1
El lenguaje empleado en esta obra es casi semejante al que se usa en el país, y si alguna diferencia tiene es en ventaja; es decir, menos grotesco.
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La frase: «Miguel era tan silencioso, tan comedido», encierra todo el secreto del cariño que este «espósito» supo despertar de sus superiores. Imítenle los que lean estos «Misterios», 7-X-18.
3
El doctor Marcos M. Avellaneda, gobernador de Tucumán y jefe de la Liga del Norte, joven de grande talento y prendas de la mayor estimación, fue degollado en octubre de 1841, a la edad de 26 años, por Manuel Oribe, con otras personas, a saber: coronel don Mariano Acha, doctor Gorgonio Dulce, don Gregorio González, don José Cubas, Espeche, jefes, oficiales y soldados, los cuales en virtud de una capitulación, habían depuesto las armas.
¡Pasan estos hechos horribles a la posteridad para eterno baldón de sus autores!
El héroe de este romance histórico es don Valentín Alsina; como se publicase antes de la caída de Rosas, se hizo uso del seudónimo de Avellaneda para perpetuar el mártir de Tucumán.
4
El mayor Montero era un oficial a quien Rosas intentó seducir, y llevar a su ejército el año 1829. El mayor rehusó, y cuando Rosas se vio de gobernador, su primera diligencia fue mandar llamar a Montero. Este vino a su presencia; Rosas lo trató muy bien y le dijo que quería darle una colocación honrosa; el mayor no se atrevió a rehusarla y el gobernador le entregó un pliego cerrado para llevarlo en aquel momento a su hermano Prudencio Rosas que estaba en la Recoleta.
Montero, obedeciendo sus órdenes, montó a caballo. Llegó al punto designado y entregó el oficio. Prudencio Rosas, después de leerlo, llamó cuatro hombres y un oficial, y mandó arrodillar al mayor. El infeliz Montero, pidió explicaciones. Prudencio lo mostró la orden terminante de su hermano el gobernador. Montero pidió a lo menos un sacerdote a quien confesare, y escribir algunas líneas a su mujer e hijos que eran 3 o 4: nada de esto le fue concedido, y el desventurado Montero fue en el mismo instante fusilado. 1830.
5
No recordamos precisamente el nombre de este individuo amigo íntimo y compadre de Manuel Oribe; sabemos sólo que en tiempo de la guerra del Brasil, Oribe y su hermana doña Margarita tenían un contrato con esto individuo para el contrabando ola ganados, el cual tráfico estaba prohibido bajo pena de la vida por nuestros jefes. El compadre de Oribe fue sorprendido infringiendo esta ley; pero fiado en que el contrato era a medias con su compadre, entonces el coronel de dragones no intentó defenderse.
Su mujer vino a ver a Oribe y éste se chanceó sobre su aflicción diciéndole que su marido no corría peligro.
Pasaron la tarde todos juntos en familia; y a la noche su partida de naipes como de costumbre, y Oribe se despidió diciéndole: «Hasta mañana compadre».
En esa madrugada el contrabandista de ganados fue fusilado por orden del coronel de dragones Manuel Oribe.
6
En esta época de barbarie, han sido profanados hasta los sepulcros, y una tarde la mazorca destrozó una porción de ellos, esparciendo los huesos porque decían ellos que eran de salvajes unitarios.
7
Don Manuel Belgrano, cuya familia está proscripta por Rosas y algunos fusilados.
8
Los Reinafés eran una familia de Córdoba, cuatro hermanos, de los cuales uno era el gobernador de aquella provincia. Cuando el general don Juan Facundo Quiroga, ex gobernador de La Rioja, empezó a conocer la intención de Rosas, era usurpar no sólo la soberanía de la República Argentina, sino también avasallar como lo ha hecho más tarde, todas las provincias del interior; Quiroga, aunque él mismo, asesino y ladrón, dio muestras de descontentamiento o tal vez Rosas hizo esparcir esta voz; lo cierto es que debiendo Quiroga volverse de Buenos Aires a La Rioja, Rosas escribió a los Reinafés para que Quiroga fuese asesinado en el territorio cordobés.
Así, sucedió, Rosas, según su costumbre, alzó los gritos y llamó a los Reinafés a Buenos Aires para que se justificasen ante la opinión pública, pues eran sus amigos y él no quería que pesase sobre ellos la mancha de asesinos. Los cuatro hermanos vinieron a Buenos Aires: Rosas los recibió con su llanto de cocodrilo y a las 24 horas los mandó prender; el mayor de los hermanos logró escaparse llevando consigo las importantes cartas de Rosas y las cláusulas del contrato hecho para el asesinato de Quiroga.
Rosas metió a los Reinafés en la cárcel, los cargó de prisiones, el proceso empezó y él halló medio de comprender en él once individuos.
Ha sido el proceso más escandaloso que nunca existió, todos los abogados de Buenos Aires que defendieron a los Reinafés ganaron sin causa porque no existió prueba alguna suficiente a condenarlos; no hubo juez que los condenase, y fue entonces que empezaron las persecuciones a los abogados fallando tentativas de asesinatos sobre algunos de ellos. Por fin Rosas que a toda costa quería la sangre de los Reinafés, hizo sentenciarlos a muerte por el doctor Maza, presidente en aquel tiempo de la Asamblea Nacional (escarnio de esta institución) Presidente de la Cámara de Justicia y ministro de Rosas. Los Reinafés tres hermanos con más de ocho individuos inocentes y que de ninguna manera estaban complicados en negocio alguno fueron fusilados en la Plaza de la Victoria, sus cuerpos colgados doce horas; ¡espectáculo horrible!, ¡¡¡y negado el sepulcro a sus restos!!!
9
Bacle, francés de nacionalidad, estaba establecido en Buenos Aires con una litografía; intentó ausentarse a Chile, o disgustado del aspecto que tomaba el país, o porque Chile lo prestase más ventajas. Rosas lo hizo prender y conducir a la cárcel, se echó sobre sus bienes y en desprecio de las reclamaciones de los agentes de la Francia, prendió otros dos franceses más cuyos nombres no tenemos presentes en este momento.
Bacle, cargado de cadenas, fue atormentado de todas las maneras posibles en su prisión, al fin murió envenenado por no haber motivo legal que ostentar para fusilarlo públicamente. Los otros dos franceses sufrieron igual destino. Este fue el origen del bloqueo de la Francia, el año 1838 (?).
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Calzado rústico hecho de piel que cubre parte del muslo y ante pierna del animal caballar, viniendo a servir el ángulo que forma la rótula del talón. Esta piel la descarna al gaucho de la membrana que forma la dermis, dejándolo solamente en la parte que ha de servir de suela; después la soba tanto hasta dejarla tan dócil y suave como una cabritilla.