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Domingo 3.º de Pascua
9 de abril de 1978
Hechos: 2, 14.
22-28
1 Pedro 7, 17-21
Lucas 24, 13-35
Queridos hermanos:
EL AÑO LITÚRGICO
No es una paralela que va con el año civil, sino que diríamos, es como la hebra de oro que va engarzando nuestra historia concreta, nuestro año 1978. Por eso quisiera que tuviéramos muy presente el sentido, la mística, el mensaje que la Iglesia va dando domingo a domingo y que al escuchar a través de mi pobre palabra este mensaje divino, no se tenga en cuenta como decimos en la misa: «no te fijes en mis pecados sino en la fe de tu Iglesia». Deficiencias humanas puede haber, pero lo que interesa es que a pesar de las deficiencias humanas el mensaje está iluminando esta realidad; y si no ilumina nuestra realidad será una paralela que no se encuentra nunca con la vida. De allí que la homilía -y así se llama aunque se quieran reír de la palabra- ya es una palabra consagrada para explicar que el celebrante —123→ de la Misa tiene que aplicar las lecturas que se han hecho a la situación concreta de la asamblea que se reúne para decirles: esto no es consideración histórica, esto es realidad de nosotros hoy; esta palabra que se ha leído, aunque fue escrita hace muchos siglos, es palabra de un Dios eterno hablándole hoy aquí a sus salvadoreños reunidos en la Catedral o aglomerados en torno de un aparato de radio para reflexionar.
El Año Litúrgico se encuentra hoy como cuando el sol se encuentra al medio día, en su cenit. El tiempo pascual son siete semanas, los cincuenta días desde la resurrección de Cristo hasta Pentecostés, que quiere decir plenitud. Es la luz de la redención en su momento culminante, es el Misterio Pascual, es la luz del resucitado que no ha muerto, que vive en su Iglesia y que le está hablando a los que lo siguen hoy en 1978.
Hoy terminan los tres primeros domingos del tiempo pascual en que la Iglesia, como esposa embelesada en el recuerdo de su hermoso resucitado, recuerda pasajes históricos de esa revelación, de esa resurrección. Hoy se ha leído el pintoresco relato de Emáus que ustedes cantan en una canción de comunión: «Por la calzada de Emáus, un peregrino iba conmigo; no le conocí al caminar pero cuando partió el pan lo conocí; es él, que va conmigo». Desde el domingo siguiente, cuatro domingos todavía del tiempo pascual, van a tomar enfoques sintéticos como resúmenes del Cristo que vive.
EL DOMINGO DE LAS VOCACIONES
El domingo próximo es el Domingo del Buen Pastor; hermoso pensar que este Cristo que vive, me ama, me conoce por mi nombre como lo vamos a ver el próximo domingo. Sólo quiero adelantarles este detalle: que el Papa ha querido que el Domingo del Buen Pastor sea también el domingo de las «vocaciones». Y por eso, ya desde ahora se los aviso para que toda la semana sea de una intensa oración por las vocaciones.
El Papa expresamente ha dicho que no se trata de pedir limosna, se trata de despertar conciencia en el pueblo: el sacerdote, la religiosa, el seminarista, todas esas personas que inspiradas por un ideal de consagración a Dios lo buscan más de cerca al Señor, son personas que han recibido esa inspiración de Dios, de la vocación, y que el pueblo entero está comprometido a pedir para que no falten en su servicio, sacerdotes, religiosas, y gracias a Dios, seminarios como los de hoy, que se encuentran llenos de jóvenes buscando este anhelo sacerdotal. Mucha oración hermanos, la oración es la paga para comprarle -diríamos- a Dios esta gracia tan inmensa que se llama vocación. Y si jóvenes de ambos sexos sienten ese llamamiento, esa vocación a la vida consagrada, esta es una semana muy propicia para pensar mucho en esto.
—124→LAS LECTURAS LITÚRGICAS
Las lecturas primeras durante todo este tiempo pascual están tomadas del libro de los Hechos de los Apóstoles, ese momento precioso, histórico, en que la vida de Cristo, que ya terminó con la crucifixión en el Calvario, se ha convertido en una vida mística; es la Iglesia, es la historia de la Iglesia naciente. Lean mucho en esta temporada de Pascua los Hecho de los Apóstoles; sobre todo, leánlos en comunidad. Queridas Comunidades Eclesiales de Base, miren en los hechos de los Apóstoles la inspiración de esa vida eclesial de nuestro tiempo.
Y las segundas lecturas, que siempre es una carta de un apóstol, están tomadas de la I Carta de San Pedro, el testigo fidedigno, el que en esta mañana precisamente aparece en las dos lecturas anunciando al pueblo el gran «kerigma». Así se llama «kerigma», el anuncio, la noticia, la gran revelación, que Cristo murió bajo la maldad de los hombres pero que Dios convirtió ese crimen en redención de todos, porque lo resucitó y resucitado vive para salvación de todo el que crea en él. Este es el gran kerigma de la Iglesia, el gran anuncio que seguimos predicando como Pedro. Los predicadores, catequistas, celebradores de la palabra no tienen que salirse de esa gran noticia: que Cristo murió por nosotros y que Cristo resucitó para restaurarnos nuestra vida. Este es el mensaje.
HECHOS DE LA SEMANA
Y estos domingos tan iluminadores, tan consoladores, tan llenos de esperanza y de vida en el Cristo vivo que vive aquí en su Iglesia, El Salvador lo va pasando en la realidad de nuestra vida salvadoreña. Y aquí es donde, hermanos, mi palabra encuentra tantos obstáculos. No es que yo sea el poseedor de la única verdad, sería un loco si yo quisiera ser el poseedor de la verdad. Si quisiera que todos pensaran como yo. Gracias a Dios que tengo más apertura para buscar entre todos la verdad y recriminar cuando alguien quiere monopolizar un hecho y manipularlo a su gusto.
PROFESIÓN DE FE AL SANTO PADRE
Quiero hacer profesión de fe solemne en este momento de mi adhesión al Santo Padre. El Papa ha sido siempre para mí una iluminación y pienso morir fiel a él. También quiero profesar mi comunión con el cuerpo episcopal del mundo.
SOLIDARIDAD DEL CARDENAL HUME
Agradecer a obispos tan conspicuo, como el que en esta semana me manda un mensajero, y un mensaje especial, el Cardenal Arzobispo de Westminster, cardenal Hume; expresa su admiración, su cariño para esta —125→ Arquidiócesis e invita a su Pastor -cuando le sea posible- ir a hacer una visita a su sede de Inglaterra.
Muchas gracias por este inmenso dolor que manifiesta mi comunión con el episcopado universal, así como agradezco tantas muestras de solidaridad de queridos obispos de Centro América, del continente y hasta de Europa. Lo cual indica, pues, que el obispo de San Salvador, aunque no sea infalible porque no es el Papa ni posee toda la verdad, sin embargo solidario con su clero, con su pueblo, va peregrinando en busca de esa verdad. Y esta presencia de la Catedral llena y esa solidaridad de tantos aparatos de radio que ahora están anunciando allá sobre las plazas de los pueblos o de los cantones o de muchos grupitos que en torno de un radio están meditando y se quedarán después meditando esta palabra, me esta diciendo, hermanos, que esta palabra nunca se quedará sola sino que es una búsqueda sincera en comunión con mi pueblo de esa verdad. Y desde esa verdad que trato de predicar y de seguir, ilumino estos hechos para que no se dejen manipular solamente de una parte y hacer, en cuanto de la Iglesia nuestra depende, la justicia, la verdad, la voz de los que no se oyen.
CONSIDERACIONES SOBRE SAN PEDRO PERULAPÁN
En nuestra radio católica, en esta semana, el vicario del departamento de Cuscatlán relató la desolación que se nota al llegar a ciertos cantones de San Pedro Perulapán: «Campos abandonados cuando ya va llegando la hora de la siembra. ¿Quién los va a sembrar?», decía él. «Animalitos huyendo como sin dueños: cuches, gallinas, que han desaparecido sus dueños, andan huyendo bajo una -que ya es común llamar en esos lugares- guerra psicológica»: el temor se nota en muchos semblantes y dicen con dolor: «nos han robado, nos han matado, nos han herido». Humillados, algunos han salido de la cárcel narrando la crueldad de esos lugares; y, sobre todo, hermanos, al Pastor le duele. Ya tuvimos una reunión con los sacerdotes de aquel departamento. Nos duele, sobre todo, la siembra de la desunión y el espíritu de venganza que puede fermentar en estas circunstancias. Preguntaba el Vicario sobre una madre esposada «¿qué hijo la puede ver con indiferencia?».
Ojalá, y este es el trabajo que nos proponemos los sacerdotes en esa región, el ministerio de la reconciliación sea nuestro gran deber. Por eso me duele cuando la calumnia más burda contra mi palabra es que estoy sembrando odio. No tuviera oyentes tan nobles que me están escuchando si mi siembra de la palabra fuera siembra de rencor. No sería tampoco un loco para pretender que esta Catedral llena, salga de aquí en una manifestación de odio y de violencia. Al contrario, yo creo que el atractivo de la predicación de hoy es porque se predica el verdadero amor, el perdón, la justicia, la paz. Pero no una paz ganada con represión, una paz que no es de cementerios, una paz que se construye sólida sobre bases de justicia y —126→ de amor. Por eso decimos que la paz que aquí predicamos es la paz de Cristo de la que él dijo que siembra división. La paz verdadera también siembra división porque no todos comprenden la profundidad de justicia donde están las raíces de la paz y sólo quisieran una predicación muelle, suavecita, que no ofenda y que predique una falsa paz.
EL TRABAJO DE LA COMISIÓN DE SOLIDARIDAD
Ante esta situación, yo quiero anunciarles con alegría que nuestra Iglesia ha trabajado. Una comisión de solidaridad ha tomado muy en serio, sobre todo, dos aspectos, dos sub-comisiones en el Arzobispado. La una, para recoger testimonios y tratar de aportar algo a la verdad que todos tenemos que buscar; y segundo, la comisión de ayuda, recogiendo, haciendo propaganda, donativos, dinero, víveres, ropa, medicinas y luego buscando la manera de hacerlo llegar pronto al que lo tiene necesitado. En cuanto a la comisión de investigación se ha editado un boletín que no voy a quitarles el tiempo en leerlo, pero si alguno lo quiere se lo podemos proporcionar en el Arzobispado donde están recogiendo muchos informes, no a base de chismes o de terceras personas. Hemos reclamado que hablen lo que ellos vivieron, lo que ellos han sentido y visto; y allí tenemos, hermanos, un resumen tremendo de unos 68 desaparecidos, 6 muertos, 4 de ellos decapitados, 14 heridos.
El boletín saca sus conclusiones que yo tampoco las voy a leer porque coinciden con el pensamiento que muchas veces he relatado aquí en esta cátedra: que mientras no haya un orden justo siempre estará sembrado de discordias el ambiente y así tendremos que no hay raíces de justicia y, por tanto, tendrá que haber frutos de violencia.
DECLARACIONES DEL PRESIDENTE DEL CONSEJO CENTRAL DE ELECCIONES
Yo traía para leerles, y es una esperanza, que el Presidente del Concejo Central de Elecciones, al entregar las credenciales a los diputados nuevos, les dice que piensen en unas legislaciones más modernas, que vean, sobre todo, la situación del campesinado. Ojalá estos bellos augurios no sean simples promesas sino que de verdad tengamos entre los nuevos legisladores de la Patria, gente más comprensiva de que no es con leyes represivas con que se intenta justificar tanta crueldad como se va a hacer el verdadero progreso de la Patria sino leyes, como les dijo el Presidente del Consejo Central de Elecciones a los nuevos diputados, leyes que correspondan y que inspiren instituciones y relaciones entre los que tienen el capital y los que producen el trabajo. ¡Magnífico!, eso es lo que hemos clamado siempre: una justicia, unas leyes que sean cauces donde las inquietudes políticas del pueblo y de los hombres encuentren su expresión y no sean tenidas como clandestinas para ser reprimidas tan brutalmente. Si se reprimen, —127→ denle cauces por donde salir legítimamente para que todos, principalmente jóvenes y gente experimentada, sepan aportar lo mucho que cada salvadoreño puede para el bien de nuestra patria.
SOBRE LA COMISIÓN DE ABOGADOS Y BACHILLERES
En el orden también de felicitación quiero agradecer mucho y felicitar a la Comisión de abogados, diez abogados y siete estudiantes de Derecho que han tomado en serio la solicitud de una amnistía. Ya presentaron -como vieron en el periódico- su solicitud a la Asamblea. Y a este grupo de abogados y de bachilleres yo les diré que es una esperanza para nuestro pueblo. Ojalá que sean nobles como verdaderos hombres del Derecho. Yo espero mucho de ellos y los animo en el nombre del Señor y del pueblo, que sepan hacer justicia y que todos sus conocimientos legales no sean para establecer legalmente atropellos sino para legalizar posiciones que caminen hacia la justicia y que sepan ser lo que dice la Biblia: defensores del pobre, del desposeído, del que no tiene voz.
VIDA DE LAS COMUNIDADES
Desde nuestra Iglesia tenemos que lamentar el atropello a la iglesia de Monte San Juan y a su querido párroco el padre Toñito Alfaro. Que sepan que estamos plenamente con ellos en esta hora de prueba.
Quiero agradecer la acogida que me dieron en esta semana las comunidades de San Juan Opico a donde fui a dejar su nuevo Párroco, el padre Jorge Salinas.
La comunidad de San Rafael Cedros, cuyo párroco el padre Leopoldo Deras, tuvo la bondad de invitarme a un grupo de confirmación que había preparado y darme una acogida inesperada de pueblo y de escuelas en aquella hermosa iglesia.
Y el Dulce Nombre de María, un pueblecito pintoresco allá en Chalatenango, también me dio una acogida muy fervorosa. Allá están las Hermanas Oblatas del Sagrado Corazón adonde llegaron también las Carmelitas Misioneras de la Laguna. Y las dos comunidades compartieron un diálogo con su Pastor estudiando los problemas pastorales de aquella región.
