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ArribaAbajoNúmero 16.- Tomo V.- Junio 1872

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ArribaAbajoEducación


ArribaAbajoPrincipios generales

La educación supone instrucción y adiestramiento. Instruir a los niños es comunicarles el conocimiento de las cosas; y adiestrarlos poner en práctica las máximas que se les enseñan. Los preceptos teóricos tienen poco influjo, si no van acompañados del ejemplo y de la acción, del mismo modo que las reglas gramaticales serían infructuosas para el que siempre oyese hablar de una manera incorrecta.

Triste es, sin embargo, la consideración de que en donde quiera que el ser inteligente se halle, ha de encontrar el bien y el mal tan artificiosamente combinados, que, sin un constante anhelo de su felicidad verdadera, cae las más veces, presa inocente, en los lazos que le tienden el vicio y las pasiones. Por una tendencia marcadamente ciega, y que suele tener su origen en la frágil naturaleza humana, propende de un modo lento, aunque fecundo en resultados, a recibir todas aquellas impresiones que halagan los sentidos y lisonjean el amor propio, desviándose, sin apercibirlo, del áspero camino de la virtud, que conduce a la perfección moral; pero cuya práctica exige humildad, sacrificio, abnegación.

La lucha interior que se suscita entre los afectos de un corazón puro con el rudo embate de las pasiones, produce a veces en los primeros años de la vida la derrota de las buenas costumbres y el triunfo de la desmoralización.

El grito de la conciencia, reprimido por los fugaces placeres, no alcanza a imprimir en la voluntad todo el impulso conveniente para separarse del suave declive que ofrece a la vista del joven inexperto una vida desordenada. Ya lo dijo el insigne Balmes: «Hay   —242→   probidades que no sirven para la hora de la tentación: cuando el cebo brinda y el peligro amenaza, la probidad y la virtud sucumben».

Para estos seres desgraciados, las necesidades ficticias que les rodean son otros tantos medios precisos para dulcificar su existencia. El momento presente es su esfera de acción, y no se ocupan ni un instante en considerar el hondo abismo que les aguarda en el último término de su precipitada carrera. El joven piadoso y recogido es para ellos un ser adusto e insociable; el amante de la virtud un insensato, que desconoce los verdaderos goces de la vida, merecedor de lástima, de abandono o de desprecio de las gentes de buen tono.

De aquí es que, ridiculizando cuanto en el mundo moral, y entre las personas ejemplares, merece un alto aprecio y una admiración sin límite, lo conviertan todo en objeto de burla, por más que los rasgos de heroísmo, de pundonor, de virtud, de benevolencia y de conformidad o resignación en las adversidades de la vida, conmueven siempre el corazón humano, hasta de aquellos seres que, abdicando en favor del vicio el influjo poderoso de sus facultades intelectuales, se colocan casi al nivel de los que sólo cuentan con instinto.

La educación es la única reguladora de las acciones humanas, y, por lo tanto, consideramos esencialísimo inculcar en los que han de dirigir los primeros pasos de la juventud, las máximas de sana moral en que consiste su felicidad futura, y el orden y bienestar de las familias.

Es indudable que la repetición de las acciones llega a formar las costumbres, y estas serán necesariamente conformes con el impulso que las produce, porque de una acción reprobada no puede resultar una costumbre buena. ¡Cuántas veces de un acto sencillo, poco reprensible en apariencia, suele nacer el crimen! Porque repetido sirve de base a los sucesivos, y son, por decirlo así, consecuencia lógica o suma precisa de cifras anteriores.

Así, pues, se hace indispensable combatir desde la niñez toda acción que se oponga a la práctica y observancia de los principios religiosos y morales que en adelante deciden del porvenir del hombre, y que siempre han de dar sus frutos, aun en aquellos que se encuentran un tanto pervertidos por doctrinas y máximas perniciosas, que no es de este momento explanar, haciéndoles volver la vista a los sanos preceptos que sus padres y maestros procuraron grabar desde su infancia en su inexperta inteligencia.

Y no hay que desmayar ni menos retroceder cuando se tropieza con naturalezas refractarias al bien y obstinadas en el mal, juzgando impotentes los esfuerzos de una esmerada educación; porque entonces insensiblemente viene a caerse en la funesta y absurda teoría de respetar los hechos consumados, como si por un consejo indiscreto, o un extravío propio de la inexperiencia de la juventud, hubiera de dejarse al desgraciado sumido perpetuamente en el fango, sin tenderle una mano protectora, sin convencerle de sus errores y encauzarle por la senda de la rectitud y del deber.

Si hoy ofrece alguna oscuridad la exposición de los principios generales que dejamos consignados como punto de partida para el objeto que nos proponemos,   —243→   en artículos sucesivos nos servirán, sin embargo, de base para desenvolver las consecuencias que entrañan, de alta importancia, atendida la índole de esta Revista de LOS NIÑOS, cuando se trata de la educación, adiestramiento y enseñanza, bases fundamentales de toda carrera científica y de toda posición social, acomodando el lenguaje y aplicación de estos mismos principios a la débil e inmatura inteligencia de la niñez, en cuyo obsequio estos estudios consagramos.

M. J. PASCUAL.






ArribaAbajoOración al Ángel de la guarda


¡Divino Ser bondadoso!
Ángel bello del Señor,
Que estás sin cesar, piadoso,
Velando por mi reposo
¡Con puro, inefable amor!  5
   No me apartes con desvío
Tu rostro dulce y risueño;
No permitas, Ángel mío,
Que algún pensamiento impío
Turbe la paz de mi sueño.  10
   Yo soy débil, tú eres fuerte,
Haz que vayamos los dos
Unidos hasta mi muerte
Para que la senda acierte
Que va a la mansión de Dios.  15
   Mi alma de su centro vino
Y hoy le busca suspirando;
Pero, ¡ay!, triste peregrino,
Voy por la tierra vagando
Sin encontrar mi camino.  20
   ¡Ay, si me niegas tu amparo!
¡Ay triste, si con enojos
Se nubla tu rostro claro!
¿Quién enseñará a mis ojos
La luz del celeste faro?  25
   ¿Cómo, en la senda torcida
Del mundo insano, podré,
Si tu clemencia me olvida,
Llevar al fin de mi vida
Los tesoros de mi fe?  30
   ¿Cómo al seductor aliño
Del mal, si su pecho asalta,
Sabrá resistir el niño?
¿Qué podrá hacer si le falta
Su escudo, que es tu cariño?  35
   ¡No!, ¡que tu amoroso celo
No olvida al hombre jamás!
Tú eres su luz, su consuelo;
Tú por la senda del cielo
Encaminándole vas.  40
   Tú en apartarle porfías
Del peligro: y con tus alas
Patrocinando sus días,
Con una mano le guías,
Y a Dios con la otra señalas;  45
¡Ven, Ángel de mi guarda!, con ojos siempre atentos
Vela del podre niño por la eterna salud,
Y aleja de su mente los malos pensamientos
Que con tenaz empeño combaten su virtud.
Así buscando el trono del Santo y Uno y Trino,  50
Irá mi paso trémulo del tuyo firme en pos;
Mas quita los abrojos que cierran mi camino
Para que ya no aparte los ojos de mi Dios.
¡Oh!, y si tu santo celo, para ventura mía,
De tanto escollo logra mis pasos desviar,  55
Cuando a tu gloria vuelvas, serás también mi guía,
Y al que es de todos Padre veré contigo al par.
Ven, Ángel de mi guarda, con ojos siempre atentos
Continuamente vela por mi eterna salud,
Y aleja de mi mente los malos pensamientos  60
Que con tenaz empeño combaten mi virtud.

A. GARCÍA GUTIÉRREZ.



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ArribaAbajoLección de lectura

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ArribaAbajoLa carreta

Fábula


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Jacinto con su padre paseaba
por una senda desigual y escueta,
y curioso miraba
el tardo caminar de una carreta.
-¿Cuánto mejor -decía-  5
es la carrera rápida del coche?
Ya nos adelantó y detrás venía;
la carreta de fijo que a la noche
no habrá llegado al pueblo todavía.

   Íbale el padre a contestar, y oyeron  10
gritos, que daba un hombre en lontananza;
hacia el coche miraron, y le vieron
tendido de través, rota su lanza;
el cochero, mezclando a sus gemidos
quejas e imprecaciones,  15
y los caballos sueltos y aturdidos
marchando en encontradas direcciones.
-Ya ves -el padre amante
contestó a la pregunta del curioso-,
cómo el coche retrasa en un instante  20
todo el terreno que ganó afanoso;
el mismo ardor que ha poco le impulsaba
ya su mal ocasiona y le sujeta:
antes a la carreta adelantaba,
ahora seguir no puede a la carreta.  25

   En el estudio a veces no adelanta
el que más pronto salva más camino,
sino quien logra con segura planta
llegar certero al fin de su destino.
Si en la instrucción sufrís algún fracaso,  30
cuando paséis de la niñez inquieta
lamentaréis acaso
el no haberla alcanzado paso a paso,
como camina siempre la carreta.

M. OSSORIO Y BERNARD.



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ArribaAbajoNociones de astronomía al alcance de los niños

(Continuación)



ArribaAbajoLección VII

Nebulosas, constelaciones y estrellas


Por todo el espacio ilimitado, en que se encuentra suspendido el Sol y con él los planetas que giran en redor suyo, vese incalculable número de otros astros, chispeantes unos, de luz tranquila otros, formando grupos y sistemas semejantes a aquel de que formamos parte. Estos numerosos grupos, que antes de la invención de los anteojos apenas se percibían sino como nubecillas, recibieron por esto el nombre de nebulosas, pues se creía que sólo eran un conjunto de vapores luminosos. Pero luego que a través de los telescopios pudieron observarse estas masas, descubriéronse bien distintamente los diferentes astros que las componen formando a modo de archipiélagos en el inmensurable océano del vacío.

El entrar a detallaros todas las nebulosas que se han estudiado, cada una de forma distinta y con diversos nombres, sería salir de mi propósito, que no es otro sino el de trazaros a grandes rasgos el fondo del cuadro, en que son figuras principales el Sol, la Tierra y la Luna, y secundarias los demás planetas de nuestro sistema: cumpliéndole, pues, entro en materia.

En otra lección os he dicho que la Tierra forma parte de una nebulosa; es decir, de uno de estos grupos de estrellas y planetas que veríamos como una nubecilla luminosa si nos colocásemos a una distancia conveniente, como, por ejemplo, en una de las nebulosas que vemos como tales desde la Tierra.

Al llegar aquí es indudable que una duda asalta vuestra inteligencia, y que una pregunta brota de vuestros sonrosados labios: ¿cómo puede inferirse esto, me diréis, si nadie, absolutamente nadie, ha podido observar la Tierra desde tal distancia? El cierto; pero ya os he dicho lo que puede el estudio del hombre. En efecto, desde la Tierra podéis observar esa cinta compuesta de nebulosas que atraviesa el firmamento, llamándose vulgarmente Caminito de Santiago, y científicamente Vía láctea, nombre que tiene por origen una fábula mitológica: pues bien: esta es una gran nebulosa de forma de una gigantesca lenteja, y en cuyo centro nos encontramos; y he aquí por qué, a consecuencia de su forma, sólo vemos el grueso de la lenteja representado por esa cinta luminosa que nos rodea, y por el resto del espacio percibimos más distintamente gran número de astros que, formando parte de la nebulosa en cuestión, se hallan más próximos a nosotros.

Esta nebulosa, que no cuenta menos de diez y ocho millones de estrellas, ha sido para los astrónomos el objeto de mayor estudio, habiendo llegado a calcular que la extensión ocupada por   —247→   esta reunión de soles es tal, que suponiendo un rayo de luz que recorriese setenta mil leguas por cada segundo de tiempo, tardaría en atravesarla quince mil años. Y esto es solamente una nebulosa, y hay tantas y tantas nebulosas tan grandes, por lo menos, como la que nos ocupa... ¡La imaginación se pierde en la contemplación de este espacio sin límites, único trono del Dios omnipotente, eterno y supremo Hacedor de tantas maravillas!

