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Así la describe Carina Blixen al hablar de la refundación de Montevideo en su panorama de la fantasía uruguaya actual.(Ver bibliografía).

 

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En el artículo «Mario Benedetti o la admirable historia de una terquedad infinita», Ambrosio Fornet se refiere a esta relación única que estableció Benedetti con sus lectores y personajes: «Nadie ha apelado con más frecuencia a él [lector] -y a la noción de 'prójimo' e inclusive de 'lector-mi-prójimo'- para dar cuenta de la relación del artista con el mundo y con su propia actividad creadora. (...) Eso explica, quizás, el reiterado fracaso de ciertos críticos que, habiendo llegado a la onerosa conclusión de que escribir es como administrar un sacramento, no cesan de aconsejarle a Benedetti que escriba distinto. (...) Es esa autenticidad a toda prueba la que le permite hacer de la literatura una experiencia compartida, y del aislamiento forzoso del escritor, una 'soledad comunicante'» (p. 37).

 

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Rafael González Gosálbez analiza detenidamente la herencia literaria de Benedetti. (Ver bibliografía).

 

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Personajes como el de «Tarde de domingo»(La seca y otros cuentos) revelan un claro corte benedettiano en ese ir muriendo aplastado por la rutina de la oficina, rebelándose y enfrentándose a los que cree sus enemigos, la mujer, los hijos, los amigos, ya que se sienten al margen de un poder político fantasmal que no ve ni comprende, sin poder cambiar las estructuras que los oprimen, reiterando el autoritarismo en el hogar, como dictadores aficionados. Y hallan escapes cobardes, como el protagonista de «La casa del cuadro», que se refugia en otra vida familiar ideal, incapaz de soportar la pobre rutina de la oficina y la opresión de su jefe, tiranuelo de ocasión, o la secretaria de «Biopsia», como sacada del cuento «El presupuesto», aunque la autora también da cuenta en sus obras de la existencia de personajes como Juan Ángel con su toma de conciencia que los lleva a la acción, como en «La muertita»(Por el ojo de la cerradura).

 

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A pesar de las posiciones ocupadas, Naranjo siempre se ha mantenido fiel a la clase media costarricense, a sus pequeños y cotidianos conflictos que producen en sus héroes, tan insignificantes como los benedettianos, frustración, aislamiento, como se observa en su libro de poemas Homenaje a don Nadie (1981) yen su ensayo Cinco temas en busca de un pensador (1977). En los poemas Naranjo continúa explorando la intimidad de esos don nadies de nuestra ciudades, los olvidados por la clases dirigentes, aunque aludiendo a la condición humana en general. En el libro de ensayos, Naranjo examina el legado de Benedetti de El país de la cola de paja, similaridades que se observan en todas las obras de Naranjo, esa soledad social y política propia de las sociedades modernas que ingresan a Hispanoamérica.

 

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Esta idea la he desarrollado en profundidad en mi artículo «El ensayo latinoamericano frente a la modernidad y la postmodernidad: ¿continuidad o alteridad?», relacionándola a El país de la cola de paja. (Ver bibliografía).

 

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Si bien ya en 1976 Roberto Fernández Retamar sugería, a manera de hipótesis, que Benedetti era un pensador como Unamuno, en 1992, en estudios como el mencionado de Sylvia Lago, se testimonia este enlace y similaridad. Dice Fernández Retamar en «La obra novelística de Mario Benedetti»: «Benedetti arrancó como un escritor de preocupaciones éticas, y es en nuestros días un escritor, sobre todo, de preocupaciones políticas. Benedetti es -voy a compartir con ustedes esa hipótesis- esencialmente un pensador; no un filósofo: un pensador (como hubiera dicho José Gaos) que, como el español Miguel de Unamuno o el argentino Ezequiel Martínez Estrada, ofrece una versión personal, una visión vivida desde dentro, de su realidad» (p. 101). Por su parte, Lago, en su estudio, que posee un epígrafe precisamente de Unamuno -«La memoria, este esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir»-, revela la marcada y reiterada preocupación de Benedetti por rescatar el pasado, por ahondar en el otro y en el sentido de la vida, así como en el aspecto más español de la misma, la muerte (pp. 46-48).

 

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Por un análisis más detenido de las huellas hispánicas en la obra de Benedetti, consultar «La palabra compartida de Mario Benedetti», de Fanny Rubio, y «La obra como 'sombra' y el personaje como 'réplica'; algunos apuntes sobre la narrativa de Mario Benedetti», de Rafael González Gosálbez, incluidos en el número de Anthropos.

 

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Campanella, Hortensia, «Mario Benedetti: A ras de sueño» (entrevista), Anthropos, Revista de documentación científica de la cultura, nº 131, número monográfico: Mario Benedetti. Literatura y creación social de la realidad, Barcelona, mayo de 1991, p. 29.

 

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Es éste precisamente uno de los elementos aducidos habitualmente para caracterizar la llamada posmodernidad, ya desde el inicio mismo de la discusión teórica en tomo a este concepto. «La sociedad que viene parte menos de una antropología newtoniana (como el estructuralismo o la teoría de sistemas) y más de una pragmática de las partículas lingüísticas. Hay muchos juegos de lenguaje diferentes, es la heterogeneidad de los elementos. Sólo dan lugar a una institución por capas, es el determinismo local», puede leerse, por ejemplo, en F. Lyotard, La condición postmoderna, (traducción de Mariano Antolín Rato), Madrid, Cátedra, 1987, p. 10.