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ArribaAbajoOctubre

Dibujo

Los diferentes nombres dados a este mes vienen a oscurecer su verdadera etimología. Antonino le llamó Faustinus; Commodo Invictios, en honor de la guerra a la que estaba dedicado; Domiciano, Domitianus, pero nosotros creemos que su nombre actual procede del lugar que ocupa en el calendario de Rómulo, que es el octavo, y de aquí sus diferentes denominaciones de Octo, Octover, etc. Corresponde también al octavo signo del zodiaco, llamado Escorpión.

Muchas eran las fiestas que durante este mes se celebraban, y por un anacronismo inexplicable, se mezclaban a tales regocijos consagrados a Marte y Baco, las honras por los difuntos, llamadas Eleutheris.

De todas ellas, sólo han quedado la vendimia, y entre los napolitanos y griegos, las tarantelas y las valacas.

Pasando ahora a la parte religiosa, se nos presenta inaugurando el mes el arzobispo San Remigio, natural de Francia, de padres nobles y ricos, y que a pesar del lisonjero porvenir que le ofreciera la fortuna, se consagró desde niño a la piedad y la virtud. Obediente, sumiso, callado, devoto, modesto y caritativo, se granjeó siempre el aprecio de cuantos le conocieron y trataron: su talento era claro, su instrucción nada común. Encerrado en sitio solitario al amparo de los peligros del mundo hasta la edad de 22 años, en que nuestro arzobispo de Reims fue aclamado eu el pueblo por su prelado, cuyo nombramiento se confirmó, fueron muy ostensibles sus actos de virtud y santidad, por más cautela con que los practicase. La reina Clotilde le envió a llamar para que convirtiera a Clodoveo, lo cual consiguió, efectuándose un gran milagro en el crítico momento de su bautismo.

Entre los hechos históricos, resaltan como más culminantes, durante el mes que nos ocupa, la muerte en Zaragoza del célebre poeta Prudencio, en 426. -La de Teya, sobrino de los reyes ostrogodos,   —146→   en 553. -La de D. Alfonso VIII, en 1214. -La de D. Pedro de Aragón, en 1285. -Casamiento de don Fernando con Doña Isabel de Castilla, en 1469. -Entrada de D. Juan II de Aragón en Barcelona, en 1472. -Colón divisa por primera vez tierra en América, en 1492, desembarcando en la isla de San Salvador. -Salida de la armada del emperador Carlos V para la conquista de Argel, en 1541. -Bautizo del insigne Cervantes en Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, en 1547. -Combate naval de Lepanto, ganado por D. Juan de Austria, en 1574. Muerte de este, en 1578. -De Santa Teresa de Jesús, a la edad de 67 años, en 1582. -Colocación de una gran campana en la catedral de Pamplona, en 1584. -Muerte de Hernán Cortés, en 1634. -Capitulación de Barcelona con las tropas de Felipe II, en 1652. -Muerte del pintor español Alonso Cano, en 1667. -Ídem del poeta D. Agustín Moreto, en Toledo, en 1669. -Ídem del célebre poeta dramático Corneille, en 1684. -Ídem del pintor español Juan de Valdés Leal, en 1691. -Declaración de guerra de la Gran Bretaña a nuestra nación, en 1739. -Nace en Madrid la célebre doctora María Isidra de Guzmán, en 1768.-La Asamblea constituyente declara los derechos del ciudadano, en 1789. -Declaración de guerra de España a Inglaterra, en 1796. -Combate naval de Trafalgar, en 1805. -La toma del castillo de Morella, haciendo prisionera la guarnición francesa, en 1813. -Entrevista de Fernando VII en Cádiz con el duque de Angulema, en 1823. -Partida de Lord Strastford Canning para Constantinopla, en 1825. -Fundación del cuartel de Inválidos en Madrid, en 1835. -Fusilamiento del bizarro general don Diego León, en 1841. -Muerte del eminente actor D. Carlos Latorre, en 1851. -Inauguración del ferrocarril de Cartagena a Murcia, en 1862. -Muerte de D. Modesto Lafuente (Fray Gerundio), en 1866. -Terrible huracán en Puerto Rico, en 1867, con algunos otros hechos ocurridos en el mes de Octubre, que por ser contemporáneos omitimos.

Madrid 1.º de Octubre de 1871.

M. J. PASCUAL.




ArribaAbajoLos hijos y los padres


Dolora

A mi sabio amigo D. Antonio María Segovia


    Ni arrastrada un pastor llevar podía
a una cabra infeliz que oía amante
balar detrás al hijo, que, inconstante,
marchar junto a la madre no quería.
    -¡Necio! Al pastor un sabio le decía,
al que llevas detrás, pónle delante;
échate, al hijo al hombro y al instante
la madre verás ir tras de la cría.»
    Tal consejo el pastor creyó sencillo:
cogió la cría y se marchó corriendo
llevando al animal sobre el hatillo.
    La cabra sin ramal los fue siguiendo,
mas siguiendo tan cerca al cabritillo
que los pies por detrás le iba lamiendo.

R. DE CAMPOAMOR.



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ArribaAbajoJuan Cigarrón

(Cuento)


Había un hombre, que se llamaba Juan Cigarrón, que discurrió para ganar dinero hacerse pasar por zahorí. Hizo su papel a la perfección; se dio tal importancia, gastó tanta fantasía, que alucinó a todo el mundo, porque habéis de saber, niños míos, que los hombres tienen una desgraciada propensión a creer lo que no deben creer y a dudar de lo que deben creer. Así fue que Juan Cigarrón cobró por entonces una fama parecida a la que en nuestros días alcanzan otros engañabobos de todas jerarquías.

Sucedió que en el palacio del rey fue extraída una gran cantidad de plata labrada, y por más diligencias que se hicieron no se pudo averiguar quiénes habían sido los perpetradores del robo.

Por último recurso le aconsejaron al rey que mandase venir al famoso zahorí, para el que nada había oculto advirtiéndole que este portento no siempre contestaba, sino que sólo lo hacía cuando estaba de humor de hacerlo.

El rey mandó venir a su presencia al zahorí, que, como pueden ustedes figurarse, se quedó muerto y más muerto cuando el rey le dijo que le iba a encerrar en un calabozo, y que si a los tres días no le había descubierto los autores del robo lo mandaba ahorcar por embrollón y embustero.

¡Ya puedo prepararme a bien morir!, pensó Juan Cigarrón cuando se halló en el calabozo. -¡Nunca me hubiese metido a zahorí, que me cuesta la torta un pan! ¡Tres días de vida me quedan; ni uno más ni uno menos; bien empleado te se está Juan Cigarrón!

Era el caso que la plata había sido robada por tres pajes del rey, y que estos estaban encargados de llevarle al preso la comida. Cuando el primero de ellos se la llevó, exclamó Juan Cigarrón, aludiendo a los tres días de término que lo había señalado el rey:


   ¡Ay, señor San Bruno!
Que de los tres ya vi uno.

Como el paje tenía mala conciencia, y había oído decir que para aquel zahorí no había nada oculto, se sobrecogió, y dijo a sus compañeros: ¡perdidos estamos! El zahorí sabe que somos nosotros los ladrones. -Los otros no lo quisieron creer, pero al segundo día, cuando otro de los pajes entró en el calabozo a llevarle la comida y oyó a Juan Cigarrón exclamar con dolor:


   ¡Ay San Juan de Dios,
que de los tres he visto dos!

Salió más alarmado que el primero. Razón tenías, le dijo a su compañero, nos conoce y somos perdidos. Así fue que cuando al día siguiente fue el tercero con la comida y oyó a Juan Cigarrón que decía con desconsuelo:


   ¡Ay San Andrés,
que ya los ha visto a los tres!