Les anuncio también con alegría que en esta semana ha quedado erigida la nueva parroquia en la Col. Miralvalle. Va a ser dedicada a Nuestra Señora de la Presentación; la bonita imagen que tenemos aquí, la primera imagen de María que se veneró en El Salvador, que estaba en la iglesia de San José y cuando se quemó la hemos traído aquí y la llevaremos procesionalmente cuando esté la iglesia de la Colonia Miralvalle para que —128→ sea la patrona y el símbolo del cariño de un pueblo que nació para ser de María, y por María, de Cristo.
Los PP. Agustinos han sido encargados de esta nueva parroquia, así como la colonia Miramonte está también a su cargo. Les agradecemos y los felicitamos por su trabajo pastoral.
Quiero agradecer también como un gesto de comunión, la visita que me hicieron los PP. Paulinos de Centro América, reunidos aquí de las cinco repúblicas y de Panamá. Fueron a manifestarme su solidaridad y a decirme que estaban plenamente de acuerdo con esta pastoral de nuestra Arquidiócesis.
EL MINISTERIO PASCUAL
Y todo eso, queridos hermanos, en un marco pascual que yo quisiera que fuera como el núcleo doctrinal. Me alegro mucho cuando otros que no quieren llamarla homilía, me la llaman catequesis. Me da mucho gusto sentirme catequista de la Diócesis. He aquí la catequesis de esta mañana, la llamaremos: «El Misterio Pascual», porque todas las lecturas de hoy son un enfoque precioso del ministerio pascual. El Concilio Vaticano II no se entendería si no se tiene una idea de lo que es el ministerio pascual que le ha dado origen y le da estilo a la Iglesia de todos los tiempos. La Iglesia no es más que una mensajera del Misterio Pascual.
1.º ¿QUÉ ES EL MISTERIO PASCUAL?
El Concilio lo define así: «Cristo Señor llevó a cabo la obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios que prefiguraron los prodigios del pueblo del Antiguo Testamento. Esta obra, Cristo la llevó a cabo principalmente por el Misterio Pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión. Por este Misterio Pascual, muriendo, destruyó nuestra muerte y resucitando reparó la vida, pues del costado de Cristo dormido en la Cruz nació el admirable sacramento de toda la Iglesia».
¡Qué precioso texto! Me parece que es el resumen de las tres lecturas de hoy. Y si comprendemos un poquito el Misterio Pascual, hermanos, tendremos también cariño y gusto para venir a Misa todos los domingos y celebrar la Semana Santa como una fiesta pascual. Son los dos focos pascuales de la Iglesia: la misión dominical y la fiesta de Pascua que estamos celebrando durante cincuenta días, desde la resurrección de Cristo el sábado Santo en la noche, hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Cincuenta días en que la Iglesia considera un solo domingo, una sola gran fiesta, la fiesta del misterio, de la bienaventurada pasión y muerte, de la gloriosa resurrección y ascensión de Cristo a los cielos.
—129→Estos dos aspectos de Cristo: sufriendo y muriendo para destruir nuestra muerte y nuestros pecados, y resucitando y subiendo al cielo para restituirnos la vida y abrirnos las puertas de la esperanza, eso es lo que llamamos el Misterio Pascual.
¿POR QUÉ LO LLAMAMOS MISTERIO PASCUAL?
Porque esta obra la realizó Cristo en un ambiente de Pascua. Fíjense bien cómo fue una Pascua la que Cristo llamó: «su hora». «Se acerca mi hora, la hora en que el Hijo del Hombre será glorificado», «la Pascua». Y cuando llegó la hora, manda a sus discípulos a preparar la Pascua en Jerusalén.
En segundo lugar se llama pascual este misterio de Cristo porque Cristo en aquella cena y desde que Juan Bautista lo presentó al mundo, lo llamó el Cordero Pascual. Ese es el cordero que se inmola en la Pascua y que los israelitas comen para significar su protección de Dios, su sacrificio a Dios. Aquel Jueves Santo, cuando todas las familias hebreas comían el cordero pascual, Cristo también con sus discípulos comía un corderito pero él estaba pensando que ese cordero ya iba a terminar su misión: «Mañana Viernes Santo seré yo, colgado en una cruz, el cordero sangriento que quita los pecados del mundo». ¡Cordero Pascual!
En tercer lugar se llama este misterio de la redención; y Misterio Pascual, porque aquella cena del Jueves Santo sirvió a Cristo para empalmar la Pascua del Viejo Testamento con la Pascua de los cristianos. Hoy, por ejemplo, estamos celebrando la misa; ese altar es el altar de la pascua donde se inmola el cuerpo y la sangre del Señor. El es el cordero; y yo cuando tenga el honor de enseñárselos en la hostia les voy a decir: «Este es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo». «Tomad y comed -dice Cristo-». Esta es la Pascua en la cual se inmola con la sangre divina el cordero que quita los pecados del mundo.
Y la Eucaristía quedará, hermanos, tanto como misa, como sagrario, como procesión de Corpus, como visita al Santísimo. Todo ese culto precioso que nuestra Iglesia tributa a la hostia consagrada, es el amor de la esposa que ha recibido en herencia de su esposo desaparecido, pero que aparecerá. El gran regalo de su pascua es la Eucaristía. Por eso venir a misa es ser agradecidos, venir a misa es sentirse el Israel espiritual, venir a misa es sentarse con Cristo en los bancos de la última cena y prolongarla hasta este domingo de 1978.
La misa de cada domingo, la misa de nuestros difuntos, la misa de la primera comunión, la misa del matrimonio, la misa para pedir luz y consuelo al Señor, es el sacrificio de Cristo, es la cena del Señor haciéndose Pascua en todas las circunstancias de la vida. Y por eso el Concilio aconseja —130→ que a las misas de difuntos no se les dé este tono tétrico, sombrío, como si todo se ha acabado, sino que tenga un sentido pascual. La misa del difunto ahora hasta se presenta en ornamentos blancos y hasta se cantan aleluyas, porque aunque esté llorando la familia doliente estas lágrimas se iluminan con la Pascua de Cristo.
2.º LA PASCUA DEL VIEJO TESTAMENTO, LA PASCUA QUE CRISTO RECOGIÓ
¿Qué es la Pascua? Para comprender esa pascua que Cristo quiso traer como herencia para entregarla con su propia redención al pueblo cristiano, remontémonos hermanos. Y este es mi segundo pensamiento: la Pascua del Viejo Testamento, la Pascua que Cristo recogió.
Los historiadores encuentran que la pascua de los judíos tiene un origen natural más antiguo al pueblo de Israel. Posiblemente es una fiesta en una noche de plenilunio del equinoccio de primavera. Esta luna llena de la Semana Santa servía a los pastores para cantar su alegría de que ya estaban pasando los fríos del invierno y ya venía la primavera. Pascua significa paso, el paso del invierno a la primavera; se celebraba con una noche del plenilunio porque en la primavera ya vamos a emigrar del desierto a las tierras donde hay pasto.
También, cuando ya la era de agricultores prevalecía en Israel, se recogió otra fiesta junto con la Pascua que la llamaban la fiesta de los ázimos y que Cristo también la celebraba; la fiesta en que los agricultores recogían la cosecha de trigo; y para significar el paso de la cosecha vieja a la cosecha nueva se comía pan sin levadura, que no participara el viejo pan, la vieja cosecha, sino que fuera todo nuevo para darle gracias a Dios por el trigo nuevo. Este es el origen de los ázimos, el paso de lo viejo a lo nuevo, paso de la vieja cosecha a la nueva cosecha.
Entonces este concepto de pascua, de paso, fue lo que asumió Israel naciente en Egipto, cuando Dios revela al pueblo perseguido y oprimido que esa noche, también de un plenilunio de primavera, pasará Dios con su ángel y las puertas que estén marcadas con la sangre del cordero que van a comer las familias israelitas no van a perecer, pero aquellas puertas de los egipcios que están sin esa protección de la sangre, verán con angustia que todos sus primogénitos van a morir. Y aquella noche del exterminio pasó Dios, la pascua de Dios, el paso de Dios. ¡Qué terrible el paso de la justicia de Dios para poner en su puesto a un pueblo opresor, ingrato con los peregrinos de Israel! Todos los primogénitos de Israel murieron. En cambio, las familias marcadas con la sangre del cordero comían su pascua vestidos ya de peregrinos porque aquella noche comenzó el éxodo. La pascua es éxodo, salida, salir ya del pueblo que los tiene cautivos y esclavos «para una tierra que yo les mostraré». Y salieron. «Esa noche se celebrará -les —131→ mandó decir Moisés- todos los años de la historia».
Significaba, pues, una noche de liberación: el paso de la esclavitud a la libertad, el paso de la opresión a una tierra de promisión, el paso también del mar rojo que iba a confirmar con un milagro estupendo donde pasaba el pueblo de Israel y donde quedaba sepultado el ejército de los egipcios; el paso se celebró cuando el pueblo peregrino llegaba por Guilgal el primer sacrificio en la tierra prometida. ¡Qué alegría, qué gratitud! La pascua desde entonces se comenzó a celebrar año con año como una fiesta de independencia, como una fiesta del paso de esclavitud a salvación, una fiesta de vida, una fiesta en que se reconocía al Salvador-Dios por medio de un instrumento que era Moisés. Era una fiesta de agradecimiento a la que se fueron uniendo otros elementos bíblicos, por ejemplo: la creación del hombre, la alianza, el sacrificio de Isaac.
Todo esto venía enriqueciendo como un río que nació pequeñito y que llega torrencial a la plenitud de los tiempos. Cuando Cristo celebró su Pascua con sus discípulos, era toda esa historia la que venía. Y ahora comprendemos el sentido de nuestras lecturas de hoy. La Pascua cristiana, la Pascua que Cristo celebró asumiendo todos esos viejos símbolos del Viejo Testamento para llenarlos de la realidad redentora que él iba a realizar con su muerte, con su resurrección y con su ascensión a los cielos.
La pascua es ese misterio de Cristo porque en ese Cristo muerto por nosotros, resucitado por nosotros, viviente por nosotros, eternamente, nosotros vemos el estilo de nuestra Iglesia. No comprenderá a su Iglesia el católico que no tiene ideas del Misterio Pascual. Por eso he querido que en el ámbito de esta Pascua de 1978, vivida en El Salvador muy parecida a los israelitas de Egipto, recordemos que Dios va con nosotros.
3.º EL SIGNIFICADO PARA LOS CRISTIANOS DE LA PASCUA QUE CRISTO NOS DEJÓ
¿Qué significa para los cristianos la pascua que Cristo nos dejó? Y este es mi tercero y último pensamiento. La Pascua cristiana tiene estas cuatro características: 1) Una pascua que es causa de nuestra salvación, una pascua liberadora; 2) Una pascua sacramental, signos que ahora encierran y ocultan realidades divinas que no vemos, eso es lo sacramental; 3) Pascua eclesial, pascua comunitaria, pascua que no la tiene que vivir individualmente cada hombre sino en pueblo, en común, y 4) Pascua escatológica, pascua de esperanza.
¿Qué quiere decir? Es lo que nos dice hoy en la primera lectura San Pedro predicando su primer sermón del cristianismo: «Rompiendo las ataduras de la muerte». O cuando dice en su epístola de hoy: «Os rescataron». ¿Y de qué nos rescataron? Nos rescataron de un proceder. «Ya sabéis con —132→ qué os rescataron -dice la epístola en el versículo 18- de ese proceder inútil recibido de vuestros padres. No con bienes efímeros: con oro o plata, sino a precio de sangre de Cristo». ¡Esta es la redención, un rescate que no se compra con oro ni plata!
Por eso, ahora fijémonos en el evangelio. En el versículo 21 decían los discípulos desengañados, desilusionados que iban para Emáus en la tarde de Pascua: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel y ya ves, hace dos días que sucedió esto». Esta es la desilusión cuando se buscan liberaciones temporales. Hermanos, yo quiero insistir mucho en esto porque me están acusando que yo predico una liberación revolucionaria de la tierra. Nadie cree esa tontera, pero yo quiero afianzar una vez más que la liberación que yo predico no es esta que llevaba desilusionados a los discípulos de Emáus. Los mismos apóstoles, cuando iban acompañando a Cristo para su ascensión le preguntan: «¿Señor, ya vas a liberar a Israel?». Era una esperanza política, una esperanza de tierra, una esperanza miope, sin horizontes. Es la esperanza que tienen muchos movimientos liberadores de nuestro tiempo, los que no esperan con la esperanza cristiana sino que creen que lo van a resolver todo a fuerza de violencia, de odios, de luchas de clase. Esa no es la liberación de Cristo, esa no puede ser la liberación de la Iglesia.
A estos discípulos que iban con esa ilusión tronchada, Cristo les dice: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas!». Un cristiano no puede olvidar que la verdadera pascua que él celebra todos los domingos en su misa, que la verdadera esperanza que él como cristiano abriga en su corazón, es una liberación del pecado, una liberación que nos hace verdaderamente romper las cadenas que nos atan íntimamente y que nos aseguran romper también las cadenas de la muerte y del infierno y tener la santa libertad que tienen los hijos de Dios. No hay hombre más libre que el que se ha liberado del pecado, del temor de la muerte y del infierno porque sabe que ama a Dios y sigue a Cristo que está vivo y que le dará la verdadera liberación.
La verdadera liberación es la que Cristo comenzó a analizarles a los discípulos de Emáus: «¿No era necesario -les pregunta- que el Mesías padeciera todo eso y así entrara en su gloria. Y comenzando por Moisés y siguiendo con los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la escritura».