Pero detengámonos un poco en las estrellas que más distintamente percibimos, después de las que ya conocemos; mirémoslas con atención, y observaremos que aparecen a nuestros ojos como diseminadas en el espacio, notándose gran diversidad en el brillo de su luz y un desorden aparente en su disposición. Esto, unido a su gran número, ha impedido dar a cada una un nombre particular, por lo que, y para poder estudiarlas, se les ha dividido por grupos o secciones, llamados constelaciones, que se distinguen por nombres tomados, ya de la mitología, ya de la historia, o ya de los reinos de la naturaleza. Así han podido hacerse mapas y esferas que representan el cielo, y han podido clasificarse las estrellas según su brillo y posición relativa.

Sin embargo, su tamaño y la distancia que guardan entre sí, no pueden apreciarse con exactitud: el primero sólo corresponde al brillo aparente de las estrellas; la segunda no es fácil de determinarse, pues dos estrellas que parecen muy próximas, pueden estar muy distantes en el sentido de la profundidad: es un efecto de perspectiva que os probaré con un ejemplo.

Si en una oscura noche os encontráis en una plaza o sitio cualquiera, desde donde percibáis gran número de faroles, no podéis apreciar cuál de ellos está más lejos o más cerca de vosotros, sino que veis destacarse todas sus luces sobre un plano oscuro, que, al parecer, está a igual distancia; y respecto a su distancia aparente nada tampoco podéis asegurar, pues dependiendo de vuestra posición con relación a ellas, varía cuando os movéis; otro tanto pasa con las estrellas, mostrándoos esto de cuántos escollos está erizado el campo de las investigaciones astronómicas, escollos unos insuperables, otros vencidos con un trabajo perseverante.

Sin describiros las constelaciones notables que componen el mundo sideral, voy siquiera a indicaros sus nombres para que no os extrañen cuando los oigáis.

Una de las más conocidas por todo el mundo, desde el sabio astrónomo al sencillo pastor, es la llamada Osa mayor, y vulgarmente Carro de David, o simplemente el Carro. Se encuentra hacia el Norte, y se compone de siete hermosas estrellas, de las que cuatro forman un cuadrilátero, y tres al lado de uno de sus ángulos. Nunca se oculta, y gira en veinticuatro horas alrededor de una estrella llamada polar, formando así un inmenso reloj que presta sus servicios nocturnos con toda exactitud a las gentes que no pueden disponer de otros.

Otra constelación más pequeña, formada también por siete astros y próxima a la anterior, es la llamada Osa menor, de cuyas estrellas, la que constituye el final de la lanza del imaginario carro, es la dicha estrella polar, fija siempre y sirviendo como de centro   —248→   al torbellino de constelaciones que giran alrededor de ella, marcando el polo Norte y siendo la brújula para el caminante.

Las demás constelaciones que tachonan la parte Norte de la bóveda celeste, se distinguen por los siguientes nombres: Casiopea, formada por cinco estrellas de tercera magnitud; Pegaso, por cuatro, formando un cuadrado; Andrómeda, Perseo, las Pléyadas, luminoso conjunto de estrellas; el Boyero, la Corona boreal, Hércules, el Dragón y los Perros de caza.

Antes de pasar a las constelaciones del Sur, debo deciros algo del Zodiaco. Llámase así a la zona de estrellas que atraviesa el sol en su carrera aparente durante el año, y se ha dividido en doce partes, constituyendo otros tantos grupos de estrellas que se llaman signos del Zodiaco. De estos visita el sol uno cada mes, por cuya causa habréis oído decir o leído en algún almanaque que tal día entra el sol en tal signo del Zodiaco14. Distínguense estos con los nombres latinos que habéis leído en la nota, y cuya traducción es la siguiente:

Aries (el carnero), Tauro (el toro), Géminis (los gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen), Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión o alacrán), Sagitario (el saetero), Capricornio (el macho cabrío), Acuario (corriente de agua, o más bien el fontanero), y Piscis (los peces). Estos nombres se escriben abreviadamente en las obras científicas por medio de unos signos que recuerdan algo la forma del objeto que representan.

La faja o zona que constituye lo que se llama el Zodiaco, puede servirnos como de división entre las partes Norte y Sur del firmamento y la línea que pasa por su centro, y que está algo inclinada con relación al ecuador de la Tierra, se denomina eclíptica.

Salvado el zodiaco, nos hallamos en la parte Sur del Cielo, y pudiendo observar sus constelaciones, entre las que es, sin disputa, la más bella, la llamada Orión. Distínguese por hallarse bajo los signos del Zodiaco Tauro y Géminis, y brillar en ella siete estrellas, dos de primera magnitud y cinco de segunda, a más de otras menores, formando diversos grupos, cada uno con su nombre, como le tienen también muchas de sus estrellas. Son también notables las constelaciones llamadas Can mayor, Can menor, la Hidra, la Nave, el Eridano, la Ballena, el Pez austral y el Centauro, y, por último, la apellidada Cruz del Sur.

Os he hablado en esta lección de estrellas de primera, segunda y tercera magnitud, y debo explicaros qué se entiende por esta clasificación.

Llámanse estrellas de primera magnitud las que aparecen a nuestros ojos más brillantes que las demás, ya porque realmente lo sean, ya porque estén más próximas a la Tierra, sin que por esto pueda afirmarse que en realidad sean mayores o más brillantes que las otras. Las que vienen después en el orden de su brillo, se llaman de segunda magnitud, y así sucesivamente hasta las de sexta magnitud, que son las últimas visibles a simple vista.

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Hay además ciertas estrellas cuya luz no es fija, sino que varía en su brillantez, debilitándose unas veces, siendo más viva otras, y esto de una manera periódica y a veces rápida, que admira al observador, habiéndose hecho diferentes hipótesis para explicarlo. Estrellas hay también que desaparecen por completo del firmamento, y otras nuevas vienen de repente como para sustituirlas. ¿Qué poder preside a estas variaciones? ¿A qué plan preconcebido obedecen? ¿Qué misión cumplen?... No es dado a nuestra pequeña inteligencia el comprenderlo. Sólo su Creador lo sabe, y nosotros únicamente debemos admirar su sabio poder y venerar rendidos su admirable Providencia.

ENRIQUE MARÍA REPULLÉS.






ArribaAbajoSobre la alimentación de los niños

Sobre este mismo tema dijimos en otro número de esta excelente Revista, que la alimentación debía ser variada, y que el instinto de los niños era el guía más seguro para la nodriza o la madre; si bien apelando a su experiencia y buen juicio, debían contenerle en límites regulares cuando fuera exagerado.

Trataremos hoy de algunos de los alimentos más convenientes para los niños, y concluiremos con varios ejemplos curiosos sobre la abstinencia y glotonería.

Se cree que los niños deben alimentarse de carnes con preferencia a toda otra sustancia, lo cual es un error, porque el abuso de aquellas engendra mucha crasitud en la sangre y la hace demasiado fuerte o plástica, condensa los líquidos, los entorpece y predispone a la apoplejía. De aquí el que algunos médicos distinguidos atribuyen muchas de las enfermedades que sufren los niños al abuso de una alimentación demasiado sustanciosa, y señalan entre aquellas el garrotillo, que dicen ser más común y mortífero hoy que hace muchos años.

Se refiere en algunos países de Europa haber llegado el abuso de alimentación hasta dar carne cruda a los niños, bajo la falsa idea de fortalecerlos, lo cual nos parece contrario a la organización y a la naturaleza, no debiéndose adoptar semejante práctica como regla general. En efecto, fijándose un poco en la organización de los niños, hallamos que no está dispuesta para hacer uso de carnes crudas, ni por lo que respecta a sus dientes, ni por sus fuerzas digestivas; además debe saberse que en las carnes crudas van con frecuencia los gérmenes de animalillos intestinales, entre los que se encuentra la lombriz solitaria y otras de su especie; así, pues, rechazamos, no sólo las carnes crudas como poco a propósito para los niños, sino que consideramos igualmente perjudiciales las carnes saladas, las curadas al humo o desecadas, lo mismo que el jamón crudo   —250→   y los embutidos, de cualquier clase que sean, considerándolos como alimentos que necesitan una fuerza digestiva grande y un aparato dentario a propósito para triturarlos, de lo cual carecen los niños hasta la edad de nueve años.

Cuando los alimentos no están en proporciones convenientes con las fuerzas digestivas, se originan empachos, malas digestiones y graves enfermedades.

La industria con la química nos presenta actualmente un medio de alimentación, rico en principios nutritivos, y del cual nos podemos valer sin apelar a la carne cruda: me refiero a la preparación que hoy se conoce con el nombre de carne de Liebig. Este distinguido químico, de que aquella toma nombre, ha proporcionado a la humanidad un bien grande con su invento sin los inconvenientes de la carne cruda.

En prueba de lo poco sano que es el uso de la carne cruda como alimento, recordaremos a nuestros lectores lo que se lee en el Génesis, capítulos VIII y XXIX, que Dios concede a Noé licencia para comer carnes, previniéndole fueran antes desangradas. También en el Levítico, capítulos XVI y XX, se lee que Dios estableció se hiciera uso de las carnes de los animales para sustento del hombre; pero advirtiendo que estas fueran de rumiantes domésticos y de animales de pluma, prohibiendo las especies carnívoras de los solípedos, reptiles y de pescados que carecían de escamas y aletas, añadiendo que para hacerlas digestibles era preciso condimentarlas o asarlas. Teniendo presentes estos sabios preceptos, no podemos aconsejar que los niños coman carnes crudas, como algunos hacen, desobedeciendo u olvidando avisos emanados de tan alta sabiduría.

Nuestro ánimo se conmueve cuando consultamos en materia de alimentación las viciosas costumbres de algunos países, y duélenos que siendo el hombre el ser más perfecto de la creación, se degrade hasta el extremo de los salvajes antropófagos, cuando devoran la carne de sus semejantes, así como otros individuos que para su regalo hacen uso de animales los más repugnantes; no parece sino que los destellos de la divinidad no les han iluminado aún, o que desoyen el grito de la naturaleza para saciar su instinto brutal: así vemos que en la Martinica comen ratones, en la Noruega ardillas, en Italia, Suiza y Alemania, hace pocos años se comía el tejón; en otros países eran bocados exquisitos el armiño, la comadreja, el hurón, el cusco, el lirón y otros más o menos repugnantes.

Semejantes animales no deben servir para alimento del hombre, ni han sido criados para ese fin; podríamos probar que se puede vivir y llegar a una edad provecta sin comer carne alguna, y en comprobación de esto hay localidades, sin salir de España, en las que a sus habitantes les repugnan las carnes; pero no nos fijemos en esos extremos; consideramos que tan poco sano es abusar de las carnes como dejar de alimentarse de algunas de ellas, siempre que sean de las mencionadas por el Señor, y se usen las asadas o condimentadas en proporciones convenientes según las edades, país donde se viva, ejercicio que hagan los niños, y eligiendo las horas del día más a propósito.

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Los niños, por ser en ellos muy rápidos los movimientos de composición y descomposición orgánica, necesitan alimentarse más a menudo que los adultos; la cantidad y calidad, el tiempo en que debe darse y la clase de alimentos que ha de elegirse, está en razón de la edad, naturaleza del niño, su temperamento, ejercicio que haga y fuerza de que disponga: el dar a los niños, antes de poder masticar, sustancias fibrosas, es en extremo perjudicial; los niños, hasta que les salgan las muelas, deben tomar alimento ligero, como, por ejemplo, tapiocas, sopicaldos, huevos, arroz muy blando, patatas deshechas o en puré, y leche con pan; ninguna pasta, ni crema, ni bizcochos son convenientes en tan corta edad.