Se echó a sus pies, lo confesó el delito, le ofreció devolver toda la plata robada, y darle una gran regalía si no   —148→   los delataba. Pasados los tres días, el rey mandó que trajesen al zahorí a su presencia, el que se presentó tan orondo y tan erguido.

-¿Conque me traes las noticias que te he pedido?

-Señor, respondió Juan Cigarrón, con mucha prosopopeya; soy muy noble, y muy filántropo para que pueda delatar a nadie; pero confío en que vuestra majestad se contentará con que por mi arte y poder se le devuelva la plata robada.

-Sí, sí, respondió el rey; con que parezca y vuelva a mi poder me contento: ¿dónde está?

Juan Cigarrón se irguió y respondió haciendo un gesto majestuoso:

-¡Que vayan al calabozo en que he estado encerrado, y allí se encontrará!

Así se hizo, y se encontró la plata que allí habían llevado los pajes.

El rey se quedó absortó y admirado, y se prendó de tal suerte de Juan Cigarrón, que le nombró zahorí mayor, adivino de cámara y acertador particular.

Pero todo esto no le hacía gracia al agraciado, que estaba temblando que se presentase otra ocasión en que recurriese S. M a su ciencia, de la que temía no salir tan airoso como de la pasada.

Y no fueron vanos sus temores, porque un día que paseaba con el rey por sus jardines, deseoso S. M. de tener otra prueba más del saber de su zahorí mayor, le presentó de repente su mano cerrada, preguntándole qué era lo que en ella tenía.

Al oír esta apremiante pregunta, el pobre hombre, perdió la cabeza, y exclamó:


   De esta hecha,
Juan Cigarrón cayó en la percha.

El rey abrió la boca, de la que se escapó un grito de admiración, y la mano, de la que se escapó un cigarrón, que era lo que en ella tenía. El rey en su entusiasmo le dijo al feliz adivino que pidiera lo que quisiese, y fuese lo que fuese le daba su palabra real de que se lo concedería, a lo que contestó enseguida: pido señor que


   No me volváis a preguntar en la vida,
no sea que la tercera sea la vencida.

FERNÁN CABALLERO.






ArribaAbajoEl gusanillo de la conciencia


    -Ayer, mamita,
sin que me vieran,
cogí un rosquillo
de la despensa,
y en el instante
mi mano tiembla:
¿quién de este susto
la causa era?
    -El gusanillo
    de la conciencia.
    -A Mariquita,
la confitera,
quité un pañuelo
de su muñeca.
Nadie lo sabe, 15
nadie, ni ella,
¿quién me lo acusa
quién me da pena?
    -El gusanillo
    de la conciencia.
    -Mamita, ¿cómo
lo echaré fuera,
que no me bulla,
que no me muerda?
-¿Cómo, hija mía?
si tú eres buena
se irá el gusano
de tu conciencia.

GABRIEL FERNÁNDEZ.



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ArribaAbajoFray Luis de Granada

Retrato

Este sabio dominico fue uno de los más notables escritores ascéticos del siglo XVI; nació en 1504. En Portugal, donde residió largo tiempo, fue muy estimado por sus virtudes; allí renunció el arzobispado de Braga, y fue confesor de la reina viuda de Juan III.

El Papa le ofreció el capelo, y lo rehusó, acreditando así su extremada modestia.

Murió en 1588 en Lisboa.

Sus obras dogmáticas y morales son de gran mérito, y bastan para contarle en el número de los más eminentes escritores sagrados que han dado gloria a la patria.






ArribaAbajoLos gigantes


    -«En vano será que estalles
desde tu negra espelunca
atronando monte y valles;
porque por más que batalles
hasta mí no te alzas nunca.»
    Así, mirándole alzar
su blanca crin desde abajo,
dijo la montaña al mar.
Él prosiguió su trabajo
hasta el cimiento minar.
    Falta la base; vacila
la montaña; se derrumba
sobre la mar intranquila;
y después que la aniquila
borda de plata su tumba.
    Y con revuelto oleaje
espumoso de coraje,
gritando altivo se lanza:
-¿Quién hay como yo en pujanza?
¿Quién que mis brios ataje?
    Dice, y en altivo anhelo
retemblar hace la arena
tendiéndose por el suelo.
¡Sopla una brisa del cielo
y confuso lo encadena!

JUAN P. DE GUZMÁN.



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ArribaAbajoEl orgullo

Primer principio de nuestros defectos por Monseñor Dupanloup, obispo de Orleans



I

El Orgullo. -Su naturaleza.


El orgullo, el primero y el más fecundo de los pecados capitales, ocupa triste y gran espacio en la vida humana. Ningún vicio extiende más su imperio. Se encuentra en todos los hombres, en todas las edades y en todas las condiciones de la vida. Se mezcla en todo, lo invade todo; es, en suma, el mal universal: «Este es vicio, dice admirablemente Bossuet, que ha penetrado en el fondo de nuestras entrañas, a las palabras de la serpiente que nos decía en la persona de Eva: Vosotros seréis como dioses, eritis sicut dii. Hemos tragado este veneno mortal que ha penetrado hasta la médula de nuestros huesos, y toda nuestra alma está infectada.»

El orgullo es a la vez la enfermedad más antigua de nuestra naturaleza, y la herida más peligrosa que nos ha hecho el antiguo enemigo del género humano, y nos la ha hecho a todos en el corazón y espantosamente profunda.

Este vicio es el que más temprano se manifiesta en nosotros. Hay vicios dormidos más o menos tiempo en los niños; el orgullo, por el contrario, se desarrolla muy pronto, y algunas veces en extrañas proporciones. Hay niños que son ya, literalmente, prodigios de orgullo a los diez anos y aun más temprano.

Es triste decirlo, pero la virtud misma no está libre del orgullo; como un gusano roedor, el orgullo penetra secretamente en los corazones más puros, y corrompe y destroza en su raíz las mejores acciones, las más bellas virtudes. Se hallan muchas veces almas que serían nobles, que serían grandes, que tienen elevados impulsos hacia el bien; pero el orgullo que anida en el fondo de esas almas, desfigura y destruye todos sus encantos.

«El mayor mal del hombre, dice Platón, es un defecto con que se nace, que todo el mundo se perdona, y del cual por consiguiente nadie procura deshacerse: es lo que se llama amor propio.»

Este mal ha podido Platón señalarlo: pero lo que no pudo hacer Platón fue indicar el remedio de un mal tan profundo, y sobre todo hacer aceptar la medicina infalible. Jesucristo lo hizo, mostrándose así verdadero Dios. «Aprended de mí a ser dulces y humildes de corazón.» ¡Admirable frase! En ella se ve al médico divino poniendo al mismo tiempo la mano y el remedio sobre la más viva llaga de nuestra naturaleza y en el sitio preciso del mal.

Pronto diremos todos los odiosos vicios que el orgullo engendra en el alma. Y sin embargo, nada es más difícil de observar y definir que el orgullo, porque si su fecundidad es prodigiosa,   —151→   sus disfraces y sus artificios son innumerables. Grosero en el fondo, tiene sus sutilezas y sus astucias, y algunas veces asombrosos refinamientos; se oculta, se trasforma, y es a la vez el más fecundo y el más impostor de todos los defectos; se envuelve casi siempre en apariencias, que son otras tantas supercherías.

Así es como el orgullo parece firme, fuerte, elevado, y es sin embargo débil, ligero, bajo, deleznable.

Parece noble y grande, y en el fondo es la indignidad y la grosería mismas. Superbia non est magnitudo, sed tumor, dijo San Agustín.

Con sus inmoderadas pretensiones tiene increíbles pequeñeces; con su falsa y vana grandeza cae en insignes bajezas.

