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ArribaAbajoEntretenimiento XII

De los Minerales, principalmente de los de Plata, y el modo de entablar su trabajo.


El incentivo mayor de las Naciones ha sido en todos tiempos las riquezas y metales preciosos, que son los medios de adquirir las demás cosas. El Oro y Plata tienen en sí tanta recomendacion, que sin fixarles valor seguro se miran en el mayor aprecio aun entre las Naciones que menos los necesitan para sus tratos. Estos metales dán la ley en el Mundo, y los Principes, segun el estado actual de las cosas, no pudieran hacerse respetables, si careciesen de ellos, y no se hallasen en proporcion de sostener los gastos indispensables de la Soberanía. Asi como dán la ley, dán el valor, arreglandose las demás cosas por la abundancia, ó escaséz en que ellos corren: con que son verdaderamente la balanza general entre los menesteres de la vida, que se regúlan por partes pequeñisimas de ellos. En esta clase entra, como principal, el trabajo de los hombres: desde el mas alto al mas humilde no hay quien dexe de recibir la recompensa de su mérito, de su habilidad, ó de sus fatigas, en las mismas partes de ellos, proporcionadas á la entidad de las obras de cada individuo. Los Chinos trabajan incesantemente para adquirir Plata, que no dá su País, siendo una de las Naciones que menos la necesita. Los Európeos afanan mucho para adquirirla, con el fin de servir á los Chinos, llevandoles lo que apetecen. Los Moros Africanos hacen continuas piraterías, anhelando á adquirir Plata, y se valen del medio de esclavizar hombres, para tener prendas que se la proporcionen, aun siendo las Naciones mas bárbaras y que trafícan menos de quantas se conocen. Los Európeos se exponen á toda suerte de peligros para abastecerse de estos metales; y llenos de una emulacion interminable, se aniquílan reciprocamente en las guerras que suscitan, por el deseo de poseer la mayor porcion de ellos. Los Americanos desentrañan la tierra, introduciendose por sus profundos senos, con la esperanza de ser mas felices con el dominio de semejantes Idolos; pero son los que menos gozan de ellos, porque insensiblemente se les desaparecen, y en brevisimo tiempo los encuentran haber hecho la mitad del gyro de la tierra, pasando sin detenerse de las manos de varios poseedores, á los que se hallan mas distantes. Su poderío excede en cierto modo á las ideas de los hombres, y los precisa á que se traten unos con otros, pues sin este atractivo serían incomunicables las Naciones, manteniendose cada una en el distrito de su territorio, sin incomodarse en ir á buscar las mas remotas y menos conocidas. Con las partes diminutas de ellos se mueven las voluntades á quanto se intenta; y acrecentandolas á medida de las dificultades, se allanan los caminos de lo que parece imposible, y se hace facil lo mas arduo.

Por esta razon pueden tenerse la Plata y el Oro por unas materias, que sirven de medida comun entre las gentes, y estas con su incentivo se mueven á distribuir el tiempo, en las ocupaciones, trabajos, y desvelos de la vida humana; concurriendo á este destino la disposicion de la misma naturaleza en no haberlas hecho tan comunes, que se consiguiesen facilmente, pues á serlo, se disminuiría su aprecio, y tambien en no haberlas depositado con igualdad en toda la tierra, á fin de que los parages donde faltasen se valiesen de los medios correspondientes para atraherselos á expensas de la mayor industria y de la constancia en la aplicacion. En todas las partes del Mundo suele haber algunos débiles indicios de estos estimados metales; pero la misma escaséz con que se encuentran en las mas, ó la suma dificultad que hay para conseguirlos, los hace mas apetecibles, sirviendo aquellas cortas reliquias de muestra para que se conozcan, y que el deseo se esfuerce á lograr con abundancia lo que la suerte les repartió con escaséz.

Las Indias Occidentales, que gozan por privilegio de las minas de Plata y Oro en mayor abundancia que las otras partes de la tierra juntas, tienen unos naturales, quales son los Indios, Nacion de suyo la mas desidiosa y menos aplicada á todo genero de trabajo de quantas se conocen; y quando hacen alguno los que se tienen por civilizados, es á fuerza de muchos cuidados y de precisarlos á ello; pues si se les dexase enteramente á su voluntad, se pasarían los dias sin moverse de un lugar, como lo practícan los no reducidos: por esto la Plata y Oro que ellos mismos poseen los primeros se les desaparecen de entre las manos, y ván corriendo de dueño en dueño, sin hacer mucha mansion en ellos.