La redención, la liberación que la Iglesia predica y espera, no es una liberación que desilusiona. Aun cuando las cosas salgan mal, aun cuando haya que morir en una cruz, aun cuando haya que ser torturado y muerto en la indignidad de quienes no quieren el grito de la verdadera liberación, son episodios de la guerra de Cristo salvando al mundo. No olvidemos, —133→ hermanos, que la redención todavía se está haciendo y por eso morimos, por eso hay cementerios. Si Cristo triunfó de la muerte ¿por qué mueren los hombres? Por eso, porque no está terminada la redención. Y San Pablo ya dice: «La última enemiga de Cristo en ser vencida será la muerte». Esto que nos ha dicho San Pedro en su epístola de hoy, el cordero que fue inmolado... Cuando se está construyendo un edificio, no queremos desilusionarnos al ver allí andamios, materiales revueltos. ¡Se está construyendo! El día de la inauguración quitaremos andamios, barreremos bien y veremos qué construcción más hermosa. Así es la liberación de Cristo: se está trabajando ahora, por eso hay escombros de muerte, por eso hay andamiajes imperfectos, por eso hay hasta en la misma Iglesia, pecado y deficiencia, porque no es todavía la Iglesia triunfante del cielo, es la que se construye todavía entre hombres pecadores, envidiosos, mezquinos, como somos todos los hombres. Se está trabajando la redención.
Por eso, no queremos esperar un paraíso, una redención que la vamos a hacer sólo con brazos humanos, sólo con ideologías de la tierra. La Iglesia no puede ser comunista, la Iglesia no puede ser liberadora de liberaciones terrenales solamente. Las inspira, sí, porque ella lleva una esperanza que es la fuerza que puede dar eficacia a todas las liberaciones si se quieren hacer cristianas.
UNA PASCUA SACRAMENTAL
Decimos que la pascua nuestra es una pascua sacramental. Es decir ¿qué es un sacramento? Sacramento -ya les di la definición una vez- es una señal sensible que oculta una gracia invisible. Vamos a recibir la comunión, un sacramento, siento sabor de pan pero mi fe descubre que en ese signo del pan está presente Cristo. Yo voy a levantar una hostia de pan pero ya convertida en Cuerpo de Cristo y todos la adoramos porque sabemos que está oculto sacramentalmente en el signo del pan y del vino la presencia misma de nuestro Señor Jesucristo. Esto quiere decir, hermanos, que toda aquella fuerza liberadora de Cristo en el Calvario, resucitando y subiendo al cielo, está con esta Iglesia. Ya les leí al principio el precioso pensamiento del Concilio cuando dice que «del costado de Cristo dormido nació el admirable sacramento de la Iglesia».
La Iglesia es un gran sacramento, es la presencia de Cristo en el mundo. Ustedes, hermanos, yo, seamos santos, transparentemos la presencia de Cristo liberador en el mundo. Esto es ser sacramento. Sacramento, también, porque en cada sacramento que la Iglesia da, es Cristo que va presente con su fuerza, con su vida divina; quiere decir que el cielo ya está en esta tierra, que el reino de los cielos ya está en medio de vosotros. Todo aquel que cree en la vida sacramental de la Iglesia, todo aquel que lleva a bautizar un niño, el que confiesa para perdón de sus pecados sus propias culpas, todo aquel que viene a misa con una fe y una esperanza de apoyar —134→ en Cristo sus problemas, siente que Cristo resucitado y glorioso vive aquí en esta Iglesia, sigue perdonando, sigue triunfando en la muerte, está trabajando la gran liberación de los hombres.
El pasaje del evangelio es típico, hermanos. Cristo va caminando con los discípulos camino de Emáus y -diríamos bromeando- como que les va tomando el pelo. «Sólo Ud -le dicen- no sabe lo que ha pasado en Jerusalén. Qué raro, si todo mundo habla». «¿De quién?», les dice Cristo haciéndose el ignorante. «De Jesús de Nazaret que era grande profeta. Había anunciado que iba a librar a Israel, pero ya ve, son tres días, ya se tronchó toda la esperanza. Es cierto que unas mujeres andan diciendo por allí que lo han visto resucitado, pero a él no lo han visto». ¡Este es el cálculo humano cuando perdemos de vista la presencia de Cristo escondido en aquel peregrino! Y por eso, cuando llegan al castillo de Emáus, el peregrino les dice: «muchas gracias por su compañía, yo sigo adelante». Y le dicen: «quédate con nosotros Señor, ¿no ves que ya es muy tarde?». Se los había ganado. Y cuando prepararon su cenita y se sentaron a cenar, Jesús debió hacer un gesto tan divino al partir el pan, lo conocieron; pero cuando lo conocieron, desapareció. Y entonces el comentario: «¿Qué no ardía nuestro corazón cuando íbamos con él y nos iba platicando por el camino? Corramos a avisar a los once». Y corrieron a Jerusalén a juntarse en comunidad.
Esto es el sacramento. Por eso, hermanos, estamos haciendo conciencia de que los sacramentos hay que recibirlos con más conocimiento. No vale traer un niño a confirmación sin saber lo que va a recibir. O hacer una fiesta de bautismo sólo por la fiesta y no saber qué es el sacramento. Va pasando Cristo disfrazado de peregrino y no lo conocemos, como aquella bonita canción: «Soy el Señor y no me conocéis, soy vuestro Dios que está presente en la misa de domingo y os aburre mi misa». Esto es la causa por qué no somos católicos ni participamos los sacramentos, porque como los peregrinos de Emáus vamos con él y no lo conocemos. Sólo al partir el pan, ahora sí, lo conocí. Conozcámoslo, hermanos, no es necesario verlo. «¡Bienaventurado el que sin ver cree!», le dijo el domingo pasado Cristo a Tomás y ahora les da la lección a estos dos discípulos desapareciendo cuando ya lo conocieron. No le gusta ser visible mientras dure esta vida que debe de ser de fe y de esperanza.
UNA PASCUA COMUNITARIA
Y por eso, hermanos, una tercera nota de nuestra pascua es que es comunitaria. Desde Moisés mandó: «mate cada familia un cordero y si la familia es chiquita llame a vecinos y entre varios vecinos coma la Pascua». De allí que era una fiesta de familia que se llegó a hacer una fiesta de patria, de tal manera que para la pascua -aun ahora- los judíos de distintos puntos del mundo procuran estar en Jerusalén, en Israel, para celebrar con sentido patriótico la Pascua. Como si nosotros el 15 de septiembre procuráramos —135→ venir de donde estemos para celebrar comunitariamente la fiesta de nuestra independencia.
Pues este sentido comunitario es el que yo veo desde el principio de la lectura primera cuando dice Pedro con los once. Miren hermanos como Pedro, el Papa, con los once, con el cuerpo episcopal, mientras un apóstol esté unido con Pedro está significando comunión. El Obispo de ustedes, hermanos, está en comunión con Pedro que hoy se llama Pablo VI. Bien recuerdo aquellas palabras que me dieron tanto ánimo el año pasado: «¡Animo, ánimo -me dijo el Papa- Ud. es el que manda!». Y no puedo olvidar, pues, que en la presencia de mi comunión con el Papa está también el secreto de mi palabra y de mi orientación a mi pueblo; el día en que el Papa me desconozca, no esté de acuerdo con lo que yo predico o hago, me lo hará ver. Y entonces les diré con toda humildad: «hermanos, perdónenme, los estuve engañando, yo me retiro, que venga otro de más confianza del Santo Padre». Pero mientras tanto, Pedro y los once, y yo estoy entre esos once, porque ahora ya no son once, son como dos mil y pico de obispos que estuvieron en un Concilio y que siguen gobernando la Iglesia en toda la faz de la tierra, que están en comunión con el episcopado mundial, es la que da este sentido de comunión de Iglesia.
Por eso, hermanos, también sientan la Pascua como una familia, sientan su misa del domingo así como están ahora. Yo quizás abuso de la bondad de ustedes al prolongarme tanto pero cuando yo los miro a Uds., tan fieles y contentos sentados en esas bancas para la misa del domingo, como que fuera una sola familia de Dios, escuchando a través de su humilde mensajero el mensaje del Padre, y cuando como ayer que anduve allá por Dulce Nombre de María y me decían gentes humildes de los campos cómo escuchan esta palabra y les sirve de consuelo, de esperanza, de aliento, me venían ganas hasta de llorar y decir como Cristo: «Te doy gracias Padre porque ocultas estas cosas a los orgullosos y soberbios del mundo y las revelas a los pobrecitos. Te doy gracias porque me das garganta y voz, porque pones a mi disposición una radio que ojalá se conserve para consuelo de tanta gente». Esto, hermanos, es la comunión. Vivimos esa comunión en el humilde regalo del campesino. Allá en Dulce Nombre de María me regalaron los primeros potajes, me regalaron una mantilla tejida para mí. ¿Quién no va a agradecer estos gestos bondadosos de nuestra gente sencilla para sentir que está en comunión con su Pastor? ¡Gracias por manifestarme tantas veces esa comunión! Y sin comunión no hay Iglesia. Y la Pascua tiene que ser esta Iglesia. La verdadera Iglesia vive la comunión pascual.
PASCUA ESCATOLÓGICA
Y finalmente, hermanos, la pascua de los cristianos es una pascua escatológica. Es escatológico el acontecer, la salvación final, al final de los —136→ tiempos. San Pedro nos ha dicho hoy que Cristo era el cordero previsto desde antes de la creación y que vendrá manifestado al final de los tiempos. Entre ese cordero anunciado antes de los tiempos y que vendrá como Juez de la historia al final de los tiempos, esta la historia que vamos tejiendo. Por eso los hombres de la historia tienen que partir de aquel cordero que vivió antes de la historia y que está como meta de la historia. No perdamos de vista esa perspectiva cuando luchamos por un mejoramiento sin horizontes escatológicos, que estamos perdiendo la visual.
Cuando tenemos fe y esperanza en ese Cristo que ha de volver, en ese más allá que está después de nuestros fracasos y de nuestra muerte y de nuestras dificultades, mientras tengamos presente ese horizonte, es la Iglesia de la Pascua, la Iglesia de la Esperanza. Y el evangelio nos dice también este sentido escatológico: ¡necios, insensatos!, ¿qué no convenía padecer todo eso y después entrar en la gloria? Hay que padecer y no deben de asustarnos ni escandalizarnos los dolores, los fracasos inesperados. Cuántas veces oímos llorar junto a un ser querido a la familia, casi blasfemando: «si Dios ama ¿por qué me lo quitó?». Dios te ama y por eso te lo quitó porque ya te lo adelanta y allá te quiere encontrar con él. Y el que lucha por la liberación y ve que fracasan sus esfuerzos, le viene la tentación: «esto no se arregla con esperanza cristiana, hay que coger la violencia». ¡Mentira, Dios es paciente porque es eterno, espera con él el cielo definitivo, el triunfo definitivo, la verdadera pascua!
Por eso, hermanos, me dio risa cuando en un periódico interpretaban esta predicación mía como si fuera una subversión a la democracia y que yo estoy proponiendo un socialismo. ¡Qué tontera! Si la Iglesia no puede proponer ningún sistema, la Iglesia no tiene sistemas sociales, la Iglesia no tiene partidos políticos, la Iglesia da una inspiración de esperanza, un sentido escatológico a la historia y manda a sus hijos, que son ustedes que viven en el mundo y tienen que hacer el mundo, a construir según sus propios criterios una democracia más perfecta, un sistema social más justo. ¡A Uds., les toca hacerlos!
Ya bastante tenemos en la Iglesia con recordar esta esperanza cristiana que será siempre la crítica de todos los sistemas. Y por eso los critica, porque desde una perspectiva del eterno sistema de la felicidad eterna va diciendo a cada sistema histórico: eso no está bueno, eso es injusto, eso es mejor de otro modo, eso. Porque ilumina desde la perspectiva de la esperanza la realidad de la tierra. Y esa es la misión de la Iglesia.
PENSAMIENTO QUE NOS LLEVA AL ALTAR
Hermanos, celebremos nuestra Eucaristía de hoy, verdadero sacramento de la Pascua, y yo quiero terminar leyendo estas palabras que San Pedro dirigió a la primera muchedumbre cristiana que escuchaba y les decía: «Dios —137→ lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio pues David dice: «tengo siempre presente al Señor -esta es la bonita plegaria del cristiano- con él a mi derecha no vacilaré por eso, se me alegra el corazón, exalta mi lengua y mi carne descansa esperanzada porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia». ¡Qué bella la esperanza cristiana! Aun cuando estemos atormentados por la peor de las torturas, poderle decir al Señor: tú vas a mi derecha, tú no dejarás que mi vida perezca. ¡Animo, hermanos, y con esta esperanza y esta fe pascuales, proclamemos ahora nuestra profesión de fe!
Creemos en un sólo Dios...
—138→
Domingo 4.º de Pascua
16 de abril de 1978
Hechos 2, 14a.
36-41
Pedro 2, 20b-25
Juan 10, 1-10
Queridos hermanos:
Este domingo es el cuarto Domingo de Pascua. Ya saben que son siete los domingos pascuales y todos constituyen una unidad: la proclamación solemne de Cristo vivo que no morirá más, despertando en el pueblo un sentido de confianza, de fe, de magnanimidad. Entre los domingos de pascua, los primeros tres nos narraban episodios de las apariciones de Cristo resucitado, este cuarto domingo viene a ofrecernos como una síntesis preciosísima la figura de Cristo, Buen Pastor. Por eso se llama este domingo, el Domingo del Buen Pastor.
Por eso, el Papa Pablo VI, desde hace 15 años, ha querido que este Domingo del Buen Pastor sea también el domingo de oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Tenemos, pues, motivos muy poderosos para que nuestra plegaria eucaristía de este domingo sea verdaderamente un domingo de oración, intensa oración, abrirnos a la esperanza, a la fe de esta Iglesia que ahora prolonga la figura del Buen Pastor gracias a los —139→ pastores, a las almas consagradas a él, que lo van haciendo presente en formas tan diversas en el mundo.
Por eso, las ideas de mi homilía tiene que engarzar todo esto. Yo presentaría estas tres ideas:
1.º) Las circunstancias en que se proclama la resurrección de Cristo. (Hay que tenerlas muy en cuenta que el evangelio de Cristo resucitado sea el que ilumine nuestra historia).
