101
Helena Costábile de Amorin - María del Rosario Fernández Alonso. Rodó, pensador y estilista. Secretaría General. OEA, Washington, D. C. Academia Nacional de Letras, Montevideo, Uruguay, 1973, p. 83.
102
Arturo Ardao. «La conciencia filosófica de Rodó». En el volumen Etapas de la inteligencia uruguaya. Departamento de Publicaciones. Universidad de la República, Montevideo, 1971, p. 256. «Del positivismo al idealismo; tal lacurva filosófica de Rodó, según él mismo la indicara»
. [...] Habló alguna vez de neoidealismo para hacer la distinción con el clásico. Era distinta la actitud en el campo del conocimiento; en lugar del dogmatismo de la razón abstracta, el alerta sentido crítico -debido, como lo reconocía, a la propia iniciación positivista- de una razón identificada con la experiencia vital.
103
En su comentario a los «Bosquejos» para los Nuevos Motivos de Proteo, Roberto Ibáñez rescata «un Rodó que enfrenta, con alma trágica, la realidad de la muerte y el enigma de Dios. Un Rodó cuya fe apoyada en un acaso, en un quién sabe, se nutre en la conciencia del misterio y se rescata en el pensamiento de una necesaria realidad superior. Un Rodó, en suma, que se revela como un estoico templado en pudor y en silencios, irreductible en la afirmación de la vida»
. Roberto Ibáñez, «El ciclo de Proteo». Cuadernos de Marcha, op. cit., p. 33.
104
Carlos Real de Azúa. «El problema de la valoración de Rodó». Cuadernos de Marcha, op. cit. p. 75.
105
Georg Habermas. Conciencia moral y acción comunicativa. Barcelona, Península, 1985.
106
Jean Baudrillard. A la sombra de las mayorías silenciosas. Ed. Kairos. Barcelona, 1978, p. 8.
107
Carlos Real de Azúa. Prólogo a El mirador de Próspero. Tomo 1. Bibl. Artigas, Min. de Instrucción Pública y Previsión Social. Montevideo, 1965, pp. XXXIII y XXXIV.
108
Georg Simmel. Intuición de la vida. Ed. Nova, Buenos Aires, 1950, p. 21.
109
Citado por Domingo Luis Bordoli, Los clásicos y nosotros. Ed. de la Banda Oriental, 1965, p. 240.
110
Ibíd., p. 241.