¡Cosa extraña! Con todos sus artificios acaba por mentirse a sí mismo; quiere imponer a los demás, y casi siempre sólo el se engaña. Por un justo castigo, encuentra la vergüenza allí donde quería indebidamente hallar la gloria.

Es que, en efecto, el orgullo, cuando se le examina bien en su naturaleza, se ve que está fundado en una mentira: es la injusticia, es la mentira misma. In veritas non stetit, dice la Escritura, hablando del primero de los orgullosos y del principio mismo del orgullo.

Pero ¿qué es el orgullo?

El orgullo es un amor desmesurado de sí mismo, que hace que el hombre se prefiera a los demás, y todo se lo atribuya a sí mismo y no a Dios.

Esta es evidentemente la suprema injusticia en un ser que no es nada y no tiene nada por sí mismo; o, mejor dicho, que por sí mismo no tiene más que miserias al lado de las ventajas que de Dios ha recibido, y que el presume que son esencialmente suyas.

Es un arrogante y absurdo olvido del fondo de su propio ser, el cual todo lo debe a Dios, y en todo y por todo de Dios depende.

A Dios sólo pertenece toda gloria, y quererla el hombre para sí es querer lo que no es suyo, es robar a Dios lo que Él sólo merece, es cometer un verdadero sacrilegio.

Es preciso, en efecto, que el orgullo sea muy injusto y fuera de lugar en un ser creado y dependiente, puesto que, según la observación tan sólida o ingeniosa de Fenelon, el orgullo está obligado a ocultarse, y no puede evitar la pública irrisión sino en tanto que se disimule y disfrace.

El que manifiesta su orgullo claramente, es odioso y despreciado. Que el hombre más admirable del mundo pida ser admirado, y que manifieste ingenuamente su orgullo, y será la irrisión de aquellos mismos que le hubieran admirado, si el no se lo hubiese exigido.

¿Qué es, pues, esa cualidad tan desproporcionada a la condición del hombre, que no se le perdona cuando la manifiesta claramente? Él mismo siente la necesidad de disimular semejante cualidad; la mentira, que es tan odiosa y despreciable en todas las cosas, es el único medio de hacer soportar el orgullo; y la ingenuidad, que en todas las cosas es simpática y amable, es aquí odiosa y ridícula.

Esto consiste en que el orgullo no está en su lugar en la criatura; es que todo el mundo siente que es injusto y está fuera de lugar.

Y por esto mismo el orgullo es una   —152→   cosa indecente. Hay decencia, porque hay justicia en la modestia, en la humildad, y lo contrario en el orgullo porque hay injusticia y usurpación. La modestia es el pudor del alma, y el orgullo es la incontinencia. Un alma orgullosa es un alma que no se contiene a sí misma.

La modestia, la pureza del alma y del cuerpo consisten en contenerse, en respetarse uno mismo. El orgullo, la vanidad, el amor propio, consisten en no contenerse, en no respetarse, en idolatrarse miserablemente uno mismo.

El orgullo es, pues, la ostentación, la inmodestia, la impudencia, la incontinencia del alma, como la impureza es la impudencia, la inmodestia, la incontinencia, y en cierto modo el orgullo del cuerpo.

Y he aquí por qué el orgullo es un vicio vergonzoso del que se debe huir cuidadosa y enérgicamente.

Es un vicio odioso y odiado.

El yo es abominable, ha dicho Pascal; el yo, es decir, el orgullo, que no ve más que a sí mismo, que no piensa más que en sí mismo, que no se ocupa más que en sí mismo, que todo se lo atribuye, que todo lo cree merecer.

Dios y los hombres lo condenan.

Y los castigos que Dios le reserva, prueban hasta qué punto es culpable: son espantosos.

Se cuenta que el rayo, habiendo penetrado secretamente en una columna de un templo, encendió un fuego escondido, que con el tiempo se hizo terrible incendio y acabó por producir una catástrofe completa: así son los castigos del orgullo.

Por lo demás, el orgullo tiene en sí mismo la más terrible expiación, y el alma orgullosa está bastante castigada por los males que el orgullo engendra, por los vicios que son sus dignos hijos. Sobre esto diremos algunas palabras en el siguiente capítulo.

Dibujo





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ArribaAbajoLa ciencia en la mano

Claras y concisas preguntas y respuestas que explican los fenómenos de todos los días.
Nociones y conocimientos útiles y para la infancia y la juventud


(Continuación)


-¿Es ventajoso en tiempo de tempestad acostarse en cama de hierro? -Sí, porque el rayo elegiría por conductor la cama de hierro con preferencia al cuerpo humano.

-¿Por qué una almohada o un colchón de pluma o una colcha de lana son garantías contra los efectos del rayo? -Porque en su cualidad de malos conductores, aíslan el cuerpo y la descarga eléctrica busca otra vía.

-¿Por qué las llaves, los relojes, las sortijas, las joyas, los anteojos aumentan el peligro de que se expone el hombre durante la tempestad? -Porque esos objetos de metal se ofrecen como conductores del rayo, sin poder, sin embargo, conducirle hasta el suelo, y el rayo después de tocarlos no encuentra más salida que por el cuerpo humano.

¿Cuáles son los sitios más peligrosos durante una tempestad? -Es peligroso estar cerca de un árbol grande o de un edificio elevado, así como también lo es estar cerca de un río o de un arroyo corriente.

-¿Por qué es peligroso estar cerca de un árbol o de un edificio elevado? -Porque la presencia de un objeto elevado tal como un árbol, etc., facilita la explosión de una nube tempestuosa, y si alguno está cerca del árbol o del edificio, el rayo puede pasar por el cuerpo humano, mejor conductor que el árbol o el edificio.

El rayo prefiero los conductores metálicos a los cuerpos de los animales y estos a los vegetales.

-¿Cómo un árbol o un campanario pueden facilitar la explosión de una nube tempestuosa? -Porque colocados a menor distancia de la nube, le ofrecen más fácil paso y se electrizan más por influencia, cargándose de electricidad contraria, lo cual prepara y facilita la explosión.

-¿Por qué es peligroso estar durante una tempestad cerca del agua corriente? -Porque, es buen conductor y el rayo se dirige siempre a los mejores conductores.

-¿Por qué el poder conductor del agua hace más peligrosa la proximidad de un río durante una tempestad? -Porque un hombre disminuye el espacio entre la nube y el suelo, y el fluido eléctrico, si no encuentra un objeto más elevado, puede tomar al hombre por conductor para dirigirse hacia el agua.

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-En algunos pueblos se tocan las canyanas al aproximarse la tormenta para alejarla. ¿Esta costumbre hace menos peligrosas las tempestades? -Físicamente hablando, no; el rayo cae lo mismo sobre las torres donde suenan las campanas que sobre aquellas donde las campanas están calladas; y en el primer caso los compañeros están en peligro de ser muertos a causa de que las cuerdas que tienen en las manos pueden conducir el rayo hasta ellos.

-¿Por qué es peligroso apoyarse contra la pared durante la tempestad? -Porque si el rayo recorre el muro podrá buscar un paso a través del cuerpo del hombre, que es mejor conductor.

-¿Por qué sucede que el rayo destruye alguna vez casas e iglesias? -En general, el rayo cae en los campanarios o en las chimeneas; de allí salta a las barras y grapones de hierro que se emplean en la construcción, y arrojándose de una barra a otra, rompe las baldosas, ladrillos y piedras que encuentra. Su fuerza mecánica es muy grande, porque está animada de una velocidad excesiva de traslación, de rotación o de vibración.

-¿Por qué el rayo se arroja así de un lado a otro en lugar de precipitarse en línea recta? -Porque toma siempre en su camino los mejores conductores, y para encontrarlos y a de derecha a izquierda.