El alimento del niño ha de ser mixto, alternando las sustancias albuminosas con las feculentas y grasosas, de donde salen todos los elementos de nutrición, sin olvidar las carnes propias para su edad; teniendo siempre presente que en el buen pan se encuentran los elementos necesarios para vivir y crecer; que este es el alimento más nutritivo, por ser también más asimilable; que después del pan se encuentran las carnes, después las féculas, en que debe figurar, como muy nutritiva, la lenteja, que es la revalenta de nuestros días; después el haba, el garbanzo, la patata, el arroz y otras de su clase.

La localidad donde se vive puede hacer variar la clase de alimentos que el niño debe usar; así tenemos que en el Norte es necesario tomar más carne que en los países meridionales. Si un niño se alimenta sólo de verduras o de vegetales, su organismo se empobrecería, y ni su sangre ni su fibra muscular estarían en condiciones de desempeñar sus funciones propias.

En efecto, observando bien la naturaleza de los países donde se reside, se puede sacar provechosa utilidad para la elección de sustancias alimenticias. Así se ve que en los climas ardientes se crían con abundancia el limón, las naranjas, la fresa, la guinda, el albaricoque, la pera, el melón, etc., con lo que se atempera la actividad de los organismos que viven bajo sus ardientes rayos solares; en los del Norte sucede lo contrario que en los del Mediodía: sus alimentos son más fuertes, y es preciso beber y comer en más cantidad.

Para mayor inteligencia marcaremos las cualidades de algunos alimentos.

Carne de buey. Esta es más nutritiva que la de vaca y ternera, y esta última es más tierna, más ligera, más tenue y más fácil de digerir que aquellas, y contiene más gelatina, por consiguiente nutre menos: la carne de buey tiene la particularidad de restriñir el vientre.

El caldo que se hace de estas carnes no debe ser nunca muy cargado de grasa, y debe no olvidarse que los consommés son difíciles de digerir.

Carne de carnero. Esta clase de carne es densa, pero no tanto como la del buey: se le atribuye la cualidad de aumentar la transpiración más que la de otros animales, y se digiere más fácilmente cuando el animal cuenta de cuatro a cinco años de edad que cuando es más joven, si se exceptúa cuando es cordero y tiene seis meses, que es la época más a propósito para comerlo.

DR. DÍAZ BENITO.

(Se concluirá.)



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ArribaAbajoD. Francisco Gregorio de Salas

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Poeta español del siglo XVIII, natural de Campanario, en Extremadura. Siguió la carrera de la iglesia, y fue capellán mayor de las Recogidas en Madrid e individuo honorario de la Real Academia de San Fernando.

Acaeció su muerte en 1808.

Fue muy estimado de todos cuantos le conocieron, por su afable trato, su honradez, su natural ingenio y su facultad para improvisar.

Es autor de las obras El Observatorio rústico; La calle de San Antón; Dalmiro y Silvano, égloga amorosa y elogio de la vida del campo en una silva de varios metros; Dos sueños poéticos, dirigidos a las Reales Academias de San Fernando y Española; Continuación de las nuevas poesías de D. Francisco Gregorio de Salas; un Compendio práctico del público, y otros varios trabajos religiosos.

En todas sus obras demostró el señor Salas un estudio profundo y un minucioso análisis; pero no consiguió idealizar la naturaleza, por lo cual sus escritos revelan un realismo tan exagerado, que las hace desmerecer en gran manera.

Respecto a la bondad de su carácter, era tan grande y reconocida, que algunos de sus biógrafos consignan que no podía dar un paso por Madrid sin que lo detuvieran de continuo los niños para besarle la mano.



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ArribaAbajoAlonso Cano

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Este ilustre pintor español, escultor y arquitecto, nació en Granada el día 19 de Marzo de 1600; hijo de Miguel Cano, arquitecto hacendado, desde niño empezó a cultivar el arte de su padre, siendo tan aventajado, que facilitó mucho el ornato de los templos; y así, después se dedicó a la escultura, y descubriendo grande afición por la pintura, pasó a Sevilla para perfeccionarse bajo la dirección de D. Francisco Pacheco, con quien estudió ocho meses, y luego continuó en la escuela de Juan del Castillo, y un corto tiempo en la de Herrera el Viejo, en las cuales se perfeccionó en términos, que al cabo de poco tiempo pudo ejecutar por su mano diferentes obras públicas en aquella ciudad, como son las del retablo mayor de Monte Sión, y otros tres en el colegio de San Alberto, en competencia de otras pinturas de Zurbarán y de su maestro Pacheco; y en el de Santa Paula y de San Juan Evangelista, la escultura, pinturas y la arquitectura es suya; tenía veinticuatro años de edad, y ya había adquirido una gran reputación, sobre todo con las estatuas de talla entera que representan a Nuestra Señora con el Niño de Dios en los brazos, San Pedro y San Pablo, y la de Cristo Nuestro Señor Crucificado, que todas son mayores que el natural, y encargadas para la iglesia mayor de la villa de Nebrija.

Al mismo tiempo se dedicaba a la destreza y manejo de las armas, en que salió aventajadísimo, lo cual, unido a su genio arrebatado y nada sufrido, aunque de corazón leal y bondadoso,   —254→   le ocasionó algunos lances muy pesados: uno de ellos fue con el célebre pintor Valdés: a consecuencia de un altercado, salieron desafiados, y Cano hirió de mucha gravedad a Valdés en la mano derecha, pasándole la guarnición de la espada y dejándole lisiado para siempre: por este motivo y el de haber ido a Andalucía el rey D. Felipe IV, se resolvió a seguir la corte, protegido por el conde-duque de Olivares, que lo dio la plaza de maestro mayor, de la que tomó posesión el año de 1638, ejecutándose por su dirección obras y reparos en los palacios y casas reales; después obtuvo el empleo de pintor del rey y de maestro del príncipe don Baltasar Carlos de Austria.

Llegó al colmo de la fortuna por su habilidad y grande opinión en las tres nobles artes; pero la inconstancia de esta trató de abatirle, pues viniendo una noche a su casa, halló a su mujer muerta a puñaladas, saqueada su casa y desaparecido un oficial italiano a quien daba hospitalidad. La voz pública designó al italiano autor de este delito; pero el dictamen de la justicia, después de haber hecho el examen de esta causa, fue que Alonso Cano la había matado, bien por sospechas mal fundadas de aquel oficial, o bien por tomar de ello ocasión para casarse con una dama de quien se sabía estaba enamorado; no faltó quien le hiciese sabedor del proceso que contra él se iba a fulminar y del riesgo que corría, y se marchó a Valencia, haciendo creer iba a Portugal; volvió después secretamente a Madrid, se descuidó en salir una vez, y le prendieron y le aplicaron tormento, no ligándole el brazo derecho de orden del rey, para respetar así el saber artístico que tantas obras admirables había producido, sufriendo Cano el tormento con tal entereza y valor, que no se le oyó ni un suspiro siquiera, cosa que al saberla el rey tuvo gran contento. Salió libre del proceso, y volvió a la gracia de S. M., y trató de ordenarse, y obtenida la dispensación de Roma, vistió el hábito clerical y se le hizo racionero de la iglesia de Granada; y al querer tomar posesión se la negó el cabildo, y envió dos diputados, que entre otras nulidades manifestaron al rey que Alonso Cano era lego e idiota; el rey les atajó diciendo: «Pues si Alonso Cano fuera hombre de letras, sería arzobispo de Toledo: andad; que hombres como vosotros los puedo yo hacer, y hombres como Alonso Cano, sólo Dios los hace».

Se volvieron abochornados, le dieron posesión, dispensándole el nuncio el rezo eclesiástico, y él se procuró la benevolencia de todos haciendo obras de todas tres artes para aquella santa iglesia y para otras; así pasaron diez años y no se había ordenado Cano, y el cabildo trató de que se diese por esto vacante su prebenda: vino a Madrid e hizo presente al rey la vejación que le querían hacer, el cual obtuvo del nuncio que le ordenase de todas órdenes, aunque nunca celebrase misa, por conocerse indigno; pero fue logrado a condición de que Cano acabase un Crucifijo del tamaño natural, y hecho este con gran aplauso, se volvió a Granada ya completamente ordenado, y tomó posesión de su prebenda el año 1658. Fue admirable la verdad que tuvo Cano en pintar las efigies que hizo.

El resto de su vida lo pasó haciendo obras de mucha piedad, y dando todo   —255→   su dinero a los necesitados, a las viudas y a los huérfanos, haciendo limosnas muy cuantiosas cuando cobraba el pago de sus obras, que se las hacía valer bien, porque todos las deseaban; y cuando se veía agotado todo su bolsillo y se le presentaba algún pobre en la calle, se metía en la primer tienda que encontraba, pedía un pedazo de papel y un tintero, y con la pluma hacía un dibujo, bien una cabeza o una figura, o bien un adorno de arquitectura, y le decía al mendigo: «Vaya a casa de don Fulano y dígale que le dé tanto por este dibujo». Así dejó innumerables dibujos, pues tenía portentosa facilidad.

Estando moribundo, le presentó el cura un Crucifijo de talla, muy imperfecto, como hecho de mala mano, y le rogó que lo quitase de delante y le diese una cruz sola, «que en ella -dijo- con la fe lo venero y reverencio»; y así se hizo, y murió con grande ejemplo y edificación de los que le rodeaban, año de 1676, a los setenta y seis de edad, sin dejar fortuna por su amor a la caridad; siendo como pintor el jefe de la escuela granadina, y como escultor una de las mayores celebridades de España.

MARIANO DE LA ROCA Y DELGADO.

25 de Mayo de 1872.




ArribaAbajoLa juventud del poeta latino Horacio

La juventud de los hombres célebres siempre es, por uno u otro concepto, muy notable.

Quinto Horacio Flaco, célebre poeta romano, nació el día 8 de Diciembre del año 689 de Roma, siendo cónsules Lucio Aurelio Cota y Lucio Manlio Torcuato, en Venosa, ciudad de la Pulla. Su padre, que era recaudador de las contribuciones públicas, quiso llevarle a Roma apenas tenía siete años, para que aprendiese las bellas letras con un afamado profesor llamado Orbilio Pupilo.

Diose a conocer desde luego el discípulo por su mucha aplicación y su afición a hacer versos, y contentísimo su padre de su comportamiento, quiso que se instruyera en cuantos estudios hacían los hijos de los caballeros y senadores romanos. Descolló en todo en tales términos, que instruido en todo lo concerniente al ramo de humanidades y de elocuencia, se dirigió a Atenas a los diez y ocho años, a estudiar la filosofía.

Los acontecimientos políticos de su patria interrumpieron su carrera, porque huyendo Bruto a Macedonia, después de la muerte de Julio César, ocurrida en el Senado el año 710 de Roma, con ánimo de levantar gente contra Octavio, se llevó a Horacio consigo, y le invistió con el cargo de tribuno o capitán de soldados.

Horacio, que no quería ser más que poeta y filósofo, después de correr muchos peligros y de haberse hallado en   —256→   diferentes peleas, arrojó la espada y la rodela, diciendo que prefería vivir como cobarde, más bien que morir como valiente.

Él mismo confiesa en una de sus odas haber arrojado vergonzosamente las armas, y esta franqueza no deja de tener cierta magnanimidad.

Acogiéndose nuestro joven poeta al perdón que concedió Octavio, vencedor, pudo volver a Roma; pero hallando a su padre muerto, y desposeído él de sus bienes, no tuvo más remedio que dedicarse a hacer versos.

Tanto los aplaudieron Vario y Virgilio en casa de Mecenas, varón nobilísimo y protector de los literatos, que quiso conocer a Horacio, y le colmó de favores.

Sus poesías son tan armoniosas como instructivas y bien intencionadas.

En las sátiras criticó los vicios, y en las epístolas recomendó las virtudes. Sus odas son muy celebradas, y por los asuntos de algunas de ellas puede conocerse el buen carácter y sencillez de su autor.

