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21

«Escriben castellano mestizo».

 

22

Otros testimonios de Baroja: Ciudad de la niebla [1909], ed. 1931, p. 55; Inquietudes Shanti Andía [1911], ed. 1947, p. 1005 b; La sensualidad pervertida [1920], ed. 1947, p. 852 a.

 

23

«Bien está que aprendáis el latín, pero aprended antes el castellano».

 

24

Para la transmisión de este valor, vid. S. Gili Gaya, Tesoro lexicográfico, s v.

 

25

BAAEE, LXVI, p. 423 a.

 

26

Ya he hecho referencia a lo exacto de generalizar el término a realidades inexistentes, pero llamar español a cualquier escritor latino o visigodo por haber nacido en Hispania no era pecado de monta. Quevedo echa sobre sus hombros la defensa de España y combate en los terrenos donde le exigen combatir. Contra Muret, «un charlatán francés», escribe:

Comparando a su veronés Catulo a Marcial español, y con Virgilio mantuano a Lucano el cordobés, no con pureza, que son sus poetas mejores, sino blasfemo y desvergonzado, trata a Lucano de inorante, y a Marcial de bufón y ridículo y sucio, sólo por español; que el Mureto, de todos cuatro autores, para decir bien o mal, sólo entendió que los unos eran hijos de Roma y los otros de España (p. 342 b, de la obra que describo en la nota siguiente).



Una pintoresca idea de lo que significó romance se encuentra amparada en el pueril patriotismo del Dr. Gregorio López Madera, Discursos de la certidumbre de las reliquias descubiertas en Granada el año de 1588, Granada, 1601 (cito por La Viñaza, Biblioteca, Col. 30). La absurda postura fue continuada por el Lcdo. Luis de la Cueva (Diálogo de las cosas notables de Granada, Sevilla, 1603; La Viñaza, Col. 31) y por el Lcdo. Francisco Bermúdez de Pedraza (Antigüedades y excelencias de Granada, Madrid, 1608, apud La Viñaza, Col. 56).

 

27

Obras Completas, Prosa, ed. Astrana (1945), p. 362 a.

 

28

Sin embargo, lengua española lo utiliza una y otra vez en esta obra. Cf. las pp. 359 a, 361 a, 362 a, etc.

 

29

Baste una referencia de don Francisco Manuel de Melo: «otras veces los nombró españoles, castellanos o reales: siempre entiende la misma gente» (Guerra de Cataluña, edición Academia, p. LXXVIII).

 

30

Amado Alonso, en su, no me cansaré de decirlo, bellísimo libro, tiene inexactitudes, pero no imputables a él, sino a lo que hace casi cuarenta años se sabía de nuestra lengua: sus afirmaciones de la p. 121, son muchísimo más completas de lo que él creía, vid. M. Alvar, «Actitud del hablante y sociolingüística», apud Teoría lingüística de las regiones (Madrid, 1975), pp. 91-114.

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