No solo está la dificultad de adquirir estos dos metales en su extraccion de las entrañas profundas de la tierra, sino que parece haber de proposito separado el Supremo Autor de lo criado, de las otras partes de ella, con Mares dilatadisimos, la que habia de lograr el privilegio de tenerlos con mas abundancia; y sobre la regular altura de su redondéz hizo aquella tierra elevada, que predomína á todas las restantes, como indicando cierta analogía lo physico con lo moral; pues asi como el terreno no reconoce otras elevaciones, que puedan compararsele en la altura, no se conoce tampoco materia alguna que sirva de medida al poder, á la autoridad, al dominio, á la dignidad, al gusto, al porte, á la decencia, y descendiendo por todas las graduaciones desde la buena suerte hasta la mas desvalída mendicidad de los preciosos metales que en él se contienen.

Antes del descubrimiento de las Indias, y en lo que alcanza la memoria del Mundo, habia Oro y Plata, que en todos tiempos han servido al destino que vá expresado; pero despues de aquel famoso suceso, han venido á ser el poderoso incentivo de mantener á todas las Naciones en movimiento, y de inducirles á un continuado empeño y emulacion para adquirirlos. La solicitud de estos metales ha sido causa de civilizarse las gentes entre sí con el trato; de poblarse los Mares de flotas numerosas, que navegan sobre las aguas, como si fueran Republicas enteras; ha adelantado las Artes, sutilizado la industria, ilustrado las gentes, y les ha proporcionado el conocimiento de la tierra, que antes estaba muy incompleto, ignorandose muchas de sus producciones propias, y sus particularidades.

Es cierto, que en correspondiencia de estas utilidades, el descubrimiento de los tesoros ha ocasionado otras malas consecuencias, y particularmente para la Nacion, en cuyo seno nacen, siendo las principales su propio descaecimiento y las guerras repetidas que se le origínan por la embidia que resulta á las demás en la pretension que cada una tiene sobre la preferencia para disfrutarlas; bien que estas, es de creer no faltarían, aunque cesase la razon del incentivo que añaden las riquezas; porque siempre habria los otros que acredita la experiencia haberlo sido entre las Naciones, en quienes el uso de estos metales no se halla introducido por lo dificil que es contenerse los anhelos del corazon humano dentro de los limites de lo que cada qual goza y posee.

El Reyno del Perú es uno de los grandes depositos del Mundo, donde están los metales: allí los hay de todas especies, de Plomo, de Cobre, de Estaño, de Azogue, de Plata, y de Oro: los hay igualmente de los que se llaman Semimetales, y los hay particulares de Sal comun, de Azufre, y de Betunes; pero se llevan la principal inclinacion los de Plata y Oro, como mas preciosos, y como tales apetecidos con igualdad de las gentes, y aunque en los otros tambien se trabaja, sacando el regular fruto, no es con tanta aplicacion.

Parece que aquella tierra elevada fue dispuesta expresamente para que sirviese de caxa, ó receptaculo de la Plata, siendo particular á ella las Minas; y aunque en las cabeceras de la baxa no dexa de haber algunas, son pocas y de corta entidad. La experiencia enseña, que este metal se halla en las Punas y parages mas frios, asi como es lo ordinario estár los de Oro en los mas cálidos, aunque suelen encontrarse algunos en territorios que no lo son tanto. Los Minerales de Plata no son en el crecido numero que se persuade la vulgaridad, imaginandose haberlos en cada cerro, y que solo se necesita abrirlos, y desenterrarlos para que se haga patente. Este error es provechoso, pues sirve con el engaño de incentivo para empeñarse á buscarlos por todas partes, y si unos fallan otros se aciertan.