2.º) Ese mensaje de Cristo resucitado se presenta hoy bajo la figura de un pastor. (Hoy esta es la imagen que debemos de llevar a nuestros hogares, a nuestra sociedad, a nuestro ambiente: Cristo es el Buen Pastor, vive hoy como un pastor que ama a sus grey).
3.º) Nosotros somos esa grey, el mensaje se dirige al pueblo como una vocación, un llamamiento (y allí encontraremos pues, el mensaje del Papa en este año, a las vocaciones).
1.º) LAS CIRCUNSTANCIAS EN QUE SE PROCLAMA LA RESURRECCIÓN DE CRISTO
a) ANUNCIO Y DENUNCIA DE LA PROCLAMACIÓN DEL MENSAJE CRISTIANO
La primera idea es esta: el mensaje cristiano se pronuncia ante circunstancias concretas. Y esto no es una modalidad de nuestros días, la homilía, cabalmente eso significa. Homilía quiere decir el sermón sencillo del pastor que celebra la palabra de Dios para decirle a los que la están reflexionando que esa palabra de Dios no es una palabra abstracta, etérea, sino que es una palabra que se encarna en la realidad en que vive esa asamblea que está meditando.
CRISTO HA RESUCITADO. UDS. LO MATARON
Y traigo esto -aunque todos los domingos lo recuerdo- porque hoy noto yo en las tres lecturas, cabalmente eso: que tanto el sermón de Pedro, el primer sermón cristiano, acaba de bajar el Espíritu Santo y Pedro se asoma a la puerta del cenáculo y predica y convierte ya a los primeros tres mil, ese primer sermón, que es una pauta de la predicación, no prescinde de las circunstancias, anuncia el gran mensaje: Cristo ha resucitado para esperanza y perdón de los que lo siguen.
Pero en su sermón, Pedro, junto con estas maravillas de la redención cristiana que anuncia, denuncia el gran pecado de los hombres: «¡Ustedes lo mataron!». Y tanto, que nos dice hoy la lectura: «Los corazones de aquellos —140→ hombres se sintieron conmovidos. ¿Qué haremos hermanos?». Eso quiere la Iglesia: inquietar las conciencias, provocar crisis en la hora que vive. Una Iglesia que no provoca crisis, un evangelio que no inquieta, una palabra de Dios que no levanta roncha -como decimos vulgarmente-, una palabra de Dios que no toca el pecado concreto de la sociedad en que está anunciándose, ¿qué evangelio es ese? Consideraciones piadosas muy bonitas que no molestan a nadie, y así quisieran muchos que fuera la predicación. Y aquellos predicadores que, por no molestarse, por no tener conflictos y dificultades, evitan toda cosa espinosa, no iluminan la realidad en que se vive, no tienen el valor de Pedro de decirle a aquella turba donde están todavía las manos manchadas de sangre que mataron a Cristo: «¡Ustedes lo mataron!». Aunque le iba a costar también la vida por esta denuncia, la proclama. Es el evangelio valiente, es la buena nueva del que vino a quitar los pecados del mundo.
CRISTO HUMILDE ES LLEVADO AL MATADERO. LA CAUSA: EL PECADO Y DESCARRÍO DE LOS HOMBRES
Tienen, por ejemplo, en la segunda lectura, donde anuncia las maravillas de Cristo humilde, que como oveja es llevado al matadero. Sin embargo, Pedro, en esa primera carta denuncia que la causa de esa muerte ha sido el pecado y denuncia el descarrío de los hombres, se alegra de los que ya vinieron de sus malos caminos y están formando la comunidad de Cristo, aquí entre nosotros, hermanos, somos pecadores, yo el primero. He ofendido al Señor. Pero gracias a Dios escuchamos un día su llamamiento que señaló nuestro pecado y en vez de ensoberbecernos y enconcharnos en nuestro orgullo y calumniar a la Iglesia porque me molesta, acepto mejor ese mensaje.
Aquel día, esta oveja descarriada que fui yo, que pudo ser cada uno de ustedes, humildemente se acercó al Señor y le pidió perdón, gracias a que una palabra que me reprendió, gracias a que hubo alguien que me echó en cara que no debía de ser así. Este es el papel de la Iglesia: no prescindir de las circunstancias y decirle a los hombres su propio pecado para que se arrepientan.
YO SOY LA PUERTA. EL QUE ENTRA POR OTRO LADO ES BANDIDO
Y, sobre todo, hermanos, el evangelio. ¡Qué palabra más valiente la de Cristo! Está usando la comparación: «Yo soy la puerta, sólo por la puerta entran los legítimos dueños del rebaño. El que salta por otro lado es ladrón, es bandido». Miren cómo en las palabras de Cristo, de quien esperamos siempre amor, dulzura, cuando es necesario coge el látigo y fustiga a los ladrones, a los bandidos y les dice: ¡el que no es pastor sólo entra para matar, para robar, para maltratar! El látigo de Cristo está dando duro a todos estos atropellos de su tiempo. Él siente que la sinagoga ha perdido —141→ su sentido de ser representación de la misericordia de Dios y los pastores de Israel, ya denunciados por los profetas, en tiempo de Cristo también se han convertido en malos pastores.
El episodio de esta comparación del Buen Pastor está poco después de aquel episodio del cieguito de nacimiento a quien los fariseos, en vez de alegrarse porque se había salvado de la vista, lo excomulgaron: «porque te dejaste operar en sábado». Interesaban más las legalidades que la misericordia. Y a éstos fustiga el Señor, para estos fariseos hipócritas, para estos pastores egoístas, para estas sinagogas sin misericordia, para estas autoridades eclesiásticas de su tiempo, el Divino Profeta, Cristo nuestro Señor, que fue duro contra el pecado donde quiera que se encuentre, ya sea en Herodes, en Pilatos, también en los pontífices, en los sacerdotes, él los reprende; y para ellos es la comparación, para que aprendan a ser como él que es el Buen Pastor y para que su Iglesia sea lo que tiene que ser: una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro Señor que los llama para el perdón.
LA HORA DE EL SALVADOR
¿Ven, entonces, como las tres lecturas son el modelo de la predicación de la Iglesia? Anuncia las maravillas de la resurrección pero no olvida las circunstancias concretas de pecado en que se anuncia esa maravilla. Por eso, hermanos, con esto quiero justificar el hoy de mis homilías. Yo no sería tampoco el predicador de la palabra de Dios si no tuviera en cuenta que esta palabra del Buen Pastor, en este domingo de abril de 1978 tiene un marco tan trágico donde necesitamos que sobre estas sombras de sangre, de dolor, de depresión, de desolación, se destaque la bella figura del Buen Pastor. No comprenderíamos toda la ternura de Cristo en esta hora de El Salvador, si no tuviéramos en cuenta esta hora de El Salvador. Y ¿qué es esta hora de El Salvador? ¡Parece mentira!, ¡qué densa es nuestra historia, hermanos, domingo a domingo! Cuando terminamos un domingo, yo pienso: ¿y el otro domingo qué voy a decir si ya lo dije todo? Y, sin embargo, viene otro domingo y trae tanta historia, tanta densidad de historia, que de veras vivimos una patria, una hora, en que somos protagonistas de cosas muy decisivas.
b) HECHOS DE LA SEMANA HOSPITALIDAD DE LOS PADRES DOMINICOS
La primera circunstancia que yo quiero recalcar hoy, es esta que estamos viviendo. Estamos en una Iglesia que no es la Catedral, y es en primer lugar para agradecer la hospitalidad de los PP. Dominicos que apenas supieron mi dificultad de la Catedral ocupada, me ofrecieron su hermosa Iglesia. Yo les agradezco, porque esto, al mismo tiempo que significa la —142→ hospitalidad de la comunidad que preside esta Iglesia, le ha dado -como les dije al principio- el sentido peregrino de nuestra Iglesia. La Iglesia no es el templo de concreto, de bahareque o de cualquier material, el templo material no es más que el signo de una tienda de campaña que va caminando y se va posando con el pueblo peregrino o donde quiera que vaya. Hoy somos el pueblo peregrino aquí en la iglesia del Rosario. ¡Qué bello es pensar que con esta peregrinación va ella, la Virgen Santísima, la Virgen del Rosario tan querida en nuestro pueblo! ¡Amémosla mucho!
Y en esta mañana, que las circunstancias nos han puesto bajo su manto bendito, le queremos decir que tenga piedad de este pueblo que sigue peregrinando en medio de tantas angustias e incertidumbre.
SIGNIFICADO DE LA OCUPACIÓN DE CATEDRAL Y CUATRO EMBAJADAS
Esto mismo me lleva a otra circunstancia: no pudimos celebrar en Catedral porque está ocupada. Así como están ocupadas cuatro embajadas. Lo que quiere el Bloque Popular Revolucionario, que se ha arrogado la responsabilidad de esas ocupaciones, es presionar la ciudadanía para que no sea indiferente a lo que está pasando en los campos de El Salvador; y también presionar a los países afectados en sus embajadas para que les ayuden a retornar a sus campos donde ya las lluvias que asoman, piden el cultivo: «si no, nos morimos de hambre, si no hay maíz en nuestros campos, si no fructifican en frijoles nuestras tierras». El campesino tiene razón, quiere volver a sus campos a trabajar y por eso pide el apoyo de aquellos que tienen más voz: la Catedral, las embajadas, los gobiernos; que presionen esta situación y los dejen retornar en paz y encontrar paz allá. Pero no se quieren fiar de promesas, quieren seguridad, garantía, porque dicen que ha habido casos en que retornan confiados y pronto los traen otra vez prisioneros. Quiera el Señor, pues, que esta situación se componga.
Al mismo tiempo, quiero felicitar a las delegaciones diplomáticas, porque con un sentido de mucha comprensión han dialogado con los campesinos. Las dos partes pidieron la mediación de la Iglesia y con mucho gusto la Iglesia les ha prestado para sus negociaciones el local del Arzobispado. Ya sé que esto será mal interpretado; pero debe de constar que antes de dar el local del Arzobispado, el Arzobispado insinuó que este diálogo sería mejor en un ambiente diplomático; y los campesinos buscaron ambientes diplomáticos y no los encontraron; entonces el Arzobispado que siempre quiere dar su colaboración de Iglesia, de Evangelio, lo ha prestado de una forma imparcial.
Quiero revelar también, que yo personalmente he atendido a la señorita Embajadora de Panamá y me extraña cuando los periódicos han publicado que en el Arzobispado no hubo atención para ella. He estado presente, —143→ lo mismo que el querido Obispo Auxiliar Mons. Revelo, en las negociaciones, y hemos sido testigos de la apertura de la diplomacia, de la franqueza de los campesinos, del diálogo que se ha entablado. No sabemos dónde están las negociaciones y por qué todavía siguen las ocupaciones.
DIFERENCIA ENTRE IGLESIA Y BLOQUE POPULAR REVOLUCIONARIO
Y esto me lleva a sacar otra consecuencia muy importante, hermanos. Esta circunstancia de la ocupación de Catedral que no nos ha permitido de celebrar allá la Misa, gracias a Dios, es un testimonio de la diferencia radical entre Iglesia y Bloque Popular Revolucionario. Ha habido una tendencia, diríamos satánica, de querer hacer depender de la Iglesia todas las actividades que se han llevado a cabo por parte del Bloque. Que conste una vez más -y lo he dicho tantas veces- que si la Iglesia tiene perspectivas de justicia social, de caridad, que no está conforme con el actual orden de injusticia que impera, eso no quiere decir que se identifique con todos aquellos que quisieran también el mismo cambio. La Iglesia tiene una perspectiva plenamente evangélica; es el evangelio el que inspira su acogida al campesino que no tiene dónde pasar la noche, que tiene hambre y tiene que darle de comer. Es una inspiración de evangelio la que la Iglesia lleva cuando quiere socorrer las necesidades y aboga por las reivindicaciones de justicia, pero no significa eso identificación con otras agrupaciones.
Que esto quede muy claro, porque la Iglesia no puede identificarse con ningún partido político ni con ninguna organización de carácter político, social, cooperativo. La Iglesia no tiene sistemas, la Iglesia no tiene métodos, la Iglesia sólo tiene inspiración cristiana, una obligación de caridad que la urge a acompañar a quienes sufren las injusticias y ayudar también a las reivindicaciones justas del pueblo. Allí si la Iglesia está, pero sin identificarse con los sistemas y los métodos. Esto, repito, que quede bien claro, porque yo no soy director de ninguna organización política. Yo no soy ni mis sacerdotes deben de ser líderes de estos grupos. Si hay coincidencias objetivas, son perspectivas de evangelio las que la iluminan.
EL SISTEMA ACTUAL DE EL SALVADOR HA LOGRADO EL ENFRENTAMIENTO ENTRE CAMPESINOS
Y a este propósito sí quisiera yo lamentar, queridos hermanos, que precisamente por no confundirse con un sector, con un partido, con método, con una agrupación, la Iglesia está en condiciones de independencia para poder criticar lo malo que se encuentre en cada organización. Y lo dirá sin ambages y lo ha dicho también cuando tanto en las organizaciones del Bloque Popular Revolucionario como también en otras organizaciones de carácter más oficial, la Iglesia denuncia el pecado donde quiera que se encuentre. Y uno de los pecados más grandes es este, hermanos, que a mí —144→ me duele tanto, que el sistema actual de nuestra patria ha logrado el enfrentamiento de los campesinos. La misma hambre que angustia al hombre del Bloque, es la misma hambre que angustia también al hombre de ORDEN. Y pensar también que el agente de nuestros ejércitos ha salido también del campesinado. Y cuando miro policías cuidando a campesinos, campesinos cuidando a campesinos, ORDEN enfrentándose con el Bloque; digo yo: «¡Qué satánico ha tenido que ser este sistema que ha logrado aprovechar el hambre de los hombres; ganarse el pan aunque sea persiguiendo, enemistándose, dividiéndose, cuando pertenecen a la misma pobreza!». Y en vez de ayudarles en un diálogo constructivo para que unos y otros salgan a un ambiente de más respiro, de más libertad; allí los tenemos enfrentados. Los unos aprovechando las gangas que tienen por pertenecer a algo oficial y los otros como marginados, luchando por meterse en el margen también, a una justa reivindicación. Por eso digo y repito que no son las represiones ni las violencias las que van a arreglar esta situación. Es necesario que una sana, auténtica democracia, abra los canales del diálogo para escuchar qué angustia tiene el pueblo, el campo y se le den leyes y se le den organizaciones donde de veras se respire un ambiente de justicia y de paz. Mientras no haya esos canales, todo lo demás son parches, y muchas veces parches violentos que como decía Cristo: no hacen más que romper las telas viejas y hacer más trágica la situación de nuestro ambiente.
