Lo que se oye desde una silla del Prado
(Verano de 1874)
Pedro Antonio de Alarcón
[Nota previa: Esta edición actualizada ha sido revisada por el profesor Enrique Rubio Cremades, previo análisis y cotejo de las variantes más significativas de las Obras Completas de Pedro Antonio de Alarcón: Novelas cortas. Tercera serie. Narraciones inverosímiles, Madrid, Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1882; Obras Completas, con un comento preliminar por Luis Martínez Kleiser, Madrid, Ediciones Fax, 1943; Novelas Completas. Narraciones, prólogo de Jorge Campos, Madrid, Ediciones Aguilar, 1976; Obras literarias III. Narraciones inverosímiles, ed. de Carlos Clavería y José Antonio de Castro, Madrid, Fundación José Antonio Castro, Biblioteca Castro, 2005 y Alarcón, Pedro Antonio de, Narraciones inverosímiles, edición de Enrique Rubio Cremades, Madrid, Clásicos Hispánicos, 2023 (Clásicos Hispánicos ; 112).
¡Qué noche tan hermosa!
-¡Hermosísima!
-Y ¡qué calor ha hecho hoy!... Figúrese usted que esta mañana...
-Abur...
-Adiós...
-Muy buenas noches...
-Pues, sí, señor; como le iba diciendo a usted...
-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
-¿Has conocido a ese? Es aquel que el año pasado...
-¡Agua, aguardiente y azucarillos! ¡Agua!
-¡Niñas! ¡Niñas! ¡Más despacio!
-Tenga usted cuidado, Arturo; ¡que nos llama mamá!
-¡Barquillero!
-¡Matilde, eres un ángel!... ¡Eres una diosa!... ¡Eres una!...
-¡Pero, ¡hombre! ¡Esa mujer es una arpía! Gustavo debía divorciarse...
-¡Ramitos y camelias! ¡La vara de nardo a dos reales! ¡Señorito, cómpreme usted una!...
-¡Allá van! ¡Ella es! ¡Aprieta el paso!... ¡Bendita sea la gracia!
-¡Aquí vienen! ¡Ellos son!... ¡Qué tontos!
-¡Caballero! ¡Que no tengo padre! ¡Una limosnita por el amor de Dios!
-¡La Correspondencia!
-Pues bien: ¡desde entonces estoy cesante!... ¡Esto no es país!
-¡Chico! ¡Chico! ¡Buen turrón! ¿Y cómo te las has compuesto?
-Es un cuadro muy bonito. Pero a mí me gusta más aquel en que Pepita Jiménez y el teólogo...
-Lo que usted oye. Murió ab intestato y me correspondió la mitad de la herencia. Yo no le había hablado nunca...
-Lo mismo creo yo. La crisis es infalible. ¡Así no podemos seguir! Cristino será ministro antes de un mes.
-Y ¿qué hiciste tú? ¿Le devolviste su carta con una bala?
-¡Le di dos bastonazos, y en paz! No tenía él la culpa, sino ella...
-Pues dicen que los carlistas están en Guadalajara...
-¡Mejor!
-¡Lo mismo me da!... ¡Esto es horroroso!
-¡Señorita! ¡Merengues! ¡Acabaditos de hacer!...
-Adiós. Yo me voy al concierto del Retiro. Aquello estará más fresco.
-¡Oh! ¡Si yo encontrara una mujer que me comprendiese! ¡Una mujer...!
-¡Ay! ¡Si yo encontrara un hombre digno de ser amado! ¡Un hombre...!
-Hoy se cierra el juego. ¡Cómpremelo usted, señorito, que va a salir!
-Entonces me apretó la mano y expiró... Tenía veintiséis años.
-¡Pobre Adelaida!
-Pues yo los clasifico de otro modo: Frascuelo es Shakespeare, y Lagartijo es Corneille. Frascuelo representa una revolución en el arte, mientras que Lagartijo...
-¡Nada! Convénzase usted... Todas las cuestiones se resumen en una, que es la cuestión teológica. En mi concepto, la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre son los dos únicos puntos que hay que dilucidar al discurrir sobre la pena de muerte.
-¡De manera que el traje completo te ha venido a costar unos seis mil reales! Para estar hecho en París, no es caro...
-¿Y cree usted que pronto habrá elecciones?
-No sé. Pero los distritos hay que cultivarlos sin cesar. Si logro que me quiten el estanquero de...
-¡Señora, que tengo tres hijos, y soy viuda, y estoy enferma!...
-¡Jesús, qué mendigos estos! ¡No la dejan a una pasear! ¡Perdone usted por Dios, hermana! Dios la ampare.
-Mamá, llévanos al café Suizo...
-Todavía es muy temprano. Luego iremos...
-Está usted equivocado. Donde reside el alma es debajo de la dura mater, al principio del cerebelo. Drelincourt dice...
-¡Mañana sale, jugadores! ¡El 8.250! ¡El premio de 60.000 duros!
-Pero, Manuel: ¿cómo duda usted de mí? ¿Me cree usted capaz...?
-Pues sí, chico: al poco tiempo supe que amaba a otro...
-Oye... Pero no te acerques mucho...
-¿Qué? ¡Habla!... ¡Habla, bien mío!
-Mañana sigue la novena. ¡Que no faltes!...
-¡Bendita seas!