En una, le dice a Fusco Aristio, que nada tienen que temer jamás la inocencia y la virtud. En otra dice a Salustio, que sólo es rico el que hace buen uso de las riquezas; y sólo es feliz quien modera sus deseos. A Licinio Murena le dice que debemos amar la medianía y la igualdad de ánimo en la próspera y adversa fortuna; y en otra oda asegura que la verdadera felicidad no depende de las riquezas ni de los honores, sino sólo de la tranquilidad del alma.

F. JANER.




ArribaAbajoAnécdota

Dios premia a los arrepentidos.- Un cazador, por obligar a un ciervo a que saliese de una maleza, a donde no podían entrar los perros que llevaba, le prendió fuego, extendiéndose las llamas por todo el monte. Temeroso del castigo que le esperaba por el daño causado, huyó. Habiendo acudido la justicia, y encontrándose con un labrador que allí cerca estaba, le redujo a prisión y le sentenció a muerte, creyéndolo el culpable. El cazador no podía encontrar reposo, y hasta en el sueño le despertaba el remordimiento del perjuicio que había originado, y más que todo el que sufría por su persona un inocente. Llega el día fatal para la ejecución de la sentencia; levántase la horca en la plaza; listo estaba el verdugo, y el pobre reo caminaba sostenido por hermanos de la Caridad. Ya subía, a vista de un inmenso gentío, las escaleras del patíbulo... todos, en el mayor silencio, se contraían por la pena, cuando se oyen con fuerte voz estas palabras: «Dejad al infeliz labrador, que está inocente: yo soy el criminal». Y el cazador que así se expresaba, se lanza al fúnebre tablado. Se dio parte al rey, que, admirado de tan cristiano proceder, perdonó al cazador, el cual partió sus bienes con el labrador honrado e inocente.




ArribaAbajoSolución del jeroglífico del número anterior

Amor con amor se paga.





  —257→  

ArribaAbajoNúmero 17.- Tomo V.- Junio 1872

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ArribaAbajoEl nombre de Amorevieta

Tradición vizcaína


No será difícil, queridos niños, que haya llegado estos días hasta vuestros oídos un nombre que probablemente os sería antes de todo punto desconocido.

Ese nombre, que es el de un pueblecito de las verdes montañas de Vizcaya, llamado Amorevieta, se repite mucho en la actualidad, porque en aquel sitio se ha celebrado un convenio, que por desgracia será estéril, para que los españoles, que son todos hermanos, no luchen en guerra fratricida derramando su sangre generosa, cual si fuesen mortales y feroces enemigos que no estuviesen unidos entre sí por lazo alguno respetable; y ese nombre tiene su origen, su significado, su tradición, y, lo que es más aún, una tradición sencilla, delicada y poética.

Escuchadla, pues, bien atentos, porque os la voy a referir en breves frases.

En los tiempos antiguos, en aquellos tiempos en que los más poderosos por sus blasones, riquezas y soldados de que disponían, acostumbraban a vivir diseminados y ocultos en sus torres, castillos y fortalezas, más como aves de rapiña que acechan su presa, que como seres humanos aptos para el bien y dispuestos por Dios para la buena armonía con sus semejantes, había también en el noble señorío de Vizcaya una multitud de casas-torres en las cuales se encerraban sus dueños, si bien no tan estrecha y absolutamente como los castellanos de otros países.

Entre ellas figuraba la antiquísima casa solar de Echezarra de Achondo, cuya misma denominación va pregonando su antigüedad: y en ella vivían dos virtuosas hermanas, señoras de aquellos heredamientos.

Su acendrada fe religiosa no podía   —258→   permitirles que ni una vez siquiera dejasen de cumplir lo que sus cristianos deberes les ordenaban en los días festivos; y esto daba ocasión a que, sobreponiéndose a los contratiempos propios de una comarca en que las nieves, las lluvias y los fuertes vendavales son tan frecuentes, trataran de asistir puntualmente a la casa de Dios para presenciar el santo sacrificio de la misa.

Pero aquellas damas, que eran feligresas de Santa María de Echano, tenían que recorrer una distancia de dos leguas para poder satisfacer su ardiente devoción y loable deseo; y acaeció repetidas veces que, a despecho de sus buenos propósitos, ya contrariadas por una ya por otra causa, les sorprendió en el camino la vibrante y sonora voz de la campana que les anunciaba que en aquel mismo instante alzaba el sacerdote la sagrada hostia.

Al percibir aquel santo aviso, ambas caían de rodillas, ambas se prosternaban con humildad reclinando la frente sobre el suelo, y como respetuosas siervas de Dios, permanecían en esa actitud hasta que se terminaba el incruento sacrificio.

Mas hubo de llegar un tiempo en que esta escena se repitiera con desusada frecuencia; y entonces advirtieron las nobles señoras, no sin asombro, que siempre eran detenidas por la voz de la campana en el mismo sitio.

Advertencia del cielo les pareció esta circunstancia; y tomando la palabra la mayor de ellas, dijo con profunda fe e inspirado continente.

-La bondad de Dios nos ha favorecido, hermana mía, con sobrados bienes en la tierra, y hoy nos habla en su elocuente lenguaje revelándonos su poderosa voluntad. Acatémosla, pues, y fundemos en este sitio, por él designado, un templo para honra y gloria suya.

-Sí; levantemos -contestó la otra dama-, levantémosle un templo visible, ya que en el corazón se lo alzamos antes, y démosle rendidas gracias por tamaños beneficios.

-¡Felices aquellos de quienes Dios se acuerda!

Y al hablar con tal semejanza de pareceres, hincáronse de hinojos y oraron largamente,

No tardó en edificarse allí una iglesia, que se llamó de Amorevieta; es decir, de «Amor de dos»: cuyo nombre se refirió a las dos hermanas inflamadas en el santo amor de Dios.

Más tarde se agruparon algunas casas alrededor de aquella iglesia, y llegaron a formar un pueblecito.

Ese pueblecito, que debe su origen a la devoción de las dos damas, es el mismo cuyo nombre figurará en lo sucesivo en la historia de nuestras discordias intestinas.

PÉREZ DE LIÉBANA.



  —259→  

ArribaAbajoEl recién nacido

Fábula



-Yo quiero ver al hermanito nuevo.
-¿Para qué, mi Lolita? -Es porque debo.
Remaneció temprano ayer en casa,
y con cuidado estoy: algo le pasa;
pues aunque verle aún no se me deja,  5
siento de cuando en cuando que se queja.
Quiérole preguntar al pobrecito,
y ver qué me responde, y si es bonito;
y disponiendo franca de tus dones,
cuatro cajas le traigo de bombones.  10
-¿Cuatro, no menos? -Cuatro, aunque te rías.
-Ea, pues ven. -Mamá, muy buenos días.
-Buenos, Lola. No subas a la cama.
-¡Qué haces en ella! -¡Ay, hija! Dios propicio
un nuevo beneficio  15
añade a los que en mí, tiempo ha, derrama;
uno de los mayores que en su vida
la de tus padres cuenta.
-Cara tienes por eso de contenta;
pero también estás descolorida,  20
los ojos de agua llenos,
y reparo además que abultas menos.
¿Qué beneficio es ese que mentabas
con voz de gratitud y de cariño?
-Mira lo que me traen; este niño,  25
que hambre debe tener, según sospecho,
a quien por vez primera doy el pecho.
-¡Hola! -¿Eres tú, monín, el que chillabas?
¡Bien te callas ahora y bien te ocupas!
¡Caramba, y cómo chupas!  30
Pero, dime, cabeza de chorlito,
¿por qué no diste un grito,
diciéndole a tu hermana:
«Dame algo de comer, que tengo gana»?
¡Pues! ¡Os reís los dos! Ya me fatiga  35
ver que se han de burlar de cuanto diga.
-Voy a explicarte serio
cuál de la risa nuestra es el misterio.
Por noticia, mi Lola, ten segura
que esta recién nacida criatura,  40
a quien bombones obsequiosa ofreces,
aún no sabe comer... -¡Jesús mil veces!
-Ni habla, ni ve siquiera todavía;
y a la mamá le toca
darle al niño a mamar, pezón en boca.  45
Él le coge, y así se satisface.
-Para poco es el hombre cuando nace.
-Y aun después, hija mía;
que a mucha edad acaso llegaremos,
y hay cosa que sabremos  50
únicamente porque, allá en su día,
nos la quiso decir Él que podía;
y a no mediar su espíritu y su mano,
lo mismo nos pasara que a tu hermano,
que si el hambre le inquieta,  55
no se puede por sí buscar la teta.

J. E. HARTZENBUSCH.



  —260→  

ArribaAbajoAlonso de Madrigal

(Llamado el Tostado)


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Sabio teólogo español, natural de Madrigal, en Extremadura. Nació en 1400, y estudió en la célebre universidad de Salamanca, en la que recibió el grado de doctor a la edad de veintidós años. En aquella época dominaba ya varias lenguas, y especialmente el griego y el hebreo; poseía a fondo la filosofía, la ciencia del derecho, las matemáticas, la geografía y la historia. Fue profesor en dicha universidad, y sostuvo en Siena, delante del papa Eugenio IV, veintiuna proposiciones teológicas, si bien algunas no merecieron la aprobación del pontífice. Poco después de su regreso a España fue nombrado obispo de Avila e individuo del Consejo de Castilla, y pasó a mejor vida en 3 de Setiembre de 1454, siendo enterrado en el coro de aquella catedral.

Es tan prodigioso el número de sus obras, y tantos y tan diversos los conocimientos que revelan en su autor, que su nombre ha sido proverbial por esta circunstancia durante largos siglos: hoy mismo, cuando se trata de exagerar el número de las obras de algún autor moderno, es muy común decir que escribe más que el Tostado.

Fue autor de unos Comentarios muy importantes sobre los libros históricos de la Biblia y sobre el Evangelio de San Mateo; un gran número de opúsculos; un tratado de la Trinidad; uno sobre el estado de las almas después de la muerte; otro sobre la mejor manera de gobernar a los pueblos; un comentario a la Crónica de Eusebio; catorce cuestiones sobre la historia sagrada y la mitología pagana, y otros muchísimos trabajos que se conservan en la universidad de Salamanca.



  —261→  

ArribaAbajoFrancisco Zurbarán

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Francisco Zurbarán nació en el año de 1596, en la villa de Fuente de Cantos, hijo de buenos padres; tuvo gran inclinación a la pintura religiosa desde muy niño, y recibió lecciones de un discípulo del divino Morales que estaba en Extremadura: hizo tan rápidos progresos y su vocación era tan decidida, que para perfeccionarse pasó a Sevilla, donde residían los más célebres pintores de España, entró en la escuela del doctor Pablo de las Roelas, y aprovechó tanto en sus estudios, que ganó fama de excelente pintor con las muchas obras que hizo, y más principalmente con el cuadro de San Pedro Nolasco, causando grande admiración los hábitos de los religiosos, que, a pesar de ser todos blancos, venció esta dificultad de armonía y entonación, haciéndolos distinguirse unos de otros, según el término en que están, y hechos con admirable propiedad en los partidos de pliegues, claro oscuro y color verdadero; porque este artista todo lo hacía del natural siempre, como gran entusiasta que era de la escuela del Carabagio y de la naturaleza.

Tanto este cuadro, que fue hecho para el convento de la Merced Calzada   —262→   de Sevilla, como el que hizo para la sacristía del convento de San Pablo, que representa un Cristo crucificado, que está tan bien estudiado y modelado, que parece de bulto, le dieron tal reputación de maestro, que recibió sin número de encargos, porque todos deseaban tener obras suyas, y a todos dio abasto su laboriosidad y gran facilidad de ejecución. Supo crear una escuela especial de la sencillez de los claustros y de las formas del austero religioso que domina sus pasiones por la vigilia, el ayuno y la meditación; como pintor verdaderamente místico, supo hallar en la sencilla expresión del sentimiento religioso los más variados efectos, y dar una animación ideal y evangélica a sus mudas figuras.