SOLIDARIDAD CON LA ARQUIDIÓCESIS
Por eso también, queridos hermanos, en esta hora del ambiente de nuestra homilía, yo me alegro con esos gestos de solidaridad que han abundado a la luz de la Iglesia, cuando he recibido no solamente los donativos materiales -que han sido abundantes, gracias a Dios- y la comisión tanto de investigación como de ayuda, han tenido este apoyo de nuestras queridas comunidades y también de todos los hombres de buena voluntad. A este propósito quiero leerles este pensamiento de la carta de una persona que desde la Iglesia Bautista ha hecho llegar su socorro: «Debo lamentar -dice- que muchos de nuestros líderes en las diferentes denominaciones protestantes no estén a la altura de las circunstancias; pero puedo asegurarle, aunque Ud. ya lo sabe, que habemos muchos que en lo personal o colectivamente apoyamos de corazón a Ud. y la Iglesia que representa, porque lo que están haciendo es ni más ni menos que lo que Cristo demanda de todos nosotros».
Así, también, me dio mucho gusto de la diócesis de Santa Ana, llegar un donativo y dice: «Este dinero lo considero de oro -dice el párroco que lo manda- ¢ 25.00 producto de trabajitos del mercado. Y otra señora con ¢ 2.00 que tampoco se identificó. Me encargaron que lo saludara. Pienso que esto es un símbolo del corazón de oro de los santanecos, manifestado en esta forma».
—145→Y así muchas comunidades parroquiales como San Marcos y otras escuelas, colegios, que de veras les agradezco su corazón de oro cuando la necesidad los llama.
En este sentido, también los colegios católicos dedicaron tres días esta semana a reflexionar sobre la realidad de nuestro país. Ya sé que muchos han tergiversado esta actividad y dicen que están socializando a los niños y a las señoritas, que los están comunizando. ¡Nada de eso hermanos! Es la voz del Evangelio que quiere iluminar la educación cristiana de esta juventud para que no viva de espaldas a los problemas, sino que los enfrente y sepa dar su juicio. Esto no es socializar. A una directora de colegio le preguntaron si estaba de acuerdo con el Arzobispo y su línea, y tuvo que afirmar que sí. Yo le agradezco. En cambio otro pliego decía: «Ud., fomenta en su colegio la socialización». Y ella dijo: «esa palabra es muy ambigua, yo no la puedo firmar». Y así es, no podemos acusar a los colegios de socialización porque es muy ambigua la palabra, pero sí de una concientización de justicia social, de evangelio, de caridad de hermanos. ¿Por qué no van a saber?
Y en este sentido yo quiero felicitar a la Escuela María Catalina Dimaggio. Me envió un cassette con el resultado de sus tres días de reflexión. Les diré aquí en público, y no me avergüenzo, me hicieron llorar cuando oí señoritas, niñas de nuestras barriadas, sentir el cariño y la gratitud para su Pastor y para su Iglesia que trata de levantar y despertar la dignidad de la persona humana en su trabajo de promoción. Porque hace esto la Iglesia: promover, decirle al hombre que se promueva, que se distinga, que si es cierto que está marginado y es por fruto de su pereza, de su holgazanería, la Iglesia no le puede aprobar esa pobreza. Que conste también esto, que cuando decimos «Iglesia de los Pobres» no decimos Iglesia de los haraganes, no decimos Iglesia de los rateros, de los ladrones, de las prostitutas que se ganan la vida en el pecado. ¡Eso no! Pero sí decimos «la Iglesia de los Pobres» de aquellos que deben de aprender que su pobreza, su rancho, su campo, no es un marco para sentirse distinto de los otros hombres, que a todos nos ha hecho el Señor imagen de Dios y tenemos que respetar y promover esa dignidad. Eso no es comunismo, eso no es subversión, eso es evangelio de aquel que vino a dar su vida por todos los hombres sin excepción ni acepción de personas.
LA ACTIVIDAD DE LOS ABOGADOS
Por eso también me alegra la actividad de los abogados que han seguido tramitando la amnistía de los prisioneros y tratando de dar el verdadero imperio a la ley. En palabras de ellos mismos: «en nuestro país es una ley, una legalidad que está bien prostituida y que los hombres de la ley, los defensores de esa justicia manchada de tantas injusticias, tienen que ser los que la promueven». ¡Bendito sea Dios! Un abogado que no pertenece a este —146→ grupo me dijo: «este es un signo de esperanza para el pueblo». Así lo siento de verdad.
AGRADECIMIENTO
Quiero agradecer también, y pedir que todos agradezcamos, la recuperación del Ingeniero Gustavo Cartagena que después de su misterioso secuestro ya está salvo. ¡Bendito sea Dios!
SOBRE LAS CONFIRMACIONES
Y finalmente, darles el aviso que, por las circunstancias de la Catedral, quedan suprimidas allá todas las actividades litúrgicas de este día y por tanto, también las confirmaciones. No habrán esta semana.
Y a propósito de confirmaciones, quiero recordar que el 14 de mayo, fiesta de Pentecostés, los colegios católicos y los grupos juveniles están preparando una hermosa ceremonia de confirmación. En los colegios católicos serán los alumnos de 2.º y 3.º de Bachillerato, si no están confirmados. En esta edad tienen que confirmarse. Y los que no están en los colegios, pues, jóvenes que pueden tener ya sus 16 años, serán aceptados para esa confirmación juvenil. Quiero pedirles su colaboración en este sentido, de que ayudemos a que la Iglesia realice este sentido verdadero de la confirmación no insistiendo en que confirmen a sus niños chiquitos. No es la edad propia de la confirmación. La Confirmación es sacramento de jóvenes, sacramento consciente del que se bautizó niñito y ya grande quiere tomar conciencia de sus compromisos; y el don del Espíritu Santo que viene a robustecer para su juventud una situación de fe que ya la traía desde su bautismo. Por eso, pues, repito, desde Pentecostés para allá, desde el 14 de mayo, no confirmaremos niños chiquitos, se exigirá una edad y también una preparación catequística.
2.º) ESE MENSAJE DE CRISTO RESUCITADO SE PRESENTA HOY BAJO LA FIGURA DE UN PASTOR
Ahora bien, hermanos, a nuestro modo, pues, aquí en El Salvador estamos viviendo las circunstancias de hoy. Así como cuando se escribieron las tres lecturas que se han hecho, refleja todavía hoy las circunstancias pecaminosas de aquel tiempo iluminadas por la luz de la fe. A estas circunstancias de 1978, aquí en El Salvador, responde la misma luz de hace veinte siglos: La luz del Buen Pastor.
Y esta es la figura central, este es el segundo punto de mi meditación de esta mañana: el Buen Pastor. Nos lo presentan las lecturas de hoy sobre un fondo de circunstancias pecaminosas. Ya no hay necesidad de repetirlas, basta que vuelvan a leer ustedes con esta explicación las lecturas de hoy y —147→ analicen allí cuidadosamente cuantas denuncias a cuántos pecados hace Pedro en su primer sermón, en su primera carta, y que hace San Juan en su propio evangelio que a pesar de ser tan místico, tan elevado, tiene, sin embargo, las denuncias más concretas a los hombres más concretos de la historia. Así se explica que los apóstoles tuvieran conflictos y murieran mártires porque nadie tolera que le echen en cara su pecado, a no ser el humilde que busca lo que busca la Iglesia: la conversión.
Y con este sentido de conversión, la figura de Cristo el Buen Pastor, o la puerta por donde se entra legítimamente al rebaño, es toda una lección, toda una inspiración. «Yo soy el Buen Pastor, yo soy la puerta».
SEÑOR Y MESÍAS: HUMILLÁNDOLO
San Pedro en su primer sermón dice: Dios lo constituyó por la resurrección «Señor y Mesías». ¡Qué expresiones más ricas! Quiere decir que Cristo, que mientras vivió encarnado en esta humanidad como hombre de su tiempo, no se distinguía de los hombres que iban, por ejemplo, a la sinagoga como ustedes han venido hoy a Misa. Si Cristo viviera hoy, aquí estuviera entre los hombres y no lo distinguiéramos dónde está. Cristo era un hombre como todos los hombres. Pero cuando llegó su hora, y él dice: «Ha llegado la hora de mi exaltación», ahora lo va a distinguir el Señor; primero, humillándolo como no se ha humillado otro hombre. Y allí tenemos la segunda lectura, esa hermosa carta de San Pedro que más parece una página de Isaías: silencioso, oveja llevada al matadero; nos enseñó con su actitud humilde cómo se debe de sufrir. Mesías, el Mesías que encarna todas las profecías del Viejo Testamento: cargará sobre sus espaldas los pecados de todos nosotros.
Y San Pedro dice que este Cristo es nuestro Salvador precisamente por su sufrimiento. Mesías, el Mesías que esperaban muchos con un aire de triunfalismo y que se desilusionaban cuando como los discípulos de Emáus iban para sus casas «porque ya hace tres días que lo mataron y -ya ven- acabaron con él». Nosotros esperábamos una liberación política. Por eso Cristo los comienza a reprender: «¡Oh! insensatos y tardos de corazón ¿qué no era necesario que Cristo padeciera todo eso y así entrara en su reino?». Esta es la condición de Cristo. Por eso, hermanos, les digo: la Iglesia no se puede confundir con otros movimientos liberadores ni con el Bloque Popular Revolucionario ni con Partido Comunista ni con nada de esta tierra. Todo lo que en este sentido se diga, es vil calumnia. La Iglesia es este Cristo que dice: era necesario padecer, no hay liberación sin cruz, no hay liberadores auténticos sin esperanza de otra vida. Hay que trabajar por una tierra más justa sí, pero no esperando aquí un paraíso. El Mesías nos habla de una liberación comprada con sangre y dolor. Y cuánta esperanza da a los liberadores de hoy esta enseñanza de Cristo: del Buen Pastor que da su vida.
—148→MESÍAS Y SEÑOR: KYRIOS, EMPERADOR, REY
Pero el otro aspecto: Mesías y Señor, Kirios, emperador, rey. No con un triunfalismo ostentoso de vanidad pero sí con la realeza divina que lo hace omnipotente, que lo hace presente en su Iglesia, que lo hace constructor de la historia, que lo hace piedra fundamental de todos los movimientos humanos, que lo hace brújula que orienta la historia entera hacia su verdadero destino. Señor de la historia, Señor de los tiempos, Señor de la eternidad. Él es la clave que abarca el antes, el hoy y el después. «Cristo siempre», decía San Pablo. Cristo Señor, Cristo vive, Cristo ha resucitado y la muerte no lo dominará más. Pero es un Cristo que se presenta como Buen Pastor. ¡Qué cosa más hermosa pensar que este poderoso, este rey, este hombre que lleva las marcas de todo el sufrimiento convertidas ahora en estrellas gloriosas, es nuestro gran liberador, es nuestro gran pastor!
Yo les invito, hermanos, a que no nos vayamos de nuestra Misa sin arrancar del corazón esas amarguras que muchas veces nos dejan los pesimismos porque se ha perdido la esperanza. Yo les invito a que esta mañana despertemos en nuestros corazones la magnanimidad, la alegría de quien todo lo espera. Yo los invito a todos. Y quien me diera poder insistir en el corazón de los que gobiernan, de los que dirigen con su capital y su dinero los destinos de nuestra patria. Lo mismo que los campesinos, los pobres, los obreros, los marginados, que unos y otros dijéramos: no hay redención si no nos viene de Cristo. Y humildes, unos y otros, cayéramos, en vez de odiarnos, amándonos y esperando de Cristo el Buen Pastor que conduzca este pueblo; sólo él lo puede conducir, no hay otro conductor de nuestro pueblo. Si surgen otros prescindiendo de Cristo, Cristo mismo ya lanzó su condenación contra ellos. «Nadie puede entrar a dirigir el pueblo sino por la puerta que soy yo. Y si alguien ha entrado por otro lugar que no es la puerta, ese es ladrón y bandido y los que han entrado con ánimo no de pastores sino de aprovechar la situación, viene a robar, a matar, a maltratar. «Hasta al pie de la letra se podría decir esto de muchas personas que no tiene nada de buen pastor y que no les interesa nada del bien común, que les interesa únicamente las ventajas, la situación y quisiera mantener esa situación a fuerza bruta que no es racional.
He aquí entonces, pues, la figura del Buen Pastor, la que debe inspirar al padre de familia, a la madre de familia, al Obispo, al gobernante, al rico, al pobre, la inspiración del cristiano: el Buen Pastor, Cristo Mesías y Señor.
Que hermosa meditación podríamos continuar haciendo, pero lo que hemos dicho es suficiente para tener una idea del mensaje central de este domingo: Jesús, el Buen Pastor.
—149→3.º) NOSOTROS SOMOS ESA GREY, EL MENSAJE SE DIRIGE AL PUEBLO COMO UNA VOCACIÓN
El tercer pensamiento es este: somos hijos de estas circunstancias, vivimos, protagonizamos estas circunstancias de nuestra patria, pero gracias a Dios somos cristianos y creemos en un Buen Pastor. Entonces ¿qué? Entonces tu responsabilidad personal.