-¿Yo?... Veinte cuartos. ¿Y tú, cuánto tienes?
-¿Yo?... Una pesetilla...
Entonces podemos ir. ¡Verás qué mujer y qué manera de bailar el cancán!
-¿Y nuestras pérdidas?
-Nuestras pérdidas han sido insignificantes: veinte muertos y un contuso. Los carlistas, en cambio, han tenido más de mil bajas y... tres prisioneros...
-¿Y de qué es el aderezo?
-De perlas. Me ha costado un dineral. ¡Oh! Es una mujer encantadora. Mañana cenamos juntos.
-Igual me pasa a mí con este reuma de todos los diablos. Estoy peor que antes de ir a Archena.
-¿De modo que se casaron anoche?
-Anoche mismo.
-¡Qué barbaridad! ¡Jugar un dos a la derecha contra un cinco! Es una carta que no se da nunca.
-¡Mañana, a las seis, en el baño de la Elefanta! Mi doncella se quedará atrás...
-Según eso, ahora está amaneciendo en la Habana, y son las once del día en la Nueva Zembla.
-Justamente, hijo mío.
-Dime, papá: ¿y creen los moros que todos los cristianos vamos al infierno?
-Te diré...
-Mañana, a las ocho, en la iglesia de San Sebastián... Capilla de la Virgen. -Pero ten cuidado, pues mi cochero empieza a escamarse...
-¿Y nada más que por eso se ha suicidado? ¡Qué animal! ¡Habiendo tantas Manuelas en el mundo!
-Señores: los derechos individuales son anteriores y superiores a la ley escrita. El derecho es inmanente y consubstancial de...
-¿Quién es ese?
-Ruiz el peluquero.
-¡Fósforos y cerillas!
-La verdadera felicidad consiste para mí en oír una buena ópera. La música es el arte por excelencia, por lo mismo que no expresa nada terminante.
-¡Señor, que me falta un ochavo para una rosca!
-Tranquilícese usted. Nuestro negocio es segurísimo. El trigo no puede menos de subir este año a noventa reales. Vendemos entonces las diez mil fanegas y compramos cebada...
-¡Oh! ¡Pues lo que es usted se conserva perfectamente! ¡Parece hermana de sus hijas!... ¿Se acuerda usted de Valencia?
-¿No me he de acordar? ¡Qué mundo este, D. Francisco!
-¡Nada! No puedo pagarle a usted... Ejecúteme si quiere. Cargue usted con mi mujer y con mi suegra...
-¡Hombre! Extranjero por extranjero, prefiero un rey alemán. ¡Ahora la cuestión es que quiera venir! En cuanto a Inglaterra...
-¡Partís de un error! El cólera morbo existía ya en tiempo de los Faraones... Cuando yo haga el grado de licenciado, escribiré una Memoria...
-Eduardo, ¡mire usted qué hermosa sale la luna!
-¡Oh, sí, los radicales tienen la culpa de todo!
-¡Más hermosa es usted, condesa!...
-Pues, en ese caso, tendrá que marcharse como D. Amadeo.
-A mí me robaron los cantonales...
-¡Oh! ¡Yo te adoro! ¡Yo te idolatro!
-¡Calla! ¡Que te oyen!...
-Y a mí me han robado los carlistas...
-El cólera fue una de las siete plagas de Egipto...
-¡Eso... lo veremos! Si tu padre se opone, te depositaré judicialmente.
-¡Pobre muchacho! ¡Haberle tocado la quinta! ¡Un pintor tan bueno!
-Yo lo compré a 48, y hoy ha quedado a 11.
-Pues yo lo he comprado hoy a 11. ¡Veremos lo que el tiempo da de sí!
¡Hemos roto las sillas, los espejos, todo! En fin, nos hemos divertido mucho.
-Mañana predicará en el Carmen. ¡Ya verá usted! Es un verdadero apóstol.
-¡Pobre Enrique mío! ¿Quién había de decirme que se moriría antes que yo? Crea usted que, si he vuelto a casarme, ha sido solamente...
-Eso va en gustos. Yo prefiero el melón valenciano a la piña de América. La piña tiene demasiada fibra lechosa.
-¡Pura superstición! ¡El espiritismo es la ciencia de las ciencias y la religión de las religiones!
-Pero, hombre..., ¿dice usted que se ha vuelto loco? ¡Parece imposible! Él fue siempre tonto de remate.
-¡Ahí verá usted!
-Señores..., ¡al tiempo!
-¡Pues yo le repito a usted que el príncipe Alfonso es la fórmula del porvenir!
-¿Y qué tal lo pasan ustedes en La Granja?
-¡Oh! ¡Allí se vive admirablemente! ¡Con tal que los carlistas no vayan a darnos un susto!...
-¡El Cencerro! ¡El Cencerro!
-Vuelvo a aconsejarle a usted que se suscriba. Es un periódico de primer orden.
-¿Y cómo dice usted que se titula?
-La Ilustración Española y Americana.
-¡Ah! Sí, he oído hablar de ella en casa del tío.
-¿Vámonos?
-Vámonos, que principia a sentirse mucha humedad.
-Hasta mañana,
-Adiós...
-Hasta mañana, Antonio...
-Pepita, hasta mañana.
-¡Niñas, niñas! ¡Más despacio!
-Buenas noches.
-¡Agur!
-¡La Correspondenciaaaa!