Así continuó haciendo obras para Córdoba, Jerez, Cádiz, etc., hasta que para reposarse de tan numerosos cuadros como había producido, se retiró a vivir a su país, en donde bien pronto la ciudad de Sevilla le envió su diputación, pidiéndole y rogándole volviese a vivir en aquella para honrarla con su talento y agradable persona, ofreciéndolo desde luego casa digna; él accedió a tanta honra y deferencia como se le hacía, y se trasladó a Sevilla, en donde se le recibió con mucho agasajo y cariño, y continuó pintando cada vez con más aceptación.

Después vino a Madrid el año de 1650, llamado por orden del rey D. Felipe IV, donde pintó los cuadros de los trabajos de Hércules para el saloncillo del Buen Retiro, que hoy están en el Museo del Prado, así como el niño Jesús dormido sobre la Cruz, que es bellísimo por su naturalidad, buenos paños y dibujo correcto; durante la ejecución de estos cuadros en Palacio, una de las muchas veces que el monarca, artista y poeta, iba a verle pintar, se le acercó, y pasándole cariñosamente la mano por el hombro, le dijo: «Eres pintor del rey, y rey de los pintores».

También hizo otras muchas pinturas para la Casa de Campo y demás Sitios Reales, para algunos señores de la grandeza y para varios templos; la Academia de Nobles Artes de San Fernando posee unos cuadros de religiosos, cuyos hábitos blancos y sus pliegues son un gran modelo de seguro estudio para los artistas.

A los sesenta y seis años de edad falleció en esta corte en el año de 1662, siendo muy sentida de todos la pérdida de tan eminente pintor, y más particularmente lo fue en Sevilla, cuya ciudad le tuvo y tendrá siempre por uno de sus mejores maestros, cuya fe, pura y religiosa, inspiraba el sublime pincel del artista, de tal modo, que, no sólo subyuga la imaginación de nuestro pueblo ardiente y apasionado, sino que causa el mismo encanto a los extranjeros.

MARIANO DE LA ROCA Y DELGADO.

4 de Junio de 1872.



  —263→  

ArribaAbajoNociones de astronomía al alcance de los niños


ArribaAbajoLección VIII

Soles múltiples y coloreados. Cometas. La luz. Conclusión


Muchas maravillas habéis entrevisto ya, queridísimos niños, en mis mal pergeñados artículos; pero aún os restan muchas por ver. No puedo, como quisiera, enseñároslas todas, pero séame al menos permitido indicaros algunas antes de despedirme de vosotros.

En mi última lección os hablé de estrellas de luz periódica y de estrellas que aparecen y desaparecen; pues aún a estos prodigios podéis añadir otros.

Figuraos que os encontráis en la superficie de un cuerpo celeste iluminado, no ya por un sol, sino por muchos soles de variada magnitud, luz y calor. ¡Qué espectáculo tan sorprendente se ofrece a vuestros ojos! ¡Qué combinaciones tan originales y variadas formará allí la luz! En vez de la luz blanca de que la Tierra goza, el Sol que ahora alumbra es, por ejemplo, azul o rojo; para que tengáis una idea, aunque pálida, del efecto que debe observarse, acordaos del que producen las luces de bengala, o el mirar los objetos a través de vidrios coloreados; no es sólo la luz la que cambia, sino la intensidad de la sombra y el contraste de los colores. Pues este efecto existe, puesto que hay soles de diversos matices, y hay además astros iluminados, no por uno, sino por varios de estos soles.

Otro fenómeno que llama mucho la atención de la gente, y que el vulgo ignorante mira con supersticioso terror, es el de la aparición de los cometas o estrellas con cola.

Pertenecen estos al sistema solar; son súbditos del astro rey, gobernados por su atracción, y regidos en su marcha por las inmutables leyes de la atracción universal. Distínguense entre todos los demás cuerpos celestes, en que van acompañados de una ráfaga luminosa muy diáfana, que les sigue a modo de cola, o les rodea como una cabellera. Las órbitas que describen en su rápido movimiento, son sumamente prolongadas, por lo que pueden aproximarse mucho al Sol y alejarse de él a distancias inmensas. Observados en todos los tiempos, se han hecho diversas suposiciones sobre su naturaleza, sosteniéndose muchas y extrañas opiniones; pero se cree como más probable que sus colas o cabelleras son torrentes de vapores exhalados de su cuerpo por el ardor solar; no son todos del mismo color ni forma, a causa de la diversidad de vapores que los rodean, de la manera de recibir los rayos del sol y de su velocidad.

Su masa es muy pequeña con relación a la terrestre; pero por la variedad de sus movimientos pudiera suceder que alguno de ellos chocara con   —264→   otro cuerpo celeste, o pasase tan próximo a él que perturbara su movimiento, siendo este el único temor, aunque remoto, que debe causarnos; pues en cuanto a la influencia que les achacan en los destinos de los pueblos, os digo lo mismo que os decía al hablar de los eclipses; no debéis dar crédito a ninguna de las patrañas que os refieran, sino procurar desvanecerlas con vuestras explicaciones.


Quisiera extenderme más e iniciaros en otros misterios de la creación; pero considero que harto he abusado de vuestra paciencia y que debo terminar. Antes de hacerlo, sin embargo, y ya que, benévolos, habéis asistido conmigo a la contemplación somera de las maravillas astronómicas, voy a deciros algo sobre la naturaleza o composición de los astros.

Nosotros conocemos los astros solamente por su luz: ¿qué es, pues, su luz? Embarazado me veo para contestar a esta pregunta, y no creo fácil que encontréis quien pueda satisfacerla. Todo el mundo distingue la luz de las tinieblas, como distingue lo blanco de lo negro, o un color de otro color; pero pedid explicaciones sobre un color cualquiera aisladamente, y no hay nadie que pueda dároslas.

No obstante, como el hombre todo lo pretende explicar, ha querido dar también definiciones de la luz, que, aunque bien analizadas, dicen poco, voy a consignarlas para que las conozcáis. Unos la consideran como «un movimiento ondulatorio, que, agitado en el seno de los cuerpos luminosos, es transmitido por un fluido llamado éter»; otros dicen que la luz «es algo, materia o movimiento, que nos hace ver los objetos exteriores». La verdad es, mis queridos niños, que «la luz es, según definición de un monje, un no sé qué, con el cual Dios nos favorece».

La luz se propaga por ondulaciones, como el sonido, y para que os forméis idea de lo que es este movimiento os pondré un ejemplo: Si en un estanque cuyas aguas estén tranquilas arrojáis una piedra, observaréis que sirviendo de centro el punto por donde la piedra ha penetrado, empiezan a formarse en la superficie unos círculos que van ensanchándose hasta llegar a las orillas; este es el movimiento ondulatorio, y de un modo semejante, aunque más rápido, se produce en el aire o en el éter, y trae hasta nosotros el sonido o la luz. Ahora bien: la luz se propaga siempre en línea recta, unida con el calor, y tiene más o menos velocidad aquella, y este mayor o menor intensidad, según el color que le corresponde de los del Espectro solar.

Os habrá chocado la palabra espectro, y voy a explicárosla, advirtiéndoos antes que no se trata aquí de esos espectros o fantasmas, cuyo nombre sólo aterroriza a los niños, sino de un curiosísimo fenómeno producido por la descomposición de la luz.

En efecto, la luz blanca, que a primera vista parece la más sencilla, se compone nada menos que de siete colores, cuya existencia se prueba fácilmente. Suponeos en una habitación perfectamente cerrada en que por un pequeño agujero penetra un rayo de sol; si hacéis pasar este rayo por un cristal de la forma de prisma triangular, veréis que al refractar este cristal la luz; es decir, después de pasar a través de sus moléculas, no se ve ya con un color blanco y de la forma del agujero,   —265→   sino como una nube prolongada y vivamente coloreada por los matices del arco iris; esto es, por los siete siguientes colores: violado, índigo o añil, azul, verde, amarillo, anaranjado y rojo.

Aquí tenéis, pues, el espectro solar; y el arco iris no es más que la repetición de este experimento en que las gotas de agua hacen el efecto del prisma de cristal. Si ahora se reúnen los siete colores colocándolos uno sobre otro por medio de espejos que los reflejen, se obtendrá de nuevo la luz blanca.

Ya os podéis figurar lo importante de este descubrimiento, debido al sabio Newton, y las consecuencias a que su estudio habrá dado lugar, en las cuales no entro por no fatigaros. Estos colores han sido objeto de observaciones especiales, habiéndose notado que en cada uno varía el color.

Además de la luz del sol de han analizado las de otras estrellas, habiendo encontrado variaciones y llegádose a sospechar, tanto por los colores como por ciertas rayas opacas que se encuentran en los espectros, las materias de que se componen los distintos astros.

He terminado mi tarea, atendido el objeto a que la dedico; y aunque consentimiento, debo despedirme, por ahora, de vosotros; os había prometido hablaros algo de Meteorología, y hubiera cumplido mi palabra si no hubiese visto que en el transcurso de mis lecciones plumas de mejor acero que la mía han ocupado vuestra atención sobre aquella ciencia, y ofrecen continuar explicándoos sus principales fenómenos. Deja la mía, cansada, este cuidado a aquellas, y traza estas últimas líneas como amistosa despedida hacia mis pequeños amigos, que me permitirán todavía que les dedique breves frases.

Las nociones sobre Astronomía que han sido el objeto de vuestra atención ponen sin duda de manifiesto a vuestra inteligencia, no sólo el alto e incomprensible poder de Dios, sino el valor del humano entendimiento, hecho a semejanza del divino, que bien dirigido, permite al hombre penetrar algún tanto en los misterios de la Creación, aunque sólo sea para saber apreciar su magnificencia; porque el estudio de la Astronomía es el que más eleva nuestra alma hacia la verdadera grandeza, y su comparación con el del mundo social nos demuestra lo mezquino de este, la pequeñez del hombre ante Dios, y la inmensidad del poder Creador.

ENRIQUE MARÍA REPULLÉS.






ArribaAbajoSobre la alimentación de los niños

(Conclusión)


Carne de cerdo. Este es un alimento fuerte y nutritivo; pero tiene la mala cualidad de disminuir la transpiración; no conviene a las personas de estómago perezoso, a los habitantes de países cálidos, a los débiles, ni a los que hacen   —266→   una vida sedentaria: es de difícil digestión, y todavía más la del cochinillo.

Se ha observado que el uso prolongado de la carne de cerdo produce en algunos enfermedades en los oídos, y dolores de los que no se ven libres sino dejándola de usar. Hace poco tiempo se ha observado que la carne de cerdo contiene huevecillos, que cuando se come cruda germinan dentro del cuerpo humano bajo la forma de gusanos llamados trigninus.

Las carnes de cabra y macho cabrío son más duras que las de oveja y carnero, y por consiguiente más difíciles de digerir, pero a la vez más nutritivas que la de cerdo, refiriéndose de un atleta que disponía de una fuerza fabulosa por alimentarse de carne de macho cabrío.

Los pescados, si son blancos, son de fácil digestión, y como alimento exclusivo son perjudiciales; nosotros recomendaremos sólo la merluza como el más inocente de los de que puede hacer uso el niño. El abuso de los pescados da lugar a erupciones en la piel, y particularmente a la lepra y a la sarna.

La hora más adecuada para alimentarse los niños, es la del medio día; hora en que se debe hacer la comida más fuerte, y las más ligeras, las de la mañana y la de la noche, teniendo presente el adagio de que Más mató la cena que curó Avicena, y aquel otro de que Por las cenas están las sepulturas llenas.

