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Todos los comentaristas de Rodó que analizan su concepción de la Democracia, señalan sus diferencias con la idea de Renán al respecto. Además de todas las obras ya citadas, es interesante recordar el estudio de Alejandro Gallinal Heber, Vigencia del mensaje de Rodó, Lisboa, 1971, págs. 17-18.

 

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Estos dos párrafos están transcriptos en prácticamente todos los estudios sobre el pensamiento de Rodó y en casi todos los prólogos de Ariel o de las Obras Completas. Véase, además de los ya citados, y como ejemplo: Emir Rodríguez Monegal, Prólogo de las Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1954; Glicerio Albarrán Puente, El pensamiento de José Enrique Rodó, Ediciones Cultura Hispana, Madrid, 1953; Luis Gil Salguero en su libro Ideario de Rodó (LIGU, Montevideo, 1943, págs. 128-129), transcribe textualmente estos dos párrafos de Ariel.

 

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Clarín, en el prólogo a la edición de Ariel de Claudio García, Montevideo, dice comentando en este párrafo:

«La democracia niveladora, aspirando al monótono imperio de las medianías iguales, la democracia mal entendida, la combate Rodó con fuertes razones y elocuencia, sin que por eso deje que lo venzan doctrinas aristocráticas, ni siquiera cuando ofrecen el atractivo gracioso e insinuante con que las adorna, por ejemplo, un Renán. En mi introducción a la versión española de Los Héroes, de Carlyle, exponía ya ideas que coinciden en este punto con las de Rodó. La democracia es ya un hecho vencedor, es algo definitivo, y además, bien interpretada, es legítima, es lo que piden el progreso y la justicia: se puede y se debe, pues, conciliarla con la idea de Carlyle, con la misión providencial del heroísmo impulsando la marcha de la vida. La democracia debe ser de igualdad en las condiciones, igualdad de medios para todos, a fin de que la desigualdad que después determine la vida nazca de la diferencia de las facultades, no del artificio social; de otro modo, la sociedad debe ser igualitaria, pero respetando la obra de la desigualdad que después determinan las diferencias de méritos, de energías, ¿supone en los privilegiados de la Naturaleza el goce de ventajas egoístas, de lucro y vanidad? No: los superiores tienen cura de almas y su superioridad debe significar sacrificio. Los mejores deben predominar para mejor servir a todos. Tal es, aunque él lo exponga de otro modo, la doctrina de Rodó, al resolver las dificultades que para el progreso real de la vida podría ofrecer la democracia».



Este texto de Leopoldo Alas (Clarín) fue publicado originariamente en España, en los lunes de El Imparcial de Madrid -y se encuentra en muchas ediciones de Ariel, hechas tanto en España como en América Latina. Entre ellas se halla la de Espasa Calpe Argentina, Colección Austral, N.° 866, Buenos Aires, 1948.

Juan Carlos Gómez Haedo, en uno de los mejores prólogos a Ariel que se han escrito (Rodó, Ariel, Colombino Hnos. Ltda. Editores, Montevideo, MCMXLVII, págs. 11-39), con un bello estilo y con la solvencia jurídica y política de quien fue catedrático de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, ha dicho, con verdad y razón, respecto de las ideas de Rodó sobre la Democracia y la igualdad, en los párrafos que transcribimos:

«De las causas fundamentales a que generalmente se atribuye el desborde del espíritu de utilidad, las revelaciones de las ciencias naturales y el triunfo de la idea democrática, Rodó se propone tratar exclusivamente esta última.

En esta parte, Rodó no sólo se aparta de Renán, sino que formula su crítica más formal, después de rendirle el debido homenaje a la manera de aquellos justadores del medio evo, que antes de entrar en liza, cumplían como un ritual al valor caballeresco, el saludo de armas.

A menudo, entre los que han leído superficialmente a Rodó, pasa como moneda corriente, la afirmación, que tiene caracteres de lugar común, de ser un discípulo de Renán».

[...]

«Es lo contrario de lo que defiende y consagra Rodó. La democracia abandonada a sí misma, sin un ideal que la depure, puede llegar a extinguir toda alta superioridad. El Próspero quiere que continúe llevando el guión triunfal en la ascensión de la humanidad.

La igualdad conquistada en el punto de partida, supone el allanamiento de las superioridades injustas. Pero la necesaria superación de ese postulado básico, radica, 'en suscitar por eficaces estímulos, en su seno, la revelación y el dominio de las verdaderas superioridades humanas'».

[...]

«Rodó defiende la democracia, previniendo de la necesidad de mantener la noción de las legítimas superioridades humanas.

La ferocidad igualitaria, cuya posterioridad domesticada acecha en la sombra, ha cambiado su acometida primitiva en forma menos ruda, pero no menos peligrosa.

Rodó ve en la democracia un principio de vida ineludible y por tanto disiente radicalmente de Renán en ese punto, haciendo notar -que por sobre las imperfecciones de sus formas históricas, en que se ha realizado, subsiste su realidad ineluctable y no siendo posible la destrucción de la igualdad, cabe pensar en la educación de la democracia».

[...]

«Retornando a la necesidad de consagrar el principio de la igualdad, sostiene que ella radica en el derecho idéntico a aspirar a las superioridades morales. Todos los seres están dotados por la naturaleza de facultades capaces de un noble desenvolvimiento. El deber del Estado es colocar a todos los miembros de la sociedad en condiciones a tender a su perfeccionamiento, y en procurar la revelación de las superioridades, donde quieran que existan.

La diferencia entre la aristocracia y la democracia es que la primera se funda en un principio de selección adscripto a grupos sociales y organizados sobre la injusticia y 'el execrable privilegio de la casta', y la segunda renueva sin cesar su aristocracia dirigente en las fuentes vivas del pueblo y la hace aceptar por 'la justicia y el amor'» (Págs. 31, 32, 33 y 34).



 

84

José Pereira Rodríguez, Op. Cit., pág. XXXI; Alejandro Arias, Imagen de Rodó, Lima, 1959. Págs. 39 y 40; Víctor Pérez Petit, Op. Cit., pág. 191. Sobre el trabajo parlamentario -y por ende político de Rodó, véase la obra: José Enrique Rodó, actuación parlamentaria. Recopilación, introducción y notas por el Dr. Jorge A. Silva Cencio, Homenaje en el centenario del Nacimiento de Rodó (1871-1971), Cámara de Senadores, Montevideo, 1972.

 

85

En reciente conferencia en Santiago de Compostela (junio de 2000), a la que asistí.

 

86

Artículo 7 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; artículo 26 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

 

87

Artículo II de la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre; Artículo 24 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

 

88

Véase nota 66.

 

89

Las medidas complementarias para tratar de corregir las desigualdades fueron ampliamente fundadas por Carlos Vaz Ferreira, que las ejemplarizó con referencia al «feminismo de compensación», en el caso del divorcio por la sola voluntad de la mujer. Vaz Ferreira llama a esta ley «mi ley» y estudia extensamente el tema en su libro Sobre feminismo, aparecido en 1933 (Sobre feminismo, Obras Completas,Tomo IX, Cámara de Representantes, Montevideo, 1957, págs. 37-38, 111-149).

 

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Rodó, pensador y estilista, Costábile de Amorín, Helena y María del Rosario Fernández Alonso. Montevideo, 1973, Edición de OEA y Academia Nacional de Letras. El libro obtuvo el Premio Internacional de OEA en el Concurso «Centenario de José Enrique Rodó».