EL PASTOR QUE LLAMA A COLABORACIÓN
Este Buen Pastor como nos lo representan las tres lecturas de hoy, es un pastor que llama a colaboración. Miren la primera lectura, San Pedro dice que «Dios, por Cristo, nos ha dado el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo»; y es porque esa promesa que Dios hizo en Cristo vale para ustedes, y para todos sus hijos y para todos los que llame el Señor.
Es hermoso, en este día de las vocaciones, pensar que la primera vocación es esa que tienen ustedes de haber venido a misa porque son cristianos; de haberlos bautizado la ternura de una madre cristiana cuando no nos dábamos cuenta, una mujer bendita de nuestro pueblo. Mi Madre me llevó al bautisterio y desde aquel día soy cristiano, me llamó el Señor, me llamó por el corazón de mi madre. Así somos todos los que estamos aquí, bautizado; hemos sido llamado, llamados, a recibir esas promesas de perdón, ese don del Espíritu Santo es para todos nosotros. El Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo nuestro Salvador.
COLABORACIÓN EN EL SUFRIMIENTO
Y en la segunda lectura, también el concepto vocacional cuando dice: «obrar el bien y sufrir es cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados ya que Cristo también padeció». Hermanos cristianos, el que piense que el cristianismo es una clave para no sufrir, está equivocado. Aquel que ya dejó de rezar porque le pidió mucho al Señor que lo curara de su enfermedad o le diera una mejor suerte y dice: «si Dios no me oye, yo sigo en la miseria pobre y desgraciado, ya no rezo más». No ha comprendido la dignidad de su vocación. Nos ha llamado a sufrir, y aquel que no tuvo pecado es Cristo, es el que más ha sufrido. Y ya que estamos en una Iglesia de la Virgen, pensemos que junto a Cristo, el inocente, la Virgen que no tenía mancha también padeció junto a la cruz siete espadas en su corazón. Porque a esto nos llama el Señor: a sufrir. Pero a sufrir mientras se hace el bien. ¡Miren qué contraste, qué política la de Dios! De modo que el premio por hacer el bien no va a ser estar bien yo. Dice claramente hoy san Pedro en su carta: «obrar el bien y sufrir». ¡Qué cosa más hermosa ante Dios! Pues para esto habéis sido llamados ya que Cristo también padeció.
Por eso les digo, hermanos, una liberación que no quiere ser comprada —150→ a base de dolor, de sufrimiento, es una pura mentira. No existe un paraíso en esta tierra. La liberación completa será más allá de nuestra muerte, pero ya tiene que comenzar a realizarse en esta tierra. Y es necesario, pues, desinstalarse. Me da pena hermanos, que en esta hora que el pueblo ya no aguanta una situación haya tanta gente indiferente porque prefieren como los de Egipto, muchas veces, seguir comiendo las cebollas de Egipto; y protestaban contra Moisés porque en el desierto sufrían el camino de su liberación: «¿Para qué nos has sacado de Egipto? Aunque éramos esclavos estábamos mejor, comíamos carne, teníamos ollas». Así es la situación de muchos, prefieren estar bien. ¿Hasta cuándo? Y no la liberación definitiva que supone un sufrimiento, un paso por un túnel obscuro como fue la pasión de Cristo. Y San Pedro nos anima, en una pasión breve. Breve es el sufrimiento pero hay que aceptarlo con toda la alegría con que Cristo se abraza a su cruz y camina al Calvario y cae y en vez de quedarse caído se levante tres veces, hasta que lo claven en una cruz porque sabe que sólo entonces se consuma la redención. Ya todo está cumplido, hasta el agotamiento. Yo les llamo, hermanos, a que como cristianos no le tengamos miedo al sufrimiento sino que lo sintamos como una vocación genérica de todo cristiano.
TODO EL QUE QUIERA SALVARSE TIENE QUE ENTRAR POR CRISTO
Y también en el evangelio aparece el sentido de vocación: «Yo soy la puerta. Quien entra por mí se salvará. El que entra por la puerta es pastor de las ovejas». aquí tenemos, pues, un llamamiento general. Todo el que quiera salvarse tiene que entrar por Cristo. Sin Cristo no hay salvación. Si nosotros que tenemos el honor de ser pastores no seríamos pastores si no nos hubieran llamado por la puerta. El verdadero obispo, el verdadero párroco, el Papa auténtico y único, es aquel que haya entrado por la puerta que es Cristo. El día en que yo no esté ya en comunión -Dios me libre- ya sería un cismático, ya sería un ladrón, un asesino, un bandido como son los párrocos que usurpan iglesias, como es aquella iglesita también del Dulce Nombre de María, donde un grupo de ORDEN se ha posesionado de ella; para que vean que no sólo el Bloque se posesiona sino también los de ORDEN; han quitado muchas ermitas para que no las ocupen los otros, como si la Iglesia fuera un juego al capricho de los hombres. El que no entra por la puerta que es Cristo, es un ladrón. Y solamente el que entra por Cristo y en su nombre predica y anuncia su palabra, ese es pastor.
Este es el criterio, entrar por la puerta de Cristo, no entrar por las ventanas ni por las rendijas. Entonces, hermanos, aquí viene el sentido de la vocación. Y termino leyéndoles el hermoso pensamiento de Pablo VI para este día, dice: «Cuando Jesús habla del pastor y del aprisco, se presenta a sí mismo pastor bueno y presente a la comunidad de creyentes, esto es su Iglesia, como aprisco abierto para acoger a toda la humanidad. —151→ Ahora bien, para comprender el sentido y el valor de la vocación, se requiere precisamente fijar la mente y el corazón en estas dos realidades: Cristo y la Iglesia. Aquí se encuentra la luz para acoger el apoyo, para perseverar en la vocación comprendida en toda su profundidad libremente escogida, fuertemente amada. Mirad a Cristo, lo decimos en particular a vosotros, jóvenes, con paterno afecto y con gran confianza. Mirad a Jesús de Nazaret hijo del hombre e hijo de Dios, sumo sacerdote del nuevo pueblo de Dios, Pastor eterno de su Iglesia que ha ofrecido la vida por su rebaño tomando la forma de siervo hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz». Después explica el Papa un profundo sentido teológico: «De Cristo, que es el único sacerdote y pastor de todos los hombres, deriva su sacerdocio y su preocupación pastoral a todos los hombres que son llamados a ser sacerdotes y pastores». Por eso la vocación de los seminaristas, de los obispos, de los sacerdotes no se entiende sin tener en cuenta al Cristo que es el único sacerdote ni tampoco se entiende sin comprender la Iglesia como rebaño de Cristo donde Cristo es el pastor y nosotros sólo hacemos su presencia visible en medio del pueblo.
Por eso, hermanos, ustedes que me oyen y les agradezco tanto esa atención, es a Cristo a quien ustedes le dan esa atención. Por eso el Papa termina diciendo: «A los jóvenes que procuren conocer estas realidades: Cristo y la Iglesia porque si no, no comprenderán el sentido de su vida. Debemos decir también a vosotros pastores, sacerdotes, religiosas, misioneros, educadores, a vosotros teólogos, a vosotros padres de familia, a vosotros expertos de espiritualidad, de pedagogía, de psicología de las vocaciones, haced conocer estas realidades, enseñad estas verdades, hacedlas comprensibles, estimulantes, atrayentes como sabía hacerlas Jesús maestro y pastor».
PENSAMIENTO QUE NOS LLEVA AL ALTAR
He aquí un domingo, hermanos, para que oremos mucho al Buen Pastor, que su presencia valiente y orientadora siga en el mundo en la voz de sus pastores y siga siendo acogida su vocación al cristianismo por hombres que fueron bautizados y que también han pedido, tal vez, ya, mucho de la garra cristiana; que sepan que ser cristianos es llamado al sufrimiento, a la cruz pero para salvar al mundo y no tenerle miedo a la hora del sufrimiento y abrazarse fuerte a esa cruz. Que los jóvenes y las jóvenes comprendan el alto designio de que Dios los llama para usar sus rostros como presencia suya en el mundo. Sus manos para manos de Cristo que regaló por dones y dádivas de amor, sus pies para caminar por todos los caminos de la historia llevando la redención y la salvación. Necesita Cristo de nosotros, y en este Domingo del Buen Pastor, domingo de las vocaciones, gracias a Dios que tenemos una Iglesia donde abundan y van abundando más los jóvenes y las jóvenes ansiosos de seguir a nuestro Señor Jesucristo.
—152→Unidos a Cristo, pues, el Buen Pastor, vamos a hacer nuestra la oración que el Papa hace. Y la vamos a hacer hoy como oración de los fieles. Pero antes, proclamemos nuestra fe.
Creemos en un solo Dios...
—153→
Domingo 5.º de Pascua
23 de abril de 1978
Hechos 6, 1-7
I Pedro 2, 4-9
Juan 14, 1-12
Querido hermanos:
Es el quinto Domingo de Pascua. Como he estado insistiendo, los cincuenta días de Pascua desde el Sábado Santo en la noche hasta la fiesta de Pentecostés o sea la venida del Espíritu Santo que será el 14 de mayo, la Iglesia lo considera como un sólo domingo, el gran domingo, la gran fiesta del Señor. Yo quisiera que no perdiéramos de vista esa figura triunfante de Cristo resucitado. Es este el centro del mensaje del evangelio. Por eso, cuando en el marco histórico que yo trazo para anunciar ese Cristo resucitado, la atención de muchos sólo se queda fija en el marco y critican como si la predicación se hubiera vuelto política, subversiva, revoltosa y todos esos calificativos que ya se han leído en diversos medios de difusión, de difamación, mejor dicho, contra la persona del Obispo y la figura de la Arquidiócesis; cuando se fijan sólo en el marco, distorsionan la verdad del mensaje.
Yo les llamo la atención a que nos fijemos en el centro de mi predicación. No quiere ser otro que un eco del Año Litúrgico. Por eso voy como —154→ conduciendo con Uds., esta grey de la Arquidiócesis a lo largo del Año Litúrgico, guiados por la presencia de Cristo. Que eso es la liturgia, presencia del misterio salvador de Cristo en la historia del pueblo donde se reflexiona ese misterio. Por eso, lo central es el misterio mismo que salva y desde ese misterio salvador, iluminar la realidad que nos circunscribe para que sea un misterio que salva en este momento a nosotros, que buscamos en nuestra esperanza cristiana, en la figura central del Divino Redentor, la fuerza para dar solución a los problemas tan graves de nuestra patria. Pero si sólo nos fijamos en el enmarque y solamente miramos la palabra medio de soslayo y no vemos de frente el mensaje divino que nos reclama, entonces surge, pues, que en vez de atender con fe, se está escuchando como los fariseos escuchaban a Cristo: a ver en qué lo cogemos, a ver dónde está esa acusación que queremos justificar y que, gracias a Dios, apelando al público que me escucha les puedo decir como Cristo a sus enemigos: ¡en público he hablado, preguntad a quienes me han escuchado a ver si es verdad lo que ustedes tratan de esconder en tanta campaña calumniosa!
HECHOS DE LA SEMANA. NUEVAMENTE EN CATEDRAL
Un hecho por ejemplo en esta semana para meditar la palabra de Dios hoy, es que hoy podemos reunirnos nuevamente en la Catedral. El domingo pasado estaba ocupada por el Bloque Popular Revolucionario, eso me dio ocasión para distinguir netamente que la Iglesia no es el Bloque. Los signos mismos hablan. Han regresado pues los que ocuparon la Catedral, a sus casas. Muchos dicen que no eran todos campesinos. Yo pregunto ¿quién en El Salvador no tiene cercanías campesinas? Todos somos campesinos. Pero bien, regresaron a sus casas.
Quiero felicitar al cuerpo diplomático y a la Cruz Roja que prestaron servicios tan eficientes. Pero esto mismo nos lleva como salvadoreños cristianos a decir: ¿por qué nuestra gente tiene que acudir a la fuerza, a la voz internacional de la diplomacia, de la Cruz Roja para resolver el simple hecho de volver a sus casas? Se ha creado en El Salvador un nuevo género salvadoreño: desterrados en su propio país.
Quiero también aclarar que la ocupación de la Catedral y del Calvario no hay que medirla por la caridad con que hemos ayudado a otros campesinos en otros lugares, por donde la caridad del Buen Samaritano los ha acogido y les ayuda. El tomarse una catedral, una Iglesia, es también necesitar un signo que no es el lenguaje normal para expresar una angustia. Entiéndanme bien porque alguien que escuchó, que leyó en mi artículo de esta semana y en mi entrevista por radio me dijo: «¿entonces Ud., está poniéndose más ojo verde a las ocupaciones de los templos?». Le digo: ¡Mucho cuidado! Yo no he dicho eso. He dicho que se han tomado los templos sin la voluntad de la Iglesia pero que la Iglesia comprende lo que quiere ser esa expresión. Y ahora puedo decir cuando ha pasado el conflicto, —155→ que no se debe usar la Iglesia. Es un lenguaje tan grave la ocupación de un templo, que no debe de ser ya un recurso corriente, que quienes quieran usar la Iglesia para esta clase de presiones, tampoco son amigos de la Iglesia; lo que les interesa es su propio interés y les sale sobrando la Iglesia.
Por eso también hermanos, ni con unos ni con otros; la Iglesia es Iglesia. La Iglesia quiere ser siempre el lugar de oración, el lugar también donde se proclama con libertad la palabra y el derecho de los hombres pero desde una perspectiva de evangelio. Por eso, por favor, pues, que no se multipliquen ni se sigan repitiendo estos acontecimientos.
