Ilustración 3.5: Efebo doríforo y culto a la tumba (Atenas, Museo Nacional 2018).
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Ilustración 3.6: Efebo doríforo y culto a la tumba (Atenas, Museo Nacional 2019).
La ambigüedad es menor cuando pasamos a revisar escenas en las que se representa de modo claro el paso al más allá. Cuando se figuran Hermes, Caronte o Hypnos y Thanatos las dudas se disipan parcialmente, puesto que al menos debe aparecer un personaje difunto al que los genios psicopompos vienen a buscar242. Cuando en estas escenas aparece un joven doríforo, sobre todo si está en posición inequívoca, como ocurre, por ejemplo, en un vaso de Atenas243 (en que aparece embarcado detrás de Caronte) y en otro de Copenhague244 (en los que aparece solo ante Caronte), nos hallamos sin dudas ante una imagen de un difunto en tránsito hacia el inframundo. La mejor explicación para el apego de los ceramistas a este tipo de escena es que posee un significado sociológico evidente. El joven doríforo en traje de viaje representa al efebo que sirve a la ciudad, lo que implica que pertenece a una familia que posee la renta suficiente para que sus miembros jóvenes se paguen el armamento hoplita; los vasos con estas representaciones quieren ser una demostración del estatus privilegiado del muerto y, por su intermediario, de su familia.
Ilustración 3.7: Joven con lanza y mujer ante una tumba (Atenas, Museo Nacional 2038).
Pero no siempre se trata de un estatus real; la idealización del muerto, fenómeno fundamental, como vimos, por ejemplo en la iconografía de Hypnos y Thanatos, determina el surgimiento de escenas en las que el hoplita es la figura central en el culto funerario. Un ejemplo lo ofrece un vaso de Atenas245 (ilustración 3.8) en el que una mujer se dispone a colocar una banda en una tumba coronada por una palmeta; a la derecha aparece representado un hombre en atuendo hoplítico completo que no es otro que el difunto. Otro magnífico ejemplo lo ofrece un lécito de Berlín246, en el que el pintor se esmera en la minuciosa representación del perfecto cuerpo desnudo del difunto, mejor demostración casi que una armadura de su calidad de guerrero admirable (estatus que indican de todos modos la panoplia que porta -casco, escudo, lanza y espada-). El motivo recuerda al adiós del guerrero del que sirve de prototipo mítico la despedida de Héctor en la Ilíada, cuya carga funeraria implícita explotaron los ceramistas en numerosas ocasiones (Héctor marcha al combate para nunca volver). El hoplita en este tipo de lécitos se asimila al héroe homérico, la muerte lo convierte en un hombre admirable, un «muerto hermoso»247 en la memoria de la familia que le da sepultura.
Ilustración 3.8: Hoplita y mujer oferente ante una tumba (Atenas, Museo Nacional 1965).
En las escenas en las que aparece Hermes tomando a un personaje de la mano, éste no puede ser más que el muerto, sobre todo cuando el dios está dirigiéndolo hacia la barca de Caronte como ocurre en un vaso de Múnich248 (ilustración 3.9). Otro tanto ocurre con los personajes embarcados por Caronte249 y que se dirigen irremediablemente hacia el mundo de los muertos. Un caso especial presenta el llamado «relieve de Caronte» de Atenas250 (ilustración 3.10), en el que el barquero lanza la mano hacia el personaje principal de una escena de festín fúnebre; todo parece indicar que se trata del difunto, aunque las interpretaciones de la escena han resultado muy dispares.
Ilustración 3.9: Hermes dirige a una difunta hacia Caronte (Múnich, Staatliche Antikensammlungen 2777).
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