No es bueno después de comer que los niños se dediquen al estudio; el organismo no puede atender a la vez al desempeño de dos actos funcionales, como son la digestión y la atención y reflexión; la actividad y tensión a que se obliga al cerebro estudiando, suspende o debilita las fuerzas del estómago: deberá por consiguiente el niño, después de haber comido, distraerse, solazarse, pasear, o pasar el tiempo en algún juego o recreo inocente; este es un precepto higiénico que, observado, preservará al niño de enfermedades. Recuérdese el precepto de que después de comer ni un sobre escrito leer, que tiene para todos provechosa aplicación, pero mucho más para los niños. Hay luego la mala costumbre de tener a los niños en las aulas desde la mañana hasta las cuatro o las cinco de la tarde, y pocos son los colegios donde se les da descanso después de almorzar. Esta práctica es nociva; la costumbre que había hace algunos años de comer al medio día, suspendiendo las tareas desde las doce a las dos, era preferible a lo que hoy se practica en muchas aulas o colegios.

La comida ha de tomarse caliente, porque el estómago trabaja la mitad que si se come frío: de más está este aviso para los que no ignoran lo que es la digestión, el consumo de fuerzas que son necesarias para verificarse, y grado de calor indispensable que se requiere.

La falta de alimento reparador causa la inercia o empobrecimiento orgánico, y suspendiendo el desarrollo, un niño parecerá un viejo más que un bello infante.

Citaremos ahora algunos ejemplos curiosos y raros de personas que pasaron largas temporadas sin alimento, y de otras que sobrevivieron al exceso de la gula.

Alberto Magno conoció una mujer que se pasaba sin comer un mes. En tiempo del pontífice Nicolás V se conoció   —267→   un hombre que no comía hacía dos años. En tiempo del emperador Lotario, una doncella estuvo sin comer doce años. En Normandía estuvo una mujer sin comer diez y ocho años. Al filósofo Epiménides jamás se le vio comer, y otros muchos casos que pudiéramos citar.

En cambio recordaremos algunos tipos de glotones.

Glodio Albino se comía de una vez 500 higos, 100 melocotones, 10 melones, 20 libras de uvas, la carne de 100 zorzales y 400 ostras.

Milon Crotoniense se comía la carne de un buey, una arroba de pan y se bebía tres de vino.

Ashdamas Chilesio fue llamado por el rey Ariobárzanes para verle comer, y no bajó de 17 arrobas de alimento sólido lo que engulló.

Phego, gladiador romano, comió en presencia del emperador Aureliano la carne magra de un jabalí, la de un carnero, la de un cerdo, 100 panes y una arroba de vino.

En fin, fueron grandes comedores: Marco Apicio II, que en tiempo de Tiberio Augusto gastaba en su mesa 700 duros; los emperadores Valerio Máximo, Claudio Tiberio, Vitelio y Heliogábalo, con especialidad los dos últimos, diciéndose de Vitelio que en una cena le sirvieron 7.000 aves y 2.000 peces, y de Heliogábalo que gustaba de platos llenos de lenguas de pavos y ruiseñores, y cada comida ordinaria le costaba así como 7.000 duros.

De todo esto, bueno será hacer una prudente rebaja.

DR. DÍAZ BENITO.




ArribaAbajoUn juego peligroso

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Alguno de estos niños se caerá al agua, y le estará bien empleado por elegir juegos peligrosos.

  —268→  

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Esta es una niña burlona; se ha hecho una sombrilla singular de una hoja de parra, se pone virutas por tirabuzones, y ya veis qué famosa cola se ha arreglado; todo esto, remedando a la noble dama que pasea por allí.

Estas burlas son muy graciosas, sin duda; pero hay que huir de adquirir ese vicio de burlarse de todo y de todos, que no deja de tener sus peligros.



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ArribaAbajoGeometría de los niños

Segunda parte


(Continuación)



ArribaAbajo- XXIX -

La pirámide y el prisma


Deseosos estaréis, lectores muy amados, de saber cuál de vuestros amiguitos consiguió construir el mejor poliedro; y este deseo será justo en vosotros, como ineludible en mí el deber de satisfacerlo.

Los niños conocían muy poca cosa de los poliedros; sólo tenían conocimiento de lo que son en sí; pero, aunque tan escasas eran las nociones que poseían sobre la materia, no por eso dejó de procurar cada uno construir un magnífico cuerpo.

Y fue grandiosa la colección; tanto, que parecía que los pequeños geómetras habían dado encargo a experimentados ebanistas de fabricar los diferentes poliedros que presentaron.

Sin saber la división de los cuerpos, sin conocer más que lo que vosotros conocéis, los discípulos de Carlitos trajeron a su clase poliedros de diferentes clases. Prismas y pirámides hubo que hubiesen podido figurar dignamente en la más perfecta colección de sólidos.

Y pues debo deciros cuál fue el cuerpo mejor construido, pasaré a cumplir este deber, diciéndoos que Rafael sobresalió como carpintero, presentando una preciosa y bien acabada pirámide: después de esta figuraba la de Ricardo.

Os he hablado de pirámides y prismas, sin recordar que aún no sabéis lo que esto significa; pero voy a explicaros lo que se entiende por cada uno de estos cuerpos.

Pirámide es el poliedro cuya base es un polígono cualquiera, y cuyos lados son todos triángulos, que concurren en un punto que se llama cúspide.

Desde luego comprenderéis que el cucurucho triangular que con el papel hizo mi amiguito Carlos en la lección anterior, presenta una pirámide, si se le considera tal como aparecía en la figurita que allí visteis; pero no todas las pirámides son triangulares, puesto que sus bases pueden ser polígonos de mayor o menor número de lados.

De esto debéis deducir algo.

¿Qué será, queridos lectorcitos?

Ya lo he dicho, casi sin pensarlo: la base da nombre a la pirámide.

Las pirámides, pues, y casi no tengo necesidad de decirlo, son triangulares, cuadrangulares, pentagonales, etc., según su base sea un triángulo, cuadrado, pentágono, etc.

Y no sólo en el nombre tiene participación la base; la pirámide es regular o irregular, según que aquella tenga alguna de estas circunstancias.

Pero después de tanto nombrar a este poliedro, recuerdo que aún no lo   —270→   habéis visto, ya que el cucurucho de papel pudiera no pareceros lo que desde luego representa la segunda figurita que habéis visto en el anterior artículo. Por esto voy a dibujaros el trabajo de Rafael.

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Notaréis, lectores amados, que la pirámide es un cuerpo lindísimo; por eso le veréis más de una vez en los monumentos arquitectónicos que puedan presentarse ante vuestra vista, si en ellos fijáis vuestra atenta consideración.

Y recuerdo en este momento que he usurpado a mi amiguito Carlos la explicación de las pirámides. Como si fuese yo el profesor de geometría os he estado diciendo todo lo que sobre dichos cuerpos podíais saber. No obstante, es escaso el perjuicio causado, ya que el joven profesor no dedicó a esos esbeltos poliedros más que una parte de la lección de aquella tarde en que los niños presentaron sus geométricos trabajos de carpintería. Doy, pues, la palabra a mi amiguito, y empiezo a mencionaros la parte de su explicación que dedicó a los prismas.

Vais a conocer a estos nuevos cuerpos, más comunes que los otros, y que veréis a cada momento por doquiera. Oíd a Carlitos, cuyas palabras expreso:

-Después de la pirámide -decía el ilustrado cuanto pequeño profesor-, conviene considerar al prisma: este es un bello poliedro, muy fácil de ser reconocido. No es igual a la pirámide, pues no termina en punta, ya que tiene dos bases que han de ser polígonos exactamente iguales. Por esto podré deciros que se conoce con el nombre de prisma al cuerpo que tiene por bases dos figuras iguales, y cuyas otras caras son perfectos paralelogramos.

Muchísimos prismas veréis por doquiera, y tenéis uno en cualquiera de las barritas de madera que me habéis visto usar en el curso de mis explicaciones. Ya os lo he dicho anteriormente; son verdaderos cuerpos, aunque sólo línea quisiera que entonces representasen.

Queréis conocer un prisma, ¿no es verdad? Mirad, pues, este, que es el poliedro construido por Esteban.

Y el buen Carlitos enseñaba a sus discípulos un trozo de madera muy bien recortado, y que si puedo representarlo con exactitud, era precisamente como este que vais a ver:

  —271→  

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-Los prismas -continuó diciendo mi amiguito- pueden ser rectos y oblicuos; y conoceréis cuándo tienen una de estas dos propiedades con la mayor facilidad: si los veis no tendréis en ello duda. Por esto voy a presentároslos.

Y mi amigo queridísimo mostraba, al decir esto, dos figuras o cuerpos, que colocó en la mesa, y que quedaron como veis:

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Después que estuvieron colocadas quiso que sus compañeros explicasen por sí lo que se llama prisma recto y oblicuo, y con este objeto se dirigió a Teodoro, diciéndole:

-Tú, querido Teodoro, debes decirme lo que se llama prisma recto; lo has visto, y podrás definir aquello que ha ocupado tu atención.

-Prisma recto quiere decir prisma derecho; sin duda debe ser esto verdad.

-Lo es, amiguito, pero decir lo que tú acabas de expresar no es decir nada.

-Entonces prisma recto será aquel que tiene sus caras perpendiculares a las bases.

-Lo has dicho perfectamente; en el prisma que has definido las caras laterales, pues así se llaman las que no son bases, son perpendiculares a estas.

-Entonces -gritó el pequeño Esteban- las caras laterales del prisma oblicuo serán oblicuas a las bases.

-Sí, y esa es la propiedad que les distingue.

-Parece mentira que no se caigan esos cuerpos -dijo Ricardo.

-Se caerían -respondió Carlos- si no estuviese graduado su centro de gravedad y pudiesen perder su equilibrio; pero no se caen por lo mismo que lo conservan perfecto; esta cuestión pertenece a otra ciencia que tiene una inmensa importancia, y que ya estudiaréis. Por esto pasaré a deciros que los prismas pueden ser regulares o irregulares,   —272→   siendo los primeros los que tienen por bases polígonos regulares, y perteneciendo a los segundos aquellos cuyas bases no reúnen esta circunstancia.

-Entonces -interrumpió Luis- el poliedro que yo he construido será regular, porque tiene por bases dos cuadrados; es un prisma cuadrangular.

-No, querido Luis; será un prisma regular, sin dejar por eso de ser un poliedro irregular.

-¿Cómo es eso?

-Yo lo sé -exclamó Gonzalo.

-¿Sí?

-Lo creo así, al menos: el prisma de Luis es un poliedro irregular, porque, aunque sus bases son cuadradas, las caras laterales son rectángulos; estos son polígonos irregulares, y no son iguales a los cuadrados, de donde se deduce la irregularidad del poliedro.

-Gonzalo ha acertado; se conoce su mucha afición al bonito estudio que aquí hacemos -dijo el infantil profesor.

Los niños parecían estudiar con gusto los poliedros por las diversas particularidades que presentaban, y estaban muy animados en su clase; esta animación creció de punto cuando Carlos dijo el nombre que toman los prismas cuando sus bases son paralelogramos. El nombre es singular, sin duda, y no podía menos de llamar la atención de los geómetras infantiles. A vosotros pasará seguramente lo mismo cuando os manifieste dicha palabra.

¿Estáis deseosos de saberla?

Pues os la diré: los prismas cuyas bases son paralelogramos se llaman paralelepípedos.

¡Paralelepípedos!

Así es; y debéis recordar las siete sílabas que dan nombre a estos poliedros que se han mencionado.

Ya os lo he dicho; los geómetras promovieron gran algazara al oír esa palabra, y la animación llegó a tal punto, que mi amigo el profesor se vio obligado a suspender su explicación. No fue, sin embargo, muy considerable el perjuicio que ocasionara la suspensión de la clase, pues los prismas quedaban ya explicados, y nada más pensaba decir sobre ellos Carlitos, mi amigo queridísimo.

La cátedra, pues, terminó en aquella tarde con gran alegría, y el regocijo continuó por largo rato.