HECHOS QUE LAMENTAMOS
Lamentamos todavía muchas denuncias de capturas: 5 estudiantes de bachillerato, un campesino allá por Cojutepeque. Y sobre todo, lamentamos, hermanos, que arrecia la ola de difamaciones. Hay interés en mantener un ambiente de desprestigio para la Iglesia pero yo invoco al buen criterio de quienes quieren escuchar la verdadera voz de la Iglesia. Y sepan distinguir entre un lenguaje que quiere provocar el desorden y una voz de justicia y evangelio que señalan las llagas de una sociedad. La Iglesia no hace lo primero. Querer confundir una especie de azuzar -como se ha dicho-, levantar al pueblo, confundirla así con una voz de justicia que reclama paz, pero a base de justicia; y que no puede haber paz verdadera en el pueblo mientras no se pongan esas bases de justicia. Lo uno sí es subversión, lo otro es justicia evangélica. La Iglesia tiene la voz de esa justicia evangélica y no se la quiera confundir, no se quiera tener tan mala voluntad que todo lo que la Iglesia señala como necesidad de cambio, como necesidad de un orden más justo, se le confunda con una voz revolucionaria. Que quede bien claro esto también, hermanos, la voz de la Iglesia es clamando paz pero como lo decía aquel santo Pontífice Pío XII «Opus justitiae pax», la paz sólo tiene que ser fruto de la justicia y no una paz ficticia, una paz que no habla.
Por eso, más que este enmarque histórico de nuestra patria, yo quiero que como reunión de familia que tiene que ser nuestra misa de la Catedral, nos fijemos, queridos hermanos, miembros vivos de la Iglesia, que está haciendo la Iglesia: construyéndose a sí misma y como los buenos católicos tiene que edificar esa Iglesia.
PREPARACIÓN PARA LA FIESTA DE PENTECOSTÉS
Los datos que ahora les doy son datos para darle gracias a Dios porque nuestra Iglesia, a pesar de la persecución y de la calumnia, de la mala interpretación, del mal ambiente que se le quiere hacer, sabe que su avance no depende de las circunstancias exteriores. La solidez de nuestra Iglesia —156→ está en afianzarse fielmente a su Cristo, en ser fiel al evangelio, en desempeñar su misión que Cristo le ha confiado. Y por eso, una de las noticias más bellas, y agradezco la acogida que se le ha prestado, es la celebración de Pentecostés. La vigilia de Pentecostés el sábado 13 de mayo a las 8 de la noche, tendremos aquí una concentración de jóvenes que ya se están preparando para recibir la confirmación en esa edad que es la propia de este sacramento. Sacramento de jóvenes, sacramento de compromiso cristiano; son bachilleres, mejor dicho, alumnos de bachillerato, de los tres cursos; o jóvenes que aunque no estén en colegios, ya han cumplido los 16 años; los que se están preparando con una buena catequesis para comprender que la Confirmación sólo se recibe cuando se tiene el propósito de seguir fielmente a Cristo aunque cueste la vida. Si no fuera por la Confirmación no tuviéramos mártires en la Iglesia. La Confirmación es el sacramento de los mártires.
Por eso quiero advertirles también que estamos dando el suficiente tiempo para que nuestros queridos párrocos catequicen en sus parroquias, que a partir del próximo Año Litúrgico, o sea de diciembre, no habrá más confirmaciones de niños chiquitos, que procuren comprender que la verdadera edad es la de la juventud.
REFLEXIÓN DE LAS RELIGIOSAS
Quiero también anunciar con alegría cómo la Iglesia se construye en el dolor. Las religiosas que trabajan en nuestros pueblos han tenido un día de profunda reflexión, tres días mejor dicho. Y uno de sus propósitos concretos ha sido organizar una misión de pacificación, de reconciliación, de amor cristiano, en aquellas zonas que han sido asoladas por el conflicto reciente. Son campesinos de corazón noble en los cuales no quisiéramos que anidara el odio ni la división y que volvieran por los caminos del mandato de Cristo: amaos los unos a los otros.
PASTORAL DE LOS CENTROS EDUCATIVOS
También quiero anunciar con alegría el esfuerzo que está haciendo la Federación Arquidiocesana de Centro de Educación Católica. Colegios católicos, escuelas parroquiales, están aunando criterios y esfuerzos para ser lo que tiene que ser una escuela católica; un instrumento de la pastoral diocesana. Próximamente tendrán un día de reflexión para seguir profundizando en esta pastoral colegial que muchas veces la han querido también confundir cuando dicen una palabra muy confusa, que los colegios católicos están socializando.¡Mentira! ¡Es calumnia! El colegio católico lo que está haciendo es concientizando, haciendo ver que la verdadera educación tiene que ser un reflejo del evangelio.
—157→Y a propósito de esta misión educativa de la escuela y del colegio, hay que estar alerta con las transformaciones educativas, cuando esas transformaciones en vez de formar criterios autónomos, individuos artífices de su propio destino, protagonista de la historia de su patria, solamente quiere seguir formando masa, instrumentalizando juventudes, profesiones, para mantener situaciones injustas. Una verdadera reforma educativa tiene que buscar ante todo esto que la Iglesia viene señalando hace tiempo: la formación de criterios auténticamente libres, cristianos para saber ser artífices, los hombres y las mujeres, del propio destino de su patria.
LA IGLESIA, RETORNO DE CRISTO EN EL ESPÍRITU
Por eso, queridos hermanos, tendría muchas otras noticias que darles pero quiero entrar más bien en el tema central. Este es el tema central de la homilía, las lecturas que se han hecho hoy pueden resumirse en este título: la Iglesia, Retorno de Cristo en el espíritu. Lo repito porque aquí está la síntesis de todo mi pensamiento de esta mañana: la Iglesia es el Retorno de Cristo en el Espíritu.
La Pascua, el Misterio Pascual, estos días de reflexión de la Iglesia, nos llevan a empalmar la despedida de Cristo de su vida temporal con la presencia de Cristo en su vida mística y celestial. En otras palabras, el fin de la vida temporal de Cristo empalma con el principio de la historia de la Iglesia, la Iglesia. El Evangelio de San Juan, en estos bellos capítulos de la despedida en la última cena, se nos presenta como la constitución de la Iglesia, un Cristo que se despide de los suyos, así los llama San Juan a los miembros de la Iglesia, qué honor podernos llamar en esta mañana «los de Jesucristo», y que Jesucristo, mirando a quienes hoy asisten a la Misa, los llama: los suyos, sus discípulos. Con ellos celebra la inauguración de la Iglesia que se va a prolongar en todos los seguidores de Cristo que ahora somos nosotros.
Este retorno de Cristo en el espíritu quiere decir, con esa palabra con que Cristo comienza el evangelio de hoy: tened fe en Dios, confiad un consuelo de ternura ante la tristeza de quienes durante tres años han compartido día y noche los problemas, las esperanzas, las angustias de su Divino Maestro. Les dice que no se van a quedar solos, que a donde él va ahora, no pueden seguirlo, ya lo seguirán después. El paso de la muerte y de la ascensión a los cielos será también de los suyos, pero Él lo hace ahora como cabeza del cuerpo místico, pero que todos lo seguirán un día y que retornará. Este es el tema de la homilía, que no solamente volverá al final de la historia sino que ya, después de resucitado, volverá a convivir en una forma invisible, pero real, en su Iglesia, que esta mañana, abril de 1978, Cristo vive no sólo en su cielo, está aquí. Hermanos, ha vuelto a los suyos en el espíritu. La Iglesia es el retorno de Cristo en el espíritu.
—158→1.º) CRISTO, VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE, RETORNA EN EL ESPÍRITU
a) CRISTO, VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE
¿Y quién es Cristo en primer lugar, para poder anunciar que aun después de morir volverá a vivir con nosotros? Es hermoso el diálogo, podíamos decir, esta es la primera idea para creer en este Cristo. Lo que aparece en el diálogo del evangelio de hoy, diálogo con los dos apóstoles, con Tomás y con Felipe. Cuando le preguntan ellos todavía ignorantes del gran misterio por qué no ha retornado Cristo en el espíritu, no son más que hombres que han escuchado misterios tan sublimes que no los pueden captar y uno le pregunta: «¿A dónde vas Señor?, dinos, para seguir el camino». Y Jesús le responde una frase que sintetiza todo el evangelio y toda su vida: yo soy el camino, la verdad y la vida. Y al otro discípulo que le pregunta: «Muéstranos al Padre y nos basta», era el ansia de todo el Viejo Testamento: conocer a Dios. Muéstranos a Dios. La respuesta de Cristo es toda una cristología, un tratado teológico de Cristo: «Felipe, tanto tiempo he estado con ustedes y ¿no me conocen? El que me ve a mí, ve al Padre. ¿Qué no creen ustedes que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?».
Queridos hermanos, mientras no tengamos esta idea de un Cristo que es verdadero Dios y verdadero hombre, no hemos comprendido nuestra Iglesia ni el misterio salvador del Señor. Para esto se hizo hombre Dios, para que por medio de la figura de ese hombre Dios, nos adentráramos en el misterio de lo divino. Yo soy el camino. Nadie puede venir al Padre sino por mí. Y Dios no ha venido a salvar a los hombres sino por mí. El único medianero: Cristo Jesús. Dichoso el que lo ha conocido y cree en él. Dichoso el que sabe aun en estas horas obscuras de nuestra historia que Cristo vive, vive poderoso como Dios y vive comprensivo como hombre; es hombre de nuestros caminos, es hombre de nuestra historia, es hombre como le canta esa canción que está de moda: el Dios que aparece como obrero, como aquel que pasea por el parque, como aquel que trabaja en las carreteras y remienda llantas en las gasolineras. Dios está encarnado en cada hombre y comprende a cada trabajador, a cada hombre que quiera amarlo y seguirlo. Por eso decía: «Todo lo que hagas con uno de ellos, conmigo lo haces». Es el camino para conocer al hombre, así como es el camino para conocer a Dios. Nadie puede llegar a Dios sino a través de este puente, de este camino que es nuestro Señor Jesucristo.
b) CRISTO VIENE A SU IGLESIA EN PENTECOSTÉS
Ese Cristo-Dios al que el Padre exaltó en esta hora de Pascua, es el Cristo que viene en Pentecostés. La venida del Espíritu Santo -entendámoslo bien- es el retorno de Cristo en el espíritu, es el Espíritu de Cristo que viene a su Iglesia. Espíritu de Cristo con toda su fuerza salvadora, con —159→ todo su amor, con toda su valentía para denunciar el pecado, con toda su fuerza para decirle al hombre por dónde está el único camino por donde se puede salvar, y señalarles los caminos anchos por donde se pueden perder.
Este Cristo viene y dice en la última parte del evangelio de hoy: «Vosotros que creéis en mí, haréis cosas mucho mayores que yo». ¿Qué quiere decir esto? Que toda la potencia salvífica que él trajo de Dios, la va a confiar a este grupo que ya son la Iglesia naciente; y que a través de los siglos y de los pueblos, esta Iglesia hará cosas mayores que Cristo en el sentido geográfico, numérico, porque él salvó al mundo con una redención objetiva, muriendo en la cruz y dejando, diríamos, la fuente de la redención, pero sus discípulos tienen que repartir en canales por todo el mundo esa obra salvífica y él ya mira a su Iglesia extendida por todos los pueblos haciendo cosas mayores que las que él hizo personalmente.
Cristo no tuvo ante su presencia física esta muchedumbre que yo tengo aquí en Catedral ni este auditorio de la radio en esta hora que yo sé que es muy numeroso. Es verdaderamente Cristo que está hablando por mí y me está diciendo: tú estás haciendo cosas mucho mayores que yo, no porque sea más que yo sino porque lo que yo dije tú lo estás repitiendo a través del milagro de la radio; en la atención de esa muchedumbre tú estás repitiendo mi palabra estás salvando al mundo, señalando el camino; y como yo también, recibes la ofensa, la calumnia. También a mí me apedrearon, también a mí me persiguieron, también en mi tiempo hubo gente que, aunque yo le señalé con milagros la potencia de Dios, no creyeron en mí, me sentenciaron, me crucificaron porque les estorbaba mi doctrina; así tiene que estorbar la tuya también, pero estás haciendo casas muy grandes porque es mi obra la que tú estás continuando. Y cada sacerdote, por más humilde que sea su parroquia, está haciendo cosas más grandes que Cristo en el sentido del evangelio de hoy. Lo mismo el catequista, el padre de familia, el predicador de la palabra, los suyos, sus discípulos, están llevando al mundo la obra redentora del Señor.
Cristo retorna, pues, en el espíritu. Es el espíritu de Cristo el que nos congrega, es el espíritu del Señor el que todos los domingos mira sus iglesias llenas para transmitirle su verdad y su vida. ¡Qué hermosa es la Iglesia!, hermanos, el retorno de Cristo en el espíritu. Cristo está aquí. Y cuando en la hostia consagrada lo adoremos sin verlo, no dudemos, es un retorno de Cristo en Espíritu, es el espíritu del Señor el que me ungió sacerdote para decir las mismas palabras suyas en la última cena: «Esto es mi cuerpo, levantar a la vista de todos y adorar yo también a Cristo que está presente entre nosotros».
Cristo está presente en la confirmación de Pentecostés. Cuando el Obispo con sus sacerdotes impongan las manos, el Espíritu de Cristo viene a —160→ posesionarse de esos jóvenes que hoy se están preparando para recibir el Espíritu Santo, el espíritu de Cristo que retorna con un Cristo no visible pero sí real, valiente, verdadero. Cristo siegue hablando con voz e inflexiones distintas, según sean sus instrumentos, pero es el mismo Cristo el que habla, y al mismo Cristo al que se atiende, y al mismo Cristo al que se ofende y se desprecia cuando se calumnia y se desprecia su Iglesia.