     La misma preocupacion que se figura ser tan comunes los Minerales de Plata, los supone todos ricos, y conviene tambien este segundo error; pues en tanto que se encuentra la abundancia, que la idéa se promete, se saca alguna Plata, no obstante de ser con duplicado, ó triplicado costo de su valor; la pérdida en estos casos es para los que hacen los gastos; pero la cantidad se aumenta y en el público se goza. No hay entretenimiento mas agradable para los que se entriegan á él, ni asunto en que se gasten los caudales con mas franqueza, sin quedar el remordimiento de haberlo malogrado. Embelesados los Mineros en las señales de su veta, que es el nombre que dán á la Mina, en la distancia que llevan trabajada, en las calidades de tierras que han ido encontrando, en la clase de metales que pintan, (asi llaman á la tierra, ó materias que sacan de ellas) á los visos de Plata que suelen reconocerse de tiempo en tiempo, y á las Historias que les refieren los que se ocupan en este exercicio, lo unico que sienten quando se les acaba el caudal es no tener á su disposicion otro tanto como el que han consumido, para continuar la empresa, y asi, aunque gasten mucho y recojan poco, no se consideran perdidosos, contando por mas pingue el que esperan que les produzca la Mina. Algunos en el crecido numero lo consiguen; y el exemplar de pocos mantiene á los demás gustosos y satisfechos de su alhaja, embelesados en continuar la obra, para encontrar con el tesoro. Es de tal modo la pasion que se contrahe con las Minas, que el hombre que llega á mezclarse en ellas, aunque sea ligeramente y por modo de ensayo, queda viciado y dispuesto á hacer el sacrificio de quanto caudal posee por el deseo de disfrutar sus riquezas, siendo el exercicio unico en que no se conocen los economicos y míseros; porque en el empeño de llegar á lo rico de la veta donde esperan cortar la Plata á cincel, y poseer un tesoro sin límites, no escasean el dinero, ni se acortan interin que les dura, por crecidos que sean los gastos. No es lo mas notable en este asunto que gasten en Minas de credito, que prometen esperanzas, sino que lo hagan en las que despues de haber sido la destruccion de otros, estaban abandonadas, y en el embeleso que tienen de ocuparse en buscarlas; haciendo varias aberturas en los cerros, movidos para ello de ciertas señales exteriores que encuentran, y del concepto que forman de que debe haberlas con precision. Para el primer empeño siguen la opinion de que las riquezas son depositos que Dios tiene reservados para los que los destina; y que aunque muchos hayan empobrecido buscandolos, no siendo para ellos para quien estaban, no se llegaba el termino de que se hiciesen patentes. A lo segundo les mueve la disposicion y forma de la peñasquería del cerro, la direccion que lleva, la positura de las Lajas, el ancho que tienen, la figura del cerro en su total, su magnitud, y aun hasta las yerbas que se crian. El concepto de estas señales se vigoriza con el juicio de los que tienen opinion de inteligentes, y sobre cada circunstancia forman un pronostico, y exageran como infalible la mejor pintura de la riqueza que debe haber: para ello usan de un lenguaje particular de Minas, que tiene la virtud de apartar de la imaginacion todo otro asunto, y de recrearla. Con estos preparativos el hombre mas apretado se hace generoso, el mas indiferente se dexa poseer de la persuasion, y creyendo de dia en dia, y de hora en hora que se cumple el instante de tener baxo de su domínio la riqueza mayor, se entriegan á su solicitud con tal empeño, que ni piensan, ni tratan, ni entienden de otra cosa, reduciendo todas sus conversaciones y negocios á éste.

El incentivo de la Plata llega hasta el termino de que claudíquen los hombres de mas peso, maduréz, y juicio, sin que haya desengaños, ni razones que los persuadan, una vez que se empeñan en ello. Todas sus conversaciones se reducen á tratar de los asuntos de las Minas, de las dificultades vencidas, ó que faltan por vencer, de las señales que prometen su abundancia, de los medios de su habilitacion, y de los exemplos de las grandes fortunas de los famosos Mineros, y felices descubrimientos.

No siempre, ni aun por lo comun, los que se ocupan en este exercicio son hombres de posibles y ricos: los mas de ellos son pobres sin recurso, y no pocos los que se pierden en la mercancia. Estos se agregan de compañia con algun Cateador, y pasan á denunciar una de las Minas que tienen reconocidas, ó á pedir la adjudicacion por compra al Rey de alguna de las que se hallan despobladas, cuyo valor es de muy poca monta. Tambien suelen negociar con el dueño de otra de las Corrientes, que les cedan veta en ella: de qualesquiera de estos modos solicítan la posesion, y afianzan en la Caxa Real, adonde toca darsela, pagar al Rey el Diezmo de la Plata que sacaren, y el importe del Azogue, que necesitaren para el beneficio. Este es el principio, y los débiles fundamentos que tienen los trabajos considerables de desentrañar cerros enteros para extraer la Plata. Con la posesion no basta quando falta lo principal, que es el caudal que se ha de emplear en ello, y en esto es en lo que entra la industria, la persuasion, y el influxo, que la riqueza tiene aun para vencer á los mas cautos y reservados.