-¿Por qué es peligroso tirar de una campanilla durante la tempestad? -Porque los hilos de alambre son excelentes conductores, y el rayo, siguiendo estos hilos, podría herir la mano del que tirase de la campanilla.

-¿Por qué es peligroso tocar a la falleba de una ventana durante la tempestad? -Porque la barra de hierro es un buen conductor; el fluido eléctrico podría recorrer la barra y herir a la persona que tuviese puesta la mano en la falleba.

-¿Por qué el centro de una habitación es el sitio menos peligroso durante una tempestad? -Porque si el rayo cayera en la casa bajaría por la chimenea o a lo largo del muro; por consiguiente, estando lejos de una y de otro se está más en seguridad.

-¿Es peligroso durante una tempestad un edificio de hierro? -No, porque las paredes metálicas conducirían fácilmente el rayo hasta el suelo sin que causara daño alguno.

-¿En qué sitio está uno menos expuesto durante la tempestad cuando esta te sorprende fuera de casa? -A seis u ocho metros de algún gran árbol, de algún edificio o de un río, etc.

-¿Es mejor estar mojado o es mejor estar seco durante una tempestad? -Es mejor estar mojado. Si se encuentra uno en medio del campo, lo que hay que hacer es alejarse de los árboles grandes, aunque se reciba la lluvia, porque los vestidos mojados son mejores conductores, y habría más probabilidades de que el rayo sólo tocase la superficie de los mismos sin penetrar en el cuerpo de la persona.

Los vestidos en sí mismos son malos conductores; pero el agua, el vapor, los líquidos, en general, conducen mejor el fluido eléctrico.

Franklin cuenta que por medio de la electricidad artificial acumulada no pudo matar un ratón mojado, y sí lo pudo matar estando seco.

-¿Se expone uno o ser herido por el rayo cuando, durante la tempestad, se halla en una corriente de aire o echa a correr? -Todo lo que disminuye la   —155→   densidad del aire, disminuye su resistencia y tiende más o menos a atraer el rayo; luego, en una corriente de aire, el aire es menos denso, y el hombre que corre deja tras sí un espacio donde el aire está rarificado; no es, pues, imposible que estas dos circunstancias produzcan un efecto fatal.

-¿Cuáles son los más expuestos a ser heridos del rayo, los habitantes de las ciudades o los del campo? -Las probabilidades son poco más o menos iguales por ambas partes. En el campo hay muchos arboles; en la ciudad muchos campanarios y muchas chimeneas. Arago, sin embargo, dice que «las consideraciones teóricas tienden a confirmar la opinión común de que se está más expuesto en los pueblos y en el campo que en las grandes ciudades.»

-¿Son numerosas las desgracias personales que causa el rayo? -El número de las víctimas no es muy grande ciertamente, pero no debe descuidarse nadie de ponerse a cubierto de semejantes accidentes por los medios que la ciencia indica.

-¿Qué es lo mejor que puede hacer una persona para librarse del rayo? -Colocarse en medio de la habitación y confiar en la bondad de Dios.

Efectos físicos, químicos y magnéticos del rayo.

-¿Acompaña al rayo algún olor particular? -Sí; en tiempo de tempestad, y allí sin que se produzca el rayo, se percibe un olor particular, debido sin dada, en parte, a lo menos, a la formación del oxígeno electrizado. Además, casi siempre, donde cae el rayo se esparce un olor de azufre o fósforo, algunas veces muy pronunciado.

-¿De dónde procede ese olor de azufre o fósforo que el rayo esparce? -Puede formarse en el aire en tiempo de tormenta el ácido nitroso o salitroso, que posee un olor fuerte y sofocante; pero este olor difiere mucho del que produce el fósforo o el azufre. El azufre está tan esparcido en la naturaleza y es tan volatizable, que no hay nada de extraordinario en que el rayo lo encuentre casi siempre a su paso, lo lleve consigo y lo vaporice, o lo deje allí donde descarga.

-¿El rayo produce algún efecto químico sobre el aire atmosférico? -Sí; determina algunas veces la combinación del azoe y del oxígeno del aire, o del hidrógeno de los vapores acuosos con el azoe del aire, produciendo pequeñas cantidades de amoniaco. La lluvia de tormenta contiene casi siempre señales de ácido nítrico o amoniaco.

-¿Por qué la tempestad purifica la atmósfera? -Porque el rayo, durante su paso por el aire, produce acido nítrico, y porque la agitación altera el aire y dispersa las exhalaciones pestilenciales.

Esta pregunta estaría mejor formulada de esta manera: -La tempestad, ¿purifica la atmósfera? -El hecho puede explicarse, o por la formación del oxígeno electrizado y del acido nítrico, o por efecto de la lluvia que acompaña casi siempre a la tempestad, o en fin, por la simple agitación del aire.

-¿Cómo el oxígeno electrizado y el ácido nítrico pueden purificar la atmósfera? -Por efecto de su tendencia a formar con las materias primas, siempre ricas en hidrógeno, nitrato o nitrito de amoniaco, que se disuelven enseguida en el vapor acuoso de la atmósfera.

(Se continuará.)

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Dibujo

(Copia del cuadro de D. Domingo Valdiviseo)



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ArribaAbajoLa primera comunión

(Pensamientos)


Esa escena religiosa, llena de unción y sentimiento, que el grabado os representa; esa escena, que fue copiada de la naturaleza en un hermoso cuadro debido al pincel de un insigne artista español contemporáneo, no puede menos de despertar en las organizaciones delicadas afectos de ternura que deleitan al corazón y nobilísimas ideas que elevan el espíritu.

El templo sagrado, casa de oración destinada a dar aliento al débil, a consolar al triste, a recibir al desvalido, a sostener al fuerte, a purificar al pecador, a guiar al inocente; las tiernas niñas que vestidas de blanco y coronadas de rosas revelan con estas flores y con aquel color una pureza que sólo es pálida imagen de la pureza de su alma; el sacerdote encanecido en el ejercicio del más sublime ministerio que pueden imaginar los mortales, mostrando al Dios creador y redentor, juez de vivos y muertos, bajo las cándidas especies del pan, antes de aposentarlo en el pecho de aquellas puras y bellas criaturas; tales son los tres elementos principales de este inspirado cuadro, que si mucho agrada por su valer artístico, agrada mucho más por que recuerda uno de los actos más trascendentales de la vida del cristiano.

¡La primera comunión! ¿Acaso pueden describirse fácilmente con palabras toda la trascendencia de semejante acto como primer paso dado en la senda de la vida, y los dulces recuerdos que deja en el animo; recuerdos que se evocan con fruición en las épocas más desconsoladoras de aquella?

No yo, desposeído del carácter y de la ilustración del maestro, voy a deciros hasta que punto es importante dicho memorable suceso. Abrid cualquiera de los varios libros en que lo han consignado las elocuentes plumas de santos eminentes y doctos escritoros, y ellos os dirán cuán veneranda y augusta es la comunión, y cuán especialmente grave y trascendental lo es la primera que abre para el mortal, preparado por el sacramento de la penitencia, el glorioso aunque difícil camino de su justificación. Y no sólo había en este sentido doctores ortodoxos y católicos; también hay hombres que, aunque ciegos por el error y separados del amoroso seno de la Santa Madre Iglesia, única depositaria de la verdad, han cedido a la fuerza incontrastable de esta, trazando en sus obras, como a su despecho o sin saberlo, páginas que demuestran la inefable majestad de la Eucaristía, y los inmensos beneficios, no solamente para el individuo sino también para la sociedad, que aquí bajo en la tierra produce la mística participación del cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo.