E. THUILLIER.






ArribaAbajoJeroglífico

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ArribaAbajoNúmero 18.- Tomo V.- Junio 1872

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ArribaAbajoA los niños


ArribaAbajoLecciones de Salomón

- I -

Escucha, hijo mío, las lecciones de tu padre y no olvides la enseñanza de tu madre.

Pero no escuches los halagos de los malos, ni andes en los caminos de ellos, que sólo llevan a la perdición.

El temor de Dios es el principio de la sabiduría. Los necios desprecian la sabiduría y la doctrina.

Si llamas a la sabiduría e inclinas tu corazón a la prudencia, entenderás el temor de Dios, que es la verdadera ciencia, la ciencia de Dios.

Porque el Señor da la sabiduría y de su boca emana toda ciencia.

Él es el custodio de la salud de los rectos y el maestro de los que andan en sencillez.

El que conserva las sendas de la justicia y el que guarda los caminos de los santos.

Los que dejan el camino derecho y andan por caminos tenebrosos; los que se alegran cuando hacen mal y se gozan en las cosas malas, serán destruidos y borrados de la tierra.

No olvides, hijo mío, mi ley y guarda en tu corazón mis preceptos.

No apartes nunca de ti la justicia y la verdad, y cópialas como leyes en las tablas de tu alma: así hallarás gracia ante Dios y ante los hombres.

En todos tus caminos pon tu pensamiento en Él, y él mismo guiará tus pasos.

Dichoso el hombre que halló la sabiduría y es rico en prudencia: mejor es su adquisición que la granjería de la plata, y sus frutos mejores que la del oro puro.

Más preciosa es la sabiduría que todas las riquezas, y cuantas cosas pueden desearse no se pueden comparar con ella.

Largueza de días en su derecha, y   —274→   en su izquierda abundancia y gloria.

Sus caminos, caminos hermosos, y todas sus sendas de rectitud y paz.

Árbol de vida es para aquellos que la alcanzan, y dichoso el que se acoge a su sombra.

No se te escapen estas cosas, y guarda, hijo mío, la ley y el consejo.

Así vivirás tranquilo y harás apacibles sueños sin temor a los impíos; porque el Señor estará a tu lado y te librará de sus asechanzas.

No estorbes hacer bien a quien hacerlo puede, y si tú mismo puedes, hazlo también.

No digas a tu amigo: Vete, mañana te socorreré; si puedes socorrerle hoy, no aguardes a mañana.

No envidies al hombre injusto, ni imites sus ejemplos.

La gloria es para los sabios; el ensalzamiento de los necios les sirve de ignominia.

- II -

¿Hasta cuándo perezoso dormirás, y cuándo dejarás tu sueño?

Ve a la hormiga, oh perezoso, y considera sus caminos y aprende sabiduría. Sin guía, ni maestro, ni caudillo previene el sustento suyo en el estío, y en tiempo de mies allega lo necesario para el invierno.

Pobre y hasta indigente será el perezoso; pero el diligente tendrá abundancia.


Seis cosas son las que aborrece el Señor, y la sétima la detesta su alma: ojos altivos, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que maquina designios pésimos, pies ligeros para correr al mal, testigo falso que profiere mentiras, y aquel que siembra discordias entre sus hermanos.

Guarda, hijo mío, los mandamientos de tus padres. Cuando anduvieres, vayan contigo, sean tu guarda cuando durmieres, y al despertar habla con ellos. Porque el mandato es antorcha, y camino de vida la reprensión de la enseñanza.


Yo la sabiduría habito en consejo, y asisto a los pensamientos juiciosos.

Detesto la arrogancia y la soberbia, y el camino malo y la boca de dos lenguas.

Mío es el consejo y la equidad, mía es la prudencia, mía es la fortaleza.

Por mí reinan los reyes, y los legisladores decretan lo justo.

Conmigo están las riquezas, y la gloria, y la opulencia y la justicia para enriquecer a los que me aman y llenar sus tesoros.


En donde hubiera soberbia, allí habrá también deshonra; mas en donde hay humildad, allí también hay sabiduría.

Quien anda con doblez, descubre los secretos, mas el que es de corazón leal, calla lo que el amigo le fió.

Quien guarda su boca, guarda su alma; pero el que habla inconsideradamente males sufrirá.

Hay quien parece rico no teniendo nada; y hay quien parece pobre teniendo muchas riquezas.

La luz de los justos da alegría, mas la lámpara de los impíos se apagará.

Quien anda con sabios, sabio se hará; el amigo de los necios, necio será como ellos.

La risa se mezclará con el dolor, y el llanto ocupa los extremos del gozo.

  —275→  

El sabio teme y se desvía del mal; el necio pasa adelante y confía.

La respuesta suave quebranta la ira; mas la palabra dura aviva la saña.

La lengua de los sabios honra la ciencia; la boca de los fatuos hierve en necedades.

- III -

Más vale poco con temor de Dios, que grandes tesoros que nunca sacian.

Mejor es ser humillado con los mansos, que partir despojos con los soberbios.

Más vale un bocado de pan seco con gozo, que una casa llena de regalos con querellas.

Corona de los viejos son los hijos de los hijos, y gloria de los hijos los padres de ellos.

Más aprovecha una reprensión al prudente, que cien golpes al necio.

Quien es muelle y flojo en sus labores, hermano es del que disipa sus obras.

Quien aflige a su padre o rechaza a su madre, es infame e infeliz.


La gracia de los jóvenes, su misma alegría; la dignidad de los viejos, sus propias canas.

Altanería de ojos es hinchazón de corazón; el fanal de los impíos es el pecado.

El que cierra su oído al clamor del pobre, será a su vez desoído cuando clame.

No hay sabiduría, no hay prudencia, no hay consejo contra el Señor.

El mancebo según tomó su camino, aun cuando envejeciere no se apartará de él.

No envidies a los hombres malos ni desees estar con ellos; porque su mente medita rapiñas y sus labios hablan engaños.

Si pierdes la esperanza desmayando en el día de la angustia, tu fortaleza es menguada.

No aceches ni busques impiedad en la casa del justo, ni perturbes su reposo.

Porque siete veces caerá el justo y se levantará; mas los impíos se precipitarán en el mal.

Cuando cayere tu enemigo, no te alegres ni se regocije tu corazón en su ruina.

Los que llaman justo al impío serán maldecidos por los pueblos; los que lo reprenden serán alabados y sobre ellos vendrá la bendición.

El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, y la corrección para los necios.

No respondas al necio según su necedad.

Alábete el extraño, y no tu boca; la lengua ajena, no la propia.


Mejor es la corrección manifiesta que el amor escondido.

Mejor es la herida del que ama que el ósculo traidor del que aborrece.

Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos.

La corrección y el castigo dan sabiduría, pero el niño abandonado a su voluntad avergonzará a sus padres.

Enseña a tu hijo y causará delicias a tu alma.





  —276→  

ArribaAbajoUn caballo inteligente y agradecido

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-Jorge -dijo un labrador a su hijo mayor-, hoy tienes diez y nueve años, y como te has esmerado tanto en cuidar a mis animales, voy a regalarte a Canelo, el más joven de mis caballos y el más inteligente. Si le tratas con dulzura y humanidad, hallarás en él un amigo fiel.

-Vaya si le trataré bien, -contestó el joven-; el animalito se lo merece.

Desde entonces, Jorge llevaba todas las mañanas a Canelo a paseo y a beber, y a la hora de la comida siempre le guardaba alguna patata, alguna pera y un buen pedazo de pan.

Una vez se puso malo el caballo, y Jorge pasó algunas noches con él cuidándole.

El día de San Jorge, un año después, un pariente convidó a comer a Jorge, y le regaló una bonita silla para Canelo.

El pariente vivía lejos. Jorge fue allá montado en su caballo, que nunca se había visto tan elegante.

Terminada la comida, hubo baile, y sobre lo que ya se había bebido, se bebió mucho más; de modo que a Jorge le hizo el efecto que hace siempre el vino a quien no tiene costumbre de beberlo.

Montó a caballo para volver a casa, y en la mitad del camino se cayó del caballo, y se quedó dormido como una piedra. El caballo no hacía más que dar vueltas alrededor de su amo, y tocarle suavemente con la mano, manifestando la mayor inquietud.

Algunos aldeanos que por allí pasaban quisieron acercarse a Jorge para despertarle; pero el caballo se ponía delante, relinchaba con aire amenazador, y no permitía que nadie llegara a tocar a su amo.

Ya era muy de noche cuando apareció en lo alto del camino un coche que se dirigía a donde estaba Jorge tendido. El coche iba a pasar por encima de su cuerpo, pero Canelo se puso delante de su amo, y comenzó a relinchar. El coche se detuvo.

Las voces del postillón, los relinchos del caballo y el ruido de las campanillas despertaron a Jorge, que volvió a montar a caballo, y siguió su camino sin más novedad, gracias al buen instinto de Canelo, que le libró de una muerte desastrosa.



  —277→  

ArribaAbajoD. Manuel José Quintana15

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El Excmo. Sr. D. Manuel José Quintana nació en Madrid el 11 de Abril de 1772, estudió la latinidad en Córdoba, y en Salamanca la retórica, la filosofía y el derecho civil y canónico, escribiendo antes de los veinte años un ensayo didáctico, titulado Las reglas del drama, para el concurso abierto por la Academia Española en 1791, graduándose en ambos derechos, y recibiéndose de abogado en 1795, siendo nombrado el mismo año agente fiscal de la Junta de comercio y moneda. En aquella época empezaron a correr de mano en mano y a ser buscadas sus composiciones líricas y patrióticas, siendo reimpresas innumerables veces sus odas Al mar y A la invención de la Imprenta.

En Marzo de 1800 contrajo matrimonio con una señora de Zaragoza, la cual murió, sin haber tenido hijos, en 1820.

En Mayo de 1801 se representó por primera vez en el coliseo de la Cruz su tragedia El duque de Viseo, y cuatro años después Pelayo.

En 1802 escribió como principal redactor   —278→   el periódico Variedades de ciencias, literatura y artes.

En 1806 fue nombrado censor de teatros, y al año siguiente publicó el primer tomo de las Vidas de españoles célebres, y después formó la Colección de poesías selectas castellanas desde Juan de Mena, redactando también por entonces El Semanario patriótico, periódico que publicaba en compañía de varios amigos para sostener el espíritu de independencia cuando la invasión francesa.

En 1808 tuvo que abandonar a Madrid y dirigirse a Sevilla, siendo nombrado en 1809 por la Junta Central que se formó en dicho año, oficial mayor de la secretaría, y en la misma fecha secretario del rey con ejercicio de decretos.

En 1810 le nombraron secretario de la Interpretación de lenguas, y en 1811 de la real Cámara y de la real estampilla.

En 1814 fue elegido académico de la de San Fernando, y casi al mismo tiempo le recibió la Academia Española como individuo de número.

Los sucesos políticos de 1814 dieron margen a que le formaran un proceso y le prendieran; pero restablecida la Constitución en 1820, fue sacado en triunfo de la ciudadela de Pamplona, dándole en seguida el gobierno político de Navarra; pero no pudo aceptar dicho cargo por haberle llamado el gobierno a Madrid para que desempeñara la presidencia de la Junta suprema de censuras, nombrándole también individuo del Museo de Ciencias Naturales.

En Mayo de 1821 fue elegido por las Cortes el primero de los siete individuos que habían de componer la Junta protectora de libertad de imprenta, y en el mismo año fue nombrado presidente de la dirección de estudios, desempeñando este cargo hasta 1823, en que fue abolido el sistema constitucional y despojado de todos sus empleos y honores.

En los dos años del 21 al 23, la sociedad Económica Matritense le acogió en su seno, y la Junta Suprema de Sanidad le nombró individuo de la misma.