Con las muestras de los metales ricos, que suponen ser de la suya, se dirigen á algun sugeto de caudal, y haciendole manifestacion de ellas con gran mysterio y mucha reserva, le hacen observar los filamentos de Plata que la atraviesan: le ponderan la bondad de la veta, su grueso, con las demás señales que tiene favorables, dandole á entender ser de los Pallacos que están fuera, y que solo con la diligencia de ponerla corriente se descubrirá el metal, suponiendole, que de resulta de cierto derrumbo se abandonó; pero que sacados los escombros, y llegado á limpiarse, quedará clara: á esto añaden no ser necesario mucho caudal para conseguirlo; y formandole un Plan de lo que hay que hacer, le ván saboreando para que éntre en el empeño, con una noticia muy prolija de lo que se sacó en otro tiempo, antes del accidente del derrumbo; reduciendo al fin el discurso á persuadir, que con un gasto moderado como de 500 pesos, de 1000, ó por este tenor de una cosa de poco momento, está facilitado todo. Para acabarlo de vencer, le ofrecen de su quenta toda la Piña que saque, y que no se necesita del dinero en especie, sino en Ropa, Aguardiente, Hierro, Acero, y otros efectos que se distribuyen entre los trabajadores. Aunque á la primera diligencia no surta el efecto que se pretende, queda sembrada la semilla para que labre en el ánimo, disponiendolo á facilitar la primer cantidad.

Con este método hacen tentativas en distintos sujetos, procurando que no sepan unos de otros, para lo qual tienen la facilidad de elegirlos en Lugares distantes como en Lima, y en Guamanga, ó el Cuzco, la Paz, Guacavelica, ú otra de las muchas Ciudades y Villas de aquellas partes. Con estas persuasivas no dexa de haber alguno que se aníme mas que los otros, y no pocas veces son dos, ó tres los concurrentes, que se ofrecen administrar para los gastos. Consumido el primer caudal, es forzoso ampliar nueva cantidad por no perder aquella, porque estos que son los que llaman Aviadores no tienen de donde hacerse pago, hasta que la Mina lo produzca. Los Mineros, mirando siempre el fin de que los desembolsos sean menos violentos, les presentan nuevas señales de irse logrando el intento; y aun suelen llevarles á los Aviadores algun Piñoncillo de pocos marcos que se lo confirme. En este modo se gastan cantidades 50, ó 60 mil pesos insensiblemente, sin adelantamiento conocido.

Estos grandes expendios, que no tienen mas límite que lo que duran los caudales, á menos de que la fortuna sea favorable, ofrecen dos cosas notables: la primera, que los dueños que los franquéan queden tan satisfechos de haberlo hecho, que no conociendo la flaqueza en que han incurrido, no les resulte sentimiento contra quien les induxo; y que los que son escasos para otros expendios, no lo manifiesten en el de esta especie, de lo qual se vén muchos exemplares: lo otro, que corrido largo tiempo de estarse trabajando sin sacarse fruto de entidad, nunca falta en su inteligencia mas obra para encontrar la veta rica que la que se puede hacer en un dia, cuyo término, al parecer, corto, no tiene fin, porque siempre sobreviene nueva dificultad que lo dilata otro tanto, y de este modo pasan muchos, y se cumplen años sin verse el éxito que tiene prescrito la imaginacion.

Quando sucede que el trabajo se hace en Mina antigua, que estuvo abandonada, ó en veta de mina corriente, no dexa de sacarse alguna Plata; pero es tan poca, que no tiene comparacion con lo que se gasta, y el marco sale por tres, ó quatro tantos de su valor: al contrario, si despues de muchos afanes, y expendios se logra la felicidad de dár con la riqueza, se recupera en breve tiempo lo consumido, y quantos tienen parte en la mina se enriquecen, el Aviador, el Minero, y el Cateador, que de ordinario es el capataz, y quien dirige los trabajos. Los buenos éxitos que la casualidad proporciona á una parte de los que se dedican á este exercicio, aníman á muchos á que permanezcan con constancia; pero siendo todo casualidad, es aun mas seguro el riesgo de perder, que el de adelantar.