Criado el hombre en estado de gracia, podía servir a Dios con facilidad, y disfrutaba en el Paraíso de misteriosas felicidades que hoy no comprende nuestra degenerada inteligencia. Pero hizo mal uso de su libertad, y asintiendo a las pérfidas sugestiones del   —158→   espíritu infernal que le prometía ser igual a Dios si comía la fruta del árbol del bien y del mal, contra la prohibición expresa del Sumo Hacedor, pecó horriblemente, y al pecar arrastró consigo a la humanidad entera, que cual el quedó sujeta a los dolores, a la ignorancia a la muerte, funesto legado de aquella siempre lamentable caída, cuyo rastro vemos por donde quiera que tendamos los ojos. Siendo Dios infinitamente misericordioso, doliose de la suerte que se había labrado el hombre, y en sus altos juicios le prometió un Reparador. Reanimado el mortal con tan consoladora esperanza, saludó al Deseado de las naciones a través de la bruma de siglos y siglos; y por fin, llegada tras de tan larga expectación la plenitud de los tiempos, el Verbo, el hijo de Dios, la segunda Persona de la adorable Trinidad, se hizo hombre, redimió al hombre y habitó entre nosotros, quedando con nosotros como prueba de amor inefable y hasta el fin del mundo, en el augusto sacramento del altar. ¿Puede la mente humana comprender ni aun concebir una serie de misterios tan inescrutables? ¿Puede lengua mortal, aunque sea la más elocuente para celebrar las grandezas y los héroes de la tierra, dar ni una ligera idea de la profundidad de estos insondables arcanos? ¿Puede explicarse suficientemente por lo tanto cuán necesarios son los sentimientos de humildad, de amor, de contrición, de reverencia, de adoración, para recibir divinamente en nuestro pecho, bajo el cándido velo de las especies sacramentales, al mismo Verbo hecho hombre, al Autor de la vida, al Redentor del pecado, al Soberano Pastor de las almas? ¡Ay! Cuando esto ha de verificarse, purifiquese antes el mortal en las fuentes de la penitencia, y pida a Dios gracia para no incurrir en aquella terrible sentencia del Apóstol: Cualquiera que se acercare a la sagrada mesa sin estas disposiciones, no discerniendo el cuerpo de Jesucristo, recibir condenación.

Pero si esto es posible, por desgracia, también lo es y hasta fácil, por fortuna, recibir para la propia santificación el sagrado cuerpo de Nuestro Señor, practicando en tales casos lo que establece para ellos Nuestra Madre la Iglesia, según lo hacen las almas justas que embellecen la tierra, como llores que, brotan en medio de espinas y de cizaña. ¡Cuán felices son al aposentarle en su pecho! Señor, le dice cada una de por sí, yo no soy digna de que entréis en mi pobre morada, pero decid una sola palabra, y sanando de todas mis imperfecciones podré recibiros como merecéis. Y lo reciben, y se parifican: lo reciben, y la sociedad tiene en ellas, no enemigos de su bienestar, sino apóstoles que con oraciones, obras, palabras y deseos invocan sobre ella el orden, la paz y la felicidad.

Ved, pues, ahora si el acto trascendental de la sagrada comunión no lo es hasta cierto punto más significativo cuando se ejecuta por primera vez, después que el niño, salido del hermoso estado de la inocencia, va a comenzar la peregrinación de la vida por una senda bordeada de escollos y peligros. Ved si está justificada la solemnidad con que se debe celebrar momento tan grandioso, entre las luces y el incienso y las plegarias y los cánticos. ¿Lo habéis presenciado alguna vez y no habéis llorado, y llorado mucho? Dígoos que no tenéis corazón. Pero no: asistir   —159→   a tal acto es pagar inevitablemente a Dios un merecido tributo de oraciones y lágrimas. Yo he visto a hombres, distraídos por los negocios del mundo, a hombres entibiados en su fe por el hálito glacial del estéril racionalismo, a hombres encanecidos en los campos de batalla, conmoverse y resistir, y rendirse llorando ante una fuerza superior a su voluntad, cuando en el recogimiento del templo, y después de la plática del sacerdote, y entre las armonías del Laudate, pueri, Dominum, y los acordes del órgano, han doblado la frente sus inocentes hijos para recibir en su pecho al Rey de reyes y Señor de los señores. ¿Cómo estar sin abrasarse cerca de una hoguera de amor?

¡Ojalá los padres comprendan toda la necesidad que, hoy más que nunca, existe de revestir a los niños de estas armas espirituales que han de servirles para defenderse y triunfar en los violentos ataques y pérfidas asechanzas de las pasiones y del escepticismo!

ANTONIO ARNAO.




ArribaAbajoEl cochecito en el prado

Dibujo

Todos los niños tienen gran afición a dar unas cuantas vueltas en el cochecito, y en ello no hay ningún mal; pero los que son buenos dan una vuelta en vez de dos, o dos en vez de tres, y de los cuartos que les dieron sus papás para el coche ahorran algunos y los entregan a los niños pobres, que los ven paseando en coche mientras ellos no pueden permitirse ese lujo.



  —160→  

ArribaAbajoBaraja geográfica de España

Juego instructivo dedicado por D. Francisco López Fabra a la revista de educación y recreo los niños dirigida por Carlos Frontaura


Dibujo

El objeto de esta BARAJA es el de facilitar la instrucción geográfica por medio de juegos entretenidos.

Los 48 naipes expresan los límites, principales ríos, ferrocarriles, (indicados por líneas gruesas), capitales de Juzgado, personas y sucesos notables, número de habitantes y extensión de cada provincia.

Las provincias limítrofes se hallan indicadas con un círculo que encierra la inicial de su nombre: v. g. N en círculo Navarra.

Los palos de la Baraja y su numeración se hallan relacionados con el número de habitantes y magnitud de cada provincia, v. g. Madrid tiene los números 5 y 31, lo cual significa que es ya 5.ª provincia en número de habitantes y la 31.ª en extensión.

Los SUCESOS tienen los signos e iniciales siguientes: Signo Favorable. -Signo Adverso. -A. Acción. -B. Batalla. -S. Sitio. -T. Toma o Conquista.

Combinando esta Baraja con 4 planitos que se publicarán expresamente, se formará el juego de la Lotería de España, cuya explicación se hallará en dichos mapas.

Los señores de provincias que deseen la Baraja geográfica y los que la tienen pedida, harán bien en comisionar persona que la recoja en nuestra Administración en Madrid, o tendrán que esperar a que se nos permita enviarla por el correo, como impreso, a cuyo efecto se ha solicitado la correspondiente autorización.

Precio, 12 rs. -Para los suscritores a LOS NIÑOS, 6 rs.




ArribaAbajoAlmanaque de Los niños para 1872

Nuestros constantes suscritores merecen toda nuestra gratitud, y deseamos hallar ocasión de manifestársela. Próximo a terminar el año 1871, y con él el tomo IV de Los NIÑOS, hemos creído que sería muy del agrado de nuestros favorecedores un ALMANAQUE DE LOS NIÑOS PARA 1872, y este es el regalo que vamos a hacer a todos los que se suscriban por el tomo V, que empezará a publicarse en Enero de 1872, y con el cual podrá encuadernarse el ALMANAQUE, cuyo tamaño y forma serán iguales al periódico.

No será este un ALMANAQUE vulgar, sino el más elegante y espléndido de cuantos se publiquen en España; contendrá, ademas de las firmas de las Sras. Avellaneda y Grassi y las de los Sres. Hartzenbusch, Catalina, Campoamor, Trueba, Pérez de Guzmán, Guerrero, Fernández, Sepúlveda, Falcón, Valbuena, Vieduia, Príncipe y Montes, una comedia para que la representen los niños, escrita sobre otra del sabio Juan Macé, doce oraciones para doce días señalados del año y otros interesantes originales.