En dicha época se retiró a Extremadura, en donde permaneció hasta 1828, en cuya fecha le permitieron volver a Madrid, siendo restablecido en sus honores y empleos en 1833, y nombrado prócer del reino en 1834, y al siguiente año ministro del Consejo real.

Fue senador varias veces y presidente del Consejo de Instrucción pública, continuando ejerciendo este cargo hasta su muerte.

En 1840 fue nombrado ayo instructor de la reina doña Isabel.

El 25 de Marzo de 1855, fue coronado pública y solemnemente en el salón del Senado, desde cuya fecha fue debilitándose poco a poco su salud, hasta que murió el día 11 de Marzo de 1857, siendo querido por toda su familia y admirado y respetado por todos.



  —279→  

ArribaAbajoAmor al trabajo



Para alcanzar las virtudes
y de las ciencias el brillo,
no olvides que en el trabajo
hallarás fácil auxilio.

   No lo olvides, niño amado:  5
Sólo por ese camino,
aun la dicha en que soñamos
podemos hallar tranquilos.

   Mas si el ocio te domina,
cruel y eterno enemigo  10
de la virtud y las ciencias,
y amante sólo del vicio,

   verás que nunca en tu pecho
sientes el hidalgo instinto,
que altas acciones inspira  15
y hácenos ganar amigos.

   En estéril indolencia
entonces siempre sumido,
contrario al bien, al mal fácil
y empujado hacia el delito,  20

   será tu afecto la envidia,
la difamación tu oficio,
y oscuro, ignorante, odiado,
querrás huir de ti mismo.

   Pero si del ocio huyendo,  25
al apacible ejercicio
te entregares del trabajo,
y eres diligente y digno;

   si con anhelo insaciable,
a la luz con que Dios quiso  30
ornarte, por tus desvelos
la das esplendor más vivo;

   si obediente a tus maestros,
si con tus padres solícito,
si de nuestra fe sagrada  35
sustentas el claro brillo,

    no debes dudarlo; premio
hallará tu afán prolijo,
de los hombres en aplausos,
del cielo en su amor divino.  40

JOSÉ FERNÁNDEZ ESPINO.

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Los niños en el prado



  —281→  

ArribaAbajoD. Bernardo López

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El Excmo. Sr. D. Bernardo López y Piquer nació en la ciudad de Valencia, y fue bautizado en la parroquia de San Esteban el día 20 de Agosto del año de 1800; era el hijo mayor del eminente artista D. Vicente López, primer pintor de cámara del rey D. Fernando VII, y después de su hija Doña Isabel. Desde muy niño manifestó una decidida afición por la pintura, y vista su vocación, empezó a dibujar con su padre, haciendo bien pronto tan grandes adelantos, que a la edad de doce años ganó todos los premios que por oposición daba la Academia de San Carlos de Valencia.

Llamado su padre por el rey D. Fernando VII, vino a Madrid con él en 1814, en donde siguió estudiando bajo la dirección de aquel, y asistiendo a las clases superiores de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, en las cuales ganó por concurso, el año de 1818, los premios que se concedían para los mejores estudios y copias que se hiciesen del antiguo y del natural.

No tenía quince años, cuando por apuesta con otros discípulos de su padre, decidió pintar al óleo, de tamaño natural, y en dos cortas sesiones, el retrato del criado del estudio en que trabajaban; y aconteció que, al estar concluyéndole de hacer, entró de pronto su padre D. Vicente, miró al cuadro y al modelo detenidamente, y poniendo la mano sobre el hombro de su hijo, le dijo: «Bernardo, ya tienes el camino de hacer gran fortuna, porque   —282→   sabes pintar un retrato». Este anuncio bien pronto se cumplió, pues en el año 1824 le nombraron de real orden ayudante de su padre en palacio, y maestro del infante D. Sebastián; y al año siguiente fue aclamado académico de la de San Carlos de Valencia, y nombrado de la de San Fernando en Madrid por la pintura de historia: después fue maestro de los infantes don Carlos y D. Juan, hijos del infante don Carlos.

En el año de 1827 dispuso casarse en Valencia con Doña Jacoba Terrén y Cros, persona muy agraciada, muy instruida y muy buena cristiana; puesto en camino, y casi al término de su viaje, entre Provenzo y Vinaya, salieron unos ladrones que obligaron a los viajeros a echarse en tierra boca abajo, mientras les abrían los baúles y las maletas, y vistas las de Bernardo, uno de los ladrones preguntó que de aquellos señores, ¿cuál era el pintor y cómo se llamaba? Entonces dijo serlo él, y de quién era hijo; el bandido dijo: «Yo le debo a su padre un gran favor, y soy muy aficionado a hacer dibujos y figuras con archila; conque no hay que tocar ni tomar nada del equipaje del pintor, para que tenga este recuerdo del Quico»; y así le obedecieron los compañeros, y pudieron llegar los regalos de boda a su futura, merced a este rasgo de afición al diseño que tanto distingue al pueblo valenciano...

Casado, y de vuelta a Madrid, el padre Pujol, jesuita y confesor del infante D. Carlos, ofreció ocasión a este pintor de lucir su habilidad y prontitud haciéndole su retrato a competencia con otro artista sevillano que pintaba bien y pronto; López lo hizo en una sesión de tres horas, y se lo presentó al rey por orden del infante D. Carlos y su mujer, en cuyo cuarto en palacio lo pintó; el rey, al ver el retrato, le dijo: «Que le admiraba la prontitud con que lo había hecho, y lo sumamente parecido que estaba, y que desde luego le hiciese el retrato de Castelló, su primer médico de cámara»; en el cual dejó tan satisfecho a S. M., que le hizo un magnífico regalo, y le mandó fuese a Portugal para hacer el retrato de cuerpo entero del rey D. Miguel, el cual le dio alojamiento en el palacio de los Fidalgos con el más afectuoso trato; distinción y encargo que son bien pocos los artistas que los han tenido.

Después volvió a España, y con motivo de la guerra civil, fijó su residencia en Valencia, en donde por encargo del ayuntamiento, en 1840, hizo el retrato de cuerpo entero del general Espartero, quedando todos tan complacidos del parecido y buena ejecución, que le pagaron con largueza, y le dieron el título de primer pintor de dicho ayuntamiento. Estando en París en 1842 hizo el retrato de la señora del embajador de Alemania, y gustó tanto entre la grandeza, que le encargaron otros, que no pudo terminar, por recibir el nombramiento de maestro de pintura de la reina Doña Isabel y de la infanta su hermana, y tener que venir a Madrid para cumplir con este nuevo cargo, y con el de profesor en los estudios elementales de la Academia de San Fernando, en los que llegó a ser regente.

En 1850 fue nombrado segundo pintor de Cámara, e hizo por encargo un cuadro original que representa la Asunción de la Virgen, que está en la iglesia de Orihuela, y otro del Nacimiento de la Virgen, que está en Tierra Santa;   —283→   así como también, por encargo de la reina Cristina, para el palacio de España en Roma, hizo el retrato de la reina Doña Isabel a caballo, que mereció la honra de ser expuesto al público en el palacio real, causando grande efecto en Madrid, y a su autor la distinción de ser nombrado caballero comendador de número de la real y distinguida Orden de Carlos III con los honores de secretario de S. M., recibiendo multitud de encargos, tanto de retratos al óleo como al pastel, en cuya pintura ha sido una gran especialidad en nuestro país.

Después fue nombrado maestro de pintura de D. Francisco de Asís, esposo de la reina Isabel, y de la condesa de París, hija del duque de Montpensier, y de la infanta Doña Isabel, hija de la reina; con lo cual, ha sido maestro de ocho personas reales, distinción que no ha tenido ningún otro pintor; y en el año de 1862, recibió la gran cruz de Isabel la Católica, cuya banda y placa le puso S. M. en el acto de prestar juramento.

En Palacio existen catorce cuadros hechos por este artista, unos pintados al óleo y otros al pastel, siendo notables los cinco grandes retratos de las amas de cría de las infantas y el príncipe; los cuales están colocados en la sala del Diván, y del primero, como prueba de su gran parecido, se sabe que al presentarlo en Palacio y escondida detrás de él el ama de la infantita, esta extendió las manitas hacia el retrato, y empezó a llamarla, como hacía siempre que la veía.

Hoy, por su antigüedad y méritos, es presidente de la sección de Pintura, y el decano de la Academia de Nobles Artes de San Fernando, este distinguido artista, que por su natural bondadoso y consecuente en sus afectos, posee el aprecio y cariño de multitud de personajes, y de todos los que le han tratado; habiéndose conquistado por su agradable carácter y merecimientos, más bien el título de amigo muy estimado de la reina Doña Isabel II y de sus hijos, que el de su profesor y primer pintor de Cámara.

MARIANO DE LA ROCA Y DELGADO.

12 de Junio de 1872.

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  —284→  

ArribaA los niños suscritores y a sus ilustrados padres

Siguiendo nuestra costumbre, debemos, al terminar el tomo quinto de esta Revista, dedicar algunas líneas a nuestros queridos suscritores, para manifestarles nuestro agradecimiento por el favor que nos han dispensado, y suplicarles que continúen dispensándonos la misma benevolencia, y contribuyendo al sostenimiento de esta publicación.

Las circunstancias por que atraviesa el país son las más desfavorables para publicaciones de la índole de la nuestra; en unas provincias la guerra, y en otras la alarma y la intranquilidad constantes, preocupan gravemente a los padres de familia: por otra parte, la triste situación de los maestros, que constituyen un elemento poderosísimo para el éxito de publicaciones dedicadas a la educación de los niños, les impide en estos tiempos prestar apoyo alguno a nuestra Revista.

Vive, pues, esta publicación por la constancia y la inquebrantable fe de su director, que, sin obtener beneficios, considera un honroso empeño y una empresa patriótica su sostenimiento, y hará para mejorarla, para hacerla cada vez más digna del público todos los sacrificios que tan noble propósito exija sobre los que ya tiene hechos.

Publicaciones como LOS NIÑOS son eficazmente protegidas por los gobiernos, por las academias, por las municipalidades en Francia, en Alemania, en Inglaterra, en los Estados Unidos. En España, toda la protección que se presta a LOS NIÑOS consiste en cien ejemplares que toma la dirección de Instrucción pública, gracias a la ilustrada iniciativa de los señores D. Juan Valera y D. Antonio Ferrer del Río, y algunos tomos que adquiere la municipalidad de Barcelona para premios en las escuelas públicas.

En el resto de España, en Madrid mismo, las diputaciones y ayuntamientos ni siquiera se han apercibido de esta publicación, que, en los cinco tomos publicados, ha ofrecido escritos preciosísimos de los más eminentes escritores españoles, y que es sin duda por su texto, por sus grabados y por su lujo tipográfico, la más notable de cuantas de su género han visto la luz pública en España, siendo al mismo tiempo su precio sumamente módico, tan módico, que sin un gran número de suscritores no se podrán cubrir gastos en mucho tiempo.

Permítannos, pues, nuestros queridos suscritores y sus ilustrados padres que insistamos en nuestra súplica de   —285→   que no abandonen una publicación tan útil, tan provechosa, tan económica. En el tomo sexto que va a comenzar en el próximo mes de Julio, vamos a publicar utilísimas e interesantes materias; vamos a empezar por fin el Tratadito de música; vamos a terminar la interesante Geometría de los Niños; a continuar en una forma amena e interesante la Historia de España, y vamos a dar mayor importancia a la parte recreativa del periódico, haciendo además de modo que tenga la publicación tanto atractivo para las niñas como para los niños.

Los más notables escritores seguirán colaborando en este periódico, y en cuanto a grabados, cada vez los daremos más esmerados, y de mayor interés para nuestro s amables suscritores.

Terminaremos estas líneas rogando a los que han concluido su abono en Junio lo renueven oportunamente, y a todos que nos hagan el favor de recomendar esta publicación a sus amigos y conocidos.

LA REDACCIÓN

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FIN DEL TOMO V