De esto proviene decirse comunmente entre los Mineros ser ellos los que hacen un servicio distinguido al Rey, porque á no entrar con tanto empeño y facilidad en el trabajo de las Minas, exponiendo caudales considerables, no se sacaría la Plata que constituye la riqueza de la Monarquía. En algun moda ván fundados, porque en realidad sucede asi; pero si se mira bien el fin que en ello llevan, no es enriquecer la Monarquía, sino hacerse ellos poderosos con la posesion de mucha Plata, cuyo deseo es el que los enagena á los terminos que se han explicado.

De ordinario hay junto á las Minas, que han estado abandonadas, montones de descombros. siendo los que quedaron allí por inutiles, quando se trabajaban: los que se dedican á ponerlas corrientes, hacen escoger en ellos aquellos pedazos de mineral que manifiestan buenas pintas, y los benefician, con cuya diligencia sacan alguna Plata, y en ocasiones les dán mas que el Mineral recientemente sacado. A estos pedazos llaman Pallacos, y la diligencia de escogerlos Pallaquear: de esto ha nacido la opinion, de que la Plata se cria con el tiempo, y que la piedra, ó tierras de la veta son el vehiculo en donde se fixan las semillas, que preparadas con las varias materias que contiene, se vá perfeccionando y creciendo: para ello suponen, que quando los abandonaron fue por no contener parte alguna de Plata, pues á no ser asi no las huvieran despreciado. Este dictamen pudiera tener la réplica, de que, en el tiempo que los abandonaron, los miraban de poco provecho, respecto de la mayor ley que tenia el Mineral que beneficiaban; pero es tan comun hallarse Plata, en razonable cantidad, en los Pallacos antiguos, que no está totalmente desnuda de fundamento la idéa, hallandose apoyada del exemplar de suceder lo mismo en las Minas de Azogue, y de experimentarse dentro de las mismas vetas que las que se abandonaron, por no sacar de ellas Plata alguna; vueltas á trabajar, despues de 60, ó mas años la dán, y tal vez con regular abundancia.

Corrobora lo antecedente, el que en tanto que la Mina mantiene señales de Plata, y que no falta dinero para sus gastos, no se abandona, subsistiendo la esperanza de encontrar la riqueza que se solicita; y asi quando estaba abundante no era regular hacerlo, y quando escaséa se aprovecha todo, con la consideracion de que aunque sea poco lo que rinda, siempre ayuda; con que no puede suponerse como cierto, que los Pallacos tuviesen Plata al tiempo que se extraxeron de la Mina, y que se desperdiciasen, por haber otros que rendian mas.

Quando se trabaja en vetas que no han declarado la Plata, ó quando la que rinden es poca, se procura Pallaquear, si se encuentran descombros en que hacerlo; y fuera de lo que contribuyen para los gastos, sirven los Piñones, y las piedras sobresalientes que se encuentran, para sostener el concepto con los Aviadores á quienes las presentan, en apoyo de las noticias que les dán sobre los progresos que se ván haciendo, y asi mantienen las esperanzas de que irá siempre en aumento: con estos convencimientos abren la mano, y franquéan caudal para llevar la obra á su perfeccion.

No hay satisfacion que iguale á la de un Aviador, ó dueño de Mina, que la hace trabajar por ínedio de Administrador, quando le presentan algun Piñon, ó Piña por premio de sus expendios, entregandole una, ó varias piedras donde se dexa vér la señal de la Plata en algun filamento. El gusto que en ello reciben, hace olvidar la memoria de quanto ha costado, que suele ser por cada marco, uno, ó varios miles de pesos. Esta complacencia, adquirida á tanta costa, dexa descansado el ánimo, no solo por la esperanza que confirma del logro total, sino por la circunstancia de vér el parto de la tierra en el metal precioso, cuyas señales, como principio del triunfo, las ponen con cuidado en el principal lugar de la casa donde esté patente á todos, y á quantos concurren se las muestran, para que ayuden á la celebridad y á los plácemes: entonces se repiten las relaciones, que el Minero, ó el Capatáz han hecho sin faltar señal alguna; y se embelesa la imaginacion, prometiendose vér multiplicadas las Piñas, á correspondencia de los deseos.