En resumen, el ALMANAQUE DE LOS NIÑOS PARA 1872, será un precioso y elegantísimo libro, que el unes próximo contamos tener terminado para regalarlo a todos los suscritores a LOS NIÑOS que hayan renovado su abono por el tomo V, que comenzará a publicárse en Enero, y a todos los nuevos suscritores que se abonen por el mismo tomo; y en fin, a todas las personas que, sin estar suscritas, compren los cuatro tomos, o, por lo menos, dos de los publicados.

Los señores abonados y corresponsales de provincias pueden dirigir sus renovaciones con el importe cuando gusten, bien entendido que no daremos un ALMANAQUE a quien no haya renovado su suscrición por el tomo V, que se publicará en los primeros seis meses del año 1872.

El ALMANAQUE DE LOS NIÑOS PARA 1872, por el excesivo coste que tiene, no puede venderse a los no suscritores a menos de OCHO REALES.

Los señores suscritores que en Madrid lo sean por meses, recibirán gratis también el ALMANAQUE, si están suscritos sin interrupción desde el principio de la publicación.



  —161→  

ArribaAbajoEl orgullo

Primer principio de nuestros defectos por Monseñor Dupanloup, Obispo de Orleans



II

Triste fecundidad del orgullo.


Es verdaderamente espantoso el número de defectos, vicios y crímenes que el orgullo engendra, y sin embargo, es bueno y necesario estudiar y hacer estudiar de cerca este triste espectáculo.

Este es el mejor medio de inspirar a los jóvenes aversión a un vicio que están en peligro de adquirir, en la ligereza y presunción de su edad, y de comunicarles la energía y la firme voluntad indispensables para combatirle y triunfar.

El que se crea puro de todo orgullo, se hace una ilusión; pero para reconocer este vicio en uno mismo o en los demás, hay un procedimiento muy sencillo y seguro; examine cada cual su conducta, sus actos, y vea si descubre algún fruto de ese orgullo; esto es fácil de ver, y entonces allí está la raíz, y tanto más profunda cuanto más abundantes y más malos son los frutos.

La desobediencia, o sea la falta de sumisión a las órdenes de los superiores legítimos, la rebeldía contra la dirección y los consejos de los que están encargados de nuestra educación, ¿de dónde procede sino del orgullo? No se quiere obedecer más regla que la propia voluntad; se cree uno superior a todo, y perfectamente capaz de gobernarse sólo, y se tiene en poco a las más sabias y legítimas autoridades.

En una casa de educación, la desobediencia es la pérdida de todo orden, de toda disciplina, de todo respeto. La educación supone esencialmente la docilidad. Es evidente que un niño, que un joven tienen necesidad de ser sabia   —162→   y previsoramente dirigidos. Ningún hombre tiene él solo toda la razón, toda la experiencia, todo el saber; pero sobre todo, un niño, un joven, ¿qué experiencia, qué saber, qué ciencia han de tener? Quien en tan corta edad se creo capaz de dirigirse a sí mismo, repugna la sumisión y se rebela contra la obediencia, está manifiestamente atacado de un intolerable orgullo, del cual el será la primera víctima.

Maestros de la juventud, decid mil veces a vuestros discípulos que el hombre debe toda la vida desconfiar de sí mismo, aceptar los consejos y respetar la autoridad. Jamás de la boca de un hombre discreto deben salir estas míseras palabras: -«Yo sé lo que debo hacer, y no tengo necesidad de consejos de nadie;» pero cuando salen estas palabras de la boca de un joven, se lo debe oír con lástima y compadecer su extravío.

Sin duda, en una casa de educación la indocilidad, la desobediencia pueden ser efecto de la ligereza, y entonces se debe ser más indulgente, en la represión; pero cuando proceden esos males, como sucede frecuentemente del orgullo, entonces es preciso tener una inflexible firmeza, y sobre todo atacarlos en su principio, es decir, en el orgullo. No olviden nunca los padres y maestros que el orgullo es lo que hay que combatir en los niños desobedientes.

El orgullo tiene otras consecuencias: las pasiones violetas, los odios, las venganzas, feroces algunas veces, no tienen ordinariamente otro origen que el orgullo.

El orgullo, produce la envidia, es decir, esa indigna tristeza del bien ajeno, que engendra el deseo de desposeer al prójimo del bien que disfruta. El orgullo inspira también la alegría de la desgracia ajena; y la maledicencia y la calumnia, son otros tantos odiosos movimientos del corazón contra toda superioridad que nos hiere y nos humilla; es a lo menos una indigna complacencia en todo lo que causa el mal ajeno. Siempre que se descubre en el propio corazón o en el de otro esos malos instintos, bien puede asegurarse que allí anida el orgullo, amarga raíz de amargos frutos.

Muchas veces se ha hecho el retrato de la envidia, pero jamás se ha pintado tan odiosa como es en realidad, sobre todo en la juventud; porque entre los jóvenes, en los que aún tiene menos razón de ser que entre los hombres, es particularmente el más miserable vicio. Mata las sinceras y puras amistades, desnaturaliza, emponzoña las nobles y fecundas emulaciones, sustituye a los sentimientos generosos, propios de esa dichosa edad, una amarguísima hiel y odiosos rencores; cierra los corazones que debían abrirse a los más dulces afectos, y deprime a las almas que no lanzan lejos de sí tan abominable vicio.

Es muy difícil combatir directamente esa desgraciada pasión, porque se disimula cuanto le es posible; como no hay nada tan vil en el corazón, no hay nada que sea más penoso mostrar. ¿Cómo combatirla?... He aquí el medio. A las almas envilecidas de ese modo por un triste orgullo, es preciso hacer ver toda la nobleza de una valerosa y digna emulación, la dulzura de una leal amistad, y los deberes de la gran caridad cristiana. Es preciso también inspirarles la bondad de corazón, porque el orgullo es el gran enemigo de   —163→   ese dulcísimo sentimiento. El orgullo es positivamente, malvado; es duro tiránico, violento y cruel; necesita una víctima a quien tener el placer de atormentar. Gusta de las burlas, del sarcasmo, se complace en las lágrimas del prójimo; un paso más, dejadle crecer un poco más y gustará de ver la sangre.

Los niños dominados por el orgullo no responden a la afección, no admiran nada, no aman nada, y si alguna vez parece que aman a un maestro, por ejemplo, será porque el maestro les mime y adule.

Parece que aman a sus padres, pero es solamente mientras que no les contrarían, y ceden a todos sus caprichos y los dan todo lo que piden. En realidad son profundamente ingratos. Es preciso hablarles frecuentemente de la grande y hermosa virtud del agradecimiento, y hacerles comprender los sagrados y nobles deberes de esa virtud, y todo el horror, bajeza y vergüenza de la ingratitud.

Sobre todo esto hay que hablarles claramente y sin mimo, con toda severidad y energía. La experiencia me ha demostrado que semejantes caracteres no tienen delicadeza alguna, y no comprenden otro lenguaje que el severo y enérgico. -Continuemos esta triste enumeración.

Los deseos, los sueños ardientes de grandeza, de gloria, de renombre, más precoces y más frecuentes en los niños de lo que se piensa, en una palabra, la loca ambición, revela también un corazón entregado al orgullo.

Aquel que sueña en su porvenir los títulos pomposos, las dignidades brillantes, el gran renombre, puede, sin equivocarse, suponerse dominado por la pasión del orgullo.

El peligro de tales sueños es muy grande. Esos deseos que luego no se cumplen, dejan en el corazón un fonda tristeza o de odio que basta para amargar la existencia entera del hombre.

En los tiempos en que vivimos, esa disposición de espíritu en un joven es grandemente peligrosa. Una precoz y ardiente ambición no realizada después, ha precipitado a muchos jóvenes en las utopías antisociales. Los maestros perspicaces, los que no limitan su previsión al presente, sino que la extienden al porvenir, deben cuidar atentamente de combatir semejantes sueños.