2.º) PRESENCIA DE CRISTO EN LA IGLESIA COMO CONSTRUCCIÓN, PUEBLO Y COMUNIDAD
Por eso, hermanos, un segundo pensamiento. Esta presencia de Cristo que retorna son estas tres figuras que encontramos en las lecturas de hoy. Yo les suplico que las reflexionen mucho. Se presenta hoy como una construcción, la Iglesia como una casa de Dios. La segunda figura es la Iglesia como pueblo de Dios, como una raza elegida. Y la tercera figura es la Iglesia como una comunidad de diaconía, es decir, comunidad de servicio, que eso quiere decir diácono, el servidor.
a) LA IGLESIA COMO UNA CASA DE DIOS
En primer lugar, una Iglesia que es construcción de piedras vivas. La figura es bella. Dice la lectura de hoy que Cristo es la piedra fundamental y sobre esa piedra todos ustedes cristianos, son piedras vivas. No son piedras muertas materiales, cada hombre con sus cualidades, con sus carismas, con su grado de santidad es una piedra viva. Estamos construyendo un templo y cuando un cristiano muere, esa piedra es colocada en el templo de la gloria. El esplendor de Dios ilumina ese santuario hecho con hombres de las canteras de la tierra, iluminadas con luz de espíritu, con sangre de bautismo que es sangre de Cristo. ¡Qué bello destino el de la vida humana! Cada hombre es una piedra viva.
Hemos pensado, hermanos, que aun cuando envejecemos y enfermamos y nos sentimos inútiles, pobres, marginados, somos piedras que el Divino constructor está labrando para hacerse un templo que ya comienza a esplender en esta tierra. «Pero para ustedes -dice San Pablo- esta piedra que es Cristo, es piedra fundamental». En cambio, hay muchos que la desecharon como inútil, como inservible para sus intereses, prefirieron las tinieblas, lo material; para ellos Cristo será piedra de tropiezo, piedra de choque. ¡Qué terrible! Este Cristo que se está ofreciendo como base para construir la vida de los hombres, muchos hombres la desechan porque quieren poner otros fundamentos, otros ídolos, otros valores y Cristo no encaja bien en esa construcción.
Así se explica que la Iglesia, construcción de Dios, no cohesiona con la construcción materialista del mundo, así como no pega -los arquitectos lo saben bien- el cemento armado con el lodo, los materiales se distancian —161→ cuando no están hechos para conglutinarse. Todo hombre que no es espíritu de Cristo, es lodo, es barro, es bahareque, es construcción endeble; no puede subsistir sobre la roca inconmovible de aquel que construye en la sinceridad, en el amor, en la verdad, en la justicia, en todo aquello que es la sinceridad.
No puede construir sobre la base de Cristo y Cristo le estorba al que vive de la mentira, al que vive de la hipocresía, al que deja su pluma para destilar veneno, odio y difamación. No puede estar con Cristo una construcción que es de odio y es endeble como el barro.
b) LA IGLESIA PUEBLO DE DIOS
La otra bella figura de la Iglesia es pueblo de Dios. En la lectura segunda, la Carta de San Pedro, encontramos el eco del Viejo Testamento hablando de Israel, que se han hecho cualidades del pueblo cristiano. Hermanos, yo quisiera que se grabaran profundamente en su vida estas cuatro frases que son como los cuatro insignes honores del verdadero cristiano. San Pedro nos dice hoy a los bautizados que por el bautismo somos: 1.º) raza elegida; 2.º) sacerdocio real; 3.º) nación consagrada y 4.º) pueblo adquirido para narrar las maravillas del Señor. Este es nuestro deber, esta es la misión de la Iglesia como pueblo de Dios.
RAZA ELEGIDA
Es hermoso si ustedes leen la carta I de San Pedro que hoy se ha leído sólo en un trocito, allá al principio la dedica a los cristianos que están en la dispersión. Es una frase para decirle: «el cristiano por su bautismo constituye una raza elegida». Cualquiera que sea el color de su piel, cualquiera que sea su categoría social, cualquiera que sea su color político, es una raza elegida. Es como los israelitas cuando tenían que emigrar de su nación y vivir en la diáspora. Donde quiera que vivían, recordaban el origen y el destino de su historia. Así todo cristiano, donde quiera que esté, debe sentir su raza elegida; por el bautismo me he hecho raza de Dios, por el bautismo soy consanguíneo de Cristo, voy llevando en mi sangre, en mis venas, en mi vida, esta dinastía de Dios. ¡Qué honor!
SACERDOCIO REAL
Quiere decir que este pueblo de bautizados tiene verdaderas funciones sacerdotales. ¡Cómo quisiera tener tiempo, hermanos, para describirles en qué consiste la función sacerdotal del pueblo! Desde el día en que un niño se bautiza, se incorpora a un pueblo puesto en el mundo para dar culto a Dios. Esto es lo sacerdotal, dar culto. Y san Pedro dice que somos sacerdotes para dar culto espiritual a Dios. La vida del bautizado, cualquier que sea su profesión, es un culto a Dios.
—162→Misa no sólo se celebra el domingo en catedral, misa es la del hombre que hace de su vida un culto al Señor. Nunca de sus labios una mentira, nunca en su conciencia un resentimiento, un odio; en su profesión por más humilde que sea, a la gloria de Dios. Y así está celebrando misa el hojalatero, el carpintero, el barrendero, la señora de mercado, el estudiante, el profesional. Cuantas categorías de vida que están escuchando esta palabra. Y yo les digo, hermanos, todos ustedes son sacerdotes que celebran su misa en su propia profesión, en su propia vida. No pierdan el sentido divino de su existencia.
Y cuando el dolor nos pruebe, ustedes queridos enfermitos que me escuchan -sé que me están escuchando allá en el querido hospital de la Divina Providencia, como en tantos otros hospitales y en tantos lechos de enfermo-, sé que ustedes queridos enfermos, como Juan XXIII, pueden decir cuando le dijeron a Juan XXIII que la enfermedad era grave y que tenía que acostarse, Juan XXIII dijo: «también la cama es un altar, y yo ahora soy la víctima de ese altar». ¡Qué hermoso concepto! Así puede decir también el trabajador, la empleada que va a su oficio: «también mi oficio es un altar y en ese caso yo soy la víctima sagrada de ese altar, voy a trabajar con gusto, voy a cumplir mi deber».
Díganme hermanos, si esto es subversión. Digan si esto es resolver las cosas y no ponerlas en su puesto, decirle a los políticos: también ustedes pueden ser hostias sagradas para Dios si cumplen su trabajo político con verdadero sentido cristiano. Decirle también al que tiene dinero y haciendas: tú también puedes ser víctima sagrada a Dios; si eres bautizado, eres hostia de un altar si le das un sentido social de justicia, de cristianismo, de hermandad a tus relaciones con todos tus hermanos. Esto es ser cristiano, ser bautizado, ser pueblo de Dios, raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada. Una nación puesta en el mundo para ir proclamando las maravillas del Señor, pueblo adquirido por Dios.
Nos ha comprado Cristo con su sangre, no nos pertenecemos a nosotros. Cristo es nuestro dueño, es nuestro Rey y él tiene que gobernar sobre nosotros. Si alguno no quiere que Cristo reine sobre él, haría bien, como hacen -dicen los cristianos allá en Alemania- donde les obligan a pagar un impuesto para ayudar a su propia religión, cuando ya no quieren pagar ese impuesto, van a decir: «yo ya no soy cristiano, bórrenme del libro del bautismo». Sería preferible; no porque no les cobrarán un impuesto, sino porque no quiero aportar a esta hora en que el pueblo de Dios tiene que ser pueblo escogido, nación consagrada, valiente comunidad para proclamar las maravillas de Dios y denunciar las injusticias del pueblo que nos circunda. Sería preferible borrarse del libro de la parroquia y no llamarse cristiano, que ser bautizado e ir arrastrando la ignominia de los paganos y pecadores. Bautizados pero paganos en el corazón.
—163→A esto viene nuestra fiesta de Pentecostés, a revivir esta conciencia cristiana de nuestro pueblo, a decirle como San Pedro en la lectura de hoy que recordemos a nuestra dignidad de raza elegida, de sacerdocio real, nación consagrada y pueblo adquirido.
c) LA IGLESIA COMO UNA COMUNIDAD DE DIACONÍA
Y finalmente, hermanos, este pensamiento del Cristo que retorna en el espíritu a los suyos, a nosotros, y hace de nosotros una comunidad de servicio, una comunidad de amor, una comunidad de jerarquía, una comunidad de oración.
La comunidad, la comunión, esto es lo característico de la Iglesia. Por eso, el Concilio Vaticano II nos invita a educarnos saliendo de una educación individualista: «mi alma y Dios». Y entrar, en cambio, en una espiritualidad de pueblo. Somos un pueblo, una comunidad, una comunión. En griego lo decían los primeros cristianos: somos una «coinonía». Bonita palabra que hoy se ha puesto de moda otra vez cuando en las comunidades de base, en las comunidades parroquiales se va descifrando qué significaba para aquellos antiguos la «coinonía», comunidad, una vida de familia. Y en esa vida de familia hay sus características.
EL ORDEN DE LOS DIÁCONOS ¿POR QUÉ NACIÓ EL ORDEN DE LOS DIÁCONOS?
Nos lo ha contado hoy el libro de los Hechos. Había contiendas, ya comenzaban las divisiones en la Iglesia entre hebreos y griegos. Decían los unos a los otros: «No nos cuidan bien a nuestras viudas, se descuidan de nuestra gente». Siempre comienza por algo egoísta o materialista la división en la Iglesia, es el primer rasgo, la primera noticia de la historia de la Iglesia en que aparece una división entre los que forman la Iglesia. No nos extrañemos, hermanos: «Iglesia de hombres con mañas de hombre», tendrá que haber divisiones de hombres. No nos debe escandalizar, más bien, fijémonos cómo se superó aquella crisis.
La jerarquía, Pedro y los apóstoles, llaman a la comunidad, la «coinonía» y les dicen: «Ha crecido mucho la comunidad, ya nosotros apóstoles no podemos atenderlos a todos, nosotros no podemos descuidar nuestro deber principal que es la oración y el servicio de la palabra. Escojan, pues, entre ustedes siete hombres llenos del espíritu Santo». Y escogieron siete, entre ellos el protomártir San Esteban, y les impusieron las manos. ¡Miren hermanos qué bonito gesto de Iglesia, la jerarquía propone el modo, la comunidad participa eligiendo y los elegidos reciben el poder de la jerarquía! Otra vez, la Iglesia... la jerarquía. No olvidemos nunca, porque el día en que demos a esta comunidad sólo un sentido carismático, un sentido de amor y de comunión y nos olvidemos de la autoridad que es el Papa, los —164→ obispos, los sacerdotes, estamos destruyendo la vértebra de esta comunidad.
LA DIACONÍA ¿QUE ES DIACONÍA?
Otra palabra que hay que aprender en nuestro tiempo los que quieran estar al día con la Ciencia de la Iglesia. La diaconía es una palabra griega que significa también servicio. Los diáconos y toda la jerarquía es diaconía. Los obispos no mandamos con un sentido despótico. No debe ser así. El Obispo es el más humilde servidor de la comunidad porque Cristo lo dijo a los apóstoles, los primeros obispos: «el que quiera ser más grande entre ustedes, hágase el más chiquito, sea el servidor de todos». Nuestro mandato es servicio, nuestra conducción, nuestra palabra, es servicio.
Fíjense bien en esto de San Pedro: la misión principal es oración y servir a la Palabra. En este momento, hermanos, yo estoy sirviéndoles a ustedes. Mi predicación es un servicio a la palabra de Dios para transmitirla al pueblo. De ahí mi empeño en preparar lo mejor que puedo con mis pobres alcances, esta homilía, todas mis intervenciones, mis escritos, para transmitir la Palabra tratando de hacerla lo más nítida posible. Y por eso me duele, ¡cómo no me va a doler que al servidor de la Palabra, que al humilde criado de la Comunidad de la Arquidiócesis, los señores que reciben este servicio, en vez de agradecérselo lo vituperen! ¡Le digan como los señores insolentes a sus pobres cocineras: «¡eso no sirve!».
Hermanos, yo les agradezco a ustedes tantos bellos testimonios de solidaridad, que ya les repetí una vez que le dan ganas de orar como Cristo, sobre todo, entre la gente humilde: te doy gracias Padre, porque este servicio a la Palabra que yo trato de hacer, me lo comprenden los humildes, los sencillos de corazón; cuando en cambio se torna diatriba, se torna ofensa, y suscita, desata calumnias para todos aquellos que se creen autosuficientes, soberbios, encastillados en su propio modo de pensar y no quieren que nadie les llegue con la doctrina auténtica del verdadero evangelio.
LA SEÑAL DE ESTA COMUNIDAD: EL AMOR
Y es finalmente, hermanos, y con esto término, un servicio, una comunidad que la resuelve todo el amor. Ágape, el amor. «En esto conocerán que sois mis discípulos». Esta es la señal de esta comunidad: el amor. Yo los invito a todos para terminar esta reflexión, que tratemos de revisar nuestro propio corazón. Si hay amor aun para aquellos que nos ofenden, eres cristiano. ¡Bendito sea Dios! Si estás guardando un rencor, una rencilla contra aquel que molesta tu situación que tú mismo sabes que no es cristiana, eso mismo te está diciendo que no eres cristiano. Si tú pagas para escribir o para hablar por radio ofensas contra tu hermano, aunque sea el —165→ Obispo, no eres cristiano. Tú que te ganas la vida, que por necesidad de tu estómago vendes tu pluma, tu lengua para hablar por radio, servir de intereses mezquinos, no eres cristiano; pero eres más comprensible, te comprendo, tienes hambre y tienes que vender aunque sea tu fama.
Cuídense, hermanos, no nos vendamos a nadie. Hemos sido comprados por Cristo y el amor suyo es el que debe de imperar entre nosotros. Celebremos nuestra eucaristía. ¡Qué honor también saber que ese bautismo que nos ha hecho raza de Dios nos invita a la eucaristía cada domingo para alimentar nuestra vida divina, nuestra vida divina que es lo más hermoso que Cristo nos ha traído! Porque Cristo resucitado no se ha ido, ha retornado en el espíritu y su vida de resucitado, su vida inmortal, su vida que muere ya, se quiere hacer nuestra vida; nosotros podemos hacer nuestra esa presencia, esa vida de Cristo entre nosotros por los sacramentos, por la fe. Por eso proclamemos ahora, pues, con una convicción profunda de que Cristo está aquí entre nosotros, el Credo de nuestra Misa.
Creemos en un solo Dios...