y, llegando a la hermita, diçen vna Salue cantada, y el cura vna oraçion, y, rreçando vn poco, ofreçen la monda a la ymagen de la virgen sanctissima, y cuelgan de vna de las cuerdas que estan puestas para este efecto en el cuerpo de la yglesia, junto a la rreja de la capilla, la mitad a vna parte, y la otra mitad a la otra parte. Desta manera y con este rregoçijo lleuan las mondas de todas las perrochias... El domingo..., dando fin a este deuoto entretenimiento..., acabado el sermon y la missa, saca el cauallero que tiene a cargo la fiesta, de la sacristia de la hermita, mucha cantidad de paneçicos pequeños sellados con la ymagen de Nuestra Señora, con su Hijo en los braços, los quales estan benditos por el capellan de la hermita, y los rreparte a los caualleros y señoras que estan dentro de la capilla, y otros los van a dar y rrepartir a la gente que esta en la yglesia.» Añade que antiguamente eran niños los que salían a recibir la leña; y cita las viejas ordenanzas de la fiesta, donde se dice que monda «quiere deçir cosa limpia». (N. del E.)
143
59-32. A este juego se refiere el refrán: En torcida argolla no entra la bola, alusivo a que muchos negocios se malogran por los estorbos que ponen los contrarios. En aquel juego, «puesta en el suelo (la argolla) con una espiga que tiene, hay que hacer pasar por ella unas bolas de madera, valiéndose de palas cóncavas.» (J. Cejador, Tesoro de la lengua castellana, letra R; Madrid, 1909; pág. 125.) Como juego infantil está citado el de la argolla, juntamente con el marro, en El Passagero de Suárez de Figueroa (edición R. Selden Rose; Madrid, 1914; pág. 467). (N. del E.)
144
60-28. Sobre la fiesta que menciona aquí Cervantes, véase el Panegírico historial de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra-Morena, por Manuel Salcedo Olid (Madrid, 1677). (N. del E.)
145
69-3. Aquí acaba la imitación cervantina de la sexta novela de la sexta década de los Hecatommithi (1565), de Giovanni Giraldi Cinthio. Los dos cuentos son casi idénticos hasta el fin; y la diferencia esencial consiste en que, en el relato italiano, la madre acepta al asesino por hijo, en lugar del muerto. Innecesario es advertir que Cervantes ha mejorado mucho el cuento, siendo aquí el estilo más digno, la narración más rápida, y el tono más noble. Sólo se ha traducido al castellano una parte de los Hecatommithi, en la Primera parte de las cien novelas de Giovanni Giraldi, por Luis Gaytán de Vozmediano, Toledo, 1590; contiene las diez novelas de la Introducción y las dos primeras décadas. Dado lo dramático de esta escena, en la cual la madre protege al asesino de su hijo, sólo por guardar la palabra, se ha imitado frecuentemente en el teatro. En su hermosa comedia Ganar amigos, Alarcón presenta a Fadrique (I, escs. VI y siguientes), el cual protege a Fernando después de haber matado éste a un hermano de aquél. En Mejor está que estaba, de Calderón, Flora protege a Carlos, que entra en su cuarto huyendo después de haber matado al primo de aquélla (acto I); y en Obligados y ofendidos, de Francisco de Rojas (acto I, hacia el final), don Pedro acaba de matar a Arnesto, hermano del conde de Belflor, y se esconde en casa de éste; entra el alguacil mayor, y dice:
|
pero el conde guarda la palabra de proteger a don Pedro. Hasta en nuestros días se han reproducido estas escenas. Víctor Hugo, en su Hernani (III, esc. VI), nos presenta a Carlos V pidiendo a Ruy Gómez su prisionero Hernani; pero Ruy Gómez se niega a cederlo, por no ser el traidor «qui vendit la tête de son hôte». También puede haber una reminiscencia de la primera novela de la primera década del Cinthio en los amores de Feliciana de la Voz (Persiles, III, caps. II y siguientes): en el nacimiento de su hijo y en la protección que se le otorga escondiéndola en el árbol. (N. del E.)
146
69-22. Felipe II fijó la corte en Madrid el año 1560. Felipe III volvió a Madrid en marzo de 1606, trasladándose la corte a esta villa desde Valladolid, adonde se había mudado en febrero de 1601. (Vide Cabrera de Córdoba, Relaciones; edición de Madrid, 1857; págs. 93 y 273.) (N. del E.)
147
70-32. El texto: «les». (N. del E.)
148
71-8. Véase la página 208-9 de este tomo. (N. del E.)
149
71-12. El refrán completo dice: «La mujer y la gallina, por andar se pierde aína.» (Consúltense los Refranes cogidos por Juan de Valdés, pág. 501 del Diálogo de la Lengua, edición Boehmer, en Romanische Studien; Bonn, 1895.) (N. del E.)
150
75-14. Alude Cervantes a una conocida fábula. Véase La Vida y Fabulas del Esopo, a las quales se añadieron algunas muy graciosas de Auieno y de otros sabios fabuladores; en la oficina Plantiniana, 1607 (Amberes); X, pág. 98, Del Hombre y de la Culebra: «La buena obra hecha al ingrato no solamente es perdida, mas siempre da mal por bien. En el tiempo del inuierno, como hiziesse grandes frios y eladas, vn buen Hombre, mouido de piedad, acogio en su casa vna Culebra, y la gouerno y mantuuo en todo aquel tiempo. Y, como vino el verano, començo de hincharse y emponçoñarse la Culebra, y mouerse contra el Hombre. El qual, viendo su ingratitud, le dixo que se fuesse en buena hora de su casa. Y la Culebra, en lugar de se enmendar, tornose contra el. -Quierenos mostrar este exemplo que los ingratos y malos mas se mueuen a enojar aquellos que les hazen bien, que no a remunerarles: y por la miel les dan venino, y por el fruto pena, y por la piedad engaño.» (N. del E.)