Dibujo





  —164→  

ArribaAbajoD. Francisco de Rojas y Zorrilla

Retratro

Fue este peregrino ingenio uno de los más notables poetas dramáticos del siglo XVII. Nació en Toledo y fue extremado en el valor y la hidalguía. Sus obras son: García del Castañar, El más impropio verdugo, No hay amigo para amigo, Entre bobos anda el juego, Lo que son mujeres, Donde hay agravios no hay celos; todas ellas son modelos que no dejarán de estudiar, andando el tiempo, aquellos de nuestros lectores que tengan la noble afición de las letras: en las obras de Rojas encontrarán grandes bellezas.




ArribaAbajoLas apariencias

(APÓLOGO)


Dibujo


    Cuando la tarde plácida caía
velando el sol su disco centellante
que de las nubes el cendal hería
con roja luz y rayo fulgurante;
    Por solitarias trochas, no pisadas
más que de los ganados y pastores;
que en la falda de sierras empinadas
ornaban césped y silvestres flores;
    Contemplando un torrente que espumoso
rebramaba en las breñas sin descanso,
pero que luego, por el valle hermoso,
río lograba ser límpido y manso;
    Dos apuestos garzones, caballeros
sobre alazanes de fogoso brío,
marchaban en coloquios placenteros,
no ya lejanos de torrente y río.
—165→
    Vago rumor perciben de repente,
y a la vez con asombro los caballos
medrosos hinchan la nariz ardiente,
baten la peña, con los duros callos.
    Entrambos mozos cuyo pecho late
con sereno valor a toda hora,
clavan inútilmente el acicate
sobre el ijar que en sangre se colora.
    Cuando súbito ven que se levantan
en son de guerra y clamoroso bando
rapaces lobos que a ellos se adelantan,
garras y dientes con furor mostrando.
    Ante esta aparición ambos donceles
miden el riesgo que al valor supera;
y aguijando de nuevo a los corceles
huyen con rapidísima carrera.
    Huyen, y van tras ellos en manada
las carnívoras fieras ululantes,
que lograrán la presa codiciada
si prosiguen no más breves instantes.
    Ellos entonces, al rigor cediendo
del triste caso que su fin augura,
y en escape fantástico siguiendo,
lánzanse en el raudal a la ventura.
—166→
    Uno por donde el agua más rebrama
con imponente estruendo fragorosa;
y otro por donde humilde se derrama
resbalando en el valle silenciosa.
    Más ¡oh prodigio! Libertad y vida
dio el torrente al que en el cifró su suerte;
y el río en su corriente adormecida,
al que cruzarle quiso dio la muerte.
    Y era que aquel simbolizaba solo
falaz hervor y espumas y ruido,
mientras este guardaba en negro dolo
abismo en sus entrañas escondido.
    Los que el mundo cruzáis en lucha eterna,
sabed que el hombre, a veces, tiene artero
bajo apariencias rudas alma tierna,
bajo cándida faz alma de acero.

ANTONIO ARNAO.




ArribaAbajoGeometría de los niños

(Continuación)



ArribaAbajoXII

Los Paralelogramos


Llegó la tarde siguiente a la en que quedamos en nuestro anterior artículo; llegó, como decimos, y con ella la explicación de los paralelogramos que, como ya quedó dicho, constituían una de las divisiones que hizo mi amiguito Carlos de las figuras de cuatro lados.

Los niños habían creído la tarde última que hemos mencionado, que la lección iba a tener muchos atractivos, pero seguramente fue mucho más bonita la explicación de Carlitos en esta de que hoy tratamos.

El joven profesor empezó así:

-Ayer fue corta mi explicación, queridos compañeros; hoy, sin embargo, tengo dispuesto que sea algo más larga, y os traigo varias figuras que he creído indispensables para que entendáis mejor lo que os voy a presentar a vuestra consideración.

Os dijo que los paralelogramos admitían una división: en efecto, hay cuatro clases, las cuales vais a conocer esta tarde.

Mirad esta figura que os presento:

Dibujo

Está formada por cuatro palitos unidos, formando al parecer un marco. Las barritas son perfectamente iguales, y están sujetas en los extremos que se juntan por un clavillo que las permite moverse. Esta figura nos presenta el primer paralelogramo. Tiene cuatro lados iguales, siendo también paralelos dos a dos; tiene también sus cuatro ángulos rectos.

Falta ahora saber su nombre. ¿No es verdad que estáis deseosos de que os lo manifieste?

Vais a saberlo; se llama cuadrado.

Vamos a pasar ahora al segundo. Esta misma figura os lo va a representar.

-Pues ¿no es un cuadrado?, replicó Luis.

  —167→  

-Sí; pero como los clavillos que sujetan las barritas permiten a estas que varíen de forma o posición, pueden presentarnos el segundo paralelogramo.

Mirad; tomo la figurita, la tomo por dos vértices, y tiro.

¿Qué sucede?

Ha perdido su forma; se ha puesto más puntiaguda. No obstante, nos presenta todavía una bonita figura.

Dibujo

Los cuatro palitos son iguales como antes; son también ahora paralelos dos a dos, pero ya no forman ángulos rectos; los ángulos se han vuelto agudos dos de ellos, y obtusos otros dos, siendo iguales respectivamente los dos primeros y los dos segundos; la figurita tiene ahora otro nombre; se llama rombo.

Ya conocéis dos clases de paralelogramos; vamos a ver las otras dos que nos quedan.

Os traigo aquí otra figura: ved cómo se parece al cuadrado; está hecha del mismo modo, pero ya los palitos no son iguales.

Notadlo bien.

Dibujo

Los palitos son iguales dos a dos, siendo también dos a dos paralelos. Los ángulos que forman son, como los del cuadrado, perfectamente rectos. Este paralelogramo se parece mucho al cuadrado; ¿no es verdad, Rafael?

-Sí; respondió este, si fuese más corto sería igual exactamente; dime su nombre, que ya tengo ganas de saberlo.

Se llama rectángulo, dijo Carlitos, y representa la tercera división de los paralelogramos.

Nos queda la última.

Esta nos la va a representar la figurita que acabáis de ver. Voy a hacer con ella lo que con la primera: resulta en este caso lo que veis.

Dibujo

Ha variado: también tiene ahora los palitos iguales y paralelos dos a dos; pero sus ángulos ya no son rectos: dos son agudos y dos obtusos, como en él   —168→   rombo, que también como en este son respectivamente iguales.

He aquí que sólo nos resta saber su nombre: romboide es el que se le aplica a esta figura que nos da la cuarta división de los paralelogramos.

Hélos aquí; mirad como dentro de ellos escribo sus nombres:

Dibujo

Los conocemos ya todos como os he dicho, y por lo tanto quiero ver si habéis comprendido esto perfectamente.

Tú, Rafael, ¿qué es cuadrado?

-Cuadrado, respondió el interpelado, es el paralelogramo que tiene sus ángulos rectos y sus lados iguales, siendo estos paralelos dos o dos.

-Bravo, bravo, amigo, ¿y qué es rectángulo?

-Yo creo, volvió a decir Rafaelito, que es el paralelogramo que tiene sus ángulos rectos y sus lados iguales y paralelos dos o dos.

-Así es efectivamente; tú sabes muy bien la definición de estas dos figuras; pero veamos ahora lo que sabe Esteban: dime, ¿qué será rombo?

-¿Rombo?...

-Vaya, vaya, ¿es posible que no lo sepas?

-Lo sé; lo sé; ya verás: rombo... sí, rombo es el paralelogramo que tiene iguales sus lados, siendo estos paralelos dos a dos.

-Falta algo, falta algo, querido Esteban, ¿no hablas de los ángulos?

-Efectivamente; tienes mucha razón: los ángulos opuestos del rombo son iguales, pero no son rectos.

-Bueno; ha quedado al fin definido el rombo: falta el último, el pobre romboide que parece queda olvidado.

Luis nos lo va a definir. ¿Sabes lo que es un romboide?

-Sí, dijo Luisito, es un rectángulo que ponemos tuerto, y al que quitamos con esto sus ángulos rectos.

-Así será, si quieres, y así lo hemos visto, pero no podemos tomar tus palabras como definición de la figura. Vamos a ver; tú y yo vamos a definirlo: haremos la cosa entre los dos.

¿Cómo son los lados del romboide?

-Iguales dos a dos, dijo Luis.

-¿Y nada más?

-Sí, son también paralelos los lados iguales.

-Y los ángulos ¿cómo son?

-Dos agudos iguales, y dos obtusos también iguales.

-Entonces, continuó Carlos, hemos ya definido el romboide: ¿puedes decir lo que es?

-Es el paralelogramo que tiene sus lados iguales y paralelos dos a dos, y sus ángulos...

-Sus ángulos opuestos iguales y no rectos, acabó de decir Teodoro, el discípulo novel.

-Válgame Dios, amigo, que al fin, se ha hecho con ayuda del vecino. En fin, ya conocemos los paralelogramos, pero no las diferencias que hay entre ellos: esto también lo debemos saber, pero no puede ser hoy.

  —169→  

-Sí, sí, continúa, exclamaron los niños; sigue, que aunque sea de noche podemos estar aquí.

-No puedo consentirlo; para empezar quiero concluir, y por lo tanto, esto haría que fuerais tarde a vuestras casas. Si así sucediera, la tardanza tendría en cuidado a vuestras familias, y no puede ser; mañana, pues, seguiremos.

-¡Qué lástima, decían los niños, concluir cuando era tan bonita la lección!

Pero no obstante salieron todos, y al separarse ya se les había pasado la pena: sólo pensaban en llegar pronto a sus casas para dar un abrazo a sus padres y contarles lo que, habían aprendido.

E. THUILLIER.








ArribaAbajoLas mulas de Donato


(Fábula)


    Las mulas de Donato,
labrador nada rico ni sensato,
le oyeron discurrir con otros tales
republicana, socialistamente,
y aprendieron sus máximas, del modo
incompleto, y errado sobre todo,
que tienen de aprender los animales.
«Trabajadora, productiva gente
somos, decían; pero ¿qué ganamos?
Para el hombre la tierra cultivamos,
a esclavitud sujetas y a castigo;
y el, que apenas nos da ración de paja,
el sólo, sin partir, se zampa el trigo.
Pues no: que goce más quien más trabaja,
y no saque ventaja
quien tirano especula y miserable.
Ni de un mezquino pienso se nos hable;
queremos, por justísimas razones,
trigo y patatas, uvas y melones.
¡Libertad y justicia! No más yugo,
no más palos ni afanes;
apropiémonos hoy los verdes panes
del hombre usurpador, nuestro verdugo.»
Y así fue, porque abriendo
el labrador la puerta del establo,
su ya ilustrado par fuesele huyendo,
cual de la cruz el diablo;
y escogido recóndito paraje,
ambas mulas se hartaron de forraje,
diciéndose tendidas en el haza:
«Ya el amo no nos caza.»
Llegó la noche, vínoles el sueño,
durmiéronse en el trigo sin cuidado,
como si en casa las tuviera el dueño;
y habiéndolas de lejos acechado
media docena o más de hambrientos lobos,
despertaron las mulas imprudentes
a mordeduras de rabiosos dientes;
y a pesar de patadas y corcovos,
las mató sobre el campo de sus goces
la turba de carnívoros feroces,
quedando, así, por la fatal huida,
sin yunta el labrador y ella sin vida.

    Minadores del orden que hoy existe,
resultado temed no menos triste.
Peligra en todo caso
cuerpo que duerme al raso:
velan los lobos; y si no se cuida,
de las mulas y el amo harán comida,

JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH.



  —170→  

ArribaAbajoEl chocolate

El chocolate es alimento, muchas veces considerado y empleado como condimento, que está constituido por una íntima mezcla de cacao, azúcar y algún principio aromático estimulante. La palabra chocolate se deriva de las dos mejicanas choco, sonido o ruido, y atle, agua; pues en Méjico lo preparaban batiéndolo en agua hirviendo y añadiéndole después pimiento, harina de maíz o savia azucarada, y la miel del magüey. Humbolt, en conformidad con los primeros españoles que fueron a la conquista de las Américas, refiere que en dicho imperio es muy apreciado como alimento nutritivo, del que se cuentan maravillas. Las señoras de Chiapa son extremadamente aficionadas al chocolate, hasta el punto de mandárselo traer a la iglesia por no cesar de tomarlo. Esta pasta fue importada de América a España hacia el siglo XVII, y luego de España pasó al resto de Europa. Las personas del séquito de María Teresa, mujer de Luis XIV, contribuyeron en mucho a propagarlo entre los franceses; mas en Inglaterra y Holanda lo recibieron con suma frialdad, lo cual no debemos extrañar, pues como emoliente y temperante es más propio de los climas secos y cálidos. Así se explica el rápido desarrollo que adquirió el consumo de dicha droga en la Península ibérica, especialmente en los conventos y entre los individuos de vida sedentaria: proverbial es la rara habilidad y refinamiento que desplegaban nuestras religiosas en la confección de chocolate, perfumado con el ámbar gris, la vainilla y otros aromas.

El cacao es la semilla del theobroma cacao (qeoj, Dios, y bhoma, manjar: manjar de los dioses) árbol de la familia de las bitneriáceas, vecina de las malváceas, como la malva, el algodón y la pavonia. El árbol del cacao es de ramas delgadas y rectas, hojas ovales y flores pequeñas y numerosas; su fruto es oblongado como el pepino, y está dividido en cinco celdas, en que se hallan alojados de 20 a 25 granos en medio de una pulpa carnosa como la de la sandía. Estos granos, una vez despojados de su cubierta y ligeramente tostados por los rayos solares, constituyen esas almendras moreno negruzcas que llamamos cacao.

Los mejores cacaos para la fabricación del chocolate son los de Caracas, Guayaquil y Maracaibo. Se empieza por tostarlo según los gustos y temperamentos de los pueblos a que se destina el chocolate; se le desembaraza de una película que lo cubre, y así mondado se le tritura en morteros calientes para verificar la fusión de una grasa que, contiene, y se le añade luego azúcar con canela, vainilla, anís, etcétera. Se acaba de moler esta mezcla en una especie de molinos compuestos de una plataforma caliente sobre la cual ruedan cuatro cilindros de forma cónica o de cucurucho; hay además unos cuchillos que recogen la pasta y la vuelven debajo de las muelas. Cuando la mezcla está bien acabada, se la divide rápidamente en porciones   —171→   de 250 gramos, que son colocadas en esos moldes de hoja de lata, cuya forma es de todos conocida. Colocan después estos moldes en un marco de madera, a los cuales se les comunica un movimiento de choques alternativos de uno a otro lado. Cuando se ha enfriado, se contrae y se puede con facilidad separarlo de los moldes3.

Acerca de las virtudes del chocolate ha habido mucha disidencia; pero es incontestable que, es deleitable al gusto, de fácil digestión y bastante nutritivo, puesto que contiene materias azoadas y fécula semejantes a las del trigo, una materia crasa u oleosa llamada manteca de cacao, y un principio aromático, análogo al del café.

Tiene el chocolate aplicaciones en la medicina, ya sirviendo de vehículo a varios medicamentos, ya modificando su propagación con sustancias terapéuticas.

WALFRIDO NOEL.



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